La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 15 de mayo de 2013

Consideraciones sobre el contrato único
















El Comisario de empleo europeo propuso el otro día un tipo de “contrato único flexible” para España. Esta propuesta, absolutamente ambigua, ha provocado el rechazo de los tres grandes partidos españoles (PP. PSOE e IU), de la patronal y de los sindicatos.
Es la primera vez que algo así cuenta con la unanimidad, esta vez en el rechazo, de los grandes partidos y los agentes sociales. Tan sólo UPyD ha defendido la propuesta, coherentemente porque lo llevó en su programa electoral. Algo que se rechaza de esta manera unánime se supone que debe ser muy malo pero ¿realmente lo es? ¿Tan malo es el contrato único? ¿Por qué lo rechaza casi todo el mundo?
Vamos a hacer de nuevo otro ejercicio de análisis para escapar de planteamientos maniqueos.

¿Qué es el contrato único? Pues el contrato único puede ser una infinidad de cosas con sentidos absolutamente contrarios. Nada tiene que ver un contrato único con indemnizaciones por despido ridículas, que sería una medida neoliberal absoluta, con un contrato único de alta protección contra el despido, que sería una medida muy proteccionista con los trabajadores y de sentido político contrario. Así pues hablar abstractamente de contrato único no quiere decir nada de por sí.
Sin embargo cuando se habla de contrato único en España se suele hacer referencia a un contrato único de indemnización creciente, es decir, un contrato cuya rescisión supusiese un coste mayor para la empresa (en días por año trabajado) conforme más tiempo lleve el trabajador en la misma. La idea básica que subyace detrás de esta idea es acabar con la excesiva dualidad de un mercado de trabajo con unos contratos temporales absolutamente precarios y unos indefinidos con alta protección frente al despido.
Hace 4 años el grupo de los 100 (cien economistas prestigiosos, de perfil ideológico más bien ortodoxo pero no neoliberal) hizo una propuesta de contrato único de indemnización creciente. La idea no estaba cerrada pero si atendemos a los cálculos que ellos mismos hicieron la propuesta base para el cálculo contemplaba una indemnización por despido de 12 días por año trabajado para quienes estuviesen en el primer año de contrato, 15 días por año para los de 2º año de contrato, 20 para el 3º año, 25 para el 4º y 36 días a partir del 5º año.
Esto se combinaba con la eliminación de la mayor parte de los contratos temporales así que un trabajador que fuese despedido dentro del primer año sería despedido con 12 días por año trabajado, que es más de los 8 días del contrato actual y sobre todo más que el despido por finalización de contrato que es lo habitual en estos casos. Los trabajadores antiguos tendrían una indemnización de 36 días por año trabajado, que era menor de lo vigente entonces (45 días) pero mayor que lo vigente actualmente (33).

En ese momento aún no se habían dado las dos últimas reformas laborales por lo que la indemización por despido de 45 días era lo habitual. Esta propuesta bajaba la protección social de los indefinidos pero aumentaba la de los temporales, quedándose en un término medio. En ese momento la reforma podía ser discutible, porque representaba bajarle la protección a muchos millones de trabajadores, aunque tenía cosas positivas como la eliminación de tanto contrato temporal que es el cáncer de nuestro mercado laboral.
Pero si comparamos la propuesta con la realidad actual tenemos que decir que es mucho más protectora para el trabajador que lo vigente actualmente. Ahora mismo el despido improcedente se indemniza con 33 días por año trabajado, menos que la propuesta del grupo de los 100, pero realmente la mayoría de despidos se están llevando a cabo por causas objetivas gracias a la última reforma laboral que da un amplio abanico de posibilidades para justificar despidos procedentes, y estos son de 20 días por año trabajado, más o menos como un trabajador de tercer año en la propuesta de contrato único. Entendamos que con despido procedente seguramente la indemnización sería menor en la estándar de la propuesta del grupo de los 100, pero tan sólo con que se evitase tanto abuso y tanta permisividad con el despido procedente creo que ya sería mucho más protectora para el asalariado que la realidad actual.
¿Es mejor para los trabajadores, pues, el contrato único que la realidad vigente actualmente? El contrato único propuesto en 2009 por el grupo de los 100 sí, sería mucho mejor, pero esto es sólo un formato de contrato único. De hecho hay otro formato de contrato único que he visto por ahí que empezaría con 12 días por año trabajado (igual que en ésta) y que aumentaría en 3 días por año cada año trabajado. Es decir, la secuencia seria 12 días, 15 días, 18 días, 21 días, 24 días, 27 días, 30 días y 33 días a partir del 7º año, que sería el máximo como actualmente. En este caso se tardarían 7 años en obtener la protección que tiene un contrato indefinido actualmente y, si no se limitasen las causas de despido procedente, es muy discutible que esto mejorase la protección del trabajador en general.
La única ventaja que tendría este contrato único de 3 días más por año es que desaparecería ese “gap” entre contratos temporales y fijos y es de suponer que las empresas no despedirían a los trabajadores porque su indemnización subiese mucho en un punto determinado, como sí pasaba hasta ahora cuando había que convertir un contrato temporal en indefinido. Pero ¿eso es suficiente para defender este modelo? Yo creo que no pero puntualizo mi negativa: No si hablamos SÓLO de esta medida sin otras medidas complementarias adicionales.

Las medidas complementarias son, pues, el quid de la cuestión. Nosotros tenemos unas altas indemnizaciones por despido porque tenemos un débil estado del bienestar. Tenemos prestaciones contributivas por desempleo, sí, pero en el momento que éstas se acaban tenemos unos subsidios condicionados y muy bajos (400-450 euros/mes). No tenemos ayudas suficientes para el alquiler, para la calefacción o para gastos necesarios como sí tienen otros países de Europa.
Esta es la razón por la que la protección al trabajador se consigue asegurándonos que, si es despedido, cobrará una alta indemnización que le ayudará a sobrevivir hasta que encuentre un nuevo empleo. Si tuviésemos un sistema de ayudas fuerte como sí tienen en el centro y norte de Europa no necesitaríamos tanta indemnización por despido, pero es que no lo tenemos. ¿Y sabéis por qué no lo tenemos? Porque teníamos tradicionalmente una relativamente baja presión fiscal.
Y esa es la clave, ¿queremos avanzar a un sistema con menores indemnizaciones por despido? Bien, pero entonces aumentemos las prestaciones y ayudas a los parados y entonces el cambio de sistema será defendible y conveniente. Ahora, aquí hay un punto clave: Si queremos esto, si las empresas quieren pagar menos por despido, entonces tendrán que pagar MÁS IMPUESTOS para sostener este sistema de protección.
Técnicamente la situación que teníamos es que la empresa tenga altos costes cuando tiene que despedir (por indemnizaciones), pero bajos cuando no despide (porque la presión fiscal era baja comparativamente con otros países europeos). Es decir, mucho beneficio cuando las cosas van bien y mucha carga económica cuando van mal. ¿Era esto razonable? No, no lo era, era un contrasentido.

Pero resulta que ahora estamos en 2013 y por los problemas de las empresas al despedir se han hecho dos reformas laborales que han llevado a que la protección del trabajador indefinido sea ridícula comparada con la de hace 3 años. Y los trabajadores temporales tienen incluso menos protección que entonces también, gracias a ese “contrato de emprendedores” que no es más que un contrato temporal de despido gratis encubierto.
Y es por eso que la propuesta del grupo de 100 nos puede parecer prácticamente “socialista” ahora mismo. Se ha reducido tanto la protección al trabajador que la propuesta de “término medio” de 2009 hoy en día mejoraría la protección de la práctica totalidad de asalariados.
No creo que haga falta decir que la patronal rechazaría en plano una propuesta como la de los 100. Es más, ha rechazado preventivamente incluso una propuesta que se intuía como muy beneficiosa para ellos como la del contrato único con tres días más por año trabajado. ¿Y sabéis por qué? Porque nuestra patronal, con su concepto de los negocios cortoplacista, lo único que quiere es tener la menor indemnización por despido posible y lo que se la da es la amplísima gama de contratos temporales que les permiten, con pequeñas trampas, despedir casi gratis. ¿Cómo van a aceptar despedir con 12 días por año si están despidiendo gratis? Va contra sus intereses.
Para despedir casi gratis tienen que pagar un coste: La amplia rotación de plantillas y el tener que prescindir de trabajadores muy productivos y/o cualificados. Pero a nuestras empresas de forma mayoritaria esto les importa un bledo porque desgraciadamente su conceptualización de negocio es miope, alérgica al riesgo y se fundamenta en el bajo coste y en la precariedad.

Los defensores del contrato único dice que éste disminuiría las tasas de paro en España porque, de alguna manera, cambiaría la “mentalidad” y las prácticas de las empresas de contratar precario y prescindir de la productividad. Con un contrato así se fijarían más en los factores de productividad y menos en el coste del despido, dicen sus defensores.
Pero me temo que se equivocan. La “mentalidad” del empresariado no se cambia con una ley que les de nuevas posibilidades, así no van a cambiar en la vida. No cambiaríamos las prácticas empresariales hasta la llegada de una nueva generación de empresarios, y no creo que el país pueda estar 20 años esperando a que nuestros benevolentes empresarios pertenezcan a una generación más preparada.
Desgraciadamente debemos ser realistas y entender cómo funcionan las cosas. Si se quiere reorientar el trabajo, la productividad y las formas de contratación eso no se hará con leyes benevolentes que den a las empresas posibilidades, se tendrá que hacer con leyes restrictivas que obliguen a las empresas a actuar de una determinada manera. Para eso vale la política económica, para reorientar la economía en dirección contraria a lo que serían sus tendencias normales mediante la imposición legal.

Ah! Por cierto, quiero hacer notar una cosa. Cuando el grupo de los 100 hizo esa propuesta teníamos menos de 4 millones de parados (ahora hay más de 6 millones) y se dijo que con ese contrato se crearía empleo gracias a la “flexibilidad” que creaba. Hoy en día tenemos una flexibilidad para la empresa mayor que la de aquella propuesta, pero tenemos 2 millones de parados más. Creo que es conveniente tener esto en cuenta para no creerse cantos de sirena.
La causa de la destrucción de empleo neto no es, pues, que el despido sea caro, es la demanda interna y la poca competitividad de nuestras exportaciones. Y si en este momento de ciclo económico recesivo abaratas el despido lo único que consigues es más parados. Esta lección, absolutamente evidente, no debería ser desconocida por nadie y cuando un gobierno legisla en esta dirección en plena recesión es a sabiendas que va a crear más parados (la alternativa es que sean imbéciles), como ha hecho este gobierno para favorecer la devaluación interna por mucho que mienta diciendo lo contrario.
Medidas para abaratar el despido creo que son inconvenientes siempre, pero lo que es seguro es que son absolutamente estúpidas en plena recesión. Así pues si se opta por un contrato único este debe ser “hacia arriba”, es decir, tendiendo a aumentar las indemnizaciones medias y no lo contrario, especialmente ahora. Cuando se salga de la recesión quizá sí se pueda reducir las indemnizaciones medias cambiándolas por más presión impositiva a las empresas para generar mayores servicios y ayudas a los desempleados.

El contrato único es, pues, una idea que no se debe desechar, pero que hay que “convertir” en algo adecuado para el país. La actitud de los agentes sociales y partidos me ha parecido, pues, absolutamente infantil y en parte irresponsable.
La patronal ya sabemos que quiere contratos temporales y por eso se opone a un contrato único que no sea precarizador de todos los trabajadores. Los sindicatos, en cambio, se oponen porque creen que la indemnización de los trabajadores indefinidos veteranos disminuiría, y al ser esos sus principales afiliados ha querido defender sus intereses (a pesar de que pueda perjudicar a muchos trabajadores temporales). Quizá también se opongan porque saben que todo lo que viene de Europa va en contra de los intereses de los trabajadores.
Y los partidos se han situado como se han situado por el cordón umbilical que mantienen con los agentes sociales. El PP no ha contemplado esto porque la patronal no quiere, IU porque no quieren los sindicatos y el PSOE porque no quiere ninguno de los agentes sociales. Desgraciadamente creo que esto es lo que explica las reacciones un tanto compulsivas de los políticos, nada más.


En definitiva, el contrato único es un concepto ambiguo y amplio que puede significar varias cosas. Personalmente soy muy escéptico con sus efectos en la reducción del desempleo porque el problema principal del país es otro, pero desecharlo de primeras no es una opción inteligente. La dualidad del mercado laboral español es excesiva y creo que el camino que lleva es de precarizar a todo el mundo, así que debemos empezar a pensar en reformarlo radicalmente.
Hay modalidades del contrato único que son mejores que la realidad vigente, hay modelos de contratación y de estado social que son mucho mejores que lo que tenemos ahora. Negarse a la discusión en base a tópicos y a atrincheramientos no tiene ningún sentido, sobre todo para aquellos que defienden a las clases medias y populares y que deberían estar viendo que por este camino sí que vamos al contrato único en su forma más radical: Al despido gratuito.

lunes, 13 de mayo de 2013

¿Subir impuestos es de izquierdas?


















Hace unos días leí un escrito del ex ministro de industria Miguel Sebastián que decía que el peor error de Rajoy había sido subir el IRPF y que Rubalcaba no había sido listo en el debate sobre el estado de la nación al no remarcar más este hecho. Sebastián, además, incidió mucho de forma abstracta en aquella idea que Zapatero dijo hace muchos años de que “bajar impuestos es de izquierdas”.
Unos días después el mismo Miguel Sebastián estuvo en el programa de La Sexta Al Rojo Vivo donde insistió en aquella idea matizándola esta vez con un “puede” ser de izquierdas. Ante la estupefacción de algunos presentes justificó su posición en documentos históricos del ideario socialista del siglo XIX donde se hablaba de eliminar “todos los impuestos que injustamente paga la clase obrera”.

Recuerdo como aquel “bajar impuestos es de izquierdas” ya causó mucha polémica cuando fue dicho, a mediados de la década pasada. Los ortodoxos de izquierda lo consideraron algo herético y muy del gusto de ese social-liberalismo inaugurado por Tony Blair. Cuando la crisis llegó muchos le restregaron por la cara a Zapatero aquella frase y justificaron los males económicos en políticas económicas presuntamente derechistas como pudo ser aquella.
Pero ¿tenía razón Zapatero (y por extensión Sebastián)? ¿Realmente bajar impuestos es de izquierdas? ¿O es de derechas y subirlos es de izquierdas? ¿O dependerá del tipo de impuestos que subas o bajes? Me gustaría que razonásemos sobre este tema porque me parece que hay mucho discurso maniqueo alrededor de los impuestos que debemos de erradicar.

Para empezar nos debemos hacer una pregunta ¿Qué objetivos tienen los impuestos? El objetivo fundamental de los impuestos es poder pagar los gastos y necesidades colectivas que gestionan las administraciones públicas. Los impuestos siempre han existido, antaño se cargaban sobre las clases no privilegiadas y servían para mantener la monarquía, su estructura clasista y su ejército fundamentalmente. Las guerras eran la principal causa de aumento de la presión impositiva y era el campesinado, los trabajadores urbanos y la incipiente burguesía quienes pagaban íntegramente estos impuestos.
Pero con las revoluciones liberales y democráticas los impuestos se comenzaron a cobrar a todo el mundo y, adicionalmente, se comenzaron a usar para muchas más cosas: Infraestructuras, obra pública, programas sociales y, más recientemente cuando se desarrollaron los estados del bienestar, para pagar sanidad, educación, pensiones, subsidios de desempleo y otras muchas políticas públicas.
El estado del bienestar y el aumento de la presión impositiva que se vivió después de la II guerra mundial de forma generalizada no es un capricho sino que tiene un objetivo muy específico. Los impuestos y el estado del bienestar (pagado por esa recaudación) tienen una función eminentemente redistributiva. Gracias al estado del bienestar y a los servicios públicos muchos ciudadanos que no podrían acceder a esas prestaciones por sí mismos pueden hacerlo pagando, para ello, una cantidad baja de impuestos.
La proporcionalidad y, sobre todo, la progresividad del sistema impositivo busca ese objetivo. Quien tiene mucho pagará bastantes impuestos y en cambio recibirá comparativamente poco del estado del bienestar. Quien tiene poco pagará pocos impuestos y recibirá de ese estado del bienestar más de lo que contribuye a él. Se establece, pues, una redistribución de renta entre los que más tienen y los que menos a favor de los segundos, con un objetivo igualitario.

Esta progresividad no es un capricho del legislador ni una usurpación inaceptable como algunos interesados pretenden vendernos ahora. En su momento se entendió que la distribución de la renta de forma primaria (es decir, los beneficios económicos que se consiguen a través del capital y el trabajo) estaba injustamente distribuida. Una empresa cuando tiene beneficios (que es el objetivo natural de la empresa en el sistema capitalista) está generando unas plusvalías. La empresa está compuesta por dueños, directivos y trabajadores y los beneficios se consiguen gracias al trabajo colectivo de todos, sin embargo luego los trabajadores se llevan una parte probablemente más pequeña de lo que justamente les correspondería, y los dueños una parte mayor de su aportación a la empresa colectiva.
Aún teniendo en cuenta el concepto de riesgo empresarial y entendiendo que este debe ser compensado económicamente con una parte de los beneficios, la distribución de renta sigue siendo injusta. Por eso los políticos moderados, progresistas e izquierdistas vieron en el sistema del estado del bienestar un vehículo redistributivo para paliar esta injusta distribución primaria de los beneficios producidos.
Ojo, este es un esquema general que se daba en aquellos momentos de forma generalizada. Sé que es difícil valorar qué distribución de renta es justa pero lo que es evidente es que en un momento donde los trabajadores vivían hacinados y los patronos con todos los lujos, cuando todos obtenían su renta de la misma fábrica o explotación, esa distribución era absolutamente injusta e indefendible éticamente. También sé que hay empresarios que se arruinan tomado riesgos y un montón de excepciones a este esquema general, pero eso se debe a multitud de factores adicionales que ya hemos comentado y lo que no debemos perder de vista es que el esquema general del capitalismo es el que comento aquí.

Es conveniente entender la naturaleza de los impuestos para poder hacernos la pregunta inicial. ¿Es de izquierdas subir impuestos? Teniendo en cuenta que el objetivo fundamental de la política social e impositiva es redistribuir la renta no nos cabe más que responder que depende. Depende del impuesto y de su objetivo la subida será de izquierdas o al revés.
Técnicamente tenemos tres tipos de impuestos: Tenemos las tasas (que pagaría cada ciudadano en la misma proporción), los impuestos “planos” (es decir, que tienen el mismo porcentaje para todo el mundo pero que provocan contribuciones diferentes dependiendo la persona) y los impuestos progresivos (que aplican porcentajes diferentes en función de la renta, siendo mayores para quienes más renta tienen). Una tasa municipal que pagasen todos los vecinos de un pueblo y que tuviese la misma cantidad para todos sería el típico ejemplo de una tasa. Un ejemplo de impuesto plano sería el IVA “normal” (del 21%), que todo el mundo lo paga en la misma proporción pero que, sin embargo, genera más recaudación de quienes más consumen por lo que algunos ciudadanos pagan mucho más IVA que otros. Y finalmente un impuesto progresivo sería el IRPF, que tiene porcentajes ascendentes según aumenta la renta. Los impuestos regresivos (que pague menos porcentaje quien más tenga) oficialmente no existen aunque hay ciertas realidades fiscales que llevan a una regresividad de facto en el sistema impositivo.
Bajo este esquema podríamos decir que una tasa es un impuesto que va contra la distribución de renta, pues si todos pagan el mismo importe no se redistribuye renta. Por tanto bajar una tasa sí sería una política de izquierdas a nivel redistributivo (siempre que el objetivo de la misma acompañe) o, en el peor de los casos, "neutra".
¿Y un impuesto plano? Pues en este caso no está tan claro. Podríamos pensar que un impuesto plano, al no ser progresivo, sería un impuesto cuya bajada es propia de una política de derechas. Pero esto no sería así si hablásemos de un impuesto plano que gravase solo a cierto tipo de productos que solo comprase la “clase baja”. ¿Sería de izquierdas bajar el IVA super-reducido? Yo creo que sí, porque favorecería a la gente más humilde. ¿Y su hablásemos de un IVA sobre el lujo? Pues entonces el criterio sería diferente, en ese caso la bajada sí podría corresponderse con una política derechista, porque va contra la redistribución. Hay que tener en cuenta que estos impuestos sobre el consumo se pueden “progresivizar” usando distintos tipos para distintos productos y de ahí mi propuesta de "progresivizarlo" aún más añadiendo un cuarto tipo de IVA para el lujo. Además de “progresivizarse” pueden también afectar sectorialmente a unos grupos u otros, bien porque tengan propiedades, actividades económicas o lo que sea.
Y finalmente ¿es de izquierdas bajar un impuesto progresivo? Pues bajarlo “todo” no, sería más bien una política de derechas al estar bajando un impuesto que redistribuye, pero el propio hecho de ser progresivo te da multitud de posibilidades. Se puede bajar el IRPF máximo o bien se puede dejar como está y bajar los tramos mínimos, y estos movimientos serían absolutamente distintos en su naturaleza. Yo creo que hay que bajar los tramos mínimos del IRPF pero eso no quiere decir que tenga la misma opinión de los máximos. Bajar o subir un impuesto progresivo, sin especificar exactamente qué tramos vas a bajar o subir, no implica nada de por sí.

Así pues me gustaría eliminar estas falsas igualdades de que subir de impuestos es de izquierdas y bajarlos es de derechas, y por la misma razón igual de falsa es la frase de Zapatero de que bajar impuestos es de izquierdas. Bajar impuestos puede ser de izquierdas o de derechas, depende del impuesto, de su naturaleza y de a quién aplique.
Insisto muchas veces en este punto pero creo que es importante: Hay que erradicar la dicotomía de nuestras mentes y analizar cada uno de los casos y de las situaciones. Lo importante es la igualdad y, en un mundo en que cada vez se concentra más la renta entre los poderosos, que los impuestos sean redistributivos. Si las realidades impositivas acaban atentando contra la redistribución o incluso siendo regresivas entonces esos impuestos no nos valen y no tienen sentido mantenerlos.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Reorientación de las propuestas económicas en el futuro inmediato














Creo que es una percepción generalizada que las diferencias entre partidos en el terreno de la economía han sido mínimas hasta ahora. Las diferencias ideológicas se reducían a debates sobre el aborto, el matrimonio homosexual o la memoria histórica, sin embargo al hablar de política económica los grandes partidos a nivel nacional y autonómico actuaban de forma muy similar. Las diferencias se centraban en subvencionar unas cosas u otras o en priorizar un impuesto sobre otro, poca cosa más.
El camino de la servidumbre que iniciamos en mayo de 2010 con las primeras medidas del austericidio llevó a que estas diferencias directamente desapareciesen. Los grandes partidos (PP, PSOE, CiU) fueron técnicamente el mismo en lo que a política económica se refiere. Sin embargo creo que esto va a empezar a cambiar en un futuro a corto plazo, tanto porque los partidos tradicionales se están hundiendo con el consiguiente crecimiento de partidos con un discurso alternativo como por el hecho de que hemos llegado a un convencimiento mayoritario de que por este camino sólo vamos al desastre.

En mi opinión creo que se van a proponer cuatro caminos económicos distintos que van a reorientar la propia realidad política de nuestro país. Los partidos mayoritarios (PP y PSOE fundamentalmente) preveo que acabarán quebrados por el posicionamiento de sus miembros en alguna de estas vías, y posiblemente también los partidos ascendentes verán su crecimiento condicionado a su posición en este campo.
Básicamente, creo que estos van a ser los cuatro proyectos económicos que nos vamos a encontrar en el mercado político en muy breve plazo:

- Liberalismo anti-estado: Hoy por hoy estamos observando cómo se está recortando el estado del bienestar por todas partes y sin embargo y aunque no lo parezca esto sabe a poco a mucha gente. Los gobiernos actuales, conservadores o social-demócratas, están degradando progresivamente nuestros sistemas de protección pero siempre manteniendo unos mínimos para evitar un estallido social y/o la extensión de la pobreza de forma generalizada.
Pues bien, no tardarán en salir quienes desde posiciones liberales antiestatalistas propongan, directamente, descuartizar los sistemas públicos de protección y reducir el estado a un mínimo imprescindible. Las propuestas que traerán serán privatizar la sanidad y la educación, capitalizar las pensiones públicas a través de empresas privadas, cambiar los sistemas de desempleo por seguros privados, etc. Estas propuestas serán directamente homologables a las propuestas “libertarían” de los EE.UU, quizá con un sesgo más conservador al estar en Europa.
Desde un punto de vista macroeconómico se mantendrá la contención de la inflación como principal política, se dejarán quebrar empresas y quizá bancos independientemente de las consecuencias y la contención del déficit público será sagrado. No se pondrá en duda la pertenencia al euro.
¿Quién apoyará estas propuestas? Pues lo que se llama el sector “liberal” del PP (Aguirre, etc.), la prensa panfletaria “liberal” (Libertad digital, intereconomía, etc.) y quizá mucha gente situada hoy en discursos de “responsabilidad individual absoluta” o “contra los políticos”, muchos de los cuales orbitan alrededor de UPyD y otros grupos.

- Partidarios de los “estímulos”: Hay una convicción generalizada en la política del sur de Europa de que sin estímulos económicos organizados por los poderes públicos no salimos de la crisis, al más puro estilo keynesiano tradicional. En países como el nuestro estos estímulos están erradicados al estar sometidos a la dictadura de la austeridad pero no paramos de ver gente que propone que el BCE intervenga con una política expansiva, que se hagan planes públicos de inversión, etc.
Los partidarios de los estímulos querrán buscar la inversión pública para reactivar la economía, combinada o no con políticas menos agresivas de austeridad. Buscarán que el BCE actúe como la FED americana y cambie su política monetaria para estimular la demanda y reducir el paro. No temerán a la inflación y posiblemente busquen una devaluación competitiva del euro. Respecto al estado del bienestar querrán mantener los mínimos del sistema (educación y sanidad pública, pensiones y prestaciones por desempleo gestionadas por el estado).
¿Quién defenderá esta política? Pues tanto el sector menos radical del PP actual como el sector más “moderado” del PSOE, y seguramente también la mayoría socialdemócrata de UPyD. Creo que un claro ejemplo del germen de esto es la conferencia que dieron el otro día el presidente extremeño Monago y el expresidente español Felipe González. Ambos parecían estar en perfecta sintonía, hablando de pactos, de la prioridad que supone el desempleo, de que hay que estimular la economía, etc.

- Defensores de una política estatalista y nacionalizadora: Mucha gente interpreta esta crisis como el colapso del capitalismo o más concretamente del “neoliberalismo”, a causa de una desregulación financiera que llevó a la crisis de deuda. Para esta gente el capitalismo ha demostrado su faceta destructiva cuando se le ha dejado libre e interpretan que el antídoto contra estos excesos es el estado y que éste controle la economía desde los poderes públicos.
Así pues este grupo pedirá la nacionalización de la banca, de los recursos naturales (de haberlos) y de las empresas esenciales, promoviendo en el resto de áreas regulaciones sectoriales que limiten las oscilaciones del mercado. Se querrá aplicar una política fuertemente redistributiva desde las administraciones públicas con elevados impuestos. Los servicios públicos no sólo se mantendrán sino que se ampliarán en áreas que ahora mismo no funcionan, limitando la competencia privada en esas áreas. La política monetaria buscada será expansiva y muy probablemente defenderán que países como España salgan del euro y vuelvan a emitir su propia moneda.
Quienes defenderán esta vía serán básicamente aquellos que provengan del marxismo y quienes hayan llegado a la conclusión de que el capitalismo neoliberal ha fracasado. La mayoría de gente que viene de IU se juntará aquí con muchos desencantados del PSOE para buscar una política quizá más post-keynesiana que marxista.

- Economía del bien común y “nueva vía”: Estas tres posturas anteriores, conocidas por todos, no serán las únicas que estarán presentes. Toda nueva crisis lleva al nacimiento de nuevas propuestas y este caso no será una excepción.
Hoy día aún nos falta un proyecto económico integral que cambie aquello que ha fallado en los últimos años, aunque sí que hay teorías y ciertas evoluciones que enfrentan parcialmente problemas de la crisis actual. Entre estas está la llamada “economía del bien común” que pretende reorientar la actividad privada y el emprendimiento (manteniendo la economía privada y sin que el estado se haga cargo de los medios de producción) en función de valores sociales diferentes al enriquecimiento rápido. También hay otras propuestas hechas adhoc para la situación actual como ciertas políticas de reindustrialización, u otras de las que se está hablando desde hace años (Tasa Tobin, economía sostenible) pero que ahora han adquirido especial relevancia por proponer soluciones a problemas de los que hemos sido realmente conscientes con la crisis, como la dependencia energética o la especulación financiera.
Hablamos, pues, de una vía económica novedosa y claramente incompleta todavía, pero eso no quiere decir que no tenga partidarios. Muchos grupos de la “nueva izquierda” (En España Compromís y quizá ANOVA, en Italia muchas de las propuestas del M5S, algunos partidos verdes europeos, etc.) ya están proponiendo algunas de estas cosas.
En política macroeconómica estos grupos son partidarios de una auditoría de deuda y de un impago parcial de la misma por considerarla ilegítima (en esto se parece al grupo anterior) y, hoy por hoy, son los más activos en su rechazo al euro y a las imposiciones de la comisión europea y de la política alemana.


Quiero puntualizar que estas cuatro posturas económicas no implican cuatro posturas políticas distribuidas igualmente y entre la misma gente. Por ejemplo, UPyD podría situarse en la misma posición económica que sectores del PSOE o el PP pero eso no implicaría que defendiesen el mismo desarrollo político.
A nivel político hay dos vías fundamentalmente, una que es el inmovilismo basado en los usos y costumbres actuales y edificado sobre una petrificada constitución (violada) del 78, y otra que es una regeneración política que tendría como pilares la transparencia, la consecución de espacios de democracia directa y la reforma de la constitución y/o la estructura del estado.
Esto, pues, puede crear grupos divergentes incluso entre quienes defienden la misma propuesta económica y es lo que nos va a llevar a una situación muy plural en un futuro próximo y a una pulverización de propuestas y quizá también de los partidos políticos.

He planteado las cuatro vías que me parecen que se van a establecer como alternativas definidas (quizá un poco abstracta en el caso de la 4º) y, si a eso le juntamos las probables divisiones de opinión sobre cómo encarar nuestro futuro político y nuestra necesaria regeneración democrática, podemos intuir que el futuro va a estar compuesto por tantas sensibilidades que posiblemente nadie tendrá una mayoría social para sus propuestas político-económicas.
Supongo que será necesario un pacto y una aproximación a las ideas del otro por varios de estos grupos ideológicos. Y eso no es malo, el pacto y la cesión parcial no es mala, lo malo es cuando el pacto se hace sin que haya ideas ni convicciones detrás como parece que se quiere hacer ahora con el simple objetivo de mantener cuotas de poder y posiciones establecidas. En cambio cuando hay convicciones y valores, cuando sabes lo que quieres y sabes el camino a seguir, la aproximación de posturas es una obligación de la política e incluso una postura sólo apta para valientes.

lunes, 6 de mayo de 2013

Intentando entender una encuesta del CIS
















Después de los datos de la encuesta del CIS del mes pasado mucha gente se está preguntando cómo es posible que el PP, partido que resultaría el más votado según la citada encuesta, aún mantenga un 34% de los votos. Este resultado representa una bajada de más de 10 puntos respecto a las elecciones generales de hace año y medio pero aún así parece muy elevado si miramos el estado de ánimo del país.
Adicionalmente nos encontramos con que otras encuestas de agencias independientes dicen que el porcentaje de votos que obtendría el PP (y el PSOE) sería mucho menor. Por ejemplo, el último barómetro de Metroscopia dice que el PP obtendría el 24,5% de los votos (10 puntos menos que el CIS) y el PSOE el 23% (5 puntos menos que en el CIS, que le da un 28% de voto).
¿Cómo se explica esta discrepancia? ¿Cómo pueden diferenciarse 10 puntos una encuesta de otra? La situación no parece lógica a priori.

Me gustaría desgranar la encuesta del CIS para intentar ver el por qué de estos resultados. En principio me parece que hay tres peguntas que son las bases de la estimación de voto posterior: La intención directa de voto (“¿A qué partido votaría usted de celebrarse elecciones hoy?”), la simpatía (“¿Qué partido le genera más simpatía o considera más próximo a sus propias ideas?”) y el recuerdo de voto (“¿A qué partido votó usted las pasadas elecciones?”).
La respuesta a estas tres preguntas (las respuestas son partidos políticos, por tanto homologables entre sí) se deben introducir posteriormente en una especie de matriz de datos que, finalmente, creará una estimación de voto. Es decir, la estimación de voto de una encuesta no es ni mucho menos la recopilación de las respuestas de la gente a la pregunta de a quién votaría hoy sino una estimación basada en criterios parciales y en cargas estadísticas de diversos parámetros. Ahora veréis, de hecho, como los resultados finales del CIS y las respuestas de la gente no se parecen en nada.

Vamos a analizar las tres preguntas clave para intentar entender los resultados. La primera de las preguntas clave e intuitivamente la más relevante es la pregunta “¿A quién votaría usted de celebrarse las elecciones hoy?” (Pregunta 19 de la encuesta). Pues bien, los resultados de esta pregunta son:

PSOE: 13,7% PP: 12,5% IU: 7,1% UPyD: 4,1% En blanco: 9,1% No votaría: 22,7% No sabe: 19%

Es decir, a la pregunta de a quién se votaría (lo que se llama intención directa de voto) la respuesta concreta mayoritaria es PSOE. Hay más gente que dice que va a votar al PSOE que gente que dice que va a votar al PP y no solo eso: Si vemos la distribución relativa entre los 4 principales partidos vemos cómo sus resultados son mucho más próximos entre sí que en los resultados finales.
El asunto aquí es que los profesionales no se creen esto. Además de distribuir el voto de la gente que dice que no sabe a quién va a votar también reorganizan todo el voto en función de dos variables más. Hacer esto, es decir, no creerte a la gente es una decisión subjetiva y podría no hacerse así. Está demostrado, por las diferencias históricas entre resultados electorales y encuestas previas, que la gente miente en las encuestas, pero no siempre mienten en el mismo sentido ni en la misma proporción. Las correcciones posteriores son, pues, pura subjetividad del método.


La segunda pregunta clave es la simpatía. El CIS, en su pregunta 20, pregunta “¿Por cuál de los siguientes partidos siente usted más simpatía o cuál considera más cercano a sus propias ideas?”. Y los resultados fueron los siguientes:

PSOE: 20,3% PP: 15,8% IU: 8,4% UPyD: 4% Ninguno: 38,4%

Además de la gran desafección por los partidos políticos se puede observar que aquí también el PSOE es el partido que recoge más simpatía, en este caso con bastante distancia sobre el PP. Podemos observar también que las distancias se amplían entre partidos y, personalmente, hay un dato que me parece curioso: UPyD tiene más porcentaje de voto directo que simpatía, cuando en el resto de partidos es al revés. Parece, pues, que se trata de un voto prestado.
Luego el CIS hace una especie de suma entre voto directo y simpatía, que tampoco veo especialmente relevante pero les debe valer para hacer cálculos posteriores. Quiero remarcar que hasta aquí estamos hablando de datos puros, de respuestas directas de la gente. Aquí no hay recálculo, no hay cocina, esto es lo que responde la gente, sea sincera o no en su respuesta.


La tercera pregunta para obtener la estimación de voto es el recuerdo de voto. “¿A qué partido o coalición votó las pasadas elecciones?” (Pregunta 24 a). Y los resultados fueron los siguientes:

PP 31,4% PSOE: 27,4% IU: 8,7% UPyD: 3,8%

Claro, esto hay que compararlo con los resultados reales del 20-N, que fueron estos:

PP 44,63% PSOE: 28,73% IU: 6,92% UPyD: 4,70%

¿Qué está pasando aquí? Pues que la gente miente. Al ser una encuesta obviamente los resultados no pueden ser exactamente los mismos que en la realidad pero lo lógico sería esperar diferencias de sobre el 2-3% (por el tamaño de la muestra). Estas diferencias demuestran que la gente está mintiendo sobre a quién votó en las pasadas elecciones, fundamentalmente en lo que respecta al PP. El 30% de los votantes del PP no reconocen haberlo votado el 20-N.


Pues bien, todos estos datos entran en la matriz de cálculo y nos dan los resultados que el CIS publica, que son estos:

PP: 34 % PSOE: 28,2% IU: 9,9% UPyD: 7,4%

Y aquí comienza el debate. ¿Tiene sentido que, en base a las respuestas directas de los entrevistados, salga este resultado? Pues según el cálculo del CIS sí, pero a priori no parece que tenga especial sentido, por lo menos desde mi punto de vista.
Parece que el factor clave al que el CIS otorga valor es el del voto oculto y la tendencia inmovilista del voto. Parece como si el CIS utilizase ese 30% de voto oculto del PP del 20-N y se lo sumase todo a la respuesta directa de los entrevistados en abril de 2013. Esto es, directamente, suponer que todos los que mienten a pasado (es decir, que dicen no haber votado al PP pero que realmente lo votaron) están mintiendo cuando dicen ahora que no lo van a votar. Esta explicación es una simplificación y una explicación intuitiva a lo que será una fórmula matemática, pero creo que no se aleja de la realidad. A IU, por ejemplo, se le hace exactamente lo contrario, se le resta voto pensando en que hay gente que dice que va a votarla pero que luego no la votará.
No creo que haga falta explicar que esto es muy osado y tremendamente subjetivo. Cuando alguien niega haber votado al PP el 20-N lo puede hacer por muchas causas. Puede ser que oculte el voto por vergüenza y que realmente vaya a votar al PP en las próximas elecciones como intuye el CIS, pero puede ser también otras muchas cosas. Puede ser que esté tan avergonzado de haber votado al PP que no se atreva a decirlo, y si está avergonzado obviamente no le votará las próximas elecciones. Puede ser incluso que haya gente que diga que votó al PP sin haberle votado simplemente para mostrar claramente su cambio de voto como forma de expresar disconformidad. Las motivaciones para no decir la verdad son múltiples e interpretar que todo es voto oculto que va a repetir, como parece que supone la matriz del CIS, es absolutamente arbitrario.

Si observamos los históricos del CIS antes del 20-N (encuesta de octubre de 2011) vemos que la estimación del CIS para el voto del PP y el PSOE fue mayor de lo que realmente obtuvieron después (el PP obtuvo 2 puntos menos que lo previsto por el CIS y el PSOE 1 punto menos). Ahí también se vio el sesgo inmovilista del CIS, más cuando siempre se ha supuesto que las campañas electorales consiguen orientar a la gente hacia el “voto útil” a los dos grandes partidos.
En mi opinión en aquel momento, con un resultado claro (iba a ganar el PP con mayoría absoluta casi sin discusión) y cuando la desafección al PP era todavía casi nula entre sus votantes, la ruptura de la tendencia inmovilista del voto era todavía incipiente, sin embargo creo que ahora mismo la ruptura de esta tendencia estará muy acentuada. El país ha consumido su última esperanza, que era que el PP nos pudiese sacar de la crisis. Ahora mismo la mayoría de ciudadanos no perciben diferencias de eficacia real entre PP y PSOE (y eso se ve en la desafección a la política) y por eso mismo la dispersión del voto tiene que ser mucho mayor. Los métodos del CIS, ya excesivamente conservadores en una situación normal, hoy por hoy me parecen desfasados.
Esto que explico se demostró en las pasadas elecciones catalanas. Casi todas las encuestas preveían que CiU se mantuviese en su porcentaje de voto porque esa era la tradición en Cataluña y el sentido del voto oculto. No se hizo demasiado caso a la intención directa de voto y, al final, nos encontramos con la sorpresa de que CiU perdió al 20% de sus votantes de 2 años antes. Se minusvaloró el cabreo de la gente y otras circunstancias de índole sociológico.
Personalmente considero más cercana a la realidad las encuestas de metroscopia, mucho menos “cocinadas” y más fieles a las respuestas espontáneas. Su resultado último fue este:

PP: 24,5% PSOE: 23% IU: 15,6% UPyD: 13,7%

Quizá metroscopia peca de lo contrario que el CIS, quizá tiende a pensar que la gente miente poco y que el voto oculto e inmovilista será menor, sin embargo creo que su grado de separación con la realidad es menor que el del CIS. Ambas encuestas comparten, no obstante, la tendencia: La caída del PP es continua y constante, y el PSOE disminuye también en apoyos aunque bastante menos.

¿Están manipuladas las encuestas del CIS? Yo no lo creo, no creo que se manipule a sabiendas y se cambien resultados a favor del gobierno sino simplemente que tienen un método de cálculo de la estimación de voto excesivamente conservador y, hoy por hoy y con esta realidad de país, totalmente obsoleto.
Quizá quien creó el método de estimación de voto de las encuestas del CIS hizo lo que le interesaba, es decir, tendió a crear un modelo inmovilista para que sus jefes (el gobierno de turno) no se enfadasen. Si creas un modelo que tiende a repetir resultados de las elecciones anteriores, elecciones que han sido positivas para el gobierno de ese momento, pues entonces perfecto para que nadie te llame la atención desde el poder ni te diga de cambiar el método de recálculo. Parece rastrero e interesado pero os aseguro que en la mayoría de empresas se suelen hacer previsiones a gusto de los que mandan.
En resumen, que no creo que se deba hacer excesivo caso a las encuestas del CIS más allá de la tendencia general comparando series de datos construidas bajo el mismo método.

jueves, 2 de mayo de 2013

¿Por qué no hay un clamor social para que el gobierno dimita?













Mientras observaba las manifestaciones del primero de mayo me venía a la cabeza una pregunta. Si el país está tan claramente enfrentado al gobierno (que lo está), si hay tantas movilizaciones de distinta naturaleza, ¿por qué no hay un movimiento organizado y socialmente arrollador que pida la dimisión del gobierno? Es algo que sería lógico a priori.

En la rueda de prensa posterior al último consejo de ministros de abril el gobierno reconoció que iba a acabar la legislatura con mucho más paro del que se encontró al llegar al gobierno y que la crisis aun duraría varios años. Esto lo hizo después de que todos los organismos internaciones le dijesen que sus previsiones eran absurdas e increíbles, como ha pasado ya tantas veces desde que gobiernan.
Que el gobierno dé esas previsiones quiere decir que esas son las más optimistas de las previsiones posibles dentro de la política que están llevando. Es decir, con casi toda probabilidad la realidad acabará siendo peor de lo que el gobierno admite en casi todos los ámbitos, quizá con la excepción de la tasa de paro (porque se va a tener que ir tanta gente de España que la tasa de paro bajará por bajada de población demandante), aunque no del empleo neto.
Se ha hablado mucho de esta rueda de prensa pero creo que no lo suficiente. Básicamente representó la culminación de una legislatura, el fin de esta legislatura que ya está acabada en sus términos normales. El gobierno reconoce que no puede hacer nada, que no vale para nada y que no es más que un grupo de náufragos que son empujados por los vientos que soplan desde Berlín. No es nada que no supiésemos ya, pero la cuestión es que el propio gobierno ya lo ha reconocido expresamente.
Que el gobierno se mantenga en su sitio ya no tiene sentido alguno, algo reconocido de facto por ellos mismos. Mañana mismo podría ser sustituido por un ejecutivo tecnócrata sin diferencia alguna para el país, quizá incluso con un virrey tendríamos suficiente. No hay motivo alguno para apoyar a este gobierno más allá de la visceralidad idiota de quienes creen que esos son “los suyos”.

La rendición del gobierno se suma a los otros datos que ya conocíamos: Este gobierno ha violado absolutamente su programa electoral, el partido que lo sustenta está gravemente manchado por la corrupción, ha perdido el favor electoral de la población y gobierna directamente para los intereses alemanes. Es decir, este gobierno es ilegítimo como tantas veces he dicho y hemos hablado ya y su mera continuidad es un insulto a la dignidad del país.
Sin embargo no se ve un movimiento social potente que pida la dimisión del gobierno. Sí, lo piden algunos diputados de grupos minoritarios, hay un movimiento en internet que recoge firmas para pedir la dimisión del gobierno, pero no tenemos un movimiento de grandes proporciones y que movilice importantes fuerzas.
Tal y como están las cosas debería haber un movimiento generalizado que exigiese la dimisión del gobierno y la convocatoria de elecciones. Cada manifestación, movilización o protesta debería estar encabezada por pancartas exigiendo la dimisión del gobierno y deberían haber movilizaciones ex profeso para reclamar esta solución. En una situación así, con un gobierno ilegítimo y rendido a la sumisión y al empobrecimiento, sería lo lógico.
Pero esto no pasa. Las exigencias de dimisión del gobierno son pocas y se prefiere protestar sectorialmente por desahucios, el desempleo u otras luchas. Los actores y movimientos sociales están concentrados en luchas concretas sin hacer una síntesis global de todas ellas.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué se está tolerando este gobierno? Pues sencillamente porque no hay una alternativa claramente estructurada. El PSOE no es alternativa de nada, está quemado y desgastado y prácticamente nadie piensa que la historia pudiese ser distinta de gobernar los socialistas. IU, en cambio, no se vislumbra como alternativa porque todavía no tiene la fuerza electoral suficiente para ello y para muchos ni siquiera parece tener sustento ideológico-político para plantearla. Y UPyD, en fin, realmente no es una alternativa a la política de recortes y austericidio.
Sin alternativa clara la exigencia de la dimisión del gobierno, legítima y necesaria, parece un canto al sol. ¿Para qué hacer dimitir al gobierno y convocar elecciones? ¿Para que gane Rubalcaba? Este debe ser el pensamiento de la mayoría de la población. Al gobierno se le tolera y se le aguanta porque hemos entrado todos en un estado de ánimo pesimista y en una sensación de inevitabilidad. Y esa es precisamente la sensación que al gobierno le interesa extender para justificar su continuidad (es lo único que justifica su permanencia, de hecho).
Si tuviésemos una alternativa clara, un Syriza o un Movimiento 5 estrellas, o incluso un planteamiento más abstracto (salir del euro, por ejemplo), a este gobierno no se le dejaría respirar. Pero no lo tenemos, no ha cuajado una alternativa clara al austericidio y a la sumisión a Alemania, y esa es la razón por la que vivimos en una peligrosísima parálisis política.

En cualquier caso quiero ser medianamente optimista. La alternativa aparecerá, se está fraguando y no tardará mucho. Ya nos han dicho que no hay esperanza a medio plazo y el país no va a aguantar esta situación de forma indefinida.
Ya se empiezan a ver algunas cosas. La reciente encuesta de Metroscopia para la comunidad de Madrid dice que IU está a un punto de intención de voto de los socialistas. Si sumamos los votos de EQUO entonces vemos que la izquierda “alternativa” supera al PSOE. En Valencia pasa lo mismo, la suma de EU y Compromís superan juntos, y por mucho, al PSPV. Los socialistas están intentando que haya una clara apuesta por el crecimiento a nivel europeo para subirse al carro y plantear esto como alternativa, pero como gane Merkel de nuevo eso puede quedar en nada.
Cuando haya una alternativa real a nivel político y económico este gobierno no podrá aguantar, estoy seguro. Pero estaría bien que nos diésemos cuenta que las alternativas no bajan solas del cielo. Hay que crearlas, y que casi dos años después de aquel 15 de Mayo de 2011 aún estemos así es un tanto descorazonador. Algo falla y debemos darnos cuenta rápidamente para poder salir de ese pesimismo generalizado que comentaba antes.

lunes, 29 de abril de 2013

¿Quieren los españoles una nueva generación de políticos?














Me topé el otro día con una noticia en el diario EL PAÍS que decía que las jóvenes promesas de los partidos políticos están mejor valorados que sus líderes. Esto, dicho así, parece absolutamente lógico pues los líderes actuales de los partidos políticos están totalmente desprestigiados y hasta una berenjena tendría mejor valoración que ellos.
En cualquier caso quise consultar la encuesta inicial de metroscopia para ver si la conclusión del artículo, que básicamente era que hay una nueva generación de políticos que la ciudadanía desea, era realmente así.

Para empezar tengo que decir que el conocimiento de las “nuevas promesas” es bastante bajo. Tan sólo Patxi López y Antonio Basagoiti eran conocidos por más de la mitad de los entrevistados, pero estos dos candidatos de jóvenes promesas no tienen nada (es como poner aquí a Chacón o a Leire Pajín), así que realmente son dos gazapos metidos en el estudio, seguramente por edad.
Del resto de candidatos el más conocido era el diputado de IU Alberto Garzón (35%) seguido por el líder de Ciutadans Albert Rivera (34%) y por el posible futuro candidato a la presidencia del gobierno por el PSOE Eduardo Madina (32%). Me ha extrañado muchísimo el alto conocimiento que tiene Alberto Garzón teniendo en cuenta que es diputado de IU y que las informaciones sobre este grupo son prácticamente residuales. No sé si algunos han podido confundir a Alberto Garzón con Baltasar Garzón y equivocados han dicho que lo conocían…
Me ha extrañado también el bajo conocimiento que hay sobre Eduardo Madina, más cuando ha sido noticia las últimas semanas. El conocimiento sobre Albert Rivera me ha parecido, en cambio, muy alto, aunque creo que se debe deber a sus continuas intervenciones en medios de comunicación conservadores.
Me ha extrañado también, por lo bajo, el escaso conocimiento que tiene la sociedad sobre Beatriz Talegón (15%) cuando ha sido noticia también hace poco, aunque entiendo que es comprensible. Y me ha dado bastante pena ver a mi estimado Juantxo Uralde con sólo un 10% de conocimiento público, síntoma de lo difícil que es hacer política desde la nada en España.

Esto es el conocimiento que tenían los entrevistados sobre los candidatos, pero después a quienes los conocían se les hacía una segunda pregunta que era si creían que podían contribuir a regenerar la vida política española. Tengamos en cuenta que para esta segunda pregunta ya sólo se toma en cuenta la opinión del ciudadano que conoce al candidato, así que nos encontramos ante un ciudadano informado, bien o mal pero informado.
Bien, pues en este punto quien más “” conseguía era Eduardo Madina (43%), prácticamente empatado con Beatriz Talegón (42%) y no muy lejos de Alberto Garzón (39%), Albert Rivera (38%) e incluso Juan López de Uralde (35%). Insisto, es porcentaje de votos sobre quienes previamente les conocían, por lo que el 35% de Uralde, por ejemplo, socialmente es bajo al conocerle sólo el 10% de los entrevistados.
La noticia destacaba fundamentalmente a Madina al ser este el más valorado positivamente por quienes le conocían, pero técnicamente está empatado con Alberto Garzón al ser éste más conocido. Las posiciones destacadas de Talegón y Uralde son importantes por el grado de aceptación de quienes los conocen pero creo que hoy por hoy no tienen proyección social al ser candidatos muy desconocidos.

Así pues, ¿realmente el país quiere a estos políticos jóvenes en primera línea? Los cuatro líderes de los cuatro principales partidos tienen grados de “regeneracionismo” muy bajos, entre el 25% de Rosa Díez y el 10% de Rubalcaba, aunque son mucho más conocidos que los políticos jóvenes. En cualquier caso creo que los resultados de los primeras espadas están viciados por forofismo y fanatización. Por ejemplo, si a un adicto al PP le preguntas si Rajoy puede regenerar la vida política española te dirá que sí, al igual que te dirá sí si le preguntas si va a sacarnos de la crisis, a convertirnos en primera potencia mundial o si cree que es el político que la tiene más grande. El “” no es más que parte del forofismo, de la adicción política, al igual que hace ese 10% de adictos a Rubalcaba que creen que ese señor puede regenerar algo cuando lleva toda la reverenda vida (aunque notemos lo crítico que es el votante del PSOE con su líder. Incluso valoran como más regeneracionista a Cayo Lara e igual a Rosa Díez).
Con los políticos jóvenes es diferente. Podría existir la tentación de decir “” porque es de tu partido pero la gente tiende a ser más sincera y objetiva cuando el candidato es alguien secundario, y todos los políticos de la lista de jóvenes promesas son secundarios.
Me gustaría saber qué pasará cuando a Madina, a Talegón, a Garzón o a Uralde se les conozca más. ¿Qué pensarán los viejecitos que votan al PP? ¿Pensarán que Garzón es un rojo peligroso, Uralde un ecologista verbenero y Talegón una hippie perroflauta? Creo que nunca lo sabremos porque creo que nunca los llegarán a conocer bien, y si llegan a conocerlos lo harán simplemente por una imagen estereotipada de los mismos.

Personalmente creo que Madina es un bluff. No le conozco ningún pensamiento original, ninguna idea novedosa, ningún posicionamiento valiente. Hoy por hoy tiendo a pensar que su principal valor es que es joven, que no está muy manchado (y digo “muy” porque fue diputado la pasada legislatura y votó todas las reformas austericidas de Zapatero) y que ha sido víctima del terrorismo, lo que siempre da un plus cara a los electores.
Talegón me parece, también, otro bluff. Estuvo muy bien la crítica a los hoteles de 5 estrellas donde se reunía la internacional socialista, pero eso era más una acción efectista que una crítica seria. La crítica a aquellos señores debería haber sido el por qué han llevado a millones de trabajadores a la pobreza aceptando las políticas de la derecha, y no la crítica facilona al hotel. No obstante y con toda la distancia creo que ha entendido que estamos en un tiempo político donde el socialismo necesita un cambio radical, y eso es positivo. Le sigo los pasos para ver hacia dónde va.
Alberto Garzón es más de mi agrado. Es un economista crítico, que bebe de las teorías marxistas, post-keynesianas e incluso de las tradicionales keynesianas para desmontar este pensamiento único económico que nos domina. El problema es que tampoco le veo proponer cosas demasiados novedosas en la teoría o en la práctica y creo que eso es algo a exigir a un joven de 28 años que viene del 15-M. Veo demasiado marxismo “heterodoxo” que le gusta decir a él y pocas conexiones con teorías modernas como la economía del bien común. Me gustaría verle discrepar más veces con su partido, que tan ofuscado parece a veces con cosas de otros tiempos. Opino, también, que tiene un punto de autosuficiencia que quizá les sea desagradable a algunas personas, aunque me parece un defecto perfectamente corregible.
Juantxo Uralde también es alguien de mi agrado porque me parece una persona absolutamente honesta. Ha sido activista toda la vida y esto es algo muy elogiable y conveniente en este mundo político de pelotas y trepas. Mi crítica fundamental a él es que se concentra casi exclusivamente en temas medioambientales y creo que eso hoy es algo secundario para la población. Debería entrar mucho más en economía y en asuntos de cohesión social, marcando ese mensaje prioritariamente y desde ahí hacer políticas verdes (algo absolutamente compatible).

En definitiva ¿realmente quiere la población políticos jóvenes liderando los partidos? Pues yo creo que sí, y no por esta encuesta sino porque es lo que percibo en la calle. Pero me temo que la gente quiere políticos nuevos porque está cansada y decepcionada con los antiguos y no tanto por un sentido de regeneración tan bien definido.
Descartados los políticos actuales cabe hacerse una pregunta ¿preferiría la ciudadanía a un Madina o a un Garzón? ¿O preferiría a un Aznar o un Felipe González? Cuidado con esta pregunta porque creo que es relevante. Esta es una encuesta que hay que hacer para ver qué hay detrás de este estado generalizado de frustración.
Porque no sería tan extraño que la gente se refugiase en el pasado político, en tiempos mejores donde había empleo, crecimiento y sobre todo esperanza por un futuro mejor. ¿Cómo recibiría la gente la posibilidad de la vuelta de uno de esos ex presidentes? ¿Está nuestro pueblo vacunado contra ese discurso facilón de “conmigo se creaba empleo” o “conmigo el país progresaba"? Esto no es baladí porque, recordemos, estos políticos han sido quienes han provocado esta crisis con las políticas de las últimas dos décadas, y si nuestro pueblo está dispuesto a otorgarles la confianza de nuevo es que no estamos entendiendo de qué va esto.
La preferencia de la ciudadanía entre los políticos jóvenes o los viejos líderes sería la que nos diría claramente si estamos por la regeneración y hemos entendido la naturaleza de nuestros problemas, o bien si este cabreo social no está adecuadamente orientado y no es más que rebeldía sin fondo ni idea detrás.

Yo sí creo que el país quiere regeneración y gente joven, creo que esto no es Italia con un presidente de la república de casi 90 años que debería estar coleccionando sellos en vez de estar representando al país, pero eso es lo que quiero creer así que eso puede influir en mi percepción.
No obstante tengo la sensación de que en Europa se van a extender en breve los gobiernos de concentración y que es algo que cuando llegue a los países centrales se va a querer imponer en todas partes. No quiero pensar que el último estertor de este régimen político sea un gobierno de concentración PP-PSOE presidido por Felipe González o por Aznar y que, además, lo recibamos entre aplausos.
Regeneración es regeneración, regeneración es mandar a sus casas a quienes han hecho la política de las últimas décadas. Tengamos claro esto y no nos dejemos liar con artificios de distintos tipos que seguro que nos van a poner delante para que la vieja casta política se mantenga en sus posiciones. Confío en que eso es lo que quieren nuestros ciudadanos pero cuidado con la falsa nostalgia, arma poderosa donde las haya.

jueves, 25 de abril de 2013

Revolución democrática vs movimientos autoritarios


















Me pregunta mucha gente por qué defiendo a Beppe Grillo (igual que me preguntaban hace dos años por qué defendía el 15-M) aún cuando su movimiento político tiene graves carencias políticas y está impregnado de populismo. Para empezar tengo que decir que yo no soy un fan del movimiento 5 estrellas ni creo que vaya a traer la redención de la humanidad como parece que algunos creen que pienso. Mi defensa se basa fundamentalmente en el rechazo a todos aquellos discursos que califican a este movimiento prefascista o antipolítico, discursos que normalmente se hacen desde posicionamientos políticos interesados y manipuladores.
Esa es una de las razones, pero hay otra más importante que se basa en un cuadro macropolítico que creo que es conveniente explicar y eso es lo que quiero hacer en esta entrada.

Esta crisis que nos asola no es una crisis puntual, es una crisis estructural y sistémica. El modelo de crecimiento económico basado en el endeudamiento y el capitalismo financiero llegó al colapso en 2008 y dejó un pufo que pesa como una losa sobre nuestras economías. Los grandes poderes financieros y los gobiernos de la mayoría del mundo están intentando solucionar esta crisis cargando la factura del endeudamiento a las clases populares y a los estados, lo que está provocando un empobrecimiento de esas mismas clases populares mientras las riquezas de las élites son defendidas e incluso ampliadas, llevándonos a una concentración de riqueza en pocas manos cada vez mayor.
En este contexto los estados democráticos no han sabido en casi ningún sitio desmarcarse de este esquema general. Gobiernos conservadores y social-demócratas por igual han aceptado este esquema y se han dedicado a sobrecargar de impuestos a las clases medias y populares a la vez que destruían los servicios públicos de los que las mismas eran usuarias, provocando la situación de concentración de renta comentada. Daba igual votar a la “izquierda” o a la “derecha” del sistema, las políticas económicas eran las recomendadas por el FMI y, en Europa, por una comisión europea al servicio de los intereses alemanes fundamentalmente.
El ciudadano, por tanto, se ha ido convirtiendo en desafecto al sistema. Los partidos de los regímenes democráticos no están dando soluciones, de hecho difícilmente se pueden percibir las diferencias entre ellos en asuntos económicos. Se presenta esta política de austeridad, impuestos y recortes como inevitable, como única política “seria”, entrando la sociedad entera en un abatimiento generalizado al percibir que esta política vendida como inevitable no lleva más que a la tercermundialización de nuestros países.

Lo interesante de la actual situación es que los ciudadanos han percibido que este “fraude”, que esta política de imposiciones exteriores y de inevitabilidad no es producto de la democracia sino que es precisamente producto de la ausencia de ella, de la ausencia de una democracia “real”. El problema, según la percepción general, no es que la democracia no valga para nada sino es que la democracia no es efectiva, que está secuestrada y que hay que recuperarla.
El movimiento 15-M se basó en eso. El parlamento y los partidos políticos ya no eran la expresión de la voluntad popular sino macro-estructuras al servicio de unos intereses económicos privados que eran contrarios a los intereses de la mayoría. La democracia estaba degenerada, vacía, secuestrada por poderes económicos internacionales y por servilismos políticos hacia gobiernos extranjeros, y por eso de facto estaba inhabilitada. No había democracia “real” detrás de la formal, todo se había convertido en una compleja estructura destinada al mantenimiento del statu quo imperante amordazando la verdadera voluntad popular.
El movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo se parece bastante al 15-M y defiende unos planteamientos parecidos a estos. Ellos piensan que Italia está secuestrada por una clase política que ha situado al país bajo la bota de Alemania y de los poderes financieros internacionales. Los partidos italianos, dicen, son esencialmente iguales cuando llegan al poder, ignoran los designios de la ciudadanía y no son más que estructuras parasitarias del sistema. La confirmación de esta teoría y seguramente lo que le ha dado la fuerza al M5E fue la llegada del gobierno de Monti, un primer ministro técnico impuesto por Alemania y que contó con la aprobación en el parlamento de los partidos tradicionales, que le sostuvieron y apoyaron en sus continuos recortes y reformas que nadie había votado.

Esta situación, es decir, la interpretación de la crisis actual como una carencia de democracia es algo altamente novedoso. En otras épocas de la historia al suceder grandes crisis y procesos de empobrecimiento social como el actual la ciudadanía se ha rebelado contra el sistema imperante en todos sus aspectos.
Los revolucionarios soviéticos, por ejemplo, consideraban que la democracia burguesa era un engaño y que realmente sólo beneficiaba a las élites. Las libertades democráticas no eran más que una ilusión a la que el proletariado y el campesinado no podía acceder, pues estaba sometido de facto a la servidumbre económica. Ahí está la frase que le dijo Lenin al socialista español Fernando de los Rios “Libertad, ¿para qué?”, frase que escandalizó al español pero que representaba un pensamiento muy típico entre los revolucionarios rusos. ¿Para qué quiero libertad si no puedo ni comer? Decían. Ellos no valoraban las libertades democráticas porque no las podían haber ejercido nunca. Eran como un espejismo, una ilusión irreal que no les aplicaba directamente.
Con el auge de los fascismos pasó algo parecido. Ante la crisis de los años 30 parte de la población identificó al conjunto de democracia liberal y capitalismo económico como responsable de la crisis y por lo tanto pensaron que el sistema entero debía ser destruido. Un capitalismo dominado por “judíos” usureros y una democracia que era ineficiente y que no sabía parar el desorden público, según su punto de vista, fue sustituido por un estado totalitario con un liderazgo personal y con una economía de características nacionales y corporativas que debía servir al pueblo de mejor manera que el capitalismo tradicional.
Podríamos ir incluso más allá y situarnos en la revolución francesa, donde los revolucionarios no pidieron más concesiones o privilegios dentro del sistema del antiguo régimen sino que decidieron derrocarlo completamente. El absolutismo real, los privilegios de la nobleza y el clero y el resto de bases del antiguo régimen fueron eliminadas completamente en un proceso de mayor o menor intensidad según el momento, pero de total transformación en cualquier caso.

Lo normal en la historia es, pues, la revolución absoluta que acaba con un régimen o un sistema decadente y acabado. Y por eso mismo creo que no somos conscientes de la enorme suerte que tenemos en la época actual con el tipo de movimientos de cambio que existen actualmente.
Hay una ley de la historia que dice que el sistema social salido de una revolución es, en un primer momento, peor que el inmediatamente anterior. Esto sucede por la sencilla razón de que la revolución acaba con todo lo malo pero también con cosas buenas y más o menos razonables del sistema anterior. Cuando la triunfante revolución intenta edificar su nueva sociedad tarda bastante en hacer funcionar sus proyectos y pasan unos años donde ni lo nuevo funciona ni lo bueno que tenía el sistema anterior existe. Luego la revolución se asienta y logra crear un sistema mejor que el que ha derrocado pero los primeros años son muy complicados siempre. Es por esto por lo que digo siempre que la revolución, aunque a veces necesaria, es la última opción que tenemos.
Bien, pues en la época actual no se pretende hacer una revolución que acabe absolutamente con el sistema existente. Los ciudadanos no reniegan de la democracia, al contrario, valoran profundamente la democracia y los valores del liberalismo político. Por eso la revolución planteada no es para destruir un sistema sino para darle un contenido real a lo que ahora mismo es solo formalismo vacío. Se pide una democracia real, que el pueblo vuelva a tener la palabra, que la sociedad pueda decidir sobre el sistema político o económico, que la democracia también se convierta en una democracia económica donde el crecimiento económico y la riqueza beneficie a toda la sociedad de forma relativamente igualitaria.

En esta revolución democrática se están pidiendo muchas cosas: Representación ciudadana directa más allá de los partidos, democracia directa mediante referéndums, asamblearismo, democracia on-line, democratismo, presupuestos participativos, control democrático sobre la economía, etc. ¿Es todo maravilloso y de color de rosa? De ninguna manera, por supuesto hay peligros. Puede pasar que el democratismo lleve a la tiranía del 51% sobre el 49%, puede ser que el asamblearismo acabe proponiendo tonterías y cosas inaplicables, puede ser que la democracia on-line acabe degenerando o siendo manipulada. Los peligros existen y están ahí pero ¿qué cambio político no tiene peligro?
Defender la revolución democrática no quiere decir estar de acuerdo con el 100% de sus planteamientos. Yo creo que hay cosas que hay que pulir, hay que evitar que los derechos de las minorías y las libertades personales se vean coartadas por un exceso de democratismo, hay que darle un cauce verdaderamente funcional a todas estar reivindicaciones. Posiblemente esta democracia directa y popular tenga que ser compensada con una democracia representativa tradicional, a modo de dos contrapoderes que se limiten el uno al otro para evitar tanto la degradación política como el exceso de democratismo popular.
Pero insisto, es un camino que vale la pena. Los peligros existen, los riesgos también, pero tenemos que ir por este camino. Hay experiencias internacionales que ya existen que se pueden importar (las experiencias plebisticiarias y de democracia directa de países como Suiza y EE.UU, las primarias directas de países como EEUU o Francia, etc.) y hay muchas más cosas que habrá que crear de forma original para darle al pueblo la voz y el poder que reclama.

Y esto vale la pena por otra razón fundamental. Si nos dedicamos a tratar a todos estos movimientos “populistas” y defensores de la democracia participativa de perroflautas, locos, hippies trasnochados, proto-fascistas, etc. Y nos negamos a entrar por ese camino por los peligros asociados, entonces vamos a crear un monstruo mucho mayor.
Porque hoy la gente quiere una revolución democrática que priorice la voluntad democrática y ciudadana sobre los designios de los poderes políticos y económicos extranjeros, pero si este camino se cierra ¿pensáis que la gente va a asumir este estado de las cosas pasivamente? ¿Se va a conformar con esperar a que el sistema genere la solución al problema que él mismo ha provocado?
Si a la gente se le impide la revolución democrática buscará otras opciones que la liberen de esta opresión y de este austericidio. Y os aseguro que la siguiente opción en el camino no va a ser tan “simpática” como el Sr. Grillo o los chavales del 15-M. Si esta opción no funciona, entonces la población comenzará a buscar salvadores y caerá en las redes de populistas de verdad que usan el odio y la focalización transparente del enemigo como discurso político.
Las posturas anti-democráticas, los nacionalismos raciales y económicos, el anti-liberalismo populista, el caudillismo revolucionario…Todas esas opciones se abrirían ante nuestros ojos como alternativas desesperadas al empobrecimiento y satelización de nuestros países. Y cuidado porque no son predicciones probabilísticas, ya hay partidos así. ¿Qué pensáis que es la Aurora Dorada en Grecia? Es sencillamente esto. Es la opción desesperada de personas que tienen que creer en un camino para tener esperanzas, que apoyan a un movimiento porque les da dos platos de comida al día y les presta ayuda a cambio de que asuman su discurso de que la culpa de la pobreza de Grecia la tienen los inmigrantes, la democracia y la globalización.
Eso sí es populismo de verdad, eso sí que es un peligro para la democracia y las libertades públicas. E igual que estos hay otros partidos identitarios en Europa, e igual que estos podrían nacer movimientos de izquierdas basados en el hechizo de un caudillo popular que defienda que es la democracia burguesa la responsable de todos nuestros males.

Yo no soy un fan del Movimiento 5 Estrellas ni pienso que de las acampadas de la puerta del sol va a salir una revolución libertadora. Pero creo que estos movimientos reclaman cosas esencialmente justas, que tienen razón en una parte importante de lo que dicen y que en definitiva lo que están proponiendo son cosas bastante sensatas para lo que podrían estar reivindicando.
Sus reivindicaciones merecen ser contempladas y apoyadas en lo razonable, que es bastante. Yo tengo otra “cultura política”, tengo otras ideas y otras formas de hacer política y seguramente en un momento determinado apoyaré otros caminos más conformes a mi pensamientos si es que los hay. Pero no voy a caer nunca en la satanización de movimientos con diagnósticos certeros y reivindicaciones justas, y menos cuando lo que nos están poniendo delante es una revolución ciudadana y pacífica sin los excesos del pasado.