La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 26 de diciembre de 2011

Manifiestos y cobardes












Desde hace unas semanas quería abordar el futuro del PSOE desde un punto de vista político e ideológico, ahondando en las causas de su lenta disolución. No lo hice porque las elecciones estaban muy cercanas y no creo que ese fuese el ambiente más propicio. A mucha gente vinculada al PSOE le hace falta digerir la realidad, entender realmente donde se encuentra su partido y “librarse” de los clichés de partido y del sentimiento de pertenencia a un club o a una entidad con objetivos corporativos, pues sólo de esa manera podrán abordar la oscura realidad de su partido.
Esta era la idea, quizá empezar a hablar del futuro del socialismo español en enero, sin embargo el PSOE ya está haciendo de las suyas y los que viven profesionalmente de la política o bien viven con un permanente deseo de figurar en ella están moviéndose entre bambalinas al asalto del poder corporativo dentro del partido. Así pues, toca comenzar a hablar.

Estos días hemos leído en los medios de comunicación dos manifiestos diferentes que han firmado varios cargos importantes dentro del PSOE, con intereses absolutamente electoralistas.
El primero de ellos se llamó “Queda mucho PSOE por hacer”, en el que un grupo de altos cargos entre los que estaba la exministra de defensa Carmen Chacón se mostraron muy críticos con la acción del gobierno saliente y con su falta de “coherencia ideológica”, y criticaron el haber perdido el rumbo ideológico y el haber abandonado a los ciudadanos identificados con una política socialdemócrata. En definitiva, quisieron dar el mensaje de que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero había perdido su identidad en el ejercicio de la gobernación y que había abandonado su ideario político, razón por la que fue castigado en las urnas.
Lo gracioso del asunto no es el documento en sí, con cuyo fondo casi todos estaremos de acuerdo, lo gracioso es que este documento lo firman personas que hasta hace unas cuantas horas eran ministros de aquel mismo gobierno como la citada Chacón, el exministro Caamaño o exministros de otros gabinetes como López Aguilar o Cristina Narbona.
Si estos señores eran tan críticos con la acción del anterior gobierno, ¿qué demonios hacían en él? ¿Por qué aplaudían y defendían todo lo que hacía el gobierno? Si creían realmente que el gobierno anterior había perdido el rumbo ideológico, ¿qué demonios hacían votando las leyes de la reforma laboral, la reforma de las pensiones, la reforma constitucional o los recortes del Mayo de 2010? ¿Por qué no se abstuvieron (por lo menos) como sí hizo el diputado Antonio Gutiérrez?
Casi todos estos señores (eximo a Borrell y a alguno más) estuvieron aplaudiendo con las orejas y callándose como cobardes (por no decir una palabra que empieza por P) ante todo lo que hacía el gobierno saliente. Y no, no lo hicieron por lealtad al partido, eso es una gilipollez, lo hicieron por miedo a quedarse fuera de las listas al congreso de los diputados, para asegurar el carguito. Por eso ahora, cuando ya son diputados por derecho propio, es cuando se atreven a criticar lo que fueron incapaces de criticar cuando tocaba.

El otro manifiesto, reacción a este primero, se llamó “Yo sí estuve allí”, donde se respondía al primer grupo y se le criticaba por su crítica a toro pasado. Más que una defensa de la política del gobierno Zapatero parecía una justificación de las opciones elegidas en aquel momento y un rechazo al primer documento. Como decía en algún párrafo de este documento, si realmente a los señores que firman el primer documento les parecía tan mal la política que se estaba llevando, ¿por qué no dijeron nada en los consejos de ministros o en los comités del partido?
Este segundo manifiesto también tiene razón en el fondo en todo lo que dice sobre el primer grupo, es decir, que es intolerable que ahora intenten desmarcarse de todo lo que apoyaron en el pasado. No es que crea que las personas no pueden rectificar, por supuesto que pueden, ahora lo que no se puede hacer es rectificar porque el viento cambie de dirección. No se puede estar aplaudiendo un día y al siguiente decir que todo se hizo mal porque eso no es reflexionar, eso es ser un chaquetero y un oportunista impresentable.
Y como esto es un cachondeo general resulta que hay una exministra, Beatriz Corredor, que o no se lee los textos que firma o sigue jugando a ponerle una vela a dios y otra al diablo, porque ha firmado ambos documentos aunque el primero critique a las personas con actitudes como las que tienen las del segundo grupo y viceversa. Esta señora llegará lejos en política en un país como este, donde el éxito político es proporcional a la falta de principios que tengas. De hecho este arribismo le servirá para cambiar de partido si es necesario, y posiblemente podrá ser ministra de un gobierno de Rajoy en un par de años. Total, tanto monta monta tanto.

¿Es esto un debate ideológico en el PSOE? ¿Es un debate sobre principios políticos? No, no, faltaría más. Aquí lo que hay son dos manifiestos que sirven a los intereses de personas concretas, es decir, el primero a la candidata Carme Chacón, y el segundo al candidato Rubalcaba, ambos probables rivales en el próximo congreso extraordinario del PSOE y aspirantes a ser el nuevo secretario general.
O sea que tenemos dos exministros del gobierno saliente que ha sido, recordemos, hundido en las urnas. Uno de los candidatos ha sido el que perdió las elecciones de hace un mes con el peor resultado del partido desde la II república, perdiéndolas después de un esperpéntico giro a la izquierda en el programa y en la dialéctica que nadie creyó, para volver ahora a decir que el gobierno anterior lo hizo todo muy responsablemente e intentar hacer la cuadratura del círculo una vez más. La otra, obligada a retirar su candidatura para ser candidata a presidenta del gobierno hace unos meses y en la sombra desde ese momento, ahora se desmarca de lo hecho en los meses anteriores, de su voluntad de ser la candidata de ese gobierno al que ahora critica y en el que ella misma estuvo. Ahora resulta que estaba en contra de todo lo hecho, que se callaba por responsabilidad…De verdad, esto parece las batallas fratricidas de cualquier partiducho lleno de gallitos.

Lo dije hace meses y lo repito ahora. Cuando la derrota llegue (y ya ha llegado) todos se querrán desmarcar de lo hecho, pero sólo tendrá credibilidad el que no pase por el aro y sea capaz de criticar hoy (por ayer) estas políticas que nos llevan al desastre. Tan sólo un diputado de entonces, Antonio Gutierrez, se atrevió a criticar entonces lo que se hacía y es hoy, para mí, el único que tiene credibilidad. Los demás son un atajo de farsantes si hoy quieren presentarse como ajenos a todo lo que ha pasado.
Tan sólo un candidato que haya sido crítico con lo hecho y que no haya tenido responsabilidades políticas en la etapa anterior puede tener credibilidad. Yo no creo que se deba cerrar la puerta a la posibilidad de reflexión y al cambio de criterio de personas que sí estuvieron implicadas en la etapa anterior, pero obviamente esto no se reflexiona en una noche o en una semana. Tendrán que mostrar un arrepentimiento cierto, una reflexión honesta y una evolución personal sólida y continuada para que pueda creerles. Mientras tanto yo sólo veo cuadrillas de aprovechados, de farsantes y de engañadores profesionales. Pobre PSOE.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Grupos parlamentarios
















Hay acontecimientos que te hacen reafirmarte en el convencimiento de que no estamos en una democracia seria. El follón que han montado con el asunto de los grupos parlamentarios en el congreso de los diputados convierte a la institución en una especie de clase de primaria llena de envidias, abusos y amiguismos entre grupos, diputados y tendencias políticas.

Los problemas se han generado fundamentalmente porque los reglamentos de la cámara no son claros, o por lo menos las acciones en los últimos años han convertido en los reglamentos en una ambigüedad gestionable bajo el interés político. Teóricamente para tener un grupo parlamentario hay que superar el 5% de votos a nivel general, o bien superar el 15% en aquellas circunscripciones en que te hayas presentado y en ambos casos tener por lo menos 5 diputados. Si tienes más de 15 diputados puedes formar grupo propio aunque no cumplas ninguna de las condiciones anteriores, aunque por nuestro sistema electoral es casi imposible tener 15 diputados si no cumples por lo menos una de las dos.
El problema comienza cuando se es laxo con las interpretaciones y no siempre en la misma dirección. En el pasado ha habido casos (IU, CC, etc) en que se estaba cerca de alguna de las condiciones para tener grupo parlamentario y se ha jugado al “diputado prestado”, es decir, a que un grupo ceda un diputado de forma temporal a quien intenta formar grupo para que pueda llegar a alguna de las condiciones sobre número de diputados o número de votos (los votos del diputado van con él). Generalmente ha sido el PSOE quien ha prestado estos diputados para hacer favores a otros grupos.
En otros casos se ha conseguido grupo parlamentario por agregación de diputados. Por ejemplo ERC e IU formaron un grupo propio la legislatura pasada, sin separarse después de integrarse los diputados de una de las dos formaciones en el grupo mixto (un grupo no puede quedarse en menos de la mitad de diputados de los que lo generaron inicialmente).
Hay que entender en todo esto que tener grupo parlamentario da prerrogativas en financiación y tiempo en los debates. A los diputados que queden en el grupo mixto también les interesa que haya los mínimos diputados posibles por razones similares.

En las pasadas elecciones ha habido dos grupos políticos que se han quedado a las puertas del grupo parlamentario, Amaiur y UPyD. Amaiur tiene 7 diputados y más de un 15% de votos en todas las provincias vascas, pero no en Navarra, donde se ha quedado a un par de décimas de es porcentaje. UPyD tiene 5 diputados y se ha quedado a centésimas del 5% de los votos a nivel nacional.
En una situación normal, es decir si se hubiese hecho lo que se estaba haciendo hasta ahora, la mesa del congreso hubiese sido flexible con las triquiñuelas de los grupos y les hubiese concedido grupos parlamentarios, pero aquí tenemos un problema: Amaiur.
El PP ha defendido desde hace muchos años que la izquierda abertzale no se pueda presentar a las elecciones, incluso ahora después del cese definitivo de la violencia de ETA. Para el PP la izquierda abertzale no es un interlocutor político válido y no quieren tener relaciones con ella, por mucho que en Amaiur haya gentes de EA o de Aralar con quienes el PP sí ha tenido relación política durante años. Pero esto para el PP es una cuestión no sé si decir de etiqueta o de orgullo, y no quieren transigir por ahí. Por esto lo que han sido facilidades hasta ahora en este caso concreto se han convertido en dificultades.
Amaiur ha usado un truco para intentar tener grupo parlamentario. Su diputado por Navarra no tomó posesión del escaño para así considerar que el grupo de Amaiur sólo lo componen los 6 diputados vascos y cumplir el requisito del 15% en cada circunscripción. Con esta artimaña debería haber conseguido el grupo parlamentario pero el PP se ha negado en base a un “informe” escrito casi en una servilleta que decía que lo que había que contabilizar eran los votos totales por circunscripción a pesar de que en esta no se hubiese conseguido diputado. Esto era, en cualquier caso, incoherente con lo que hizo con ERC en el pasado, que sí tuvo grupo parlamentario a pesar de que se presentó en las provincias valencianas donde no sacó ni de lejos el 15% de los votos, y sí se le permitió tener grupo parlamentario.
Pero el abuso (por no decir violación) de los reglamentos y de la ecuanimidad parlamentaria se acaba de ver en unas declaraciones de Celia Villalobos. Ante la imposibilidad de conseguir grupo parlamentario por esa vía, el diputado navarro de GeroaBai podría formar parte del grupo de Amaiur como “diputado prestado” para conseguir así también el 15% de votos en Navarra, algo que interesaría a ambos (Amaiur conseguiría grupo y GeroaBai se quitaría de en medio a compañeros en el grupo mixto). Pero en este caso el PP, por boca de Villalobos, usa otra argumentación: Como el diputado de Amaiur por Navarra no había tomado posesión no se pueden contabilizar sus votos, y entonces no se llegaría al 15% en Navarra a pesar de la suma de la diputada de GeroaBai. ¿Pero no habíamos quedado que se contabilizaban los votos igual aunque el diputado no haya tomado posesión? Pues no, si interesa se contabiliza y si no pues no.
El PP había decidido que Amaiur no iba a tener grupo si ellos podían evitarlo, y no han tenido ningún problema en interpretar y reinterpretar contradictoriamente los reglamentos del congreso para que sirvan a sus intereses. La actitud es interesada, incoherente y un tanto despótica. Por mucho que no te guste un grupo político o que lo repelas no es justificación para usar los reglamentos a tu antojo sin respeto ninguno a su letra o espíritu. ¿Os imagináis que un juez hace lo mismo? Sería un prevaricador.

Con UPyD, en cambio, no ha habido problema alguno. Ha tenido que aceptar un diputado del partido de Álvarez Cascos para asegurarse el 5% de los votos, pero nadie le ha puesto ningún problema. Tener que aceptar un diputado de foro Asturias debe haber sido muy duro para este partido, al que le volverán a relacionar con la derecha.
Me gustaría decir en este punto que estoy muy disgustado con la actitud de Cayo Lara. Debía haber sido IU y no el Foro quién le prestase ese diputado a UPyD, por la sencilla razón de que es la otra fuerza que se ha visto gravemente perjudicada por el sistema electoral. Si estuviésemos en un sistema electoral proporcional UPyD no hubiese tenido estos problemas, como no lo hubiese tenido IU otras legislaturas. Sólo por combatir esta injusticia Cayo Lara debió ofrecer un diputado a UPyD, por solidaridad y alianza táctica para cambiar el sistema electoral.
Escuchar a Cayo Lara decir el otro día que podría prestar un diputado a Amaiur, pero que con UPyD no tenían ninguna intención y que eso era cosa del PP me pareció patético. Se cogen 11 diputados y ya se piensa en machacar al de abajo para que no te haga competencia, para anular a la otra alternativa al bipartidismo. Qué falta de visión, que falta de principios políticos y de entendimiento de las prioridades de la realidad parlamentaria. Toda la coherencia mostrada renunciando a privilegios como diputado se pierde con estos egoísmos de partido y con esta muestra de politiqueo cutre.
Y si no hubiese sido IU quién prestase el diputado a mi me hubiese gustado que el diputado de Compromís-EQUO, Joan Baldoví, hubiese ayudado a UPyD a conseguir grupo parlamentario por las mismas razones que he expuesto antes.

Al final todo esto es un cachondeo. La flexibilidad en la asignación de grupos se entiende por la poca proporcionalidad de nuestro sistema electoral, pero al final esta flexibilidad ha degenerado en un tráfico de intereses. Para evitar esta desigualdad de trato me temo que la única solución es ser absolutamente estricto en las condiciones por las que los grupos políticos se pueden hacer parlamentarios y una reforma de éstas que exija un mínimo de votos totales, que si no se quiere que sea del 5% podría ser del 3%, pero habría que evitar a toda costa que partidos que representan a más de un millón de electores queden en el grupo mixto mientras otros con pocos votos concentrados en pocas provincias se alcen con grupos parlamentarios.
Aunque, insisto y reitero, la solución más clara, lógica y adecuada es la reforma del sistema electoral hacia uno más proporcional.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El "banco malo" y el sistema malo


Dibujo en Alemán, como mandan los tiempos


















Como sabéis suelo escuchar el programa La Ventana de la cadena SER los martes sobre las 6.15 de la tarde, donde los catedráticos de economía Javier Andrés y Santiago Niño hablan de asuntos económicos de diversa índole. La temporada pasada el programa estaba más bien enfocado a recibir llamadas de personas en paro que recibían los consejos de los catedráticos y esperaban que alguien les ofreciese trabajo después de su demanda en la onda, y en ese contexto ambos catedráticos se movían muy mal por su desconocimiento de las realidades laborales de este país que se sitúan muchas veces fuera de la legalidad o la sensatez de la teoría económica.
Este año, en cambio, el programa es mucho más económico y los catedráticos hablan sobre las noticias económicas de la semana. También se reciben llamadas, pero no tan volcadas al asunto de la búsqueda de empleo.

Este pasado martes la presentadora, Gemma Nierga, les preguntó sobre el “banco malo”, es decir, el crear un banco que compre los activos inmobiliarios que ahora tiene la banca a un precio menor al de las escrituras (y a la deuda que tenga el banco por el activo) como método de librar a las entidades bancarias de sus activos tóxicos, saneándolas y asumiendo éstas alguna pérdida.
La creación del “banco malo” necesitaría una inyección de dinero público de muchísimos miles de millones de euros, que se destinarían a la compra de los activos tóxicos, fundamentalmente inmobiliarios. La teoría es que este banco mantendría los activos paralizados a la espera de una reactivación económica, para entonces venderlos a precio igual o incluso mayor que el se compra.
El banco malo sería, sobre el papel, la solución para que las entidades bancarias volviesen a dar crédito. El catedrático Javier Andrés se mostró favorable a la creación de un banco malo siempre que el precio se compra fuese lo suficientemente “bueno” para el estado, mientras Santiago Niño se mostraba mucho más escéptico.

Esto del banco malo se ha reactivado ahora ante el cambio de gobierno, aunque el PP ha dicho que no es la mejor de las soluciones. En el fondo representa la enésima recapitalización del sistema bancario debido a los evidentes problemas de solvencia y liquidez que tienen nuestros bancos, que parecen un pozo sin fondo de dinero público. El estado (el contribuyente en definitiva) tendría que pagar muchísimos miles de millones de euros que no tiene para financiar esta operación, disparando de nuevo su déficit de forma insoportable en la actual situación. Teóricamente los bancos, que asumirían pérdidas, deberían recapitalizarse pero, una vez libres de activos tóxicos, se supone que les sería más fácil hacerlo en los mercados.
Objetivamente esto del banco malo es un disparate. El estado no se lo puede permitir, las entidades bancarias acabarían finalmente eximidas de su responsabilidad económica y de los desastres que han causado y tampoco hay garantía de que los bancos, una vez asumiesen pérdidas, pudiesen recapitalizarse. Los defensores de esto dicen que el estado recuperaría este dinero una vez la economía se reactive, vendiendo los activos entonces, pero esto además de ser una simplificación peligrosa (el estado debe financiarse a unos intereses muy altos, ¿quién los paga?) es no entender la situación real.
Este enfoque del banco malo se basa en que los bancos tienen problemas de liquidez y que estos activos no se venden a los precios de las escrituras porque tenemos una mala coyuntura económica, pero esto no es así. El problema de los bancos no es de liquidez, es estructural porque sus apuntes contables tienen activos a precios a los que jamás van a volver a estar, y por eso mismo estos activos no se van a poder vender para recuperar el dinero invertido, porque van a un proceso de depreciación que va a ser muy longevo.
Con esta realidad, con estos activos que muchos no valdrán ni la tercera parte de su valor contable por mucho que se espere, la creación del banco malo no es una acción de estado anticíclica, es puro regalo de dinero público a los bancos una vez más.

Después de hablar del banco malo y que los catedráticos lo explicarán llamó un señor, pequeño empresario. “Esto del banco malo es un cachondeo”, “¿Por qué no hacen una empresa mala con todos mis clientes que no me pagan, pero que quizá me paguen en un tiempo, y así me quitan los problemas de liquidez y no tengo que despedir a nadie?”. Un catedrático le replicó que era necesario sanear el sistema bancario para que toda la economía funcione, pero el señor dijo que si las pequeñas y medianas empresas no tuviesen morosidad muy probablemente no destruirían el empleo que se destruye y la economía iría mejor.
Este señor dio una explicación muy simple, pero tenía razón. Si el estado compra activos tóxicos para liberar a los bancos de sus problemas de liquidez en base a que luego podrá vender el activo el caso de un cliente moroso es lo mismo en cierta manera. Ya hay empresas privadas, de hecho, que compran deudas para luego gestionarlas, pero a precios de saldo a los que las empresas normales no pueden vender. Si muchísimas empresas privadas no tuviesen altos grados de morosidad probablemente habría, hoy, mucho más empleo en España, así pues si se acepta lo del banco malo lo otro no sería un disparate ni mucho menos.
Sin embargo las pequeñas y medianas empresas nunca recibirán este tipo de planes ni de ayudas y los bancos sí. ¿Por qué? La respuesta es evidente. Los bancos son parte central del sistema económico y su colapso llevaría al colapso de toda la economía, y eso es la base de su fuerza, fuerza que las Pymes no tienen ni tendrán nunca.

La cuestión, pues, no es que haya o no un banco malo, la cuestión es que tenemos un sistema malo. Los bancos se han establecido como el centro de la economía de cualquier país. Todos cobramos las nóminas a través del banco, ahorramos en el banco, pagamos a través del banco, cualquier interacción económica se hace con bancos de por medio. Los bancos poseen casi todo el dinero de la sociedad y parte importante de muchos activos económicos y patrimoniales. Y con ese dinero ellos actúan, prestan, invierten…Con el dinero de todo el mundo los bancos hacen su negocio y realizan su funcionamiento.
Si eso es así (que lo es) la pregunta es automática. ¿Cómo hemos dejado que empresas privadas tengan este enorme poder sin una regulación estrictísima? ¿Cómo se ha podido desregular esto? ¿Cómo empresas con ánimo de lucro han podido hacer todo tipo de locuras con el dinero de todo? Cuando analizas esta realidad no es ya que entiendas la génesis de esta enorme crisis económica, es que te das cuenta que el desastre podía haber sido incluso peor y que el grado de destrucción económica que podía haber generado este mundo financiero podría haber sido muy vasto.

Si lo que queremos es arreglar la economía lo primero que hay que hacer es reformar radicalmente las regulaciones de los bancos de ahorro y de inversión y de los mercados financieros. Yo no soy un entusiasta de la banca pública y pienso que eso no es la panacea, pero lo que sí es necesario es una estrictísima regulación bancaria, la prohibición de muchísimas prácticas hoy usuales, un control férreo por parte organismos públicos independientes y una leyes específicas penales y económicas que apliquen a este sector.
Lo que no puede ser es que ante un banco que se tambalea y que puede hundir todo un sistema económico los contribuyentes tengamos que pagar para que eso no pase, pero es que tampoco podemos dejarlo quebrar si tiene cierto poder e influencia. Por eso serían necesarios mecanismos de intervención, nacionalización y control en casos de riesgos sistémicos sin tener que pagar miles de millones de euros de las arcas públicas, por eso sería necesario una leyes penales estrictísimas para quienes pongan en riesgo el dinero de millones de personas y la economía entera.
¿Estos cambios serían desnaturalizar la actividad privada de los bancos? Oiga, ¿pero alguien puede pensar realmente que un banco puede tener la libertad económica de una fábrica de zapatos? Yo no sé si la banca debe ser pública o privada, pero en cualquier caso no puede regirse por los parámetros de riesgo, inversión y rendimiento del resto de sectores, los bancos tienen una responsabilidad esencial y por lo tanto deben ser controlados. La principal función de la banca debe ser asegurar el dinero de sus clientes, porque sí la banca en uso de su “libertad de empresa” pone en riesgo esto entonces es cuando está en riesgo el resto de la actividad privada y del sistema de libre mercado. Por ser más papistas que el Papa se puede acabar destruyendo lo que se defiende.

Finalmente un apunte. El señor que llamó a La Ventana, como ya dije, era un pequeño empresario. Él estaba igual de indignado que cualquier asalariado ante las prerrogativas y ayudas a los bancos y el guante de seda con el que se trata al capitalismo financiero.
Esto lo desarrollaré en otras entradas, pero este capitalismo financiero poderosísimo y sin control no es sólo nocivo para los trabajadores y para la calidad de vida de las capas bajas y medias de la población, es un problema también para aquellas pequeñas y medianas empresas e incluso grandes que están en la economía real, en la productiva, y que sufren a causa del capitalismo financiero por su volatilidad, frenesí, su falta de contribución a las arcas públicas y su reorientación de los flujos de capitales hacia actividades burbujistas.
Si entendiésemos que el empresario local y el trabajador tenemos los mismos intereses en este punto esto sería un gran paso.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La excepción Británica en Europa
















Ha escrito Alfredo Coll en su bitácora Liberalismo Democrático un texto que, a pesar de venir de un pensamiento político opuesto al mío, está cargado de razón. Critica Alfredo la actitud del Reino Unido con Europa en la que de forma sistemática actúa defendiendo sus privilegios, actitud demostrada hoy en la cumbre de líderes europeos en la que el Reino Unido ha preferido aislarse antes de entrar en el acuerdo. Los lectores de Alfredo, mayoritariamente conservadores y euroescépticos, no han digerido bien la entrada a mi modo de ver por estar anclados en clichés ideológicos caducos y por aceptar una visión dual de estos problemas.

Como sabéis yo he sido el crítico más feroz de Merkel y del euro. Creo que el euro está perjudicando gravemente a economías como la nuestra, de menor valor añadido y con balanzas comerciales negativas. No es sólo el euro la causa de nuestra desindustrialización pero el tener una moneda tan fuerte sí es un problema para nuestras exportaciones y ahora mismo con la crisis de deuda soberana el no disponer de un banco que pueda emitir billetes y actuar en los mercados nos está haciendo mucho daño. De hecho tengo la certeza de que si el Reino Unido estuviese en el euro estaría en una situación tan grave como la de Italia y posiblemente peor que nosotros en muchas cosas.
Por lo tanto la política de no adoptar el euro que ha seguido el Reino Unido me parece positiva. Nosotros probablemente tampoco deberíamos haber abandonado la peseta. Pero eso es una cosa y el euroescepticismo es otra muy diferente, y sería un error confundirlos en este escenario, propicio a argumentaciones de Europa Sí o Europa No haciendo un batido de todo. Una cosa es Europa, y otra cosa es esta Europa dominada por la República Alemana, su canciller y sus obsesiones de los años 30.

El euroescepticismo tiene profundas raíces en el Reino Unido. La inmensísima mayoría del partido conservador es beligerantemente euroescéptico y parte del partido Laborista también lo es. Tan sólo el partido Liberal Demócrata de Nick Clegg adopta claramente un lenguaje europeísta. En este euroescepticismo posiblemente se juntan varios factores: El sentimiento de “imperio”, la “special relationship” que tiene el Reino Unido con los EE.UU que les lleva a considerar que están más próximos a estos que a Europa, la enemistad y/o antipatía con Francia y Alemania, etc.
Ser euroescéptico no es ni bueno ni malo como prácticamente todo en la vida, sino que dependerá de las motivaciones que se tengan para ello. A veces una posición euroescéptica te puede haber llevado a tomar decisiones correctas, como podría ser no entrar en el euro, pero también puede llevarte a lo contrario, a aislarte, a quedarte fuera de acontecimientos internacionales muy importantes, etc. Sin embargo cuando se es euroescéptico de una forma sentimental y pasional, acrítica y basada en los instintos más primarios, eso acaba siendo equivalente a cualquier fanatismo nacionalista o localista y entonces nos encontramos ante un sentimiento peligroso. Creo que este es el caso de gran parte de los británicos más fuertemente anti-europeístas.
En el Reino Unido se toman las decisiones de política europea mirando a esta población euroescéptica. Cuando gobiernan los laboristas lo hacen con miedo y tomando posiciones tibias e intermedias que nunca llegan al compromiso, y cuando gobiernan los conservadores lo hacen con una clara retórica antieuropeísta para satisfacer a su masa de votantes. Para hacer una comparación es como cuando el PP Español se llena la boca de un patrioterismo barato para satisfacer a esa parte de su electorado de barra de bar y sol y sombra, y gritan como posesos que defenderán la nación y los intereses de España (y luego se muestran sumisos en cualquier ámbito internacional), o que jamás de los jamases negociarán con nacionalistas o separatistas (y luego pactan con ellos investiduras). La diferencia estriba en que los conservadores británicos sí llevan hasta el final este discurso y lo hacen creíble con sus decisiones, mientras los Españoles hacen eso tan típico español de “donde dije digo digo Diego”.

Cuando se encaran este tipo de debates y nos situamos en una posición de tener que decidir qué apoyamos creo que es muy importante ser equilibrados y tener la mente abierta. Caer en un debate dual sería el peor de los errores posibles y el alineamiento artificial con una de las dos posiciones y el autoconvencimiento de que eso es lo que debes defender no lleva más que a debates absurdos.
Yo me considero europeísta, lo he sido toda la vida. Creo que Europa porque creo que estamos ante un mundo que está superando los estados nación y está evolucionando hacia zonas de influencia económica. Los países europeos, aisladamente, no van a ser nada comparados con monstruos como China o India, o los propios EE.UU. Para que el modelo del bienestar europeo perviva creo que debemos estar unidos, porque de forma separada estaremos condenados a asumir lo que nos imponen desde fuera, seremos desindustrializados y empobrecidos sin remedio. Para mi la UE es, sobre todo, la herramienta que debe llevar a la pervivencia y fortalecimiento del estado social europeo.
Sin embargo miremos la situación. Hoy Europa se ha convertido en un protectorado Alemán donde todos los países tienen que obedecer a una obsesiva empecinada aún a costa de su empobrecimiento y de entrar en una depresión económica. Las obsesiones alemanas están destruyendo la Europa del sur y pueden acabar afectando a todos los países, incluso los que se creen a salvo. El estado del bienestar europeo está siendo podado poco a poco, mientras los recursos que asegurarían su supervivencia están fuera del control de los estados y no se pueden recaudar.
¿Es esta la Europa que yo quiero? No, en absoluto, y viendo esto desearía no estar en el euro. Pero eso no quiere decir que no quiera una moneda única como concepto, lo que pasa es que creo que la moneda única era el fin de un proceso del que nos saltamos varias fases, y esa chapuza la estamos pagando ahora. Entrar en el euro fue un error, la génesis del euro fue un error, pero la moneda única no es un error conceptual. Estar en esta Europa germanizada es una putada, pero la idea de Europa no lo es. No sé si me explico…
Si se hubiese adoptado una moneda única después de una homogeneización económica, fiscal, y después de haber creado unos mecanismos de control y acción económica de naturaleza política, yo estaría de acuerdo. Si hablamos de ceder soberanía a un gobierno europeo elegido democráticamente por sufragio universal probablemente estaría de acuerdo. Con lo que no estoy de acuerdo es con una moneda hecha para los intereses económicos de unos pocos y que una señora a la que yo no voto sea la que domina los destinos de mi país.

Volviendo al Reino Unido y enlazándolo con las reuniones de estos días es posible que en las acciones de este país pese mucho el euroesceptiscismo. Pero no nos equivoquemos, hay algo mucho más importante que tiene un nombre claro: La city de Londres.
La City de Londres es una pequeña zona de la capital inglesa que se rige por sus propias normas ajenas a las del resto del reino y donde se concentra la actividad financiera del país. Es probablemente el centro financiero más importante del mundo con estrechísimos lazos con todos los territorios británicos que son paraísos fiscales, y esto junto con sus privilegios especiales la convierten a todas luces en un paraíso fiscal no declarado como tal para no enfadar a los británicos. En la City de Londres se gestionan capitales de todas partes del mundo que en muchos casos han sido evadidos del fisco de sus respectivos países. Baste decir que los exdictadores Mubarack, Ben Ali o Gadafi, junto con muchos otros, tenían parte importante de sus capitales allí. Como imaginaréis, la existencia de este centro financiero en el corazón de la UE no hace más que perjudicar al resto de países.
El problema fundamental del desacuerdo entre el Reino Unido y el resto de países europeos es que desde la UE se quiere imponer una mayor regulación y control a las actividades financieras, responsables centrales de esta crisis y sumidero de dinero que impide a los estados financiarse adecuadamente. Pero claro el Reino Unido se aprovecha económicamente de este centro privilegiado y es objetivamente su mayor industria, y por eso exige que se permita que siga como está, con escasa regulación y control, algo implanteable cuando se está hablando de unión fiscal.
Este ha sido, y no otro, el motivo del desacuerdo de estos días. Y por una vez creo que la canciller Merkel ha estado acertada en no permitir más excepcionalidades de este estilo. Si se está hablando de privilegios en pensiones o edades de jubilación de unos estados sobre otros, hubiese sido impresentable haber hecho la vista gorda con el mayor de los privilegios posibles, que es ser un paraíso fiscal.

Es importante huir de las posiciones duales. Estaré de acuerdo con los euroescépticos británicos cuando hablan de que la soberanía de los países mediterráneos está secuestrada por Alemania, cuando dicen que Europa se está germanizando o cuando se jactan de que el Euro fue un error. Pero esto no quiere decir que les apoye, porque en el fondo todas estas opiniones están orientadas a su propio interés en base a aquella frase tan antigua de “divide y vencerás”.
Quien combate la dictadura de la canciller Merkel para apoyar la dictadura financiera de la City es, en el fondo, la otra cara de la misma moneda. Son como los señores de la guerra de países de África, los mismos perros con distintos collares, porque realmente no hay tanta diferencia entre los posicionamientos económicos de los conservadores euroescépticos y los de Merkel, fuera de cuestiones nacionalistas y de privilegios: Disciplina fiscal por encima de todo, política monetarista para evitar la inflación a toda costa, etc.
Yo no sigo a un líder, no sigo a un mesías, sigo a unas ideas. Quiero tener soberanía, quiero que mi voto decida quien me va a gobernar, quiero defender el estado del bienestar, quiero que se acaben los privilegios fiscales del capitalismo financiero, quiero que se controlen las operaciones las operaciones financieras especulativas para que no vuelvan a crear lo que han creado.
Apoyaré a quien haga políticas en este sentido, me da igual como se llame ni como se defina. Y en este caso es la UE y la canciller Merkel quienes están acertados en no aceptar los privilegios de la city de Londres, y espero que esta firmeza sea el primer paso para completar los pasos que se deben dar en Europa: Tasa a las transacciones financieras, mecanismos de control contra las actividades especulativas nocivas y lucha sin cuartel (de la mano de la política comercial de la UE) contra los paraísos fiscales.

martes, 6 de diciembre de 2011

La futura reforma laboral (II)















Comentábamos en la entrada anterior que carece de sentido práctico una reforma laboral cuyo objetivo sea la reducción de la indemnización por despido debido a la cantidad de tipos de contratos laborales que existen en la legislación española.
Si esto es así, ¿Cuáles van a ser los principales puntos de esta reforma laboral? Básicamente creo que van a ser dos: La eliminación del salario mínimo y la reforma de la negociación colectiva para que las empresas puedan esquivar los convenios sectoriales.

El salario mínimo es una figura que existe en la mayoría de países desarrollados. Se da en países con alta tasa de paro, como en nuestro, y también en otros que tienen prácticamente pleno empleo, por lo que no parece que afecte realmente a la tasa de paro o a la creación de empleo de forma estructural.
Sin embargo desde la ortodoxia liberal económica se dice que el salario mínimo evita la creación de empleos. La argumentación es que si un empresario pudiese pagar lo que quisiese de salario a un trabajador para hacer determinada tarea posiblemente éste ofertaría algún puesto de trabajo que no se oferta actualmente. Con un salario mínimo, en cambio, no se va a ofertar ningún trabajo que a priori no sea absolutamente rentable y eso provoca que quede una capa de funciones de bajo valor añadido que no se cubren, generando como resultado una función no cubierta en las empresas y más tasa de paro en el país. También he oído la argumentación, más rocambolesca si cabe, de que hay personas que no pueden aportar realmente suficiente valor a una empresa y en cualquier caso este valor es inferior al salario mínimo, por lo que la existencia del mismo evita que estas personas puedan entrar en el mercado laboral.

No hay que ser zahorí para darse cuenta de que estas argumentaciones no tienen sentido. Para empezar la propia inexistencia del salario mínimo en un entorno de paro estructural como el que tenemos nosotros y la inmensa mayoría de países de occidente tendría como consecuencia un injustificado descenso del coste del trabajo. Si una empresa pudiese contratar a un trabajador sin cualificación por 300 euros al mes, ¿por qué iba a pagar 600? Aunque pudiese pagarlo, aunque ese trabajo lo valiese, pagaría lo mínimo posible como método de reducción de costes y maximización de beneficios empresariales. En países como el nuestro con alta tasa de paro una medida como la eliminación del salario mínimo llevaría, sin duda y en un breve medio plazo, a que todos los trabajos que no requieran cualificación y experiencia fuesen pagados con salarios de supervivencia.
Esta medida no sería nociva sólo en aquellos países que estuviesen cerca del pleno empleo y que tuviesen mercados de trabajo altamente cualificados, pero justamente entonces las argumentaciones que se esgrimen serían absurdas e innecesarias a todas luces. Lo único que provoca una medida como esta es el descenso del valor del trabajo y la maximización de los beneficios empresariales/ reducción de costes de las empresas.

Realmente, analizando la estructura económica y ocupacional de un país, la eliminación del salario mínimo todavía provocaría algo peor: La orientación del capital y la inversión a actividades de bajísimo valor añadido, generando un empobrecimiento generalizado del país.
Hagamos números. El salario mínimo en España está sobre 9000 euros al año (640 por 14 pagas aproximadamente). Añadiendo los costes de la seguridad social que pagan las empresas, que está sobre un tercio del salario del trabajador, nos ponemos en un coste por empleado anual de 12.000 euros para la empresa.
El salario mínimo está calculado por una jornada de 40 horas semanales, por lo que un trabajador a media jornada podría cobrar la mitad del salario mínimo, así pues el salario mínimo nos lleva realmente a un coste por hora oficial trabajada. Una jornada anual puede ser de 1.800 horas (suele ser algo más pero por uso esta hacer números redondos), por lo que el coste empresarial de una hora de trabajador sería 6,66 euros en este caso estándar.
Cabe señalar que este sería el coste máximo de la hora de salario mínimo, pues gracias a las numerosas leyes y reformas que se han hecho para favorecer el trabajo de las personas que más lo necesitan el coste empresarial de la seguridad social tiene muchas bonificaciones para muchos colectivos (personas que vienen del paro, minusválidos, personas de determinada edad, etc.), por lo que 6,66 sería un coste máximo. Un trabajador que tenga bonificaciones podría costar a la empresa entre 5 y 6 euros la hora.
Bien, ahora un poco de sentido común… ¿Qué tipo de actividad empresarial necesita para sobrevivir pagar menos de 5 ó 6 euros la hora a sus trabajadores? Pensad cuanto cobra una señora de la limpieza, a la que se contrata sin contrato y sin pagarle la S.S, y veréis la barbaridad que es pagarle menos de 6 euros la hora a alguien.
Una empresa que requiera trabajadores que cobren 3 o 4 euros la hora se dedica, sin duda, a alguna actividad económica absurda, que no genera ningún tipo de riqueza, sin valor añadido ninguno. Si se acepta que se pueda pagar eso a un trabajador empezarán a aparecer empresas dedicadas a actividades idiotas de ese tipo y ese será el empleo que se generará en este país.
Si puedo generar beneficio pagándole 3 euros la hora a alguien por, ejemplo absurdo, ir a echar ambientador a la casa de la gente, o recoger octavillas y flyers de papel del suelo para llevaros a reciclar, y esto me da beneficio ¿Por qué me voy a rebanar los sesos pensando en actividades económicas novedosas? ¿Por qué voy a pensar en las necesidades de la gente e intentar adaptarme a ellas? ¿Para qué voy a innovar nada? Si yo tengo dinero lo gastaré en alguna actividad de estas que me de beneficio en vez de arriesgar, innovar o crear. La iniciativa privada ya no será el motor y la innovación, sino la competencia basada en el precio tirado. Una economía de todo a 100.
Y ya no es sólo la orientación del capital a actividades de bajísimo valor añadido, es la consecuencia directa de esos sueldos. ¿Qué demonios va a consumir alguien que gane 300 euros al mes más allá de lo básico? Y si el consumo se hunde se hunde en bar, la peluquería, la tienda de barrio, la Pyme que tiene costes más altos que la gran superficie, y todo esto genera una nueva ola de parados, que si tienen dinero invertirán en esas actividades absurdas para no arriesgar, y si no lo tienen acabarán aceptando un trabajo de 400 euros al mes. Y todo eso provoca, en definitiva, en empobrecimiento generalizado de una sociedad.


El otro punto que se pretende reformar es la negociación colectiva. La idea básica es la misma de antes, es decir, reducir los costes laborales mediante un mecanismo de negociación colectiva donde se prioricen los acuerdos dentro de la propia empresa sobre los sectoriales.
En un acuerdo sectorial los trabajadores suelen conseguir unas concesiones aceptables por una sencilla cuestión de fuerza relativa. En el lado empresarial hay grandes empresas, que serán más flexibles a la hora de ceder porque sus márgenes de beneficios son altos, y en el lado de los trabajadores los sindicatos se sienten fortalecidos al sentir que negocian en nombre de un gran número de personas y, también, por la desnaturalización de la negociación (el trabajador no negocia con su jefe directo, posiblemente negociará con alguien a quien casi no conoce).
Sin embargo en las empresas, sobre todo en las pequeñas, las cosas serán mucho más complicadas. En una negociación en una empresa pequeña la empresa casi siempre tiene la fuerza e impondrá sus condiciones ante el miedo de los trabajadores a perder el empleo. La fuerza de la empresa va creciendo conforme se dan una serie de circunstancias: Plantillas con pocos años en la empresa (menor costes de indemnización por despido, más probabilidad de despido), alto porcentaje de trabajadores temporales, poca especialización o experiencia de los trabajadores de la plantilla, bajo número de trabajadores en la empresa, alta tasa de paro en el país, etc, etc.
Las empresas pequeñas dicen necesitar flexibilidad en la negociación colectiva porque en ciertos momentos difíciles, como el actual, necesitan reducir costes para poder competir en el mercado con otras más grandes o para poder sencillamente sobrevivir. Estas argumentaciones suelen ser ciertas y la gran mayoría de pequeños empresarios defienden estas medidas de flexibilización porque temen por la viabilidad de sus negocios y empresas. Quiero decir que yo entiendo perfectamente a los pequeños y medianos empresarios.
Pero este tipo de reformas si no se hacen muy cuidadosa y muy selectivamente no van a producir más que unos meses de margen para la pequeña empresa, que no se da cuenta que si esto se aprueba en poco tiempo va a estar igual. Cualquier flexibilización de las condiciones laborales o de los costes labores afecta a todos, pequeñas empresas y grandes empresas, y estos mismos mecanismos que a la PYME le servirán para reducir costes serán usados por la gran empresa para el mismo fin. Y con esta reducción de costes la gran empresa podrá bajar precios de sus productos y servicios, y si lo hace la pequeña empresa tendrá que bajarlos para competir con lo que finalmente volverá a estar en la misma situación. Y si esto no pasase, es decir, si nadie baja precios, entonces estamos ante la prueba fehaciente de la que competencia no funciona (pacto de precios, etc.)
Hay quien piensa que la gran empresa, más solvente y con estructuras sindicales más potentes en su seno, tendrá más dificultades en la negociación colectiva y no podrá reducir costes laborales aunque negocien independientemente. Se equivocan. En economía todo está interconectado y si las condiciones laborales de los trabajadores de las PYMES se ven perjudicadas eso, a medio plazo, acabará llegando a las grandes empresas por multitud de mecanismos de contagio económico. La única manera de evitar esto sería una ley muy estricta que impidiese que las grandes empresas pudiesen saltarse los convenios sectoriales.

En todo esto de la negociación colectiva subyace una idea que nos ha sido regalada desde Alemania, que es la indexación de salarios a la productividad y no al IPC. Yo ya he hablado sobre esto y he dicho que hay que avanzar en la indexación por productividad, pero con límites, grados y sin abandonar la indexación a la inflación de forma total.
La indexación a la inflación está ideada para que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo a causa de ésta. Se dice que en Alemania es la productividad y no la inflación lo que lleva a la mayoría de aumentos salariales y eso es verdad, pero es verdad en las condiciones de Alemania donde la inflación está controladísima y al final la pérdida de salario por inflación está de sobra compensada por otras primas relacionadas con la productividad.
Pero ahora imaginaros una hipótesis un poco apocalíptica. “Persuadidos” por Alemania abandonamos la revisión salarial por IPC y abrazamos otros sistemas ligados a la productividad y a los resultados de la empresa. Y después de hacer esto y por otras razones la zona euro se rompe y volvemos a la peseta. Al volver a la peseta el mecanismo corralito- cambio a la peseta- devaluación- fin del corralito sería muy probablemente el usado.
Bien imaginemos que nuestra nueva moneda se devalúa un 20% respecto al euro (ojo que hay estimaciones más pesimistas). ¿Qué pasaría con la inflación? Se dispararía. Nosotros somos netamente importadores y esta devaluación nos llevaría a que todo lo que compramos en el exterior nos costase un 20% más. Combustibles, electricidad, gas, tecnología…Todo incrementaría fuertemente su valor.
Si en esa situación no hubiese mecanismos de revisión salarial que tuviesen en cuenta el IPC el asalariado español se encontraría con que su poder adquisitivo se hundiría. Por eso mismo no es razonable eliminar absolutamente la indexación al IPC y debe en cualquier caso ser contemplada aunque se relativice su peso.

Estos son los puntos centrales que creo que se van a discutir y tratar en la próxima reforma laboral (a parte de temas de puentes y tal, menos importantes), y estas son mis sensaciones al respecto.
Veremos si se trata de una reforma cosmética hecha para tranquilizar a los mercados, si se hace sencillamente para satisfacer todas las reivindicaciones de las empresas, o si realmente va a salir alguna cosa positiva para la economía española, con sacrificios y concesiones equilibradas para trabajadores y empresas. Conociendo a Mariano Rajoy y sobre todo a su jefa Angela Merkel me temo que estaremos entre la primera y la segunda.
¡Ah! Y a ver si escribo algo sobre la posible salida del euro que creo que podría ser interesante.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La futura reforma laboral (I)
















El nuevo y flamante futuro presidente del Gobierno Español, el desaparecido Mariano Rajoy, ya está preparando los primeros pasos de su futuro ejecutivo. El otro día se reunió con sindicatos y empresarios para pedirles que pacten una nueva reforma laboral, indicando que en su defecto será él y su gobierno quienes la impongan. El mecanismo es extraordinariamente parecido al que usaba el gobierno saliente, que también inculcaba la necesidad de pacto para después decir que si no se conseguía se iba a legislar igual. La oposición de entonces criticaba el mecanismo por lento, sin embargo ahora hace exactamente lo mismo, y se podría esperar que el partido del gobierno saliente ahora criticase el mismo método que él mismo usaba, algo que seguramente haría de no ser porque ese partido está en cosas más importantes ahora mismo.

¿Para qué se hace una reforma laboral? Se supone que se hace para crear empleo, bajo la suposición que los mecanismos de contratación actuales lo dificultan. Esta es la teoría, aunque la práctica es otra y luego veremos el por qué.
Los empresarios y gran parte de la derecha de este país dice que nuestra legislación laboral es muy rígida y que los costes de despido, porcentualmente mayores que en Europa, llevan al empresario a no contratar por miedo. Este axioma se ha repetido tantas veces se ha convertido en una verdad dentro del subconsciente colectivo, demostrando que la teoría de Goebbels sigue siendo tan exacta como lo era entonces.
Sin embargo esto es falso. En España existen multitud de contratos laborales que se adaptan a las necesidades de la empresa como si fuese un buffet libre. Hay contratos temporales, por obra y servicio, etc. Y además, la legislación es tan amplia y estos contratos ajenos al estándar indefinido tan usados, que se han establecido multitud de trampas generalizadas que, a pesar de ser ilegales, están tan extendidas que todo el mundo las usa y es casi imposible ser sancionado por ello.
Contratar a alguien con un contrato indefinido de 6 meses renovables ha sido el contrato por excelencia del mercado laboral español durante los últimos años, incluso en años de bonanza. A los 6 meses puedes rescindir el contrato sin coste alguno, y si por alguna de aquellas quisieses prescindir del trabajador a los 3 meses se le tendría que pagar la friolera de 8 días por año trabajado, es decir y para el caso del ejemplo, 2 días de salario, algo tan costoso que hunde a cualquier empresa como nos podemos imaginar.

Por lo tanto es totalmente falso que no se cree empleo por miedo a los costes de despido. Con toda la gama de contratos ajenos al estándar indefinido la rescisión de los contratos es, de facto, casi gratis en España.
Otra cosa es que llegado el momento de pasar el temporal a indefinido (2 años), y en el supuesto de que la empresa en cuestión no quiera hacer trampas cambiando a los contratados de sociedad o cambiándoles la descripción del puesto, las empresas no quisiesen hacerlo y despidiesen al trabajador, como aseguraban hasta ahora que estaban haciendo. Pero para “solucionar” eso el socialista gobierno saliente ya decretó la posibilidad de concatenación indefinida de contratos temporales (justificación: “Preferimos un contrato temporal que una persona en el paro”), con lo cual esa excusa se acabó. Siendo claros, desde que el gobierno socialista permitió la concatenación indefinida de contratos temporales España se ha convertido en un país con despido cuasi gratuito, independientemente de cual sea la indemnización del contrato indefinido, que no usa ya casi nadie en estos tiempos de crisis.
¿Qué es caro despedir a un trabajador que lleve 20 años en una empresa? Por supuesto, pero a no ser que se haga una reforma laboral retroactiva, algo implanteable porque rompería la seguridad jurídica de este país, esos contratos van a seguir teniendo la misma indemnización mientras no se extingan, independientemente de lo que se legisle para nuevos contratos.
¿Por qué se habla, pues, de reducir la indemnización por despido? Pues la verdad es que no lo entiendo. O los dirigentes de la CEOE son unos estúpidos (y aunque tengo bastante mala opinión de los grandes empresarios de este país creo que estúpidos no son), o el PP no se entera en qué país está, o nos encontramos ante una espinita clavada de otras ocasiones que quieren sacarse por puro orgullo. Es que ni siquiera se plantea el contrato único, algo que tal y como está la legislación laboral y la situación del país la CEOE no aceptaría en la vida porque lo único que haría es perjudicar las aspiraciones del empresariado.

Bueno, sí hay una razón para esta reforma. Como sabéis en este mundo absurdo que nos ha tocado vivir los parlamentos nacionales legislan para tranquilizar a los mercados y, en el caso europeo, para ofrendar glorias a la señora Merkel. España tiene colgado el “San Benito” de que es uno de los países con un despido más caro, algo que sería cierto si no fuese porque desde finales de los 80 se han creado toda esa multiplicidad de contratos de los que ya hemos hablado.
Reducir la indemnización por despido es un mensaje a nuestros acreedores de que estamos haciendo reformas y que éstas están orientadas en un sentido “liberal”, algo que se supone que les debe gustar y, por lo tanto, tratarnos con más cariño en las siguientes emisiones de deuda. Además, en Alemania la indemnización por despido es menor a los 45 días teóricos, y ese país y su canciller no van a permitir que nadie tenga un solo derecho más que ellos, obviando interesadamente que el sistema del bienestar alemán es mucho más potente que el Español (lo que compensa con creces la menor indemnización).
Que nos vaya a ir mejor en los mercados a base de reformas es una hipótesis que se ha demostrado falsa una y otra vez desde los acontecimientos griegos de 2009. Cuantas más reformas hacemos más sube la prima de riesgo, y no es que tenga relación es que simplemente todo lo que estamos haciendo no vale para nada. Pero aquí manda la iluminada de la RDA y como no tiene ni el valor, ni el coraje, ni la capacidad ni la iniciativa de hacer nada que no sea ir a remolque de los acontecimientos, finalmente estamos obligados a seguir las obsesiones alemanas so pena de que nos echen del euro.
(Por cierto, excelente réplica del líder del SPD, Steinmeier, diciéndole a Merkel que “ha abandonado una tras otra todas las posiciones que había adoptado en la lucha contra la crisis”. Esto es absolutamente cierto ¿Cómo se puede permitir que alguien así tenga Europa en sus manos?)

Tengo la sensación de que la reforma está encaminada más a otras dos ideas, bastante más útiles para los empresarios. Pero esto lo desarrollaré en la siguiente entrada.

martes, 29 de noviembre de 2011

¿La unidad de la izquierda? No, gracias.





















En las bitácoras La promesa de los lagos de Pokara y El viaje de Ulises, administradas por don Enrique Casanova y Don Nicolás Mengual respectivamente, se ha hablado estos días sobre la “unidad de la izquierda”, y como últimamente no sé qué escribir (o mejor, quiero esperar a que sucedan ciertos acontecimientos para escribir sobre algunos temas) pues me he subido al carro a ver si creo un poco de polémica.

Esto de la unidad de la izquierda lo llevo escuchando toda la vida, y si tuviese cien años seguramente también lo hubiese escuchado toda la vida. Esto es como el misterio de la santísima trinidad, una discusión sobre intangibles que no lleva a ninguna parte. De hecho la izquierda ya no es la que era hace cien años, pero en cambio seguimos hablando de unidad como si no nos importase la naturaleza de lo que queremos unir, como si estuviésemos uniendo por deporte o por algún tipo de programación informática en nuestro cerebro.
¿Para qué hay que unir la izquierda? Esta es la pregunta que deberían responder los que quieren unirla a toda costa. Creo que la mayoría de ellos comenzaría a divagar sobre multitud de cosas hasta que llegasen al punto final de la divagación, este es, que se quiere unir a la izquierda para derrotar a la derecha.
Bien, aceptamos barco, queremos unir la izquierda para derrotar a la derecha, me parece perfecto. Y si esa es la conclusión podríamos decir, en un entorno español, que Felipe González, Almunia, Zapatero o Rubalcaba (que en paz descansen todos, políticamente hablando) han sido los adalides de la unidad de la izquierda. Sí, sí, porque ellos han hecho siempre llamamientos al votante de izquierda para evitar “que llegase la derecha”. Ellos querían unir a la izquierda bajo su paraguas y bajo las siglas de su partido, unir a toda la izquierda social en las urnas para parar a la derecha. El voto útil es, en definitiva, la unión de la izquierda ciudadana bajo el mismo partido.

Ah vale, que no es eso, que lo que hay que unir son las “diferentes sensibilidades de la izquierda”, o sea, unir a los distintos partidos o grupúsculos en un mismo partido o una misma coalición, esto es, volver al Frente Popular.
Un apunte histórico: Frentes Populares como tal (no confundir con la Unidad Popular Chilena) ha habido tres en la historia y todos ellos en el periodo de entreguerras. El Frente Popular es una coalición defensiva cuyo principal fundamento era evitar la llegada de regímenes dictatoriales derechistas o fascistas al poder en los distintos países, una vez que se había comprobado en algunos países (Alemania, Austria) que la democracia podía ser usada para establecer dictaduras. El Frente Popular no tenía un verdadero programa de transformación social en profundidad, aunque sí de reformas, y esto era debido a que su programa se adaptaba a los puntos de consenso entre todos los partidos, que por lógica se correspondían totalmente con los programas políticos de los partidos más moderados que componían la coalición. Los Frentes Populares acabaron todos como el rosario de la aurora por la sencilla razón de que eran enormemente heterogéneos y fuera de una coalición defensiva sus distintos componentes tenían objetivos muy diferentes.
Ahora queremos algo parecido, otra coalición. Pero si seguimos la regla de que los consensos se basan en el mínimo común múltiplo, y por lo tanto en el programa más moderado de todos (moderado es inmovilista en este caso), y entendemos también que en el espectro de la izquierda los partidos más centristas (la chufla esta ex-socialdemócrata) todavía tienen la mayor fuerza relativa entre los partidos de izquierda, y que por lo tanto son quienes más pueden condicionar un futuro programa de consenso; nos encontraríamos con que una coalición de partidos de izquierdas haría sustancialmente la misma política que el partido ex-socialdemócrata de turno, y entonces ¿qué diferencia hay con el voto útil?
Hay una: Que todos los grupúsculos y los partiditos tendrían su puestecito y su función, y se repartirían los cargos amistosamente y así pintarían algo. Pero fuera de esto no habría más, el contenido político y el programa, que quiero recordar es de lo que se trata esto, sería muy similar al del Rubalcaba de turno. Sí, es así, y los programas de los Rubalcabas, los Papandreu y los Zapateros ya sabemos cuáles son…

Muy posiblemente el defensor de la unidad de la izquierda estaría pensando en una unidad programática más, digamos, “equidistante” entre los distintos programas, lo que llevaría a escorar fuertemente a la izquierda el programa ex-socialdemócrata. Supondría, además, que todos los componentes ideológicos de esta coalición introdujesen sus puntos esenciales en el programa común y que todos estuviesen de acuerdo, porque si no están de acuerdo no se adhieren en la coalición y, por lo tanto, la unidad pasa a ser una semi-unidad.
Vamos, habría que poner de acuerdo a los colaboracionistas del PSOE, a la izquierda verde, a los comunistas, a los nacionalistas que dicen ser de izquierdas, a los que se creen que Trotsky sigue vivo, a los ácratas…Cuando todos estos grupos estén de acuerdo querrá decir que la capacidad de consenso y empatía humana estará a un nivel tan desarrollado que viviremos en un mundo maravilloso en el que la izquierda ya no tendrá sentido y menos su unidad…Fuera de ironías, lo que intento decir es que en un mundo donde ni los países del G-20 ni los estados de la UE se ponen de acuerdo para nada sin imposiciones de unos sobre otros es absolutamente imposible que estos grupos heterogéneos se avengan a una unión generosa y honesta.
Además, conociendo la realidad de los grupúsculos de izquierda ahí no cedería ni dios, unos con la autodeterminación, otros con la república, otros queriendo nacionalizar hasta los kioscos, etc. 

¿Cuál es la conclusión? La conclusión es que la unidad idílica de la izquierda, basada en consensos mágicos entre todas las partes y todos los partidos cediendo todos, es imposible. Además, cuanto más de acuerdo se pusiesen estos grupos más lejos estaría ese programa político de las preocupaciones de la calle.
La unión de la izquierda…No, dejémonos de historias y de recetas de brujería para recuperar la iniciativa y el apoyo ciudadano. No hay que dar tantas vueltas, ¿Sabéis lo que falla en la izquierda? Es muy sencillo, falla EL PROGRAMA, falla LA CREDIBILIDAD, fallan LAS IDEAS. Esto, y no uniones de no se sabe qué, es lo que falla.
La cuestión no es unir a los partidos de izquierda ni a las ideologías de izquierda, la cuestión es generar unas ideas de cambio político, de más democracia, de mayor dispersión de renta, de un mundo donde la gente sea más libre y no tenga que vivir pendiente de las decisiones de los mercados, donde la gente pueda trabajar por un salario decente y de forma estable, donde las clases bajas y medias no carguen sobre sus hombros los costes de las crisis económicas. Unas ideas que planten cara a este mundo tecnocratizado y arrodillado ante los poderes económicos, que sean creíbles, que dejen de lado cosas accesorias que restan en vez de sumar, que sepan fijar las prioridades políticas y que rompan los vicios de la vieja política partitocrática.

En política no se pueden saltar las etapas, no puedes evitar los pasos necesarios. Estamos en la primera etapa, que es la etapa de génesis de nuevas ideas, proyecto y programa político. Y a partir de ahí las cosas vienen solas. Quien se quiera unir que se una, y quien no pues que no se una y se quede dando guerra de forma inservible como pasa ahora con estos grupúsculos.
Pero que nadie pierda la perspectiva. Aquí a quien hay que convencer es al ciudadano, sujeto principal del apoyo y receptor de las políticas que se idean, no a los partiditos izquierdistas revolucionarios de no sé dónde. El partido, las siglas, la estructura y los clichés ideológicos y de partido no son más que baches en este camino, y si lo que se quiere es forjar lo nuevo a base de empaquetar y barnizar lo viejo ese camino no tiene otro destino que el fracaso.
Unidad pastelera de la izquierda, no gracias. Generación de un nuevo programa político en base a las nuevas realidades y problemas contemporáneos sí, por favor.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Traducción de la carta de felicitación que envió Merkel a Rajoy

"Tendrían que felicitarme a mí por permitirles tener elecciones"


















Como sabéis el lunes pasado la canciller alemana Angela Merkel, verdadera gobernanta de todo lo que os alcance la vista a ver, le envió una protocolaria carta de felicitación a nuestro flamante nuevo presidente, Mariano Rajoy, por su victoria electoral.
La carta dice pocas cosas debido a su lenguaje protocolario, pero realmente dice muchas más en un lenguaje ambiguo y encriptado que nuestro presidente, consciente de nuestra dependencia y sumisión, habrá entendido perfectamente. Voy a traducirla, por párrafos, escribiendo entre paréntesis y en negrita qué mensaje real quería transmitir Merkel a nuestro presidente.


Estimado señor Rajoy:

Le felicito cordialmente por su victoria electoral.
(A mi me importaba un bledo que ganase usted o el otro calvo que no recuerdo como se llama, pero ya sabe que los alemanes somos muy educados)

En estos momentos difíciles para España y para Europa, usted ha obtenido el mandato claro de su pueblo para decidir y aplicar rápidamente las medidas de reforma necesarias.
(No se vaya a pensar usted que los votos valen para que usted decida nada sobre las medidas que tiene que tomar. Usted tomará las medidas que yo le diga y punto pelota)

Le deseo mucha suerte y éxito en el desempeño de su cargo pleno de responsabilidades.
(Porque su gran responsabilidad es obedecerme a mí)
Espero con interés poder colaborar con usted, para profundizar la integración europea y por el beneficio de Europa.
(Espero que cumpla fielmente lo que yo le voy a ir ordenando para que Alemania no tenga que pagar por países vagos como el suyo, y de paso vayan ustedes germanizándose como dios manda, malditos sureños vividores)

También estoy deseando trabajar con usted en el fortalecimiento y profundización de la tradicionalmente buena y sólida amistad entre nuestros países y pueblos.
(Trabajar conmigo es excitante. Nos reunimos, yo ordeno y usted apunta, y si trae alguna reivindicación le digo que no y a usted no se le ocurre replicarme, es más, tendrá que salir entusiastamente a la rueda de prensa a decir que yo tenía toda la razón. Pregunte, pregunte al Sr. Sarkozy y al Sr. Monti, que ya conocen el protocolo.
Y si se porta bien le doy un caramelo)

Le saluda cordialmente:
(Oiga, que si no le parece bien que le fulmino en 24 horas. Si me he cargado a Berlusconi…)
Angela Merkel
Canciller de la República Federal de Alemania
(Y de toda Europa, para que vamos a engañarnos)


…Bueno, sí, quizá he exagerado un poco, pero estad seguros que ha sido sólo un poco. A veces la realidad supera la ficción…

lunes, 21 de noviembre de 2011

Análisis del 20-N: El bipartidismo se rompe por la izquierda y gana Alemania














Estas elecciones han producido una nueva sensación en mí que no había tenido tras ninguna otra cita electoral. En otras ocasiones siempre pensaba en el gobierno que salía de las urnas y cuál iba a ser su política, sin embargo esta vez y gracias a habernos convertido en una provincia del imperio esos pensamientos son irrelevantes. De hecho y exagerando algo pero no mucho, estas elecciones parecen propias de una democracia orgánica como la del régimen anterior, como si hubiésemos elegido el tercio familiar de las cortes franquistas, algo que no valía para nada porque como todo el mundo sabía mandaba el caudillo y los electos sencillamente obedecían. Ahora no manda el caudillo pero manda la canciller, a la que tampoco hemos elegido con nuestros votos como antaño no se elegía al inamovible general.

Analizar en clave política, entendiendo como clave política de gobierno y de propuestas legislativas, carece de sentido esta vez pues el gobierno real de nuestro país no ha cambiado, pero creo que sí se puede analizar el comportamiento del cuerpo electoral español y qué consecuencias podemos sacar del mismo, además de repetir ciertas ideas que vuelven una y otra vez cada nueva elección.
La idea principal que podemos sacar de estas elecciones ha sido la continuación de la que ya sacamos en las últimas municipales, esto es, el hundimiento generalizado del PSOE. Perder más de 4 millones de votos en menos de 4 años es un logro pocas veces visto, y haciendo comparativas tontas con las cifras parece como si el PSOE hubiese perdido un voto por cada parado. Este es el peor resultado del PSOE desde la segunda república, que se dice pronto.
Todos los gobiernos europeos que se han sometido al veredicto de las urnas han perdido las elecciones y era evidente que el desgaste de gobernar un desastre como este se nota. Pero este desgaste de reinar (mejor que gobernar) sobre una crisis es sólo una parte del descalabro. Este hundimiento se debe, también, a que el PSOE ha traicionado sus ideas, sus principios y sus valores, convirtiéndose en el gobierno en aquello que sus votantes intentaron rechazar en las urnas en 2008. La combinación del desgaste con la traición pronosticaba una catástrofe, que ha sido incluso menor de lo que podía haber sido gracias a los mecanismos psicológicos de esta sociedad que llevan a un voto fiel, acrítico y cautivo en mucha gente, que llamamos suelo electoral.

El PP ha ganado las elecciones. Ha subido medio millón de votos en unas elecciones con un aumento del censo electoral de 700.000 personas, una subida poco relevante y síntoma del tan comentado techo electoral del PP. Este resultado se puede analizar de dos maneras radicalmente distintas y francamente no sé cuál de las dos es más acertada. Por un lado podríamos hablar de que con un apoyo parecido al de hace 4 años ha pasado de la oposición a una holgadísima mayoría absoluta, lo que convierte este éxito en algo generado por deméritos ajenos y no porque la población confíe en el PP y en Rajoy, que parece que no confía nadie que no estuviese convencido desde hace años. Recordemos que Zapatero sacó en 2008, con menos cuerpo electoral, más votos que el PP en estas elecciones y entonces no consiguió mayoría absoluta. A pesar de eso casi 11 millones de votos son muchos votos.
Pero por otro lado parece increíble que casi 11 millones de personas hayan votado al PP cuando este partido es copartícipe de la ruina de España y gobierna desde tiempos inmemoriales en comunidades donde la situación económica está igual o peor que la media del país. Podríamos hablar de la también muy comentada acriticidad de los votantes del PP, pero creo que sería simplificar el debate en torno a clichés que no llevan a ningún sitio y nos quedaríamos con una verdad parcial que por parcial es miope e injusta para muchas personas que sé que han sido incapaces de votar al PP por muy conservadoras que son. No, la razón principal de que el PP haya sido votado como si nada hubiese pasado ni nada hubiese hecho este partido en relación a esta crisis se debe, básicamente, a que la gran mayoría de la ciudadanía española no entiende absolutamente nada de economía, casi nada de política y no se da cuenta ni de lejos de cuál es la actual realidad de España ni por qué estamos así.
Veía en la televisión la sede del PP cuando los “aficionados” celebraban la victoria futbolística sobre su rival. El primer cántico que escuché cuando salió Rajoy al balcón fue “tú sí que vales”, grito sacado de un concurso de telebasura que demostraba el nivel medio de la gente que se juntaba allí. Pero lo más gracioso fue cuando comenzaron a cantar cosas como “España unida jamás será vencida” o “Yo soy Español, Español, Español”, que ya demostraba sin lugar a dudas que la gente que allí se reunía no tenía ni el más remoto sentido de dónde estaba, qué había votado ni cuál es el cuadro general de la situación en España. Un “Deutschland, Deutschland über alles, über alles in der welt” (Alemania, Alemania sobre todo, sobre todo en el mundo), letra original del himno alemán pero no oficial por sus claros componentes imperialistas, hubiese sido bastante más coherente con la realidad que se vive y vivirá en Génova 13.

El resultado del PP y su holgadísima mayoría absoluta con apoyos similares a 2008 nos lleva, inevitablemente, a tener que analizar otro de los puntos calientes del análisis. En términos porcentuales el PP ha subido algo más de 4 puntos, y con estos 4 puntos ha cambiado radicalmente el panorama político. Esta clara desproporción es síntoma del sistema electoral que tenemos, en el que la combinación de tanta circunscripción pequeñita donde no se deciden más de 4 ó 5 diputados y el efecto de la ley electoral lleva a que los redondeos de escaños beneficien al partido más votado, esto es, al PP.
Sin embargo este efecto de amplificar la mayoría del primer partido es el menor de los problemas de nuestra ley electoral y creo que es incluso entendible pues mejora la gobernabilidad (aunque personalmente no me gusta). El verdadero desastre de nuestro sistema electoral y lo que lo convierte en una trampa que fomenta el bipartidismo y el poder de los pequeños partidos nacionalistas se puede ver claramente en los dos partidos que más han crecido, IU y UPyD.
IU con casi el 7% de los votos ha conseguido poco más del 3% de los escaños, mientras que UPyD con casi un 5% de los votos no ha sacado ni el 1,5% de los escaños. Esto contrasta radicalmente con partidos como CiU, que con un 4,17% de los votos saca casi un 4,6% de los escaños, o Amaiur, con un 1,37% de los votos y un 2% de los escaños. La fuerza local de los partidos nacionalistas (y me temo que también cierta sobreproporción de las provincias vascas y navarra) les beneficia.
Esto puede parecer algo poco importante, pero no lo es en absoluto pues genera dos problemas fundamentales en nuestra política. El primero y fundamental es que el sistema beneficia a los nacionalistas siempre y cuando no haya mayorías absolutas (algo que es habitual) y les da un poder sobreproporcionado que ha generado asimetrías en nuestro sistema semi-federal. El segundo es que genera un redireccionamiento del voto, es decir, genera una coacción subjetiva de los propios electores a la hora de votar a un partido. Un elector de cualquiera de las provincias pequeñas de España tiene muchas menos alternativas políticas y seguramente aunque quiera votar a un partido minoritario no lo hará pues sabe que su voto no va a generar ningún representante. Fuera de Madrid, Barcelona, Valencia y si acaso alguna provincia más (Alicante, Sevilla) los electores están coaccionados por un sistema electoral que les quita representatividad y eso, elección tras elección, está lastrando a los partidos pequeños de ámbito nacional que crecen poco cuando deberían de crecer, y se hunden cuando pierden apoyos.

Personalmente la mayor decepción que siento en estas elecciones es el resultado de EQUO. Yo, que soy valenciano, pensé que lo vivido con Compromís en las elecciones autonómicas se repetiría con esta formación en el ámbito nacional. Un partido nuevo, con menos clichés ideológicos, que creía sería capaz de generar desde las redes sociales un movimiento político pequeño pero que sería la base para su futuro crecimiento.
Sin embargo parece claro que sobreestimé el poder de las redes sociales en unas elecciones como estas. Con una campaña hecha desde el activismo, sin propaganda electoral ninguna, el partido de Uralde no era conocido por casi nadie que no se informase activamente en la prensa o fuese usuario de las redes sociales. Esto lo comprobé en los días anteriores a las elecciones hablando con algunas personas donde vi que la mayoría no sabía que era EQUO. La sectaria exclusión de este partido en los espacios de propaganda electoral gratuita ha ahondado en su desconocimiento.
Además de esto creo que hay más razones. EQUO, como marca, y al ser un partido desconocido no daba la sensación visual de ser un partido verde. El hecho, además, de que IU fuese en coalición con otro partido verde y lo pusiese en el nombre de la coalición daba a entender al elector poco informado de que el voto ecologista estaba realmente con IU. En España hay muchos miles de personas que votan a distintos partidos verdes sólo por la palabra “verde” de la papeleta, y sin esta referencia creo que se han perdido muchos miles de votos.
El caso de los coaligados de EQUO en Valencia, Compromís, también me ha producido una pequeña decepción. Compromís ha ocultado a EQUO en sus papeletas y discurso para centrarse en la exitosa marca Compromís y como resultado ha sacado un porcentaje bastante más bajo de votos que en las municipales pasadas cuando, realmente, ha hecho un buen trabajo estos meses. El ocultar a EQUO ha llevado a que la marca fuese sentida como local y ajena a un proyecto nacional, y precisamente por eso en unas elecciones nacionales la gente ha preferido votar a IU o UPyD que sí tenían este proyecto.
Compromís debería entender esta lección. Siempre he dicho que el Bloc es el problema de esta coalición y IdPV su valor y fuerza. En unas elecciones municipales el valencianismo y el eco socialismo suman, pero en unas nacionales en nacionalismo les resta. El Bloc debería haberse quedado voluntariamente a un lado en estas elecciones nacionales y haber dejado que IdPV le hubiese dado a la coalición color de proyecto de ámbito nacional, remarcando que Compromís era EQUO y su proyecto en la comunidad valenciana. El desconocimiento de la marca EQUO también ha influido, pero hechos como la colocación de cabezas de lista del Bloc no tenía sentido alguno y ha perjudicado los resultados Compromís.
El proyecto EQUO ha quedado así abortado por ahora. Técnicamente tampoco han estado tan lejos de sus objetivos, pues si Uralde hubiese sacado su escaño por Madrid (ha sacado un 2% de los votos y necesitaba un 3%) hubiese, quizá, hecho un grupo verde con Compromís e ICV y podía haber encauzado el proyecto. Ha sacado 215.000 votos en toda España como EQUO (con 150.000 Coalición Canaria ha sacado 2 diputados, otra desproporción de nuestro sistema), más los 125.000 de Compromís. Junto con los 280.000 de ICV en Cataluña otorgan al proyecto ecosocialista en España más futuro de lo que indican los resultados, y lo que habrá que pensar es cómo se organiza mejor este caudal de fuerzas para que lleven a algún sitio. Y más adelante también habrá que analizar si la idea de hacer un proyecto independiente y no juntarse con IU, que a mí me parecía acertada, realmente ha sido una buena idea.

UpyD se ha convertido en la cuarta fuerza política de España en votos, con más de un millón. Ha sacado 4 escaños por Madrid y uno por Valencia, y podría haber sacado muchos más con otro sistema. Me alegro mucho de su crecimiento y ahora, en oposición a un gobierno nominal del PP mecido por la mano de Merkel, es cuando les toca demostrar su patriotismo y lo que realmente quieren para este país.
IU también ha renacido de sus cenizas. Más de 1,5 millones de votos está muy bien, aunque deben ser conscientes de que han recibido el voto de castigo del PSOE y que no es ni por su programa ni porque atraigan al electorado. Cayo Lara deberá ahora saber integrar, hacer crecer el proyecto más allá del PCE y oponerse frontalmente al PPSOE y a la tutela alemana. Así conseguirá convencer a todos aquellos que le han votado sin estar convencidos. Es probablemente su última oportunidad si quieren ser alguien en la política de este país.
Un resultado que me ha sorprendido mucho es el de CiU. Que con todo lo que está haciendo en Cataluña haya sacado 16 escaños me da mucho que pensar. He hablado con un amigo que vive en Barcelona y me dice que CiU y su política en la Generalitat es considerado en Cataluña un tema interno, y que para estas elecciones la gente se ha fijado en otra cosa. Esta “otra cosa” es, sin duda, un posicionamiento perverso que se da en tiempos de crisis de intentar “traer para casa” lo poco que hay. Estos planteamientos de intentar estirar la cuerda para casa es lo que ha llevado a este país a donde está ahora y me da mucha pena que Cataluña haya caído en eso. Votar por el “pacto fiscal” que dicen los de CiU no es el inicio de un mejor futuro para Cataluña sino, quizá, el inicio de su decadencia moral y política.
De Amaiur poco que comentar. La izquierda Abertzale ha sabido capitalizar el fin de ETA gracias a los pasos de ésta, calculados perfectamente para potenciar los efectos electorales. No creo que aporte nada y me imagino que se desinflará con el tiempo. Si acaso pone al PNV en una complicada tesitura en la que tendrá que decidir si vuelve a su acuerdo histórico con el PSE o se mete en una espiral en la que puede quedar desplazado de la centralidad.

Hace unos meses, en el análisis de las elecciones municipales que hice en este blog, escribí esto:

La segunda razón por la que soy optimista es porque pienso que la izquierda social de este país ha cumplido parcialmente con su deber. La gente de izquierda no se ha querido tragar la patraña que les vendía el PSOE y le han castigado adecuadamente a sus acciones. Se ha demostrado que parte de la izquierda de este país es crítica pues ha buscado opciones más conformes a sus planteamientos y las ha votado. No ha votado por colores ni palabras vacías, ha votado conforme a realidades fehacientes. Y esto me parece muy importante y me parece un buen inicio para acabar con este PPSOE que no nos lleva más que a la futbolización de algo tan serio como es la política.
Las personas de derechas, en cambio, no han cumplido con su parte de forma mayoritaria. Exceptuando gente como nuestro lector y ese 4% de valientes votantes valencianos, la mayoría de la derecha hispana sigue ejerciendo el voto como si fuese una cuestión de rencillas familiares y de pasiones primarias.”

Como la lección política de aquellas elecciones es la misma que la de estas, me reafirmo en lo dicho entonces. Decía Escolar que España ha pasado del bipartidismo al monopartidismo, que diciéndolo de forma menos llamativa podemos decir que el bipartidismo se ha comenzado a destruir por la izquierda.
Y aquí es donde me asalta la duda. ¿Qué pasará cuando veamos que el PP no hace más que la misma política que ha hecho el PSOE? ¿Qué pasará cuando vengan los recortes, la reforma laboral, la subida del IVA, un nuevo descenso del poder adquisitivo de los funcionarios, el copago, etc.? Cuando todos aquellos que han votado pensando que el PP iba a cambiar las cosas porque sí, por magia y gracia de dios, se den cuenta que vivimos en un país intervenido con dos partidos colaboracionistas que han vendido su voto y sumisión, ¿Qué harán los votantes de derecha? ¿Harán lo mismo que han hecho los del PSOE esta vez?
Y por supuesto no vale volver al redil del PSOE dando tumbos como si fuéramos tontos. Cuando lleguemos a la situación Griega, con los dos partidos quemados por la crisis y viéndose que actúan igual en el gobierno, ¿Qué harán los votantes del PP? Me encantaría que actuasen igual que lo han hecho los del PSOE, aunque lo dudo pues para mi es evidente que el PP es corresponsable de esta crisis, que es algo meridianamente claro con un mínimo análisis, y aún así casi nadie lo ha castigado.
La pelota está, pues, en el tejado de la derecha social de este país. En sus manos estamos para ver si nos podemos convertir en un país normal y regenerar nuestra democracia de baja calidad, o bien si vuelven a reactivar la rueda del bipartidismo con su cerrazón y visceralidades propias de la guerra civil.

Finalmente hay un análisis que no puedo hacer porque no tengo datos pero que voy a hacer de forma subjetiva en función de lo que veo en mi entorno. Tengo la sensación de que el bipartidismo se está rompiendo fundamentalmente por la gente de mi generación, es decir, por la de aquellos que estamos alrededor de la treintena. Yo tengo amigos de izquierdas, de centro y de derechas y tengo que decir que muy pocos de ellos han votado al PP o al PSOE. El voto nulo y el voto a otras formaciones más pequeñas (UPyD, IU y Compromís) ha sido la gran mayoría.
Nosotros somos una generación que ha vivido el gobierno del PP y del PSOE. En los años del PP y los primeros del PSOE vimos como realmente se nos había engañado cuando éramos jóvenes. Estudiamos carreras porque nos dijeron que eran necesarias en un mundo competitivo para poder tener una vida relativamente cómoda y segura. Pero cuando llegamos a la realidad laboral nos dimos cuenta que hasta lo más básico, una vivienda, estaba fuera de nuestro alcance gracias a los contratos precarios, el mileurismo y la inseguridad laboral. La prosperidad de nuestro país se construía para la generación anterior a la nuestra y vimos que jamás íbamos a tener el nivel de vida de nuestros padres.
Y esto fue en la época de vacas gordas, porque luego llegó la crisis y fue cuando vimos que nuestra realidad no era otra cosa que la precarización general de la sociedad y que todo lo que sustentaba la prosperidad de la que sólo recibíamos las migajas tenía cimientos de papel. Antes estábamos mal, hoy estamos peor. Y eso que tenemos suerte de estar insertados en el mercado laboral español, porque la generación que viene detrás de nosotros está fuera y casi sin posibilidad de entrar con un mercado laboral taponado.
Por esto creo que somos la generación del “Ni PSOE ni PP”, sabemos que ambos nos han ignorado, fallado y engañado. Los más jóvenes quizá creerán que el PP les puede arreglar algo. En breves meses se darán cuenta de la dura realidad.
Creo que el grueso de votos de UPyD, EQUO-Compromís y muchos de los de IU, además del voto nulo activo, es cosa de nuestra generación. Cuando hayan encuestas a posteriori que analicen criterios de edad lo podremos confirmar o desmentir, pero estoy bastante seguro de que es así.

Hoy empieza el futuro de nuestro país. Políticamente (en un sentido legislativo y ejecutivo) nada ha cambiado, pero en términos de partido e ideológicos muchas cosas han cambiado. El nuevo pluripartidismo de la izquierda, el hundimiento del PSOE que obliga a una regeneración radical, un gobierno títere sin una oposición parlamentaria fuerte, una presumible potente oposición en la calle de movimientos como el 15-M, la zona euro al borde del colapso por las obsesiones y castigos de Alemania…
Aquí seguiremos analizando la realidad y yo lo seguiré haciendo cada vez más con una amplitud de miras que vaya más allá de nuestras fronteras. En un mundo donde el parlamento alemán conoce las medidas del gobierno Irlandés tres semanas antes que su propio parlamento, en un mundo donde desde Berlín se tumban primeros ministros de países soberanos en horas, no tiene sentido mirar a la Moncloa o a las calles Ferraz o Génova. Quizá hasta que no entendamos esto no podremos tomar decisiones políticas coherentes ni aspirar a cambiar nada.