La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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domingo, 13 de febrero de 2011

Y la revolución triunfó en Egipto
















Cuando escribo esto, viernes 11 de Febrero, en presidente de Egipto Hosni Mubarak acaba de dimitir como presidente de la nación tras el discurso de ayer en el que aseguraba lo contrario. Con los días se sabrá que ha pasado, pero parece razonable pensar que los militares le han enseñado la puerta de salida. El ejército tomará provisionalmente el poder (…bueno, tomará es un decir porque lo tiene desde hace décadas), en figura de Suleimán, de Tantaui o de cualquier otro, previsiblemente hasta nuevas elecciones a la presidencia de la república, estas esperemos que limpias.

La revolución egipcia tiene las simpatías de casi todos los ciudadanos de occidente. Nosotros, que vivimos en un estado democrático, vemos lo que ha pasado en Egipto como la liberación de un pueblo de la tiranía. Esta visión, en parte real, esta excesivamente simplificada y creo que esconde realidades que no debemos obviar.
¿Por qué ha habido una revolución en Egipto? ¿Es la exigencia de un pueblo para tener libertad? Si y no. Por supuesto que las limitaciones a la libertad han sido una parte importante del cóctel, sobre todo por parte de los jóvenes que conocen, a través de Internet y los medios de comunicación, la existencia de países más libres. Que la pieza clave para el origen de estos movimientos en el mundo árabe haya sido Facebook y otras redes sociales nos indica hasta qué punto la juventud ha sido quien ha catalizado la protesta. El papel de las redes sociales tendremos que analizarlo más detenidamente en el futuro, pero Internet se ha demostrado como una herramienta poderosísima para la fabricación de movimientos sociales sin cabeza política. La extensión de esta idea al mundo occidental puede ser muy interesante, y aunque evidentemente va a tener que ser mucho más elaborada que en este caso podemos observar como hay un potencial que no está en absoluto explotado.

Pero, como decíamos, no es sólo la falta de libertad la que ha generado esta revolución, ni quizá ha sido el factor determinante. “Es la economía, estúpido”, como dijo aquel asesor de Bill Clinton, la que realmente ha llevado a Egipto y a Túnez a tener revoluciones con amplia adhesión.
¿Por qué hay dictaduras árabes todavía más intransigentes que no se han visto golpeadas por una revolución así? Resumiendo de forma facilona, por el petróleo y los mayores estándares de vida que concede a la población como causa fundamental. Si en Egipto ha triunfado esta revolución es porque hay un paro juvenil de más del 50%. Alguno pensará que en España es algo más de la mitad y no pasa nada, pero hay diferencias del PIB sustanciales y sobre todo demográficas: Egipto es una población mucho más joven que España y este 50% representa proporcionalmente mucho más que en España.
Cuando la mitad de la juventud de un país ni tiene trabajo ni posibilidades de conseguirlo, si ve que no tiene futuro ni esperanza, es mucho más probable que se lance a un movimiento revolucionario, pues no tiene nada que perder.
Creo que es importante comprender esto para no idealizar las cosas. Falta de libertad, sí, pero fundamentalmente falta de futuro y pobreza. ¿Por qué nadie se levanta en China? Exactamente por esto. Los jóvenes conocen un mundo mejor, que pueden ver en la televisión, en Internet. Ven como hay un mundo democrático que tiene estándares de vida mucho mayores que los suyos y donde la gente tiene futuro a pesar de las dificultades. Es una cuestión de expectativas, de saber que hay otro modelo y otra forma de vida, la referencia de algo mejor, y cuando eres consciente de esto atacas aquello que consideras te impide llegar a esas expectativas.

En este sentido las revoluciones árabes se parecen a las de la Europa del este. Los ciudadanos del bloque soviético conocían que existía otro modo de vida al otro lado del telón de acero. Un mundo democrático, con estándares de vida más altos que, además, tenía cierta protección social y estado del bienestar. Esa dualidad que les habían contado de que en los países capitalistas los pobres se morían de hambre y estaban abandonados a su suerte no era real en el caso de la Europa occidental (aunque quizá sí en países del tercer mundo), era una falacia, y los ciudadanos del este lo sabían. Vieron una expectativa de una vida mejor y, además, una vida más libre.
¿Se hubiesen producido esas revoluciones si el mundo soviético hubiese tenido unos estándares de vida más altos que el occidental? Estoy casi seguro que no. Sí hubiesen habido, por supuesto, movimientos que hubiesen exigido mayor libertad como los de la primavera de Praga, pero no hubiese existido un movimiento para derrocar totalmente el modelo de capitalismo de estado. Las revoluciones se producen siempre como último recurso, y generalmente cuando las condiciones de la mayoría son bastante malas.

Leo un comentario de un egipcio de 33 años: “¡Gracias a Dios! He estado en paro por su culpa, la vida era horrible, ahora voy a empezar mi vida, voy a poder respirar”. Que tengan cuidado los egipcios con este pensamiento, porque es muy peligroso. Egipto no está como está sólo por Mubarak y por muy dictador que haya sido no se puede concentrar todos los problemas en una persona individual. Egipto está así por multitud de razones, históricas, políticas, económicas, de recursos naturales, etc, etc. No ha sido Mubarak alguien que ha empobrecido especialmente su país, aunque por supuesto tampoco lo ha desarrollado.
Si los egipcios piensan que el cambio de un presidente va a traer la prosperidad de forma mágica van a tener una enorme decepción. Cambiar un país cuesta mucho, es necesario mucho acierto y mucho esfuerzo por parte de todos. Este es uno de los peligros básicos de la revolución.
En los países democráticos también hay gente que piensa que cambiando al gobernante los problemas del país se van a solucionar. Forma parte de un mecanismo psicológico comprensible, pero por comprensible no deja de ser absurdo y fatal. El caso de España es muy claro, pues hay mucha gente que piensa que el país se va a recuperar mágicamente cuando llegue Rajoy a la Moncloa. Todos conocemos gente que piensa esto, es muy habitual por mucho que esta argumentación no se sostenga al análisis ni medio minuto. Pero en cualquier caso, en un país democrático, la decepción cuando esto se demuestre falso puede traer como mucho desapego de la política y depresión.
En cambio en un país en plena revolución, este sentimiento de decepción puede ser fatal. Si un nuevo gobierno no consigue mejoras en un plazo breve de tiempo se puede generar una nueva ola revolucionaria que lleve a los elementos más populistas y radicales al poder, y eso sí que puede ser un peligro. Deberán los miembros victoriosos de la revolución triunfante vacunar a la población contra este mal si no quieren tener problemas.

La mayoría de los países occidentales, y sobre todo el oriental Israel, han temido la caída de Mubarak. Temen que la salida del militar laico pueda llevar al país a tener un gobierno Islamista y que éste se comporte como el de Irán. El temor puede ser normal, pero cuando este temor se convierte en política de estado o en una argumentación para apoyar al dictador nos encontramos ante algo perverso. Esto es lo mismo que decía Franco, “o yo u otra guerra”, “o yo o el comunismo”, y esto le valió el apoyo de los EE.UU y muchas democracias occidentales.
No, no se puede contener la legítima revolución contra un dictador por miedos de este tipo. Los riesgos existen, es cierto, pero usar esa argumentación y apoyar a Mubarak para evitar los riesgos llevaría a la larga a que sucediese precisamente lo que se pretendía evitar. Los hermanos musulmanes, grupo islamista de Egipto, ha aumentando su apoyo con los años a pesar de estar ilegalizado. ¿Por qué? Muy sencillo, los hermanos musulmanes tenían colegios, hospitales, caridad, y todo esto lo tenían en un país pobre donde mucha gente pasa necesidades. Fortalecer a Mubarak, fortalecer la dictadura, sólo hubiese valido para que grupos como este aumentasen sus apoyos, por un lado, y se radicalizasen por otro. Y precisamente esa radicalización es lo que se pretende evitar. La represión crea, como siempre, un ciclo de retroalimentación perverso.
No, más vale que ahora los hermanos musulmanes adquieran responsabilidades junto con otras fuerzas de carácter laico, más vale que en este ambiente de revolución victoriosa se comprometan a un acuerdo con el resto de fuerzas y aseguren que no van a conculcar las libertades civiles en Egipto. Y si hacen esto y luego gobiernan, pues por lo menos que sean equiparables al partido Islamista moderado que gobierna Turquía. Eso es lo que hay que lograr, una moderación de este partido, y no su contención contraproducente.

La revolución de Egipto es un acontecimiento muy importante, y desde un posicionamiento democrático, liberal o izquierdista, creo que merece ser apoyado. Esta revolución es buena, su génesis y motivación es bueno, pero que el origen de una revolución sea bueno no implica necesariamente que ésta acabe siéndolo. La revolución Iraní también fue lógica y positiva, lo que no fue positivo en absoluto fue su desarrollo posterior con el ayatolá Jomeini acabando con el resto de grupos que habían hecho la revolución con él y con las libertades en Irán.
Lo importante para Egipto empieza ahora, pues ahora llega el momento de construir. Mubarak debía ser derribado, pero ahora lo importante es construir algo mejor que lo anterior. No parece muy difícil, pero debemos desear y exigir la máxima responsabilidad de los agentes políticos del nuevo Egipto para no convertir esta revolución en algo nocivo para el país. La verdadera revolución, la revolución donde se va a ver la verdadera valía de los movimientos políticos en Egipto, comienza ahora.

5 comentarios:

  1. Me ha parecido un artículo muy razonable, Pedro.

    Lo cierto es que esta "revolución" (de dudoso beneficio) nos ha pillado por sorpresa en Occidente y en el mundo "blanco".

    Siempre hemos pensado en el Talibán, Hamás, Hezbolá, y al Qaeda pero en el fondo igual pensamos que el Mubarak iba a resistir y al menos congelar las revueltas en su patria.

    Incluso, deberíamos haber tomado en cuenta que tras las revueltas en Irán en 2009, nada iba a ser igual en esa zona del mundo.

    Lo cierto es que no sé si los dictadores esos son "aliados incondicionales" de Occidente. Los tiranos que dirigen gran parte del mundo islámico no están ahí para proteger a España, por ejemplo, de un nuevo "califato" (algo risible, además -- sólo hay que ver las trifulcas y peleas entre Irán, Afganistán y Pakistán para darse cuenta que eso de un "imperium" islámico unido es un sueño que jamás se verá realizado).

    A los musulmanes les pasa mucho como a los españoles: mucho ruido, pero poca unidad por no decir NINGUNA.

    Hay que ser aliados, en mi opinión, de las poblaciones de esos países más que de sus dirigentes. Occidente nunca fue un "aliado" de Egipto -- fuimos aliados de Mubarak. De hecho, ya hemos visto el "miedo" entre algunos que no piensan que hay más "seguridad" con Mubarak.

    No sé por qué la gente está tan sumamente sorprendida, Pedro. Si se lee la biografía del bueno de Bush II, un buenísimo libro que recomiendo, él desde siempre habló de que había que presionar a Mubarak para democratizar más.

    Sin embargo ninguno de los esfuerzos de Bush se pudieron traducir en soluciones a largo plazo porque existe en Occidente cierta mentalidad de que los "moros son unos salvajes y unos analfabetos que no quieren saber de derechos civiles ni democracia".

    Pues mira, yo tengo más confianza en las personas incluido los árabes: en la Pza de Tahrir, dudo mucho mucho que todos los que arriesgaron su vida ahí, con niñas incluso, querian un gobierno islamista y un Talibán en el Cairo.

    Al menos quieren, en teoría, dignidad y respeto, junto con cierta libertad.

    Como BIEN DIJO Aznar en su opinión en el ABC ayer: "hay que dejar de lado el falso concepto de que el Islam es incompatible con la democracia". De hecho Aznar, como sabes, tiene la misma postura que yo incluso para Europa: que Europa debería acostumbrarse a que el Islam ahora es parte del panorama europeo y hay que convivir con ellos.

    Por último, hay que dejar de ignorar los problemas y decir "no pasa nada. Sí, sí pasa algo: muchos árabes están hartos de la pobreza y de regímenes corruptos. Hay que hacer mucho más esfuerzo en entender a los árabes y trabajar junto con aquellos que quieren reformas democráticas antes de que sea demasiado tarde para nosotros. ¿Has leído las notícias de hoy sobre Argelia?

    En fin, eso es todo por ahora.

    PD: Muy de acuerdo también con lo que dices del nivel de vida versus el de Egipto y la comparación con España aunque cuidado Pedro -- aún no sabemos qué efectos perversos podría tener aquí la tasa de paro juvenil.

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  2. Lo que me escama es que halla sumido el ejército el papel transitorio.
    Hay veo un riesgo, puede generar frustración en el pueblo si no se dan pasos pensados y rápidos.
    Al fin y al cabo ahora tiene el poder el que fuera ministro de Defensa.
    Un saludo.

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  3. Y yo que veo en aquel derivo de la estatua de Sadam Husein por los marines americanos el desencadenante de todo lo que ha ido ocurriendo después en el espacio árabe-iraní : expulsión de las tropas sirias de El Líbano tras el asesinato de Hariri, desarme NBQ de Libia y fin de su ingerencia en los países vecinos, revuelta democrática en Irán, secesión de Sudán del Sur y las actuales revoluciones tunecina y egipcia.

    Sí, según este modo de ver las cosas que yo tengo, estamos recogiendo ahora los frutos de la perseverancia del odiado y criminalizado "W".

    En este sentido también, por el acertado uso de los servicios de inteligencia y su gusto por las acciones encubiertas y de guerra psicológica, Obama se ha convertido en el perfecto discípulo de aquel tan recordado "Ike".

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  4. Alfredo,

    Esencialmente de acuerdo con tu comentario. Eso sí, no acabo de entender el súbito enamoramiento que has tenido de Bush Jr. desde que leiste sus memorias. Las memorias son siempre libros edulcorados y bastante manipulados, y las que he leído siempre me han producido reservas.

    Mentalista,

    Parece que hay una coincidencia casi unánime de que los militares van a abrir un poco la mano. Lo que no sé es si van a aceptar su sumisión al poder civil, si van a intentar seguir mandando en la nueva democracia, o si van a hacer algo parecido a la "democracia vigilada" del Chile post-pinochetista. Me inclino por la tercera opción.

    Molí,

    Hombre Molí usted puede ver lo que quiera, pero me parece francamente un argumento increible. La caída de Mubarak es totalmente contraria a la de Sadam por una razón fundamental. La caída de Sadam respondía exclusivamente a los intereses occidentales y más concretamente norteamericanos, mientras la caída de Mubarak es peligrosa para los intereses más que de occidente de su alidado en la zona, Israel. Si los EEUU han apoyado la salida de Mubarak a media revolución es exactamente por las tendencias diplomáticas contrarias a las de la época Bush, es decir, por un pensamiento típicamente demócrata de apoyar la lucha contra un dictador como causa justa.

    En mi opinión el "odiado" W lo único que produjo es el auge del islamismo en los países donde entró. Estos hechos creo que responden a una dinámica autónoma del norte de áfrica y oriente medio, mucho más condicionada por su situación económica que no por aquellas acciones invasivas que sólo podían producir el efecto contrario al deseado.

    Saludos,

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  5. Perdona Pedro, pero a mí SIEMPRE me gustó la figura de Bush. No sé por qué estás tan sorprendido. Bush II ha sido uno de mis presidentes favoritos de los EEUU porque su política exterior es exáctamente la que yo defiendo...

    Si lees su bio, además, se nota enseguida su tono y su autoría, pues Bush será muchas cosas para mucha gente, pero es totalmente honesto y franco, lo cual para mí es otro punto a su favor.

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