La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 10 de marzo de 2011

A vueltas con la productividad





















Hay un interesante fenómeno en la política de los últimos años que merece la pena observar. Cada vez que se quiere llevar a cabo una medida política o económica impopular lo que se hace es bombardear a la población diariamente con noticias y estudios que convierten a la medida en inevitable, para posteriormente, cuando la población ya haya asumido que es inevitable una reforma en ese sentido, presentarla políticamente y aprobarla con muchas menos consecuencias políticas y sociales que si se hubiese hecho de primeras.
Esto ha pasado con el abaratamiento del despido, que era tan inevitable y tan bueno que el paro sigue subiendo, ha pasado con el retraso de la edad de jubilación (aunque yo esté parcialmente de acuerdo con esta medida como ya expliqué hace un par de entradas), ha pasado con las medidas de austeridad y ahora parece que va a pasar con la doctrina Merkel de relacionar los aumentos salariales a la productividad.

Lo bonito del concepto productividad es que es muy fácil de entender, pues representa la relación entre la producción y los recursos empleados para conseguirla, y será mayor si se aumenta la producción con los mismos recursos o si se mantiene la producción con menos recursos. A pesar de ser tan fácil, el bombardeo mediático nos hace creer que el factor fundamental en el aumento o disminución de productividad son los salarios de los empleados, cuando esto no es así la inmensa mayoría de las veces.
La productividad se puede mejorar de infinitas maneras. Reducir los salarios es una, mejorar el rendimiento individual por trabajador es otra, pero hay muchas más: Modernizar los bienes de equipo, implantar procedimientos de gestión modernos y eficientes, minimizar los costes superfluos, mejorar la ingeniería de producto, minimizar las malas prácticas productivas, externalizar algún servicio, etc, etc.
Cualquiera de estas acciones bien aplicadas mejoraría la productividad y posiblemente mucho más que la contención salarial, pero claro es siempre mucho más fácil contener salarios para ganar competitividad y productividad que aplicar cualquiera de las otras medidas que requieren capacidad, talento, originalidad y una gestión moderna empresarial, algo que muchas empresas ni tienen ni quieren tener.

Desde un punto de vista de país y de economía nacional, la búsqueda de la productividad por la vía exclusiva de la contención de salarios es un disparate y un suicidio económico que nos llevaría a arruinar nuestra economía a medio plazo. Cuando se bajan o contienen los salarios lo que estamos consiguiendo es que las empresas tengan mejores resultados. Incluso si aceptásemos el falso dogma de que los beneficios empresariales repercuten de forma íntegra o mayoritaria en nueva inversión empresarial o productiva, nos encontraríamos ante dos realidades: Empresas que con más beneficios invierten más y generan más puestos de trabajo; y empresas que están consiguiendo sobrevivir gracias a la contención salarial.
En el caso de las primeras podríamos decir que el efecto es positivo (siempre asumiendo la reinversión, algo a veces falso) pero en el segundo caso lo que estaríamos consiguiendo es simple y llanamente alargar la agonía de nuestra economía, por mucho que salvásemos puestos de trabajo provisionalmente. Una empresa que sólo puede sobrevivir reduciendo salarios es una empresa que no tiene futuro en la mayoría de ocasiones. Este tipo de empresas tienen una productividad bajísima y aportan un valor añadido prácticamente nulo. Es posible que sean las peores entre sus competidores o que estén intentando competir con países de bajo coste con sus mismas armas. En cualquiera de los dos casos la empresa no tiene futuro y la reducción de salarios es simplemente un cuidado paliativo para evitar su muerte prematura.
¿Puede un país centrar su futuro económico en salvar empresas así? Puede hacerlo durante un periodo corto de tiempo para evitar despidos, pero esa estrategia económica es un suicidio. En pocos años estaríamos de nuevo con el agua al cuello, con problemas de competitividad enormes y nos podríamos encontrar en el caso de que reducir más los salarios podría llevar a los trabajadores a estar por debajo de la línea de la pobreza relativa (imaginad el efecto terrible sobre el consumo). Esta vía exclusiva es, por tanto, suicida.
No, necesitamos urgentemente una economía que potencie las buenas prácticas, la eficiencia en el uso de recursos y el valor añadido. Esa es la política que debemos hacer, no la de contención de salarios.

Estas ideas de relacionar el salario a la productividad pueden parecer interesantes a muchas personas. Siempre hay trabajadores que creen que son más productivos que sus compañeros. Creen que producen mucho más que otros que cobran lo mismo que ellos, y por lo tanto creen que una medida de este tipo les beneficia.
Mirad, yo soy un trabajador productivo. Quizá le he hecho ganar a mi empresa cientos de miles de euros brutos el año pasado, quizá millones. Podría darme golpes en el pecho como si fuera King Kong y venir a hablar de lo productivo que soy y de que me deben subir el salario mientras a otros compañeros se lo deben congelar…Pero si hago eso, digo estas cosas demostraré ser un idiota que no entiende nada.
Yo, que trabajo en un departamento de ventas, tengo un trabajo que, cuando va bien, tiende mucho a argumentaciones de este tipo. Me puedo llegar a creer que los beneficios de la empresa los consigo sólo yo por mi capacidad, talento negociador o por otras habilidades, pero eso es una farsa. Para que yo pueda vender tengo que tener un departamento de soporte detrás que me asista en todo el ciclo comercial, debo de tener un producto o un servicio de calidad que consiguen otros departamentos distintos al mío. Mi empresa requiere, además, gente en RR.HH, en medio ambiente y calidad, requiere gente en administración, etc, etc. Yo soy, pues, una parte de todo un equipo que trabaja al unísono y en el que todas las piezas son importantes, más o menos pero lo son.
¿Cómo se puede valorar mi productividad personal? Es, sencillamente, imposible. Se podrá valorar si hago un buen o un mal trabajo pero no me pueden medir la productividad. Si yo digo que he ganado millones de euros para mi empresa ¿no pueden decirlo las personas de RR.HH que me seleccionaron? ¿no pueden decirlo aquellas personas de soporte que consiguen que todo vaya perfectamente? Es incuantificable.
Por lo tanto la productividad de una empresa sólo se puede medir en términos globales, de empresa. Recursos por un lado y producción (y por lo tanto beneficios) por otro. Que nadie se engañe pensando que un sistema así le puede beneficiar respecto a otros compañeros porque eso es falso. Si estás en una empresa muy productiva posiblemente te beneficie pero, ¿y si pierdes el trabajo y acabas en otra empresa menos productiva?
En la empresa donde trabajaba antes era mucho menos productivo de lo que soy ahora. La empresa era una Pyme, con prácticas empresariales bastante deficientes y a veces incluso delictivas. Yo trabajaba casi igual que ahora, pero mi productividad era mucho menor al estar limitada por el producto, la gestión empresarial, la marca, los compañeros…Esta es una realidad que me ha hecho entender que realmente dependemos mucho más de la globalidad de lo que queremos creer, exactamente igual que nos pasa como ciudadanos en la sociedad.

¿Se aplicará la doctrina Merkel? Me temo que todo apunta a que sí, por lo menos a que iremos a un sistema mixto de incrementos salariales. Temo bastante lo que puede llegar a pasar para los trabajadores, pues la mayoría de las empresas españolas son muy poco justas y suelen utilizar estas realidades para reducir costes y no para lo que han sido creadas.
A mi no me afectará en exceso, pues ya tengo un sistema mixto de aumentos salariales (dependen del IPC, de mi valoración de competencias anual y de los resultados de la empresa) y mi empresa se ha mostrado bastante legal en este aspecto. Pero un sistema así aplicado mayoritariamente, o un sistema por objetivos, sería una fuente de picaresca latina y de engaño a los trabajadores. Y un sistema así mal aplicado a lo que llevaría es exactamente a lo contrario de lo que se piensa, llevaría al descenso del rendimiento individual por trabajador al sentirse este engañado por su propia empresa.

Los asalariados se suponen que venden su trabajo por un dinero anual menor a su productividad a cambio de no asumir riesgos. Parece que lo que se pretende es, en cierta manera, hacer partícipes a los trabajadores de los beneficios o pérdidas empresariales. Bien, si lo que se quiere es evolucionar hacia este sistema a mi no me parece mal. Pero si se hace que se legisle muy a fondo, que se negocien muy bien los convenios y que se cree un sistema donde el fraude empresarial vía ingeniería fiscal u otra vía diferente no sea posible.
Si realmente de lo que se trata es de apretarte el cinturón cuando las cosas van mal, pero a cambio tienes beneficios extraordinarios cuando van bien, no me parece algo tan malo. Lo que me preocupa es la aplicación y que la teoría se convierta, como tantas otras veces, en puro maquillaje para obtener un objetivo mucho menos honesto: La reducción de los costes laborales a cambio de nada.

6 comentarios:

  1. Me preocupa esa visión cortoplacista de las políticas para la competitividad.
    Siempre paga el mismo.
    SAludos

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  2. Pedro, sin entrar muy a la cuestión, me he reído un poco con esto:

    "Hay un interesante fenómeno en la política de los últimos años que merece la pena observar. Cada vez que se quiere llevar a cabo una medida política o económica impopular lo que se hace es bombardear a la población diariamente con noticias y estudios que convierten a la medida en inevitable, para posteriormente, cuando la población ya haya asumido que es inevitable una reforma en ese sentido, presentarla políticamente y aprobarla con muchas menos consecuencias políticas y sociales que si se hubiese hecho de primeras.
    Esto ha pasado con el abaratamiento del despido, que era tan inevitable y tan bueno que el paro sigue subiendo, ha pasado con el retraso de la edad de jubilación (aunque yo esté parcialmente de acuerdo con esta medida como ya expliqué hace un par de entradas), ha pasado con las medidas de austeridad y ahora parece que va a pasar con la doctrina Merkel de relacionar los aumentos salariales a la productividad."

    ESTOY MUY DE ACUERDO. Se bombardea a la población durante un par de meses en los medios con la misma notícia (se hizo con el tabaco) y hala, nueva ley, nuevo recorte de la libertad o en este caso, de lo que sea.

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  3. No recuerdo si en alguna ocasión expuse aquí lo que voy a exponer ahora, pero por si acaso lo expongo de nuevo:Siempre he sentido admiración por los países más avanzados de Europa (Francia, Alemania, Holanda, Suecia…) no sólo porque allí tienen una derecha vanguardista, moderna, racional, moderada, libres de dogmas religiosos y rompedora con el radicalismo–en España, mientras el PSOE se desvinculó de Marxismo hace 30 años, el PP aún no ha condenado el franquismo, es más se reamirman en ello “sin complejos–sino también por la mentalidad de esos europeos.

    España en todo eso sigue siendo “different”. La gran mayoría de empresarios sólo piensan en negocios fáciles y en pelotazos urbanísticos, inmobiliarios o de otra índole, que los hagan ricos sin pegar un palo al agua. Al trabajador “por imperativo legal” le hacen un contrato de 40 horas semanales a una jornada de 8 horas diarias; pero lo hará trabajar 14 e intentará pagarle 6. Nada que ver con la mentalidad generalizada del empresario alemán o de otros paises. El (I) WIN = (You) WIN. Si yo (el empresario o la empresa) GANA, Tú (el trabajaror) GANAS. Llegados a éste punto, si por la crisis la Empresa ve reducidos los beneficios, los trabajadores no tendrán incoveniente en durante ese periodo trabajar menos horas o rebajarse los sueldos, como de hecho ya se hace en Alemania.

    Aquí en España no. Aquí se aprovecha la crisis para hacer ERE’s y prejubilaciones, pechar a una buena parte de la plantilla. Otras empresas más pequeñs, han aprovechado la coyuntura y con la excusa de la crisis han reducido algunos trabajadores, pero el volumen de negocios ha seguido casi igual; con lo cual la plantilla que ha quedado los tienen superquemados, porque donde en el trabajo que antes sacaban entre doce empleados, ahora lo hacen nueve. Todo ello sin hablar de horas extras que no se cobran y relaciones laborales en la economía sumergida, que esa es otra.

    Por eso cuando alguien me habla de vincular los salarios a la pruductividad, en principio suena bien y estoy de acuerdo. Pero las cosas aquí son un poco más complejas cosas son un poco más complejas. España no es Alemania ni aquí se tiene la mentalidad ni la altura de miras que allí.

    A mí esto me recuerda a cuando mis abuelos y mis padres trabajaban en el campo de “sol a sol” para los terratenientes por lo que le quisieran dar. A veces por tan sólo por un saco de “papas” para poder mantener a los hijos. Y si en la familia de jornaleros tenían una mujer apetecible o hija de buen ver, el señorito tenía el derecho de pernada de beneficiársela sexualmente. Con la tímida Reforma Agraria y las protestas de los jornaleros durante la República, los terratenientes preferían dejar perder las cosechas sin recoger, antes de pagarles a los jornaleros un salario decente para vivir con dignidad. Cuando éstos iban cada día a la plaza del del pueblo a para pedir ir al tajo al día siguente los señoritos les decían: “Comed República”. Se dice que uno entre los tantos factores que hicieron fracasar la República de 31, fue que España era un país atrasado, aún feudal y muy influenciado por la Iglesia. Creo que, hoy por hoy, poco hemos cambiado.

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  4. También escucho y leo por los medios muchos análisis de expertos en el que dicen que gran parte de nuestra crisis, aparte del gran porcentaje de paro, es la poca demanda interna. Y es verdad: si no hay consumo, las empresas no pueden vender los productos o servicios que ofertan, y como consecuencia, menos crecimiento, más despidos, más paro y más pobreza. Un círculo vicioso. Es de cajón. La pescadilla que se muerde la cola. Estos expertos tampoco ignoran la filosofía de empresario estadounidense, Ford, que decía que había que pagarles el salario suficiente a sus empleados para que éstos pudieran comprar los coches que salían de sus fábricas, los propios coches que los mismos trabajadores fabricaban.

    Entonces ¿Cómo es posible entonces que el Presidente del Banco de España, el del Santander, el del BBVA, el de las Cajas de Ahorros, la CEOE, políticos, economistas, organismos económicos, financieros y empresariales pidan para ser competitivos y salir de la crisis bajada generalizada de salarios? Y no sólo eso, sino que resulta obsceno, pornográfico e indignante que los mismos que predican, por qué no dan trigo y ejemplo? ¿ Por qué siguen manteniendo contratos, salarios, prejubilaciones y pensiones brindados y que para cualquier trabajador doblando el lomo o sufriendo stress no ganarían ni siguieran viviendo cien vidas?

    No soy ningún experto en economía, pero insisto, bajar salarios para ganar en competitividad es un tremendo error: en vez de evolucionar y avanzar, cada vez somos más pobres; vamos para atrás como los cangrejos. Lo mismo puede decirse de la tendencia cada vez generalizada "low cost" de los productos y servicios.Por una parte está bien porque es más fácil acceder a ellos, pero la calidad del producto por fuerza tiene que ser inferior. Puede haber excepciones: compro marcas blancas en Eroski y Mercadona y no he notado mucho la diferencia.

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  5. Hola,

    Runaway,
    Estoy de acuerdo en tu percepción sobre la "derecha" hispana. Te sorprendería saber que muy probablemente Alfredo comparte la misma opinión que nosotros en este ámbito.

    Sobre el empresariado también estoy bastante de acuerdo y como bien sabes esta es una de las críticas más frecuentes de este blog. Yo he encontrado empresas decentes y donde vale la pena trabajar, donde el trabajador el valorado, donde los objetivos son realistas, donde hay unos planes de carrera adecuados. Pero antaño conocí empresas que eran totalmente lo contrario.
    Yo creo que, desde el poder público, hay que potenciar las primeras y minimizar las segundas. Como dije el otro día la crítica a la empresa o al empresario no puede ser por su naturaleza, si no que debe ser por sus actos y como se comporta. Una empresa que otorga buenos sueldos y buenas condiciones laborales, que ejerce con cierta responsabilidad social y es respetuosa con la legislación, yo la quiero en mi país. Lo contrario no lo quiero y creo que debe ser desplazado, aunque es necesario hoy en día para no perder puestos de trabajo.

    Al final es todo uan cuestión de mentalidad. En países decentes y con una mentalidad más avanzada, ética y un tanto "colectiva", las buenas empresas abundan y los buenos trabajadores también, y eso repercute en beneficio de todos. En países más picaros, piratas y de aprovechados, las relaciones laborales se convierten en una guerra.
    Por eso creo que debemos insistir todos (y es lo que le comentaba a Nicolás en su último post) en el restablecimiento de la ética política y social como primer paso hacia un país mejor.

    Saludos,

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