La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 25 de abril de 2011

Vaciando el alma

Logo del Pub ROA, cedido por Vanessa para la ocasión.


No sé si para los católicos la semana santa es un momento de introspección y meditación o si simplemente se dedican a seguir los actos religiosos de manera monótona y a cumplir irracionalmente muchas o todas las obligaciones de esos días, pero en mi caso esta semana santa sí ha sido bastante introspectiva por motivos que nada tienen que ver con la religión católica ni su calendario de faustos. No hablo en absoluto en terminología política, pues eso para mi es un campo de reflexión e introspección continua e inacabable, hablo de reflexiones a nivel personal.

Quizá una de las cosas que me han hecho reflexionar es el dolor. Hace 2-3 semanas tuve picos de dolor bastante intensos de origen cervical. Yo no soy una persona acostumbrada al dolor físico, pues cualquier cosa que he tenido en el pasado no me ha durado más de 4 ó 5 días. De hecho, y sé que parece broma pero no lo es, cuando tuve que ir a urgencias hace tres semanas no estaba seguro de cual era mi hospital, y eso que llevo 25 años viviendo en la misma zona de Valencia.
Cuando notas mucho dolor según tus percepciones subjetivas del mismo te das cuenta que aquella frase de que lo más importante es la salud no es ninguna tontería. Con un dolor físico intenso el resto de problemas y preocupaciones se minimizan hasta prácticamente desaparecer. Hubiese dado lo que fuese por que ese dolor desapareciese y no volviese nunca más. Mi admiración hacia las personas que sufren dolores asociados con enfermedades graves y no se dejan vencer por el mismo e intentan desarrollar su vida con la mayor normalidad ha aumentado de forma muy importante.
Afortunadamente el dolor está remitiendo poco a poco estando ya en niveles fácilmente soportables. Aún así el deseo de que desaparezca definitivamente ocupa parte importante de mis pensamientos y me enfado al ver que la mejora no es todo lo rápida que me gustaría.
Pero esta experiencia es de hace semanas, no de esta semana santa. Mis pensamientos de esta semana han sido bastante menos físicos y localizables y bastante más abstractos y sentimentales. Tengo una especie de amalgama de sensaciones y pensamientos en mi mente que no sé como ordenar, así que iré expulsándolos conforme aparezcan. Espero que salga algo coherente.
El jueves pasado por la noche (o viernes de madrugada para los puristas) estaba con un amigo en un Pub que frecuento, el Pub ROA que se encuentra en la zona de ocio de Canovas en Valencia. En estos días de semana santa los Pubs están bastante vacíos, así que estuvimos bastante rato acaparando la atención de la dueña, Vanessa, con la que tenemos muy buena relación.
En un momento de la noche me dijo: “Desde hace unos años tu estás bastante más tranquilo y sereno, no como hace unos años que estabas mucho más revolucionado”. “¿Más revolucionado yo? ¿Cuándo fue eso?”Pues en 2007 o por ahí, que no te callabas nada”. Hablando con Vanesa sobre los cambios y la evolución de las personas concluimos que probablemente mi “cambio” se debió, además de a cosas de la edad, a conocer a mi novia y tener una relación estable.
No es la primera vez que me dicen que soy “mejor” desde que estoy con mi novia. Algunos amigos me han dicho que existen relaciones y personas que mejoran a otras personas y que eso es lo que me pasa a mí, que he sido mejorado por mi relación. La nula credibilidad de mis amigos ;-) siempre me hizo no darle demasiada importancia a eso, pero que alguien como Vanesa que no me conoce más que superficialmente me lo diga me hizo pensar mucho. ¿Será verdad? Probablemente sí.

Yo no era consciente de haber estado tan “revolucionado” en la época que decía Vanesa, aunque posiblemente sí uno o dos años antes, pero por lo que parece la percepción de la gente era esa. Mi novia dice que parezco un poco pedante y que no es sólo ni especialmente por mis comentarios ni forma de hablar, si no que es más bien por la pose que tengo, por mi forma de caminar y moverme, que parece que expresan ciertas formas de pedantería. Puede ser, de hecho sé que en la entrevista que hice para entrar en mi actual empresa hubo alguna persona a la que no le gusté especialmente precisamente porque parecía “altivo”. Afortunadamente la opinión del resto de decisores prevaleció. Yo siempre he pensado que las personas con las que hablo se llevan una muy buena impresión de mi y que soy un tío simpático cuando quiero serlo (quizá el problema es que no tengo especial interés en serlo), por eso me deja un poco descolocado estas cosas.
Hablando con una compañera de trabajo la semana pasada estuvimos comentando que las personas que trabajamos en ventas estamos forzados a tener cierta artificialidad en el comportamiento en horas de trabajo (tenemos que aguantar a gente inaguantable, tolerar cosas que no toleraríamos en otras situaciones, mostrar amabilidad en situaciones en que no te apetece…) y que precisamente por eso luego somos especialmente honestos en nuestro comportamiento fuera del trabajo y que tenemos menos tolerancia a aguantar gente que no nos gusta. ¿Será verdad? Sí, estoy casi seguro que lo es.

Eso de que “no me callaba nada” que dijo Vanessa creo que también es verdad. Tiene que ver con una cuestión de honestidad personal, tiene que ver con lo de las personas que trabajamos en ventas que comentaba antes, pero sí que es cierto que hace unos años era excesivamente impulsivo a la hora de decir lo que pensaba. Algunos amigos me llegaron a decir que parecía el Dr. House con su comportamiento brutalmente honesto.
Hubo personas durante aquel tiempo a las que les sentó fatal ciertos comentarios y opiniones mías. Alguno de ellos hoy ya no son amigos precisamente por esto, aunque siendo sincero tengo que decir que no lamento nada haber perdido aquellas amistades y que el tiempo me ha demostrado que hay gente a la que es mejor no tener como amigos. Pero a pesar de esto, a pesar de que no lamento las consecuencias de mis actos, sí comprendí que no se puede ser tan honesto y transparente en todas las circunstancias. Desde hace unos años soy bastante más reflexivo a la hora de decir lo que pienso. Si me preguntan directamente lo digo, pero si no prefiero obviar mis opiniones en personas que no son próximas e importantes para mí. En las que lo son lo digo porque creo que es mi obligación por mucho que a veces siente mal, aunque siempre hay formas y maneras de decir las mismas cosas y esto sí es muy importante tenerlo en cuenta. Suavizando las formas pero manteniendo la honestidad de mis opiniones no he herido, que yo sepa, a nadie importante para mi y todas estas personas han entendido que lo hacía por lo que yo creo que es su bien.

Respecto a las amistades estuve hablando con una amiga hace unos días sobre esto. Le comenté las pocas ganas que tengo de ver algunos amigos últimamente y que cada vez me circunscribía a un grupo más pequeño de amistades que, eso sí, son mucho más sólidas y leales. Cambiar cantidad por calidad podríamos decir. Hace unos años escuché una teoría que decía que había que cambiar de amigos cada 7 años, teoría que he reconvertido y hecho mía añadiendo que esto es así excepto para un pequeño nucleo duro, que son amigos para casi toda la vida.
Afortunadamente tengo la suerte de no tener enemigos. Yo no considero a nadie mi enemigo, aunque estoy seguro que por lo menos una persona sí se considera mi enemigo, y posiblemente alguna más que yo no sepa. Ha habido personas que me han hecho daño, pero he sabido siempre circunscribir adecuadamente esas decepciones para no llevarlas al extremo, o quizá el tiempo ha sabido curar cualquier cosa. Creo que esto debe ser así y que esta relativización y el no tener enemigos es algo positivo de mi carácter. Yo soy el amigo más leal pero creo que también puedo ser el enemigo más temible. Si alguna vez llego a considerar a alguien mi enemigo que los dioses le guarden porque lo va a necesitar.

Durante estos últimos días he hablado con muchos amigos y he sido confesor de muchas cosas. He visto gente que ha roto súbitamente relaciones que parecían solidísimas con sus parejas, he visto personas que han comenzado a sentir una atracción inaguantable por otras personas a pesar de tener una pareja consolidada, he visto gente que ha sentido de repente que necesita dar un gran cambio en su vida y hacer ya todo aquello que no había hecho hasta ahora con una peligrosa nostalgia del pasado.
Todas estas realidades que he conocido me han hecho pensar mucho. Por un lado he fortalecido esta convicción budista de que nada es eterno y todo esta sometido al cambio perpetuo. Justo cuando las cosas parecen congelarse, cuando la estabilidad y el inmovilismo parecen apoderarse de todo y fijar sus reglas para siempre, el cambio se apodera de todo y la vida de las personas y sus motivaciones cambian de forma radical.
Por otro lado me hado cuenta más si cabe lo difícil que es poder juzgar y entender adecuadamente las necesidades y comportamientos de las personas. Los parámetros que usamos en nuestra propia vida y en la de los demás se demuestran inservibles muchas veces en el análisis de otras realidades. Le decía el otro día a un amigo que se me hacía imposible juzgar a cierta persona que ambos conocemos por sus actos y que no lo haría nunca por varias razones. Y no es que me parezca bien el comportamiento de esa persona (que no me lo parece), sencillamente es que no quiero caer en una cortedad de miras que me lleve a cometer los errores que sí he cometido en el pasado.

Cuando analizo esta realidad personal y propia me siento un poco perdido. Me resulta bastante más fácil analizar la realidad de esta economía globalizada que nos está llevando a la ruina, la asquerosa corrupción y actuación del gobierno valenciano, las incomprensibles y antisocialistas medidas del gobierno Zapatero y la pasiva y ruinosa actitud del cuerpo electoral español; que analizar sentimientos y realidades propias.
¿Cómo se gestionan estos sentimientos y conflictos en la vida? ¿Hacemos como aquella frase que dice que hay que aferrarse a una convicción y defenderla sin dudas? ¿O lo ponemos todo en un relativismo total? Estoy seguro que el comportamiento adecuado debe estar en algún punto intermedio entre estas opciones, pero no sé a qué altura ni a que distancia de cada uno de los extremos.
En la entrada Qué es, para mí, ser socialista expresé los complejos equilibrismos que un socialista verdadero (no un farsante con carnet) debe realizar entre la libertad individual y el bienestar colectivo. En el fondo en cualquier faceta de la vida se deben gestionar equilibrismos y presuntas contradicciones, tomar decisiones flexibles y tener un comportamiento recto en el ejercicio de estas decisiones. Los extremos y las convicciones irracionales no valen, como siempre, para nada.

¿Qué demonios hace Pedro escribiendo sobre estas cosas? Os preguntaréis. No lo sé señores. Me apetecía escribir algo más personal y alejarme de la realidad sobre la que debo escribir, la realidad de la corrupción, la ruina y el insulto sibilino continuo al ciudadano que nos trae mi amigo el Sr.Camps y su atajo de opusdeistas presumiblemente corruptos. Escuchando una canción del grupo The Corrs llamada “Little wing” me vino la arquitectura de este escrito a la cabeza. Recomiendo la canción, aunque la letra poco o nada tiene que ver con lo que he escrito aquí. Valga todo esto para que conozcáis mejor a quien escribe estas cosas que aparecen por aquí de vez en cuando.
Me quedo con ganas de escribir sobre la crisis de los 29, pero igual en otro momento…

1 comentario:

  1. A mi me ha ocurrido todo lo contrario. Cuanto mayor me hago más radical me vuelvo en aquellos temas que para mi son trascendentales.

    Leyendo tu post he vuelto a recordar mis diez años de estancia en Valencia. Mis estudios y mis primeros años de trabajo en La Fuente de San Luis, Paterna y Torrente. Los mejores años fueron los últimos que pasé viviendo en el barrio de Ruzafa y algunas tardes y noches en la zona de Cánovas. No estaría mal volver veinte años atrás.

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