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lunes, 9 de mayo de 2011

Perspectivas SeR: La reforma de las pensiones

Hay que ver como trabaja el Sr.Júcaro. Justo teniamos recién publicado el número tres de perspectivas SeR y ya tenemos el cuarto, que versa sobre la reforma de las pensiones. Si lo llego a saber no publico la entrada sobre Joan Ribó (que está muy interesante por si no la habéis leído).
En este número tengo también una privilegiada aportación con dos escritos. El primero fue el inagural de este blog, Capitalización vs Reparto, escrito más bien técnico sobre los sistemas de pensiones de reparto y de capitalización. El segundo fue un escrito del verano pasado en La suerte sonrie a los audaces cuando se comenzaba a hablar sobre la extensión de la edad de jubilación.

Además de estas aportaciones me gustaría copiar un párrafo que escribí en una entrada de Febrero, de temática más genérica, sobre esta misma cuestión. Muestra bien cual es mi persectiva sobre el asunto de las reformas de los sistemas de pensiones:


Donde realmente creo que hay que hacer propuestas innovadoras es en la protección a los jubilados y a los ancianos. Existe un debate muy intenso en todo occidente sobre el retraso de la edad de jubilación, debate abierto ante el aumento de la esperanza de vida y la inversión de la pirámide demográfica. La izquierda real (no nominal) se ha situado frontalmente en contra de este retraso de la edad de jubilación por considerarla un recorte de derechos sociales.
Bien, creo que la izquierda se está equivocando. En mi opinión este rechazo responde a una línea inmovilista que ya he criticado con anterioridad cuya única visión es la resistencia a la conculcación de derechos sin entender la evolución del mundo.
La esperanza de vida, ciertamente, se ha alargado. Una persona de 65 años de este siglo está físicamente mucho mejor que una persona de esa edad hace 50 años, y por supuesto muchísimo mejor que una de hace 100 años. Esta realidad lleva a que la persona de 65 años hoy no sea dependiente, si no que pueda ser activa en muchos trabajos, y por otro lado hay que entender que tampoco tiene mucho sentido que alguien esté 35 años trabajando y luego esté 30 años cobrando una pensión.
Sin embargo el aumento de la esperanza de vida trae asociados también problemas. Aunque la gente se mantenga más joven durante más tiempo el alargar la esperanza de vida lleva a que aumente el porcentaje de personas que acaban sus días en unas condiciones totalmente dependientes, bien físicas o bien a causa de enfermedades neurodegenerativas. Muchos ancianos viven los años finales de sus vidas con una movilidad reducidísima y/o con enfermedades como el Alzheimer, y esto lleva muchas veces a terribles dificultades para sus familias.
Yo creo que este es el reto que debemos enfrentar. La dependencia es un nuevo horizonte que cada vez va a ser más frecuente, y anclarse en el concepto de pensión de jubilación como única necesidad de la tercera edad es un error y una falta de visión grave. Con esta realidad debemos entender que para una parte importante de la población no va a valer exclusivamente una renta vitalicia para poder atender sus necesidades, quizá a los que cobren las pensiones más altas sí pero ¿qué pasa con el resto? ¿Vamos a condenar a las familias a hacerse cargo de sus mayores 24 horas al día?
Nuestro estado del bienestar necesita avanzar muchísimo en este punto. Necesitamos residencias de ancianos, ayuda a domicilio profesional y cualificada, necesitamos establecer mecanismos para que las personas absolutamente dependientes no se vean abandonadas. Y esto, señores, cuesta mucho dinero.
Yo considero razonable extender la edad de jubilación más tiempo, a los 67 o incluso más si aumenta la esperanza de vida, pero también considero esencial solucionar el problema de la vejez y la dependencia. Creo que la nueva izquierda debe reformular esta parte del estado del bienestar con una idea simple: Más años de trabajo sí, pero más estado del bienestar que responda a las necesidades de dependencia también.
Las soluciones tampoco deben ser monolíticas. Se debe establecer un periodo final de la vida de los trabajadores mayores en el que prime el trabajo a tiempo parcial o a media jornada, quizá compatibilizándolo con parte de la pensión. A una persona de 65 años no se le puede pedir que se suba a un andamio, pero sí es un trabajador con muchísima experiencia que puede aportar y enseñar muchas cosas a los nuevos trabajadores. Los gobiernos y las empresas deben establecer mecanismos para flexibilizar y adaptar las condiciones de trabajo de estas personas y que no sean considerados cargas que se deben jubilar cuanto antes. He aquí una parte del “compromiso social” que una empresa debe ejercer con sus trabajadores más mayores.


Después de este resumen sobre mi posición os dejo con el número 4 de Perspectivas SeR:
 

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