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martes, 26 de julio de 2011

La disolución del stablishment político en Europa: UE, populismo e indignación















La matanza y atentado de Noruega del pasado fin de semana ha devuelto a Europa a una mirada introspectiva sobre su propia realidad. Después del pacto dentro de la UE para salvar Grecia y de los abrazos y besos que se dieron todos los líderes europeos que estaban encantados de conocerse después del acuerdo, nos hemos encontrado con un brutal crimen en la idílica Noruega, país fuera de la UE pero dentro del espacio común europeo y que representa una de las sociedades más avanzadas dentro del continente.
Puede ser muy complejo analizar las causas del atentado. Hay mucho odio, fanatismo personal del autor, posiblemente habrá parte de idiosincrasia interna Noruega que enlace directamente con su antiguo gobierno pro-nazi después de la invasión alemana; pero creo que también hay causas comunes con la mayoría de los países de Europa que son las que conviene analizar para poder sacar conclusiones, estas son: Reacción a una inmigración poco controlada, islamofobia, rechazo a la globalización y a la UE y resurgimiento del nacionalismo populista como producto de todas estas causas.

Los partidos que se suelen calificar en prensa como de extrema derecha, que siendo más rigurosos son partidos antiinmigración y nacionalistas populistas, están viviendo su edad de oro en Europa. En casi todos los países estos partidos están obteniendo los mejores resultados de su historia. Noruega, Suecia, Finlandia, Francia, Hungría, Dinamarca, Holanda, Austria...Los ejemplos son múltiples. Estos partidos son "nuevos", es decir, no son partidos tradicionales, aunque tienen más o menos relación con los antiguos restos del fascismo salidos de la Europa de entreguerras. En Francia Le Pen fue un antiguo colaboracionista, aunque su hija Marine está ya muy alejada de aquello. En Holanda, en cambio, este populismo antiinmigracionista está muy alejado del antiguo fascismo, pues llegó a tener incluso un líder homosexual. Las realidades e idiosincrasias de cada país ha generado alrededor de las ideas comunes básicas (antiinmigración, islamofobia, antiglobalización y reivindicación de las esencias nacionales) movimientos diferentes, que pueden ser homófobos, tradicionalistas y dialécticamente agresivos o pueden no tener casi nada que ver con eso.
La crisis económica que vive el mundo y más virulentamente Europa ha hecho aumentar el apoyo a estos partidos. Hay parte de miedo, de claro radicalismo que siempre aflora cuando los países entran en crisis, pero sería miope simplificar el análisis en eso. Asistimos claramente a una realidad compleja de disolución de las ideas que han sostenido la política y la economía durante los últimos 30 años y los ciudadanos, que no tienen alternativas en los partidos tradicionales, defensores y mantenedores de esas realidades oxidadas, buscan alternativas en los márgenes del sistema. Una globalización económica que ha producido la deslocalización industrial de las empresas europeas, mayor paro y un descenso del poder adquisitivo de los asalariados, una inmigración que ha producido efectos parecidos a la deslocalización convirtiéndose, de facto, en una deslocalización inversa (en vez de que la empresa busque a los trabajadores potencialmente precarizados desplazándose, se desplazan esos mismos trabajadores hacia donde está la empresa), una unión europea inmovilizada por los intereses nacionales de los países poderosos y que se muestra incapaz de defender el estado social europeo ni de exportar las ideas europeas fuera de nuestras fronteras; todas estas realidades están destruyendo la credibilidad y el apoyo a los partidos tradicionales (Socialdemócratas/Progresistas y Conservadores/Liberales) y potenciando a los que no forman parte de esta dualidad y tienen un discurso que se centra en criticar la realidad actual.

Está disolución de está produciendo por la derecha, pero también hay una disolución del escenario político europeo que se está produciendo por la izquierda. En este caso no hay ningún partido que represente este deslizamiento por los bordes izquierdos del sistema, pero sí se está produciendo en forma de frustración pasiva (abstención políticamente consciente) o activa (movimientos de indignados). Que no haya un partido ni un movimiento político tradicional de izquierdas que esté consiguiendo capitalizar esto se debe a una realidad circunstancial histórica, pues los partidos que podían estar llamados a dirigir estos impulsos, excomunistas y verdes, están con el pie cambiado o directamente están hundidos o fuera de la realidad. El excomunismo no es capaz de articular un discurso moderno que vaya más allá de las antiguas llamadas a la lucha de clases de la sociedad industrial, y por lo tanto es percibido como un movimiento anacrónico y obsoleto; y los partidos verdes no han sabido crear una concepción político-social sólida de la sociedad a la que aspiran, en parte por sus propios recelos y ganas, en muchos casos, de presentarse como transversales. La sociedad mayoritariamente los percibe como gente preocupada por los bosques y los animales, y políticamente esos nobles instintos no llevan a ningún lado.
Pero la izquierda política claramente se disuelve y la prueba más clara es el hundimiento radical de la socialdemocracia en todas partes. Los ciudadanos, que ven que los partidos nominalmente izquierdistas se dedican a bajar impuestos y recortar el estado del bienestar, se distancias de ellos y comienzan a articular el discurso de que todos los partidos son iguales y que el sistema está podrido: Es la antesala de la indignación, que es la antesala a su vez de la generación de un movimiento político todavía inconcreto.
Los indignados son más fuertes en los países periféricos de Europa por razones obvias, pero tardarán muy poco en extenderse por todas partes si no hay un movimiento político que los capitalice antes. Como dijo el ministro de economía italiano hace unos días, Europa es un Titánic y si se hunde no van a salvarse ni los pasajeros de primera clase.

En algún aspecto esta realidad puede recordar al escenario de la Europa de entreguerras, donde el fascismo y el comunismo iban comiéndole el espacio a la democracia liberal en crisis tras el crack del 29. No creo que la situación se parezca en gravedad y mucho menos en la virulencia de las alternativas situadas en los extremos, pero no estaría mal tener presente esa situación y sobre todo cómo se desactivó todo aquello. En el peor de los escenarios podríamos acercarnos a una situación similar a aquella, pero para ello esta nueva derecha populista y antiinmigración debería acabar copada por sus miembros más extremistas (homófobos, antiizquierdistas, defensores del uso de la fuerza), y esta izquierda indignada o pasiva acabar capitalizada por movimientos populistas de izquierda (¿Una especie de Chavismo a la Europea?), generándose un ciclo de enfrentamientos que retroalimentaría a los dos grupos.

Desde la izquierda no hay tiempo que perder a la hora de articular movimientos políticos claramente alternativos al establishment político-económico pero que a la vez deben se reformistas, sin intentar enrocarse en una política de máximos y que se centren en unos cuantos puntos esenciales y entiendan lo secundario de todo lo demás. No es fácil en absoluto, pues nos encontramos en una situación novedosa de construcción de abajo a arriba de base cooperativista y en red, y eso evidentemente es mucho más difícil que escribir un libro o manifiesto y creertelo a pies juntillas. Pero sí es interesante que nos demos cuenta que hay que empezar a construir alguna cosa sólida ya para marcar los pasos del futuro que llegará, y que no aparezcan los radicales y los populistas de la izquierda a pescar en estas aguas revoltosas.
Es muy importante entender la base de la frustración y qué puntos claves están siendo rechazados por la población europea: La globalización económica y la UE; y hay que ser capaz de dar respuestas en estos ámbitos. La nueva izquierda va a tener que enfrentarse, también, a dos cuestiones que van a ser conflictivas para sí misma pero que deben ser abordadas con valentía para dar credibilidad al movimiento político, y estas son: La gestión de la inmigración, y la clarificación de qué grado de proteccionismo económico queremos.
Como se siga hablando de un mundo abierto y se sigan obviando estos dos puntos claves en la realidad de la globalización que queremos reformar, poca credibilidad se va a tener. Tenemos claro que queremos estados sociales, que queremos controlar el capitalismo financiero, volver a distribuir las cargas fiscales de forma adecuada, que queremos volver a poner la economía al servicio del ser humano; Pero sin criterios claros sobre estos dos temas todo lo demás no va a pasar de una declaración de buenas intenciones.
Estos dos puntos a los que hay que dar respuesta son dos puntos básicos en los programas de la derecha antiinmigración, pero estas respuestas no deben ser en absoluto como las de aquellos. Un rechazo a los modelos actuales de Europa y de inmigración no deben degenerar en el rechazo absoluto y frontal de estas realidades, si no en una nueva arquitectura y gestión. Desde la izquierda no podemos querer destruir la UE porque necesitamos, para nuestra política supranacional de control del capitalismo financiero, no estar divididos en miniestados que se hagan la puñeta los unos a los otros y que actúen de manera egoísta contra el vecino. Debemos potenciar una unión lejos de los intereses de Alemania, lejos de los intereses del puro mercantilismo europeo, e intentar convertirla en un proyecto democrático, político y de extensión de los más básicos principios que nos unen, que no son ni el déficit ni el mercado abierto, si no que son el estado social, la política exterior encaminada a la paz y el control de los poderes económicos por parte de los poderes públicos democráticos.
Con la inmigración pasa lo mismo. Una regulación, control y limitación de la misma debe tener unos horizontes y objetivos claros de protección del estado social y la dispersión de renta, de preservación de cierta cohesión social y de protección de la calidad de vida de los inmigrantes con arraigo que viven en nuestros países. Esto, conceptualmente, es radicalmente contrario a la gestión de la inmigración basada en el miedo y en el instinto como hace la derecha populista.

Vivimos en la frontera con una nueva época. Las sociedades europeas ya han comenzado a moverse al margen de las ideologías (o ideología) tradicionales de forma imparable. Intentar persistir en la misma política que creó la crisis para salir de ella es un sinsentido que, aún saliendo relativamente bien y en el mejor de los casos, no llevaría más que a la paralización del problema que años después estallaría con más fuerza.
Es una época de reformulación ideológica y esta reformulación vale no sólo para conseguir el poder si no, fundamentalmente, para marcar los pasos y tiempos políticos de los debates futuros. No menospreciemos nunca el valor de una idea y olvidemos la época en que las ideas se sacrificaban para llegar al poder, pues ahora toca lo contrario, es decir, que el poder se sacrifique para conseguir las ideas. Siempre debió ser así y si lo hubiese sido seguramente no estaríamos así.

6 comentarios:

  1. Sin embargo, Pedro, hoy en el diario El País tienen un reportaje sobre cómo los jóvenes noruegos SÍ se identifican con el estado noruego y sí se sienten representados. Tú en Noruega (he estado) no verás a nadie decir "ellos no me representan", como ocurre en este país.

    Tema proteccionismo -- en eso vemos que tú y yo estamos "más o menos" de acuerdo (aunque yo jamás iré tan lejos como tú en lo de no comerciar con países que "violen derechos laborales" porque yo no tengo el mismo concepto que tienes tú sobre los derechos humanos - es más, rechazo el 80% de lo que hoy se reivindica como "derechos individuales" como bien sabes aunque estamos cercanos en esa postura de la protección comercial). Enlazando --

    dices:

    "no estar divididos en miniestados que se hagan la puñeta los unos a los otros y que actúen de manera egoísta contra el vecino. Debemos potenciar una unión lejos de los intereses de Alemania, lejos de los intereses del puro mercantilismo europeo, e intentar convertirla en un proyecto democrático, político y de extensión de los más básicos principios que nos unen"

    ¿Tú te crees que el Reino Unido tiene el mismo concepto de estado social que Francia o que incluso, Italia y España, Pedro?

    Aprovecho para preguntarte además otra cosa que he estado intentando preguntarle a mucha gente pero ninguno sabe darme una respuesta porque no estudian las cosas pero como tu si dominas los tiempos, sé que me podrás responder algo:

    en tu opinión, ¿qué dirías que esa nueva Unión que te gustaría fomentar debería hacer respecto a los países más "intransigentes" como Reino Unido? ¿No te parece vergonzoso cosas como el cheque británico y lo de Schengen? Con Schengen me refiero a que ellos no lo aplican mientras que nosotros sí para ellos, etc.

    En lo demás, me parece interesante que hables del "uso de la fuerza" porque efectivamente, es una de las cosas que más ha caracterizado a la derecha fascista contra la cual yo, por supuesto, me siento ajeno.

    También te diré que si hay alguien "europeista", cuando tengo en mente esa palabra, ese eres tú. Yo, soy todo lo contrario - nunca nunca me he identificado con la Unión Europea ni con gran parte de Europa -- sí con el mediterráneo, como ya te he dicho, pero más bien no necesariamente "cultural" (mi cultura personal es calvinista, sino de intereses geoestratégicos como contrapartida a los alemanes)...etc.

    Un saludo

    PD: Escribes con mucho menos frecuencia que antes. ¿Estás bien de salud, Pedro?

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  2. Hola Alfredo,

    Sí, estoy bien de salud gracias, lo que pasa es que he cambiado de domicilio y no tengo aún internet en el nuevo, por eso me cuesta mucho más escribir. A ver si es septiembre lo doy de alta.

    He leído el artículo de El País y es muy interesante, aunque creo que debemos entender que no es una verdad absoluta. Si en Noruega no hay indignados como aquí es por la sencilla razón de que tienen lo que aquí se reivindica: Una política representativa, seria, un estado del bienestar sólido, políticas sociales generosas, igualdad de renta e igualitarismo, etc.
    El asunto es que estos valores están en trance de ser destruidos, y cuando lo sean será cuando aparezca la indignación.

    En el tema del proteccionismo creo que nos podremos entender, porque donde yo veo conculcación de derechos tu podrás ver una ventaja competitiva que nos perjudica, y en cualquier caso podriamos llegar a la misma política final.

    Dices: "¿Tú te crees que el Reino Unido tiene el mismo concepto de estado social que Francia o que incluso, Italia y España, Pedro?"

    No, pero hay bases comunes, es decir, todos entendemos que debe haber sanidad y educación públicas, protección al desempleado, pensiones, ayudas sociales a quien las necesite, etc. Los mecanismos son distintos y la profundidad del estado del bienestar también, pero creo que hay bases amplias para poder fijar un estado del bienestar común con pequeñas adaptaciones.

    "en tu opinión, ¿qué dirías que esa nueva Unión que te gustaría fomentar debería hacer respecto a los países más "intransigentes" como Reino Unido? ¿No te parece vergonzoso cosas como el cheque británico y lo de Schengen?"

    El Reino Unido es evidentemente un problema para la profundidad de unión política que yo defiendo. Me parece que, si no se llega a aceptar unas bases comunes, deberemos ir a la europa de dos velocidades para poder avanzar.
    Respecto a los pactos pues creo que deben ser en todos casos mutuos, y quien no quiera aceptar un acuerdo en su territorio no debe ser incluido en el mismo a no ser que hayan razones que lo justifiquen.
    En cualquier caso que el R.U pueda saltarse los acuerdos y aplicar sólo los que quiera demuestra que la actual UE es un pasteleo donde los países hacen lo que les da la gana.

    "También te diré que si hay alguien "europeista", cuando tengo en mente esa palabra, ese eres tú"

    Bueno te respondo lo que ya te dije alguna vez. Para mi ser europeista es como ser españolista, es decir, políticamente ese adjetivo no dice nada.
    Yo creo en la Unión europea no por implicaciones emocionales ni por sentimientos patrióticos, si no porque creo que es un mecanismo para enfrentarnos al nuevo mundo de poderes regionales y porque creo que los valores comunes que hemos generado después de tanta desgracia en el siglo XX merecen la pena ser defendidos.
    Pero eso no implica que yo defienda este pasteleo que existe ahora y esta Unión ingobernable donde cada uno tira a su lado con la fatal consecuencia que acaba mandando Alemania. Esta no es la UE que yo quiero, yo quiero una reforma profunda.

    Saludos,

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  3. Bueno, debes dar por sentado que Reino Unido no aceptará esas "bases comunes", Pedro - más bien mi línea iba en el hecho de que más allá de eso que criticas del "pasteleo", tu ya has estado dentro del Reino Unido aunque por poco tiempo. Mi pregunta más bien iba en un sentido así: ¿qué cosas crees que ellos deben "ceder" y qué "beneficios" tiene eso para nosotros en España? Por ahí iba el sentido de mi pregunta.

    En cuanto a lo de los "valores comunes", mira ahí no estoy de acuerdo y lo sabes pero es una cuestión menor, ya que me interesa más el realpolitik de todo esto.

    Lo que sí te digo que he notado entre la juventud particularmente de España es precisamente eso que criticas de que al final "cada uno tira a su lado" (me lo dicen específicamente con la referencia británica en mente).

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  4. Alfredo,

    El Reino Unido debe hacer una cosa fundamental: Aceptar su decadencia. Es sencilla y llanamente eso. Y aceptar su decadencia lleva como consecuencia directa aceptar que por ti mismo no puedes hacer nada en este mundo, que ya no eres un imperio, y que por lo tanto hay que sumar fuerzas con otros países para defender posiciones comunes.
    El segundo paso ya será político: ¿Se quiere defender el estado social y una política exterior menos expansionista? ¿O se prefiere defender un sistema liberal-económico y una preponderancia militar y diplomática atlantista en el mundo? Si la respuesta es la primera, el Reino Unido deberá aceptar una pérdida de soberanía en favor de la UE en aras de favorecer esos valores. Si cree en la segunda, pues es posible que no pinte nada en la UE.

    Respecto a cambios a nivel legislativo y/o de sistema social pues hombre, entiendo que será más complicado el primero que el segundo por el sistema de la Common Law, pero bueno ahí tu eres el especialista.
    El sistema de bienestar del Reino Unido es diferente a los sistemas continentales o mediterráneos, pero tampoco creo que haya unas discrepancias grandes en ese punto. Lo veo un problema menor.

    No sé si estoy respondiendo a lo que me preguntas...

    Saludos,

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  5. Sí, por ahí iba el sentido de mi pregunta sí ---

    1. Bueno creo que desconoces que muchos ingleses "aceptan" su decadencia -- incluso eso se decía ya en los años 70 "decline is inevitable" y la Dama, la gran Dama dijo lo contrario y pudo revertirlo durante su poderío...pero hoy ya ellos no dicen que son "un imperio" te lo aseguro.

    2. Sobre lo demás...en cuanto al Derecho...y demás...no, si yo lo preguntaba más bien porque percisamente lo que más impide más "integración" con Europa es el sistema legal de allí, y no lo digo yo, lo dicen los propios "europeistas"

    3. Si tuvieras mucho "poder" e influencia para decidir, ¿les dirias que adopten el euro?

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  6. Alfredo,

    Yo es que creo que el Euro era el último paso después de una unificación fiscal, de renta y de políticas económicas. Sin embargo se hizo todo al revés, y se hizo una moneda común al más puro estilo de la dolarización que ya se demostró nefasta en países como Argentina, y de ahí vienen básicamente los problemas de la periferia de europa.
    A mi no me aporta nada el euro ni que nadie entre en el euro con la situación política y económica actual de la UE, así que no se lo podría pedir a nadie. De hecho, creo que el euro ha sido un gran lastre para países como el nuestro.

    Saludos,

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