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martes, 23 de agosto de 2011

La caída de Gadafi














Hay una cuestión psicológica que siempre me ha llamado mucho la atención, y es esa tendencia a pensar que en agosto no van a haber noticias interesantes. Parece como si el paralizar nuestra vida laboral debiese llevar al mundo a paralizarse también, una especie de egocentrismo que creo que es bastante común.
Por eso creo que nadie esperaba hace unos días que la última ofensiva de los revolucionarios Libios acabase con la entrada de las tropas del CNT (Consejo nacional de transición) en Trípoli y con la disolución de facto del régimen de Gadafi, del que quedan tan solo los restos a la espera de conocer el paradero del dictador.

Hace unos meses expresé en este blog mi conformidad con la resolución de las naciones unidas y la actitud de la OTAN en Libia, criticando tan solo lo tardío de ésta. Pensaba que con la declaración de una zona de exclusión aérea la revolución Libia acabaría con el régimen de Gadafi en cuestión de días como una extensión inevitable de la triunfante primavera árabe. Las noticias que daban los medios de comunicación, tendenciosas y algo sesgadas, ayudaban a esta percepción.
La realidad no fue así. La rebelión en Libia no tenía la fuerza suficiente para derribar a Gadafi, que consciente de lo que había pasado en países vecinos utilizó una fuerza brutal para reprimir las revueltas. Tan sólo una implicación activa de la OTAN a favor del consejo nacional de transición ha llevado a la victoria del mismo después de largos meses de guerra con muchos momentos de parálisis.
Si se hubiesen cumplido los pronósticos la revolución hubiese triunfado en pocos días con unas pocas bajas, pero cuando la rebelión se convirtió en guerra civil se generaron probablemente miles de víctimas que deben hacernos reflexionar. ¿Se tomó la decisión correcta? En Marzo dije que sí, pero ahora mismo y aunque resulte paradójico decirlo la víspera del día de la victoria, no tengo tan claro que se hiciese lo correcto, o por lo menos de la manera correcta.

La diplomacia es lenta, es soporíferamente lenta. Cada vez que hay que intervenir en algún país por motivos diversos siempre se llega tarde. Ya sean hambrunas o crímenes contra la humanidad cuando por fin se interviene la situación es catastrófica. Y en situaciones como las de una rebelión o una guerra, entre el comienzo de las negociaciones para una intervención internacional y la decisión de intervenir puede haber cambiado el escenario completamente. Eso es lo que pasó aquí, básicamente.
La solución a este problema no es fácil. Si se quiere multilateralismo (y esto es lo deseable) las discusiones y negociaciones infinitas van a continuar, matando la eficacia de las acciones de la comunidad internacional. Para que haya agilidad, en cambio, debería haber un policía de la tierra, un país que decidiese por sí y ante sí sobre la conveniencia de las intervenciones, pero eso nos llevaría a un imperialismo de facto y a tener que confiar en los criterios de un solo país y unos gobernantes.

La guerra en Libia supuso un dique de contención en las revoluciones árabes. El presidente Sirio Al Asad ha podido masacrar impunemente a su pueblo a sabiendas de que la comunidad internacional no iba a hacerle nada peligroso ante el estancamiento de la revolución en Libia. Siguiendo la doctrina de Gadafi de que en Túnez y Egipto la revolución triunfó por la debilidad de los gobernantes, Al Asad se ha sentido seguro hasta probablemente el día de hoy.
Los acontecimientos en Libia llenarán de moral a los rebeldes Sirios y generará dudas en el entorno de Al Asad. Y Bashar Al Asad no es Gadafi, es decir, no tiene esa aureola de líder que sí tiene el Libio y está mucho más cerca de un presidente como Mubarak del que se deshicieron sus colegas ante las dificultades. Las desafecciones a su alrededor pueden ser mucho más rápidas que las que tuvo Gadafi.
Mi deseo sería que Al Asad también cayese, y que esta revolución se extendiese a Irán. Lamentablemente este último deseo me parece complicado a día de hoy, pues en Irán hay varios factores diferentes al resto del caso: Hay un factor religioso clave en el régimen, no es un país árabe, tuvieron sus revueltas hace dos años con las últimas elecciones que manipuló Ahmadineyad, etc.

Al CNT hay que desearle suerte y acierto. Libia es un país tribal, menos homogéneo que Egipto o Túnez y previsiblemente de más difícil gobierno. Creo que el consejo hará bien de basar la transición en el mantenimiento de la nacionalización de las reservas petroleras del país (que no de la extracción) y no discutir sobre este punto, y empezar a construir un sistema democrático sobre esta base.
Mantener y extender los beneficios sociales que da al país sus reservas de petróleo sería la mejor manera de garantizar una transición exitosa. Si no se hace así no tardarán en aparecer nostálgicos de la mano de hierro del ex líder Muamar Al Gadafi.

1 comentario:

  1. Pedro: sé que lo haces con buena intención, pero el imperialismo de las potencias occidentales jamás será una opción para los oprimidos, por lo tanto estás, rotundamente equivocado. El ponerse a despotricar contra el régimen dictatorial de Al Gadafi es seguirle el juego a la CIA y a un CNT CON UN REDUCIDO APOYO POPULAR. La democracia se construye, no se impone a punta de cañones y mercenarios.

    Libia, gracias a las acciones bélicas de la benemérita OTAN, ha sufrido una regresión a los tiempos del entreguista rey Idris.

    Pedro, vosotros, los del norte, siguen pretendiendo que "nosotros" los del sur sigamos financiéndoles su desarrollo, mas la coyuntura histórica es otra, y la tragedia del pueblo libio es sólo uno de los últimos estertores de la bestia neoliberal.

    Saludes,

    Sociata Latinoamericano

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