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sábado, 22 de octubre de 2011

Breves reflexiones sobre el fin de ETA













No me gusta mucho comentar estos temas tan manidos y tantas veces hablados. Estoy seguro que en casi todos los blogs políticos hay algún escrito sobre el fin de ETA, analizando más o menos ampliamente su historia y su final. No es mi intención hacer eso y de hecho me da un poco de pereza escribir las mismas argumentaciones que se estarán repitiendo en otros sitios. Pero la actualidad manda.

Todos sabíamos que ETA anunciaría su cese de la “lucha armada” en poco tiempo. Le era demandado por todos y por todo, por la lógica, por la historia y hasta por su propia gente, era cuestión de esperar.
Los pasos que ha seguido la llamada izquierda abertzale durante los últimos meses dejaba claro que esto estaba al caer, y esa extraña conferencia de hace unos días con varias personalidades internacionales de relevancia pidiéndole a ETA el fin de la violencia hacía vislumbrar que a la actividad terrorista de ETA le quedaban horas. De hecho estoy casi convencido que el gobierno lo sabía.
La izquierda Abertzale y Bildu le han estado tejiendo a ETA un cómodo manto de excusas y de equívocos para que tomase esta decisión sin aceptar que estaba totalmente derrotada y acabada. Que fuesen Kofi Annan o Jerry Adams quienes pidiesen a ETA su final en base a unas declaraciones a favor de la paz y la concordia era la excusa perfecta para no aparecer derrotados ante sus seguidores y poder mantener el equívoco de que su casi medio siglo de crímenes ha sido algo más que una pesadilla sin sentido. La cuestión para ETA y su mundo ya no era su proyección hacia el futuro, si no la justificación de su pasado, que ha sido estéril y fracasado. La cuestión era poder generar un autoengaño colectivo dentro del mundo abertzale para poder hacer lo que había que hacer.

¿Valía la pena esa conferencia hecha para darle a ETA una salida “digna” a su final? Si bien es insultante que los criminales se auto convenzan de ser combatientes en una guerra entre iguales creo que debemos entender que esto no es más que propaganda para el autoconsumo abertzale y que nos debe importar bastante poco los pensamientos sectarios de quienes arrastran un fracaso de medio siglo a sus espaldas. Lo que importa son los hechos y no las palabras, y sí los afines a ETA se sienten más cómodos pensando en no sé qué escenarios imaginarios de un conflicto armado inexistente pues que lo crean. Si creer en cosas que no han pasado, si la fantasía histórica sirve para que el terrorismo acabe y la convivencia en el país vasco mejore, que se auto engañen lo que quieran.
La democracia Española no tiene ni debe entrar dentro de estas confusiones por útiles que sean. Un estado democrático no se debe poner a la altura de unos terroristas ni aceptar fantasías por útiles que sean, lo que no quiere decir que no pueda ser “generoso” en aras del interés general. Pero sí que es cierto que hay un punto oscuro en la acción del estado español democrático, que no justifica nada pero no debe olvidarse ni esconderse, y este es la guerra sucia contra el terrorismo.
La triple A, el batallón Vasco español, el GAL, etc. Muchos grupos dentro de la estructura de los cuerpos de seguridad del estado han cometido crímenes similares a los de ETA y, seamos realistas, no todos los responsables de estos crímenes han sido juzgados. La realidad de la España postfranquista fue complicada respecto a su relación con el ejército. Los continuos atentados de ETA desestabilizaron la democracia y llevaron a una parte importante del ejército a pensar (o a fortalecer sus opiniones preestablecidas) que la democracia era un régimen débil que permitía a los terroristas campar a sus anchas. Esta fue la razón por la que los gobiernos democráticos hicieron la vista gorda ante estos crímenes. Prefirieron que se matase etarras antes de que la democracia naufragase. Fue una válvula de escape contra el golpismo.
El uso electoral que se ha hecho del caso de GAL hace que todavía no se pueda hablar de esto con claridad. En este estado irresponsable de partidos políticos irresponsables que no son capaces de ver el interés del estado por encima de sus intereses políticos (aunque sí saben, curiosamente, ver este “interés general” cuando se trata de imposiciones económicas del exterior y ajenas a nuestra soberanía) hablar de esto provocaría orgasmos entre los profesionales de la política demagógica que aprovecharían el caso para intentar aniquilar políticamente a sus rivales ideológicos. Y eso, desgraciadamente, ha llevado al “limbo” este asunto.
El estado español no debe jamás ponerse a la altura de los terroristas y aceptar una dialéctica imaginaria, pero si es conveniente para el proceso de desarme y la concordia en el país vasco quizá sería positivo hacer una declaración solemne en nombre de las instituciones del estado contra los crímenes de la guerra sucia y aceptar que no se fue lo contundente que se debió en su contención y persecución. Este paso no es una cesión, no es una concesión de nada, es simplemente aceptar lo que pasó y ser valiente. Un pasteleo indigno con ETA nunca debe hacerse, pero ser honesto con la realidad es algo totalmente diferente y no debería confundirse jamás con lo primero.

Escuchaba el otro día unas opiniones encontradas sobre Bildu. Desde el nacionalismo y parcialmente desde el partido socialista se acepta que Bildu es la iniciativa de la izquierda Abertzale para llevar a ese mundo hacia las vías democráticas y para “persuadir” a ETA de que desaparezca. Desde el PP y UPyD, en cambio, se dice que Bildu es “parte de la estrategia de ETA”.
¿Quién tiene razón? A la vista de los acontecimientos, los dos. Bildu sí es una iniciativa para llevar a la izquierda abertzale al terreno de la política democrática, pero también parece ser parte de la estrategia de ETA, por lo menos de esa parte mayoritaria de ETA que quería dejar las armas definitivamente. La precipitación de acontecimientos desde la conferencia hasta la declaración de abandono de las armas deja claro que esto no es casual, sino que es parte de la misma “hoja de ruta”, que son hechos interconectados y muy probablemente marcados de antemano.
Esta dualidad de planteamientos, que no son excluyentes como vemos, no es más que parte de esta puñetera politización del asunto del terrorismo para ganar adeptos y votos. E independientemente de quién fuese el que empezó esta obscenidad política (que no obstante me parece que está claro), la cuestión es acabar con ella. Sería muy conveniente que se pactase entre los partidos cómo llevar el proceso de desarme de la banda y qué se puede conceder a cambio.
Me imagino que habrá quien diga que no se le debe dar a ETA ni agua. Este sentimiento es comprensible, pero no es serio. El propio final de ETA traerá asociado cambios inevitables, como el acercamiento de presos (la dispersión es fruto de la actividad del terrorismo, y sin éste no tiene sentido y va contra la lógica y las leyes penitenciarias) y la legalización de todas las opciones abertzales. Esto va a pasar y no va a ser una concesión, y quizá es interesante vendérselo al mundo abertzale y a la banda envuelto del color en que quieren verlo en aras del interés general. Una revisión de penas para quienes no tienen delitos de sangre tampoco parece descabellada si la banda, objeto causante de su condena, desaparece. Con cuatro migajas podemos allanar mucho el camino de la futura convivencia en Euskadi.

ETA era (y es, porque no está aún disuelta) un producto caducado hace muchísimos años. Su nacimiento y crecimiento fue durante la dictadura y su pervivencia más allá de ésta fue un contrasentido. ETA debió desaparecer cuando lo hizo ETA-pm. Sin embargo su posicionamiento absolutamente fuera de la realidad histórica fue tras la ruptura de la tregua del 98, que le llevó a ser un lastre del siglo XX extraviado en un mundo que nada tenía que ver con el que veían en sus mentes. La década y pico después de esto ha sido la mayor de las estupideces que jamás ha hecho un grupo terrorista.
Semprún decía que ETA era el último rastro del franquismo. Tenía gran parte de razón y de hecho los historiadores analizarán en el futuro en verdadero daño que la hizo la dictadura a este país, tanto en vidas como en progreso social, político y económico así como en todos los problemas que nos dejó. Muy probablemente si la democracia republicana hubiese pervivido ni este grupo ni otros como el FRAP, Terra Lliure o el GRAPO hubiesen existido. Que este país tenga que seguir viviendo las consecuencias de la rebelión del 36 a veces resulta descorazonador.

Esperemos que Rajoy sepa gestionar el fin de ETA con inteligencia, y francamente creo que sabrá hacerlo incluso actuando en contra de toda la demagogia que ha proferido estos años. En cualquier caso, viendo cómo está el mundo y cómo está el país, me parece que este va a ser el menor de sus problemas.

1 comentario:

  1. ETA siempre estará ahí, son terroristas y han nacido para extorsionar y matar si no se salen con la suy. Se puede hablar mucho, pero la relalidad es que aunque cese su actividad, etc, etc...siempre estará latente y expectante. No me fio de nada, ni de nadie. A un mes de las elecciones, vaya por Dios , ghacen su declaración levantando el puño. Me rio. LO que te dije el la entrada anterio y tu tambien has comentado; esto es todo una estrategia política de Bildu para ganar votos y debilitar tanto al PSOE(mas de lo que está), como al PP, por que le ven mucha fuerza a este partido y no desan mayorias absolutas, ya que de ser así no habría mandanga de la que chupar.

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