La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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viernes, 18 de noviembre de 2011

20-N: Esta vez me niego a pasar por el aro



















La mayoría de los electores españoles cree que en estas elecciones se elige quien va a gobernar en España. Pues no, eso no es así, lo siento. Cualquiera de los dos candidatos con posibilidades de llegar a la presidencia (bueno, realmente sólo hay uno) ya tienen escrito en el cajón de su escritorio las medidas que tienen que tomar, las reformas que tienen que hacer y qué impuestos deben subir y gastos recortar. Y si el elegido se hace el despistado, recibirá una llamada telefónica desde Berlín donde una nada agraciada dama le pedirá que coja lápiz y papel para apuntar las medidas que tiene que tomar. No hay más.

Imaginemos también, y sé que hace falta imaginación pero haced el esfuerzo, que Rubalcaba no es un engañador ni Rajoy un pusilánime sin convicciones, y alguno de los dos una vez en el gobierno se rebela contra las indicaciones recibidas al considerar que son negativas para España.
Bien, si ese improbable escenario se llegase a dar nuestro querido y flamante nuevo presidente sería fulminado de su cargo como le ha pasado a Papandreu o a Berlusconi, y sería sustituido por alguien sumiso a las indicaciones alemanas (que son, a su vez, las indicaciones de los grandes poderes económicos internacionales). Como en este país no hay tecnócratas como tal desde hace más de tres décadas el nuevo presidente saldría del entorno de los organismos económicos europeos o internacionales, con cargo vigente o que haya desempeñado un cargo en el pasado (¿Almunia? ¿Rato?).
Evidentemente esto no va a pasar, porque tanto el PP como el PSOE tienen asumido el papel de servidores de las ortodoxas recetas extranjeras, pero que nadie dude que eso sería así. Tal es la fuerza de estas doctrinas que podrían ser capaz hasta de producir lo impensable en España: La fractura de la disciplina de voto de un partido.
Creo que la conclusión evidente de todo esto la conocemos todos. Da igual quién gane este 20-N, las papeletas están ya repartidas y nuestro futuro escrito: Disciplina fiscal, reforma laboral, recorte de prestaciones sociales, aumentos de impuestos preferentemente indirectos, convergencia con las políticas económicas exigidas desde Alemania y, finalmente, desaparición de la soberanía económica teórica a favor de un macro ministro de economía europeo (nominal porque la real ya la perdimos hace tiempo).

Estas elecciones son, por lo tanto, una mera repartición del poder entre las dos fuerzas que dominan nuestra democracia y sus ejércitos de cesantes. Sueldos, dietas, contactos con el mundo empresarial, satisfacción de ambiciones políticas…Esto es lo que se decide y, si acaso, una redefinición de la moral de un ejecutivo vacío de poder económico y volcado en marranear con las leyes que tengan matices que no les gusten (pero no anular, no anularán ninguna de esas leyes).
En este contexto los ciudadanos tenemos dos opciones básicas. Podemos ser partícipes de este circo sin gracia votando, como siempre, a dos opciones que son sustancialmente iguales y que, si gobiernan, no van a aportar nada al país que no esté predeterminado ni van a aportar ningún valor añadido respecto al otro partido. Podemos pelearnos para que gane “el nuestro”, o sea el que creemos que es el nuestro, porque a no ser que seas Angela Merkel, un directivo de Goldman Sach, de una agencia de Rating o de un banco, un broker de bolsa o un miembro del club Bilderberg o la trilateral, que creo que no lo eres, ninguno de estos candidatos es el tuyo. Estos candidatos son de “otros”, y son de otros porque ellos mismos lo han decidido así. Seguir pensando que vale la pena depositar tus principios políticos en alguno de estos dos candidatos con sus respectivos partidos es, lo siento y perdonad si os ofendo, una ingenuidad que roza la falta de criterio.
Pero también hay otra opción: Decir basta y no ser colaboradores de este engaño democrático. Quizá mucha gente piense que no vale para nada rebelarse contra este sistema asegurado bajo 7 llaves que garantizan un turno vacío, quizá mucha gente piense que con estos escasos grados de libertad lo único que podemos hacer es escoger lo menos malo. No, no y no, esto es un error, es el mismo error de siempre, es el mismo error que nos ha llevado a donde estamos ahora.

Hay dos razones fundamentales que me permiten deciros que os equivocáis gravemente si pensáis así. La primera es una cuestión ética. El voto no es un juego, no puede ser una apuesta al azar, no se puede frivolizar con él. Cada vez que votamos estamos asumiendo una alícuota parte de responsabilidad, estamos colaborando con algo, nuestras manos se están marcando al confiar en algo o en alguien. Por supuesto que podemos equivocarnos y meter la pata una y mil veces, y creo que no se puede criticar jamás al que se equivoca por un análisis erróneo o al que es manipulado. Pero si aceptamos que el voto conlleva responsabilidad no podremos echarlo a la urna sin pasarlo por el filtro de la razón y el análisis.
Y si analizamos fríamente, ¿qué nos encontramos? Un país con un 20% de paro oficial, acosado por los mercados, con unas estructuras del bienestar tambaleándose, un país asolado por la corrupción (¡Hasta la familia real!), un país de enchufados y privilegios. Y esto, señores, no se crea en 4 años, ni en 10. Esto es causa de una serie de factores y de una serie de decisiones políticas que se han tomado en las últimas 2 décadas, además de otras causas estructurales internas y externas. Esto es responsabilidad del grueso de las administraciones públicas, del gobierno de la nación pero también de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, más irresponsables aún que la propia administración central.
Tolerancia a la corrupción, despilfarro, enchufe, ley del suelo de 1998, burbuja inmobiliaria, plan E, aeropuertos sin aviones y estaciones de tren sin pasajeros, monstruosidades arquitectónicas por doquier, jueces de partido, privilegios…Si tuviésemos que dar un nombre, englobar en dos palabras todo este desaguisado, yo tengo claras las dos palabras que usaría: PSOE y PP.
¿De verdad se puede, éticamente, con el corazón y la cabeza, confiar en estas fuerzas políticas? No lo entiendo, no puedo entenderlo. Creo que si votase a uno de estos partidos me sentiría incómodo el resto de la legislatura, me sentiría responsable e idiota ante el primer recorte o medida servil que haga el nuevo gobernante. Porque señores, es así como me he sentido en los últimos años, es así como me he sentido por el destino de mi voto en 2008. La verdad es que no sabía que iban a hacer lo que han hecho, pero sí sabía identificar sus corresponsabilidades con la crisis que se vislumbraba, las creadas en el periodo 93-96 y el 2004-2008. Quizá pensé que espoleados por la esperanza de Obama, que al final se quedó en nada, y por el refundador del capitalismo Sarkozy, hoy convertido en la mascota de la canciller Merkel, sabrían cambiar el rumbo de los errores de los años anteriores. No lo hicieron, y hoy me arrepiento de aquella decisión. Y a vosotros, si votáis PSOE o PP, os pasará lo mismo.

La segunda razón tiene que ver con el futuro. Estas elecciones están vacías, pero estas elecciones pueden ser el inicio de una nueva era para nuestro país. Estas elecciones son el punto de unión entre lo que es nuestro pasado, el PPSOE complementado con CiU, y lo que puede ser nuestro futuro. Estamos ante un sistema caduco, un sistema enquistado en unos usos, formas y realidades políticas que paralizan el cambio, que paralizan la mejora. Nuestra calidad democrática está bajo mínimos y no sólo por nuestra pérdida de soberanía, si no porque los que ocupan nuestras administraciones públicas y nuestro poder legislativo han convertido esta rueda turnista en su modo de vida y cualquier cambio hacia una mayor democracia, limpieza y control podría llevar a perderlo. Hoy el PPSOE es, simple y llanamente, el defensor del statu quo.
En este contexto necesitamos nuevas personas, nuevas ideas, aire nuevo y proyectos que puedan generar mejora desde cualquier ámbito de la administración. Pero a pesar de que este sentimiento está muy extendido (no sé si en la mayoría de la población o no, pero sí en un porcentaje sustancial), el corsé que aguanta el bipartidismo en este país no se rompe, ¿Por qué?
La respuesta es múltiple: Odios heredados, publicidad machacona, costumbre de pensar en conceptos duales, un sistema electoral que favorece a los grandes, medios de comunicación de partido, poderío económico de los grandes partidos, etc. Todo cuenta, todas estas cosas agrupadas generan finalmente un bloque demasiado duro para romperlo de un solo golpe. Hay que perforar en él, sin prisa pero sin pausa.

Que nuestro país pase del bipartidismo al multipartidismo, que pase del turno político a la elección responsable, que pase del statu quo a la posibilidad de reforma, no es una tarea fácil. Necesitamos tiempo y trabajar en ello. Que nadie piense que un día los ciudadanos van a llegar al convencimiento de que este bipartidismo es ruinoso y lo van a cambiar en unas elecciones. Esto no funciona así, y que el bipartidismo pueda con todo ante el desencanto general de nuestra sociedad creo que es una prueba cristalina de ello.
He defendido en los últimos escritos que para que las opciones de cambio que tenemos actualmente (EQUO, UPyD, IU y alguna otra) puedan tener posibilidades reales en el futuro hay que hacerlos crecer. Que uno de estos partidos tenga 5 ó 10 diputados en el congreso puede parecer irrelevante cuando compiten con grupos de 150 diputados, pero no lo es. Desde ese grupo parlamentario pequeño se puede tener presencia en los medios de comunicación, se puede denunciar los abusos, se puede defender cambios con la fuerza que da los votos de los ciudadanos que te han apoyado. Desde el congreso se puede tener acceso a información, se puede colorear la cara a los que venden nuestra soberanía y se aprovechan del dinero público.
No es absurdo, pues, votar a un partido pequeño. Es más, es imprescindible. Para tener algún día 100 diputados hay que tener antes 15, y para llegar a tener 15 debes tener presencia mediática, que te conozcan, que te concedan espacios de propaganda electoral, debes trabajar en el congreso o en los ayuntamientos y comunidades, y para eso es imprescindible empezar teniendo presencia parlamentaria.

Hay que “plantar” el cambio, para luego “regar” el cambio. Nada bueno se genera en un instante. Hay que invertir en el cambio. Y para eso hay, hoy, que apoyar a partidos que nos puedan traer el cambio en el futuro.
Creo que no hay mejor momento que unas elecciones donde realmente no te juegas nada, porque tu gobierno no es más que un títere, para hacer este tipo de inversiones. Y además, por dignidad, por ética, por patriotismo, por espíritu democrático, creo que debemos rebelarnos contra esto.
Yo no soy nadie para decirle a nadie qué votar. Si habéis leído mis últimas entradas creo que intuiréis lo que voy a hacer yo, pero que yo haya tomado una opción determinada no me lleva a tomar partido de forma militante por esa opción. Porque creo que hay una opción más grande, una opción más importante, que ya ni siquiera es ideológica ni de derechas ni de izquierdas, está por encima de todo esto. La opción es no aceptar más de lo mismo y apostar directamente por un cambio en profundidad.

El PP y el PSOE han llegado a un punto en que son básicamente lo mismo, es lo de ahora, lo del año 2004, lo del 96, lo del 93, es lo que nos ha llevado aquí. Y yo no quiero eso, yo no quiero ser palmero de los que han llevado a mi país a su actual situación, yo me niego a pasar por el aro por odios o afecciones ancestrales.
Yo quiero cambio, quiero un futuro nuevo, diferente, con otros valores, con una democracia limpia, decente, con un futuro donde la democracia y la soberanía del ciudadano sea de nuevo real. Y eso cambio puede ser EQUO, o UPyD, o el partido pirata, o incluso IU, o algún partido de derechas que haya por ahí y que se presente con una voluntad de regeneración democrática. Yo no lo sé, pero sé que está ahí, está por ahí, y si no está ahí estará en algún partido en el futuro que recoja la esencia de cambio y de regeneración de estos partidos.
Y en consecuencia actuaré el 20-N. Iré a la urna sabiendo que el partido al que voy a votar no va a ganar y que, en el mejor de los casos, sacará un resultado que no le dará poder político alguno. Pero saldré del colegio electoral y sabré que he hecho lo correcto, sabré que mis manos no habrán coqueteado con quienes nos han llevado a esta situación, que no estoy colaborando con el vaciado de mi democracia.
Y levantaré la cabeza, y miraré al sol mediterráneo de mi tierra y soñaré con un futuro distinto para mi país mientras comienzo a caminar por un camino, largo y tedioso, pero que es más limpio que el que dejo atrás.

4 comentarios:

  1. Gracias por exponer tus pensamientos públicamente. Muchos pensamos como tu pero a veces es difícil decirlo en alto porque hay personas que siguen con la idea de que "da igual, el 20N no vayas a votar. Total no cambiará nada"
    Esto es una carrera de fondo y seguiremos hacia adelante, lleve el tiempo que lleve.

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  2. Me ha gustado tu entrada y pienso igual que el primer anonimo, e igual que tu, y voy a hacer lo mismo; no votaré ni al PP ni al PSOE. Pero, en la hipotética situación de que pudiera ganar otra fuerza política (bueno, muy hipotética..jajaja) o sacaran una amplia representación política la suma de muchos partidos políticos, la suerte ya está echada y como bien dices tú, las normas a seguir ya están diactdas por la Merkel, gane quien gane, se pierda el bipartidismo o no. Es así de lamentable. Pero sí, comencemos a perforar y a romper este sistema bipartidista ya de una puñetera vez, poco a poco.

    Saludos

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  3. Son las 11,45 de la noche y ya está claro; PP mayoría absoluta. Pedro, no vayamos a pensar ahora que la mayoria absoluta de los Españoles son unos inconscientes, se puede caer facilmente en esa tentación...sería de ser un inconsciente decir o pensar esto, aunque cadauno es libre de expresar lo que crea conveniente. Ahora a esperar a ver que pasa, independientemente de las politicas económicas que nos marque Europa. Eso sí, ha quedado demostrado que España necesitaba un cambio de partido político y ese cambio era el PP, eso esta y estaba clarísimo a más no poder y así lo han querido los españoles. Lo que mas me duele es que por ejemplo CiU o Amaiur obtengan mucha mas representación que UPyD con menos votos debido a una ley electoral injusta a más no poder.

    Espeeremos que de verdad las cosas cambien para bien y que la mayoria de Españoles no etén equivocados, ¿no?. Al hilo de tu entrada...mi taladro ha hecho muy poco orificio...pero bueno, como tu bien dices, la semilla está plantada y ahora hay que regarla, aver si crece la planta.

    Voy a comenzar esta legislatura del PP con confianza y sin prejuzgar antes de ver, etudiar y analizar acciones políticas, siendo consciente que estamos en una asituación muy delicada que el PP no va a poder solucionar con ninguna varita mágica. Demos tiempo al tiempo antes de entrar en juicios de valor. A ver que futuro no depara sin pensar en el pasado y prejuzgar negativamente antes de hora.

    EStamos en una situación económica y financiera insostenible, con una deuda prácticamente impagable,no se como se va a superar esto, pero desde luego, tal y como estábamos antes de las elecciones íbamos de mal en peor. Ahra con el PP, que no es lo mismo que l PSOE, auqnue nos empeñemos en hacer creer lo contrario, qizás y sólo quizás puedan comenzar a cambiar las cosas. Alabat sigua Deu. Amén.

    Saludos, el anónimo de siempre.

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  4. Hombre, si empezamos creyendo que el PP no es lo mismo que el PSOE (siendo rigurosos, que no va a hacer lo mismo que el PSOE) ya empezamos mal la legislatura y sin entender lo que se está cociendo en nuestro país.
    Que la mayoría absoluta de los Españoles (11 millones de 36 millones de electores no es la mayoría absoluta de los Españoles, pero bueno) vote una cosa mayoritariamente no implica que no sean unos inconscientes, lo pueden ser o no en función de cuál haya sido la motivación de su voto.
    Si el sentido del voto es pensar que el PP va a hacer una política que nos saque de la crisis, me temo muy mucho que tengo que decir que mis compatriotas son bastante poco conscientes de lo que han votado. Si lo han hecho por otras motivaciones pues entonces la cosa cambia y cada uno vota lo que quiere, por supuesto.

    No obstante esto lo comentamos cuando cuelgue la próxima entrada, ¿te parece?

    Saludos,

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