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viernes, 2 de diciembre de 2011

La futura reforma laboral (I)
















El nuevo y flamante futuro presidente del Gobierno Español, el desaparecido Mariano Rajoy, ya está preparando los primeros pasos de su futuro ejecutivo. El otro día se reunió con sindicatos y empresarios para pedirles que pacten una nueva reforma laboral, indicando que en su defecto será él y su gobierno quienes la impongan. El mecanismo es extraordinariamente parecido al que usaba el gobierno saliente, que también inculcaba la necesidad de pacto para después decir que si no se conseguía se iba a legislar igual. La oposición de entonces criticaba el mecanismo por lento, sin embargo ahora hace exactamente lo mismo, y se podría esperar que el partido del gobierno saliente ahora criticase el mismo método que él mismo usaba, algo que seguramente haría de no ser porque ese partido está en cosas más importantes ahora mismo.

¿Para qué se hace una reforma laboral? Se supone que se hace para crear empleo, bajo la suposición que los mecanismos de contratación actuales lo dificultan. Esta es la teoría, aunque la práctica es otra y luego veremos el por qué.
Los empresarios y gran parte de la derecha de este país dice que nuestra legislación laboral es muy rígida y que los costes de despido, porcentualmente mayores que en Europa, llevan al empresario a no contratar por miedo. Este axioma se ha repetido tantas veces se ha convertido en una verdad dentro del subconsciente colectivo, demostrando que la teoría de Goebbels sigue siendo tan exacta como lo era entonces.
Sin embargo esto es falso. En España existen multitud de contratos laborales que se adaptan a las necesidades de la empresa como si fuese un buffet libre. Hay contratos temporales, por obra y servicio, etc. Y además, la legislación es tan amplia y estos contratos ajenos al estándar indefinido tan usados, que se han establecido multitud de trampas generalizadas que, a pesar de ser ilegales, están tan extendidas que todo el mundo las usa y es casi imposible ser sancionado por ello.
Contratar a alguien con un contrato indefinido de 6 meses renovables ha sido el contrato por excelencia del mercado laboral español durante los últimos años, incluso en años de bonanza. A los 6 meses puedes rescindir el contrato sin coste alguno, y si por alguna de aquellas quisieses prescindir del trabajador a los 3 meses se le tendría que pagar la friolera de 8 días por año trabajado, es decir y para el caso del ejemplo, 2 días de salario, algo tan costoso que hunde a cualquier empresa como nos podemos imaginar.

Por lo tanto es totalmente falso que no se cree empleo por miedo a los costes de despido. Con toda la gama de contratos ajenos al estándar indefinido la rescisión de los contratos es, de facto, casi gratis en España.
Otra cosa es que llegado el momento de pasar el temporal a indefinido (2 años), y en el supuesto de que la empresa en cuestión no quiera hacer trampas cambiando a los contratados de sociedad o cambiándoles la descripción del puesto, las empresas no quisiesen hacerlo y despidiesen al trabajador, como aseguraban hasta ahora que estaban haciendo. Pero para “solucionar” eso el socialista gobierno saliente ya decretó la posibilidad de concatenación indefinida de contratos temporales (justificación: “Preferimos un contrato temporal que una persona en el paro”), con lo cual esa excusa se acabó. Siendo claros, desde que el gobierno socialista permitió la concatenación indefinida de contratos temporales España se ha convertido en un país con despido cuasi gratuito, independientemente de cual sea la indemnización del contrato indefinido, que no usa ya casi nadie en estos tiempos de crisis.
¿Qué es caro despedir a un trabajador que lleve 20 años en una empresa? Por supuesto, pero a no ser que se haga una reforma laboral retroactiva, algo implanteable porque rompería la seguridad jurídica de este país, esos contratos van a seguir teniendo la misma indemnización mientras no se extingan, independientemente de lo que se legisle para nuevos contratos.
¿Por qué se habla, pues, de reducir la indemnización por despido? Pues la verdad es que no lo entiendo. O los dirigentes de la CEOE son unos estúpidos (y aunque tengo bastante mala opinión de los grandes empresarios de este país creo que estúpidos no son), o el PP no se entera en qué país está, o nos encontramos ante una espinita clavada de otras ocasiones que quieren sacarse por puro orgullo. Es que ni siquiera se plantea el contrato único, algo que tal y como está la legislación laboral y la situación del país la CEOE no aceptaría en la vida porque lo único que haría es perjudicar las aspiraciones del empresariado.

Bueno, sí hay una razón para esta reforma. Como sabéis en este mundo absurdo que nos ha tocado vivir los parlamentos nacionales legislan para tranquilizar a los mercados y, en el caso europeo, para ofrendar glorias a la señora Merkel. España tiene colgado el “San Benito” de que es uno de los países con un despido más caro, algo que sería cierto si no fuese porque desde finales de los 80 se han creado toda esa multiplicidad de contratos de los que ya hemos hablado.
Reducir la indemnización por despido es un mensaje a nuestros acreedores de que estamos haciendo reformas y que éstas están orientadas en un sentido “liberal”, algo que se supone que les debe gustar y, por lo tanto, tratarnos con más cariño en las siguientes emisiones de deuda. Además, en Alemania la indemnización por despido es menor a los 45 días teóricos, y ese país y su canciller no van a permitir que nadie tenga un solo derecho más que ellos, obviando interesadamente que el sistema del bienestar alemán es mucho más potente que el Español (lo que compensa con creces la menor indemnización).
Que nos vaya a ir mejor en los mercados a base de reformas es una hipótesis que se ha demostrado falsa una y otra vez desde los acontecimientos griegos de 2009. Cuantas más reformas hacemos más sube la prima de riesgo, y no es que tenga relación es que simplemente todo lo que estamos haciendo no vale para nada. Pero aquí manda la iluminada de la RDA y como no tiene ni el valor, ni el coraje, ni la capacidad ni la iniciativa de hacer nada que no sea ir a remolque de los acontecimientos, finalmente estamos obligados a seguir las obsesiones alemanas so pena de que nos echen del euro.
(Por cierto, excelente réplica del líder del SPD, Steinmeier, diciéndole a Merkel que “ha abandonado una tras otra todas las posiciones que había adoptado en la lucha contra la crisis”. Esto es absolutamente cierto ¿Cómo se puede permitir que alguien así tenga Europa en sus manos?)

Tengo la sensación de que la reforma está encaminada más a otras dos ideas, bastante más útiles para los empresarios. Pero esto lo desarrollaré en la siguiente entrada.

2 comentarios:

  1. Bueno, una entrada interesante sino fuera por la subjetividad basada en sensaciones. Pero bueno, está bien tener sensaciones, yo tambien las tengo y casi casi que coinciden con las tuyas, mira por donde. Pero,aunque una reforma laboral, a priori no vaya a aprtar nada, yo me quedo con la duda, ya que la que hicieron los socilistas tampoco creó empleo, sino más bien contunuó aumentando el paro, y por lo tanto habrá que continuar intentando hacer otras reformas. ¿Funcionarán? Quien sabe. Lo de ahora no funciona seguro. Y por supuesto, ¿como no va a gobernar un partido como el PP con mayoría absoluta? Es tiempo de acción no de dudas y bandazos aun lado y a otro. Hagámonos a la idea ya de una vez. Si la cagan que la caguen bien, pero ¿y si no la cagan? De momento prefiero no pensar en la Merkel, porqué prefiero pensar en nosotros, los españoles, independientemente de si se ven influenciados por la canciller. Ya veremos...ya veremos, tiempo al tiempo.

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  2. La verdad es que si se puede despedir a un trabajador aunque lleve muchos años en la empresa por poco dinero desde hace años.
    Donde trabajaba llevamos bastantes años en la empresa y se nos despidió a todos como un despido objetivo por problemas económicos, por lo tanto corresponde 20 días por año trabajado y un 40% lo paga fogosa por lo tanto le salió muy barato deshacerse de toda la plantilla.
    La empresa económicamente siempre había ido muy bien, pero le valió al jefe el último año que había bajado la faena para justificar este tipo de despido.

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