La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 29 de marzo de 2011

¿Se debe rebajar un currículum?





















Leí hace unas semanas una información sobre aquellas personas que para conseguir un trabajo ocultaban su formación académica en el curriculum. Esta es una práctica habitual en personas licenciadas para poder aspirar a trabajos de menor cualificación, pues se supone que las empresas no quieren personas sobrecualificadas en puestos de menor cualificación.
La consultora Adecco recomendaba no rebajar el curriculum y ser sinceros con la formación y la experiencia que se tiene. Argumentaban que los miedos de las personas a mostrar su formación eran excesivos y que conseguir un trabajo con esta práctica llevaba a medio plazo a la frustración del trabajador, que se sentiría atrapado en un trabajo de menor categoría al que se quiere aspirar. También escuché en el programa La Ventana de la cadena SER a los catedráticos de economía Santiago Niño y Javier Andrés hacer argumentos similares en contra de la creación de un “curriculum B”.
Bien, pues ni la consultora, opinando en función de sus personalísimos intereses empresariales, ni los catedráticos, desconocedores de la verdadera realidad del mercado laboral de este país, tienen razón. Desgraciadamente rebajar el curriculum es muchas veces casi la única salida para muchísimos titulados de este país de encontrar un trabajo en estas condiciones económicas que tenemos actualmente. La práctica generalizada de los curriculums B responden a una realidad existente y la gente no se equivoca haciéndolos.
La argumentación de la frustración puede ser real, pero si un trabajador se encuentra frustrado no tiene más que dejar el trabajo en el que está. Cuando se hace este tipo de argumentaciones se hace desde un punto de vista totalmente frívolo e irreal. Parece como si las personas pudiesen permitirse el lujo de no trabajar hasta que encontrasen un puesto de trabajo, parece como si las personas no tuviesen necesidades económicas y/o psicológicas. La gente tiene familia, tiene que pagar un alquiler o una hipoteca, puede tener que ayudar a sus familiares económicamente. No se le puede decir a la gente que sea ambiciosa, escrupulosa y “honesta” para conseguir un puesto de trabajo cuando la necesidad aprieta. E incluso en las situaciones en que no hay una necesidad acuciante el hecho de estar en paro, en una sociedad en la que parece que no trabajar sea un fracaso, puede provocar una frustración vital en mucha gente, que preferiría estar en el mostrador de cualquier tienda que estar viendo el programa de Ana Rosa por las mañanas.
Me viene a la cabeza la conversación que tuve con el gerente de una empresa en la que trabajé y que abandoné para irme a otra. Cuando entré a despedirme lo primero que me dijo fue: “Aquí el problema, Pedro, es que me has engañado”, “¿Cómo que te he engañado?”, “Sí, me has engañado porque tu no querías hacer este trabajo, tú tenías otras aspiraciones”. (Usé este argumento para irme de la empresa sin dar un portazo. Realmente la abandoné porque sentí que mis jefes directos eran unos impresentables y unos chapuceros y que habían sido poco serios conmigo, pero no se lo dije al gerente de forma cruda para ser elegante y por no querer ser “chivato”).
Ante el estrambótico argumento, le respondí al gerente “Mira Jorge, yo quiero ser presidente del gobierno, ¿Qué me propones entonces? ¿Qué no haga nada si no es ser presidente del gobierno?”. Según él no era lo mismo, pero sí era lo mismo y así se lo dije. Las personas tienen aspiraciones y deben intentar conseguirlas en la medida de lo posible, pero eso es una cosa y otra es que los trabajadores no puedan acceder a puestos de trabajo que no sean su máxima aspiración, porque eso además es imposible.
Esta exigencia de honestidad al trabajador es un poco ridícula cuando la empresa muchas veces no la tiene con el trabajador. Os pregunto, lectores, ¿Cuántas veces os han prometido un gran proyecto empresarial, condiciones fabulosas, subidas de sueldo, etc. Y os habéis encontrado luego que os habían estafado? A mí más de una vez y estoy seguro que a vosotros también, y viendo esta realidad, viendo cómo no se es sincero para intentar convencer a un trabajador para que se una a la empresa, me resulta muy duro pedirle al trabajador esta honestidad en sentido contrario.

Yo nunca he tenido que mentir en un currículum. En el último que hice sí obvié algún curso y alguna cosa, pues me pareció que el curriculum era lo suficientemente denso como para introducir cursos sin importancia (cursos que sí introduces, en cambio, cuando no tienes experiencia laboral para llenarlo un poco), pero ni he obviado una experiencia o estudios importantes, ni he introducido datos falsos. Pero a pesar de eso entiendo perfectamente a quien obvia cosas, y seguramente yo haría lo mismo si me encontrase en esta situación de crisis económica con pocas posibilidades de encontrar un trabajo cualificado y quisiese aspirar a uno de menor cualificación.
Por lo que observo los jóvenes que han acabado los estudios universitarios en los últimos dos años tienen unas dificultades enormes para encontrar trabajo, pues en puestos cualificados siempre tienen competidores con más experiencia que ellos. Cuando veo a estos jóvenes de menos de 25 años observo una situación bastante desesperante. La mayoría aspiran a oposiciones con miles de aspirantes y a concursos-oposición donde no tienen los puntos necesarios para algo más que entrar en bolsa. La mayoría de ellos matarían por un trabajo de administrativo… ¿Cómo se les puede decir que no adapten el currículum al puesto de trabajo?

En vez de recomendar a la gente que no haga curriculums B lo que debería preocuparnos es cómo estamos tirando a la basura una generación de jóvenes muy preparados y sí nos podemos permitir enviarle a la señora Merkel nuestros mejores futuros talentos.

jueves, 24 de marzo de 2011

El futuro del sistema energético español















Hablamos el otro día sobre el accidente de la central de Fukushima y la nueva realidad que puede crear éste para el futuro de la energía nuclear. La propia canciller Merkel, quizá preocupada por la multitud de citas electorales que tiene este año, ha decidido revocar su proyecto de ampliar la vida útil de las centrales y, por lo tanto, cerrar en breve un par de las más antiguas de Alemania.

La energía nuclear, por lo tanto, parece que ha vuelto a la situación de peligro de extinción en la que estaba en 1986 después del accidente de Chernobil y nos hemos alejado, veremos si definitivamente, de las teorías que hablaban de una energía maravillosa, limpia, segura y barata. La energía que proviene del petróleo y sus derivados, por otro lado, ha sufrido en los últimos meses una fuerte inflación y se ha comenzado a temer por su suministro en cantidad suficiente y/o por un aumento de precio que encarezca nuestros hábitos energéticos y lastre la competitividad de nuestra economía.
En este contexto, con dos de las bases energéticas de nuestro sistema en entredicho, debemos buscar un proyecto energético a medio plazo que consiga minimizar el peso de estas energías en el mix energético español.
Es muy complicado hablar de qué energía es mejor para un país. La conveniencia o no del uso de una energía depende de multitud de factores, pero para hacer una aproximación creo que hay 4 factores fundamentales que debemos tener en cuenta para decidir a favor o en contra de un tipo de energía: Su peligrosidad, su coste económico, los problemas medioambientales que lleva asociada y la seguridad de suministro/independencia de países terceros. Estos 4 factores son todos importantes, sin embargo es muy difícil saber ordenarlos en importancia. En función de la visión social, política y económica de cada uno estos factores se ordenaran de una manera determinada.

En mi opinión y a pesar de que todos son importantes, el fundamental es, quizá, la peligrosidad. Una fuente de energía muy peligrosa o potencialmente destructiva es algo a evitar si tienes una alternativa, y en este contexto creo que debemos introducir a la energía nuclear. En España hay muchas centrales en funcionamiento, que están amortizadas, que son relativamente seguras y a las que no les quedan muchos años de funcionamiento. Es posible que, en estos casos, y atendiendo a razones económicas, de seguridad de suministro (no hay problemas en el mercado del Uranio) e incluso medioambientales (no generan dióxido de carbono, por lo que nos puede ayudar a cumplir con Kyoto), haya que mantener las centrales actuales abiertas y en funcionamiento, pero eso sería en cualquier caso una situación temporal y debemos tener claro que el futuro de la energía nuclear es desaparecer progresivamente. Por tanto, debemos rechazar la construcción de nuevas centrales nucleares.
Parece, pues, que las energías renovables deben ser el futuro. Son limpias, poco peligrosas y nos otorgan independencia energética. Sin embargo tienen un problema: No son baratas y no otorgan una “continuidad” en el suministro eléctrico. La presencia de energías renovables obliga a multiplicar la potencia instalada de un país. Una central térmica, por ejemplo, tiene una potencia instalada determinada y siempre que tenga combustible puede generar energía casi a su potencia máxima. Sin embargo en las renovables esto no es así. Un molino eólico, un huerto solar o una presa pueden tener una potencia instalada alta, pero si no sopla el viento, no hace sol con una intensidad y ángulo determinado o no hay agua para desembalsar (el “combustible” de estas energías) van a producir energía muy lejos de su potencia máxima. Por eso, en el hipotético caso de querer un mix energético 100% renovable, habría que multiplicar la potencia instalada y, por lo tanto, el número de plantas de generación a lo largo del país. Sería técnicamente posible, pero sería caro.
Por lo tanto deben existir energías y plantas de generación que puedan inyectar al sistema energético energía en el momento que queramos y al instante, para que no haya problemas de suministro. Hay alternativas renovables para esto (biomasa, biocombustibles e incluso ciertas formas de almacenamiento hidráulico) pero por ahora, y durante aún bastantes lustros, vamos a necesitar energías fósiles.

Necesitamos energías fósiles pero, por otro lado, deberíamos minimizarlas. Dentro de las energías fósiles tenemos, básicamente, de tres tipos: Las que funcionan con petróleo o con derivados, las que funcionan con carbón y las que funcionan con gas natural.
Creo que la energía proveniente del petróleo y sus derivados es algo a evitar. Su suministro depende de un pequeño grupo de países que además están ahora muchos en periodo de inestabilidad, y es un combustible que, independientemente de los altibajos que ha tenido a causa de la crisis, lleva una tendencia absolutamente alcista en los últimos años; Además es bastante contaminante, pues emite una cantidad importante de dióxido de carbono.
El carbón, por otro lado, es la energía más sucia de todas las energía fósiles. Tiene sólo una pequeña ventaja, que es que en España tenemos producción de Carbón nacional, pero nuestro carbón es de baja calidad y sólo se está manteniendo su producción y uso por cuestiones políticas y laborales. En cualquier caso la cantidad de energía del mix eléctrico generada por Carbón en 2010 fue el 7%, que es muy poco y sería menos si no hubiese una obligación de compra de este carbón por parte de las eléctricas.
Sin embargo el gas natural, que comparte inconveniencias con las otras energías fósiles, tiene algunas ventajas de las que quiero destacar fundamentalmente dos: Es menos contaminante que las otras energías fósiles y por la cantidad de productores y la realidad del sistema gasista español nos concede una menor dependencia energética del exterior que el petróleo.
La energía generada por gas natural se suele crear en modernos ciclos combinados, que son bastante eficientes energéticamente y que son menos contaminantes que las tradicionales centrales térmicas. Pero la ventaja fundamental del gas natural radica en que existen multitud de alternativas de suministro que nos permiten ser menos dependiente de un grupo de países que se encuentran en una zona geográfica determinada.

Una de las ventajas que tiene España en su suministro de gas natural respecto a otros países es que, aquí, el gas llega mayoritariamente en barco en forma de gas natural licuado (GNL), mientras que en otros países dependen de su suministro por tubería. Recordaréis el problema de hace un par de inviernos entre Rusia y Ucrania, donde Rusia decía que Ucrania tenía que pagarle una cantidad que Ucrania negaba, y amenazó con “cortar la tubería” de gas que va a Ucrania y que posteriormente suministra al resto de Europa hasta Francia. Hubo mucha incertidumbre porque países como Austria o Alemania se podrían haber quedado sin gas natural para sus calefacciones en el duro invierno de esos países. Para esos países el suministro de gas natural depende fundamentalmente de Rusia y su compañía gasista Gazprom.
Pero este no es el caso de nuestro país. Nosotros tenemos algo de gas por tubería que viene del norte de África, pero nuestro suministro depende fundamentalmente del suministro en barco y de las regasificadoras que hay en los distintos puertos de la península. Si nos falla el suministro de Argelia se puede comprar el gas en Trinidad y Tobago, y si no en Noruega, o en Rusia, o en Perú. No tenemos el problema de una tubería ni de un país al que haya que pagar tasas y eso es una gran ventaja para nosotros. Si unimos esto con su menor impacto medioambiental y la eficiencia de los ciclos combinados, creo que el gas natural debe ser la energía fósil preferente.
A pesar de todo tenemos que tener claro que nuestro país aún depende mucho del petróleo, básicamente por nuestro parque móvil. En 2010 el porcentaje de energía eléctrica generada por derivados del petróleo fue un exiguo 2% (tampoco nos dejemos engañar por esta cifra, 2010 fue un año excepcional de generación de renovables que minimizó el resto de energías), pero la dependencia del país del petróleo fue altísima precisamente por la gasolina y el gasóleo.
Se habla mucho del coche eléctrico, pero ciertamente la tecnología del coche eléctrico está todavía poco desarrollada y esos coches no tienen autonomía suficiente. Se debe potenciar el coche eléctrico para movilidad urbana (¿quizá en vehículos municipales?), pero por ahora no podemos ir mucho más allá. En mi opinión creo que lo que sí está desarrollado y debemos potenciar es el coche híbrido, que consume alrededor de la mitad que un gasolina convencional. En EE.UU el coche híbrido está muy extendido, pero no en España. La administración debería tomar acciones activas para potenciar este mercado, pues los coches híbridos son bastante más caros que los de gasolina.

Creo, pues, que este debe ser el proyecto energético para nuestro país en los próximos 20-30 años:

- Energía nuclear: Debe ser una energía de transición. Mantener e incluso ampliar la vida útil de las centrales más seguras y rentables, pero con un calendario de cierre establecido. En ningún caso construir ninguna más.

- Energías renovables: Extensión y promoción de las energías renovables más rentables y aumentar su peso en el mix energético.

- Energías fósiles: Reducir su porcentaje en el mix y centrarla en los ciclos combinados de gas natural.

- Movilidad: Potenciación de los coches híbridos e introducción progresiva del eléctrico.

Finalmente, todo esto debe estar combinado con criterios de ahorro y eficiencia. La mejor energía es la que no consumimos. Hay que mejorar el aislamiento de viviendas, potenciar la iluminación de bajo consumo y los LEDS, hacer planes de eficiencia energética orientados a la industria y corregir los hábitos de despilfarro de parte de la población.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Perspectivas SeR: La catástrofe de Fukushima

Tengo previsto colgar mañana lo que será como mi segunda parte del escrito sobre la energía nuclear: El futuro del sistema energético español, pero antes de colgarlo quiero traeros aquí una nueva iniciativa de Socialistas en Red (SeR).
Se llama Perspectivas SeR, y es un recopilatorio de los escritos sobre el desastre de Fukushima y el tsunami de Japón. Lo que fue una idea puntual de nuestro amigo Júcaro (14 de Abril) creo que se puede convertir en una muy buena idea que podriamos hacer de continuo, con la recopilación de escritos de la comunidad SeR sobre algún tema muy relevante.

Creo que ha quedado muy bien y os aconsejo a todos los que no seáis de SeR que le echéis una ojeada, pues hay muy buenos escritos. Todavía no sé quien ha hecho la portada, pero parece que me quiere mucho porque ha puesto mi nombre bien grande y visible (no, no la he hecho yo).
Iniciativas como estas son las que hacen que valga la pena estar en una comunidad como SeR.

Mañana seguimos con el tema energético, mientras tanto os dejo con Perspectivas SeR.




lunes, 21 de marzo de 2011

Gadafi y las intervenciones militares

















Me decía el otro día Alfredo en su blogMe sorprende verte utilizar este lenguaje “bélico” jeje — te pareces a mí hablando de Irak en su día”. Me lo decía cuando defendía yo la zona de exclusión aérea sobre Libia, pues él era de una opinión contraria, decía que sólo se debía intervenir en el caso de que se defendiesen intereses Españoles. A Alfredo no le gustan mucho estas revoluciones del norte de África pues teme que puedan salir gobiernos más antioccidentales en esos países.
También me encontré el pasado Domingo a los dirigentes de IU Cayo Lara y Gaspar Llamazares oponiéndose a la intervención en Libia pues, según Llamazares “No se trata de derechos humanos ni de democracia. Se trata, únicamente, de encauzar mediante la guerra el movimiento popular que está teniendo lugar en el norte de África. Se trata de imperialismo sucio”.
Otro comunista, más honesto y menos dogmático como nuestro amigo Enrique Casanova, tenía alguna duda más: “Así que, con todos los respetos, yo no estoy de acuerdo con Cayo Lara y sí estoy de acuerdo con Cayo Lara. Es así, soy dual, contradictorio, qué le vamos a hacer, siempre he sido así, no tengo remedio ni lo quiero tener”.

Observo en el debate público sobre Libia excesivos reflejos de la guerra de Irak. Quienes apoyaron la guerra de Irak suelen querer arrimar el ascua a su sardina y querer mezclarlo todo para que parezca que aquello fue lo mismo que esto, cuando no lo fue. Los que se opusieron más ferozmente a la guerra de Irak tienden a lo contrario, es decir, a oponerse a cualquier intervención militar en un país extranjero por defecto. También hay personas que han tomado posiciones diferentes, como nuestro propio gobierno, el propio Alfredo (aunque en una dirección diferente) o yo mismo.
Porque analizar hechos diferentes con la misma plantilla es un error. En Irak teníamos un dictador establecido desde hace años, que no estaba ejerciendo una represión sobre su pueblo diferente a la que llevaba tiempo ejerciendo, que no suponía una amenaza para ninguna nación y que nada tenía que ver con el terrorismo islámico.
En Libia esto no es así. Una revolución popular ha sido brutalmente masacrada por el dictador que no quiere ser derrocado. Gadafi está bombardeando las ciudades que no están bajo su control, está contratando mercenarios para que creen el terror, está fusilando a los militares que se niegan a matar a sus propios compatriotas, ha sufrido una deserción importante dentro de su propio gobierno y cuerpo diplomático. Desde hace un mes hasta ahora, el coronel Gadafi ha cometido crímenes contra la humanidad.

El problema que tenemos como occidentales es, ¿Cuándo se debe intervenir militarmente en otro país? ¿Cuándo se convierte esto en una acción inconveniente para el objetivo que buscamos? ¿Dónde está la frontera entre una intervención ética y el imperialismo?
Creo que la cuestión sería elaborar una especie de protocolo de intervenciones militares de la comunidad internacional. Hay que dejar muy claro cuándo se puede intervenir y cuándo no, dejando un pequeño campo para la discrepancia y la interpretación sin que este sea excesivo para que no se vuelva a producir lo de Irak.
¿Cuándo se debe intervenir en un país? En principio debería ser en casos graves de violaciones de los derechos humanos y de crímenes contra la humanidad. Estos crímenes o estas situaciones deben ser nuevas, es decir, no se puede intervenir en un país porque un dictador lleve años reprimiendo a su pueblo con una intensidad constante, si no que deben existir hechos nuevos, excepcionales y muy graves.
Supongo que debería de ser obligatorio tener el visto bueno del consejo de seguridad de la ONU, aunque esto tiene algunos problemas. ¿Qué pasa si el país en cuestión es aliado de EE.UU, de Rusia o de China? En ese caso las intervenciones estarían bloqueadas por esos países, generándose una injusticia. Pero en cualquier caso esto es una situación que va a haber que aceptar hasta que se reforme la ONU, porque no hay otro foro internacional que pueda tomar esta decisión.
También se debería tener el apoyo, o por lo menos no el rechazo, de las organizaciones de integración regional o de los países vecinos. Intervenir en un país donde los países vecinos no quieren una intervención sería terriblemente problemático, y podría crear unas problemática bélica en la zona de imprevisibles consecuencias.
Por último se debe dejar totalmente claro qué no se va a establecer una ocupación duradera en el país una vez la contingencia termine, y que en cualquier caso debería ser la ONU quien la gestione.

El lector ya habrá visto las enormes carencias que tiene mi propuesta de intervenciones militares. Países amigos de potencias que podrían hacer lo que les diese la gana, interpretaciones interesadas, problemática con las ocupaciones posteriores, posibilidad  de escaladas bélicas en la zona… ¿Y sí esto sucede en China?...La verdad es que, si nos ponemos críticos, esto es un “pastel”.
¿Pero cual es la alternativa? ¿Condenar a cualquier población de cualquier país a que sea masacrada por sus dirigentes? ¿O acogernos a la buena voluntad de los países más poderosos de la tierra y a que sus intereses geoestratégicos sean los que decidan? Esa solución es mucho peor.
Parte de la ciudadanía Libia se lanzó a las calles para intentar echar al coronel Gadafi al igual que hicieron sus vecinos de Egipto y Túnez. Pero el coronel, interpretando que los gobiernos vecinos cayeron por ser débiles, lanzó un ataque sin piedad sobre su pueblo acabando con todo aquel que se interponía a él. ¿Qué le decimos a un libio? ¿Qué son asuntos internos, que vamos a dejar que lo maten? Esto no puede ser, no se puede permitir que se masacre a una población porque ha pedido cambios.
Decía Enrique Casanova que le venía a la cabeza el caso de España en la guerra civil y como la “no intervención” condenó a la república a la derrota. Enrique, no obstante, creía que el caso no era igual porque, en ese momento, hubo una descarada intervención de Italia y Alemana a favor del general Franco. Pero yo no estoy de acuerdo. Me pongo en la piel de uno de nuestros antepasados, padres, abuelos o bisabuelos, y me imagino las bombas cayendo sobre la población, ¿Qué culpa tenían los españoles para ser bombardeados? Independientemente de los apoyos de la potencias del eje a Franco, el problema básico es que un atajo de tiranos uniformados decidieron pasar por encima de la población para imponer sus ideas y asumir el poder, ¿Es que eso se debe permitir?

Gadafi es un criminal. Ha usado las mismas artimañas, justificaciones y confusiones que otros dictadores en la historia. Igual que antaño muchos justificaban sus fechorías porque decían estaban luchando “contra el comunismo”, el coronel Gadafi aseguraba luchar contra Al-Qaeda para que la comunidad internacional no interviniese. Ha contratado mercenarios para poder masacrar a su población a sangre fría, igual que hizo el general Franco con el ejército moro. Ha engañado con un alto el fuego que no ha cumplido.
Lo único lamentable es que no se haya tomado esta decisión antes. Hace 3 semanas una zona de exclusión aérea hubiese prácticamente derribado al régimen de Gadafi. Sin embargo se le ha dejado reaccionar, armar a su ejército y recuperar territorio. Esperemos que no, pero el peligro de una guerra civil no me parece que sea inexistente. En ese caso nos encontraremos ante un nuevo problema, y entonces sí que habrá que ser extraordinariamente críticos no con la decisión de la exclusión aérea, si no con los mecanismos o decisiones políticas que ha llevado a que se retrase tantas semanas. Para ser lógicos y coherentes, en ese momento no quedaría otra que apoyar a los rebeldes y buscar una mediación, que no creo que Gadafi aceptase.

El tiempo nos dirá que va a pasar en Libia. Es posible que al final los intereses prevalezcan, que las potencias occidentales se cobren su ayuda a la rebelión, es posible que mañana observemos con asco como en otro caso muy parecido las potencias occidentales se laven las manos. Es posible que la idea de intervención justa y humanitaria se nos venga al suelo con las semanas, pero aún así y aún sabiendo que el futuro nos puede decepcionar creo que hoy debemos apoyar las decisiones de las potencias occidentales. Si mañana hay que hacer acto de constricción, ya lo haremos.

jueves, 17 de marzo de 2011

La pirámide de Maslow




















Hace alrededor de un año, en uno de los cursos a los que me envía la empresa descubrí qué era la pirámide de Maslow. Posteriormente me encontré en el disparatado estudio sobre las pensiones privadas del instituto Juan de Mariana, del que ya comentamos en una entrada, una referencia a esta pirámide a modo de base teórica para la conclusión de ideas absurdas. En ese momento pensé que tenía que hablar un poco de este concepto, aunque lo fui dejando por las largas series de artículos que he estado desarrollando estas semanas.

La pirámide de Maslow es una teoría desarrollada por el psicólogo norteamericano Abraham Maslow sobre las necesidades humanas en 1943. En ella desarrolla 5 niveles diferentes de necesidades que se cumplirán siempre de forma jerárquica, es decir, cada uno de los niveles se podrá cumplir sólo si el nivel anterior está ya cubierto. Maslow mostró esta teoría de modo gráfico, creando una pirámide donde los niveles básicos se situaban en la base y los más desarrollados en la punta de la pirámide.
Los 5 niveles de la pirámide de Maslow son estos:

-          Nivel 1: Necesidades fisiológicas: Se refiere Maslow a necesidades como la alimentación, descansar, evitar el dolor, etc.
-          Nivel 2: Seguridad: La seguridad se refiere a seguridad en el empleo, salud, dinero, etc.
-          Nivel 3: Necesidades sociales: Se refería Maslow en este punto a las necesidades de formar parte de un grupo, de ser aceptado por la sociedad, por tu entorno, etc.
-          Nivel 4: Necesidades de estima o valoración: En este nivel estarían las necesidades de sentirse valorado por la sociedad, triunfar, llegar a la fama, aunque también incluyó Maslow características más propias de la auto-confianza.
-          Nivel 5: Autorrealización: Una vez cumplidos todos los estados anteriores las personas se dedicaban a buscar un sentido a su vida, a actividades en las que se sintiesen realizados, etc. Este nivel tiene un punto “ascético”, pues Maslow incluía aquí el desarrollo de una personalidad con un comportamiento moral y ético casi impecable.

La idea básica de la pirámide de Maslow es como las personas van adquiriendo necesidades en función de las necesidades que van resolviendo y la explicación de como se ordenan éstas. La primeras necesidades del ser humano serán las fisiológicas, cuando las tenga resueltas buscará seguridad, cuando tenga seguridad buscará integrarse activamente en la sociedad mediante grupos, cuando lo haya conseguido buscará la fama y destacar especialmente en el grupo o sociedad y, finalmente cuando haya cumplido estos cuatro estados, buscará la autorrealización.

¿Estáis de acuerdo con la pirámide de Maslow? Yo, personalmente, no lo estoy.
Creo que indiscutiblemente el primer nivel es cierto, es decir, la primera necesidad de una persona es la necesidad fisiológica y esta es más importante que todas las demás y será prioritaria. Pero una vez pasamos al segundo nivel creo que la pirámide se convierte en una posibilidad, más o menos general en la mayoría de personas, pero no en algo que se pueda aplicar a todo el mundo.
Yo conozco mucha gente que ha obviado el nivel 2, la seguridad, para intentar llegar a conceptos como la aceptación social (nivel 3) y la fama (nivel 4). Quizá por una cuestión social, quizá educacional, pero hay personas que simplemente miran a cuestiones sociales sin importarles especialmente su propia seguridad.
Por otro lado creo que hay mucha gente que se queda en el nivel 4 y no pasa jamás de allí. Muchísimas personas viven por y para la fama y el reconocimiento, y muchos de ellos jamás llegan a una situación superior de autorrealización. Muchas de estas personas, de hecho, desarrollan características negativas muy distintas a las que expresa Maslow en el nivel 5, y se vuelven arrogantes, soberbios, maniáticos o caprichosos. Pensad en gente famosa y veréis como es así.
De hecho el nivel 5 de Maslow es excesivamente “moralista”. En cierta manera parece como si cualquier persona con todas sus necesidades humanas resueltas debiese desarrollar características y comportamientos ideales, morales, desprendidos, etc. Esto no es verdad, ni ahora ni en 1943, y en este punto creo que Maslow tiene una visión casi “religiosa”. Que alguien desarrolle este nivel 5 o no dependerá de su educación (bien familiar bien social) y de sus experiencias en la vida.

Posiblemente la pirámide de Maslow tenga algunas aportaciones interesantes y quizá pueda ser aplicada a muchos estudios sociales, pero a mi se me antoja excesivamente generalizadora y bastante vaga en algunos aspectos. Creo que esta idea ha quedado, en tiempo presente, para anuncios publicitarios de coches y para su uso por parte de algunas personas y grupos que utilizan cualquier cosa para defender teorías disparatadas.

lunes, 14 de marzo de 2011

La energía nuclear

















La explosión de un reactor de fisión en la central nuclear de Fukushima en Japón, después del devastador Tsunami del pasado viernes,  ha llegado en un momento esencial para el debate energético que va a haber, si no lo está habiendo ya, en España y en todo el mundo.

Creo que es importante analizar un poco qué es lo que existe en el subconsciente de la sociedad y de los ciudadanos políticamente conscientes o militantes respecto a las fuentes de energía. Creo que existen dos bloques enfrentados entre lo que podríamos llamar ecologistas y conservadores, y las interacciones, debates y luchas entre estos dos grupos es lo que ha creado unos parámetros generales en los que se concentra el debate.
Los ecologistas son partidarios, como su nombre indica, de avanzar rápidamente hacia una energía totalmente renovable y limpia (técnicamente, renovable no tiene por qué ser limpia, pero no vamos a entrar ahí), y su preocupación principal está focalizada en la economía y sostenibilidad. Los conservadores, en cambio, se guían por conceptos totalmente economicistas y no les preocupa especialmente ni la protección del medio ambiente ni la sostenibilidad, y apoyan el uso de las fuentes de energía tradicionales. Desde posiciones conservadoras se ha defendido el negacionismo sobre el cambio climático de una forma muy irresponsable muchas veces, y ya en los últimos años y al combinarse tanto la poca aceptación de este negacionismo como la evolución al alza del precio de los combustibles fósiles, han pasado a defender entusiastamente la energía nuclear.
De forma general la izquierda política se posiciona junto con los ecologistas, mientras que la derecha lo hace junto a los conservadores. No obstante hay mucha gente que se encuentra en posiciones intermedias o es contraria a la visión mayoritaria de su bloque político, y esto hace muy bonito el debate. Desgraciadamente, todavía hay una posición mayoritaria de integrismo a la hora de analizar esta realidad, aunque menor que en otros debates.

Desde hace unos años hemos sido bombardeados por una serie de ideas pronucleares que decían que la energía nuclear era limpia, barata, segura y que debía representar el futuro a corto-medio plazo para nuestro suministro energético, mientras que las renovables eran energías caras, ineficientes, que lastraban nuestra economía y cuya defensa provenía de una especie de “hipismo” por parte de los políticos de izquierda. El accidente de Chernobil, decían, se produjo por la pésima tecnología y la baja seguridad de la ingeniería soviética, y que algo así pudiese pasar en el siglo XXI en centrales modernas era imposible.
Por otro lado desde círculos ecologistas se decía que la energía nuclear era peligrosísima, y que accidentes como los de Chernobil se podían repetir. Denunciaban la peligrosidad de los residuos nucleares que van a permanecer miles de año con una radioactividad elevada y la problemática que tiene, para las generaciones futuras, su contención. También se ha hablado de las fugas radiactivas más o menos frecuentes en las distintas centrales nucleares como hechos peligrosísimos para la salud humana y el medio ambiente.

Ambos posicionamientos, en mi opinión, son extremos, aunque estoy algo más cerca del segundo que del primero. No es cierto que la energía nuclear sea tan barata, y no lo es porque es muy caro construir nuevas centrales nucleares (véase cuantas centrales nucleares se han construido en Europa en las tres últimas décadas), se tarda mucho tiempo en ponerlas en marcha y las amortizaciones son largas. Obviamente cuando la central ya está amortizada generar energía es muy barato, pero no lo es construir nuevas centrales. Estas centrales también llevan asociado un coste de personal altísimo.
Por otro lado los residuos nucleares sí es cierto que son muy peligrosos, pero en cualquier caso parecen un problema menor que las emisiones de millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Las fugas de gases radioactivos es cierto que son frecuentes, pero en principio no parece que tengan un peligro excesivamente importante sobre la salud.
Pero definitivamente creo que el factor fundamental aquí debe ser la seguridad. Las centrales nucleares nuevas son, por supuesto, infinitamente más seguras que la de Chernobil pero, ¿Son 100% seguras? Evidentemente no. Miremos como en un país como Japón, tecnológicamente avanzadísimo y con una eficiencia en el trabajo muy alta, acaba de tener un problema muy grave con una de sus centrales a causa de un fenómeno natural. No vamos a saber realmente en alcance de lo que ha pasado hasta de aquí a muchos años (¿Habrá efectos sobre la salud de las personas? ¿Podremos medirlos?), pero simplemente los centenares de miles de personas desplazados y el enorme impacto económico ya nos hacen desear que esa central no se hubiese construido nunca. Una central nuclear que sufra un grave accidente puede devastar una zona de un país por centenares de años, y eso hay que tenerlo muy claro y saber perfectamente que el riesgo, aunque sea mínimo, es terrorífico.

Por supuesto que España no es Japón, y en España no va a haber Tsunamis en los ríos ni siquiera en zonas costeras por la tectónica de placas de esta zona, pero no podemos escudarnos en eso para obviar la peligrosidad de lo que tenemos entre manos. En Chernobil falló la técnica y la seguridad, en Japón falló la ubicación y un desastre natural, ¿Quién nos garantiza que no pueda fallar otra pieza diferente en una central en la península ibérica?
En cualquier caso no quiero, por favor, dejar una sensación de dramatismo y de ser totalmente antinuclear. No creo que sea el momento, con la cabeza caliente y las noticias en la televisión, de sacar conclusiones precipitadas. Querer cerrar todas las centrales nucleares mañana sería también una irresponsabilidad y una precipitación generada por el miedo. Eso no se debe hacer así, y para lo que nos tiene que valer este hecho es para tener una referencia más para proyectar nuestro futuro energético para las próximas décadas.
Hace un par de semanas dije en otro foro cual era mi visión para la energía en España: Alargar la vida útil de las centrales nucleares que teníamos activas que cumpliesen con los requisitos de seguridad pero no construir más, y aprovechar este alargamiento para ir sustituyendo poco a poco esta energía y la proveniente de los combustibles fósiles por las renovables más eficientes que tengamos.
Pero esto lo desarrollaré en una entrada posterior.

jueves, 10 de marzo de 2011

A vueltas con la productividad





















Hay un interesante fenómeno en la política de los últimos años que merece la pena observar. Cada vez que se quiere llevar a cabo una medida política o económica impopular lo que se hace es bombardear a la población diariamente con noticias y estudios que convierten a la medida en inevitable, para posteriormente, cuando la población ya haya asumido que es inevitable una reforma en ese sentido, presentarla políticamente y aprobarla con muchas menos consecuencias políticas y sociales que si se hubiese hecho de primeras.
Esto ha pasado con el abaratamiento del despido, que era tan inevitable y tan bueno que el paro sigue subiendo, ha pasado con el retraso de la edad de jubilación (aunque yo esté parcialmente de acuerdo con esta medida como ya expliqué hace un par de entradas), ha pasado con las medidas de austeridad y ahora parece que va a pasar con la doctrina Merkel de relacionar los aumentos salariales a la productividad.

Lo bonito del concepto productividad es que es muy fácil de entender, pues representa la relación entre la producción y los recursos empleados para conseguirla, y será mayor si se aumenta la producción con los mismos recursos o si se mantiene la producción con menos recursos. A pesar de ser tan fácil, el bombardeo mediático nos hace creer que el factor fundamental en el aumento o disminución de productividad son los salarios de los empleados, cuando esto no es así la inmensa mayoría de las veces.
La productividad se puede mejorar de infinitas maneras. Reducir los salarios es una, mejorar el rendimiento individual por trabajador es otra, pero hay muchas más: Modernizar los bienes de equipo, implantar procedimientos de gestión modernos y eficientes, minimizar los costes superfluos, mejorar la ingeniería de producto, minimizar las malas prácticas productivas, externalizar algún servicio, etc, etc.
Cualquiera de estas acciones bien aplicadas mejoraría la productividad y posiblemente mucho más que la contención salarial, pero claro es siempre mucho más fácil contener salarios para ganar competitividad y productividad que aplicar cualquiera de las otras medidas que requieren capacidad, talento, originalidad y una gestión moderna empresarial, algo que muchas empresas ni tienen ni quieren tener.

Desde un punto de vista de país y de economía nacional, la búsqueda de la productividad por la vía exclusiva de la contención de salarios es un disparate y un suicidio económico que nos llevaría a arruinar nuestra economía a medio plazo. Cuando se bajan o contienen los salarios lo que estamos consiguiendo es que las empresas tengan mejores resultados. Incluso si aceptásemos el falso dogma de que los beneficios empresariales repercuten de forma íntegra o mayoritaria en nueva inversión empresarial o productiva, nos encontraríamos ante dos realidades: Empresas que con más beneficios invierten más y generan más puestos de trabajo; y empresas que están consiguiendo sobrevivir gracias a la contención salarial.
En el caso de las primeras podríamos decir que el efecto es positivo (siempre asumiendo la reinversión, algo a veces falso) pero en el segundo caso lo que estaríamos consiguiendo es simple y llanamente alargar la agonía de nuestra economía, por mucho que salvásemos puestos de trabajo provisionalmente. Una empresa que sólo puede sobrevivir reduciendo salarios es una empresa que no tiene futuro en la mayoría de ocasiones. Este tipo de empresas tienen una productividad bajísima y aportan un valor añadido prácticamente nulo. Es posible que sean las peores entre sus competidores o que estén intentando competir con países de bajo coste con sus mismas armas. En cualquiera de los dos casos la empresa no tiene futuro y la reducción de salarios es simplemente un cuidado paliativo para evitar su muerte prematura.
¿Puede un país centrar su futuro económico en salvar empresas así? Puede hacerlo durante un periodo corto de tiempo para evitar despidos, pero esa estrategia económica es un suicidio. En pocos años estaríamos de nuevo con el agua al cuello, con problemas de competitividad enormes y nos podríamos encontrar en el caso de que reducir más los salarios podría llevar a los trabajadores a estar por debajo de la línea de la pobreza relativa (imaginad el efecto terrible sobre el consumo). Esta vía exclusiva es, por tanto, suicida.
No, necesitamos urgentemente una economía que potencie las buenas prácticas, la eficiencia en el uso de recursos y el valor añadido. Esa es la política que debemos hacer, no la de contención de salarios.

Estas ideas de relacionar el salario a la productividad pueden parecer interesantes a muchas personas. Siempre hay trabajadores que creen que son más productivos que sus compañeros. Creen que producen mucho más que otros que cobran lo mismo que ellos, y por lo tanto creen que una medida de este tipo les beneficia.
Mirad, yo soy un trabajador productivo. Quizá le he hecho ganar a mi empresa cientos de miles de euros brutos el año pasado, quizá millones. Podría darme golpes en el pecho como si fuera King Kong y venir a hablar de lo productivo que soy y de que me deben subir el salario mientras a otros compañeros se lo deben congelar…Pero si hago eso, digo estas cosas demostraré ser un idiota que no entiende nada.
Yo, que trabajo en un departamento de ventas, tengo un trabajo que, cuando va bien, tiende mucho a argumentaciones de este tipo. Me puedo llegar a creer que los beneficios de la empresa los consigo sólo yo por mi capacidad, talento negociador o por otras habilidades, pero eso es una farsa. Para que yo pueda vender tengo que tener un departamento de soporte detrás que me asista en todo el ciclo comercial, debo de tener un producto o un servicio de calidad que consiguen otros departamentos distintos al mío. Mi empresa requiere, además, gente en RR.HH, en medio ambiente y calidad, requiere gente en administración, etc, etc. Yo soy, pues, una parte de todo un equipo que trabaja al unísono y en el que todas las piezas son importantes, más o menos pero lo son.
¿Cómo se puede valorar mi productividad personal? Es, sencillamente, imposible. Se podrá valorar si hago un buen o un mal trabajo pero no me pueden medir la productividad. Si yo digo que he ganado millones de euros para mi empresa ¿no pueden decirlo las personas de RR.HH que me seleccionaron? ¿no pueden decirlo aquellas personas de soporte que consiguen que todo vaya perfectamente? Es incuantificable.
Por lo tanto la productividad de una empresa sólo se puede medir en términos globales, de empresa. Recursos por un lado y producción (y por lo tanto beneficios) por otro. Que nadie se engañe pensando que un sistema así le puede beneficiar respecto a otros compañeros porque eso es falso. Si estás en una empresa muy productiva posiblemente te beneficie pero, ¿y si pierdes el trabajo y acabas en otra empresa menos productiva?
En la empresa donde trabajaba antes era mucho menos productivo de lo que soy ahora. La empresa era una Pyme, con prácticas empresariales bastante deficientes y a veces incluso delictivas. Yo trabajaba casi igual que ahora, pero mi productividad era mucho menor al estar limitada por el producto, la gestión empresarial, la marca, los compañeros…Esta es una realidad que me ha hecho entender que realmente dependemos mucho más de la globalidad de lo que queremos creer, exactamente igual que nos pasa como ciudadanos en la sociedad.

¿Se aplicará la doctrina Merkel? Me temo que todo apunta a que sí, por lo menos a que iremos a un sistema mixto de incrementos salariales. Temo bastante lo que puede llegar a pasar para los trabajadores, pues la mayoría de las empresas españolas son muy poco justas y suelen utilizar estas realidades para reducir costes y no para lo que han sido creadas.
A mi no me afectará en exceso, pues ya tengo un sistema mixto de aumentos salariales (dependen del IPC, de mi valoración de competencias anual y de los resultados de la empresa) y mi empresa se ha mostrado bastante legal en este aspecto. Pero un sistema así aplicado mayoritariamente, o un sistema por objetivos, sería una fuente de picaresca latina y de engaño a los trabajadores. Y un sistema así mal aplicado a lo que llevaría es exactamente a lo contrario de lo que se piensa, llevaría al descenso del rendimiento individual por trabajador al sentirse este engañado por su propia empresa.

Los asalariados se suponen que venden su trabajo por un dinero anual menor a su productividad a cambio de no asumir riesgos. Parece que lo que se pretende es, en cierta manera, hacer partícipes a los trabajadores de los beneficios o pérdidas empresariales. Bien, si lo que se quiere es evolucionar hacia este sistema a mi no me parece mal. Pero si se hace que se legisle muy a fondo, que se negocien muy bien los convenios y que se cree un sistema donde el fraude empresarial vía ingeniería fiscal u otra vía diferente no sea posible.
Si realmente de lo que se trata es de apretarte el cinturón cuando las cosas van mal, pero a cambio tienes beneficios extraordinarios cuando van bien, no me parece algo tan malo. Lo que me preocupa es la aplicación y que la teoría se convierta, como tantas otras veces, en puro maquillaje para obtener un objetivo mucho menos honesto: La reducción de los costes laborales a cambio de nada.

lunes, 7 de marzo de 2011

El regional-catolicismo














Como en esta comunidad en la que vivo ya no hay vergüenza ni nada que se le parezca, y como no hay ninguna posibilidad de que el atajo de parásitos que nos gobiernan salgan de la poltrona, nos encontramos con realidades políticas tan indisimuladas que resultan obscenas.
Hace unas semanas nos dimos cuenta que el ayuntamiento de Valencia iba a permitir a la Universidad católica de Valencia a construir una clínicas universitarias en un terreno que estaba reservado para un instituto público. Vengo denunciando hace ya tiempo el asalto de la iglesia católica a la sanidad valenciana y por extensión española, gracias a los lucrativos negocios de gestión privada que ya se han ensayado con mucho éxito para las empresas y bastante poco para los ciudadanos, y en los que la iglesia ha visto un filón para aumentar su presencia e influencia social, parte central de su negocio. Después de que a esta universidad se le concediese la carrera de medicina contra la opinión del ministerio, ahora llega la hora de crear clínicas y en el futuro optar a la gestión de hospitales para colocar a sus estudiantes, y así conseguir implantar su “bioética” en la sanidad española. Quien no vea esta dinámica es que no mira en la dirección adecuada.

Pues bien, tenemos más realidad apostólica para estos días. Resulta que la conselleria de sanitat publicó hace un tiempo un programa de educación sexual para los colegios, como es su obligación. Nuestra querida iglesia, indignada ante tal oprobio y sin ningún tipo de contención, pues sabe que se encuentra ante un gobierno opusdeísta y meapilas, ha publicado su propia guía sobre sexualidad. Ya sabéis: La masturbación es un vicio, la homosexualidad una disfunción, continencia hasta el matrimonio, rechazo al aborto, etc. Todo muy lógico, como si un ciego fuese profesor de pintura, o un sordo de música, señores que no han conocido mujer ni, en teoría y siendo muy benévolos, han tenido sexo con nadie, se dedican a decirles a los niños y jóvenes como vivir su sexualidad (Lo siento, por común que sea en nuestra sociedad no puedo dejar de escandalizarme por una aberración tan transparente).
En fin, el tema es que los señores del arzobispado han distribuido este programa por los colegios privados y concertados religiosos como “contraprograma” para que se les de a los niños la educación sexual que ellos quieren. Nuestra conselleria, en vez de decirle a todos los colegios concertados que deben dar el programa de la conselleria y no el de una institución privada, incluso decírselo a los colegios privados pues recordemos que la iglesia no es nadie para marcar los contenidos educativos de forma unilateral (por muy privado que sea un colegio está sometido a una licencia), se pliega ante los intereses de la santa madre iglesia y comunica que “los consejos escolares tienen autonomía para aprobar aquellas actividades o programas extraescolares que consideren. Los centros, si es aprobado por su consejo escolar, pueden decidir este tipo de cuestiones que son voluntarias dentro de su libertad”.
Si el asunto es grave de por sí, es más grave aún la interpretación que se puede hacer de estas palabras, pues fácilmente cualquier colegio público podría, si su consejo escolar lo decide, dar este tipo de educación sexual.

Lo gracioso es que una de las argumentaciones de la iglesia es que las familias puedan elegir una educación conforme a sus convicciones porque lo garantiza la constitución española…Es increíble que la iglesia, que vive como vive gracias a un concordato inconstitucional aprobado a oscuras por la UCD en 1979 y contra el que ningún gobierno se ha atrevido a actuar, hable de la constitución. Si fuese por la constitución no deberían haber crucifijos ni en las aulas, ni en las juras de los cargos públicos ni en ningún centro oficial. Si fuese por la constitución estos señores no podrían recaudar dinero a través de la declaración de la renta. Si fuese por una visión mínimamente laicista de la constitución estos señores no podrían dar religión en los colegios del estado.
Hasta ahora ningún gobierno ha denunciado el concordato de 1979. Se puede entender por una cuestión de puro electoralismo, aunque obviamente no se puede apoyar. Pero que ahora, con un gobierno que está acabado y no tiene nada que perder, no se denuncie este concordato inconstitucional me parece una verdadera vergüenza que no se le puede perdonar a este gobierno.

Mi tierra vive, probablemente, el peor momento de los últimos siglos en lo que a política y sociedad se refiere. Un gobierno que ha arruinado miserablemente nuestra tierra, no a nivel económico general (pues el paro y la situación económica no es culpa suya) pero sí a nivel saneamiento de las instituciones públicas valencianas y, sobre todo, a nivel cultural, político y ético. Una ruina de despilfarro, incultura y corrupción generalizada y transparente que ha echado raíces sobre una ciudadanía pasiva invadida de meninfotisme, esa es nuestra principal cruz. Y, ahora, un gobierno opusdeista que parece querer rescatar las esencias del nacional-catolicismo tiñéndolo con pintura fallera.
Valencianos decidme ¿Por qué permitís esto? ¿Por qué vais a permitir que esto se repita para los próximos 4 años? Tendréis miles de excusas, ¿verdad? Pues no, es inaceptable, es inadmisible en cualquiera de los casos.
Valencianos, hago un llamamiento a vuestra responsabilidad, no, mejor, os exijo vuestra responsabilidad. Este señor que gobierna y su grupo cercano son un cáncer para nuestra tierra. Detrás de los faustos que hechizan a los despistados se encuentra una metástasis que tardaremos décadas en sanar. ¿Cómo podéis votar a estos que han extendido la mancha de la corrupción desde Vinaroz a Orihuela? Fabra, Camps, Costa, Ripoll, Betoret…Gürtel, comisiones, concesiones, financiación ilegal, plantas de residuos, casas de putas, trajes, cohecho, delitos fiscales, loterías… ¿Qué más queréis? ¿Qué os quiten el dinero del banco? Llamadme demagogo, pero si por demagogo dejo de ser un estúpido y un cómplice me alegro de serlo.
Cada vez que veo al señor Camps responder en las sesiones de Les Corts, cada vez que veo como insulta al pueblo valenciano con su desprecio a sus adversarios, su cinismo, sus aires de grandeza, su asqueroso comportamiento de pobre perseguido; cada vez que le veo me alegro más de no haberle dado la mano en aquel acto hace unos meses. Este señor hasta que no dimita no merece darle la mano a ningún valenciano digno, y cualquier valenciano que pueda no dársela, porque el protocolo se lo permita, debería hacer lo mismo.

¿Qué le votas porque eres del PP? Amigo pepero, no seas hipócrita e iluso. Es tu querido president y su panda de amiguetes el que está hundiendo a tu partido. ¿Te crees que Rajoy le quiere? Rajoy le habría ventilado hace meses si no fuese porque está cogido por los testículos y amenazado por Camps y su entorno. Rajoy tiene la amenaza sobre su cabeza de que, si quita a Camps (primera fila y escudo de toda la ponzoñosa realidad que hay detrás), éste se hubiese montado un partido regionalista como Álvarez Cascos y le hubiese arrebatado 4/5 partes de votos al PP.
Esa es la realidad, esa es la puñetera realidad. No amigo del PP, este hombre no es tu candidato, este hombre no es más que un chantajista profesional que va a acabar arruinando la imagen de las personas más dignas de tu partido. Me parece estupendo que te creas que el PP nos va a sacar de la crisis, es un problema de apreciación y de poca visión, pero ya está. Me parece igual de perfecto que aquellos que creen que ZP va a conseguir una salida “social” de la crisis. Estáis todos para iros a una revisión oftalmológica urgente, pero es una cuestión de apreciación y eso se puede aceptar. Pero aceptar este Campismo pseudoblavero corrupto y obsceno, eso es inaceptable. Se puede meter la pata, pero no la mano, se puede apoyar a quienes meten la pata, pero jamás a quienes meten la mano.
Y no me digas que todos son iguales y te justifiques con eso porque tu actitud es injustificable. Si crees que todos hacen lo mismo no votes a nadie, pero no te manches las manos. En mi opinión quien vote a este gente en estas elecciones merece ser amonestado y exigido por su responsabilidad en los próximos 4 años (de forma amistosa, me refiero).  ¿Qué nada está demostrado?....¿Pero de verdad tienes la osadía de plantear eso?
Tienes decenas de partidos para votar, ¿No te vale el PSPV? Lo entiendo. ¿Ni EUPV ni el Bloc? No sabes como te entiendo. Pero tienes mil, desde los verdes, UPyD, partidos de derechas, izquierda, centristas, liberales, comunistas, nacionalistas, hasta tienes uno de cannabis y otro de los toros; Y si no, votas a Carmen de Mairena y sus mítines enseñando las tetas (o lo que sea eso) en público. Pero a Camps no, a Camps es imperdonable.
¿Qué es tirar el voto? Puede. Pero yo, amigo mio, prefiero tirar un voto a la basura que tirarme a mi mismo a la basura. Prefiero tirar mi voto que tirar mi dignidad.

…Se me ha ido el escrito de foco, lo siento una vez más. Pero cuando veo a esta gente, cuando veo al curita y a sus acólitos, os prometo que me enciendo. Creo que sólo los italianos o los ciudadanos de Marbella pueden entender como nos sentimos los valencianos.

jueves, 3 de marzo de 2011

El hundimiento de la socialdemocrácia; la necesidad de construir una nueva izquierda (V)

EL CASO ESPAÑOL Y CONCLUSIONES FINALES















A pesar de que hemos desarrollado una idea de izquierda que puede ser común a todos los países o por lo menos a todos los países occidentales, cada país tiene su idiosincrasia y sus propias particularidades. Creo que es importante apuntar brevemente cuál es la situación de España y qué medidas locales hay que tomar aquí.
Hay varios errores que ha cometido y comete sistemáticamente la izquierda en España. Uno de ellos es ese mantenimiento de cierto cordón umbilical que une a la izquierda española y a los partidos nacionalistas desde la guerra civil. La izquierda ha asumido que es la defensora de la descentralización de España y la opositora a la visión centralista del tradicional estado español, y eso le ha llevado a sentir que tiene unos intereses comunes con los nacionalistas que se oponen a los de la derecha tradicional española.
Esto, para mi, es claramente erróneo. El nacionalismo es, por definición, una idea totalmente opuesta a la izquierda. El nacionalismo otorga a los territorios idiosincrasias superiores que se imponen a las voluntades o realidades de los ciudadanos, mientras que la izquierda tiene una visión “republicana” de la sociedad dónde la voluntad ciudadana es la que crea la realidad nacional. La izquierda además, e independientemente de su ámbito de actuación o su patriotismo, es originalmente internacionalista. La realidad luego no es tan marcada ni existe una dualidad tan descarada en términos reales, pero no podemos caer en la confusión de creer que defendemos cosas parecidas porque eso no es cierto. Intelectualmente la izquierda y el nacionalismo son opuestos, lo que no quiere decir por supuesto que se pueda llegar a acuerdos y visiones similares en muchos temas.
Si este país hubiese tenido una historia menos convulsa, con menos dictaduras, intervenciones militares y centralismo, seguramente estos partidos nacionalistas serían aliados naturales de la derecha y no de la izquierda. Otras derechas más modernas que la nuestra son más partidarias del poder local y del federalismo, establecen planteamientos ideológicos paralelos aunque en otro ámbito a estos nacionalistas, y si nuestra derecha fuese así no hubiese existido jamás este cordón umbilical que mantenemos desde hace muchísimas décadas.
La izquierda puede defender, incluso es posible que deba defender, el federalismo, pero los nacionalistas no quieren un federalismo simétrico tal y como se entiende normalmente. Los nacionalistas no buscan una descentralización del estado, buscan aumentar competencias que no es lo mismo, no buscan la implantación de un senado verdaderamente poderoso y gestor de ciertas competencias, pues lo que buscan es poder actuar por sí y ante sí, los nacionalistas buscan una vaga idea de autodeterminación, algo opuesto a un federalismo de estado formado como el que podemos querer en España.

Ya que hablamos de nacionalismo hay otra cosa que creo que está muy errada en el discurso de los sectores sociales a la izquierda del PSOE. Ante la amalgama de partidos que hay a esta parte se ha asumido por parte de todos cierta tolerancia o aceptación parcial a ideas bien muy particulares de algunos grupos, bien muy sentimentales. Fundamentalmente hay dos ideas que parece que la izquierda ha asumido como bases: Derecho a autodeterminación de zonas de España, y búsqueda de la III república.
Ya he dicho porqué me parece un error mayúsculo el aceptar y/o apoyar el derecho de autodeterminación de las zonas o comunidades integrantes de un país compuesto como el nuestro, pero es que además hay algo que no podemos obviar. Si queremos realmente construir un proyecto político integrador que pueda acoger a una parte importante de la población, estos planteamientos son divisivos y claramente errados y lo único que consiguen es el rechazo de la población. Para tener contentos a 3 ó 4 grupúsculos, te sitúas en contra del 80% de la ciudadanía. No es que el planteamiento sea intelectualmente ajeno a nosotros, es que es un suicidio político.
Con la búsqueda de la república pasa algo parecido. Yo soy totalmente republicano, pero considero que esto es algo absolutamente secundario en el momento político actual. El problema de este país y este mundo no es que haya un rey, el problema es una serie de planteamientos político-sociales y económicos que nos están llevando al retroceso del estado social y de la igualdad. Pensar que la república, de por sí, va a traer un país más igualitario es un disparate mayúsculo que no tiene ningún sentido a poco que levantes la vista y mires otras latitudes. No es que se deba renunciar a la república como idea u horizonte de una forma de estado más democrática, lo que pasa es que es algo que provoca divisiones y rechazos absurdos y que no aporta nada práctico, y por lo tanto debemos dejarlo apartado de los programas y horizonte político. Debemos ser republicanos pero no ejercer de republicanos.

Si analizamos realmente los problemas de España a nivel político, creo que hay uno al que hay que prestar especialmente atención y que debe ser uno de los puntos prioritarios de la acción política de una nueva izquierda en España. La realidad política del país está totalmente deteriorada y el ejercicio de la política está cada vez más alejado de la ciudadanía, es más irresponsable y la ciudadanía no sabe, no puede o no quiere ejercer la auditoría democrática para corregir esta realidad.
Cuando en un país los corruptos ganan sistemáticamente las elecciones en sus municipios y comunidades es que hay un gravísimo problema de ejercicio de democracia. La tolerancia ante la corrupción es algo que llevará a nuestro país a convertirse en una democracia propia del tercer mundo y eso es algo que no podemos permitir. Que las afinidades ideológicas tapen o minimicen la delincuencia y el abuso de poder es el camino para convertirnos en un país de mafiosos, que nadie obvie esto.
Todo esto viene probablemente creado por la clara polarización social, más ficticia que real, entre las dos etiquetas políticas. La derecha y la izquierda nominal están protegidas por el tramposo y maldito dogma del “tú más”. Prensa de partido los defienden, jueces de partido los absuelven. Una dualidad social firme y establecida protege una realidad política caducada y nociva.
Cualquier proyecto político de esta nueva izquierda debe presentarse ante la ciudadanía con una idea regeneracionista de la política. Debemos convertir los obvios y decimonónicos principios de la buena política en una realidad. En este aspecto se debe crear un proyecto político que tenga entre sus máximos objetivos devolver la transparencia y la honestidad a la política española, y hacer un tipo de política que incite al ciudadano a ejercer una verdadera labor auditoria de los representantes públicos. Creo que un buen modelo de lo que quiero decir podría estar en el partido la Italia dei valori del ex juez Antonio di Pietro.

Finalmente creo que es importante volver a formular un principio y un horizonte que no debemos olvidar. El estado-nación como base para la mejora de la sociedad está agonizante. Las batallas verdaderamente relevantes para el bienestar de la población de juegan en escenarios internacionales, no dentro de nuestras fronteras.
Esta realidad nos lleva a tener que plantear, quizá, el más difícil de todos los retos, que es el abandono parcial de nuestra soberanía. En un mundo multipolar países como en nuestro no tienen fuerza para ir contracorriente, no tienen fuerza para poder plantear políticas realmente transgresoras. Necesitamos un ámbito de actuación mayor, y este ámbito debe ser la Unión europea.
Creo que la izquierda europea debe apostar sin ambages por un horizonte europeo y por una transformación del actual modelo de Unión europea. Debemos apostar por un modelo europeo de hacer las cosas y por una Europa social, y para poder conseguir esto debemos establecer primero las herramientas para conseguir los cambios propuestos.
En esta Europa de los estados y las decisiones por unanimidad no vamos a poder avanzar nunca, así que hay que ser osados. Necesitamos un verdadero gobierno europeo con poderes reales en materias como la economía o la seguridad, un gobierno europeo elegido por sufragio universal y respaldado por la mayoría de la ciudadanía. Las dificultades para esto son múltiples: Resistencias a perder soberanía, localismos competitivos, problemas idiomáticos…Está claro que no es un camino fácil, pero necesitamos un bloque de poder regional poderoso para poder reformar este mundo y para poder aplicar políticas que individualmente no podemos aplicar.


Sé que ha sido una serie de escritos largos y que pueden haber sido un poco tediosos para mucha gente. Conforme escribía me surgían nuevas ideas e iba olvidando o desechando las ideas que tenía en mente para el texto, y por eso puede dar la sensación que más que unos escritos bien estructurados ha sido una especie de Brainstorming político. No os falta razón, la verdad es que los textos conseguidos se parecen poco a los que tenía en mente hace dos semanas. Me quedan muchas cosas en el tintero y posiblemente también me he metido a desarrollar ideas que no venían al caso. Da igual, creo que es mejor así, una visión honesta y personal sobre cómo veo yo la realidad de la izquierda actual y como debe ser su futuro.
Seguiremos desarrollando estas ideas con el paso de los meses, estoy seguro. Valgan estos 5 textos como mi aportación personal a eso que se llama la “refundación de la izquierda” que nadie sabe claramente si es algo serio o no. Mi opinión personal es que estamos muy lejos aún de la creación de una verdadera izquierda refundada y que nos queda mucho camino por recorrer. Las mesas de debate, de convergencia, etc. Están muy bien, pero creo francamente que ese camino está cojo. Necesitamos, en mi opinión, más profesionales y especialistas con ideas claras de lo que hay que hacer en los distintos ámbitos y alguien que sepa convertir eso en un programa político serio y novedoso. A partir de ahí se discutirá lo que haya que discutir, pero alguien tiene que dar ese primer paso, alguien debe crear un verdadero programa político con unos objetivos y métodos claros, y presentarse ante el mundo con unas nuevas ideas bajo el brazo.
Prometo, finalmente, intentar hacer textos más breves a partir de ahora ;-)