La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 31 de octubre de 2011

El engaño de Rajoy
















En estas elecciones podemos observar dos estrategias igualmente obscenas pero básicamente distintas. Si Rubalcaba directamente engaña en sus propuestas, bien porque sabe que no va a gobernar bien porque no le importa lo más mínimo ser honesto, Rajoy ha optado por la estrategia contraria, es decir, no proponer nada concreto, no hacer ninguna propuesta que le pueda ser rebatida ni comprometerse a nada.
¿Es más honesta la actitud de Rajoy? No, en absoluto. Para empezar es la labor de un político hacer propuestas, decir lo que va a hacer y cómo va a gobernar. No hacerlo y pretender que te voten porque sí es esperpéntico. Pero además es que Rajoy si bien no engaña con sus propuestas sí engaña con sus mensajes abstractos, pues se presenta a él mismo y al PP como la solución para la crisis en base a nada.

¿Cómo sacará el PP a España de la crisis? No se sabe, pues lo máximo que se ha escuchado es la declaración de que lo hará “creando confianza”, frase vacía y estúpida dirigida a engañar a las masas que no entienden en funcionamiento económico de un país y los factores que influyen en la inversión y en la creación de empleo.
¿Qué propuestas tiene el PP? Ninguna concreta, son todo ambigüedades sobre “hacer reformas” sin que sepamos el sentido de la reforma. Quieren hacer una reforma laboral pero ¿cambiando qué?, quieren hacer una reforma del sistema financiero español, ¿cómo?, y así todo. No sabemos sí quieren eliminar la indemnización por despido de 45 días o si, quizá, quieren prohibir el despido. No sabemos si quieren reformar la educación en España privatizando colegios e institutos o sí, por el contrario, quieren clases de 15 alumnos.
No dicen nada, no proponen nada y dejan pocos resquicios para saber qué piensan. Lo que van a hacer en estas “reformas” lo suponemos en base a que son un partido de derechas y que, por lo tanto, entendemos que van a cambiar en un sentido de mayor flexibilización laboral, más privatizaciones y mayor recorte de gasto público. Pero claro, la absoluta ambigüedad de todo su discurso les permite decir que no van a recortar el estado del bienestar o, por ejemplo, oponerse a ciertas privatizaciones que están en marcha. ¿Entonces qué van a hacer? Fijaos que es todo una locura si no fuese porque sabemos que no dicen la verdad.
Quiero hacer ver al lector que este mismo discurso lo podía tener cualquier partido de cualquier ideología. Un partido comunista, por ejemplo, que sabiéndose ganador actuase con esta extrema ambigüedad probablemente haría el mismo discurso. Propondría reformas sin decir la base de las reformas, por lo que no sabríamos de sus intenciones y nos basaríamos en suponer que al ser comunistas querrán hacer una política en ese sentido, sin necesidad de que la digan. Estaríamos, como estamos ahora, en la nulidad de la política.

Ante las presiones del aparato de propaganda del PSOE para que Rajoy diga qué propuestas tiene (porque saben, como sabemos todos, que no tiene ninguna), a éste le ha dado por responder que no propone nada “por si no se puede cumplir”. La cosa sería verdaderamente graciosa si no fuese porque es impresentable.
Lo que parece pretender el Sr. Rajoy es que le voten por su cara bonita, en base a una especie de confianza mesiánica en él mismo y en su preclara visión de las soluciones a aplicar en cada momento. Es una especie de cheque en blanco, es darle la gobernación del estado a alguien por pura desesperación. Y recordemos que este señor que quiere que se le vote en base a la nada es el mismo que lleva dos elecciones generales perdidas.

¿Pero tiene Rajoy y el PP una política en mente? Por supuesto que la tiene, el PP sabe perfectamente lo que va a hacer cuando llegue al gobierno, ¿sabéis lo que es? Pues exactamente lo mismo que está haciendo el gobierno Zapatero desde la primavera de 2010, que es básicamente la política que se nos exige desde Bruselas, desde Berlín y desde otras sedes de organismos internacionales.
Esa es la puñetera realidad, pero el PP no va a decirlo nunca por razones obvias, ¿Para qué votar al PP si va a hacer lo mismo que el PSOE? ¿Cómo se puede criticar al gobierno del PSOE si tú vas a hacer y hubieses hecho exactamente lo mismo en el último año y medio? Fuera de chorradas en temas superfluos, fuera de discusiones absurdas sobre si el matrimonio se debe llamar matrimonio y el aborto debe definirse como un derecho o como una despenalización, lo demás va a ser sustancialmente similar.

Callar, no decir nada, criticar en base a absurdeces, otorgarte superpoderes mesiánicos para crear confianza y hablar de “cambio” cuando no vas a cambiar nada es lo que está haciendo el PP para cumplir su objetivo, que es ocupar el poder para así poder repartir cargos públicos entre sus cuadros. No penséis que hay otra voluntad que esta porque no la hay. Y no le hace falta hacer nada más, porque sabe que va a ganar las elecciones.
Y digo lo mismo que en el caso anterior. Creo que el lector es lo suficientemente inteligente para entender porqué este partido no merece nuestro voto y porqué este partido no va a aportar nada a España más que la repetición de la política que ya estamos viviendo.

jueves, 27 de octubre de 2011

El engaño de Rubalcaba















A mi me han engañado muchas veces en la vida como creo que le ha pasado a todo el mundo. Los seres humanos tendemos a creer lo que queremos creer y solemos confiar en aquello que nos gustaría que ocurriese por mucho que objetivamente sepamos que no ocurrirá. Como dice un lema Irlandés, “Fe es creer en lo que sabes que no es cierto”, y tengamos una Fe religiosa o no la tengamos siempre hay un terreno donde creemos lo que queremos creer, donde tenemos Fe.
Los engaños son muy frecuentes, por ejemplo, en el amor. Las personas queremos creer las promesas de nuestros amantes o parejas que ya nos han hecho daño alguna vez, pero como los queremos, como creemos que no podemos vivir sin ellos nos queremos creer las mentiras una y otra vez. Esto también pasa muchas veces con los amigos por cuestiones similares y lo podríamos extrapolar a otras muchas facetas más frívolas de la vida como puede ser tu equipo de fútbol, del que quieres creer que va a ganar la liga cuando sabes que es imposible.

En la política también existen los engaños y de forma insultantemente masiva. La política se convierte en muchos casos en un campo de Fe y de pasiones irracionales y precisamente por eso es, junto al amor, un terreno abonado a la mentira y a la credulidad del que quiere ser engañado.
Yo creo que a muchos de los que asisten a las conferencias políticas del PSOE de los últimos tiempos les debe gustar que les engañen porque si no no se explica que la gente no se levante y se largue de la sala profiriendo improperios ante las políticas que el Sr. Rubalcaba dice que va a aplicar si llega al gobierno. Habrán muchos de los asistentes que formarán parte del engaño, que sabrán perfectamente de qué va la escenificación y harán de tripas corazón por lealtad al partido (que ahora mismo implica necesariamente deslealtad a los valores y principios del partido, allá cada cual), pero no pueden ser todos, por lo que deduzco que allí hay realmente mucha gente que se está tragando lo que les están contando.
Voy a cambiar cariño”, ese es el resumen de toda esta historia. Voy a dejar de ser malo, egoísta, de portarme mal, de coquetear con otras, de mentir y ocultarte cosas. He recapacitado cariño, he visto que por este camino no estoy haciendo otra cosa que hacerte daño, he abierto los ojos y me he dado cuenta lo equivocado que estaba. Cariño, sí, voy a volver a ser de izquierdas.

Habrá quién acepte el papel de mujer (o marido) cándida, comprensiva e idiota, pero a mi no me da la gana, lo siento. Entrando en la cuarta década de mi vida no me apetece que me tomen por un idiota por más tiempo.
Que el Sr. Rubalcaba nos cuente ahora que va a suprimir los privilegios hipotecarios de la iglesia católica, aceptar la dación en pago de la hipoteca, crear un nuevo impuesto sobre las grandes fortunas, aumentar la tributación de las Sicav, crear un impuesto sobre los beneficios de las entidades financieras, regular las remuneraciones de los altos directivos, reformar el senado, la ley electoral, etc, etc. Es tan ridículo que no sé si me dan ganar de soltar una carcajada o de llorar.
¿Usted se cree que nos chupamos el dedo, Sr. Rubalcaba? Yo sé que usted está muy desesperado no ya para ganar las elecciones, no ya para evitar una mayoría absoluta del PP, si no para no obtener el peor resultado de la historia del PSOE desde la II república; pero el respeto al ciudadano al que se dirige es algo sagrado y no se puede tolerar que se trate al ciudadano como un imbécil, aunque muchos lo sean. Que Rajoy haga lo mismo e insulte a la inteligencia de su público cada vez que habla no justifica nada y acogerse a esto y entrar en este asqueroso combate es impresentable.
Ahora resulta que usted va a aplicar todas aquellas políticas que mucha gente les lleva reclamando desde hace años, a las que ustedes se han opuesto en declaraciones públicas y en votaciones en el congreso, políticas que no ha aplicado ni ha propuesto en sus 6 años como ministro del gobierno de España, muchos de los cuales ha sido, además, vicepresidente….No nos tome por idiotas, por favor.

Los programas electorales son generalmente una gran estafa. Están llenos de promesas que no se van a cumplir por distintas razones, y eso es algo habitual en todos ellos independientemente del partido. Pero que la parte básica de un programa electoral sea la negación de la política que ese mismo partido y ese mismo candidato ha estado haciendo durante los años anteriores de gobierno es una desfachatez que no había visto nunca.
Creo que el lector es lo suficientemente inteligente para entender porque este candidato y este partido se descalifican por sí solos.

lunes, 24 de octubre de 2011

Perspectivas SeR: Ciudadanos progresistas ante el 20-N

Bueno, como ya sabéis hace unos días nos pidieron una serie de escritos sobre las elecciones del 20-N y cuál creemos que debe ser la perspectiva de los progresistas ante esta cita. El Sr.Júcaro se ha encargado del ensamblaje de los distintos textos y este es el resultado.
Este número de perspectivas, además, no es exclusivamente temático si no que incluye además otras secciones sobre temas de actualidad y culturales. La idea es que a partir de ahora los números de perspectivas incluyan este tipo de secciones y, además, no estén circunscritos exclusivamente a los escritos de la comunidad SeR y por lo tanto otros blogeros puedan participar con alguna publicación.

Os dejo con el 8º número de perspectivas SeR:



sábado, 22 de octubre de 2011

Breves reflexiones sobre el fin de ETA













No me gusta mucho comentar estos temas tan manidos y tantas veces hablados. Estoy seguro que en casi todos los blogs políticos hay algún escrito sobre el fin de ETA, analizando más o menos ampliamente su historia y su final. No es mi intención hacer eso y de hecho me da un poco de pereza escribir las mismas argumentaciones que se estarán repitiendo en otros sitios. Pero la actualidad manda.

Todos sabíamos que ETA anunciaría su cese de la “lucha armada” en poco tiempo. Le era demandado por todos y por todo, por la lógica, por la historia y hasta por su propia gente, era cuestión de esperar.
Los pasos que ha seguido la llamada izquierda abertzale durante los últimos meses dejaba claro que esto estaba al caer, y esa extraña conferencia de hace unos días con varias personalidades internacionales de relevancia pidiéndole a ETA el fin de la violencia hacía vislumbrar que a la actividad terrorista de ETA le quedaban horas. De hecho estoy casi convencido que el gobierno lo sabía.
La izquierda Abertzale y Bildu le han estado tejiendo a ETA un cómodo manto de excusas y de equívocos para que tomase esta decisión sin aceptar que estaba totalmente derrotada y acabada. Que fuesen Kofi Annan o Jerry Adams quienes pidiesen a ETA su final en base a unas declaraciones a favor de la paz y la concordia era la excusa perfecta para no aparecer derrotados ante sus seguidores y poder mantener el equívoco de que su casi medio siglo de crímenes ha sido algo más que una pesadilla sin sentido. La cuestión para ETA y su mundo ya no era su proyección hacia el futuro, si no la justificación de su pasado, que ha sido estéril y fracasado. La cuestión era poder generar un autoengaño colectivo dentro del mundo abertzale para poder hacer lo que había que hacer.

¿Valía la pena esa conferencia hecha para darle a ETA una salida “digna” a su final? Si bien es insultante que los criminales se auto convenzan de ser combatientes en una guerra entre iguales creo que debemos entender que esto no es más que propaganda para el autoconsumo abertzale y que nos debe importar bastante poco los pensamientos sectarios de quienes arrastran un fracaso de medio siglo a sus espaldas. Lo que importa son los hechos y no las palabras, y sí los afines a ETA se sienten más cómodos pensando en no sé qué escenarios imaginarios de un conflicto armado inexistente pues que lo crean. Si creer en cosas que no han pasado, si la fantasía histórica sirve para que el terrorismo acabe y la convivencia en el país vasco mejore, que se auto engañen lo que quieran.
La democracia Española no tiene ni debe entrar dentro de estas confusiones por útiles que sean. Un estado democrático no se debe poner a la altura de unos terroristas ni aceptar fantasías por útiles que sean, lo que no quiere decir que no pueda ser “generoso” en aras del interés general. Pero sí que es cierto que hay un punto oscuro en la acción del estado español democrático, que no justifica nada pero no debe olvidarse ni esconderse, y este es la guerra sucia contra el terrorismo.
La triple A, el batallón Vasco español, el GAL, etc. Muchos grupos dentro de la estructura de los cuerpos de seguridad del estado han cometido crímenes similares a los de ETA y, seamos realistas, no todos los responsables de estos crímenes han sido juzgados. La realidad de la España postfranquista fue complicada respecto a su relación con el ejército. Los continuos atentados de ETA desestabilizaron la democracia y llevaron a una parte importante del ejército a pensar (o a fortalecer sus opiniones preestablecidas) que la democracia era un régimen débil que permitía a los terroristas campar a sus anchas. Esta fue la razón por la que los gobiernos democráticos hicieron la vista gorda ante estos crímenes. Prefirieron que se matase etarras antes de que la democracia naufragase. Fue una válvula de escape contra el golpismo.
El uso electoral que se ha hecho del caso de GAL hace que todavía no se pueda hablar de esto con claridad. En este estado irresponsable de partidos políticos irresponsables que no son capaces de ver el interés del estado por encima de sus intereses políticos (aunque sí saben, curiosamente, ver este “interés general” cuando se trata de imposiciones económicas del exterior y ajenas a nuestra soberanía) hablar de esto provocaría orgasmos entre los profesionales de la política demagógica que aprovecharían el caso para intentar aniquilar políticamente a sus rivales ideológicos. Y eso, desgraciadamente, ha llevado al “limbo” este asunto.
El estado español no debe jamás ponerse a la altura de los terroristas y aceptar una dialéctica imaginaria, pero si es conveniente para el proceso de desarme y la concordia en el país vasco quizá sería positivo hacer una declaración solemne en nombre de las instituciones del estado contra los crímenes de la guerra sucia y aceptar que no se fue lo contundente que se debió en su contención y persecución. Este paso no es una cesión, no es una concesión de nada, es simplemente aceptar lo que pasó y ser valiente. Un pasteleo indigno con ETA nunca debe hacerse, pero ser honesto con la realidad es algo totalmente diferente y no debería confundirse jamás con lo primero.

Escuchaba el otro día unas opiniones encontradas sobre Bildu. Desde el nacionalismo y parcialmente desde el partido socialista se acepta que Bildu es la iniciativa de la izquierda Abertzale para llevar a ese mundo hacia las vías democráticas y para “persuadir” a ETA de que desaparezca. Desde el PP y UPyD, en cambio, se dice que Bildu es “parte de la estrategia de ETA”.
¿Quién tiene razón? A la vista de los acontecimientos, los dos. Bildu sí es una iniciativa para llevar a la izquierda abertzale al terreno de la política democrática, pero también parece ser parte de la estrategia de ETA, por lo menos de esa parte mayoritaria de ETA que quería dejar las armas definitivamente. La precipitación de acontecimientos desde la conferencia hasta la declaración de abandono de las armas deja claro que esto no es casual, sino que es parte de la misma “hoja de ruta”, que son hechos interconectados y muy probablemente marcados de antemano.
Esta dualidad de planteamientos, que no son excluyentes como vemos, no es más que parte de esta puñetera politización del asunto del terrorismo para ganar adeptos y votos. E independientemente de quién fuese el que empezó esta obscenidad política (que no obstante me parece que está claro), la cuestión es acabar con ella. Sería muy conveniente que se pactase entre los partidos cómo llevar el proceso de desarme de la banda y qué se puede conceder a cambio.
Me imagino que habrá quien diga que no se le debe dar a ETA ni agua. Este sentimiento es comprensible, pero no es serio. El propio final de ETA traerá asociado cambios inevitables, como el acercamiento de presos (la dispersión es fruto de la actividad del terrorismo, y sin éste no tiene sentido y va contra la lógica y las leyes penitenciarias) y la legalización de todas las opciones abertzales. Esto va a pasar y no va a ser una concesión, y quizá es interesante vendérselo al mundo abertzale y a la banda envuelto del color en que quieren verlo en aras del interés general. Una revisión de penas para quienes no tienen delitos de sangre tampoco parece descabellada si la banda, objeto causante de su condena, desaparece. Con cuatro migajas podemos allanar mucho el camino de la futura convivencia en Euskadi.

ETA era (y es, porque no está aún disuelta) un producto caducado hace muchísimos años. Su nacimiento y crecimiento fue durante la dictadura y su pervivencia más allá de ésta fue un contrasentido. ETA debió desaparecer cuando lo hizo ETA-pm. Sin embargo su posicionamiento absolutamente fuera de la realidad histórica fue tras la ruptura de la tregua del 98, que le llevó a ser un lastre del siglo XX extraviado en un mundo que nada tenía que ver con el que veían en sus mentes. La década y pico después de esto ha sido la mayor de las estupideces que jamás ha hecho un grupo terrorista.
Semprún decía que ETA era el último rastro del franquismo. Tenía gran parte de razón y de hecho los historiadores analizarán en el futuro en verdadero daño que la hizo la dictadura a este país, tanto en vidas como en progreso social, político y económico así como en todos los problemas que nos dejó. Muy probablemente si la democracia republicana hubiese pervivido ni este grupo ni otros como el FRAP, Terra Lliure o el GRAPO hubiesen existido. Que este país tenga que seguir viviendo las consecuencias de la rebelión del 36 a veces resulta descorazonador.

Esperemos que Rajoy sepa gestionar el fin de ETA con inteligencia, y francamente creo que sabrá hacerlo incluso actuando en contra de toda la demagogia que ha proferido estos años. En cualquier caso, viendo cómo está el mundo y cómo está el país, me parece que este va a ser el menor de sus problemas.

martes, 18 de octubre de 2011

Manifestación del 15-O en Valencia














































Nunca aprenderé que a las manifestaciones hay que ir antes de la hora de la convocatorio o después, pero no a la hora exacta porque si no te quedas parado demasiado tiempo. Llegué a las 6, pero la manifestación empezó a moverse en la zona donde estaba pasadas las 7. Ambiente muy heterogéneo, muy parecida la del 19 de Junio, tanto en edad como en “estilo”, aunque predominaban los jóvenes.

Cosas que me llamaron la atención: Vi al diputado Fran Ferri, de Compromís, que pasaba perfectamente desapercibido tanto por su aspecto (camiseta blanca y vaqueros, creo recordar) como por el hecho de que no lo conoce casi nadie. No había banderas de ningún partido político, como es normal en este tipo de movilizaciones, ni de los sindicatos mayoritarios, aunque sí de la CNT. También me fijé en un señor con un sombrerito de miliciano anarquista que parecía salido de la columna Durruti.
Dos banderas me llamaron especialmente la atención, una la nueva bandera de Libia (o la antigua según se mire) y otra, que llevaba el acompañante del señor que llevaba la bandera Libia, era la bandera de una de las tribus berebere de Libia. Ambos señores eran libios, por supuesto, y su presencia allí demuestra la relación sentimental que tienen casi todos los movimientos de cambio que se han dado en el mundo en el último año.
El ambiente en general era bastante precario y los medios de la convocatoria eran, por decirlo de alguna manera, escasos, algo que creo que otorga más mérito si cabe al evento. Sin dinero, sin medios, sin canales de comunicación de masas, sin partidos o instituciones apoyándola, y aún así un éxito.

Quería hablar de los motivos de la convocatoria, del por qué era conveniente manifestarse, pero creo que nuestro compañero Amei lo ha expuesto perfectamente en su bitácora Altersocialismo, así que os dejo el link de su artículo para no escribir dos veces lo mismo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Reflexiones en la fiesta nacional
















La verdad es que nunca he sabido si oficialmente el día nacional de España es el 12 de Octubre, como creo, o realmente ha sido sustituido oficiosamente por el 6 de diciembre, día de la constitución, en cualquier caso da lo mismo. Hoy es fiesta nacional y se supone que se celebra “la hispanidad”, otrora “la raza”, que queda como muy salvaje y debieron suavizarlo en algún momento del tardofranquismo o la transición por un término políticamente correcto.

Todas estas fiestas al final tienen una parte de nacionalismo casposo, de patrioterismo vacío, apto para distraer a las masas y despertar orgullos nacionales que creen cierta homogenización entre los ciudadanos en aras de generar proyectos comunes, o todavía peor, en busca de cierta sumisión vital hacia la nación.
Puede ser que esta sea la base de todo, pero vamos a asumir los rituales de celebración que tenemos los seres humanos. ¿Qué se celebra hoy? A mi esto de la hispanidad me ha sonado siempre muy raro (parece como que estemos en el imperio romano, o en alguna fiesta “hispana” en los EE.UU), así que me gusta usar el término “españolidad”, que creo que es lo que realmente se celebra.
¿Qué es la españolidad? ¿Qué es España? ¿Qué esencias tiene España? Son preguntas amplísimas, de casi imposible respuesta, que nos llevan a las distintas filosofías sobre la interpretación de las esencias de una nación, a los conceptos más nacionalistas o más republicanos de entender un país o un estado. Nos retrotraen a la historia, a las costumbres, a la resistencia a aceptar lo nuevo y a dejar lo viejo. Nos llevan, en definitiva, a nuestras personales percepciones sobre nuestra realidad y nuestros lazos con esta realidad política común en la que vivimos.

Se supone que estos son días para celebrar nuestros hechos diferenciales, nuestras particularidades como españoles. Para mí, y creo que para la mayoría de españoles, España no es una bandera, un himno o un rey; eso son símbolos facilones y cosas antiguas. Tampoco es corridas de toros, ni flamenco, ni procesiones ni mucho menos nada relacionado con la iglesia católica. Creo que los simbolismos de merchandising barato han sido erradicados de nuestras mentes, aunque posiblemente no de las de los turistas que nos visitan.
Desde un punto de vista íntegramente republicano la realidad de España no iría más allá de la que componen sus ciudadanos en cada momento de la historia, por lo que no habría esencias diferentes a las costumbres y usos de los ciudadanos españoles del año 2011 para analizar o definir España. Esa visión, que comparto posiblemente en su mayoría, igual es un poco extrema y omite cuestiones históricas y de arraigo que creo son importantes a la hora de hacer una definición equilibrada de nuestra realidad común.
Sí es cierto que somos nosotros los que definimos qué es España, y por lo tanto hay una serie de costumbres y de realidades en este país que han sido absorbidas o copiadas de otros lugares que ya forman parte de esta españolidad. Nuestra forma de vestir, nuestro arte contemporáneo, nuestra forma de vida, etc. No es algo intrínsecamente español, pues en una parte mayoritaria es común con la mayoría de occidente a pesar de tener sus rasgos diferenciales, pero sí forma parte de nuestra realidad como país. Por lo tanto esas realidades forman parte de la españolidad misma, sean originales o no.
No obstante tampoco se puede ser totalmente laxo. Hay modas pasajeras y hay personas pasajeras que a pesar de formar parte de la realidad actual de España no forman parte de su pasado ni lo harán de su futuro. Para ser parte de esta españolidad hay ser consecuencia su pasado o tener influencia en su futuro. Este concepto de “arraigo”, de proyección en el tiempo o de ser consecuencia de nuestro pasado es importante para dotar al concepto de España de cierta estabilidad. Creo que esto es aplicable en todas partes y lo es tanto para modas como para personas y realidades sociales.

Esta fiesta nacional nos obliga a mirar a España, también, como realidad política y económica, y francamente ahí no vamos a encontrar muchas cosas positivas. Nuestro país ha llegado a un punto de gravedad que no es circunstancial y que es producto de todas las cosas que se han hecho mal durante muchos años (sean propias o “copiadas” del extranjero).
El PP y el PSOE han arruinado miserablemente España con sus políticas irresponsables de “pan para hoy y hambre para mañana”, con su electoralismo barato, con su despilfarro populista allá donde han gobernado y con su entusiasta sumisión a las políticas que nos imponían y que nos hacían daño. Estos dos partidos han sido herramientas al servicio de unos modos políticos y económicos y de unas filosofías sobre la gobernación que se han demostrado venenosas: La burbuja inmobiliaria, las privatizaciones masivas, ruinosas y muchas veces para los amigos, el localismo cerril y megalomaniaco del “yo quiero ser más que el vecino”, las políticas fiscales anticuadas y desequilibradas, las políticas de subvenciones y “regalos” destinadas a la compra de votos, el uso de las administraciones públicas como agencia de colocación de amigos, la tolerancia con la corrupción propia, el mirar al otro lado ante el fraude fiscal, el servilismo genuflexo ante Bruselas y un largo etcétera que si lo listásemos todo al final no podría guardar este archivo en el disco duro por falta de espacio.
Políticamente, económicamente, esta España está agotada. No queda más que un cadáver que se mueve con la inercia de los movimientos post-mortem, aunque con espíritu de zombi al buscar su permanencia en este mundo aún estando muerto. La historia es así, las cosas se agotan y la historia acaba cambiándolas por otras nuevas, que tendrán su ciclo y acabarán inevitablemente muriendo. La verdad es que no sé cuanto tiempo le queda al zombi, quizá más de lo que nos gustaría y de lo que sería positivo para el país (esto dependerá de los ciudadanos y de nuestras decisiones en las urnas y fuera de ellas), pero hay algo que ya está muerto y que será sustituido por algo que nace como lleva pasando desde el principio de los tiempos.

En cualquier caso me gustaría dar un poco de esperanza en este día de la fiesta nacional. Es cierto que nuestros problemas son graves y que vivimos en un sistema agotado y fosilizado, pero nuestro país no es una ruina ni mucho menos. Tenemos uno de los mercados laborales que, a pesar de sus carencias, tiene uno de los porcentajes de titulados más altos del mundo, tenemos una de las mejores infraestructuras turísticas del mundo, tenemos una potente industria agroalimentaria, tenemos conocimientos y experiencias en muchos ámbitos de la economía y los servicios. Es posible que las cosas no funcionen como deberían y que todos estos recursos estén infrautilizados, pero están ahí y es una base para poder construir a medio plazo un país mejor que el que tenemos ahora.
Hace unos años se hablaba de los PIGS (Portugal, Ireland, Grece, Spain), y a pesar de lo que se decía en nuestro país en ámbitos internacionales parecía que nos íbamos a la ruina de forma inmediata. De entre los PIGS todos los demás han acabado con planes de rescate excepto nosotros. De hecho en esta carrera hacia el abismo incluso Italia nos ha tomado delantera (a veces también se hablaba de los PIIGS incluyendo a Italia) y si hay alguien al borde del rescate parecen ellos. Y con lo que ha pasado con el banco Dexia no me extrañaría que tengamos a Bélgica poniendo el intermitente para adelantarnos.
Quizá penséis que estoy aplicando eso de “mal de mucho consuelo de tontos” y puede ser que tengáis razón. Pero creo que este hecho demuestra que hay muchas cosas en este país que siguen funcionando y que no todo es la ruina que nos podemos imaginar. Hay una base que explotar y debemos hacerlo, y debemos votar a gente capaz de hacerlo, y debemos actuar en nuestra vida con voluntad de hacerlo. Si quitamos a las manzanas podridas que ocupan nuestra política desde hace un cuarto de siglo, si trabajamos para arreglar todos los desbarajustes, desequilibrios e injusticias que tiene nuestro sistema creo que podemos tener futuro. Por lo menos espero que así sea.

viernes, 7 de octubre de 2011

El progresismo y la izquierda ante el 20-N





















Desde Socialistas en Red se nos ha propuesto a todos los miembros hacer un escrito sobre las elecciones del 20-N y cuál debería (o podría) ser el comportamiento de los ciudadanos progresistas e izquierdistas ante las urnas. La idea no es hacer adivinaciones sobre el futuro, más bien es plantear desde posicionamientos éticos y programáticos cuál es la actitud más coherente, más pragmática y más sensata en estos tiempos de vacío.

Dejadme hacer la puntualización, innecesaria pero a veces conveniente, de que no se pretende decirle a nadie qué debe votar si no qué consecuencias probables tiene un voto en uno u otro sentido. Hablar en términos de “izquierda” y “progresismo” desde un punto de vista subjetivo y personal necesita de un complicado estilo dialéctico que no convierta la persuasión en dogma de fe ni el consejo en amenazas de excomunión. A mí nadie me da o me quita el carnet de izquierdista y por la misma razón yo no haré eso con nadie. Entendamos todos el alcance de las palabras y las ideas que estamos exponiendo en estos escritos.

Creo que debemos fijar primero cuál es la situación en que probablemente nos sentimos los izquierdistas y qué debemos evitar. He usado antes la palabra “vacío” de forma consciente, porque es vacío lo que sentimos muchos de nosotros. Vacío porque no hay nada en el mundo ahora mismo que se ajuste a la política que nosotros pensamos que debería llevar el mundo. Podremos compartir algunas cosas de los distintos modelos políticos, económicos y de estado del bienestar, algunas de las reformas que se han hecho los últimos años (pocas, ciertamente), pero nada nos “llena” completamente. La socialdemocracia, anterior faro al que nos acogíamos, se ha convertido en un cadáver sin ideas ni fuerza de voluntad. Por otros lares aquello del “socialismo del siglo XXI” no es más que un refrito populista entre el peronismo de los 50, el castrismo más tropical y las facilonas políticas de nacionalización de recursos naturales que sustentan el invento; y eso no vale ni para perder el tiempo buscando cosas buenas. Y del comunismo ni hablo, seamos serios…
Acogerse a ideologías es casi tan difícil como acogerse a modelos y referencias de gobernación actuales. De los socialistas ya hemos hablado y sabemos lo que hacen en todas partes, más que nada porque vemos lo que han hecho aquí: Una política casi calcada a la que haría cualquier gobierno conservador. Los Postcomunistas, por otro lado, suelen ser casi en todas partes un grupo de señores que sueñan orgásmicamente con asaltar un nuevo palacio de invierno para derrocar a un Zar tirano que ya no vive en un palacio. Debe ser frustrante no saber qué asaltar ni dónde atacar, porque no lo saben, y más frustrante aún es observar sus programas electorales llenos de preciosos derechos para todos que no saben cómo conseguir. ¿Y los nacionalistas? Me perdonaréis todos, pero cuando un nacionalista sea un referente del progreso de la humanidad a mi me nombrarán Dalai Lama.
Ante este panorama habrá a quién le entre la tentación de votar a estos partidos liberal-conservadores de teórica centro-derecha porque parece que anden menos perdidos que los demás. No señores no es así, no hay más que mirar lo que están haciendo Merkel y Sarkozy con Europa ahora mismo para ver a dónde lleva esa política. Porque Merkel, canciller suprema de todas las tierras que van desde el mediterráneo al báltico, está simplemente ganando tiempo para no se sabe qué, mientras los países en problemas están echando raíces en el campo de la larga recesión. Merkel sólo tiene un objetivo en la cabeza: Salvar a Alemania de las consecuencias de un cataclismo europeo, y si para eso tiene que condenar a la recesión a media Europa lo hará sin que le tiemble un solo músculo de su ruda y germánica cara, curtida en la decadencia de la Alemania comunista. Si a alguien le parece que esta política es la que va devolver la prosperidad a Europa le digo, con todo el cariño del mundo, que se lo haga mirar.

Traigamos estas realidades a casa. ¿Qué nos traerá un gobierno del PP? ¿Es razonable votar PP aunque sea por castigo, simplemente por un cambio? Si lo que te gusta es la política de Zapatero desde Mayo de 2010, posiblemente tu partido es el PP. Si te gusta lo que está haciendo Artur Mas en Cataluña, tu partido es el PP porque lo que estáis viendo en Cataluña es lo que van a hacer todas las comunidades del PP (y digo del PP porque son prácticamente todas del PP) desde el puñetero 1 de enero de 2012. La única ventaja que nos trae el PP respecto al PSOE es que van a aplicar la política de la canciller suprema sin pestañear un segundo, sin dudas éticas o ideológicas, como un cirujano de hierro. Pero toda ventaja o diferencia acaba aquí, porque no va a haber más diferencia que esta. Si alguien cree que hay algo más que esto, si alguien piensa que esa estupidez de “crear confianza” que dice Rajoy para disimular la inexistencia de su programa electoral nos lleva a algún sitio, es que la necesidad de esperanza le ha nublado el juicio. Una nueva reforma laboral con una extrema reducción de la indemnización por despido y poner patas arriba los convenios colectivos sectoriales es lo único que se vislumbra de su programa electoral, pero que nadie se equivoque porque el PSOE acabaría haciendo lo mismo, más tarde, con más dudas, con algún pasteleo infumable, pero al final lo mismo. Berlín manda señores.
¿Y Rubalcaba? Me decía el otro día una amiga, que había salido con un chico que era militante del PSOE, que este chico le había dicho que Rubalcaba era “el cambio”….En fin, esto es como aquellos que suben a una montaña a ver una aparición de la virgen, que después de que les digan mil veces que va a aparecer acaban creyéndoselo y la ven. Pero claro por eso estas personas están en una secta y están enajenadas e influenciadas por la esperanza que les vende un farsante o por la frustración de sus vidas o por lo que sea, pero que yo sepa el PSOE no es aún una secta y creerse que Rubalcaba es una aparición mariana que nos trae “el cambio” no es serio…aunque bueno, Mariana la verdad es que sí lo es un poco, porque al final Mariano y Alfredo son como las vírgenes de los distintos lugares, que cada una se llama de una manera y tiene una forma distinta pero en el fondo es la misma. Y en la política europea sólo hay una virgen, que es doña Angela Merkel, la virgen de la RDA.
Quién se crea el colorete rojo de Rubalcaba creo que también se lo debería hacer mirar. Lo que no haya hecho el PSOE con Zapatero no lo va a hacer con Rubalcaba y lo que haya hecho con ZP lo hará con RB mientras las circunstancias sean las mismas. Los candidatos de los partidos, y esto vale por todos no sólo por estos dos, son la mayoría de veces simples actores, movidos y dirigidos por asesores y técnicos que les dicen lo que tienen que hacer y defender en público. La diferencia entre uno y otro no irá más allá de tres o cuatro ideas que formen su base ideológica, que tampoco debe ser tan distinta.

¿Qué nos queda en esta situación? Personalmente no creo que la abstención sea la solución de nada. Esta argumentación de que quien no vota no tiene derecho a quejarse me ha parecido siempre una falacia infumable (¿Cómo se le va a quitar el derecho a alguien porque no entre en el juego de partidos? Es un sinsentido), pero ciertamente luego nos quejaremos de que los dos partidos de turno son iguales, que hacen lo mismo, que son corresponsables de esta política que nos ha llevado a la crisis, y si esto es así (que lo es), si estos partidos ejercen un rodillo sobre la sociedad y la política, es porque nosotros lo permitimos.
Nuestra obligación ciudadana ante esta situación, si es que no estamos de acuerdo con ella como no lo estamos, es votar a otras fuerzas políticas que rompan esta sumisión ciudadana a los dos poderosos polos políticos. Un voto a un partido minoritario es un voto de rebeldía bien entendida, un voto de castigo (votar al otro partido mayoritario no es un voto de castigo, es simplemente alimentar la rueda del turno), un voto que representa verdaderamente el hartazgo por toda esta situación.
Pero la pregunta es ¿a quién? La respuesta no es fácil. Partidos hay muchos, pero muchos no pasan de ser frivolidades electorales. Como jamás he podido ver compatible el nacionalismo y el regionalismo con los valores de la izquierda yo descarto, directamente, todos esos partidos. Del resto de partidos minoritarios hay dos que tienen representación parlamentaria y que parece que suben en las encuestas, IU e UPyD.
De IU ya he hablado indirectamente antes. Sus intenciones pueden ser honradas, no lo dudo, pero su programa político parece escrito ajeno a la época en que vivimos. Mucha política social y redistribución de la riqueza bajo parámetros un tanto antiguos, demasiadas dualidades obrero-empresario irreales ahora mismo, una tendencia muy marcada a situarse junto a unos sindicatos que no representan ya a la mayoría de trabajadores y, sobre todo, unos mecanismos para la redistribución que parecen muy poco pragmáticos. IU me parece un partido fuera de época, y no es que el señor Lara quiera asaltar ningún palacio de invierno pero a veces parece que no entiende las dinámicas de la globalización, la pérdida de soberanía, la creciente complejidad de los métodos de empleo y las relaciones laborales y, en definitiva, no parece entender que ya no se lucha contra ese capitalismo industrial de hace 70 años, si no contra un capitalismo financiero que no tiene cabeza ni posición física que muchas veces es perjudicial, también, para todo ese capitalismo industrial al que anticuadamente combaten.
¿Y UPyD? Siento decir lo que digo siempre de este partido. Muchas de sus gentes son regeneracionistas honrados y les deseo un buen resultado para que se amplíen las voces en nuestro panorama político, pero este partido tiene un problema con nombres y apellidos: Rosa Díez. La actuación de Díez durante esta legislatura ha sido muy decepcionante, debería haber representado la regeneración, una nueva forma de hacer política, representar a una nueva clase de políticos; sin embargo no ha mostrado más que la típica estampa del político tradicional, demagogo, interesado, calculador, etc. Díez fue el gancho para el primer crecimiento de ese partido, pero ahora mismo es un lastre. Gorka Manero, diputado en el parlamento vasco, o el propio Sabater hubiesen hecho un papel mucho mejor que el de Díez. Considero que UPyD puede ser una opción para ciudadanos centristas, pero para nosotros que aspiramos a un cambio no sólo político sino también económico no nos vale, porque recordemos que UPyD poco o nada distinto ha propuesto en el terreno económico por ahora.

¿Qué nos queda, pues? Sin una convicción absoluta, sin haber estudiado cuidadosamente su programa electoral, considero que sólo queda una opción razonable: El proyecto EQUO.
EQUO es muchas cosas a la vez, lo cual es una ventaja y un inconveniente al mismo tiempo. Fundamentalmente es un partido verde, que fuera de evitaciones dialécticas que a veces se hacen en ese tipo de entornos podríamos llamar eco-socialista. Además, es un partido también regeneracionista, de nuevo cuño, con ideas de democracia radical y avanzada. EQUO es políticamente lo más próximo a la génesis del movimiento 15-M, a aquellos jóvenes que salieron a las calles para mostrar su desacuerdo con la realidad político-económica que vivimos, sus ganas de cambiar las cosas y su frustración ante una sociedad que parece que les expulsa de su seno a pesar de haber estado toda la vida preparándose para entrar en ella.
EQUO podría ser la representación política del nuevo impulso que estamos buscando en la izquierda. Y digo podría porque hay aún muchas lagunas que hay que rellenar. El primero de mis recelos viene por las posibles interpretaciones que tiene aquello de ser “verde” o “ecologista”. Yo me considero “verde”, pero para mí una política y unas actitudes verdes tienen como objetivo alcanzar un equilibrio con la tierra y un desarrollo sostenible para el ser humano. Mi ecologismo es, por decirlo de alguna manera, “humano-céntrico”. Hay otros ecologistas, en cambio, que entienden el ecologismo como algún tipo de vuelta a la naturaleza, como la defensa altruista de los animales o los ecosistemas, y para mí esta percepción no es más que un hipismo absurdo en un entorno político. Nuestra política verde debe servir al ser humano y asegurar su supervivencia a largo plazo en este planeta.
La otra duda fundamental que tengo es cómo encarará EQUO la política económica. Sabemos que es un partido declaradamente “social” y partidario de una política de redistribución de rentas y una economía menos especulativa, sin embargo es importante saber cómo se quiere llegar ahí. Sé que su política no va a ser tan anticuada como la de IU, pero necesitamos exigir un poco más. Quiero ver medidas concretas, ideas nuevas, criterios claros de qué se quiere potenciar y fortalecer, de cómo se quiere crear empleo y fortalecer la economía y cómo se quiere cambiar el sistema productivo y las relaciones laborales. Este es un punto esencial y espero que Uralde y su gente sepan proponer cosas razonables.

Queda todavía mucho tiempo para el 20-N, tiempo para que las cosas cambien. Del PP y el PSOE que nadie espere nada, porque nada van a cambiar: Vacuidad por un lado y cinismo por otro. Pero el resto de opciones tienen tiempo para desarrollar sus ideas y sus programas y para intentar convencernos.
Creo que este es el panorama a mes y medio de las elecciones. Cambiará algo o no, pero creo que sí es muy importante tener un par de cosas claras en estas elecciones. Ha llegado el momento de votar con la conciencia y la ética, ha llegado el momento de liberarnos del yugo del voto útil y de las trampas que nos han traído a esta situación. Yo no sé a ciencia cierta si hay que ser rojo, verde, morado o amarillo, pero de lo que creo estar seguro es que debemos salir de esta encerrona bipartidista que cada vez nos oprime más. Está gastada, acabada, estropeada, y mantenerla en pie con nuestro voto me parece lo opuesto al ejercicio de responsabilidad que se nos pide, como ciudadanos, en cada convocatoria electoral.

domingo, 2 de octubre de 2011

Miremos más allá de los prejuicios





















La complejidad de la economía global y de nuestras sociedades permite que las personas de distintas ideologías y percepciones político-económicas se atrevan a afirmar, casi sin dejar posibilidad de que se les replique, que la causa de la crisis actual es la ideología “enemiga” a la suya.
Por ejemplo, los izquierdistas echamos la culpa de la crisis, y no sin razón, al “capitalismo financiero”. La enorme desregulación que ha permitido esta economía de casino, la globalización que con sus deslocalizaciones ha minimizado la importancia del factor trabajo frente al capital y las políticas de reducción de impuestos y prebendas al capital que nos han situado a los pies de los mercados son las claras culpables de la situación actual, acciones que identificamos con el neoliberalismo, la derecha política y el capitalismo más salvaje.
En cambio la derecha echa la culpa de esta crisis al crédito fácil auspiciado por una política monetaria de bajos tipos de interés, al endeudamiento de personas y estados por encima de sus posibilidades y una sobredimensión de las administraciones públicas, medidas que califican como “socialismo”, cuando muchas veces son otras muchas cosas diferentes (estatalismo, electoralismo, etc.).

Fuera de etiquetas, fuera de si la culpa de del “socialismo” o del “neoliberalismo”, ¿es verdad que la desregulación del sistema financiero ha sido fundamental para el desencadenamiento de esta crisis? Sí, lo ha sido. ¿Lo ha sido la política de tipos de interés bajos? También. Creo que cometeríamos un error si para defender nuestras posiciones nos cegamos en no ver la parte de razón que tiene el adversario. La globalización, la desregulación y las políticas fiscales regresivas han sido parte central de la génesis de esta crisis, pero el crédito fácil, el endeudamiento generalizado y las estructuras públicas ineficientes son otras causas que hay que tener muy en cuenta.
En este punto del debate creo que está demás empezar a hacer argumentos en base al “tú más”. Para mí es ridículo entrar a valorar si la culpa de la crisis es más de las políticas presuntamente “neoliberales” o de las presuntamente “socialistas”, para empezar porque creo que todas estas que se califican como socialistas no lo son, y porque muchas de estas (o todas) que calificamos como neoliberales han sido aplicadas, defendidas y aplaudidas por todos los “socialistas” que han gobernado en las últimas dos décadas.

Fijémonos en la política monetaria de bajos tipos de interés. Describirla como “socialista” en base a que en cierta manera socializa el acceso a bienes y servicios (porque se hace más accesible el crédito) me parece una argumentación falaz. Quisiera recordar que ya desde la ortodoxia keynesiana se proponía que en los momentos de expansión económica el estado debía hacer políticas restrictivas para evitar las burbujas, por un lado, y para recaudar recursos para épocas en las que hubiese que estimular la economía por otro. La política monetaria es una parte central de estas políticas restrictivas o de estímulos, por lo que lo que se tenía que haber hecho era abaratar el crédito en épocas de contracción económica y encarecerlo en épocas de expansión. Pero no, se mantuvo una política económica casi independiente del ciclo, que potenció la burbuja inmobiliaria en países como en nuestro, por ejemplo.
En cualquier caso no caigamos en el simplismo de adjudicar a la política monetaria la responsabilidad de todo, ni mucho menos. Una política monetaria más restrictiva hubiese minimizado la burbuja inmobiliaria, pero no la hubiese evitado. En un momento en que las viviendas se revalorizaban un 20% anual de poco hubiese servido unos tipos de interés unos pocos puntos más altos del 4% que había entonces, y si hubiésemos tenido que ajustar el precio del dinero a las tasas de revalorización de los activos inmobiliarios hubiésemos tenido que llegar a tasas de interés absurdas y anormales en un momento sin inflación, que hubiese contraído la actividad económica en todos los terrenos productivos (ninguna inversión productiva hubiese dado beneficios suficientes para pagar unas tasas así en un entorno no inflacionista) y hubiese acabado con todo lo que no fuese especulación pura y dura.
La política monetaria afecta a todo, y si tienes unos cuantos activos que tienen tasas de inflación anormalmente altas no puedes ajustar la política monetaria al más desbocado de tus activos, porque estarás dañando a la economía que compete a todo lo demás. Y he aquí donde entra la importancia de la regulación. La política monetaria es una, pero la regulación puede ser específica por sector, y en una economía tan dispar y dual, donde los sectores económicos se comportan de manera radicalmente distinta los unos de los otros se necesita una regulación específica en cada entorno económico. La política monetaria es importante, pero pretender matar los elefantes y las moscas con la misma escopeta es algo irracional.

Otro punto importante es el endeudamiento, íntimamente relacionado con los tipos de interés. Nuestra sociedad llegó a un punto en que no parecía consciente del significado real del endeudamiento. El endeudamiento condiciona tu futuro y te obliga a pagar durante mucho tiempo el consumo o la inversión presente. Hay que tener muy claro las obligaciones que se contraen con un crédito y qué límites de riesgo son razonables aceptar y cuales no.
El endeudamiento no es culpa sólo de la demanda de créditos, ni mucho menos, tiene una responsabilidad todavía mayor quién ofrece esos créditos. Si una persona con una salario de 1.000 euros pide un crédito para pagar una hipoteca de 800 euros al mes es un inconsciente, pero la entidad bancaria que se lo concede no sólo es inconsciente, es responsable de una actividad de riesgo que puede afectar como un efecto dominó a la economía del país si las cosas fallan. El deudor adquiere una responsabilidad consigo mismo y con su familia, pero en banco la adquiere con la sociedad entera porque su quiebra puede afectar a las sociedad entera.
En endeudamiento nos ha dado una falsa percepción de prosperidad. Con crédito se podía acceder a todo, y con crédito todos aquellos que vendían podían hacerlo con márgenes de beneficios amplios. Esto del crédito se iba a acabar alguna vez y de eso parecía que nadie quería saber nada. Esto ha sido un poco como el juego de las sillas, donde hay más gente dando vueltas alrededor de las sillas que sillas. Cuando la música se acabó hubo que sentarse, y muchos se han quedado sin silla porque no había realmente silla para todos. El problema es que muchos de los que se han quedado sin silla eran los dueños de la silla, y por lo tanto hemos tenido que darles todos una parte de nuestra silla para que no se las lleven. Hablamos de bancos y estados.
Que somos más pobres de lo que pensábamos cuando el crédito fluía es un hecho y no hay que rasgarse las vestiduras, lo que pasa es que el empobrecimiento hay que distribuirlo adecuadamente en función de posibilidades y responsabilidades, ahí es donde radica la esencia de las políticas que tenemos disponibles.

Y como hemos dicho unos de los que se han quedado sin silla son los estados. Los estados están en una situación de déficit como a nadie se le escapa y esa situación no es posible. Un estado no tiene por qué ingresar lo que gasta todos los años, pero sí debe hacerlo en ciclos más o menos cortos o en cantidades controladas y bajo algún fundamento de desarrollo. Tener déficit porque gastas estructuralmente más de lo que ingresas es un error que no lleva a nada más que a ser esclavo de tus proveedores.
Hasta aquí suena todo muy ortodoxo, porque esta parte de la ortodoxia es cierta, pero paremos aquí. Porque el problema del déficit tiene un componente de gasto, pero tiene otro componente fundamental de falta de ingresos que es aún más importante que el primero.
Nos oponemos a los recortes porque por la palabra “recortes” hemos entendido la disminución del estado del bienestar, pero los recortes de gastos de las administraciones públicas son necesarios y posibles. Hay gastos evitables generados en base a las malas prácticas sistematizadas por culpa de la falta de control que ha existido en los últimos años, hay gastos que responden exclusivamente a impulsos populistas y megalomaniacos de los políticos, hay excesos salariales en la administración para altos cargos generalmente “políticos”, hay dietas y gastos de representación incomprensibles, hay, en definitiva, una cantidad de gastos que no responden al mantenimiento del estado del bienestar ni los servicios si no a medidas populistas, electoralistas, al pago de favores políticos, a sobrecostes en las contrataciones públicas en base a la corrupción y/o de una mala gestión y a otras situaciones injustificables. Ahí hay que recortar, hay que recortarlo todo y no hacerlo por prejuicio es un suicidio incomprensible.
El “gasto público”, como concepto, no es de izquierdas. Lo repetiré una y mil veces si es necesario para romper todos los malentendidos en este aspecto. Un gasto público alto puede ser parte de la política más derechista y de la más izquierdista, dependerá de el destino y objetivo de este gasto y de la manera como se recauden los recursos.

Cuando salgamos de este desastre en el que estamos inmersos lo podemos hacer de dos maneras. Una será un atajo sin sentido, una tregua temporal que volvería a traernos una crisis aún más virulenta en pocos años: Es el camino al que nos lleva las políticas que se están aplicando en el mundo ahora mismo.
Pero hay otro camino, debe haber otro camino, y ese camino no puede ser un simple refrito de teorías antiguas superadas por el tiempo (como es realmente la primera solución). Ni el marxismo, ni el keynesianismo ni las políticas liberales de hace un siglo arreglarán nada. Habrá que crear una vía específica para arreglar los grandes males económicos que tiene nuestras sociedades y nuestro modelo productivo, y la mejor manera de llegar a desarrollarla es no cerrarse en banda a los posibles análisis que hacen personas de otras sensibilidades políticas si estos son serenos y realistas. Nadie ha creado nada productivo en este mundo mirándose al ombligo