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martes, 24 de enero de 2012

Necesitamos una reforma fiscal en profundidad (II)

IMPUESTOS SOBRE EL CONSUMO Y COTIZACIONES SOCIALES



















En los últimos tiempos ha habido una tendencia generalizada a subir los impuestos sobre el consumo como método recaudatorio. Siempre se ha dicho que el aumento de los impuestos indirectos es regresivo porque carga igual a toda la población, y por lo tanto se ha presupuesto que ésta es una política de derechas. Sin embargo los gobiernos teóricamente izquierdistas han subido el IVA igual que lo han hecho otros derechistas, en parte por la borrosidad ideológica de los tiempos que vivimos como por el hecho de que subir los impuestos sobre el consumo es la manera más fácil de recaudar.
Técnicamente una subida de impuestos indirectos no tiene por qué ser regresiva. No hay un tipo único de IVA sino varios y jugando con eso se puede conseguir impuestos indirectos menos gravosos para las clases más humildes. En España hay tres tipos de IVA, el súper reducido del 4%, el reducido del 8% y el estándar del 18%. La última subida afectó al reducido (en 1 punto) y al estándar (en 2), pero no al súper reducido, siendo esta menos regresiva que una subida general de todos los tipos (lo que no quiere decir en absoluto que fuese progresiva).

Repasemos un poco qué productos o servicios están incluidos en el súper reducido y en el reducido. En el súper reducido se incluyen ciertos productos de alimentación (pan, cereales, leche, frutas, hortalizas), libros, periódicos y revistas, prótesis para minusválidos y ahora la vivienda nueva. En el reducido se incluyen el resto de alimentos, productos sanitarios, transportes, hostelería y la cultura en general. El resto de productos estarían en el tipo estándar y también debemos decir que hay impuestos sobre el consumo especiales en combustibles, tabaco, alcohol y alguna otra cosa más. Antaño existía un impuesto sobre el lujo que desapareció al entrar en vigor el IVA.
Este es el cuadro general y sobre esto se puede legislar y ver qué opciones tenemos para convertir los impuestos indirectos en más justos y más eficientes. Para empezar creo que los productos que pagan el IVA reducido y súper reducido están bien asignados excepto dos: La vivienda nueva y la prensa y revistas, ambos con IVA súper reducido.
Para empezar la bajada del IVA de la vivienda nueva (en compra) es absolutamente improcedente y se hizo con la intención de ayudar a los bancos a vender sus stocks de vivienda nueva. No tiene sentido que se tenga un IVA de un 4% en la vivienda nueva y un 7% en la usada (la usada no lleva IVA pero sí impuesto de transmisiones patrimoniales). La vivienda es un derecho por nuestra constitución y se debe facilitar el acceso, pero eso está bien que aplique al alquiler (que está exento de IVA) pero no tiene por qué aplicar a la compra y menos de forma caprichosa. Habría que unificar ambos IVA en el 8%.
Respecto a periódicos y revistas. Yo puedo entender que los libros tengan un IVA súper reducido (aunque es discutible), pero no tiene ningún sentido que revistas y periódicos lo tengan. Si se quiere se puede gravar al 8% al entrar dentro del apartado cultural, pero no al 4% más cuando ahora la información está mucho más en internet que en la prensa escrita.

Además de todo esto creo que habría que plantearse ese IVA del 18% generalizado para todo lo demás. Aplicarle el mismo impuesto a un pantalón que a un anillo de diamantes no parece razonable. No sé si sería conveniente recuperar ese impuesto sobre el lujo que existía antes (lo introdujo la UCD creo recordar) o bien crear un 4º tramo de IVA más alto, en cualquier caso antes que una subida indiscriminada del tipo estándar debería intentarse esta vía.
La cuestión aquí sería qué clasificar como lujo y qué no. Creo que todos tendremos claro que joyas, yates, coches de alta gama, etc. Son lujo, pero aquí comienzan los problemas. ¿Cómo se segrega un coche de alta gama de uno de media? ¿Y una vivienda de lujo de una “normal”? Se podría intentar aplicar un IVA distinto en función del precio del producto (es decir, un bolso de 1.000 euros sería lujo pero uno de 100 no), pero temo que esto crease fraude y distintas trampas en los precios y las facturaciones. La otra alternativa es hacer una lista de productos de lujo que haya que actualizar, que parece más sensato.
Por lo que nos dicen los datos el consumo en España está cayendo en todos los ámbitos excepto en lo que son productos de lujo, donde ha aumentado. Hay varias explicaciones a esto pero se pueden resumir en que quien tiene mucho dinero lo gasta y quienes tienen menos no. Crear un IVA de lujo no parece que fuese a afectar al consumo en este segmento y daría una importante inyección económica al estado liberando al resto de consumidores de subidas que pueden afectar bastante al consumo del país y a la renta disponible de los ciudadanos.


Respecto a las cotizaciones sociales también hay mucho que hablar. Las cotizaciones sociales se pagan, en trabajo por cuenta ajena, porcentualmente respecto al salario bruto. El trabajador para un 6,3% de su salario bruto y el empleador un 30% de ese mismo salario (divididos estos porcentajes en tres conceptos). Existen varias deducciones de la cuota empresarial por contratar trabajadores de distintos colectivos (provenientes del paro, jóvenes, mujeres, mayores, minusválidos, etc.), por lo que la cuota empresarial suele ser inferior en muchos casos. En el caso de autónomos es diferente porque ellos se pagan su cuota, normalmente la mínima (no llega a 300 euros al mes).
La primera conclusión que podemos sacar es que la mayoría de las cotizaciones a la S.S la hacen las empresas por sus empleados. 5/6 partes la paga la empresa y 1/6 el trabajador. Tampoco hay que escandalizarse y ver que esto es como un impuesto revolucionario para las empresas porque dentro del sueldo que cobra el trabajador digamos que están estos pagos empresariales como parte del pago por el trabajo, es una especie de “pago en especie” obligatorio. Si esto no existiese sería razonable pensar que los sueldos que pagarían las empresas serían mayores, aunque el mercado nunca funciona como un mercado perfecto y extrapolar de esta manera es un poco osado.
Los pagos de la S.S, por cierto, son los que cubren los derechos de desempleo, enfermedad, jubilación, etc.

Varias consideraciones al respecto: Los empresarios se quejan de que las cotizaciones empresariales son tan elevadas que eso les impide crear empleo porque convierten los costes laborales en muy altos. Esto puede tener parte de verdad pero hay que ser conscientes de que la seguridad social la tiene que pagar alguien y el dinero salir de algún sitio. En nuestro sistema fiscal las cotizaciones empresariales han sido muy altas, pero en cambio el impuesto de sociedades no es alto y la presión fiscal general está (o estaba) por debajo de la media europea. No hay que olvidar esto para no caer en demagogias sobre los impuestos que pagan las empresas.
Este asunto de las cotizaciones ha generado una trampa psicológica de la que debemos huir. El estado hace una cuenta de los ingresos por cotizaciones de S.S y los gatos por pensiones, prestaciones por desempleo y bajas, y en base a esto considera si el sistema está en déficit o no. Pero aquí cabe preguntarse, ¿por qué no se puede ingresar dinero para estos gastos por otra vía? Creo que estamos excesivamente compartimentalizados y que entendemos la protección al trabajo y al trabajador como una cuenta aparte en vez de cómo un todo y una parte del sistema de bienestar. Esta mentalidad y esta forma de hacer los cálculos va a haber que cambiarla si queremos mantener los estándares de protección social, porque es probable que ante ciertos hechos (envejecimiento de la población, paro estructural, reducción de salarios, etc.) este cálculo entre en negativo próximamente.
De todas formas el efecto psicológico de que la empresa pague 5/6 de las cotizaciones no es bueno. Personalmente creo que el trabajador debería pagar mayor porcentaje de cotización a la S.S, pero también creo que no se debe cargar de más impuestos a los asalariados. La solución sería aumentar la cotización por S.S pero disminuir la del IRPF, quizá aumentando los mínimos exentos o bajando los primeros tramos. Las empresas pagarían, pues, menor porcentaje, pero a cambio debería aumentar el impuesto de sociedades o, por lo menos, el tipo efectivo del mismo. Esto ayudaría a mantener y crear empleo pero dejando claro que las empresas tendrán que pagar más por sus beneficios. Es cambiar riesgo por seguridad.

De todas formas quedémonos con la idea de que es importante considerar el sistema de bienestar como un todo y buscar ingresos alternativos que sirvan para pagar pensiones y prestaciones a los desempleados.
Porque hay una realidad que ya expresamos el otro día de que hay partes de la población, sobre todo las más pudientes, que pagan muy pocos impuestos. Y estos impuestos y esta recaudación debería sustentar el estado del bienestar.
En todo esto de la recaudación adicional hay dos puntos clave: El fraude fiscal, por un lado, y la necesidad de gravámenes a las actividades financieras y especulativas. Lo comentamos en la siguiente entrada.

2 comentarios:

  1. Pedro comparto al 100% lo que expones. me parece que tu aportación es muy positiva y te felicito por ello.

    El anónimo de siempre

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  2. Gracias Anónimo, me alegro que te guste. Estas entradas económicas no suelen tener muchos comentarios por su complejidad y se agradece que haya gente que valore el trabajo.

    Saludos,

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