La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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viernes, 24 de febrero de 2012

La primavera valenciana













Me gusta más "primavera valenciana" que "primavera estudiantil" porque creo que representa mejor la esencia de los acontecimientos como explicaré a continuación, aunque tampoco me entusiasma esta adjetivación de todo con las mismas palabras. Cualquier movimiento de protesta importante o que aspire a serlo recibe inmediatamente el apelativo de “primavera” si el calendario lo permite. Hemos tenido primaveras árabes, primavera de Praga y ahora la tenemos valenciana en pleno Febrero. Aún así primavera valenciana suena muy bien, para que vamos a engañarnos.

¿Qué es la primavera valenciana? ¿Es un movimiento de protesta estudiantil, algo así como un mayo del 68 algo más terrenal? No, no lo es o por lo menos no lo es principalmente. Este movimiento del que aún no vemos el final empezó como una protesta estudiantil pero rápidamente ha evolucionado a una protesta global contra la política de nuestros gobiernos, central y sobre todo autonómico, gracias a un amplio sentimiento de hastío, engaño y frustración que tiene parte importante de la ciudadanía valenciana.
Creo que debemos explicar cronológicamente los acontecimientos. Como la mayoría sabréis los colegios de la comunidad valenciana no pueden pagar a sus proveedores porque el consell les adeuda la partida presupuestaria de los últimos meses de 2011 (partida que creo que pagaron la semana pasada). Esta realidad ha llevado a que los colegios dejasen de pagar a sus proveedores y tuviesen que priorizar pagos con el poco dinero que tenían. Algunos colegios se han encontrado que sólo podían pagar la luz eléctrica y, por lo tanto, impagaron las facturas de gas natural lo que les llevó a tener cortes de suministro de gas. Sin gas natural no hay calefacción y de ahí vienen esas famosas imágenes, un tanto preparadas pero que expresaban una situación real, de clases de colegios e institutos valencianos con alumnos cubiertos con mantas.
Uno de esos institutos ha sido el IES Luis Vives, quizá el más céntrico de Valencia. Desde hacía un mes todos los miércoles muchos alumnos hacían una sentada en la calzada en señal de protesta, sentada que duraba poco rato pero que provocaba cierto colapso de tráfico al hacerse en una calle tan céntrica. Sin embargo el miércoles 15 de Febrero fue diferente pues agentes de policía recibieron la orden de desalojar a los alumnos de la calzada en cuanto iniciasen la protesta, orden que dio el Jefe de policía de Valencia por orden a su vez de la delegada del gobierno.
Al desalojar a algún policía (o a la globalidad, porque cuando la policía actúa en bloque ciertas actitudes se contagian) se le debió ir la mano ante cualquier provocación, lo que provocó una situación en la que los alumnos tenían todas las de perder. El excesivo “celo” policial al desalojar a unos estudiantes de la calzada prendió la llama. La noticia se extendió y lo que era una protesta por los impagos a los colegios se convirtió en una protesta contra la actuación policial. Al día siguiente la protesta creció con estudiantes y personas ajenas al instituto y la policía, seguramente también indicada por sus mandos policiales y políticos, actuó contundentemente.
Y a partir de ahí ya sabéis lo que ha pasado. Cada día que pasó la indignación fue mayor, y la dureza policial en vez de aplacar la protesta la ha encendido más. Los responsables policiales hablaron de “enemigos”, en un claro desliz que muestra que realmente estaban intentando acabar con la protesta, no controlarla para evitar excesos. Padres, estudiantes universitarios y ciudadanos se sumaron a las protestas, mientras el PP usaba su libro de estilo para acusar de todo a la “extrema izquierda” e intentar despistar con sus típicas teorías conspiranoicas.
Después de varios días de decisiones estúpidas alguien con dos dedos de frente en el gobierno debió darse cuenta que estaban creando problemas en vez de aportando soluciones y se dio la orden de no intervenir en las protestas de forma violenta y de resistir todas las provocaciones que se pudiesen recibir. Las manifestaciones del martes y miércoles en Valencia tuvieron una mínima presencia policial y muy discreta en todo momento, en claro contraste con los días anteriores.

Cuando la delegada del gobierno dio orden de no permitir las protestas de unos estudiantes de instituto no lo hizo por ninguna veleidad policial, lo hizo porque políticamente había un objetivo muy concreto. Los recortes de las comunidades autónomas están enardeciendo a parte importante de la ciudadanía (funcionarios, alumnos y padres de colegios e institutos públicos y concertados, libreros, farmacéuticos, pequeños empresarios asfixiados por los impagos, etc.) y las políticas del gobierno central también (asalariados de empresa privada y sindicatos fundamentalmente). Ya existía, además, unos movimientos de indignados más o menos estructurados cuya base son jóvenes parados o precarizados y jubilados con pensiones paupérrimas. Todo esto es un cóctel peligrosísimo que a cada nueva medida se agita más. En pleno conflicto por una reforma laboral que perjudica a más de 12 millones de asalariados no se podía permitir un nuevo foco de protesta, con el riesgo certero de que toda protesta se puede unir a otra y crear una mucho mayor.
Estoy convencido que hay órdenes desde el gobierno de la nación para no mostrar tibieza ni dudas ante protestas que no sean escrupulosamente legales y que cumplan todos los requisitos administrativos. El gobierno no quiere que se le suban a las barbas pues prevé unos tiempos complicados con protestas generalizadas, protestas en las que de una u otra manera van a tener al PP en el punto de mira. Es lo que tiene haber ocupado casi todo el poder político del estado.
Pero esta estrategia era muy peligrosa y se ha demostrado a la primera ocasión. A la hora de tratar este tipo de conflictos es necesario tener mano izquierda y mucha inteligencia, porque cualquier exceso acaba generando situaciones como estas de Valencia. Si tu órden es “ser inflexibles” se te va a ir todo de las manos. La policía, y más cuando se siente en inmensa minoría ante una masa de personas, suele tener la mano muy larga y cualquier policía con las neuronas atrofiadas o con un gusto sádico por ejercer su autoridad puede crear una batalla campal si no se le limita estrictamente.

Oigo por ahí llamar a los policías “asesinos” y también he oido alguna opinión de gente más mayor que decía que esto no lo veía desde el franquismo. A mí no me gusta la satanización de un colectivo entero y creo que este tipo de comentarios son inapropiados y falsos, pero es que la policía y sus mandos a veces se los buscan.
Yo conozco un par de policías nacionales y los tengo en facebook, por lo tanto he visto sus comentarios durante estos días. Una observación que he compartido con alguna persona es que los policías defienden corporativamente a sus colegas ante cualquier situación por evidente que sea que no tienen razón. Los que he visto se empeñan en creer cualquier teoría que les exima de responsabilidad, bien sea tildando a los manifestantes de extremistas y violentos bien echándole la culpa al gobierno. No importa lo disparatado que sea un editorial de La Gaceta o como de evidente sea la manipulación de una foto, todo lo que defienda a la policía lo cuelgan en facebook.
Un amigo informático decía el otro día “Si mañana un informático loco mata a alguien con una Katana, ¿Debo pensar que tenía sus motivos y defenderle corporativamente?”, y me hizo mucha gracia porque es lo que están haciendo los policías que conozco y me temo que también los que no conozco. Y eso no es bueno, eso crea una sensación de persecución y de endogamia que impide reconocer los errores y exigirle al compañero que actúe con rectitud.
Sin querer echar las culpas a la policía creo que podemos tener un problema con la policía de este país. Los policías nacionales que conozco (rasos, no inspectores de policía) son personas sobre las que no depositaría responsabilidad alguna. No es que sean malas personas, pero tienen una carencia psicológica de seguridad que les hace necesitar un uniforme para sentirse “la autoridad”, con los peligros que supone esto para el ejercicio de la autoridad y sus posibles excesos. Son personas poco equilibradas, con una peligrosa tendencia a la radicalidad y a no razonar. Todos tienen un gusto morboso por las armas, la autoridad, “sentirse respetados”, etc.
Si esto es así (que lo es en los casos que conozco por lo que deduzco que será así en muchos casos, por supuesto en muchísimos otros no) es porque debe haber carencias en el método de selección de los policías y en las oposiciones que se convocan a tal fin. En tiempos de bonanza el perfil típico del nuevo policía era el tipo sin estudios, poco cultivado y con las características psicológicas que he comentado antes. Ahora imagino que habrá una mejor selección a causa de la crisis y de la saturación de candidatos. Se ha tratado el puesto de policía como si fuese un trabajo que pudiese hacer cualquiera, y no creo que lo pueda hacer cualquiera. Tener autoridad implica necesariamente una responsabilidad, no sobrepasarte con ella, ser capaz de ser inteligente en su ejercicio. Y creo que es un hecho que no todos ellos saben actuar de esta manera.
He escuchado a gente decir que si la policía recibía insultos y provocaciones de los manifestantes era normal que respondiese. No señor, eso no es así. Un policía antidisturbios debe ser frío, sé que es difícil pero debe serlo, no debe caer jamás en una provocación y responder por un insulto. No puede responder con las mismas armas que el ciudadano que tiene enfrente, porque su exceso genera algo mucho peor que el del manifestante. Deben saber gestionar la tensión con inteligencia y con la fuerza mínima. Y esto, desgraciadamente, no parece que haya sido así.

¿Cómo acabará la primavera valenciana? Si el gobierno es inteligente como parece que quería empezar a serlo, destituirá a la delegada del gobierno y al jefe de policía de Valencia. Con eso acabarán con las manifestaciones diarias si no tarda mucho en hacerlo, porque como tarde las cosas pueden no ser tan sencillas.
La primavera valenciana no es una reacción ante una agresión o un hecho concreto, eso sólo ha sido la gota que colmaba el vaso, lo que realmente ha sido es el catalizador de una reacción social nacida de un cúmulo de desagravios. Los funcionarios con sus sueldos reducidos, los trabajadores que ahora pueden despedir con 20 días, los universitarios y jóvenes que tienen taponado su acceso al mercado laboral y otros muchos colectivos se están uniendo en una protesta global contra una situación de ruina autonómica provocada por unos gestores irresponsables y contra un gobierno que está haciendo pagar la crisis a las capas bajas y medias de la población.
Mal hará el gobierno si se empeña en ver radicales y manos negras de partidos políticos de la oposición (los partidos pululan por donde pueden ganar votos pero eso no los hace promotores de nada). Nos hemos autoconvencido de que en España nunca pasa nada, que los jóvenes son “ninis” y los mayores cobardes, que si con 5 millones de parados no estamos en puro conflicto social no lo vamos a estar nunca, pero eso no es cierto. Este país está bastante más cerca del estallido social de lo que parece. Cada día que pasa a alguien se le acaba la prestación por desempleo, se le acaban los ahorros de los que iba tirando, se queda en paro (la reforma laboral ya está haciendo estragos); cada día la gente enfrenta una peor situación y el país no va a aguantar pasivamente hasta el infinito. Estamos ignorando todas las señales que vemos desde hace más de un año.
Si el gobierno se cierra en banda va a aumentar el conflicto y las movilizaciones contra él. Es de locos plantearse mantener a la delegada en su puesto. La derecha de este país es incompresiblemente pasional y “leal” a los suyos y cualquier cesión o acto de concordia lo ven como algo que pone en duda su autoridad. No estamos en los tiempos de “la calle es mia” y estos empecinados van a tener que entenderlo porque si no arruinarán este país socialmente además de hacerlo económicamente.

2 comentarios:

  1. Si todos los...
    ...jóvenes con rastas...
    ...manifestantes contra los recortes...
    ...estudiantes...
    ...partidos que no son el PP...

    ...son radicales. Todos los policías son fachas. Puede que no todos...pero lo disimulan muy bien. Al menos lo han disimulado muy bien en Valencia esta semana.

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  2. jeje buenas razones para preferir la primavera valenciana...

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