La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 21 de febrero de 2012

Sindicatos, reformas y mentiras
















Este pasado domingo se han producido las primeras manifestaciones contra la reforma laboral. Habrá más seguro, de hecho tal y como están las cosas parece que vamos hacia un escenario de movilizaciones crecientes y no sólo ni fundamentalmente por parte de los sindicatos.
No estuve en las manifestaciones contra la reforma por razones personales aunque me hubiese gustado estar. No me entusiasma ir a movilizaciones convocadas por los sindicatos, pues me siento un tanto alejado de ellos. Para mí los sindicatos se creen que están en la época de los astilleros y de las minas y ya no estamos en esta realidad. Pero tampoco voy a lanzar diatribas antisindicales. Mirad, hay una cosa todavía peor que los sindicatos que tenemos actualmente, que es un mercado laboral sin sindicatos o con sindicatos insignificantes. Sería una escabechina.
En cualquier caso me gustaría comentar una serie de pensamientos a colación de todo esto.

He escuchado en alguna de estas tertulias estúpidas de la televisión (mirad como está el país que a uno de los charlatanes de una de ellas le han hecho ministro) que los sindicatos han perdido el apoyo popular porque son unas entidades que sólo defienden los intereses de sus afiliados y han olvidado los problemas de los jóvenes trabajadores precarios y los parados.
A mí me gustaría que los sindicatos tuviesen una visión de país, un proyecto que abarcase a toda la sociedad, que supiesen ver más allá de ciertos intereses de sus afiliados para avanzar hacia un sistema mejor. Sí, es verdad, me gustaría, pero eso es cosa de la política. No perdamos la perspectiva ¿Qué son los sindicatos? Son, básicamente, asociaciones de personas que se unen para defender sus intereses. Esa es su naturaleza y, por lo tanto, deben defender los derechos e intereses de sus afiliados. ¿Cómo se puede criticar, pues, que se muestren impermeables a ceder nada de las prerrogativas de algunos de sus componentes? Defienden sus intereses y los de sus afiliados, base de su formación y funcionamiento, no hay nada criticable desde el punto de vista de acción y de las lealtades que tienen. Otra cosa es que el contenido político de sus acciones sea más o menos inteligente.
Algunas veces he oído a compañeros de trabajo decir “los sindicatos no han hecho nunca nada por mí, pero eso los considero un fraude”, ya… ¿Pero tú estás afiliado a algún sindicato? Porque si no lo estás, ¿en base a qué quieres que te defiendan? Lo que no se puede pretender es que un sindicato sea una ONG que defienda a los desvalidos. Si quieres que un sindicato te defienda afíliate, pero lo que no se puede es estar en misa y replicando y teniendo las ventajas de ambas situaciones.
Es cierto que los trabajadores jóvenes, temporales y los técnicos no suelen estar afiliados. Esa es una carencia grande de los sindicatos que no han sabido adaptarse a los nuevos tiempos ni ofrecer cosas interesantes para estos colectivos. Los sindicatos abrieron la puerta a la contratación temporal y, luego, no han sabido adaptarse a ella. Pero sin obviar esta realidad tampoco se puede pretender que la defensa de tus intereses la haga alguien por pura caridad. Estos grupos de trabajadores tampoco han sabido organizarse convenientemente para defender sus intereses (excepto internamente en empresas grandes), no lo olvidemos.

Se dice que los sindicatos son instrumentos viejos, untados y domesticados por el poder político en base a subvenciones, con unos privilegios y poder insultante pues se les ha dado estatus de parte del sistema laboral y de negociación colectiva en España.
Esto es parcialmente verdad, pero para todos estos a quienes se les llena la boca hablando de los privilegios de los sindicatos no estaría de más recordar porqué esto es así. En España, cuando se produjo la legalización de los sindicatos en la transición, se quiso imitar el mismo sistema que en la RFA de después de la guerra. Aquí había miedo a que se reprodujese un anarco-sindicalismo como el que había antes de la guerra civil, con llamamientos continuos a la huelga revolucionaria y a los conflictos patrón-obrero. No era descabellado pues recordemos que en 1936 el sindicato más poderoso en España era la CNT. España era, además, un país con una fuerte impronta anárquica y anarquista y la reproducción de este sindicalismo combativo e insumiso podía poner en peligro la propia transición.
Por eso se quiso insertar al sindicalismo en el sistema. Con la moderada UGT y las responsables CC.OO se estableció un sistema donde estos sindicatos eran parte del sistema. Las subvenciones, las horas sindicales, la negociación colectiva, su “estatus” como sindicatos del régimen…Todo esto tenía una fundamentación y no era baladí.
Yo puedo entender a los que claman contra la domesticación de los sindicatos desde la izquierda, pero quienes lo hacen desde la derecha me parecen unos aprendices de brujo. ¿Qué quiere esta gente? ¿Potenciar a sindicatos como la CGT o la CNT? Sí, ya sé que actúan a favor de la “ola de los tiempos”, pero esta ola se acabará en cualquier momento y sus consecuencias serán precisamente esas, radicalización de las bases trabajadoras y conflictividad en aumento. Las personas más idiotas de este mundo son aquellas que no saben parar antes de que se les rompa el saco. Y me temo que el saco no está tan lejano a romperse. Esto no es China ni los españoles somos chinos, si acaso griegos.

Una de las intenciones del PP y de sus medios serviles es intentar crear una confrontación entre trabajadores en activo y parados. Según este argumentario casi goebbeliano los sindicatos, por la rigidez laboral que defienden, no permiten que los nuevos trabajadores entren en las empresas. Los sindicatos son como unas fuerzas conservadoras que defienden el trabajo de los padres e impiden que los hijos entren a trabajar.
Este argumento es lamentable. Intentar enfrentar a los grupos sociales más o menos definidos que hay en una sociedad ha sido siempre un comportamiento asqueroso y muchas veces usado para intentar implantar dictaduras o restricciones de derechos. En este caso está hecho para tapar las vergüenzas de un gobierno que actúa al servicio de la canciller alemana que a su vez es el altavoz, como dijo un catedrático de economía el otro día, de lo que manda el piso 80 de una torre de oficinas de lujo en Manhattan.
No, no son los trabajadores veteranos ni sus sindicatos los que impiden que los jóvenes tengan trabajo. La culpa de que los jóvenes y parados no tengan trabajo es de un sistema económico donde el capital cada vez vale más y el trabajo menos, es culpa de la explosión de una burbuja crediticia que han creado agentes económicos y casi todos los políticos con su deficiente legislación, es culpa de una clase empresarial que es incapaz de crear riqueza con los recursos humanos que tiene a su alcance, etc.
Decir que los sindicatos o los trabajadores en activo tienen la culpa del paro es una grosería indecente. Quieren que nos peleemos por las migajas que se caen de esa torre 80, que nos peleemos como fieras por los pocos recursos que le dejan al factor trabajo es indecente. Y que caigamos ahí como tontos habla muy mal de nosotros.

La primera prueba de fuerza de los sindicatos y la oposición ha sido exitosa. Ya veremos si esto les vale para poder extirpar de la ley esas dos o tres cosas que convierten una mala reforma en, directamente, un arma de destrucción de empleo y precarización de los asalariados.
¿Mi previsión? Pues la ministra del ramo querrá ceder y el ministro colaboracionista de economía no, y se impondrá el segundo sobre la primera. Rajoy será quién decidirá en este conflicto y hará lo que le manden desde Berlín, perdón desde la torre de Manhattan, perdón desde ese virus que lo ha infectado todo que se llama sistema financiero. Es lo que tiene no tener gobierno electo y depender de fuerzas que se escapan a nuestro control.

2 comentarios:

  1. Cda vez me gusta leer más tu blog Pedro. Chapeau!! NO commnets.

    El anónimo de siempre.

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  2. Gracias Amigo. A ver si te gusta también la nueva entrada.

    Saludos,

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