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martes, 28 de febrero de 2012

Trabajo y movilidad geográfica















He oído hasta la saciedad que uno de los problemas de nuestro mercado laboral es la falta de movilidad geográfica de los trabajadores. ¿Es eso cierto? Bueno en parte sí, pero como nos pasa siempre en este país de tanto repetir las cosas nos las creemos sin analizarlas, sin dudar de la filosofía dominante y las extendemos hasta el extremo sin pensar en las consecuencias.
Hoy parece ser que una actitud adecuada de los trabajadores debería ser aceptar cualquier puesto de trabajo que les saliese sea donde sea, sin dudar lo más mínimo que eso es de vagos y maleantes. Coger la maleta e irte a la otra punta del país ante una oportunidad laboral si no tienes empleo, o ante cualquier mejora de condiciones si lo tienes, eso es lo propio de un buen trabajador y de un mercado laboral “moderno”…Tengamos cuidado con estas simplificaciones por favor.

Se me ha ocurrido hablar sobre esto porque una persona cercana a mí se quedó en paro hace poco más de un mes. Él es un ingeniero de menos de 30 años. Hace uno días hizo su primera entrevista de trabajo para una empresa de Sevilla. No estaba muy convencido de que le fuesen a seleccionar, incluso no se le veía nada ilusionado con la posibilidad de ir a Sevilla pero finalmente la empresa le seleccionó. Empieza el 1 de Marzo.
Mi amigo ha tenido mucha suerte. En una especialidad como la suya (Ingeniero de caminos) el trabajo escasea y de hecho la mayoría de sus compañeros de promoción están en paro. En la mentalidad de estos profesionales está la idea de que sólo van a encontrar oportunidades laborales en el extranjero ante el parón absoluto de la obra pública y las grandes construcciones en España. Quizá por eso aceptó esta oportunidad, porque ante la perspectiva de abandonar España irse a Sevilla no estaba tan mal.
Cuando le salió la oportunidad pensé que, quizá, esta oportunidad le llegaba demasiado pronto. Con un escaso mes de paro puedes tener la tentación de esperar a que salga algo más próximo o algo mejor (el trabajo tampoco es ninguna maravilla, es un consulting que le paga el salario de convenio para ingenieros en despachos técnicos), mientras que si un trabajo así te sale con varios meses de paro y entrevistas fallidas lo coges con mucha más ilusión y ni te planteas no cogerlo. Yo no sé hasta qué punto dudó en aceptar este trabajo o no, según él no dudó pero me imagino que algo de duda le surgiría.

Pero bueno Pedro ¿cómo hablas de dudas? ¿Un joven en paro que encuentra trabajo? ¡Debe de irse a cualquier sitio sin dudar!” Esto es lo que estaréis pensando ¿verdad? Pero es que las cosas no son tan simples.
Mi amigo se compró un piso hace casi dos años en una ciudad de la provincia de Valencia, donde vive con su novia. Su novia trabaja en la misma empresa desde hace muchos años en esa misma ciudad. Aceptar este trabajo representa separarse de ella y dejar una casa de la que tiene que pagar hipoteca, es decir, tendrá que pagar el alquiler en Sevilla y media hipoteca de su casa en propiedad en otra provincia, además de paralizar los planes de futuro que puedan tener. Ellos no tienen hijos y sus familias viven también en esa ciudad.
Ella quizá podría pedir el traslado a Sevilla y, si sale una plaza en los próximos meses, le podría ser concedida, pero eso no sería inteligente. El trabajo de ella es estable y si se traslada tendría dificilísimo volver. A él no sabemos lo que le durará el trabajo con un contrato por obra y servicio en un consulting. Si ella se traslada se pueden encontrar en unos meses en Sevilla, él en paro y ella sin posibilidad de volver a su puesto anterior, teniendo que vivir allí y pagar otra hipoteca.
Ojo, yo le dije desde el primer día que tenía que aceptar el trabajo de Sevilla, que para cambiar de trabajo o dejárselo siempre está a tiempo (aunque perdería el derecho a paro), pero aún así comprendo que debería tener muchas dudas.

Os he dado el caso de una pareja joven que conozco pero quiero que ahora extendáis el caso a otra pareja más mayor y con hijos. Imaginad que uno de los miembros de la pareja trabaja y el otro no, ¿cómo se va a trasladar toda la familia? A no ser que sea por un trabajo excelente es imposible de plantear. O se traslada solo el miembro que ha encontrado el trabajo, separando la pareja, o lo rechaza.
Incluso aunque el trabajo del otro miembro de la pareja no sea muy bueno no debemos olvidar en qué país estamos. Estamos en España, 20% de paro, y en estas condiciones es muy complicado encontrar nuevos empleos más que nada porque no se generan. En países con desempleo bajo y en los que las condiciones económicas sí permiten una creación de empleo relativamente ágil sí es planteable que ciertas personas dejen un trabajo para acompañar a su cónyuge a una aventura laboral en otro lugar, pues se supone que tardarían poco en encontrar otro similar. Un dependiente de una tienda, un administrativo sin un puesto de responsabilidad o cualquier trabajo que no necesite un tiempo de maduración en el mismo son ejemplos de puestos que podrían ser de alta rotación y se podrían dejar y encontrar con facilidad. Pero, ¿en España? No, esto no es planteable en España, lo siento.
Y hay situaciones adicionales como la de los hijos. ¿Y si la familia ayuda a cuidar a los hijos cuando ambos cónyuges trabajan? Ante un traslado eso se pierde y puede ser muy necesario ante jornadas completas de trabajo. Empiezas a hablar de canguros y guarderías e, insisto, esto es España y los sueldos que se suelen ofrecer son bajos y más en este momento económico. A todo esto sumadle las indemnizaciones acumuladas por despido, que se pierden ante un cambio de trabajo, y los deficientes mecanismos del desempleo.

La movilidad geográfica no es tan fácil, lo siento. Sí lo es para gente joven, pero es que creo que pocos jóvenes dudan ya en salir a trabajar fuera de su provincia e incluso de su país. Pero en familias formadas es más difícil, y si tienen hijos y el otro cónyuge trabaja pues muchísimo más. Hoy hace falta dos sueldos medios (por lo menos uno medio y otro a tiempo parcial) para mantener una familia y esa realidad complica la movilidad.
El otro día decía un miembro de la CEOE que los españoles en paro debían aceptar cualquier puesto de trabajo aunque fuera en Laponia. Estaba hablando de las prestaciones de desempleo y ese es un tema ajeno al de esa entrada, pero me vale como conceptualización general de qué se le pide al trabajador español desde ciertos organismos o filosofías.
Se nos quiere meter en la cabeza, como parte de esta política del miedo en la que vivimos, que debemos de volver a tener prácticamente una mentalidad emigrante. Ir a donde haya trabajo, dejarlo todo ante un empleo, perder raíces y lazos familiares o de amistad si es necesario. Luego, claro, se habla de defender a la familia desde los posicionamientos más cínicos conocidos. La familia sirve como argumento cuando quieres proyectar tu particularísima moral sobre los demás o cuando interesa para justificar ciertas chapuzas económicas, pero cuando lo interesante es que la familia sea algo permeable y flexible entonces se puede defender cualquier cosa que la dañe con una sorprendente doble moral. Porque que los gays se casen hace daño a la familia, mandar a maridos a trabajar a la otra punta de España sin sus mujeres y su familia parece que no.
Las migraciones económicas dentro de un propio país han sido habituales siempre. Cataluña recibió muchísima emigración de Andalucía hace décadas, igual que Madrid o Valencia recibieron gentes de zonas más rurales y más atrasadas. Pero entonces ni teníamos la riqueza ni el desarrollo regional que tenemos ahora, ni trabajaban las mujeres generalmente. Son épocas incomparables, pero es que aunque fuesen comparables parece que hay gente a la que le parece bien que volvamos a finales de los 50 o principios de los 60.

Y cuidado, sí es cierto que hay cierta aversión en el Español a buscar trabajos en otras provincias (lo que dijo este señor de la CEOE de que la gente era reacia a trabajar dentro de su propia provincia es mentira, a no ser que se refiriese a esas personas a las que les pagan salarios miserables y tienen que ir a trabajar a un polígono industrial e ir en coche haciendo 200 km al día. Quizá lo que pretenden estos señores es que se trabaje perdiendo dinero). Pero eso es una cosa y otra es ir radicalmente hacia el otro extremo, hacia una movilidad absoluta que no es lógica, razonable ni se adapta a la realidad de nuestra economía.
¿Quieren aumentar la movilidad? Bien, yo también quiero. Pues que empiecen por cambiar cosas lógicas, como por ejemplo acercar nuestro sistema de indemnizaciones por despido al modelo austriaco y así evitar que se pierdan en el cambio de empresa, incentivando a la gente a arriesgarse más. Que intenten fomentar la movilidad geográfica en las grandes empresas mediante los mecanismos legales adecuados e incentiven al trabajador con deducciones en el pago de impuestos. Que reformen las prestaciones por desempleo pero no obligando a la gente a aceptar trabajos en Laponia, sino permitiendo que los periodos de cotización inconexos puedan unirse y permitiendo un cobro extraordinario de parte de las prestaciones pendientes por cambio de provincia o comunidad.
Esto son medidas lógicas y con estas se llegará hasta dónde puede llegar, que sería bastante no tengáis duda. Lo otro, el querer impulsar la movilidad laboral a base de palos y sin entender las circunstancias personales de cada uno, es intentar crear una clase trabajadora nómada al servicio de los intereses empresariales. Y eso no es impulsar una sociedad, es impulsar un mercado persa.
Ya lo avisó Jaques Attali en su “breve historia del futuro”, la clase trabajadora del futuro será una clase nómada y apátrida en busca de trabajo alrededor del mundo, dejando atrás tierras que acabarán degradadas y a merced de toda clase de desaprensivos. Cada vez que veo como evolucionan las cosas me doy cuenta que Attali tenía una visión muy certera de las fuerzas que dominan la economía global y cuál es su posible camino. Pobres de nosotros como siga acertando.


P.D: La reseña del libro de Attali, en este antiguo escrito.

2 comentarios:

  1. Bueno, pues ya se van viendo los efectos de la reforma laboral y el tipo de empresarios que por desgracia hay en este país. Seguramente haya otros muchos que no, y aunque no sabría decir cuál es la proporción de los unos o los otros, de los malos hay muchos muchos.

    Explico el caso: hay un trabajador en mi empresa que estaba "marcado" (esa palabra se la han dicho hoy literalmente). Pero como estaba trabajando fuera en el cliente, digamos que "su actitud" no alteraba mucho a la empresa. Cuando salimos fuera (y no me refiero a fuera de la ciudad), nos dicen que nos adaptemos a los horarios del cliente, pero normalmente también se suele especificar (en algunos casos por contrato) que nosotros hacemos el nuestro. Trabajamos 42 horas a la semana en lugar de 40. Esas 2 horas de más permiten tener horario de 9 a 6 los viernes todo el año, dos meses de intensiva en verano (de facto, uno, pues el otro es de vacaciones), 3 días libres en semana santa y 4 en navidad. El problema suele surgir normalmente en verano, cuando en la empresa cliente no se hace jornada intensiva, porque a veces piden que nosotros tampoco la hagamos. Normalmente se llega a un acuerdo.

    Bien. Este trabajador estaba en un cliente donde el jefe era bien conocido como "hijísima de la gran puta, histérica, loca, inepta...", incluso por parte de los jefes de mi empresa. Este verano pasado a la susodicha se le puso en las narices no sólo que este chico tenía que olvidarse de su intensiva, sino adoptar un horario de 9 a 19:30 (en lugar del habitual nuestro de 8 a 15), con una hora para comer. Si las matemáticas no fallan, son dos horas y media de más al día. El chico dijo que vale, pero que de 8:30 a 19:00, porque vive lejos (a unos 70 kms), viene en transporte público y que no quería llegar a casa casi a las diez de la noche. Pues le dijeron (esta tiparraca) que no, que de 9 a 19:30 o nada. Él se negó e hizo el que propuso él. Al fin y al cabo mi empresa se lo recompensaría con días libres.

    Bien, pues la tiparraca, al llegar el año nuevo dijo que no quería seguir con nuestro compañero, y elaboró un informe personal de evaluación "muy negativo". Eureka y "yes we can" habrán dicho en mi empresa. Se ha reincorporado hoy a la oficina, le han llamado y le han dicho que más le vale buscarse un trabajo porque sino en cosa de un mes le enviarán a trabajar fuera, a 600 kilómetros de distancia.

    Toma ya. Hasta hace tres meses le hubieran (porque ya lo hicieron con otros compañeros) forzado a denunciar a la empresa, para acabar pactando un salida voluntaria. Ahora no hace falta: o te vas tú o te vas con despido procedente y con la indemnización mínima.

    Como oiga hoy a alguien decir que la reforma no sólo no va a destruir empleo, sino que lo creará, le doy 4 yoyas bien dadas.

    El artista antes conocido como J

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  2. yo no creo que la falta de movilidad geografica sea la razon del problema.. pero bueno siempre es mas facil echarle la culpa a los mismos trabajadores.

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