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lunes, 26 de marzo de 2012

Crónicas Bonaerenses (II)

LA ECONOMÍA ARGENTINA
















Dicen que hay cuatro sistemas económicos en el mundo. Está la economía socialista, está la economía capitalista, está Japón y está Argentina”. Esta fue la frase que me dijo el decano de una de las universidades del campus de Puerto Madero mientras hablábamos de la esencia de Argentina y de los argentinos. La frase, que tenía un punto de cachondeo (los argentinos cuando hablan de lo desastroso de la economía de su país siempre lo hacen con ironía y con humor), también tenía parte de verdad.
No es que Argentina tenga un sistema económico especial, es que la propia idiosincrasia del argentino y las dinámicas propias de su economía ha creado un sistema que tiene particularidades. Es un sistema capitalista, como casi todos en el mundo, pero las reglas teóricas del capitalismo que se suelen incumplir en todas partes de tanto en tanto allí directamente no tienen aplicación práctica.

Para hablar de la economía argentina creo que es importante hacer un poco de historia, pero muy breve. Como dije en la entrada anterior Argentina pretendió ser un país agrícola exportador en el siglo XIX y lo consiguió. Sin embargo después de la crisis del 29 y durante la guerra mundial Argentina comenzó a industrializarse a marchas forzadas. Mucha gente se trasladó del campo a las nuevas industrias cercanas a las ciudades y se creó un nuevo proletariado que poco tenía que ver con el existente anteriormente, tanto cultural como políticamente. Este nuevo proletariado no estaba ideologizado en las teorías socialistas y anarquistas que sí tenían sus compañeros y, cuando llegó Perón, digamos que movilizó (o instrumentalizó) a este nuevo proletariado y lo convirtió al naciente peronismo. Así la CGT, sindicato muy mayoritario en Argentina, se alineaba con el Peronismo.
El Peronismo potenció la industrialización del país en base a pequeñas y medianas empresas, a la vez que hacía una política social potente. Eso creó una especie de bloque peronista que alineaba a medianos empresarios y trabajadores en una política desarrollista, generando una división social que no se correspondía exactamente a la dualidad obrero-patrón sino a otra diferente.
Este es uno de los misterios del Peronismo, ideología inclasificable dentro de los parámetros europeos, y por extensión a la actitud de la oposición radical que si bien sí puede tener un paralelismo con partidos que conocemos se ha basado más que nada en la reacción al peronismo. En cualquier caso después de la dictadura argentina todo esto perdió su naturaleza. El gobierno de la dictadura hizo un destrozo económico absoluto siguiendo las doctrinas de la escuela económica de Chicago (ya no es que fueran malas, que para mi lo son, es que las aplicaron horriblemente mal). Cuando regresó la democracia el presidente Radical Alfonsín aplicó una política liberal económica y el siguiente, el Peronista Menem, aplicó una más neoliberal aún. Parecía como si los partidos ya no fuesen diferentes o como si la dictadura hubiese dejado una herencia que impedía otra política económica.
¿Qué vino después? El desastre. El corralito, el fin de la convertibilidad, el “default”. La economía se hundió, el país se hundió, la gente perdió sus ahorros, la clase media emigró a Europa. Argentina volvía al año 0 en cierta manera.
Pero luego llegó Kirchner y cambió la política radicalmente. No conozco todos los detalles de su política pero básicamente se hizo lo contrario de lo que llevaba aconsejando el FMI desde hacía décadas. Se potenció la industria autóctona (al más puro estilo del peronismo tradicional), se limitaron las importaciones, se potenció la demanda interna. A todo esto ayudó la enorme devaluación del peso una vez acabó la convertibilidad. Argentina tiene hoy una economía dinámica con crecimientos económicos altos.
Más o menos esta es la historia.

Pero los libros los escriben personas y muchas personas escriben no lo que es, sino lo que les gustaría que fuese. Para comprobar esto hay que mirar la realidad.
¿Qué dice la realidad? ¿Qué se ve en Argentina? Bien, fuera de los contrastes comentados en la entrada anterior mi percepción fue que en Argentina se vivía con un nivel de vida bastante decente. Los restaurantes estaban llenos, la gente tiene teléfonos móviles de última generación. El parque móvil es relativamente viejo, pero tampoco escandalosamente viejo. La percepción del visitante es que se está en un país desarrollado, no muy rico pero sí desarrollado.
Hay algunas estampas de pobreza más allá de las villas. Por ejemplo en nuestro país se pueden ver indigentes, pero generalmente se tratan de personas solas y muchas de ellas tienen problemas psicológicos importantes y parecen preferir estar en la calle que en un albergue. En Argentina, en cambio, sí se ven familias enteras con hijos en la indigencia viviendo entre cartones y colchones. No es que se vean muchas, pero sí vi algunas durante mis 15 días allí.
También se ve mucha venta ambulante, tanto en la calle como en el transporte público. Hay mucha gente que sube a los trenes o autobuses a vender productos de todo tipo (un billete en un transporte público es muy barato al estar subsidiado, unos 20 céntimos, quizá por eso les compensa subir al tren o al autobús a vender). También he visto algunos limpiabotas, algo casi erradicado en España aunque por ejemplo sigue existiendo en Portugal.
Los autobuses, el metro y los cercanías están subsidiados y son muy baratos, sin embargo fueron privatizados hace muchos años y están en manos de empresas privadas que les hacen un mantenimiento mínimo. Muchos buses están tan viejos que casi no se ve a través de las ventanas. Los trenes de cercanías tienen los asientos carcomidos del uso. Además, y como es habitual en una mega ciudad de ese tamaño, el transporte público está masificado. Todos conocéis el accidente en uno de los trenes de la TBA de hace unas semanas. Después de haber estado allí estoy casi convencido de que ese accidente se debe al escaso mantenimiento, a lo viejo que son los trenes y a la cantidad de personas que se sientan en el suelo por falta de espacio.

Se puede entender gran parte de la realidad económica de Argentina en base al que parece su problema principal económico: la inflación. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner reconoce una inflación de un 10% aproximadamente, pero los estudios independientes dicen que la inflación se acerca al 25%. Evidentemente la gente cree los estudios independientes y no al gobierno.
Argentina es un país acostumbrado a la inflación. Excepto en la etapa de la paridad dólar-peso Argentina siempre ha tenido inflaciones elevadas y, a veces, hiperinflaciones. El decano que he comentado antes me dijo que durante su vida ha visto disminuir el valor del peso en siete ceros (el peso se convirtió en el Austral y después éste en el peso argentino). Esta realidad crea una dinámica especial. La gente no ahorra, pues no tiene especial sentido ahorrar con una moneda que tiene un 25% de inflación anual, y esto crea un movimiento de dinero que genera actividad económica. He dicho que la gente no ahorra pero para ser exactos tengo que decir que la gente no ahorra en pesos, sino en dólares o euros, que consiguen de las más diversas maneras. Los argentinos con mucho dinero tienen cuentas en dólares en el extranjero, los de poco dinero los tienen debajo del colchón.
Esta inflación hace que aquello de la “trampa del ahorro” que dijo Keynes no se pueda producir y agravar una recesión. El dinero se mueve, se invierte y eso es bueno. Pero una inflación de este nivel sostenida en el tiempo crea efectos muy negativos. Para empezar, y sin una red social potente que los ampare, un argentino que pasa una mala etapa en la vida no podrá vivir con sus ahorros de años anteriores, porque no los tendrá o porque se habrán devaluado. Además el hecho de tener que gastar o invertir lleva a que se gaste en cosas que igual no son razonables y un poco a lo loco. A mí me dio la sensación de que los argentinos no miraban el dinero ni cuanto costaban las cosas.

Tengo la percepción de que esta inflación sostenida en el tiempo está generando un ciclo inflacionista imparable. Los comerciantes y empresarios argentinos parecen haberse acostumbrado a trabajar con márgenes de beneficio altísimos, mucho más altos de los que en un país como el nuestro consideraríamos normales y esta dinámica crea más inflación todavía. ¿Por qué lo hacen? Tened en cuenta que ganar cantidades razonables de dinero y ahorrar no es una opción lógica, así que se quiere ganar mucho dinero en poco tiempo en una especie de cultura del micropelotazo permanente. De hecho es muy normal que te encuentres el mismo producto en distintas tiendas con diferencias de precio de hasta el 100% sin justificación alguna, tan sólo el margen de beneficio del comerciante. Algunas personas me han comentado que, al escasear algún producto, éste se multiplica de precio en las tiendas increíblemente, rápidamente y sin pudor ninguno.
Desde las diversas teorías económicas se intenta analizar las causas de la inflación argentina. Los liberales clásicos dicen que es una cuestión de masa monetaria, exclusivamente. Los neoliberales también hablan de la importancia de los aumentos salariales, que provocan inflación. En Argentina, país con unos sindicatos muy potentes, los incrementos salariales son importantes cada año (como la inflación o incluso algo más). ¿Es esa la causa de esta inflación desbocada? Yo creo que no, por lo menos no exclusivamente. No es la masa monetaria por sí sola, no es el aumento de los salarios con la inflación, no es la productividad y el crecimiento, hay algo interno en la economía argentina, este cortoplacismo económico, esta cultura de gasto, probablemente este doble mercado de gastar en pesos y ahorrar en dólares, etc. Todo esto influye en una dinámica de país, en una forma de hacer negocios, de gastar y de invertir que potencia la inflación.
Para que veáis esto del cortoplacismo os cuento una anécdota. En la facultad de ciencias económicas de la UCA quisieron hacer hace unos años un máster internacional sobre alguna materia novedosa. Se preguntaron a sí mismos, ¿qué sabemos hacer los argentinos económicamente? ¿Qué podemos aportar al mundo? Al final concluyeron que lo que realmente sabían hacer como argentinos es reinventarse económicamente, es decir, como armar un negocio rápidamente y que dure poco tiempo, para posteriormente cambiarlo radicalmente y dedicarse a otra cosa. Hicieron un máster oficial basándose en eso del que no recuerdo el nombre pero era algo así como negocios a corto plazo. Bien, me comentaban en la facultad, riéndose, que los alemanes que iban a hacer el máster se llevaban las manos a la cabeza y no entendían nada. “¿Dónde está la planificación? ¿Y los estudios de mercado?” decían. Para ellos era inconcebible gestionar la economía así.
Os tengo que reconocer que el máster ese me pareció una locura cuando me lo contaron pero reflexionando los días posteriores me di cuenta que debe ser interesantísimo. En un mundo tan cambiante, tan dinámico, ¿podría ser interesante tener ese tipo de habilidades? A mí esto me resulta la degeneración mayor de la economía capitalista, es una economía de casino, pero no puedo negar que me hubiese encantado hacer ese máster. Tendré que mirar si está on-line.

Si alguien me pregunta si me gusta la economía argentina le diré que no. Pero creo que hay una lección muy importante que sacar. Esta gente salió de la destrucción del sistema reindustrializándose, limitando importaciones, exportando y aumentando la demanda interna, exactamente lo contrario de lo que se dice que hay que hacer desde la ortodoxia.
Creo que es un buen ejemplo para ver que la ortodoxia no nos está haciendo más que daño. Quizá el sistema actual de Argentina tenga muchas lagunas, quizá tenga un componente de burbuja también (aunque hay muy pocos préstamos), quizá sea frágil, pero debemos ver de dónde partían. Es importante que entendamos que hay otra política económica que se puede hacer, que no tiene porque ser esta (cada país es un mundo), pero que existe. Ver la economía argentina y como el país se ha levantado me hace convencerme más aún de que debemos buscar nuestra propia heterodoxia adaptada a las condiciones de nuestro país.

4 comentarios:

  1. Pero..., ¿son felices? A mi me lo parece.

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  2. En cuanto a las causas de la inflación, me gustaría aportar algo: cuando estudiaba Economía en la Complutense, nuestra profesora nos dijo que ésta se producía, entre otras cosas, cuando 'hay mucho dinero en circulación'. Tiene sentido, porque la inflación, como nos dicen los medios, se da cuando hay un alza de precios. Y por qué suben los precios? Pues sencillamente porque la gente compra más al tener más dinero, o al haber más masa monetaria.
    La fantasía socialista (modelo al que se acerca Argentina, mucho más que al capitalista) consiste en desear que todos sean iguales: no solo educación y sanidad, con lo que yo y cualquier cosa está de acuerdo hoy en día, sino, por poner un ejemplo, que todo el mundo tenga un coche, que todos viajen en avión, que todos tengan su casa. Supongamos que diéramos la oportunidad a todos de viajar en avión a las antípodas: obviamente subirían los precios del combustible y de los billetes! la inflación de desbocaría.
    En resumidas cuentas, en Argentina, como tú describes la actividad económica con el término 'micropelotazo', lo que sucede es (como Espanya) que todo el mundo quiere recibir pero no dar: que sube la inflación... pues subamos salarios! Y así, es la pescadilla que se muerde la cola.
    Solución: Menos estado y menos prohibiciones, pero con leyes firmes que combatan las malas prácticas (ejemplo: Alemania). Como dijo Theodore Roosevelt, el problema de la corrupción no está en las grandes empresas, está en el origen mismo de la corrupción (a todos los niveles). Saludos.

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