La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 23 de abril de 2012

Lecciones que vienen de Francia













Las elecciones presidenciales en Francia dejan un panorama muy interesante que conviene analizar. La victoria de Hollande sobre Sarkozy ha sido muy corta y podría parecer que es casi irrelevante ante la potencia de otros candidatos. Punto y medio es lo que ha separado a ambos contendientes, y eso comparado con el casi 40% que han sacado los tres perseguidores inmediatos de los dos favoritos es algo casi irrelevante.
La aritmética electoral nos indica que la decisión de quién será el próximo presidente de la república francesa pasa por Le Pen, Melènchon y Bayrou, y por cómo éstos indiquen el voto a sus bases. Esta es la teoría, la suma fácil, pero me parece que las elecciones en Francia y la propia naturaleza de este resultado son bastante más complicadas de lo que parece.
Sin tener un excesivo conocimiento sobre Francia voy a intentar desgranar la complejidad del resultado.

Lo primero que hay que destacar es que Sarkozy no ha quedado primero en la primera vuelta, algo que no tiene precedentes en la V república Francesa. Por el sistema político francés o quizá por su idiosincrasia es muy difícil que un presidente en activo que se presenta a la reelección sea derrotado, y es aún más difícil no quedar primero en la primera vuelta. Francia tiene un sistema semi-presidencialista donde parece que con una buena política de propaganda el presidente puede capitalizar los éxitos del país o de la política y, en cambio, puede minimizar los fracasos. Este hecho está provocado por esa especie de soberanía compartida que tiene el presidente de la república junto al gobierno, excepto en un par de terrenos que le son exclusivos.
Sin embargo en esta ocasión uno de los ámbitos exclusivos de la presidencia, que es la política exterior, ha sido la que ha provocado un amplio descontento en Francia. Si Sarkozy va a pasar a la historia por algo va a ser por haber puesto su país a los pies de Alemania, política y económicamente. Los alemanes no controlaban Francia de esta manera desde que Hitler se paseaba por las inmediaciones de la torre Eiffel en el París ocupado.
Francia es un país muy orgulloso de su “grandeur”, chovinista e incapaz de aceptar su propia decadencia. Para los franceses esa sumisión ante Alemania ha sido una puñalada al orgullo patriótico que le ha infringido el propio presidente de la república. Sarkozy, en vez de un estadista o un líder, parecía ser un político de un pequeño país que quería situarse al lado del líder europeo para figurar y parecer que está con los fuertes. Y eso Francia no se lo perdona.
Por eso creo que la derrota de Sarkozy está provocada por un descontento enorme contra su persona y que, en segunda vuelta, este podría ser más evidente aún.

Los analistas políticos, que normalmente no analizan nada sino que aplican teorías universales en cosas que no son universales, dirán que la victoria de Sarkozy en segunda vuelta pasa por movilizar todo el voto del frente nacional y sacar la mayoría de los votos que hay ido al centrista Bayrou. La teoría está bien, el problema es que para captar votos a derecha y a izquierda Sarkozy debería hacer unas piruetas increíbles que nadie aceptaría. La democracia en Francia aún no está tan degenerada como en España y Sarkozy no puede decir una cosa y la contraria al mismo tiempo y pretender que le voten. Si coquetea con el Frente nacional perderá los votos de Bayrou, que irán a Hollande, y si lo hace al revés el votante del FN se abstendrá y Sarkozy no llegará a los apoyos necesarios.
Hollande lo tiene más fácil en este sentido. Tiene los votos de Melènchon y el de los ecologistas casi asegurados, algo que le garantiza un 40% en segunda vuelta. Puede lanzarse a por los votos de Bayrou o bien esperar a que Sarkozy se desplome solo en medio de sus propias contradicciones. Puede que la suma de la izquierda no de mayoría y la de la derecha sea mayor pero es un error hacer las sumas de esta manera.
La verdad es que los votantes del Frente nacional no van a votar Sarkozy masivamente. Lo hicieron en 2007 y se sienten traicionados. Desde lejos puede parecer que la extrema-derecha votará siempre antes a la derecha que a la izquierda pero esto no es así por dos razones. Primero porque el Frente Nacional tiene vocación de ser el primer partido de la derecha. Para las elecciones legislativas que se convocan para el mes siguiente de las presidenciales sería muy interesante un batacazo de Sarkozy y una crisis importante en la UMP. En este sentido Le Pen podría hacer un discurso sobre que Hollande y Sarkozy son lo mismo y que ellos se sitúan enfrente a los dos, fomentando una abstención beligerante contra Sarkozy.
La segunda razón es más política. El frente nacional tiene una parte muy importante de votantes que están expresando un voto anti-sistema y absolutamente contrario a lo que la globalización ha traído. Objetivamente este voto es totalmente contrario a lo que Sarkozy representa. Puede que Sarkozy vaya de antiinmigracionista y comisario de policía por la vida pero la realidad demuestra que eso no tiene nada real detrás más allá de la propaganda. Hollande por lo menos quiere controlar las “finanzas” y parece más proclive a ser el contrapeso de Merkel, algo que los votantes del FN también desean. Aunque el votante ideologizado del FN nunca vote a la izquierda la mayoría de votantes del FN ya no son gente ideologizada y muchos votarán a Hollande.

Si hay un vencedor en estas elecciones es sin duda alguna Marine Le Pen y el Frente Nacional. Con un discurso más moderno que el de su padre y concentrando su mensaje en aquello que podía ser más aceptado por la mayoría de franceses, Le Pen ha conseguido el apoyo máximo histórico para el Frente Nacional. Parecía que se disputaba esta tercera posición con el frente de izquierdas de Melènchon, pero le ha superado ampliamente. En cierta manera ambos frentes son un voto de protesta y contrario a la política que se ha llevado en los últimos 20 ó 30 años. Entonces, ¿Por qué ha sacado más votos el Frente Nacional que el de Izquierdas?
Para los franceses el Frente Nacional ha resultado más creíble que el de izquierdas y la razón es sencilla de intuir. El frente de izquierdas es enemigo absoluto del neoliberalismo y del eje Merkel-Sarkozy. Quiere garantizar la política social, subir el salario mínimo, quitarle poder a los “mercados”, pero el problema es que el mecanismo para ello es un tanto ambiguo. Melènchon no es enemigo del euro, ni de la inmigración, ni de la UE, y todo el discurso de cambio radical en base a una transformación de todo sin romper muchas de las instituciones y cosas que están establecidas debe haber sonado un tanto utópico.
Sin embargo el Frente Nacional ha resultado mucho más creíble en este sentido. El FN es el enemigo de la globalización neoliberal implementada durante las últimas décadas y se muestra enemigo de todo lo que ésta ha traído de forma integral. No quieren someterse a la dictadura de los mercados, pero tampoco quieren el euro, ni la inmigración y quieren volver al proteccionismo. El paquete de vuelta al pasado es coherente todo él y le da al ciudadano una referencia que ya ha existido. “Volvamos a los 70” podría decir Le Pen, y así crea un horizonte identificable por los electores. También es cierto que esto bastante más fácil que crear algo nuevo.
Los franceses parecen hartos de lo que les ha traído la globalización. Quieren una economía más social, más “hecha para el hombre” como dice la propia Marine Le Pen. Pero claro, la gente ve su realidad. Sí, Melènchon habla de política social y de humanismo pero, ¿Cómo se compatibiliza eso con un mercado laboral abierto y desregulado que usa a los inmigrantes para tirar los sueldos a la baja? ¿Cómo es eso posible cuando las importaciones Chinas están destruyendo el tejido industrial europeo? Para el ciudadano ha sido más creíble una vuelta a los principios de mercado laboral cerrado, proteccionismo y nacionalismo económico que le devuelvan a una economía social que las teorías más abstractas de Melènchon.

Las lecciones que podemos extraer de Francia son las mismas que podemos ver en otras partes de Europa, como en Grecia. El crecimiento de los partidos ajenos al “stablishment” es imparable y, aunque todavía son inferiores al bloque tradicional, como la crisis persista llegará un momento en que les superarán. Si no acaban gobernando pronto estos partidos es porque ideológicamente se encuentran en trincheras diferentes y no parece posible un acuerdo.
Pero hay que sacar lecciones de esto. La gente está harta, la gente quiere protección social, no quiere una economía que les considere una pieza de un engranaje de un sistema económico en decadencia. La sumisión a las teorías de la austeridad, la sacralización de la “competitividad”, un mercado de trabajo salvaje, una vida depresiva que parece que condena a las nuevas generaciones a vivir peor que las anteriores, no se quiere eso. Alguien debería asumir parte importante de estas reivindicaciones dentro de una política sensata y alejada de extremismos escondidos como los que tiene la señora Le Pen.

Mi percepción es que ganará Hollande. Es una percepción, porque la distribución del voto puede producir cualquier cosa, pero creo que es la opción más factible por todo lo que he comentado.
Europa necesita salir de esta política suicida en que nos ha metido la canciller Merkel y, para liderar ese cambio, es absolutamente necesaria Francia. Hollande debería plantarse ante las pretensiones alemanas e impulsar una reforma del BCE, una política de unificación fiscal que elimine los objetivos de déficit y un cambio en la política económica de la unión (Tasa Tobin, política de importaciones, etc.)
Eso es lo que debería hacer, pero francamente tengo dudas de si será capaz. No veo a Hollande capaz de plantar cara a la canciller ni convicciones para hacerlo, y como vire excesivamente hacia Bayrou todavía menos. En cualquier caso necesitamos creer en él, porque la opción que queda ya sabemos cuál es y cómo nos condena a la precarización más absoluta como nación.

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