La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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jueves, 19 de abril de 2012

¿Puede España acabar como Grecia?

















Empiezo a escuchar a personas ajenas a mis pensamientos políticos decir cosas similares a las que llevo defendiendo desde hace meses o incluso años. El otro día comentaba una compañera de trabajo que los españoles no éramos realmente conscientes de la espiral destructiva en la que habíamos entrado como país. Ella se refería a la economía y a los recortes, pero también a la clase política, al increíble proceso de autodestrucción de la monarquía y a otros temas de este estilo.
Una vez aceptamos que estamos en un remolino descendente que se nos ha ido de las manos lo siguiente que cabe preguntarse es hasta dónde podemos llegar, y francamente pensar eso asusta. Creo que como mecanismo defensivo no queremos pensar en eso, no somos conscientes del recorrido que tiene todo lo que estamos aceptando y preferimos pensar que llegará un momento en que el país repuntará mágicamente sin más sacrificios. Pero no, eso no pasará, las cosas no pasan porque sí y cuando sigues un camino suicida es muy probable que acabes muerto. Puedes tener suerte pero no es serio confiar en la suerte.
Personalmente veo que estamos siguiendo exactamente el mismo camino que emprendió Grecia dos o tres años antes que nosotros. Podemos (y querremos) pensar que nuestra situación nada tiene que ver con la de Grecia, que no tenemos ese déficit, que nuestra economía es algo más competitiva. Bien, todo eso es cierto pero ¿realmente nos libra eso de llegar a una situación parecida? Hablando claro, ¿podríamos acabar como Grecia en un par de años?

Podríamos listar aquí las diferencias entre España y Grecia y sacaríamos decenas de páginas. Es cierto que Grecia llevaba mintiendo muchísimo tiempo sobre sus cifras macroeconómicas, es cierto que tiene una deuda monstruosa y son ciertas muchas cosas, pero la catástrofe griega no ha sucedido solo ni principalmente por estos hechos, ha venido marcada fundamentalmente por cómo se ha obligado al país a “arreglar” estos excesos y problemas, que no es lo mismo.
Grecia ha vivido endeudándose de forma masiva en tiempo de bonanza, algo que es claramente insostenible. Eso se tenía que pagar pero hay muchas combinaciones para pagar eso: Se puede pagar en más o menos tiempo, afectando a más o menos personas, a unas realidades económicas o a otras. Esto no son detalles, esto es el nudo central de una política económica, esto es lo que define a un país.
Una economía no es fuerte, sólida y moderna y un país no es avanzado sólo por tener crecimiento económico y generar riqueza. El factor clave es cómo es ese crecimiento económico y cómo afecta al país y se reparte esa riqueza. Un país puede crecer mucho durante muchos años pero si ese crecimiento acaba en manos de cuatro señores o se despilfarra en tonterías en cuanto lleguen los problemas (y los ciclos económicos son consustanciales a la propia economía) el país se hundirá irremisiblemente. Como ciclo neto ese país, creciendo más que sufriendo recesión o estancamientos, sufrirá un continuo empobrecimiento y una degeneración de la calidad de vida. Por la misma razón también puede pasar lo contrario. Con crecimientos muy austeros en momentos de bonanza y estancamiento en momentos de crisis un país puede prosperar.

Grecia, en una situación objetivamente complicada, tenía muchas opciones. La primera era amputadora pero era la que iba a dar de alta rápidamente al paciente: La salida del euro seguida de una devaluación y una declaración de quiebra. Sobre el valor del dinero Griego caería el paso de la crisis perdiendo los ahorradores parte de su dinero, pero eso hubiese llevado a subir la competitividad de país y a revalorizar el factor trabajo. El país tendría cerrado a partir de ese momento el grifo del crédito internacional pero ¿es que acaso lo tienen abierto ahora?
Sin llegar a ser tan drásticos se podría haber llegado a otras soluciones: Con un impago total o parcial de la deuda se podría haber concentrado los ajustes en campos que no afectasen a la demanda interna ni al empleo, o que le afectasen lo menos posible. Con una financiación o ayuda del BCE u otros países europeos se podría haber creado planes económicos encarados a aumentar la productividad y a diversificar la economía griega.
Pero ¿qué pasó? Se impuso la ortodoxia prusiana y la moralidad protestante y castigadora de Merkel, que consideró que cualquier ayuda no era más que validar a los pecadores manirrotos. Se quiso arreglar un país con una deuda monstruosa en base a una austeridad extrema, poniendo en primer término a los proveedores y a los prestamistas para que cobrasen sus deudas, y dejando al ciudadano griego como mero peón económico al que poder quitar recursos y subir impuestos.
Pretender reducir déficit en recesión es hacer la cuadratura del círculo. Es imposible, y si momentáneamente fuese posible sería el preludio de un desastre aún mayor. Pero esto no importaba a la señora Merkel porque era lo “justo”, lo “moral” y lo “ortodoxo”. Ante el evidente fracaso los griegos con dinero han sacado el dinero de Grecia y otros griegos ante la avalancha de impuestos se han pasado voluntariamente a la economía sumergida. El paro crece, la deuda crece, el PIB baja, y esto descuadra el plan económico por lo que cada vez hay que estrangular más a la sociedad que a su vez potencia más estas actitudes evasoras. El bipartidismo se destruye, los extremismos suben y….Ya sabéis cual es el final ¿verdad? Grecia acabará fuera del euro, en quiebra y probablemente gobernada por la extrema derecha o la extrema izquierda. Odiarán a Alemania por generaciones pero la gloriosa canciller no moverá un músculo de su germánica cara. Ella pensará que ha hecho lo correcto infringiéndoles el castigo adecuado a su delincuencia. Y los griegos habrán destruido una generación de prosperidad por no haber tomado una solución radical a tiempo.

Gracias a la política de esta señora lo de Grecia se ha extendido por todo el sur del continente. Irlanda, Portugal, Italia, España…Y no penséis que esto acaba aquí porque por este camino Bélgica y Francia no tardarán en acompañarnos. De hecho cuando oigo a Sarkozy decir que si Hollande llega a la presidencia Francia acabará como España, tengo la sensación de que lo único que está haciendo es creándose un papel mesiánico sabiendo que va a perder las elecciones y que Francia va a seguir a los países del sur. Situación que, si la historia es justa, se reconocerá que fue culpa fundamental del propio Sarkozy por arrodillarse miserablemente ante la política de Alemania en vez de liderar una alternativa seria al suicidio colectivo en el que estamos inmersos.
España no está en la situación de Grecia. Su deuda es menor, su diversificación económica es mayor, su riqueza también es mayor. Pero España tiene problemas específicos: Tiene una tasa de paro estructural mayor que en el resto de Europa, tiene un problema de endeudamiento privado terrible y necesita potenciar nuevos sectores económicos para superar su dependencia de la construcción. Ni estábamos en una situación tan extrema como Grecia ni teníamos tantas urgencias para reducir el déficit y por lo tanto si queríamos llegar a medio plazo a una situación de estabilidad macroeconómica lo prioritario era combatir el paro, digerir deuda y fomentar la inversión productiva.
Esa era la política que necesitábamos. Sin política monetaria (secuestrada por Alemania) era más difícil de hacer pero aún se podría haber trabajado en este sentido. Pero no, se nos impuso la misma política que al resto de países y que en Grecia se ha mostrado catastrófica. Se nos exigía un número, un porcentaje de déficit que no podíamos superar y para ello no había líneas rojas. Adicionalmente nos “recomendaban” una serie de políticas que la inteligencia alemana consideraba ideales y que iban en camino de la precarización de las clases medias y la destrucción de servicios y prestaciones públicas.
Y desde Mayo de 2010, momento de implantación de esa política, hasta hoy lo que hemos vivido es exactamente el mismo proceso que ha vivido Grecia con una virulencia algo menor. Cada ajuste ha contraído más el país, por cada recorte ha caído más el PIB, cada nueva medida ha contraído el consumo y la demanda interna y ha potenciado el pesimismo económico, y como consecuencia de todo esto hemos entrado en el mismo ciclo de autodestrucción que Grecia: Cada ajuste contrae la economía y se ingresa menos, por lo que los números no salen, y al no salir volvemos a hacer un nuevo recorte que contraerá más aún la economía, por lo que los números no saldrán igualmente, y así iremos completando ciclos hasta que lo hayamos destruido todo.

Adicionalmente a todo esto está el tema político. Nuestro país lleva dos años intervenido de facto y bajo petición voluntaria pero el caso es que nos están ordenando lo que tenemos que hacer. Realmente la diferencia entre los gobiernos nominales que hemos tenido ha sido mínima, unos han subido la edad de jubilación y otros los impuestos, unos suben el IVA y otros aprueban la aplicación universal del despido procedente, unos recortaron el sueldo de los funcionarios y otros implantan el copago farmacéutico. La diferencia es escasa, aunque antes por lo menos parecía que el gobierno se sentía mal por hacer lo que estaba haciendo. Ahora se jactan de lo valientes que son al aplicar estas medidas (que ironía, los cobardes serviles a países extranjeros creyéndose valientes) e incluso amenazan con que nos quedemos quietecitos no vaya a ser peor. Si hace 6 meses nos dice alguien que se podía empeorar al gobierno anterior le hubiésemos puesto una camisa de fuerza y metido en una sala con paredes acolchadas.
Pero ya no es eso, es la sensación generalizada de desesperanza. Parecemos como este chiste sobre dos pesimistas que le dice uno al otro, “¿y si nos quitan lo “bailao”?” Da la sensación de que no hay límites, no hay nada sobre lo que estar seguros que no se va a tocar, parece que nos pueden despellejar vivos con tal de ofrendarle glorias a la señora Merkel. Antes, por lo menos, había quién pensaba que era el inútil presidente anterior el que lo hacía tan mal que era un estorbo para la recuperación económica, tal y como se vendía también desde el PP. En solo 5 meses todo aquello se ha convertido en un fraude evidente para todo el mundo excepto algún estúpido integral.
Para colmo hemos asistido a la mayor violación conocida de un programa electoral por parte de unos gobernantes. Todo lo que se prometía que jamás se iba a hacer se ha hecho con una frialdad desconcertante. A veces parece que estemos viendo un capítulo de los Simpsons o de American Dad por lo extremo y esperpéntico de la situación. De hecho si viviésemos en un país donde la gente votase a un programa electoral o supiese realmente lo que está votando y por qué lo está votando probablemente nos encontraríamos ante el mayor porcentaje de desaprobación de un gobierno de la historia de una democracia occidental. Que esto no pase demuestra hasta qué punto nuestra democracia está vacía, por fuera (porque nos la han quitado) y por dentro (porque la hemos convertido en un patético reality show entre todos). Vivimos en un país con unos políticos y unas instituciones totalmente desprestigiadas.

Algunas personas defendían y aún defienden que en España no podía pasar lo de Grecia porque estamos ante una ciudadanía pasiva y sumisa, prácticamente domesticada y vaciada de la ferocidad del español de antaño. Lo siento, me temo que esto no es así.
Si este país no está en motín permanente como en Grecia se debe a factores muy concretos. Aquí podemos hablar de la economía sumergida y de otros aspectos pero lo que realmente ha impedido el estallido social en este país es algo que el profesor Fernández Steinko ha llamado el “comunismo familiar”. En España la familia constituye un colchón de protección muy sólido frente a las adversidades. Esta generación perdida de jóvenes está aguantando pasivamente gracias a que pueden vivir en casa de sus padres hasta una edad indefinida. El paro arrecia a los jóvenes menores de 26 ó 27 años de una manera brutal, pero también a jóvenes de más de 30 o 35 años que por suerte tienen el apoyo familiar. Lo mismo pasa por el otro lado del espectro generacional, muchos abuelos viven con sus hijos porque sus miserables pensiones no les llegan o incluso al revés, muchos hijos de mediana edad están viviendo con sus padres ancianos gracias a que con el pequeño piso pagado, la pensión de los padres y cualquier ingreso del hijo se pueden arreglar.
Esto, y no otra cosa, es lo que nos libra de estar amotinados permanentemente. Pero esta realidad tiene un límite. Las prestaciones por desempleo o los subsidios se acaban, las nuevas pensiones son más bajas que las antiguas, cada vez hay menos empleo y el que hay está peor pagado. Y, en definitiva, esta situación no se puede soportar indefinidamente. La gente lo acepta como una situación puntual, para pasar la “mala racha”, pero no se puede pretender que el país se acostumbre a vivir tres generaciones en una misma casa como si fuesen familias de campesinos del siglo XIX.
Y aunque la opinión pública minimice su importancia ya ha habido un par de chispas que no han llegado a prender pero que son la antesala de otra que sí podría prender. El movimiento 15-M, la primavera valenciana y movimientos así han sido síntomas de un malestar creciente, de unas personas que no aceptan esta situación, que no aceptan ser peones cuyas vidas no valen nada para la señora Merkel y los poderes financieros que imponen sus normas a los países. Movimientos así serán los que tomen la calle por delante de los sindicatos tradicionales, es más, no es nada improbable una fusión entre ambos movimientos como está pasando en Grecia.

¿Podemos llegar a estas como Grecia? No es que podemos, es que llevamos todo el camino. O la economía internacional se relanza mágicamente (o por alguna razón determinada), o los gobiernos de Francia y Alemania cambian y los nuevos gobernantes cambian radicalmente esta política, o nos espera un futuro muy negro.
Y siento ser como el pesimista del chiste, pero es que ya nos están quitando hasta lo “bailao”. Y viendo como están las cosas a lo mejor a Don Mariano no le queda otra que sacar el As que tiene bajo la manga, ¿subir el IVA? No, declararle la guerra a Argentina e invadir las Malvinas. Total, no sería la primera crisis que se arregla con una guerra.

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