La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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sábado, 30 de junio de 2012

¿Estamos ante el principio del eje Paris-Roma-Madrid?















Llevo dos años diciéndolo y todo el mundo me miraba con escepticismo, como si estuviese proponiendo algún disparate o estuviese creyendo en cosas imposibles. Había que buscar un bloque entre los países del sur de Europa para no ser aplastados, y este bloque necesariamente debería incluir a Francia.
Tenían que suceder dos cosas. La primera era la ruptura del eje Berlín-París por la razón que fuere, que ha sucedido gracias a la victoria del socialista François Hollande en las elecciones francesas y el consecuente cambio de la posición de aquel gobierno en asuntos europeos, promovido en parte por la ideología en parte por la humillación nacional que el país vivió bajo el colaboracionismo de Sarkozy.
La segunda, una vez producida la primera, era una alianza Francia-Italia-España que hiciese de polo opositor ante el bloque alemán (Alemania y sus satélites) y que entendiese la evidencia de que el norte y el sur de Europa no se pueden homogeneizar a base de castigos, sino a base de unas políticas prudentes y de entender las idiosincrasias de cada país.

La cumbre del viernes de madrugada puede suponer el principio de esta alianza que llevaba reclamando mucho tiempo. Debemos ser prudentes, porque lo acordado allí tiene el mismo defecto que todo lo que se acuerda en la UE, esto es, que está envuelto en una especie de aura de inconcreción y de ambigüedad que hace dudar de la relevancia de los acuerdos. Pero al fin y al cabo ha supuesto la primera muestra de rebelión en el sur, la primera muestra de fortaleza ante imposiciones cada vez más duras, ha supuesto el primer “basta”, en voz bajita y sin aspamientos, pero un “basta” a fin de cuentas.
Recuerdo un poco que se ha pactado en esa cumbre: Lo fundamental es que el rescate a los sistemas bancarios de países con problemas no se hará con los estados mediante, sino que se recapitalizará a las entidades directamente evitando así que estos préstamos computen como déficit del estado. Esto se aplicará a partir de ahora y cuando se regule el mecanismo, así que para nuestro país parece que no se va a llegar a tiempo por lo menos para el primer tramo de ayudas. Ya veremos como gestiona esto Rajoy porque se puede meter en una tela de araña el solo si no es razonable.
También se pactó la creación de un fondo de 120.000 millones de euros para estimular el crecimiento, algo que beneficia sobre todo a los países con menor crecimiento (los del sur) y que paradójicamente Italia y España estuvieron a punto de bloquear en una jugada que les salió bastante bien.
También se va a permitir que el fondo de rescate compre deuda soberana de los países con problemas en vez de prestar a los estados, algo que también va a favor de la deuda soberana y debería ayudar a que no se llegue a situaciones límite. Finalmente, y en este punto sí había consenso, se convino que el mecanismo de rescate no tuviese preferencia a la hora de cobrar los préstamos hechos a los países, algo que se había demostrado erróneo y que no ha provocado más que subidas en las primas de riesgo.

A pesar de no estar en primera línea de esta “rebelión”, el protagonista principal de la misma ha sido el presidente francés Hollande. En la coreografía del acto pareció como si Hollande hubiese apoyado la amenaza de veto de Monti y Rajoy sin estar en ella, situándose como un punto medio entre Merkel y los presidentes sureños aunque aceptando que los últimos tenían razón. Estoy casi seguro que esta escenografía estaba pactada de antemano entre los tres presidentes, que comprendieron que dejando a Hollande en un terreno intermedio iba a ser más fácil hacer ceder a Merkel. A Hollande le viene esto estupendamente porque, además, queda como el único líder capaz de vertebrar Europa y se sitúa en la más absoluta centralidad.
Tampoco debemos minusvalorar el papel de Monti. Este señor, tecnócrata impuesto por Merkel con el consentimiento de Giorgio Napolitano, ha sabido virar en el momento adecuado por el interés de su país. Cuando ganó Hollande entendió perfectamente que tenía que hacer bloque común con Francia para que su país no fuese ahogado por la canciller, y ha sido uno de los impulsores de los cambios de estos últimos tiempos. Invitó a Rajoy a la cumbre de Roma pensando en hacer un bloque contra Merkel y, en la reunión del viernes, además de amenazar con el veto junto con España amenazó a Merkel con dimitir, en una reunión privada, si no salían adelante los acuerdos que finalmente se tomaron. La prensa italiana dice que Monti fue el verdadero artífice de los acuerdos alcanzados aunque, insisto, tengo la sensación de que todo esto fue un juego de poli bueno-poli malo entre Monti y Hollande, con la participación de Rajoy.
La verdad es que la figura de Mario Monti me resulta conflictiva. Sus políticas de austeridad están ahogando a los italianos, sin embargo desde hace dos meses su política europea e internacional está siendo acertada. Por lo menos cuando toma medidas duras no se abraza con sus compañeros de gobierno ni lo celebra como si hubiese logrado una hazaña como sí hacen los políticos españoles, sino que muestra siempre seriedad y deja claro que no puede alegrarse de lo que está haciendo.

Para finalizar creo que debemos de hablar de Mariano Rajoy. Después de 6 meses haciendo el ridículo nacional e internacional, después de haberse mostrado como el más fiel servidor de la canciller alemana y de su política, empiezo a vislumbrar un cambio en su política europea.
Cuando Sarkozy perdió las elecciones en Francia se pensó que podía ocupar el papel de perrito faldero de Merkel y actuó en consecuencia a esta idea, provocando la indignación de todos los que no entendíamos por qué no hacía lo mismo que Mario Monti. Parecía muy propio de una megalomanía común a los presidentes españoles que llenos de complejos solo quieren ir por el mundo a agradar o a figurar en fotos en las que no mandan nada, como hizo Aznar con Irak o Zapatero en otras situaciones y con un estilo algo distinto (Zapatero era de los que van a hacerse el simpático para caer bien).
Pero los acontecimientos han sido demasiado poderosos como para mantenerse ahí. La caída de Bankia, el rescate financiero, los intereses de refinanciación de la deuda a más del 7%... Rajoy ha debido entender que España se estaba muriendo mientras que su querida canciller miraba hacia otro lado sin rubor alguno, y que Merkel no le iba a dar absolutamente nada por su sumisión. Para Merkel la lealtad es una obligación, no una decisión que debe ser recompensada.
Así pues Rajoy ha recapacitado en las últimas semanas y parece haber entendido donde debe estar. Hollande será socialista, en Italia ganará la izquierda posiblemente también, pero estos países no desean nuestro ahogamiento como sí lo desea Alemania. La “realpolitik” exige que estemos junto a aquellos que defienden lo que nos interesa y que hagamos aliados que tengan los mismos problemas que nosotros.
Su papel en esta cumbre ha sido secundario, sin embargo ha sido valiente. El poder de España era necesario para que Italia amenazase con boicotear la cumbre y hemos sabido hacernos valer y ocupar una posición importante. Rajoy ha hecho en esta cumbre lo que tenía que hacer y por primera vez desde que es presidente nos podemos sentir satisfechos con su actuación.

Este ensayo del eje Paris-Roma-Madrid ha sido bastante exitoso. Debemos mantener este eje sólido, por lo menos mientras la dictadura Merkeliana pretenda imponerse sobre todos. Es más, deberíamos abrir esta entente a otros países como Portugal, Grecia o Bélgica.
Alemania también tiene aliados. Finlandia y Austria son claramente aliados inquebrantables de Alemania, a la que hoy obedecen como en otros tiempos se mostraban temerosos a no hacer nada que pudiese provocar a la URSS (la famosa finlandización). Holanda y Dinamarca también están claramente junto a Alemania por motivos de vecindad o de interés.
Y no se trata de partir la UE por la mitad, se trata de que el norte no imponga la política al sur. Si el norte actúa como bloque el sur deberá actuar como bloque igualmente para defender sus intereses. Y cuando Alemania no tenga el poder de imponer su política entonces podremos empezar a arreglar Europa. Porque esta cumbre no ha arreglado Europa que nadie se confunda, esta cumbre nos hace ganar tiempo, ganar unos meses mientras acometemos los cambios que necesitamos, cambios que tendrá que imponer el sur y las políticas anti-austeridad porque si no estaremos en unos meses, de nuevo, al borde del precipicio.

1 comentario:

  1. 1000 años gobernados por los mismos barbaros que arrasaron roma...¿¿¿que podemos esperar???

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