La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 4 de julio de 2012

¿El opio del pueblo o una distracción necesaria?





















El futbol tiene, desde hace varias décadas, un estatus similar al que tenía el circo en la antigua Roma. Deporte popular donde los haya desde su invención hace dos siglos en Inglaterra, su atracción y la implicación emocional que produce lo ha hecho adecuado para ser instrumentalizado por ideologías políticas de masas y gobiernos.
Han sido las dictaduras de los países de herencia latina las que más han utilizado el fútbol para cubrir cosas o distraer a las poblaciones ante sus fechorías, sin embargo muy pocos gobiernos están libres de haber usado el fútbol como herramienta de “contención” de frustraciones sociales. Tampoco hay que entender esto como una relación causa-efecto, es decir como que un gobierno potencia un deporte para atontecer a las masas. No, es algo más complejo, ha sido una serie de dinámicas sociales las que han otorgado al fútbol su estatus, pero una vez este deporte se convirtió en algo central en la vida social de los países donde es mayoritario creo que no hay duda de que ha sido instrumentalizado por el poder en mayor o menor medida.

Conforme nuestra selección nacional iba avanzando eliminatorias y sobre todo después de ganar la final, hemos visto como una explosión de euforia ha sacudido el país. Los partidos de la Eurocopa se convertían en el acontecimiento mediático del día por encima de cualquier otra cosa, las celebraciones callejeras se hicieron comunes. En los bares, donde días antes se hablaba un poco tontamente de la prima de riesgo, ahora se hablada de Iniesta, de Silva y de si tenía que Jugar Torres o Cesc.
Tengo que reconocer que esta prevalencia de la selección en todas partes me incomoda. Estamos en una situación económica dificilísima para nuestro país y vivimos en medio de un cambio de época doloroso, conflictivo e inquietante. Los ciudadanos hemos vivido en un modelo que ha demostrado ser una estafa para la mayoría de nosotros, y ahora estamos viendo las consecuencias de todo con lo que hemos comulgado los últimos años. El paro es terriblemente alto, millones de personas se han hundido en la pirámide socio-económica del país y una amenaza de crisis indefinida nos amenaza a todos. La situación es muy complicada y, a pesar de que vivimos a veces bajo una psicosis injustificada, hay motivos sobrados para estar indignados y mostrarnos muy combativos contra todos aquellos que nos han llevado a esta situación.
Sin embargo la inmensa mayoría de la población se mantiene pasiva. La gente no reacciona atenazada por el miedo, por incomprensión de la situación, por pereza, por desesperanza o por otras razones. Pero cuando la selección gana esa misma gente sale a la calle a gritar “yo son español, español, español” y sacan fuerzas de donde no las tienen para dar rienda suelta a su euforia.
Esto me produce una sensación de tristeza. Tiene un punto de país frívolo, preocupado de la apariencia y lo accesorio, de país indolente incapaz de luchar por su futuro aferrándose a un patriotismo vacío y a un orgullo nacional de hojalata. Mientras se destruye viernes a viernes todos los cimientos de nuestro estado del bienestar y el futuro de la siguiente generación estamos concentrados en una representación circense de las naciones interpretada por millonarios que no nos aporta nada ni soluciona ninguno de nuestros problemas.

Esta sensación, que seguro que mucha gente comparte conmigo, puede ser muy “ortodoxa” y muy propia de quienes defienden la mejora social, pero realmente no me parece del todo justa.
Los seres humanos no son máquinas que estén obligadas a hacer en cada momento lo correcto y lo adecuado, no somos guerreros militando 24 horas al día en la realización de una revolución justa. Somos personas, personas que tenemos obligaciones pero también tenemos derecho a ser felices. Y el fútbol, por ilógico que pueda parecer, otorga felicidad a mucha gente.
El sentimiento de pertenencia a un colectivo (una nación, un club), la implicación emocional con este colectivo, la realidad social que lleva asociada este tipo de acontecimientos deportivos (reuniones, fiestas), la representación abstracta de un equipo con una gente, un pueblo, un país…Todo esto está presente en lo más profundo de los seres humanos. Quizá es tribalismo, lo sé, pero está presente a nivel social.
Además, creo que estamos sometidos a una presión diaria que nos hace vivir en un continuo estado de pánico. La prima de riesgo, el paro, la destrucción del euro, la putadita de todos los viernes…Creo que llega un momento en que el cerebro dice basta, en que no se puede más. La gente tiene derecho a abstraerse un tiempo de esta complicada situación y ser feliz con lo que pueda. Y si eso es el fútbol, pues que sea el fútbol. Las pequeñas alegrías de la vida pueden parecer absurdas muchas veces, pero la alegría es subjetiva y personal y cada uno la tiene como quiere, o mejor dicho como puede.

Yo no sé si el fútbol es el actual opio del pueblo. Puede que lo sea, pero de ahí a considerar idiotas a todos aquellos que disfrutan con un triunfo de su equipo deportivo hay mucho. Yo estoy muy contento de que España ganase la Eurocopa y no creo ser ni un idiota ni un frívolo irresponsable.
Pero seamos moderados y cuidadosos. Una cosa es que los ciudadanos nos distraigamos con un partido de fútbol y otra muy distinta es que nuestro presidente se vaya a ver los partidos de la Eurocopa como si no tuviese otra cosa que hacer, como si no nos hubiesen rescatado el día antes del primer partido y como si no estuviésemos en medio de una ola terrible de invencidos el día de la final. Y no es que el presidente del gobierno sea necesario para pilotar un hidroavión, pero en un país en amenaza de disolución no está de más dar una imagen de preocupación en vez de irte a fumar puros en los palcos de estados ucranianos, donde por cierto se decía que no se iba a ir.
Tampoco es razonable, por cierto, que la prima que cobran los jugadores por ganar la Eurocopa sea 200.000 euros mayor que la que cobraron por ganar el mundial. Yo no sé quién decide estas cosas, pero en una situación como la actual esto es una frivolidad y una falta de respeto para un país que está sufriendo.

Las manifestaciones de alegría en la calle están muy bien, un día de fiesta o dos días de fiesta es algo de lo que no tenemos por qué prescindir. Además nos lo merecemos que demonios.
Pero también me gustaría ver a toda esa gente salir a la calle por otras cosas. Con la bandera de España o con la que les de la gana habría que salir para protestar ante la dictadura del capitalismo financiero, contra aquellos que han saqueado las cajas de ahorros y las administraciones públicas y contra aquellos políticos que parecen defender intereses bastardos y no los de su pueblo.

5 comentarios:

  1. ¡Vaya! Hemos coincidido y has dicho más o menos lo mismo que yo sobre lo del fútbol.

    Dices:

    "de ahí a considerar idiotas a todos aquellos que disfrutan con un triunfo de su equipo deportivo hay mucho."

    Completamente de acuerdo, Pedro.

    "no está de más dar una imagen de preocupación en vez de irte a fumar puros en los palcos de estados ucranianos, donde por cierto se decía que no se iba a ir."

    Mientras, una parte de Valencia ardía y el Presidente no dio la cara. A mí no me sorprende nada de eso, por cierto - conozco bastante bien a Rajoy a estas alturas.

    Te veo muy cañero en esta entrada, Pedro - sobre todo tus últimas líneas. Me agrada verte así de vez en cuando.

    Justamente el otro día, un primo mío estaba discutiendo con su madre sobre esto (él es medio "sociata" y le decía que la emisora Kiss Fm iba a despedir a mucha gente y dejarlas en la calle). Te lo digo porque su "pasión" fue parecida: "Mira, mira, la emisora esa Kiss que tanto te gusta, va a despedir a 120 personas" (lo decía alterado y medio-gritando) - luego me miraba y me decía: "Mírate, y tú como si nada" y ahí empecé a discutir y darle de lo suyo pero en fin, compartimos visiones en esta entrada. Me parece muy raro que últimamente estemos "tan" de acuerdo en todo. Igual tendremos que ir al médico.

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  2. No creo que haya sido especialmente cañero, he intentado de hecho ser bastante ecuánime entre tanta simplificación sobre las actitudes de la gente. Pero es que hablo de Rajoy y de ciertas cosas y me enciendo (y eso que le traté muy bien en la entrada anterior).

    ¿Estamos muy de acuerdo?...Es que desde que estás por tierras valencianas... Debe ser el espíritu de Mónica Oltra ;-)

    Saludos,

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  3. ¡Ja! Esa sí que es "valenciana a la vieja usanza", osea, más bien de izquierdas. No, bueno, yo creo que ya va una temporada de meses en las que no hemos tenido un desacuerdo serio. Igual es por lo que dices, que ya el debate no es ideológico sino que, lo primordial ahora es recuperar la soberanía y democracia que ambos hemos perdido.

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  4. Fíjate Alfredo, en los últimos meses Julio Anguita está hablando más o menos de lo mismo. De que esto ya no es un debate de derechas o de izquierdas, que esto es simplemente oponerse a un desmantelamiento generalizado de la democracia y el estado. "Que se cumpla la constitución se ha convertido en algo revolucionario" ha dicho.
    Ahora mismo estarías incluso de acuerdo con él en la mayoría de cosas.

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  5. Yo también he discutido esto mucho recientemente. Si el futbol (o lo que fuese) idiotiza a mucha gente es porque hay mucha gente que se deja idiotizar. Ahora que igual de idiota, o más bien se trata de puro esnobismo, es aquello de "no os olvideis de la crisis por 11 tíos en calzoncillos". De hecho, aunque con buena voluntad, no me han gustado esos anuncios y mensajes del estilo "durante dos horas se nos olvida la crisis". Parece que no hay alternativa entre llorar de pena o de alegría, que debe ser algo excluyente y que no sepamos hacer más que lo uno u lo otro.

    Otra cosa que me hace gracia es que muchos de los acusadores en época de vacas flacas estaban callados como tumbas y te llamaban exaltado, como poco, cuando hablabas de los privilegios y corrupción de la clase política y de la Casa Real, de la desvergüenza de bancos, del problema que iba a resultar de la burbuja inmobiliaria... y ahora son los que te envían correos "por la supresión de la mitad de los puestos políticos", chistes sobre deshacerse del Rey, reclaman prisión para banqueros y tienen una segunda vivienda que les costó un riñón y ahora no pueden deshacerse de ella.

    Supongo y quiero creer que en muchos casos simplemente la conciencia se ha despertado de golpe, pero en otros quizás estaban contando billetes.

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