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jueves, 9 de agosto de 2012

El "asalto" de Sánchez Gordillo: Propiedad, ley y crisis















Voy a iniciar un escrito que creo que no va a gustar a casi nadie. Como bien sabéis hace unos días el sindicato andaluz de trabajadores (SAT) organizó una “sustracción” de comida en dos supermercados, un Carrefour y un Mercadona, de dos municipios andaluces. En esta acción estuvieron presentes dos alcaldes que pertenecen a IU, uno de ellos el alcalde de Marinaleda, el famoso Sánchez Gordillo.
La idea era entrar en ambos supermercados y llevarse, sin pagar, unos cuantos carros de comida cargados de productos de alimentación básicos para entregarlos posteriormente a una ONG que los repartiría entre las personas necesitadas. Vamos, una acción a lo Robin Hood.
Evidentemente los trabajadores de los supermercados no se quedaron de brazos cruzados mientras salían carros de comida del supermercado, más que nada porque les pagan por eso. En Mercadona hubo un par de forcejeos entre los miembros del SAT y los trabajadores, y en el Carrefour llamaron a la guardia civil, que se presentó. En una de estas acciones estaba Sánchez Gordillo “dirigiendo” la acción con un altavoz desde la puerta, aunque no llegó a entrar.

Quizá porque estamos en verano, o quizá por la falta de inteligencia de nuestros políticos o por el amarillismo de los medios, esta noticia está siendo portada de periódicos y noticiarios. Todos los políticos y sindicatos han sido buscados para dar su opinión sobre los “asaltos”, o quizá han sido ellos quienes han buscado a los medios intencionadamente. En medio de todo esto el ministro del interior, Jorge Fernández Díaz, no sé con qué estúpido propósito en su mente, anunció ayer en rueda de prensa que iba a informar a la guardia civil que había una orden de arresto contra los asaltantes y habló de meter por medio a la fiscalía y de no sé cuantas cosas más.
La acción del ministro es para destituirlo inmediatamente, por idiota y por no saber mantener la dignidad del cargo. Por una sustracción de carros de comida de un supermercado, que posiblemente ni siquiera acabe siendo delito por el importe y la cantidad de personas que había en el asalto, sale un ministro en rueda de prensa prometiendo castigo a los “delincuentes”, como si hubiese habido un atentado de Al-Qaeda o algo así. Yo no sé si es parte de la política de desviar la atención y atontar al personal con nimiedades mientras el país se disuelve irremediablemente, o si es un simple arrebato de autoridad producto de los complejos y frustraciones que provoca ser un gobierno cobarde, sumiso y servil (vamos, como esos miserables cobardes a los que todo el mundo humilla y machaca en la vida y luego en casa pegan a sus mujeres para creerse fuertes), pero sea lo que fuere el ministro del interior de España no está para hacer estas cosas y lo único que ha conseguido es precisamente hacerle publicidad a este acto, lo contrario de lo que supongo quería conseguir. Quizá el ministro pensase que había que parar una imaginaria ola de asaltos a supermercados, pero lo que se hace con estas cosas es precisamente lo contrario de lo que se persigue. Ya ha habido detenciones, por cierto.
Sánchez Gordillo ha conseguido mucho más de lo que seguramente pensó conseguir. Él ha dicho que quería remover las conciencias y ya ha anunciado nuevas sustracciones en grandes superficies. Esta no es la primera vez que ha hecho algo así (durante muchos años lo hizo ocupando tierras). Para quien no sepa quién es Sánchez Gordillo recomiendo esta entrada del Huffington Post.

Bien, he aquí el debate, ¿es justificable el acto de Sánchez Gordillo? ¿Y por qué?
Para empezar a relatar mi opinión tengo que decir que el acto de Sánchez Gordillo me parece efectista y un punto demagógico. Robar al “rico” para dárselo al “pobre” es algo que parece defendible si lo analizas con los sentimientos, y obviamente las afinidades por actos como estos se suelen generar de manera sentimental, pero las cosas no son tan fáciles.
Podríamos defender que una empresa como Mercadona, que desde que ha empezado la crisis ha pasado de ser una empresa considerada modelo por su trato a los trabajadores a ser casi una “secta” que obliga a sus trabajadores a demostrar su lealtad a la marca a veces acatando voluntariamente la violación de las leyes laborales, que ha crecido y ganado dinero en estos tiempos de crisis (gracias al estrangulamiento de proveedores todo sea dicho), puede ser “expropiada” parcialmente si hay gente que está pasando hambre. Pero es que no hay gente pasando hambre en España. Hay gente pasando dificultades enormes, perdiendo sus casas, viviendo cuatro generaciones bajo un techo, no pudiendo acceder a cosas bastante básicas, pero no hay ni hambre ni desnutrición en España. Las ONG’s no se han quejado de que tengan desabastecimiento de productos y de que haya gente que no pueda comer por culpa de esto, y hasta ahora a nadie se le ha negado un plato de comida en estos sitios que yo sepa.
Por lo tanto la acción del SAT no se ha producido para satisfacer una necesidad básica y humana, posiblemente sí ayude a estas ONG’s pero no era una necesidad. Posiblemente haya una gran injusticia entre los beneficios que consiguen tener estas empresas en tiempos de crisis y los ciudadanos asfixiados. Pero claro, no se está hablando en cambiar las cosas desde la política o los mecanismos tradicionales, se está hablando de acciones justicieras, de pasar por encima de la ley cuando la causa sea justa y hay que tener en cuenta las posibles implicaciones que puede tener esto.
Por eso yo no apoyo la acción de Sánchez Gordillo, o mejor dicho, no creo que la acción de Sánchez Gordillo y su gente sea un camino a seguir. Pero tampoco voy a entrar en eso de que es un “delincuente”, con las connotaciones que se quiere dar a la palabra delincuente. Un hombre que roba comida para dárselo a otros será lo que queráis, pero me niego a llamarle delincuente.

Pero quiero ir más allá del debate puntual. Lo que se ha hecho con este acto es, básicamente, incumplir la ley y no respetar las propiedad privada en base a que ésta proviene de una injusticia, por un lado, y sobre todo porque esta realidad se contrapone a una situación de miseria. Lo que quería mostrar el SAT es que ante una situación extrema no piensan respetar las leyes que consideren injustas y que vayan contra la población.
Antes he dicho que no defendía este acto porque realmente no había una necesidad real de comida con gente pasando hambre y porque ninguna ONG está sin medios para atender a estas personas. Pero debemos extrapolar el debate, ¿y si realmente hubiese gente pasando hambre en España? ¿Y si no hubiese comida para los más necesitados? ¿Sería justificable entonces incumplir la ley y no respetar los principios de propiedad ante una situación extrema?
Entonces yo creo que la situación cambiaría radicalmente. Hay un punto en el que la situación es tan extrema que está justificado incumplir la ley. Hay un momento en que la situación es tan grave que los mecanismos tradicionales de cambio político dentro del sistema dejan de ser posibles y entonces la gente empieza a trabajar fuera del sistema. Hay un momento en que la inmoralidad de la ley es tal que no puedes defender que se debe de cumplir en todos los casos. Estos extremos, históricamente, han provocado revoluciones y rebeliones. Así ha avanzado el mundo muchas veces cuando la realidad ha llegado a un punto sin salida.
La revolución es la última opción que tenemos, pero no olvidemos que es una opción. Y más que una opción es casi una regla de la historia. ¿Alguien puede pensar que los españoles vamos a aguantar la destrucción de nuestro país indefinidamente? ¿De verdad pensáis que no llegaría un momento en que las protestas y manifestaciones se convertirían en una rebelión en toda regla? Hay un punto límite, siempre hay un punto límite, y la cuestión es que el primer interesado en que este punto límite no llegue son aquellos que tienen el poder político y económico y que son los privilegiados del actual estado de las cosas.

Estos asaltos a supermercados no son un camino a seguir, pero si el objetivo era realmente abrir el debate y remover las consciencias hay que reconocer que lo han conseguido. El absurdo ataque del gobierno y de sus medios a Gordillo, además, le ha creado una red de apoyo que lo considera una víctima de la hipocresía de un sistema que pone el grito en el cielo por sacar unos carros de comida de un supermercado pero que trata con exquisitez y cuidadosas presunciones de inocencia a grandes delincuentes de guante blanco, políticos corruptos, directivos saqueadores de bancos y cajas de ahorro, etc.
Yo recojo el debate que propone el SAT y Gordillo y, sin aplaudir ni considerar adecuados sus actos, afirmo que como la situación siga deteriorándose para la mayoría de la población estos actos hoy inadecuados pasarán no solo a no ser criticables, sino que directamente serán inevitables y necesarios. Y digo que la ley, base de una sociedad estable y ordenada, podría dejar de ser una obligación autoimpuesta para convertirse en un enemigo moral de quienes nos oponemos a esta dictadura escondida que se nos ha impuesto desde Alemania.
Si el debate está en respeto absoluto y sobre todas las cosas de la ley y la propiedad, entonces me temo que el señor Sánchez Gordillo va a tener la razón moral, quizá no en el hecho puntual ni en los medios pero sí en el transfondo moral del debate que quiere plantear.

3 comentarios:

  1. En quince días la gansada de Sánchez Gordillo y los indocumentados que le siguen vas a ver la repercusión que tiene, más o menos, salvando las distancias, la misma que la boda de Belén Esteban. Al tiempo.

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  2. Con estas formas lo unico que se puede consegir son dentenciones y gastos todo lo que no sea dialogando y sin querer aprobecharse de la situacion,porque de todo esto habra alguien que le saque partido

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  3. Comparto parte de tu razonamiento. Comparado con la cantidad de chorizos que hay no me parece bien que se ponga a Gordillo en la picota. Por otra parte, parece que el hombre se lo cree. Pero este no es el camino. Si toda la gente se dedica a asaltar supermercados se perdería toda seguridad jurídica y los supermercados cerrarían la puerta. Y para repartir primero hay que crear riqueza, lo cual significa trabajo, preparación técnica, inversiones, etc. y por supuesto unas leyes que defiendan los derechos de la gente y que redistribuyan la riqueza. El camino de Gordillo me parece el de una "pseudo-comuna", con unos parámetros de vida modestos, pero no viable para un país moderno y posiblemente mantenido en parte con subvenciones públicas.

    El problema es que la izquierda democrático no ha sabido, no ha podido o lo que sea... defender las conquistas sociales, ni en su momento nada para parar una burbuja inmobiliaria de libro de 1º de Economía. El 15-M expresó parte de estas inquietudes, pero faltan ideas, propuestas concretas. Yo por mi parte las seguiré buscando 'sine ira et studio'. Pero ¿Para cuando habrá una serena autocrítica de la socialdemocracia?. El lenguaje autoproclamativo de los mítines no convence a nadie, excepto a los ya convencidos.

    Un saludo.

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