La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 18 de septiembre de 2012

¿Las élites extractivas? Mucho cuidado

César Molinas



















El diario El PAÍS tiene por costumbre defender hábilmente ciertos principios que podría pensarse que benefician a su empresa editora. La información de El PAÍS en la sección internacional, por ejemplo, es muy buena, la mejor de la prensa española, sin embargo cuando se habla de Latinoamérica los intereses editoriales de las cabeceras del grupo PRISA en el continente (generalmente “liberales”) siempre condicionan los análisis. Lo mismo pasó con las licencias de TDT u otras cosas que tocan al grupo económicamente, en esos casos el diario se convierte en un arma de propaganda empresarial en vez de en un diario serio.
Esta tendencia también se observa mucho en la defensa del “statu quo” político y periodístico, que el periódico parece considerar que beneficia su actual posición dominante y absolutamente mayoritaria en la prensa española. EL PAÍS, pues, siempre defiende el bipartidismo PP-PSOE, la monarquía, la unión europea y el euro, la prensa “profesional” frente a Internet, los sindicatos mayoritarios y los movimientos de masa tradicionales frente a los nuevos movimientos sociales. Es decir, su tendencia progresista acaba cuando empiezan los límites del entorno conocido. Si se habla de superar sistemas caducos, EL PAÍS se vuelve bastante conservador.

Hace un par de meses comenté en esta entrada un artículo de opinión que había sido publicado en EL PAÍS bajo el mantón de profesionalismo y tecnicismo de sus tres autores, catedráticos de economía. El artículo no hacía más que propagar catastrofismo sobre una posible salida de España del euro, algo que rebatí, siendo sus autores unos defensores bastante transparentes de este proceso de devaluación interna y reformas destructivas que están hundiendo todo el sur de Europa. EL PAÍS dio soporte a una opinión claramente “neoliberal” porque defendía el “statu quo” de la eurozona.
Pues bien, el otro día me encontré con este otro artículo escrito por un tal César Molinas y que defendía un cambio de sistema electoral por uno más mayoritario todavía y de elección directa. El inicio me pareció interesante pero conforme leía me di cuenta que, más que un cambio de sistema electoral, la intención de este artículo era otra.
Para empezar, este señor que yo no conocía es un economista que trabaja para un “hedge fund” y que antaño estuvo en Merrill Lynch, o sea, uno de estos miembros de la élite financiera que están arrasando con este mundo (lo que no quiere decir que lo haga él personalmente). De hecho también está relacionado con la London School of economics, como los tres catedráticos de economía del artículo de hace unos meses. Hay que ver como está El PAÍS con la London School of economics, a partir un piñon.

César Molinas, para ser justos, dice cosas interesantes y a mi modo de ver acertadas, como estas:

En primer lugar, el sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas, ha creado una clase política profesional muy distinta de la que protagonizó la Transición. Desde hace ya tiempo, los cachorros de las juventudes de los diversos partidos políticos acceden a las listas electorales y a otras prebendas por el exclusivo mérito de fidelidad a las cúpulas. Este sistema ha terminado por convertir a los partidos en estancias cerradas llenas de gente en las que, a pesar de lo cargado de la atmósfera, nadie se atreve a abrir las ventanas. No pasa el aire, no fluyen las ideas, y casi nadie en la habitación tiene un conocimiento personal directo de la sociedad civil o de la economía real. La política y sus aledaños se han convertido en un modus vivendi que alterna cargos oficiales con enchufes en empresas, fundaciones y organismos públicos

En España la clase política ha inflado la burbuja inmobiliaria por acción directa, no por omisión ni por olvido. Los planes urbanísticos se fraguan en complejas y opacas negociaciones de las que, además de nuevas construcciones, surgen la financiación de los partidos políticos y numerosas fortunas personales, tanto entre los recalificados como entre los recalificadores. Por si el poder de los políticos –decidir el qué y el dónde- no fuese suficiente, la transmisión del control de las Cajas de Ahorro a las comunidades autónomas añadió a los dos anteriores el poder de decisión sobre el quién, es decir, el poder de decisión sobre quién tenía financiación de la Caja de turno para ponerse a construir

La clase política española, como élite extractiva, no puede tener un diagnóstico razonable de la crisis. Han sido sus mecanismos de captura de rentas los que la han provocado y eso, claro está, no lo pueden decir. Cierto, hay una crisis económica y financiera global, pero eso no explica seis millones de parados, un sistema financiero parcialmente quebrado y un sector público que no puede hacer frente a sus compromisos de pago. La clase política española tiene que defender, como está haciendo de manera unánime, que la crisis es un acto de Dios, algo que viene de fuera, imprevisible por naturaleza y ante lo cual sólo cabe la resignación

Estas ideas son interesantes. Es absolutamente cierto que los políticos de este país (del PP y el PSOE y el nacionalismo “moderado” casi en su totalidad) fueron culpables del hinchazón de la burbuja inmobiliaria y son incapaces de buscar salidas a esta crisis. Los dos partidos mayoritarios se comportan como sectas de cesantes que se reparten el pastel bajo su supuesto disfraz ideológico y crean redes de favores a devolver con grandes empresas y organismos. Es por esto por lo que digo yo que el sistema bipartidista implantado desde 1982 está muerto y hay que cambiarlo.
Sin embargo, ¿cuál es la solución del señor Molinas al bipartidismo? Pues más bipartidismo. El diagnóstico es bueno, sin embargo se pretende curar al enfermo con brujería.
Según Molinas: “Este sistema da un poder inmenso a los dirigentes de los partidos y ha acabado produciendo una clase política disfuncional. No existe un sistema electoral perfecto -todos tienen ventajas e inconvenientes- pero, por todo lo expuesto hasta aquí, en España se tendría que cambiar de sistema con el objetivo de conseguir una clase política más funcional. Los sistemas mayoritarios producen cargos electos que responden ante sus electores, en vez de hacerlo de manera exclusiva ante sus dirigentes partidarios. Como consecuencia, las cúpulas de los partidos tienen menos poder que las que surgen de un sistema proporcional y la representatividad que dan de las urnas está menos mediatizada”.
Hace bastante tiempo que llevo defendiendo que el sistema electoral español debe ser cambiado. Hay un bipartidismo y una partitocracia invasiva, y el único escape de esta situación es algo todavía peor: Unos partidos nacionalistas sobredimensionados y con la llave de la gobernabilidad cuando no hay un partido que consigue la mayoría absoluta. Para tener este sistema yo prefiero el sistema mayoritario de circunscripción uninominal que defiende Molinas. ¿Por qué? Porque otorga una independencia al cargo electo con la que puede enfrentarse a su partido (porque depende directamente de sus votantes), y porque genera una verdadera relación representantes-representados.

Pero ese no es mi sistema electoral predilecto para España, y no lo es porque en España tenemos un bipartidismo demasiado enquistado. Si se implanta un sistema mayoritario uninominal probablemente eso no cambiaría nada, ya que se impondría la marca electoral (el partido) sobre el candidato. Esa es nuestra cultura política, votar marcas electorales y partidos no votar personas, y eso prevalecería durante muchos años. Por lo tanto este cambio de sistema solo provocaría unas mayorías absolutas más potentes y en todas las legislaturas y una exterminación de los partidos nacionales minoritarios y de las nuevas opciones políticas, que nunca podrían nacer.
Para que un partido en España pueda crecer y llegar a representar a la gente necesita salir desde abajo, necesita poder ganar un diputado primero, luego unos pocos y así progresivamente ir ganando espacio en los medios de comunicación y en el imaginario colectivo para poder ser “grande” alguna vez. Si se crea un sistema mayoritario estos partidos no pasarán de la marginalidad jamás, y siempre nos quedaremos con las dos opciones que existen: PP y PSOE.

Sin embargo analicemos el texto de Molinas. ¿Por qué quiere este señor un sistema mayoritario? ¿Es para que tengamos una democracia más auténtica? No, es para esto: “Las reformas necesarias para permanecer en el euro chocan frontalmente con los mecanismos de captura de rentas que sostienen dicho interés particular. Por una parte, la estabilidad presupuestaria va a requerir una reducción estructural del gasto de las Administraciones públicas superior a los 50 millardos de euros, un 5% del PIB. Esto no puede conseguirse con más recortes coyunturales: hacen falta reformas en profundidad que, de momento, están inéditas. Se tiene que reducir drásticamente el sector público empresarial, esa zona gris entre la Administración y el sector privado, que, con sus muchos miles de empresas, organismos y fundaciones, constituye una de las principales fuentes de rentas capturadas por la clase política. Por otra parte, para volver a crecer, la economía española tiene que ganar competitividad. Para eso hacen falta muchas más reformas para abrir más sectores a la competencia, especialmente en el mencionado sector público empresarial y en sectores regulados” (…) “La infinita desgana con la que nuestra clase política está abordando el proceso reformista ilustra bien que, colectivamente al menos, barrunta las consecuencias que las reformas pueden tener sobre su interés particular. La única reforma llevada a término por iniciativa propia, la del mercado de trabajo, no afecta directamente a los mecanismos de captura de rentas. Las que sí lo hacen, exigidas por la UE como, por ejemplo, la consolidación fiscal, no se han aplicado. Deliberadamente, el Gobierno confunde reformas con recortes y subidas de impuestos y ofrece los segundos en vez de las primeras, con la esperanza de que la tempestad amaine por sí misma y, al final, no haya que cambiar nada esencial.
O sea, no es por la democracia, no es para recuperar la soberanía secuestrada por las cúpulas de los partidos, no es para tener más fuerza en el plano internacional. No, el señor Molinas quiere un sistema mayoritario para que de ahí salga un gobierno fuerte, independiente de lo público y que así puede implementar un rodillo neoliberal radical sobre el estado del bienestar y sobre el sector público. O sea, es el mismo argumento por el que en Italia hay un tecnócrata que no ha votado nadie: “Es que los políticos no se atreverían, para eso necesitamos un técnico”.

Los políticos del PPSOE han hecho mucho daño a este país. Han despilfarrado, han tolerado y aceptado la corrupción, han tolerado y agrandado la burbuja inmobiliaria, han dejado hundirse poco a poco muchísimos sectores económicos de este país, han tolerado el sobreendeudamiento pacientemente. Sí, todo eso es verdad pero ¿han sido solo los políticos de este país? ¿No hay una crisis igual o mayor en países como Irlanda, Portugal, Grecia o Italia? ¿No hubo burbuja inmobiliaria en los EE.UU o Irlanda? Y en nada se parecen los sistemas electorales de estos países.
Los políticos de este país y sus corruptelas han sido nocivas es cierto, pero eso es el chocolate del loro. El problema esencial, por mucho que César Molinas parezca querer ridiculizarlo, sí viene de fuera, sí ha sido importado a este país. El problema lo ha creado una filosofía de desregulación loca, de endeudamiento para crecer, de globalización económica, una filosofía que impregnó a nuestros partidos mayoritarios como impregnó a otros similares en otros países. El problema es el euro, por mucho que este señor vuelva a promocionar esta teoría estúpida de que volveríamos a la postguerra si saliésemos del euro, el problema es el BCE (¿o es que nada tiene que ver en la burbuja inmobiliaria?), son las imposiciones alemanas. El señor Molinas no ve o no quiere ver eso, parece que lo único que le interesa es que un rodillo neoliberal aplaste la intervención económica del estado.
El señor Molinas sirve en esta guerra al bando de los acreedores (normal, es hombre del mundo financiero), en el bando de los que quieren destruir el estado del bienestar residual que nos queda, del bando de las obsesiones alemanas. Porque esto es una guerra ¿no lo sabíais? Pues sí, es una guerra aunque no tengamos conciencia de ella y aunque haya soldados involuntarios en ella como podría ser el caso, o no, del señor Molinas. Hablaremos de esta guerra en las próximas entradas.

2 comentarios:

  1. Hedge fund, no hedge found.

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  2. Tienes razón Anonimo, gracias por la corrección. O no me dí cuenta o me lo cambió automáticamente el word.
    Lo cambio cuando tenga un rato.

    Saludos,

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