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lunes, 10 de diciembre de 2012

Historia de la política valenciana: Regionalismo y nacionalismo (II)


EL BLASQUISMO Y EL AUTONOMISMO REPUBLICANO












Con la caída de la dictadura de Primo de Rivera y la proclamación de la segunda república se produjo el momento histórico propicio para una fuerza política que había ocupado la centralidad política en afecciones (aunque no en representación debido al sistema caciquil de la restauración) en Valencia: El republicanismo blasquista.

Vicente Blasco Ibáñez ha sido uno de los novelistas más importantes de la historia valenciana, además de periodista y político. Además de un republicano convencido (fue diputado por la Unión Republicana durante la restauración) era un regionalista sentimental, algo que se puede ver en sus novelas ambientadas generalmente en la huerta valenciana y en el mediterráneo.
Blasco Ibáñez era hijo del republicanismo de su tierra (Valencia había sido un importante centro republicano en las décadas finales del siglo XIX) pero se puso al frente del mismo dándole su particular visión. Blasco abandonó en 1908 la Unión Republicana para crear un partido propio, el Partido de Unión Republicana Autonomista (PURA). Este partido tenía una ideología basada en un fuerte anti monarquismo, un fuerte anticlericalismo y unas propuestas moderadas de mejora social (extensión de la educación gratuita, mejoras laborales, etc.) sin llegar en ningún caso a las propuestas socialistas.
En ciertos aspectos el blasquismo era como el primer Lerrouxismo que triunfó en Barcelona, pues tenía un discurso lleno de demagogia anticlerical y antimonárquica e iba dirigido hacia las clases populares. La diferencia era que Lerroux fue un aprovechado político y Blasco un hombre honesto con sus ideales, aunque ambos movimientos sufrirían un final asombrosamente similar al juntar sus destinos durante la segunda república.
El blasquismo era un republicanismo regionalista pero no era un movimiento nacionalista, de hecho era fuertemente antinacionalista. Cuando Blasco Ibáñez recibió la orden de construir una especie de Solidaritat Catalana en Valencia se negó rotundamente porque no quería mezclarse con el nacionalismo catalán, y de hecho ese fue el catalizador para que crease su propio partido político. Esto es relativamente lógico porque debemos entender que la base del republicanismo blasquista es jacobina y, aunque fuese autonomista, una cosa es el federalismo y otra muy diferente es el nacionalismo.

Blasco Ibáñez murió en 1928 en su exilio en Francia. A su muerte fue su hijo Sigfrido Blasco quien pasó a ser el líder del PURA y del republicanismo blasquista. Sin embargo Sigfrido hará lo mismo que hizo Lerroux al inicio de la segunda república, esto es escorarse cada vez más a la derecha, lo que provocará el fin del movimiento.
Al proclamarse la segunda república el PURA, junto a otros partidos como la derecha regional valenciana, intentó hacer un proyecto de estatuto de autonomía para la “región valenciana”. Este intento no pudo fructificar porque realmente la única que estaba interesada en la autonomía era la provincia de Valencia, siendo el proyecto ignorado en un primer momento por los municipios de las provincias de Alicante y Castellón.
A pesar de que el PURA quería la autonomía tampoco era esta su mayor prioridad. El PURA estaba claramente implantado en la provincia de Valencia pero no tenía fuerza en las otras dos provincias valencianas. Para ellos esto de la “región valenciana” no tenía por qué ser lo mismo que el antiguo reino de Valencia ni abarcar el mismo territorio, pues ellos identificaban la región básicamente con la zona donde se cultivaba la naranja, que creían tenía unas características socio-económicas particulares. Ni la historia ni la lengua eran trascendentes para ellos a la hora de crear una autonomía.
En las discusiones que tuvo el PURA sobre la autonomía con la derecha valenciana (escenificadas en la prensa de la época) se ve que el PURA no tenía un proyecto claro de autonomía. A ellos les daba igual una autonomía sólo con la provincia de Valencia, con las tres provincias o en una macro comunidad que incluyese Teruel, Murcia y Albacete. El Cap i Casal (como se llama a la ciudad de Valencia) debía ser el centro de la región, lo que incluyese daba un poco igual.
La derecha valenciana sí tenía un proyecto de autonomía mucho más estructurado, con una autonomía para las tres provincias y una normalización del valenciano. El blasquismo, aunque aceptaba la cooficialidad del valenciano y el castellano, realmente consideraba a la lengua valenciana como algo folclórico, poco culto y no tenían ningún interés en que se enseñase o normalizase. Parecían aceptar de buen grado el proceso de diglosia imperante en la sociedad valenciana.

En 1932 finalmente se normaliza la lengua valenciana con las normas de Castellón. Durante los años anteriores se había demandado que se normalizara la lengua valenciana porque nadie sabía muy bien cómo escribirla. Al no tener referentes muchos autores se estaban basando en el diccionario de Pompeu Fabra que había normalizado la lengua en Cataluña.
Les normes de Castelló se basaban en el diccionario Fabra pero adaptándolas a la idiosincrasia valenciana. Se firmaron con el consenso de varias instituciones culturales valencianas, entre ellas Lo Rat Penat. De hecho y contrariamente de lo que pueda parecer los más críticos con estas normas fueron los autores que ya estaban usando las normas del diccionario Fabra para el desarrollo escrito del valenciano, pues consideraban que las normas de Castellón creaban una normalización adicional que no tenía sentido y que era divisiva.
Las normas de Castellón han sido la base de toda la normalización posterior de la lengua valenciana, tanto de la Llei d’us i ensenyament de los 80 como de la Academia valenciana de la llengua creada a finales de los 90.

El PURA estuvo coaligado en un primer momento con todos los republicanos en la Alianza Republicana pero posteriormente pasó a ser oposición del gobierno republicano-socialista de Azaña. En 1933, aliado con el partido republicano radical de Lerroux, apoyó al gobierno radical y, en 1934, también aceptó la entrada de la CEDA en el gobierno.
Esto fue un trauma para el PURA como también lo fue para el partido radical. Una cosa era situarse como partido centrista, republicano y demócrata, y otra muy distinta era apoyar a la CEDA que si bien tenía personajes demócratas en sus filas (como Luís Lucía o Gimenez-Fernández) también incluía a la derecha antirrepublicana y autoritaria.
Si al partido radical se le escindió la nueva Unión Republicana de Martínez Barrio al PURA le salió también una escisión llamada Esquerra Valenciana, liderada por el líder municipal del PURA de Valencia capital Vicente Marco Miranda. Esquerra Valenciana nació como consecuencia de la derechización del PURA y de la “traición” de ésta a los ideales republicanos.
Esquerra Valenciana sí fue un partido mucho más “autonomista” que el PURA y apostó decididamente por un estatuto de autonomía para las tres provincias, a las que llamarían indistintamente “región valenciana” o “país valenciano”. Durante toda la época de la segunda república de hecho se suele alternar el nombre de región valenciana con el de país valenciano, si bien el de “país” mostraba una apuesta clara por una autonomía para las tres provincias y la de “región” daba a entender una realidad territorial más abstracta, que seguro que incluiría la provincia de Valencia pero no dejaba claro a cuantas más.

El blasquismo original, pues, quedaría disgregado en dos partidos, el PURA y Esquerra Valenciana. A la caída del gobierno radical-cedista y ante el estado de disolución del PURA (que a parte de la escisión había perdido militantes a favor de la Unión republicana e Izquierda republicana), Sigfrido Blasco situará lo que queda del PURA alejado políticamente de la CEDA y el radicalismo y cercano al republicanismo conservador pero demócrata de Alcalá Zamora, creando una candidatura independiente. Fracasó como fracasó el proyecto de Alcalá Zamora y lo que quedaba del PURA y Sigfrido Blasco pasaron a la insignificancia política. Al inicio de la Guerra Civil Sigfrido Blasco se exilió con ayuda de la CNT y de esos anarquistas que habían respetado al blasquismo en la época anterior a la república.
Esquerra Valencia se quedó, pues, como referente en el terreno republicano del autonomismo valenciano. En 1936 se fusionó con Esquerra republicana del País Valencià, partido con implantación en la provincia de Castellón, teniendo así una mayor implantación territorial por todo el País Valenciano y demostrando que el concepto blasquista de una región basada en el Cap i Casal había cambiado por un criterio de País Valenciano de tres provincias como entidad política.

Esquerra valenciana fue un partido que se inspiró bastante en Esquerra republicana de Cataluña e incluso el diputado en el congreso de EV, Marco Miranda, se integró en el grupo parlamentario de ERC en el congreso de los diputados. ¿Cómo es posible eso? ¿Cómo un diputado proveniente del antinacionalista blasquismo prefirió integrarse en ERC antes que en los grupos nacionales de Izquierda Republicana o Unión republicana?
La respuesta es que la ERC que conocemos ahora tiene poco que ver con la ERC de la segunda república. ERC estaba formada por dos partidos, Estat Català, que sí era independentista, y el Partit Republicà Català, que era autonomista. En un primer momento fue Francesc Macià, que era del Estat català, quien ocupó la presidencia de ERC pero tras su muerte la ocupó Companys, que era del Partit Republicà Català.
Durante toda la II república ERC actuó como un partido federalista pero no claramente nacionalista (quizá un poco cantonalista). Las dos veces que políticos de ERC proclamaron la “república catalana” siempre lo hicieron dentro de una república “ibérica” o española, nunca como una independencia plena. A la muerte de Macià los políticos que pasaron a dominar el partido no eran nacionalistas (Macià si lo era) y ERC se comportó casi siempre como una representación en Cataluña de lo que eran las ideas republicanas de izquierda en el resto de España. De hecho el Estat Català se separó de ERC en 1936, por decisión de su líder el fascista Josep Dencàs. Si nos fijamos al inicio de la transición incluso Tarradellas (que venía de aquella época) nunca tuvo veleidades independentistas.
Así pues, y sobre todo una vez el Estat Català se había separado de ERC y era Companys y la gente del Partit Republicà Català quienes dominaban ERC, era absolutamente lógico que la gente de Esquerra Valenciana se sintiese cómoda con ERC. Ambos grupos compartían autonomismo/federalismo, izquierdismo y republicanismo.

Durante la guerra civil la defensa de la república ocupó el papel central de la política. Aún así se redactaron tres anteproyectos de autonomía para el País Valenciano, uno de la CNT, otro de Esquerra Valenciana y otro de grupos republicanos. Ninguno de ellos llegó a ningún sitio, por lo complicado de la situación.
Viendo los acontecimientos creo que si la segunda república hubiese durado un poco más (antes de empezar la guerra civil) el País Valenciano hubiese tenido un estatuto de autonomía. El problema derecha-izquierda realmente no era importante, más importante era el problema del poco interés de las provincias por llevarlo a cabo (sobre todo Alicante). Pero de haber seguido España en paz posiblemente se hubiese podido plebiscitar un estatuto de autonomía en 1937 o 1938.
Al final de la guerra el regionalismo y el nacionalismo valenciano desaparecieron. Incluso gentes de derechas como Miquel Adlert y Xavier Casp fueron expulsados de Lo Rat Penat por “separatistas”, quedando la asociación cultural en manos de gente afín al régimen franquista (Lo Rat Penat había sido cerrada durante la guerra por “contrarrevolucionaria”). Esto será muy relevante para el posterior devenir de la histórica asociación.

El regionalismo y el nacionalismo quedarían virtualmente desaparecidos durante dos décadas hasta que, casi entrando en el tardofranquismo, apareció Joan Fuster y publicó el famoso “nosaltres els valencians”. Con él y a partir de sus ideas será cuando se entre en el mayor cisma de la política valenciana.

Continuará....

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