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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Historia de la política valenciana: Regionalismo y nacionalismo (III)


EL FUSTERIANISMO Y LA BATALLA DE VALENCIA


Senyera preautonómica valenciana



Senyera valenciana pactada en el Estatut de Benicàssim



























Joan Fuster i Ortells es otra de las personalidades centrales de la historia del nacionalismo valenciano. Nacido en Sueca, era hijo de un antiguo carlista (atención a la similitud con Francesc Macià). Licenciado en derecho durante la posguerra ejerció de abogado en su pueblo natal, Sueca, durante muchos años aunque su vocación era la escritura. Colaboró asiduamente en prensa y publicó varios libros de poemas y de ensayo durante la década de los 50.
Pero la gran obra de Joan Fuster, que fue expresión de su pensamiento político, fue el libro de ensayo Nosaltres els valencians, publicado en 1962 por supuesto en castellano.

En Nosaltres els Valencians Fuster expone su particular visión del País Valenciano y de la idiosincrasia valenciana. La principal novedad del pensamiento fusteriano respecto al nacionalismo preexistente era que, para Fuster, el País Valenciano no era más que otro territorio de habla catalana que formaba parte de una nación mayor: Los países Catalanes.
La especificidad valenciana no existía realmente para Fuster, pues el País Valenciano no era más que una subdivisión de la gran comunidad catalana. Todo el nacionalismo o regionalismo anterior era “sucursalista” y miope, pues no supo ver (o no quiso) que el futuro del país era la inclusión en una comunidad mayor junto a Cataluña y Baleares y la independencia de España.
Además, Fuster consideraba que la Valencia aragonesa (las comarcas interiores que fueron originalmente pobladas por aragoneses y donde se habla castellano) es una especie de lastre irrelevante para la realidad valenciana y que no supone ninguna idiosincrasia específica a tener en cuenta, por lo que debía ser ignorado e incluido en los Países Catalanes igualmente.
El pensamiento fusteriano es ciertamente pesimista y siempre me ha parecido que padece un fuerte sentimiento de inferioridad respecto a Cataluña. Fuster se lamentaba de la escasa conciencia nacional que existe entre los valencianos (nacional desde su visión pancatalanista) y se deduce que le hubiese gustado un desarrollo del nacionalismo parecido al de Cataluña. Según su visión la debilidad del desarrollo nacionalista supone una anomalía provocada por la escasa industrialización, esa realidad mixta de haber tenido pobladores catalanes y aragoneses creando diferentes comunidades lingüísticas y por algunas circunstancias históricas concretas. Lo “normal” para él era que en Valencia hubiese tenido un nacionalismo como el catalán.

El pensamiento de Fuster se hizo popular rápidamente por toda la oposición democrática al franquismo creando lo que se llamó “nou valencianisme”. El Partit socialista del País Valencià (hoy integrado en el PSOE) y la Unió democràtica del País Valencià (cuyos miembros acabaron unos en UCD y otros en el Partit Nacionalista del País Valencià), los partidos principales de la oposición antifranquista valenciana junto con el PCE, bebieron de este nou valencianisme de Fuster.
Cuidado, que bebieran no quiere decir que aceptasen todas las ideas de Fuster ni este pancatalanismo tan transparente. Realmente estos partidos, si bien querían estrechar lazos con Cataluña y las Baleares, no proponían unos Países Catalanes y mucho menos la independencia, pero si aceptaban un cierto nacionalismo con fronteras valencianas y una idea abstracta de una idiosincrasia valenciana con una fuerte relación con las comunidades de habla catalana.
Hay que entender la realidad de la época. Durante el franquismo cualquiera que fuese antifranquista parecía aliado de otros antifranquistas. Hasta la ETA y otros grupos terroristas antifranquistas fueron “aceptados” y comprendidos por la oposición democrática porque parecía que luchaban contra la dictadura. Es por ese sentimiento por lo que cualquier idea novedosa que se opusiese al centralismo uniformizador franquista era aceptada como válida, creándose extrañas mezclas entre ideologías presumiblemente opuestas que duran hasta nuestros días.
Estos partidos obviamente también aceptaban la unidad de la lengua pero eso no lo estoy remarcando porque hasta este momento histórico nadie había puesto en duda la unidad de la lengua, pues lo máximo a lo que se había llegado era a proponer una normalización diferente a la basada en el diccionario Fabra y asumida por las normas de Castellón.

Sin embargo el fusterianismo también creó un fuerte antagonista a sus ideas, al que se dio por llamar un tanto despectivamente “blaverismo”. El blaverismo nace como reacción absoluta a las ideas de Fuster y se basa en el fuerte anticatalanismo preexistente. Si los fusterianos decían tener una realidad común con Cataluña y Baleares los blaveros lo negaban, si los fusterianos usaban la denominación País Valenciano los blaveros buscaron otra (que fue Reino de Valencia), llegando incluso al extremo de poner en duda algo que nadie había puesto en duda hasta ese momento: La unidad de la lengua.
Quizá el primer blaverismo político explícito tuvo como principal exponente a Miguel Ramón Izquierdo, último alcalde franquista de Valencia (1973-1979), un regionalista sentimental que probablemente vio en este movimiento anticatalanista la forma de reciclarse para la nueva democracia y que después de varios avatares que le salieron mal (creó un partido blavero de izquierdas sin querer) acabó fundando Unió Valenciana en 1982.
El blaverismo se presentaba como una respuesta espontánea hacia un pancatalanismo que según ellos quería invadir la región valenciana. Muchas veces he pensado hasta qué punto la relativa popularidad del blaverismo durante finales de los 70 y los 80 se debe a la semilla anticatalanista que plantó el blasquismo. El blasquismo fue popular y mayoritario en la misma área geográfica donde el blaverismo tuvo más apoyo y aunque ambos movimientos son muy diferentes comparten ese anticatalanismo de base.

Aunque la Unió democràtica del País Valencià era un partido de centro-derecha realmente no tuvo nunca apoyo popular y por lo tanto las tesis fusterianistas fueron aceptadas generalmente por la izquierda. Eso llevó a que la derecha abrazase ese anticatalanismo visceral blavero y lo instrumentalizase para sus intereses, sobre todo después de las elecciones de 1977 cuando se vio que la mayoría de la población valenciana había votado a la izquierda.
Es ahí dónde empieza lo que se llamó “la batalla de Valencia”. La derecha política, en ese momento nucleada mayoritariamente en torno a UCD, creyó que usando esos sentimientos primarios anticatalanistas conseguirían arrebatar la supremacía política a la izquierda. El estratega de esta maniobra fue Emilio Attard, líder del conservadurismo valenciano y de la UCD valenciana de la época, que instrumentalizó el blaverismo anticatalanista de Ramón Izquierdo y asumió sus conceptualizaciones indentitarias para beneficio propio, provocando incluso la marginación de algunos de sus aliados dentro de UCD que defendían una visión más cercana a las tesis fusterianas.
Más allá del debate entre el catalanismo y el anticatalanismo social la batalla de valencia tuvo un componente simbólico muy importante. La izquierda, vencedora y mayoritaria en la assemblea de parlamentaris del País Valencià (y posteriormente en el Consell preautonómic del País Valencià) estableció como bandera del País Valenciano la senyera aragonesa (la cuatribarrada) con el escudo de la generalitat en el centro mientras que quería en el nuevo estatuto se dejara claro que el valenciano era un dialecto del idioma catalán. La derecha blavera, en cambio, rechazaba el término Pais Valenciano y reclamaba que la nueva autonomía se llamase Reino de Valencia, negaba que el valenciano fuese un dialecto del catalán (decían que era una lengua independiente) y apostaban por que la bandera de la ciudad de Valencia, la senyera coronada, fuese la bandera también del nuevo Reino de Valencia.
La batalla de valencia y la cuestión simbólica generó una duradera secuela en la Comunidad Valenciana que dura hasta nuestros días.

Estas posiciones enfrentadas estuvieron a punto de converger y de hecho convergieron en un consenso típico de la época de la transición. La izquierda del PSOE y el PCE y la derecha de UCD llegaron a un acuerdo en el Consell del País Valencià para presentar un proyecto de autonomía conjunto. Este proyecto se llamó el estatuto de Benicàssim y en él se valido una vía intermedia entre las reivindicaciones de ambos grupos.
El territorio se llamaría finalmente País Valencià, como defendía la izquierda, la bandera no sería la cuatribarrada aragonesa ni la senyera coronada sino que sería una cuatribarrada con franja azul en el asta dónde se incluiría el escudo de la generalitat (una solución intermedia), y finalmente el estatuto de autonomía hablaría de la lengua valenciana sin hacer referencias a su unidad con el catalán, como prefería la derecha.
Pero al presentarse este estatuto de consenso en Madrid para su aprobación por el congreso de los diputados éste fue cambiado. En una maniobra entre Fernando Abril Martorell, número dos de la UCD nacional, y Alfonso Guerra, número dos del PSOE nacional, se pactaron varias enmiendas básicas para el texto. Además de evitar que el País Valenciano fuese otra nacionalidad histórica hubo otras enmiendas que introdujeron la senyera coronada como bandera de la comunidad y cambiaron el nombre de la misma por Comunidad Valenciana, nomenclatura que nadie había pedido ni nadie reclamaba.
Que en el congreso de los diputados se presenten enmiendas a un estatuto para ajustarlo a la constitución es algo normal, pero que se presenten enmiendas para cambiar una cuestión simbólica pactada por los representantes regionales es algo incomprensible. Esto representó una puñalada trapera de los partidos nacionales a lo decidido por sus federaciones valencianas y fue el final de todo un movimiento autóctono en pro de una autonomía de raíces históricas. A partir de ahí, la Comunidad Valenciana quedaría un tanto desnaturalizada en medio del estado de las autonomías.

Debido a todas estas circunstancias el nacionalismo “catalanista” ha quedado en el imaginario colectivo valenciano como algo izquierdista, mientras el blaverismo ha quedado como una ideología conservadora. Parece como si las afecciones identitarias estuviesen relacionadas con la ideología pero esto es objetivamente una falacia.
Joan Fuster, a pesar de ser considerado un intelectual progresista con metodología historicista marxista, no me parece que sea especialmente izquierdista y realmente creo que tiene muchos tics conservadores. Él de hecho se definía como un “liberal adicto al manifiesto comunista” y así jugaba a todas las barajas. Pero como fue la izquierda quien mayoritariamente le siguió su pensamiento nacional quedó marcado como izquierdista por asociación.
El blaverismo también quedó marcado como derechista por el uso que hicieron Attard y UCD de él. Pero cuando Ramón Izquierdo quiso crear el primer blaverismo lo hizo como un movimiento heterogéneo a través del partido Unión Regional Valenciana, partido que se llenó de izquierdistas y prueba de ello es que en el primer congreso del partido se impuso la línea progresista, el partido se refundó como Esquerra nacionalista Valenciana y los dirigentes principales del partido salieron del mismo y fundaron Unión Valenciana.
Ya he dejado caer antes por qué creo que pasó esto. El blaverismo sedujo a la población anticatalanista sentimental, anticatalanismo que era probablemente un reflejo del republicanismo blasquista durante tantos años potente en Valencia. Ese anticatalanismo era sentimentalmente izquierdista o centro-izquierdista y por eso a Ramón Izquierdo se le fue su partido de las manos.
Sin embargo Esquerra nacionalista Valenciana (como se llamó la refundación de la Unión Regional Valenciana) fue siempre un partido marginal y, en cambio, cuando Unión Valenciana fue creada si que obtuvo durante muchos años un apoyo electoral decente. En el imaginario colectivo valenciano ya estaba marcado, pues, que el blaverismo era consevador.

Con los símbolos y las denominaciones se ha producido la misma tergiversación. El término País Valenciano, presente en la mayoría de organizaciones políticas y sindicales provenientes de esa época, ha quedado en el imaginario colectivo como una denominación “catalanista”. No lo es en absoluto, es más, es una denominación histórica con mucha más tradición que esta extraña de Comunidad Valenciana y de hecho estuvo previsto que fuese la denominación de la comunidad.
Con la bandera cuatribarrada del Consell perautonómic pasa lo mismo. La mayoría de gente la tildaría de “catalanista” cuando fue pseudo-oficial durante mucho tiempo y realmente no es más que el estandarte de los reyes de Aragón, que los catalanes han usado como bandera pero también los aragoneses. Su uso hubiese tenido muchas ventajas sobre la bandera coronada actual, la primera de todas no haber extendido la bandera de una ciudad sobre una región entera con las consecuentes situaciones de desapego y de la sensación que se tiene en gran parte del territorio (sobre todo en Alicante y Castellón) de que esa bandera oficial realmente no les representa.

A partir de 1983 la autonomía valenciana quedó establecida y se comenzó a desarrollar una política propia con implantación del valenciano en la educación. Los deseos autonomistas por fin se habían hecho realidad aunque llegaran por la puerta de atrás y en medio de grandes conflictos. Sin embargo quedó la sensación de que se había conseguido una autonomía de segunda.

Finalizará....

8 comentarios:

  1. ¡Bravo! Gracias por esta serie de artículos.

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  2. A mí también me está gustando bastante la serie -

    Como bien sabes, no me gusta la alergia a lo catalán, al "pancatalanismo" si así se le quiere llamar porque es lo más lógico para el País Valencià.

    No sabía eso de "liberal adicto al manifiesto comunista" pero es muy interesante. Me ha encantado, la verdad. Es que lo que ocurre con el liberalismo es que el liberal de verdad, el clásico, se preocupa también por los mismos temas que Marx y ambos tenemos como objetivo mejorar la condición humana - también tenemos ideales universales. Donde fundamentalmente discrepamos es en ciertos temas de economía y derechos sociales pero, esta crisis está demostrando que no estamos tan lejos realmente del siguiente hecho: hablamos del mismo enemigo antidemocrático.

    Saludos

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  3. Bueno no me matéis la serie aún ¡Que me queda una cuarta entrada! Esta última repasará alguna cosa de los últimos años y sobre todo será de conclusiones. Por eso no quiero avanzar nada pero si quiero comentarte una cosa Alfredo.

    Creo que aquí hay tanto una cuestión de grados como de confusión semántica. Una cosa es la catalanofobia, absurda y más en Valencia, pero otra distinta es el pancatalanismo. El pancatalanismo considera que el País Valenciano es parte de unos países catalanes que serían una entidad política nacional.
    Esto, además de ser algo que no defiende más del 1 ó 2% de los valencianos a tenor de los resultados electorales, sería extender políticamente lo que en cualquier caso no creo que deba pasar de ser un concepto cultural.
    Quizá tú has querido usar esto de los países catalanes y el pancatalanismo como algo cultural, pero el problema aquí es que su uso suele ser político, sobre todo el del término pancatalanismo.

    Y una cosa más, ¿pudiste comprar finalmente Nosaltres els valencians en valenciano? Creo que tenías la intención pero no sé si lo hiciste y lo has podido leer.

    Saludos,

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  4. Sí sí - cuando estuve en Valencia fui a la librería y por supuesto me compré el libro (en valenciano). Me encantó y lo tengo entre mis pertenencias para compartirlo en los EEUU con los que quieran interesarse un poco por esta cuestión (hay varios interesados). Fuster tiene una serie de ideas que son muy compatibles con las cosas que defiendo en ámbitos culturales, si bien no soy nacionalista (no me gusta ni el nacionalismo español ni el catalán ni el valenciano). Prefiero hablar de patriotismo de valores, por ejemplo o un patriotismo "liberal".

    Tema paisos: Yo no defiendo - en absoluto - una entidad pancatalanista política como Estado - efectivamente, me refería a algo cultural. Un valenciano no tiene nada que temerle a la cultura "catalana" pues aparte de cuestiones semánticas o variaciones normales regionales, es una cultura propia de ambos.

    Saludos

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  5. Me gusta muchísimo más la Senyera preautonómica que las otras(la actual y la del Estatut de Benicàssim).
    Sinceramente,yo he vivido en Valencia,y es una tierra que ha pasado de ser un refugio progresista, culto, liberal, a ser una tierra de chonis, canis, tetes, corruptos y fachorros.Evidentemente con muchísimas excepciones.
    Pero siempre hay motivos para la esperanza.¿sabías que entre los nuevos votantes Compromís es la segunda fuerza?Sí,con un 28% de votos, a sólo 1 punto del PP.Si a esto le sumamos el 15% del PSPV y EUPV que andará por el 10-12% nos sale juventud con mayoría de izquierdas.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Muy interesante tu blog y tu artículo. Son temas que he vivido desde mi tierna infancia en la Transición. Catalanismo y blaverismo, dos espadas en alto que tenían mucho que ver con pasiones y circunstancias personales. En mi caso particular, de pequeño fui a aquellas manifestaciones blaveras contra Albinyana. Para mí no, que no conocía el tema de izquierdas o derechas, era defender una identidad frente a un 'invasor' exterior. Luego, he conocido más el tema y tengo la convicción que el nacionalismo pro-catalanista vivía en una torre de cristal sin conocer la sensibilidad del pueblo. Bueno, Compromís etc. parece que han aprendido la lección...

    Un saludo.

    PD: Me gusta la versión de Senyera con la franja y el Escudo de la Generalitat dentro.

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