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lunes, 17 de diciembre de 2012

Historia de la política valenciana: Regionalismo y nacionalismo (IV)


LA TERCERA VÍA Y CONCLUSIONES PARA EL FUTURO















Este último escrito de la serie me gustaría proyectarlo hacia el futuro y hacia las lecciones que creo que debemos sacar de nuestro pasado más reciente, pero antes quiero repasar algunos datos y hechos de nuestra política más actual.

Después de la aprobación del estatuto de autonomía fue el PSPV-PSOE quien gobernó la Generalitat Valenciana durante las tres primeras legislaturas de la misma, hasta el año 1995. Lo mismo pasó en el ayuntamiento de Valencia, dónde también gobernó tres primeras legislaturas pero de 1979 a 1991. En este tiempo se normalizó la enseñanza del valenciano, se creó el entramado de la administración autonómica y se desarrollaron proyectos de modernización y desarrollo de la Comunidad Valenciana paralelamente a como se hizo en las España de los 80 gracias a la inversión en infraestructuras y los fondos europeos. Hay quien dice que los valencianos nunca han valorado suficientemente lo que se hizo aquellos años, quizá porque fue el PP quien capitalizó lo que se había proyectado al estar gobernando cuando todas estas actuaciones se inauguraron.
En 1991 Rita Barberá es proclamada alcaldesa de Valencia a pesar de que el PSPV-PSOE había sacado más votos. Eso sucedió por el pacto entre el PP y Unión Valenciana, el partido blavero que habían fundado los conservadores que salieron de Esquerra Nacionalista Valenciana y que lideró durante muchos años Vicente González Lizondo, que fue nombrado teniente de alcalde del ayuntamiento de Valencia.
El blaverismo prácticamente se llegó a confundir con el Lizondismo. Lizondo era un regionalista conservador con una visión absolutamente endogámica sobre Valencia. Su discurso se basaba básicamente en el ensalzamiento de las características y glorias valencianas, en decir que éramos “la millor terreta del món” y la defensa, cuando estaba de diputado en el congreso, de los “intereses valencianos”. Su política se parecía un poco a la de CiU en ese aspecto, pero sin embargo era mucho más “cutre” y destilaba cierto cazurrismo casi provocado y llevado con orgullo.
Siempre que pudo apoyó al PP, su aliado natural pues consideraba a la izquierda como “catalanista”, y gracias a sus votos tanto Rita Barberá como Zaplana fueron elegidos alcaldesa y president de la Generalitat respectivamente.

Pero apoyar al PP fue el principio del fin de Unión Valenciana. Si Lizondo hubiese sacado en 1991 más votos que Rita Barberá en las municipales (y estuvo cerca) posiblemente la suerte de UV hubiese cambiado pues Lizondo hubiese sido alcalde de Valencia y podría haber creado un partido importante.
Sin embargo pasó exactamente lo contrario. El PP valenciano vio en el blaverismo y en el lizondismo la manera perfecta de ganar la mayoría social para mantenerse en el poder. El PP llegó a la misma conclusión que había llegado Emilio Attard y la UCD en su momento, pero al PP sí le salió bien a diferencia de lo que le pasó a UCD.
Desde 1995 el PP comenzó a copiar el discurso populista, grandilocuente y chovinista que había caracterizado a UV. Adicionalmente se apoyó en las entidades donde el blaverismo más había penetrado, como las fallas y los clubs de fútbol, con una Rita Barberá que sabía hacer perfectamente el papel de alcaldesa popular y “valencianota”. Sin llegar a los excesos de UV, el PP se apoderó del discurso anticatalanista y agitó los peligros imaginarios que el blaverismo había utilizado.
Para 1999, y después de la expulsión del partido y muerte de Vicente González Lizondo que dejó huérfana a Unión Valenciana de su gran líder, el PP ya había absorbido parte sustancial del voto de UV y la dejó sin representación parlamentaria. El PPCV pasaría a ser el partido nacional conservador y, además, un partido regionalista lizondista, llevando a Unión Valenciana a la práctica desaparición entrada la década del 2000, con porcentajes de votos inferiores a los partidos pro-cánnabis o similares.

El apogeo de este lizondismo pepero se produjo con la llegada a la Generalitat de Francisco Camps. A diferencia de Zapalana (que era de Cartagena) Camps sí sabía hablar valenciano y supo interpretar en su máxima expresión este nuevo lizondismo pepero.
Pero luego pasó lo que pasó. Después de arrasar durante varias elecciones basándose en el anticatalanismo, el regionalismo cutre, los grandes eventos, la manipulación de la televisión pública, la instrumentalización de las asociaciones cívicas y festeras a beneficio propio, los pelotazos urbanísticos y el victimismo generalizado ante los gobiernos de Madrid; toda esta realidad ilusoria se ha ido desvaneciendo en los últimos años.
La dominación tan absoluta de las instituciones fue, probablemente, el caldo de cultivo perfecto para la corrupción generalizada que ha llegado a cotas absolutamente insoportables para una democracia occidental. Junto a la corrupción hemos vivido el hundimiento de la política de grandes eventos, que se ha comprobado ruinosa para la comunidad, y además quedó patente como las distintas administraciones del PPCV habían arruinado la comunidad para mantener el escenario ficticio de grandeza megalomaniaca.
En el momento actual el PPCV es un partido hundido, insignificante en su formación a nivel nacional, con un president que está quitando de las responsabilidades públicas a todos los responsables de la etapa anterior porque parece que no hay ni uno que no esté metido en chanchullos y corruptelas varias. El PPCV ha perdido la credibilidad y el liderazgo que una vez tuvo, y todo el imperio ficticio que había creado se ha hundido irremediablemente con él. Es un cadáver político camino del purgatorio, o quizá del infierno.

En cuanto al nacionalismo de estirpe fusteriana éste sufrió durante el final del siglo XX más incluso que el regionalismo blavero. En 1982 se fundó Unitat del Poble Valencià entre distintas personalidades y partidos, de izquierdas o no, que provenían del nacionalismo fusterianista. Su porcentaje de voto siempre estuvo por debajo del 5% (barrera electoral para entrar en el parlamento valenciano) y tan sólo llegó a conseguir dos representantes en unas elecciones en las que concurrió con Esquerra Unida. UPV acabó rompiéndose en dos a mediados de los 90 entre su sector más nacionalista y su sector más izquierdista.
Sin embargo este nacionalismo de origen fusteriano, esquilmado y dividido, se refundó para crear un nuevo partido, el Bloc Nacionalista Valencià, que fue creado entre 1999 y el 2000. La creación del Bloc no fue una nueva marca o coalición sino que supuso un cambio importante dentro del nacionalismo fusteriano. El Bloc se adscribe a lo que se ha dado por llamar “tercera vía” del nacionalismo valenciano, que en definitiva sería una especie de posición intermedia entre el fusterianismo y el blaverismo. Intermedia no quiere decir equidistante, cuidado.
La tercera vía rechaza el concepto “països catalans” a nivel político y circunscribe su ámbito de actuación y sus objetivos al País Valenciano, sin veleidades unificadoras. Adicionalmente es mucho más pragmático respecto a los símbolos y posiciones que marcaron la batalla de valencia, pues si bien es obviamente defensor de la unidad de la lengua no hace especial bandera de esto, y por la misma razón acepta todos los símbolos históricos del nacionalismo valenciano, no sólo la cuatribarrada preautonómica.
Este posicionamiento no le sirvió al Bloc para sacer buenos resultados electorales, pues siempre que se presentó solo o en coalición con partidos residuales no llegó al 5% de los votos. Por eso, y sobre todo tras la elección como secretario general del Bloc de Enric Morera, el Bloc comenzó una política de alianzas que le permitiese pasar de ese 5%, primero con Esquerra Unida (coalición que acabó como el rosario de la aurora) y finalmente con Iniciativa del Poble Valencià y Els Verds, con quienes ahora mismo forman la Coalición Compromís.
Realmente en la Coalición Compromís el nacionalismo del Bloc está bastante diluido en lo que es una política izquierdista. De la mano de los principales activos de Compromís (Mónica Oltra y Joan Ribó, ambos de Inicitaiva del Poble Valencià) la popularidad de la formación está creciendo y su sesgo izquierdista marcándose cada vez más. Es evidente que esto no le debe gustar a muchos nacionalistas del Bloc pero el éxito de las fórmulas acalla las críticas y por ahora el valencianismo político y el izquierdismo se han combinado hábilmente sin excederse en ninguna de las dos direcciones.

Uno de los hechos más trascendentes para el nacionalismo y el regionalismo valenciano fue la creación en 1998 de la academia valenciana de la lengua (AVL), órgano normalizador de la lengua valenciana que estaba destinado a acabar con la batalla lingüística sobre el valenciano.
La AVL se basó desde su fundación en las normas de Castellón, por lo tanto ha reconocido siempre indirectamente la unidad de la lengua. Fue por eso por lo que el regionalismo blavero no aprobó en Les Corts la creación de la AVL y siempre ha tachado este órgano de “catalanista” y producto de una cesión del PP nacional a CiU en el pacto de Reus.
En algunos de sus acuerdos la AVL ha declarado que la lengua valenciana pertenece al mismo sistema lingüístico que el catalán y que, si bien la denominación más adecuada y además oficial para la lengua en la comunidad valenciana es la de valenciano, esto no significa ningún afán rupturista.
La verdad es que la creación de la AVL fue una puñalada para Unión Valenciana y el blaverismo en general, pues después de que el PP se apropiase de su discurso en el momento de la verdad hizo lo que lógicamente se debía hacer, es decir, normativizar la lengua en base a lo filológicamente aceptable y con el acuerdo de toda la izquierda valenciana. La creación de la AVL, más la fagotización política del blaverismo por parte del PP, fue lo que acabó con este movimiento.

No obstante el nacionalismo de origen blavero también ha comenzado a resurgir de sus cenizas aunque de forma muy discreta. De forma parecida a lo que pasó con el Bloc los restos del blaverismo opuestos a apoyar al PP y con un pensamiento más pragmático fundaron a finales de la década pasada el partido “Units per Valencia”.
Units per Valencia también se ha ido aproximando a lo que sería la tercera vía del valencianismo aunque proveniente del blaverismo en vez del fusterianismo. El partido se declara nacionalista y centrista y trata de enlazar con el nacionalismo anterior a la guerra civil. Defensores de un nacionalismo “integrador” (esto quiere decir intentando dejar atrás las polémicas de la batalla de Valencia) obvia la cuestión lingüística y de hecho usa un valenciano normativizado aunque con tendencia a usar las variantes valencianas aceptadas en lugar de las generales.
Los resultados de Units per Valencia no dejan de ser residuales (unos pocos miles de votos) pero es lo único que queda de este blaverismo que no ha sido fagocitado por el PP.


Enlazando con lo que dije al principio de la serie estamos asistiendo a los últimos estertores del imperio del PP en la Comunidad Valenciana, lo que cerrará una etapa de nuestra historia bastante negra. En estos años el PP ha hundido la economía y la dignidad de la tierra valenciana, nos ha dejado un país peor y una situación dificilísima para el futuro. Pero también es cierto que ahora mismo las tensiones provenientes de la batalla de valencia prácticamente han desaparecido y que tanto el blaverismo paleto como el fusterianismo político han desaparecido de la escena política, y eso es algo positivo para nuestro futuro.
El futuro de la Comunidad Valencia será probablemente un gobierno tripartito de izquierdas o por lo menos alguna coalición de izquierdas. Para que el PPCV pudiese seguir gobernando necesitaría el apoyo de UPyD, que previsiblemente va a aparecer con fuerza en el panorama político valenciano, algo que hoy por hoy no considero probable. Los partidos políticos huyen de los cadáveres para no contagiarse, y el PPCV es hoy un cadáver político.
Con lo rápido que van los acontecimientos no sabemos que puede pasar para cuando llegue un nuevo gobierno a la Comunidad, y de hecho tampoco sabemos cuándo habrán elecciones autonómicas. Teóricamente serían en la primavera de 2015 pero resulta difícil creer que el PPCV pueda aguantar hasta ese momento con su proceso de desgaste. La oposición tampoco está apretando con el adelanto electoral porque creo que está esperando a que la disolución del PPCV sea aún más profunda e irreversible, pero cuando lo sea creo que entrarán en tromba a pedir elecciones. En todo caso tengo la sensación de que el nuevo gobierno será el encargado de gestionar, desde la Comunidad Valenciana, las negociaciones o el proceso de un cambio de modelo territorial en España.

El estado de las autonomías está desprestigiado y en entredicho. Más allá de las tensiones nacionalistas en Cataluña y el País Vasco también hay un fuerte sentimiento recentralizador en parte de la población que ha asumido ese discurso de que las administraciones autonómicas son fuentes de despilfarro masivo, discurso bastante tosco y grosero pero que está calando a la vista de la situación.
El PSOE se supone que va a apostar en poco tiempo por un estado federal. IU ya apuesta por un estado federal hace tiempo y UPyD también quiere un federalismo coordinado al estilo alemán (aunque no sé si sus simpatizantes saben esto). De los partidos nacionales tan sólo el PP se opone al federalismo, aunque bien es cierto que partidos como CiU o PNV también se opondrían a cualquier federalismo que los igualase a los demás.
En este contexto los debates sobre el futuro del sistema territorial español comenzarán en cuanto caiga el PP del poder. Hacer una recentralización es algo impensable (aunque quizá sí volver a centralizar ciertas competencias) así que probablemente el país irá a una evolución federal. Pero como he dicho otras veces hay que tener claro que esto del federalismo no significa nada de por si, los federalismos son muy distintos entre ellos y por eso tendremos que ver qué tipo de federalismo queremos, por un lado, y qué grado de asimetría se va a aceptar en el mismo por otro.
En este punto la propuesta de la Coalició Compromís sobre un concierto económico para la Comunidad cobrará fuerza. Tengo que reconocer que no me gusta nada como está planteado esto por parte de Compromís, al más puro estilo de Artur Mas hasta hace 3 ó 4 meses. Sé que es muy electoralista, sé que la propuesta de un concierto para Valencia va a atraer mucho voto a Compromís, pero si la coalición que se está caracterizando por sus propuestas de nueva izquierda alternativa cae ahí será una gran decepción.
Sería más inteligente que Compromís pidiese una hacienda autonómica propia y enlazase esto con la reforma del estado. Crear un sistema de haciendas autonómicas como existe en Alemania no es nada inasumible y bien podría ser la siguiente evolución de nuestro sistema autonómico. Se puede defender desde puntos de vista izquierditas y derechistas y mantiene el potencial de atracción de voto para la coalición sin mezclarse en cosas ajenas a la tradición política de la izquierda como son los conciertos económicos.

Por ahora el nacionalismo valenciano “puro” no creo que resurja en Valencia. Compromís es una coalición de sesgo más izquierdista que nacionalista y supongo que permanecerá así mientras Els Verds e IdPV se mantengan ahí. Ojo, que desde Compromís se puede defender la lengua y la cultura valenciana y más cotas de autogobierno, pero creo que la evolución de Compromís tiende más a buscar alianzas cara a una coalición nacional de izquierdas que a centrarse en Valencia solamente.
Con el otro nacionalismo, el que está en Units per Valencia, tengo curiosidad por saber lo que pasará con él. Creo que crecerá bastante próximamente con los votos que huyan del PP pero la barrera del 5% es muy alta para ellos. Si Compromís fracasase podríamos especular con una posible unión de los varios nacionalismos existentes en una tercera vía estricta pero eso no parece el futuro inmediato. Lo dejo ahí como posibilidad para el futuro a medio plazo.

Finalmente me gustaría acabar la serie con una frase de Vicente Blasco Ibáñez sobre nosotros, los valencianos, que siempre me ha gustado y que creo que define muy bien el carácter valenciano tradicional, por lo menos antes de que el imperio pepero valenciano extendiese la incultura y el chovinismo. Ante el cambio que se avecina dejo la frase para que recordemos siempre quienes somos y de dónde venimos:

El valenciano que en su frugal ambición no teme por el arroz del porvenir, dedica todas sus iniciativas y entusiasmos a la cosa pública y a la admiración artística. Un pueblo en el que los mas son propietarios de algo y que no siente, como otros, la servidumbre de la dependencia económica, forzosamente ha de ser lo que siempre ha sido Valencia: una democracia, pero con tal espíritu igualitario, que no permite privilegios; y si ensalza a alguien es con apasionamiento tan vehemente y tornadizo, que el agraciado llega a no distinguir las caricias de las bofetadas. Subir dentro de él es fácil: lo difícil es sostenerse.

5 comentarios:

  1. Bonita frase esa última, Pedro (aunque en parte me sorprende un poco que te guste), dado que tiene rasgos "antisocialistas".

    Bastante de acuerdo con lo que comentas, Pedro - el principal "problema" ahora de la CV es el PP (y del resto del país también). Creo que los esfuerzos deben centrarse en buscar alguna vía democrática y pacífica para primero derrocar al PP del poder - no será posible hablar de reformas reales ante de que eso ocurra.

    Saludos

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  2. Alfredo,

    La frase es de Blasco Ibáñez que era un republicano de izquierdas (o de centro-izquierda) y francamente no creo que tenga nada de antisocialista. Fíjate como habla de "espíritu igualitario" y de no sentir "la servidumbre de la dependencia económica" (que hace 100 años significaba no depender de los patrones y los terratenientes). A mi me parece una frase bastante izquierdista.
    Tiendes a confundir "socialismo" con "estatalismo" y recuerda que el estatalismon es un medio pero no el fin, el fin es la igualdad, y con una pequeña propiedad y unos medios de producción bien distribuidos el objetivo socialista se cumple (aunque algunos socialistas no lo entiendan).

    Saludos,

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  3. No, no tiendo a confundir "socialismo" con "estatalismo" ya que no siempre son iguales ni he dicho nada que pueda justificar eso. Sí es cierto que me ha venido a la mente "el estado" con dependencia económica pero veo que realmente se refería a dependencia económica a los propietarios.

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  4. Enhorabuena por la serie Pedro, muy interesante e ilustrativa.

    Estoy de acuerdo con Alfredo en que no habrán grandes cambios de modelo territorial mientras el PP esté en el poder, puesto que es uno de los beneficiarios del mismo. Pero, honestamente, paraece que tendremos PP para una temporadita. Y con esto enlazo con lo que quería comentar, y es qué alternativas de gobierno existen.

    Parece increíble que, con todo lo que ha llovido, el PP conserve aun hoy tanta cuota de poder en la Comunidad Valenciana, y es que creo que la gente no ve realmente otra alternativa. El PSPV lleva aquí KO casi dos décadas, y el aturdimiento de el PSOE a nivel estatal sólo puede acentuar este hecho. No me da ninguna pena, desde luego, pero el futuro del PSOE empieza a ser preocupante.

    Sé que a ti te gusta la opción de Compromís, pero no creo que pienses realmente que tienen posibilidad de gobernar la próxima legislatura. Y todavía hay que ver cómo puede afectar uno hipotético ascenso electoral de esta coalición (que, por cierto, mucha gente no sabe ni lo que es) a la relación entre los diferentes partidos que la componen.

    Como siempre, un placer leerte, Pedro.

    saludos.

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  5. Hola Pepegotera,

    No creo que Compromís vaya a ganar las elecciones entendiendo por ganar que vaya a ser la fuerza más votada, pero sí creo que es la pieza clave para el cambio de tendencia política. Podría ser la clave para un gobierno tripartito o incluso superar al PSPV tal y como van las cosas. Que saque más votos que el PP sí lo veo imposible.

    Yo sí estoy bastante convencido que el PP no repetirá en el poder. La mayoría absoluta está descartada y la única opción que parece que podría tener es pactar con UPyD, y francamente no veo a UPyD apoyando al PP en estas circunstancias. UPyD está mucho más cómoda siendo la llave mientras se abstiene de las votaciones de investidura para no mojarse, y sí parece evidente que las fuerzas de izquierdas reunidas sacarán bastantes más votos que el PP.

    Si me pides que apueste por un futuro gobierno creo que vamos a un tripartito PSPV + Compromís + EU.

    Saludos!

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