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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Por qué la izquierda no debe apoyar el independentismo
















El otro día me preguntaba Enrique del blog La promesa de los lagos de Pokara, a raíz de una conversación sobre el independentismo, por qué me parecía bien trabajar políticamente en un marco español pero no quería aceptar trabajar en un marco nacional más pequeño (catalán, vasco, etc.) y por qué negaba la posibilidad independentista.
Yo tiendo a creer que ciertos debates están superados, pero me sorprendo con que vuelven y vuelven y parece que no van a acabar de volver nunca. Con esta crisis y con el hundimiento de las opciones tradicionales, y ante la ausencia de una alternativa novedosa clara, se vuelven a recuperar las peores esencias de nuestro pasado. Crecen los apoyos a los partidos de extrema derecha identitaria, a los populismos izquierdistas y derechistas, y también al nacionalismo como combinación de los dos conceptos anteriores.
Adicionalmente en España tenemos una particularísima situación que proviene de la guerra civil donde todo aquello que se opone a la España nacional-católica unitaria franquista ha tendido a aliarse en coaliciones y mezclas de ideas un poco raras, comprensibles cuando se trataba de luchar contra un enemigo poderoso pero incomprensibles cuando tenemos la dictadura a casi 40 años de distancia.
Estas realidades han devuelto el debate sobre la independencia de ciertos territorios al primer plano, debate lamentable a mi juicio por las razones que expondré a continuación.

¿Por qué niego yo que la izquierda deba apoyar o simpatizar con el independentismo? Por dos razones fundamentales.
La primera es que todas estas cosas “nacionales” no son más que rémoras que dividen y que desvían la atención de los principios claros que debería tener la acción de la izquierda. Una delimitación geográfica y política, una nación, es una conceptualización que intrínsecamente no es ni de derechas ni de izquierdas, y por lo tanto es algo ajeno al debate político de valores. Estar luchando por la construcción de una nueva nación sólo es razonable si esta construcción tiene efectos que estén acordes con nuestros valores y principios políticos, como por ejemplo si se tratase de oponerse a un estado dictatorial o tiránico, o si esta construcción fuese el camino para mejorar la vida de amplios sectores sociales aplastados por una realidad nacional determinada.
En el resto de los casos (como son los casos que nos encontramos en Europa) estar luchando por una construcción nacional no es más que sentimentalismo, que puede ser respetable pero que en cualquier caso es una pérdida de tiempo que nos desvía de lo principal. Además, cuando se lucha tanto por una construcción nacional como por unas ideas políticas, estos dos ejes llevan continuamente a conflictos que van a exigir situarse entre la defensa de los planteamientos político-sociales y la defensa de los planteamientos nacionales, en muchas ocasiones contradictorios. ¿Apoyo a otros independentistas que son de derechas? ¿O apoyo a unionistas de izquierdas? Y lo siento para quien no quiera escuchar esto pero la gran mayoría de las veces los nacionalistas-independentistas de izquierdas prefieren apoyar el independentismo de derechas que a otros partidos de izquierdas. Y así, las ideas de cambio social quedan relegadas indefinidamente y nunca se llevan a cabo.
Mezclar sentimentalismo, “estatalización” de las realidades culturales y política es siempre un cóctel explosivo, que en el mejor de los casos lleva a contradicciones que ralentizan y evitan los cambios sociales propuestos, y en el peor lleva directamente a la traición de los ideales que sostienen estos cambios.

Pero hay una segunda razón que todavía es mucho más poderosa, si cabe, que la primera.
Creo que todo el mundo ya debería ser consciente en qué momento histórico vivimos, pero lo voy a recordar porque parece que no acaba de estar muy claro. Hoy en día vivimos en una creciente dictadura financiera patrocinada y dirigida por los mercados internacionales, extendida por todos los países que tienen gobiernos conservadores o ex socialdemócratas (que son todos los de occidente y casi todos los del resto del mundo). Esta dictadura no se está implantando sola, se está implantando porque los políticos que gobiernan los países de la tierra han realizado políticas en los últimos 20 o 30 años que han ido otorgando más poder a los mercados y grandes multinacionales en detrimento de los estados.
En Europa y desde que la crisis comenzó (y quizá antes) hay un país que representa el brazo político de los intereses financieros internaciones, y este país es Alemania con el gobierno de la señora Merkel al frente. Alemania, con sus políticas de control de la inflación por encima de todo, de “independencia” del banco central, de rechazo a la financiarización de la deuda, de austeridad y reducción del estado del bienestar, de reducción de los costes laborales, etc. Está beneficiando los intereses de estos mercados financieros, que son los dueños de los países gracias a que son indispensables para la financiación de la deuda pública, y de los grandes grupos económicos, que han conseguido a su disposición países con mano de obra barata y con empresas y servicios públicos a punto de privatizar.
Esta política, que acabará extendiéndose por toda Europa, hoy está siendo claramente aplicada en el sur de Europa en países como Grecia, Portugal, España, Irlanda, Italia y Chipre, y en breve comenzará (si no ha comenzado ya) a extenderse por los países del centro como Francia, Bélgica, etc. Para finalmente llegar a Alemania y a los países satélites (Austria, Holanda). Lamentablemente la mayoría de nuestros vecinos del norte no se dan cuenta de esto.

Bien, esta es la situación, y ahora en base a esto vamos a analizar las cosas. Imaginemos que una región de un país de Europa se independiza, vamos a poner como ejemplo la región de Padania en Italia (uso ésta para no usar Cataluña o el País Vasco), región que ocupa la zona norte de Italia.
Bien, ¿qué creéis que pasaría si Padania se independizase y crease un nuevo estado? Imaginemos un proceso ejemplar, con una magnífica voluntad de todas las partes que realizasen este complicadísimo ejercicio, imaginemos que se hace sin perjudicar a nadie, imaginemos que todos los países de la UE aceptan esto, imaginemos que se reconoce internacionalmente, etc. Todo esto no sería así pero imaginemos una situación edulcorada como esta.
Pues lo primero que haría la Padania independiente sería intentar patéticamente ganarse las simpatías de las naciones poderosas y presentarse ante la comunidad internacional como un país “serio”. Por su situación de país europeo lo primero que buscaría sería el favor y el reconocimiento de Alemania, pues entendería que es el mejor aliado para garantizar su viabilidad y reconocimiento. La nueva república sería la primera de la fila para realizar todas y cada una de las políticas consideradas adecuadas por Alemania, sería el alumno aventajado de la señora Merkel y el ministro Schäuble.
Un estado pequeño y débil (débil porque es nuevo, y esto siempre hace débil a nivel internacional) sería incapaz de resistirse a las indicaciones de los grandes países. En política económica sería un esclavo de Alemania, en política internacional un seguidor fiel de EE.UU. y entusiasta miembro de la OTAN. Esta es la puñetera realidad por mucho que algunos hagan cábalas absurdas sobre independizar nuevos estados “socialistas”.
Hay que recordar también que cualquiera de las naciones nuevas nacería con una deuda pública altísima, pues la deuda del país originario sería convenientemente dividida. Hay quien compara la posible creación de nuevos estados en Europa con los nuevos estados que nacieron tras la caída del muro de Berlín pero esto es una barbaridad. Los países comunistas no tenían casi deuda pública y los nuevos estados nacieron sin ella. Hoy día los nuevos estados nacerían con mucha deuda pública y por lo tanto serían prisioneros de los mercados internacionales, lo que ahondaría en su debilidad y en su sometimiento al austericidio germánico. Si se quiere reconocimiento internacional se deberá tragar con todo, porque si alguien pensase en no pagar o no reconocer la deuda sería automáticamente no reconocido por las grandes potencias y marginado de la escena internacional.

Que nadie se equivoque. Hoy los estados-nación están enormemente debilitados, la soberanía nacional como concepto está en proceso de extinción, pero si hoy hay algo que se opone a la dictadura del mercado eso es precisamente los estados-nación. Son las tradiciones sociales y el orgullo de naciones antiguas que siempre han sido independientes las únicas que pueden plantar cara parcialmente a los poderes financieros del mundo y a las exigencias alemanas. Es gracias a estados como Francia, Italia o España y a sus resistencias a aceptar la destrucción de su soberanía por lo que no estamos ya como la Latinoamérica de los 90, con toda su estructura social destruida y con países totalmente dualizados entre pocos ricos y muchos pobres.
Con una España dividida en 4 ó 5 estados, con una Francia parcelada en distintas repúblicas, con una Italia partida entre norte, centro y sur; tendríamos una Europa dominada por una gran Alemania llena de satélites y de republiquitas pelotas deseosas de estar al lado del imperio. Sería algo parecido a lo que deseaban los nacionalistas alemanes de principios del siglo XX, una gran Alemania rodeada de estados débiles y colaboracionistas, que se haría realidad de una manera distinta y basada en un imperialismo económico pero que al final degeneraría en relaciones de dependencia diplomática y política.

Seamos claros, esto es una cuestión de soberanía popular. Somos ciudadanos y queremos decidir, no que decidan por nosotros. Nuestro problema hoy es, precisamente, que nuestra soberanía está siendo anulada por la dictadura de los mercados. Nuestro voto no vale para nada porque los partidos que llegan a gobernar son tributarios de los poderes financieros, y la evidencia de eso es que los programas que votamos luego no se cumplen o directamente se violan sin la menor vergüenza.
Hay quienes desde comunidades españolas dicen “es que España no nos deja decidir”. De verdad, hay que ser necio ¿cómo que decidir? Para su información, señor, usted no decide nada, y la cuestión aquí es que cuando su comunidad o país se independice decidirá todavía menos. Decidirá el hedge fund de turno, la señora Merkel y su ministro de finanzas, y los cuatro grandes empresarios que queden en el nuevo país convertidos en mesías por su patriotismo. Pero el ciudadano no decidirá un carajo, todavía menos que ahora porque sólo decidirá para elegir a un gobierno irrelevante de un país irrelevante y débil.
En este contexto un estado pequeño es todavía mucha peor opción que uno grande, pues en este mundo la soberanía desaparece por centrifugación. Si bien a la hora de construir construcciones políticas mayores debemos ser absolutamente cuidadosos de la naturaleza de esta construcción y asegurarnos que no perdemos soberanía por hacerlo, cuando se habla de crear nuevos estados la situación es absolutamente clara. Construir un estado más pequeño en el mundo de la globalización es un error mayúsculo si lo que se quiere es una política social o un estado igualitario. Esto no es el siglo XIX.

Cuidado, esto no es una oda al estado-nación. El estado-nación es una construcción que se está quedando obsoleta. Debemos buscar mecanismos alternativos al mismo para poder garantizar la redistribución y la cohesión social y buscar las estructuras adecuadas para que las políticas monetarias y económicas tengan funcionalidad y puedan ser aplicadas con independencia.
Pero destruir hoy en día un estado-nación democrático para construir otro más pequeño, débil e irrespetado es una locura absoluta que sólo puede beneficiar a las élites políticas y económicas. Que la izquierda política apoye eso es un disparate que va contra los principios que se dicen defender. Quien lo haga, o es un aprendiz de brujo que no sabe lo que hace, o bien es el caballo de Troya infiltrado en la izquierda para no dejarla actuar.

4 comentarios:

  1. Vayamos por partes, que el tema es apasionante. Lástima que no haya un público mayor porque me parece que has abierto en tu blog un espacio de intercambio de opiniones que desde mi punto de vista es de reflexión obligada. En fin, al tajo.

    En primer lugar manifestar mi desacuerdo con el enfoque final de tu artículo. No comparto tu idea de desligar de manera rotunda y definitiva el nacionalismo de la izquierda. En mi opinión es legítimo el nacionalismo de izquierdas, hasta tal punto que líderes de resonancia histórica y que han dirigido "imperios" comunistas, eran y son nacionalistas. Uno puede considerar al comunismo como muchas cosas, en mi caso desde luego ninguna de ellas positiva, pero de ninguna manera se puede eludir su carácter de izquierdas.

    Como has desgranado en tus brillantes posts anteriores, el nacionalismo no es una ideología monolítica y homogénea sino todo lo contrario, diversa y ontológicamente heterogénea. De ahí que haya nacionalismos independentistas y nacionalismos que no son, ni pretenden serlo, independentistas. Sigo creyendo que te has dejado un nacionalismo, el español, quizá el más peligroso de todos los nacionalismos porque opera en la sombra y revestido de un cínico "antinacionalismo", así en genérico.

    No comparto tu idea de que la izquierda no debe "apoyar" a los independentismos. La izquierda democrática siempre ha apostado por la democracia radical y por el derecho a la autodeterminación de los pueblos. En la izquierda siempre ha tenido gran predicamento la construcción de una Europa de los pueblos, por encima de una Europa de Estados-Nación. Pero, en fin, la izquierda también es plural y heterogénea, por fortuna.

    Seguiremos.

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  2. Enrique,

    He querido marcar muy bien en el texto la palabra independentismo porque lo que quería razonar con esta entrada es el enfoque independentista, de crear un nuevo estado-nación con una parte de un estado-nación ya formado, no del nacionalismo en general. Fíjate que ninguna de mis conclusiones serían aplicables si hablásemos de nacionalismos que no pretenden crear nuevos estados en sus respectivas zonas, sino que simplemente pretenden una relación de poder diferente entre el poder "regional" y el poder central, en las infinitas formas que esto puede hacerse.

    Dices que la izquierda siempre ha apostado por el derecho de autodeterminación de los pueblos. Sin darte o quitarte la razón, insisto que el derecho de autodeterminación no aplica a partes integrantes de estados formados como España, Francia o Italia, por ejemplo. El derecho de autodeterminación se aplica a pueblos que han sido colonizados o ocupados por una potencia, que no tienen relaciones culturales sólidas ni estructurales con la metrópolis, ni se puede considerar de ninguna manera que forman parte del mismo pueblo o la misma nación. El derecho de autodeterminación, por lo tanto, se aplica a las colonias, pero no se aplica jamás a parte de estados consolidados, por la sencilla razón que no pueden establecerse dualidades como pueblo padano vs pueblo italiano (porque el primero es parte integrante del segundo, cultural, política e históricamente) ni pueblo catalán vs pueblo español, porque Cataluña es parte integrante de España de forma natural.
    Por lo tanto si se quiere la independencia debemos generar un "derecho" nuevo, que sería el derecho a la secesión con un procedimiento claro para eso. Pero esto lleva a una problemática muy grande: Si una parte integrante de Cataluña (pongamos una comarca) es parte del pueblo catalán pero también del pueblo español ¿con qué derecho se le otorga derecho a secesión como catalán pero no a la unidad como español? Es decir ¿qué hacemos si la comarca quisiese ser española en un contexto con una mayoría catalana que quiere ser independiente? Entrariamos en la senda de la arbitrariedad y de "mi nacionalismo es el bueno y el tuyo es falso". Esto es ingestionable sin mayorías terribles que no se dan en estos casos.

    También hablas de la "Europa de los pueblos" pero, por mucho que esto haya sido así, esto responde a una época determinada que no es la nuestra. Insisto, no estamos en el siglo XIX, y antaño el poder local era progresista porque se oponía a los grandes imperialismos, pero hoy el poder local es débil frente al imperialismo económico de nueva naturaleza que nos ataca. Hay que entender este paradigma porque si no acabaremos haciendo locuras.
    Y en cualquier caso ¿qué izquierda ha defendido la "Europa de los pueblos"? Los revolucionarios franceses defendían el estado-nación, los soviéticos (si se les puede llamar izquierda desde nuestro punto de vista, que lo dudo) fueron una potencia imperialista donde los "pueblos" no eran más que construcciones vacías sin otro objetivo que obedecer la política del PCUS. Te recuerdo que la "Europa de los pueblos" la han defendido gente como Sabino Arana, que era una mezcla entre un carlista y un identitario de extrema-derecha, o los propios Nazis para los que por supuesto eso aplicaba sólo a los demás, no a su visión de la Gran Alemania.

    (...)

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  3. (...)
    En vista de la real heterogeneidad de la izquierda, que existe como reconocemos los dos, lo importante aquí no es otorgar certificados de pureza ideológica izquierdista sino ver cuales de las infinitas tendencias de la izquierda son contrarias con los objetivos máximos de libertad e igualdad que queremos defender.
    Y ese es el objetivo de mi texto. Si defendemos la igualdad social contra la opresión de los poderes financieros y la libertad que podremos ejercer de tener esa igualdad ¿qué hacemos defendiendo independentismos que destruyen nuestros objetivos? ¿Por qué validamos métodos destructivos y suicidas? No podemos. No basta con sentirse de izquierdas o tener el carnet, hay que actuar con lógica y con objetivos, saber qué se puede hacer y que es contraproducente, dónde no te puedes perder para no destruir lo que defiendes.
    Y volviendo a mi tesis la construcción, hoy, de estados pequeños nacidos de la división de uno grande que es democrático es servir en bandeja de plata a los poderes financieros los estados sociales y el bienestar de los pueblos que queremos defender.

    Por cierto, hay un debate muy interesante sobre el texto en el grupo de Facebook "queremos un cambio de rumbo en la comunidad valenciana".

    Saludos,

    Saludos,

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  4. El post, que he encontrado hoy, me ha parecido realmente muy interesante.

    Hace mucho tiempo que vengo sosteniendo tesis parecidas. Para mí, lo más importante ahora es clarificar qué puede ser llamado "izquierda" y qué "derecha". Siempre parto de la base de que fundamentarlo todo en dualidades es un error mayúsculo pues se cae en el maniqueísmo más burdo pensando que izquierda es malo o bueno y lo opuesto es lo contrario. Creo que es más fácil catalogar a las ideas por el efecto que producen en las personas. Y pienso que las ideas son buenas si hacen a las personas mejores, esto es, si las conectan mucho más con su lado humano y las ponen más en armonía con la naturaleza.

    Partiendo de esta base, para mí un nacionalista nunca puede ser calificado "de izquierdas", o por mejor decir, pienso que las ideas nacionalistas son nocivas. Ante todo, los nacionalismos se basan en que la patria posee unos pretendidos "derechos históricos" sin darse cuenta que los únicos que son poseedores de derechos por su propia naturaleza somos las personas. Las patrias han sido construcciones ideológicas del hombre que se vienen dando desde el siglo XVIII hasta nuestros días. A nadie en la Edad Media se le ocurriría hablar de Cataluña o de Bretaña como poseedora de derechos inalienables. Es rotundamente falso.

    Continuando con la argumentación, es mejor buscar el bien de muchos que sólo el de unos pocos, sobre todo cuando esos muchos son los más desfavorecidos. Partiendo de esa otra premisa, los que se dicen nacionalistas de izquierdas y buscan ante todo el bien de su "patria" sin importarles las consecuencias ( todo el cuento de partidos como ERC o CIU hablando de que Cataluña es la que más paga y por lo tanto debe ser la que más reciba) lo que están haciendo es fomentar el egoísmo, porque si eso es válido Botín, que debiera ser el que más pagase, también debería ser el que más recibiese. No, la premisa es completamente falsa y falaz, pues genera insolidaridad y destruye vínculos. Así pues por este lado no veo cómo un partido nacionalista puede ser un partido con ideas y fines correctos.

    Buscar la verdad también es evidentemente bueno. Sin embargo vemos cómo, a lo largo del tiempo, los diferentes nacionalismos han manipulado a la Historia para que dijese lo que a ellos les conviniese. Era necesario resaltar todo aquello que les sirviese para justificar la fundación de sus míticas patrias y eliminar todo lo que lo descartase. Así, tampoco un nacionalista puede exaltar su eticidad por este lado.

    Además el nacionalismo generalmente está fundado sobre complejos de inferioridad o de superioridad. El nacionalismo español clamaba por la grandeza del Imperio y de la fe católica; el catalán por recuperar la Cataluña medieval, que incluye otras partes de la antigua Corona de Aragón y del sur de Francia; los alemanes necesitaban su Lebensraum... Prácticamente siempre se apela al sentimiento, porque si se apelase a la razón difícilmente encontrarían algún tipo de excusa. ¿Cómo si no pudo justificar Bush las invasiones de Iraq y de Afganistán si no apelando al dolor que tenía el pueblo americano por los atentado? ¿Qué les iba a decir? "Bueno, hace años financiamos a Bin Laden y entrenamos a sus muyahidines, pero ahora se ha vuelto contra nosotros. Antes era un luchador por la libertad y ahora un terrorista. Y pasemos por alto que su familia hace grandes negocios con la mía". Algo así sería difícilmente justificable.

    ¡ Ojo! Es natural en el ser humano el amar su tierra y el querer lo mejor para ella, pero no por eso hay que querer lo mejor a cualquier precio y sin importar el daño que se pueda hacer. Por eso distingo entre nacionalistas y patriotas ( no se me ha ocurrido otro término).

    No, los nacionalismos son idearios especialmente dañinos porque se basan en un maniqueísmo burdo y porque tienden a atacar casi cualquier principio ético que podamos imaginar. No creo que aporten nada bueno a la persona.

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