La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 30 de enero de 2012

Necesitamos una reforma fiscal en profundidad (III)

TASA A LAS TRANSACCIONES FINANCIERAS Y CONCLUSIONES FINALES


















Lo último que dijimos en la entrada anterior fue que debíamos evitar relacionar rígidamente los ingresos del estado en base a las cuotas de la S.S con los gastos en pensiones, desempleo y bajas laborales, porque esta cuenta puede entrar en negativo próximamente. Se debe, pues, buscar nuevas fuentes de ingresos para mantener los sistemas de protección sostenibles.
Todo esto responde en parte a una evolución natural de nuestras economías. El capitalismo industrial, que se basaba en el capital y el trabajo, está siendo progresivamente debilitado por un capitalismo especulativo, objetivamente alejado de lo que es una asignación eficiente de capital y convertido en un casino de movimientos de pánico, de posiciones cortas y de búsqueda no de la inversión sino de la compra-venta rentable. Este sistema evidentemente no puede sobredimensionarse más pues acabaría sin tener base económica alguna (de hecho está sobredimensionado hoy), pero existe y es necesario actuar sobre él.
La internacionalización del capitalismo financiero lleva a que se opere desde cualquier sitio y se hagan operaciones preferentemente en zonas o territorios fiscalmente muy rentables, como la city de Londres, tácitos paraísos fiscales. Tanto por la propia naturaleza de los movimientos de capitales en estos mercados organizados como por el hecho de que se suela operar desde ciertas zonas económicas, finalmente el resultado para las finanzas públicas de los estados es que no se está recaudando convenientemente sobre los beneficios obtenidos en estos mercados. Allí es donde están verdaderamente las grandes fortunas y las grandes operaciones, y ahí las haciendas no llegan o no llegan lo suficiente si se prefiere. Hay ahí una parte de la economía, la más “golosa”, sobre la que no se está recaudando lo que se debería y eso es un problema gravísimo para todos.

Para solucionar esta situación y para intentar evitar que los movimientos especulativos destruyan cíclicamente la economía real, desde hace muchos años ciertos movimientos defienden la aplicación de una tasa a las transacciones financieras o Tasa Tobin. Agrego link del escrito que hice hace 2 años en La suerte sonríe a los audaces sobre este tema.
Esta tasa tendría el doble objetivo de evitar la especulación, por un lado, y generar más recursos para las haciendas públicas por otro. Hoy en día existe una propuesta creo que de la comisión europea de gravar con un 0,1% las operaciones financieras y con un 0,01% las operaciones con derivados, que por ahora no sale adelante básicamente por la oposición del Reino Unido, aunque creo que finalmente se llegará a aplica en los próximos años. La tasa se aplicaría a nivel europeo y la idea es que se usase para financiar a la UE y sus instituciones y programas, lo que liberaría a las haciendas nacionales de ese gasto y generaría recursos para otorgar a los estados en función de lo que la política europea decida.
¿Estos porcentajes son altos o bajos? ¿Es conveniente o inconveniente? El porcentaje no parece muy alto, pero quizá teniendo en cuenta que se va a aplicar sólo a nivel de la eurozona o de la UE continental no es tan ilógico ser prudente. Se teme que si la tasa es muy alta las operaciones financieras no especulativas se “deslocalicen” y acaben en la City, en los EE.UU o el cualquier zona Off-shore.
La posición de EE.UU, de hecho, es un gran problema, puede que más que la del Reino Unido. El gobierno de los EE.UU no quiere ponerse en contra a Wall Street ni a los grandes financieros multimillonarios norteamericanos y teme la misma deslocalización que se teme en Europa, aunque la aplicación de una tasa a las transacciones financieras es absolutamente necesaria por las razones expresadas anteriormente. El sistema político en EE.UU y sus relaciones con el poder económico son complicadas, pero aquí es donde se debería ver a ese líder que se supone que era Obama. Esta tasa en los EE.UU es un reto histórico sólo a la altura de un líder valiente y un gran estadista, y Obama demostrará haber sido un “bluf” si no es capaz de sacarla adelante en consenso con la UE.

No es que los ingresos extraordinarios de la Tasa Tobin fuesen a solucionar de golpe el problema de las haciendas europeas, pero sí es cierto que sería un gran alivio. La tasa se podría reconsiderar en un futuro si se ve que es bastante baja y no evita la especulación dañina, pero lo importante es dar el primer paso. Los recursos de esta tasa podrían usarse directamente para pagar pensiones, o para cualquier otra cosa que libere otros ingresos que se podrían usar para las pensiones. Es necesario, no obstante, que una nueva fuente de ingresos fortalezca el sistema de protección social.
Esta tasa no solucionaría el problema del déficit pero si combinamos estos ingresos con otros ingresos que no estamos teniendo por culpa del fraude fiscal, entonces la situación cambiaría radicalmente y volveríamos a una situación de estabilidad presupuestaria e incluso de superávit que permitiría al estado hacer algo de política anti cíclica.
El fraude fiscal es un gran problema en España pues se estimaba que representaba sobre el 23% del PIB en 2008, por lo que no parece muy osado decir que ahora mismo en plena crisis estaremos con algún punto más. La media europea en este aspecto está entre el 15% y el 20% del PIB, y eso que países como Grecia, Italia o nuestra España suben la media. En países del centro y el norte de Europa tienen tasas de menos del 15%.
El fraude fiscal no se puede eliminar totalmente, eso es una entelequia mientras exista dinero en metálico. Siempre habrá chapuzas, pequeños servicios y cosas que se hagan fuera del control de hacienda, y tampoco podemos escandalizarnos por esto porque tampoco podemos desear que hacienda sea un gran hermano que lo vea todo. Hay un fraude fiscal de pequeña escala que es imposible de perseguir ni conveniente que sea perseguido para evitar excesos. Sin embargo gran parte del fraude fiscal es un fraude de gran volumen, de grandes empresas que falsifican contabilidades, de dinero desviado a paraísos fiscales, de esas trampas que comentamos sobre el impuesto de sociedades, etc. Y es ahí donde hay que ser totalmente incisivos.
Los técnicos de hacienda del estado han dicho reiteradamente que si se les da medios podrían recaudar más de 38.000 millones de euros anuales, que es el doble de lo que se va a ahorrar y recaudar con el fortísimo paquete de medidas que aprobó el gobierno de Rajoy. Supondría sobre un 4% del PIB, la mitad de nuestro déficit actual. Sin embargo para que esto sea posible hacen falta medios, hace falta personal y eso requiere dinero. Con la tasa de reposición de funcionarios que ha aprobado el gobierno no es que no se va a poder minimizar el fraude fiscal, es que posiblemente pase lo contrario. Esto es lo malo que tienen los recortes de “brocha gorda”, que no segregan lo fundamental de lo accesorio y son incapaces de ver que un gasto puede ser una inversión rentable.


He querido exponer varias ideas en estos tres escritos, quizá un poco desordenadas pero creo que se han entendido bien. En estas largas series de textos suelo hacer, antes de empezar, un pequeño esquema mental de los temas a tratar en cada escrito, esquema que acabo rompiendo yo mismo en base a las ideas que me van viniendo y que veo relacionadas con lo que acabo de escribir. Al final siempre me dejo cosas, pero creo que es inevitable con la poca rigidez con la que hago los textos.
Hemos hablado del impuesto de sociedades, del IVA, del fraude fiscal, de la tasa a las transacciones financieras y de las cuotas a la seguridad social. Del IRPF y de los impuestos sobre el capital no he hablado al haber sido objeto de las últimas medidas del gobierno y haberlo tratado en las entradas sobre este tema. Creo, pues, que el cuadro general está bastante completo.
En política fiscal se pueden hacer muchas cosas y no hay porque seguir estrictamente los mandatos de la señora Merkel. Algunas se pueden hacer internamente como país y otras deben ser objeto de convenios dentro de la UE o internacionales. En este ámbito creo que sería muy interesante que la política exterior de un país se orientase en esta época básicamente hacia cuestiones de comercio y financieras, pues así fortaleceríamos proyectos como la tasa a las transacciones financieras.
Porque esto es la política de verdad, con mayúsculas, y no los debates absurdos a los que los políticos nos tienen acostumbrados sobre adjetivos y espíritus de las leyes e idioteces varias. Esto es lo que debemos exigir a un gobierno serio, que actúe sobre estas realidades y en un sentido positivo para los ciudadanos. Y los que no sepan, no quieran o no puedan no nos valen y deben quedar relegados de la primera línea política.

jueves, 26 de enero de 2012

Quizá las urnas sí absuelven













Hago un paréntesis en las entradas sobre la reforma fiscal para comentar el veredicto del juicio de los trajes que implicaba a Francisco Camps y a Ricardo Costa. Como sabrá el lector el veredicto del jurado ha sido “no culpable”, o sea inocente en términos judiciales, con 5 votos a favor y 4 en contra.
No pensaba hacer ningún escrito sobre el caso para no romper la serie de escritos a la que estoy dedicado, sobre todo porque no pensaba que pudiese salir este veredicto de “no culpable”. Cualquiera que haya seguido mínimamente el juicio sabrá que el torrente de pruebas y de evidencias contra Camps y Costa es tal que la certeza de las acusaciones contra ellos es casi de imposible rebatimiento. Por eso estaba convencido que era casi imposible un veredicto de no culpable, aunque veía muy complicado también que saliese culpable en la votación del jurado. Voy a explicar por qué.

Como no soy jurista no conozco todas las pormenoridades de la ley del jurado. El otro día me enteré que para que el jurado emitiese un veredicto de culpable necesitaba 7 votos de 9, en cambio para declararlo inocente sólo se necesitaba mayoría simple, 5 votos de 9. El motivo de esto es lógico, pues para que alguien salga culpable en un juicio se debe demostrar su culpabilidad de forma clara y teniendo en cuenta que es un jurado no profesional se debe tener un margen de seguridad elevado. En cambio alguien es inocente mientras no se demuestre lo contrario y, por lo tanto, sí parece lógico que si una mayoría simple del tribunal dice que no es culpable el acusado sea absuelto.
Entiendo, pues, el por qué de estas mayorías diferentes, el problema es que estas mayorías son una trampa en el caso de juzgar a un político que tiene apoyo popular. Mirad, yo soy valenciano y he hablado con muchísima gente de este tema o de otros que afectan al PP valenciano. En un país tan dual como este y más en una comunidad como esta, donde los odios y victimismos impulsados por el poder político han calado en la sociedad, hay un número muy importante de personas que defienden inquebrantablemente a un partido político contra cualquier realidad, evidencia o fechoría que haya cometido.
En Valencia, comunidad que está en la ruina cultural, política, económica y moral, un importante porcentaje de personas sigue defendiendo la gestión del PPCV de los últimos 16 años íntegramente, incluso lo que es obviamente indefendible. Cuando este estado de ruina general se preveía la mayoría de gente seguía defendiendo con vehemencia a Camps y su política, así como su honorabilidad (o quitándole importancia al asunto al ser “cuatro trajes”), y lo defendían con violencia, como si fuese parte de su Fe o su religión. Recordemos que el PP sacó casi el 50% de los votos en las elecciones de Mayo de 2011, cuando ya éramos el hazmerreir de España.
Ante esta realidad yo era consciente de que muy probablemente algunas personas del jurado iban a llevar prejuzgada la inocencia de Camps al juicio e iban a votar en contra de la culpabilidad de los acusados independientemente de lo que viesen. Posiblemente otras también llevasen prejuzgada la culpabilidad de los acusados y hubiesen votado a favor en cualquier caso. Por eso yo consideraba muy complicado que el jurado llegase a votar por 7 votos contra 9 la culpabilidad. Sin embargo y ante la evidencia de las pruebas no pensé que 5 miembros pudiesen ponerse una venda en los ojos y no querer ver las pruebas o bien hacer la interpretación increíble que la defensa de Camps intentaba que hiciesen.
Por eso hubiese apostado a que el jurado no podría conseguir un veredicto y quedaría con 5 o 6 miembros a favor de la culpabilidad. Me equivoqué, por uno.

Al final la sensación de todo esto es que las personas del jurado han votado lo que les apetecía independientemente de las pruebas. Los votos a favor y en contra parecen un calco porcentual a los resultados electorales de la comunidad, y no creo que sea muy atrevido si digo que las 5 personas que han votado en contra de la culpabilidad probablemente sean afines o votantes del PP. Y no digo que las otras 4 sean opuestas al PP porque considero que muchos de los votantes del PP ante tal cúmulo de pruebas no serían capaces de ir contra la evidencia y votar una inocencia inverosímil.
Y ojo, no quiero personalizar ni otorgar estas adhesiones inquebrantables solamente a los votantes del PP. Estoy seguro que si mañana a Rubalcaba se le ocurriese tirar una bomba atómica sobre cualquier parte y se le juzgase por eso en jurado popular, seguro que había algún votante irracional del PSOE en el jurado que le declaraba inocente “por cojones”. Amplias capas de nuestro país son así y es una verdadera lástima.

Parece que la sentencia es recurrible al TSJCV. Supongo que tanto la acusación particular como la fiscalía recurrirán, y si recurren muy probablemente tanto Costa como sobre todo Camps serán declarados culpables. Las pruebas son tan evidentes que parece imposible que un jurado profesional, con profesionales que pueden ser acusados de prevaricación, fuese capaz de ignorar las pruebas como ha hecho el jurado popular.
Porque eso de que la relación entre los cabecillas de Gürtel y los acusados era ¡Una relación comercial! Es algo que no se le ocurriría decir ni al juez más despistado o prevaricador. Yo no sé si Costa se puede librar al no tener un cargo político en la Generalitat y que, por lo tanto, se interprete que el cohecho impropio no le aplica, pero es imposible que Camps se libre de un cohecho que obviamente ha cometido. Otro de los argumentos del jurado es que la contabilidad no es clara…Hombre, cuando la cuestión es ocultar las pruebas de una trama delictiva sería de película de Ozores que tuviesen la contabilidad transparente. Vamos, la parcialidad de los 5 miembros del jurado es tal que es claramente insostenible.
Otra cosa es que en el TSJCV no se encuentren otro amiguito del alma como el anterior (que ya no está) que quiso cerrar el juicio, y si en el TSJCV no prosperase se podría ir al supremo, aunque nos situamos a años vista. Que en el supremo, por muy conservadores que sean los jueces, se pudiese declarar a Camps inocente es algo que me parece implanteable.

El PP ha querido vender durante mucho tiempo que las urnas prácticamente absolvían a un político de la corrupción. Si un político imputado volvía a ser votado parecía prácticamente que la sociedad le eximía de la corrupción. Esta conceptualización era vergonzosa y era convertir el cumplimiento de la ley y la legalidad en una especie de democratismo totalitario.
Sin embargo parece que, finalmente, los votos políticos sí han absuelto a los acusados, porque el veredicto de no culpabilidad sólo es explicable si se ha hecho bajo la irracional afinidad política.
Muchas veces he leído a muchas personas defender el uso del jurado popular antes que uno profesional como algo más democrático. Yo siempre he tenido muchas dudas sobre los jurados populares al considerarlos fácilmente influenciables, y quizá también en parte por mi afrancesamiento en algunos temas. Creo que los defensores del jurado popular deben analizar este veredicto y replantear sus tesis, porque parece claro que juzgar a políticos por este método puede provocar cualquier cosa menos un veredicto imparcial.

Primero el veredicto sobre los asesinos de Marta del Castillo, que a pesar de ser conforme a las ley parece que ha declarado no culpable a gente que lo es, luego este inverosímil veredicto de inocencia para dos corruptos. Y mientras Garzón en el banquillo llevado por la Falange, los cabecillas de la Gürtel y sus enemigos de la judicatura…
La verdad es que la justicia no está teniendo un buen año. Pero mantengamos la calma y no entremos en conceptualizaciones destructivas como “la justicia no funciona” o “la justicia es una mierda”. Seamos moderados, cambiemos lo que hay que cambiar (que posiblemente es mucho) y enfoquemos estos escándalos con una positividad reformista y no con una destructividad inútil.

martes, 24 de enero de 2012

Necesitamos una reforma fiscal en profundidad (II)

IMPUESTOS SOBRE EL CONSUMO Y COTIZACIONES SOCIALES



















En los últimos tiempos ha habido una tendencia generalizada a subir los impuestos sobre el consumo como método recaudatorio. Siempre se ha dicho que el aumento de los impuestos indirectos es regresivo porque carga igual a toda la población, y por lo tanto se ha presupuesto que ésta es una política de derechas. Sin embargo los gobiernos teóricamente izquierdistas han subido el IVA igual que lo han hecho otros derechistas, en parte por la borrosidad ideológica de los tiempos que vivimos como por el hecho de que subir los impuestos sobre el consumo es la manera más fácil de recaudar.
Técnicamente una subida de impuestos indirectos no tiene por qué ser regresiva. No hay un tipo único de IVA sino varios y jugando con eso se puede conseguir impuestos indirectos menos gravosos para las clases más humildes. En España hay tres tipos de IVA, el súper reducido del 4%, el reducido del 8% y el estándar del 18%. La última subida afectó al reducido (en 1 punto) y al estándar (en 2), pero no al súper reducido, siendo esta menos regresiva que una subida general de todos los tipos (lo que no quiere decir en absoluto que fuese progresiva).

Repasemos un poco qué productos o servicios están incluidos en el súper reducido y en el reducido. En el súper reducido se incluyen ciertos productos de alimentación (pan, cereales, leche, frutas, hortalizas), libros, periódicos y revistas, prótesis para minusválidos y ahora la vivienda nueva. En el reducido se incluyen el resto de alimentos, productos sanitarios, transportes, hostelería y la cultura en general. El resto de productos estarían en el tipo estándar y también debemos decir que hay impuestos sobre el consumo especiales en combustibles, tabaco, alcohol y alguna otra cosa más. Antaño existía un impuesto sobre el lujo que desapareció al entrar en vigor el IVA.
Este es el cuadro general y sobre esto se puede legislar y ver qué opciones tenemos para convertir los impuestos indirectos en más justos y más eficientes. Para empezar creo que los productos que pagan el IVA reducido y súper reducido están bien asignados excepto dos: La vivienda nueva y la prensa y revistas, ambos con IVA súper reducido.
Para empezar la bajada del IVA de la vivienda nueva (en compra) es absolutamente improcedente y se hizo con la intención de ayudar a los bancos a vender sus stocks de vivienda nueva. No tiene sentido que se tenga un IVA de un 4% en la vivienda nueva y un 7% en la usada (la usada no lleva IVA pero sí impuesto de transmisiones patrimoniales). La vivienda es un derecho por nuestra constitución y se debe facilitar el acceso, pero eso está bien que aplique al alquiler (que está exento de IVA) pero no tiene por qué aplicar a la compra y menos de forma caprichosa. Habría que unificar ambos IVA en el 8%.
Respecto a periódicos y revistas. Yo puedo entender que los libros tengan un IVA súper reducido (aunque es discutible), pero no tiene ningún sentido que revistas y periódicos lo tengan. Si se quiere se puede gravar al 8% al entrar dentro del apartado cultural, pero no al 4% más cuando ahora la información está mucho más en internet que en la prensa escrita.

Además de todo esto creo que habría que plantearse ese IVA del 18% generalizado para todo lo demás. Aplicarle el mismo impuesto a un pantalón que a un anillo de diamantes no parece razonable. No sé si sería conveniente recuperar ese impuesto sobre el lujo que existía antes (lo introdujo la UCD creo recordar) o bien crear un 4º tramo de IVA más alto, en cualquier caso antes que una subida indiscriminada del tipo estándar debería intentarse esta vía.
La cuestión aquí sería qué clasificar como lujo y qué no. Creo que todos tendremos claro que joyas, yates, coches de alta gama, etc. Son lujo, pero aquí comienzan los problemas. ¿Cómo se segrega un coche de alta gama de uno de media? ¿Y una vivienda de lujo de una “normal”? Se podría intentar aplicar un IVA distinto en función del precio del producto (es decir, un bolso de 1.000 euros sería lujo pero uno de 100 no), pero temo que esto crease fraude y distintas trampas en los precios y las facturaciones. La otra alternativa es hacer una lista de productos de lujo que haya que actualizar, que parece más sensato.
Por lo que nos dicen los datos el consumo en España está cayendo en todos los ámbitos excepto en lo que son productos de lujo, donde ha aumentado. Hay varias explicaciones a esto pero se pueden resumir en que quien tiene mucho dinero lo gasta y quienes tienen menos no. Crear un IVA de lujo no parece que fuese a afectar al consumo en este segmento y daría una importante inyección económica al estado liberando al resto de consumidores de subidas que pueden afectar bastante al consumo del país y a la renta disponible de los ciudadanos.


Respecto a las cotizaciones sociales también hay mucho que hablar. Las cotizaciones sociales se pagan, en trabajo por cuenta ajena, porcentualmente respecto al salario bruto. El trabajador para un 6,3% de su salario bruto y el empleador un 30% de ese mismo salario (divididos estos porcentajes en tres conceptos). Existen varias deducciones de la cuota empresarial por contratar trabajadores de distintos colectivos (provenientes del paro, jóvenes, mujeres, mayores, minusválidos, etc.), por lo que la cuota empresarial suele ser inferior en muchos casos. En el caso de autónomos es diferente porque ellos se pagan su cuota, normalmente la mínima (no llega a 300 euros al mes).
La primera conclusión que podemos sacar es que la mayoría de las cotizaciones a la S.S la hacen las empresas por sus empleados. 5/6 partes la paga la empresa y 1/6 el trabajador. Tampoco hay que escandalizarse y ver que esto es como un impuesto revolucionario para las empresas porque dentro del sueldo que cobra el trabajador digamos que están estos pagos empresariales como parte del pago por el trabajo, es una especie de “pago en especie” obligatorio. Si esto no existiese sería razonable pensar que los sueldos que pagarían las empresas serían mayores, aunque el mercado nunca funciona como un mercado perfecto y extrapolar de esta manera es un poco osado.
Los pagos de la S.S, por cierto, son los que cubren los derechos de desempleo, enfermedad, jubilación, etc.

Varias consideraciones al respecto: Los empresarios se quejan de que las cotizaciones empresariales son tan elevadas que eso les impide crear empleo porque convierten los costes laborales en muy altos. Esto puede tener parte de verdad pero hay que ser conscientes de que la seguridad social la tiene que pagar alguien y el dinero salir de algún sitio. En nuestro sistema fiscal las cotizaciones empresariales han sido muy altas, pero en cambio el impuesto de sociedades no es alto y la presión fiscal general está (o estaba) por debajo de la media europea. No hay que olvidar esto para no caer en demagogias sobre los impuestos que pagan las empresas.
Este asunto de las cotizaciones ha generado una trampa psicológica de la que debemos huir. El estado hace una cuenta de los ingresos por cotizaciones de S.S y los gatos por pensiones, prestaciones por desempleo y bajas, y en base a esto considera si el sistema está en déficit o no. Pero aquí cabe preguntarse, ¿por qué no se puede ingresar dinero para estos gastos por otra vía? Creo que estamos excesivamente compartimentalizados y que entendemos la protección al trabajo y al trabajador como una cuenta aparte en vez de cómo un todo y una parte del sistema de bienestar. Esta mentalidad y esta forma de hacer los cálculos va a haber que cambiarla si queremos mantener los estándares de protección social, porque es probable que ante ciertos hechos (envejecimiento de la población, paro estructural, reducción de salarios, etc.) este cálculo entre en negativo próximamente.
De todas formas el efecto psicológico de que la empresa pague 5/6 de las cotizaciones no es bueno. Personalmente creo que el trabajador debería pagar mayor porcentaje de cotización a la S.S, pero también creo que no se debe cargar de más impuestos a los asalariados. La solución sería aumentar la cotización por S.S pero disminuir la del IRPF, quizá aumentando los mínimos exentos o bajando los primeros tramos. Las empresas pagarían, pues, menor porcentaje, pero a cambio debería aumentar el impuesto de sociedades o, por lo menos, el tipo efectivo del mismo. Esto ayudaría a mantener y crear empleo pero dejando claro que las empresas tendrán que pagar más por sus beneficios. Es cambiar riesgo por seguridad.

De todas formas quedémonos con la idea de que es importante considerar el sistema de bienestar como un todo y buscar ingresos alternativos que sirvan para pagar pensiones y prestaciones a los desempleados.
Porque hay una realidad que ya expresamos el otro día de que hay partes de la población, sobre todo las más pudientes, que pagan muy pocos impuestos. Y estos impuestos y esta recaudación debería sustentar el estado del bienestar.
En todo esto de la recaudación adicional hay dos puntos clave: El fraude fiscal, por un lado, y la necesidad de gravámenes a las actividades financieras y especulativas. Lo comentamos en la siguiente entrada.

jueves, 19 de enero de 2012

Necesitamos una reforma fiscal en profundidad (I)

EL IMPUESTO DE SOCIEDADES

















He leído que el candidato republicano a la presidencia de los EE.UU, Mitt Romney, ha reconocido que paga pocos impuestos, alrededor de un 15%. Desconozco el sistema fiscal de los EE.UU pero muy probablemente este 15% lo cotizará por sus sociedades gracias a varias deducciones que se aplican a estos impuestos. Un asalariado con un sueldo medio seguro que paga más impuestos en los EE.UU.
En España pasa lo mismo. Muchos empresarios cotizan a través de sus sociedades a un tipo que nunca superará el 30% (que es el tipo máximo del impuesto de sociedades para las grandes empresas) y que generalmente será mucho menor por las múltiples deducciones que aquí tenemos. Un ejecutivo que cobra un salario alto, por ejemplo, seguro que tiene tipos de más del 40%. A esto le llama mucha gente el “fraude de la empresa interpuesta”.

La reciente subida de impuestos a las rentas del trabajo y del capital que aprobó el gobierno Rajoy parecería que cumple el principio de progresividad de que quien más tenga más pague. Bien, lo cumple parcialmente en ese tipo de rentas pero realmente no se cumple a nivel general de la sociedad por eso mismo que hemos comentado. La realidad es que todo aquel que tiene mucho dinero busca la manera de pagar menos impuestos con este truco o con otros, igual que pagará mucho menos en una Sicav de lo que pagan otros ciudadanos por las rentas del capital que generan sus ahorros.
Esta realidad nos demuestra hasta qué punto nuestro sistema fiscal está obsoleto. Si no podemos cumplir el precepto de que cada uno pague y aporte en función de lo que gane, y es evidente que no podemos, es que nuestro sistema fiscal necesita una gran reforma. Una reforma que recupere unos mínimos de justicia fiscal, por un lado, y que también sirva para poder recaudar eficientemente los recursos que necesita el estado para mantener los sistemas de bienestar sin sobrecargar a las bases poblacionales de altos impuestos ni recortar servicios indiscriminadamente.
Es muy importante analizar qué se está recaudando, cómo, a quién y también qué no se está recaudando y por qué. Este análisis debe ser sereno y las reformas deben ser meditadas para no crear efectos indeseables, pero no nos debe paralizar la incertidumbre o el miedo porque, seamos claros, así no se puede seguir. Con los años de contención salarial que nos esperan y el consecuente descenso del consumo, las dos principales fuentes de ingresos del estado, nuestro estado se va a ir debilitando progresivamente si no encontramos mecanismos alternativos de generación de recursos, necesarios a su vez para poder realizar un mínimo de política económica de estado que nos saque de esta espiral descendente.

Lo primero que debemos analizar es el impuesto de sociedades. El impuesto de sociedades es el impuesto que pagan las empresas por sus beneficios y está actualmente en un 30% para las grandes empresas y un 25% para las Pymes. Este tipo de más bajo que en países como Japón o EE.UU, y parecido a la mayoría de países de Europa. Si una empresa no tiene beneficios, no paga impuesto de sociedades.
¿Es alto o bajo? El impuesto de sociedades ha ido disminuyendo en los últimos años así que difícilmente se puede decir que es alto. La disminución en los últimos años tiene como justificación que se quería crear un marco fiscal adecuado para que las empresas inviertan/se queden en España, evitando la deslocalización a países con menores impuestos y costes salariales más bajos.
Sin embargo el problema real no es que un 30% sea bajo, el problema es que el tipo efectivo llega escasamente al 17%, por lo que se pierden 13 puntos de recaudación. ¿A qué se debe? Se debe fundamentalmente a las amplísimas deducciones que hay en nuestra legislación fiscal. Pero es que, además, este 17% que se paga de media es sobre la base imponible que se genera bajo la ingeniería financiera de expertos en fiscalidad, y muchas veces ésta no es real y está aminorada gracias a ciertos trucos usuales. Y, adicionalmente, hay otras prácticas habituales relacionadas con las sociedades que restan ingresos al estado como la que hemos explicado antes, aunque no es la única ni mucho menos.
Querría relatar una serie de propuestas y explicaciones de qué creo que se debe hacer en relación con el impuesto de sociedades para acercarnos a los objetivos expuestos anteriormente.

- Amplísimo abanico de deducciones fiscales: En este país los gobiernos han tirado siempre de las deducciones fiscales para hacer política. Si se quería promocionar algo en vez de dar una subvención que parecía que costaba dinero a las arcas públicas se otorgaba una deducción, que cuesta también dinero a las arcas públicas pero como no estaba recaudado parece que sale gratis. El abuso de esto nos ha llevado a donde estamos. Las empresas tienen deducciones por inversiones medioambientales, por I+D, por actividades exportadoras, por contratación de determinados trabajadores (éstas son sobre las cuotas de la S.S), deducciones que otorgan muchos gobiernos autónomos y los ayuntamientos por cuestiones localistas, por reinversión, etc, etc. La cantidad es tal y el control sobre ellas es tan laxo que hay empresas que se las aplican casi todas, dejando sus tipos reales bajísimos.
Los expertos en contabilidad han tomado el pulso perfectamente a las leyes y se está usando todo esto para pagar menos impuestos. Las deducciones hay que recortarlas radicalmente y controlar fuertemente las que queden. Una deducción que sí debemos mantener y potenciar es la de reinversión de beneficios para así potenciar nuestra economía y la creación de empleo, pero deben ponerse unos límites claros y nítidos que eviten el fraude.

- Ingeniería fiscal: Los contables juegan con la enorme versatilidad que dan ciertos conceptos como las amortizaciones de préstamos. Por ejemplo, si un año tienes beneficios extraordinarios y no ves cómo deducirlos lo que se suele hacer es amortizar ciertos préstamos en la contabilidad de la empresa, que computan como gasto y así la base imponible sobre la que pagar impuestos es menor. Esto al final es contabilidad imaginativa que no es real, y esto se debería limitar.
Un amigo auditor de cuentas me dijo hace poco que las empresas deberían pagar impuestos exclusivamente por el diferencial de gastos e ingresos y no permitir que no paguen impuestos por amortizaciones y provisiones. Así, aseguraba, las empresas pagarían muchos más impuestos y más acordes con sus beneficios.

- Consumo personal en la contabilidad: En una etapa de mi vida yo trabajé en trabajos relacionados con las deducciones fiscales por medioambiente e I+D. En este periodo vi mucha contabilidad de empresa e inversiones de las mismas y pude ver muchas cosas de las que se hacen habitualmente: Vi como chalets, coches, casas y otros objetos de consumo de los dueños de las empresas estaban introducidos como gastos de la compañía. ¿Por qué? Muy sencillo, porque si te compras una casa como particular tienes que pagar el IVA, pero si te la compras como sociedad este IVA te lo devuelven en la declaración trimestral.
Mi amigo auditor de cuentas me asegura que ha visto hasta yates en las contabilidades de las empresas. Esto es un claro fraude para evitar el pago de impuestos sobre el consumo.

- La empresa interpuesta: Este es el caso que he explicado antes y lo voy a volver a explicar con un caso muy gráfico que he leído por internet. Imaginaros que Belén Esteban cobra de Tele5 un salario. Con la barbaridad que debe cobrar esa mujer debería pagar casi un 50% en concepto de IRPF.
Sin embargo si Esteban crea una sociedad a su nombre que “gestione” su imagen y cobra a través de esa sociedad (que le facturaría a Tele5), ella no pagaría jamás más del 25% en impuestos de sociedades, la mitad. Además, todo el gasto de aviones, taxis, hoteles, etc, etc. Lo pagaría como sociedad, por lo que le devolverían el IVA. Paralelamente ella tendría un contrato laboral por el que cobraría una ridiculez y, así, cumple con la legislación laboral.
Hay un caso muy conocido, la empresa Famaztella, de la familia Aznar-Botella, que se dedica a “gestionar” la imagen del ex presidente Aznar. ¿Cuánto se ahorrará Aznar en impuestos al intermediar una sociedad?


Estas son, básicamente, las principales estrategias para la minoración de las bases imponibles y así pagar menos impuestos. Un país no pude permitir que alguien que esté ganando 100.000 euros anuales en un contrato laboral esté pagando sobre un 35% de IRPF, y en cambio alguien que gana 3 millones pague un 15% de IS porque intermedia una sociedad. No tiene sentido y es injusto.
Esto hay que reformarlo profundamente y los técnicos de hacienda deben tener un papel relevante en esta reforma, porque son quienes mejor conocen los trucos contables. Sin embargo este no es el único punto, hay mucho más que reformar, pero esto lo trataremos en la siguiente entrada.

martes, 17 de enero de 2012

Palomares no hacía inmortales





















Hasta hace poco se decía, a modo de broma, que Manuel Fraga posiblemente era inmortal debido a su famoso baño en la playa de Palomares después de caer allí una bomba atómica procedente de un avión del ejército norteamericano. Viendo su estado físico cada vez más deteriorado junto con su voluntad de permanecer en la política seguro que hubo gente que dudó si aquella broma tenía parte de verdad.
Pero no, la radioactividad no hace inmortales (todo lo contrario), y Manuel Fraga ha muerto casi a los 90 años como la naturaleza dictaba. De los cuatro líderes de los cuatro principales partidos de la transición (Suárez, González, Carrillo y Fraga) siempre pensé que Suárez sería el primero en morir debido a su enfermedad, y eso que es más joven que Carrillo o Fraga. Pero me equivoqué, y ahora ha muerto la primera gran personalidad política de aquel periodo.

Los medios de comunicación están llenos de resúmenes de este personaje, así que en cuanto a datos tengo poco que aportar. En cambio sí quiero dar una visión personal sobre el personaje, que temo acabemos teniendo distorsionada después de tantos artículos y tertulias post-mortem en los que se suele hablar de las virtudes de los personajes y nunca de sus defectos.
Lo primero que quiero decir, y no lo digo como oda al fallecido, es que personalmente valoro mucho la aportación de Manuel Fraga en el restablecimiento de la democracia en España. Creo que Fraga fue un personaje muy importante para este país porque consiguió amansar a cierto tipo de derecha que se podría haber situado frontalmente contra la democracia de no haber estado él o un político de su estilo, y la verdad es que no sabemos qué consecuencias podría haber tenido la desafección combativa de esos sectores del franquismo sociológico.
Hace unas semanas una juez argentina solicitó información para encausar a Fraga en un proceso contra los crímenes del franquismo. Pensé en hacer un escrito en ese momento pero no llegué a idear bien el texto así que no lo hice, pero voy a expresar la idea que tenía para ese texto. Manuel Fraga no era un franquista de los que hicieron la guerra civil. Pertenece a una segunda generación, una generación que entró en la gobernación de la dictadura pero que no tuvo implicaciones en la enorme represión de la posguerra. Quizá sí que fue colaboracionista de ciertas penas de muerte y de la conculcación de derechos fundamentales durante el tardofranquismo, pero no es ni Franco ni los generales ni militares que hicieron la guerra e idearon la represión.
Los crímenes de los ideólogos y colaboradores necesarios de los crímenes contra la humanidad que tuvieron lugar en este país entre 1936 y 1944 no tienen perdón, pero distinto es el caso de los gobernantes posteriores. Fraga ha servido un importante papel a este país y a su democracia, y por eso pienso que su etapa de ministro de la dictadura y los connivencia con ciertos crímenes es “perdonable” por sus servicios posteriores. Por esta razón no me parecía bien que se hubiese focalizado en él este tipo de causa. Si hablásemos de Serrano Suñer o Arias Navarro (si estuviesen vivos) mi opinión sería diferente. No sé si me explico.

Los países que tienen largas dictaduras, como el nuestro, son distintos a los que tienen dictaduras más cortas. Cuando un país tiene una dictadura de unos pocos años creo que es obligación de la democracia posterior “apartar” de la gobernación de la nueva democracia a las personas que tuvieron responsabilidades en la dictadura. Fue así en Alemania después de la II guerra mundial (13 años de dictadura), en la segunda república después de la dictadura de Primo de Rivera (7 años) o en otros muchos casos. Pero cuando una dictadura se llega a institucionalizar el pragmatismo obliga a otras cosas.
Cuando una dictadura dura casi 40 años con la nuestra o más de 40 años como las dictaduras pro soviéticas del este de Europa, éstas acaban siendo gobernadas por profesionales de la política que han hecho carrera en ese régimen como podrían haberlo hecho en otro. Un Fraga o un Suárez podían más o menos estar de acuerdo con el régimen en el que gobernaban (al final eran personas producto de unas circunstancias determinadas), como lo podían estar los comunistas de segunda fila de Hungría, Checoslovaquia o la propia URSS. Pero esta afinidad ideológica de segunda generación no tiene parangón con quienes han creado una dictadura derrumbando una democracia.
En estos casos existe una población que ha nacido y crecido bajo un régimen, que se siente cómoda y segura bajo el mismo, población que puede no ser mayoritaria pero sí muy importante. En estos casos es razonable que la nueva democracia se construya, también, con la gente más moderada del régimen anterior, con aquellos que sean honestamente reformistas y así evitar convulsiones y problemas. En este caso el pragmatismo manda y por eso a mí me parece normal incluso inteligente que en España hubiese ex franquistas convertidos en demócratas conservadores y en el Este ex comunistas convertidos también en demócratas de izquierda.

Ahora bien, ¿era Fraga un demócrata dentro del régimen franquista que esperaba la oportunidad para reformarlo desde dentro? Ese quizá pueda ser el caso de Suárez, pero debemos negar rotundamente que sea el de Fraga.
Fraga era un franquista durante el régimen de Franco y fue un franquista durante la transición hasta que se dio cuenta que el país no era el que él creía. Cuando se presentó a las elecciones en 1977 lo hizo rodeado de franquistas (estaba con él en AP el Carnicerito de Málaga, el nefasto Arias Navarro), y clamando contra el Marxismo, los nacionalismos y los “enemigos de España”. Su nefasto resultado en esas elecciones (por detrás del PCE) le hizo ver que el país estaba en otra cosa y que el apoyo de la derecha se lo había llevado la UCD, comprometida con el cambio. Eso debió hacerle reflexionar profundamente, pues en el 79 ya fue acompañado de personas más decentes.
Si esa AP de Fraga hubiese sacado 100 diputados en el congreso en vez de los 16 que consiguió estoy casi convencido de que la evolución de Fraga hubiese sido diferente. Se hubiese enrocado en un conservadurismo católico y autoritario, en el franquismo sociológico, y se hubiese negado a ninguna reforma en profundidad del régimen franquista. De hecho creo que si AP hubiese tenido un resultado a nivel del PSOE o la UCD posiblemente no se hubiese podido hacer una constitución y la transición hubiese encallado (la UCD no se mostraba muy convencida de hacer una constitución y realmente fue impulsada a hacerla al ver el resultado de las fuerzas que pedían claramente una constitución, que fue muy bueno. Si hubiese convivido con una fuerza enorme que no quería una constitución seguramente no hubiesen dado el paso de proponerla).
Los hombres somos víctimas de nuestra época y de la reflexión que nos producen los golpes en la vida, y creo que el golpe del 77 fue muy conveniente para Fraga. He leído por ahí que Fraga era “Canovista”, queriendo decir que era partidario de una democracia de dos grandes partidos. Esto es muy ambiguo ya que con esta base puedes defender desde una democracia a la británica hasta una especie de “pastel” con dos partidos casi iguales que vacíen la democracia de contenido real y que sirvan como “maquillaje” para mantener cierto statu quo (¿lo que quería Fraga para actualizar el régimen del 18 de Julio?), por eso no me parece muy serio este comentario. Yo creo que más bien Fraga se agarra a Cánovas cuando ve que el tiempo del régimen del 18 de Julio ha pasado definitivamente y que no puede establecer raíces políticas ahí. Su canovismo me parece, pues, táctico.
Luego Fraga evoluciona y convierte a AP en un partido de derecha democrática. Felipe González estaba encantado con él porque sabía que el pueblo español jamás votaría mayoritariamente a alguien como Fraga, y que con éste de líder de la oposición iba a ser eterno, por eso le trataba maravillosamente. También es cierto que Fraga, con todos sus defectos, no era capaz de ejercer esta oposición irresponsable a la que nos hemos acostumbrado en los últimos tiempos. Para él la política era lo suficientemente seria como para caer ahí.

Fraga tendrá un lugar importante en la historia de finales del siglo XX. Se le dedicarán calles y avenidas, y creo que se las merece. Su papel en la conversión de parte de la derecha más cavernícola en una derecha que acepte la democracia fue muy positivo y por eso se le recordará.
Pero Fraga no era ni un topo demócrata en el aparato de poder franquista, ni un ejemplo político de nada. Si su honestidad política le hacía especial hoy es simple y llanamente por el lamentable nivel ético y político de nuestros políticos actuales. Fraga era lo que era, honesto pero autoritario, pragmático pero retrógrado, fue una persona constructiva y positiva para nuestra democracia pero tenía el potencial para haber sido lo contrario en otras circunstancias. Pasará a la historia por sus aportaciones positivas y por ser fundador del PP y así debe de ser. Pero que los halagos al recién fallecido no nos hagan perder la objetividad respecto al personaje.

sábado, 14 de enero de 2012

¿El gobierno de Rajoy subirá el IVA?












En el diario EL PAÍS de hace unos días pude leer un debate que llevaba por título “¿Cree que Rajoy acabará por subir también el IVA?. El debate surgía por las palabras del presidente del gobierno que dijo que no tenía la intención de subirlo, después de que por otras declaraciones de otros miembros del gobierno (fundamentalmente del ministro de economía) se pudiera entender que sí lo subirán.

La pregunta está clara, ¿subirá o no el IVA? Y la respuesta es absolutamente contundente: Sí, con casi toda probabilidad lo subirán.
Las argumentaciones para esta respuesta tan contundente son muchas y variadas, y la única argumentación para decir lo contrario son las ambiguas palabras de Rajoy, con un estilo muy parecido al de la campaña electoral en el que decía que no iba a subir impuestos; y todos sabemos qué hizo hace unos días.
Pero vamos más allá de las palabras, que en la política de nuestro país tienen poco valor. El IVA subirá en los próximos meses por la sencilla razón de que el gobierno ha subido el IRPF ahora en vez de subir el IVA. Teóricamente un gobierno de derechas debería ser proclive a la subida de impuestos indirectos antes que a la subida de impuestos directos, además de que produce menor “cabreo” social una subida del IVA que una subida de la retención por IRPF (psicológicamente nos parece que la subida de IRPF nos quita dinero, pero en IVA lo vemos como algo ajeno, como si no afectase a nuestro salario realmente). Si el gobierno hubiese pensado que con una subida del IVA podría haber arreglado la situación hubiese priorizado la subida del IVA a la del IRPF.
Y entonces, ¿por qué no han subido primero el IVA, si esa era su preferencia? Pues porque el IVA se puede subir por trimestres por la contabilidad de las empresas (se puede subir en enero, abril, julio ó octubre) pero el IRPF se debía subir antes de principios de año, porque es una retención anual. Por eso en el consejo de ministros subieron el IRPF contra pronóstico, porque la subida del IVA la pueden legislar para Abril (después de las elecciones andaluzas) o Julio (como hizo Zapatero). La subida contra pronóstico del IRPF de hace unos días sólo se explica si es parte de un cuadro general en el que también sube el IVA.

¿Más razones? Hay que reducir el déficit, y este gobierno no parece tener ideas más allá de atacar los puntos débiles y descubiertos del sistema. Si tuviesen algún plan integral para destapar la economía sumergida, si tuviesen planteada una reforma fiscal en profundidad o algún proyecto sostenido e imaginativo de reducción del gasto podríamos tener la esperanza de que no lo subieran, pero no lo tienen y por lo tanto van a ir a lo fácil y rápido: Subida de impuestos a las rentas del trabajo, subida de los impuestos sobre el consumo y recortes de brocha gorda.
Otra razón más: El IVA de España es inferior a la media Europea. Otra, el IVA de Italia, un país en la misma situación que España, acaba de subir al 21%, y el de Portugal está en el 23%. Recordemos que España es un país dominado de facto por Merkel y la política que ésta y su séquito han impulsado en esos países ha sido precisamente esta. Y si aún no veis las cosas claras os doy otra razón subjetiva pero muy razonable: Las palabras de Rajoy sobre su “voluntad” de no subir el IVA son exactamente las mismas que usó en campaña para decir que no tenía voluntad de subir impuestos.

¿Cuánto subirá el IVA? ¿Cuándo? Ahí la cosa se complica. Mi intuición es que se subirá el IVA al 21% y que se hará para entrar en vigor el 1 de Abril, pero tampoco estoy seguro. Griñán ha convocado las elecciones andaluzas para finales de marzo, por lo que no parece que Rajoy pueda ocultar la subida del IVA si quiere que esta sea efectiva en Abril. Podría tácticamente retrasarla a Julio, pero si realmente está decidido que sea así sería gravemente irresponsable retrasarlo tres meses para ganar las elecciones en Andalucía. Lo del 21% me parece probable por el ejemplo de Italia, pero igual se podría quedar en un 20% por razones de imagen, para dejar claro que no estamos tan mal como Italia.
Yo no entiendo a Rajoy. Ocultar la verdad en campaña se podía entender por tacticismo, aunque por la situación era evidente que iban a ganar igualmente y lo único que ha provocado, aparte de 3 ó 4 diputados más, es que la palabra dubitativa de Rajoy haya perdido credibilidad. Si ahora, por razones similares, priorizan las elecciones andaluzas a la verdad, la palabra de Rajoy perderá lo que le queda de credibilidad para siempre.

miércoles, 11 de enero de 2012

¿El peor gobierno en 500 años?












Durante los años 80 el vicepresidente del gobierno de entonces, Alfonso Guerra, dijo una vez que el gobierno del que formaba parte “es el mejor que ha habido en 500 años y tardará 500 años más en haber otro igual”. Este tipo de frases eran muy típicas del estilo pendenciero de Guerra (“vamos a cambiar tanto España que no la va a conocer ni la madre que la parió”) y vistas con perspectiva suenan a cachondeo, pero bueno Guerra era y es así.
Esta frase me ha venido a la cabeza pensando en el Govern, o mejor dicho, los Governs de la Generalitat Valenciana de los últimos años, pero me ha venido a la cabeza reconvertida en la idea contraria, es decir, ¿se puede tener un gobierno autónomo peor que este? ¿Cuántos siglos tardaremos en volver a tener gente tan incompetente en la gobernación de la comunidad?

Pensará el lector que estoy exagerando, quizá pensará que los hechos que justifican este análisis son comunes a otras comunidades autónomas y que, por lo tanto, mi percepción de estar ante el peor gobierno posible no es adecuada. Puedo aceptar la segunda crítica pero de ninguna manera la primera, porque que estamos ante un gobierno y una administración política que superan todos los estándares de la degeneración política para un país occidental.
Caminar por Valencia y hablar con sus gentes es últimamente una experiencia reveladora. Si vas a un centro de salud o a un hospital verás carteles denunciando los recortes y las bajadas de sueldo del personal, si vas a una farmacia difícilmente encontrarás dos cajas del mismo medicamento (me ha sucedido), si hablas con residencias de ancianos, librerías, centros educativos concertados o, en definitiva, cualquier empresa que dependa de los pagos de la Generalitat en algún grado todas te contarán que están asfixiadas económicamente y que llevan muchos meses sin cobrar. Los funcionarios temen por sus condiciones laborales, los interinos por sus puestos, los receptores de ayudas públicas por no cobrarlas. Las empresas que se lo pueden permitir tienen absolutamente prohibido trabajar con centros públicos o dependientes de la Generalitat. Ser la comunidad autónoma más endeudada respecto a su PIB tiene estas cosas.
Y todo esto, que puede ser más o menos común a otras comunidades endeudadas, a nosotros nos genera un especial sentimiento de cabreo porque todos los días nos despertamos con noticias sobre lo que se ha hecho en los últimos años y está estallando ahora en forma de escándalos. Tenemos al expresident en el banquillo de los acusados en un juicio que cada día muestra más a las claras la evidencia de todas las acusaciones contra él, tenemos al expresidente de la diputación de Castellón y patrón de los imposibles, Carlos Fabra, ultra-imputado mientras se hace monolitos en su honor al más puro estilo Kim Jon-Il en Corea del Norte.
En Valencia, la empresa pública que gestionaba la depuradora más importante del área metropolitana de Valencia, Emarsa, ha sido saqueada miserablemente en un agujero que supera los 10 millones de euros y subiendo cada día, mientras el responsable político de este desastre sigue de vicepresidente de la diputación y, además y como si el destino se riese de nosotros, le toca la lotería de navidad. Porque esa es otra, en la sede del PP de Manises tocó el segundo premio de la lotería de navidad y junto a esta sede a toda la cúpula del PP de la provincia de Valencia (¿casualidad? Nunca lo sabremos), como si de una broma del destino se tratase. En Alicante están igual, pero en vez de residuos líquidos allí el asunto está con los residuos sólidos del plan zonal, concesionados irregularmente a los amigos de los políticos alicantinos en el famoso “caso Brugal”.

Pero no todo es corrupción directa. Todos los días nos enteramos de los entresijos de la maravillosa gestión de los políticos Valencianos. ¿Por dónde empezar? Podemos hablar de los millones de euros que se le han pagado a Calatrava por proyectos que no se van a construir, de las cláusulas leoninas del contrato de la Fórmula 1 por las que cuesta más romperlo que mantenerlo (una vez ya se acepta, aunque bajo equívocos, que aquello ha sido una puñetera ruina). ¡Ah!, que no me deje Canal 9, con el doble de plantilla que Tele 5, Antena 3 y Cuatro juntas y que va abocada a un ERE irremediable que pulverizará a más de la mitad de la plantilla y con una deuda tan escandalosa y una cuota de pantalla tan baja que parece algo propio de un capítulo de los Simpson. De hecho fijaos como son las cosas que la única serie de un mínimo éxito que tiene Canal 9, L’Alqueria blanca, según me cuentan va a dejar de grabarse porque la productora que la realiza hace más de un año que no cobra. Y no me extraña nada porque según me cuentan también en canal 9 no pueden ni cambiar los tóners de las fotocopiadoras, ya que no hay empresa que quiera trabajar con ellos.
Me vienen a la cabeza muchas cosas según voy redactando. No vamos a hablar del famoso aeropuerto de Castellón, vacío y sin uso y que cuesta más de 300.000 euros mensuales de mantenimiento, porque es muy conocido incluso en la prensa internacional (Ayer “The Guardian” hablaba sobre el aeropuerto, sobre Carlos Fabra y sobre su estatua, calificando el hecho como lo que es: Megalomanía exacerbada propia de otros tiempos y otros regímenes). Porque realmente las monstruosidades inútiles no se acaban en el aeropuerto, empiezan ahí. En Valencia hay dos hospitales con la obra casi terminada que están parados, porque aunque hubiese dinero para acabar la obra no lo habría para llenarlos de servicios y trabajadores. En la ciudad de las artes y las ciencias el ágora se usa un par de semanas al año, estando inutilizado el resto, mientras otras construcciones del área han sido alquiladas a empresas privadas ante su inutilidad manifiesta.
E insisto, esto es lo gordo, lo que se ve. ¿Y la cantidad de piscinas municipales en pueblos de 2.000 habitantes? ¿Y las pistas de pádel pagadas con dinero público en pueblos con pocos centenares de habitantes? Carreteras modernísimas y absurdas en pueblos con escaso tráfico, dinero de la diputación para los amigos. Me cuentan por la zona de Xàtiva (de donde es alcalde el presidente de la diputación de Valencia, Alfonso Rus) un caso muy curioso. Muy cerca de Xàtiva está Barxeta, que es un pueblo donde ha gobernado el PCE e IU desde la transición. Por la zona se dice, de broma, que en Barxeta son “maquis” por su tendencia política, pero también porque el municipio tiene menor grado de “modernización” que el resto de la zona, pareciendo que está en el pasado. Claro, esto era así mientras gobernó IU, porque en las elecciones de 2011 ha ganado el PP y desde entonces ha comenzado a entrar una inyección de dinero procedente de la diputación de Rus para construir un montón de cosas que probablemente serán poco útiles. Y lo más grave es que se está inyectando dinero a un municipio para “gratificarle” por la decisión política tomada, un dinero que la diputación no tiene pues estará en la reverenda ruina como todo en la Comunidad Valenciana. Así se hacen las cosas aquí.

Podríamos escribir un libro si seguimos contando, pero vuelvo a mi idea original. Al final lo que percibe el ciudadano es que se ha dilapidado su dinero en tonterías y se ha derrochado a manos llenas durante años, y eso ha generado que ahora haya una deuda que tenemos que pagar los contribuyentes con subidas de impuestos, bajadas de sueldos si eres funcionario, etc. Hay un ciclo neto, reactivo y conceptualizado desde el futuro hacia el pasado pero en definitiva neto, por el que hoy se está impagando a proveedores, subiendo impuestos, creando paro y empeorando las condiciones laborales y la calidad de los servicios públicos esenciales para pagar a Ecclestone y su F-1, a Calatrava y a toda la piara de mangantes que han saqueado nuestra comunidad de norte a sur.
¿Y sabéis lo gracioso? Que esto llevo advirtiéndolo desde hace muchos años, ante el escepticismo de todos cuando no burla general. Igual que cuando avisaba de la burbuja de la vivienda allá por 2003 ó 2004, avisé también de que Camps era peor que Zaplana ya en 2003 y que esta política nos llevaba a la ruina. La verdad es que la suma de la crisis internacional con esta situación ha generado un escenario peor del que me imaginaba, pero aún así mis previsiones han sido absolutamente certeras.

Decía un sindicato, que creo que era la UGT-PV, que iban a intentar que se procesase penalmente a los máximos responsables del gobierno valenciano de los últimos años a causa del vaciado masivo de las arcas públicas, que ha llevado al perjuicio de sus afiliados. No sé si se podrá relacional esta política de destrucción masiva del dinero de los contribuyentes con alguna figura penal, no sé si la malversación podría ser aplicable aquí, pero obviamente hay que intentar hacer algo porque no se puede permitir es saqueo absoluto de una comunidad por cuatro (o cuatrocientos) señores y sus amigos. Y que el PP haya sacado casi el 50% de los votos en las autonómicas hace 8 meses…
Y de aquí viene el título de mi texto. ¿Realmente puede haber un gobierno peor que este? Todo lo que han vendido en los últimos años se ha disuelto como un azucarillo en café del fraude, todo lo que han hecho está bajo sospecha, basado en el amiguismo, el electoralismo y la megalomanía de los cuatro caciques locales reciclados. Todas las joyas de la corona de esta comunidad en los últimos 15 años han resultado ser falsas.
Y por eso digo, parafraseando a Alfonso Guerra pero en sentido contrario, que va a ser difícil tener un gobierno peor que este en los próximos 500 años. Y no lo digo particularmente por Fabra, monigote que han puesto ahí para gestionar el desastre, lo digo por Camps, por Zaplana y por todos los que han estado en estos 10 ó 15 años que, realmente, son casi todos los que están ahora.
¿Qué estoy exagerando? Sí, bueno, quizá un poco pero vuelvo a lo de siempre, es que cuando hablamos de la comunidad valenciana la realidad supera la ficción.

miércoles, 4 de enero de 2012

El valor del dinero















Hace varias semanas que quiero tratar un tema bastante abstracto y psicológico que creo que es importante para entender gran parte del despilfarro e incluso la corrupción que afecta a nuestro país y a nuestra política. Lo he llamado “el valor del dinero” y con este título quiero referirme al valor subjetivo que las personas otorgamos a una cantidad de dinero determinado, y cómo esta percepción influye muchísimo a la hora de actuar, de comportarse y de gestionar el dinero.

Voy a contar una historia personal para que veáis que quiero decir. Yo he trabajado desde 2005 en departamentos de ventas o comerciales en distintos sectores, como creo que los lectores habituales sabéis. Mi carrera laboral ha sido, por ahora, la típica carrera con progresión de menos a más, de empresas “peores” a empresas “mejores”, de condiciones salariales relativamente modestas a condiciones laborales “buenas”. Todo esto ha pasado en parte porque yo lo he buscado, quizá en parte por mi capacidad personal, pero también ha habido un factor de azar que me ha sido favorable en este terreno y que conviene no olvidar para no creerte mejor que los demás por ciertas realidades temporales y adquiridas.
Bien, en esta progresión he vivido también un aumento importante de cantidad económica que pagan mis clientes por los servicios que mis empresas les prestan. Este concepto es relativo, porque el tamaño de una facturación no es directamente proporcional al dinero que realmente se gana. Un producto o servicio puede llevar más o menos margen, y si se factura menos pero con más margen puede ser que la actividad sea mucho más rentable a pesar de que sus cifras de facturación sean mucho menores.
Sin embargo psicológicamente y de forma instintiva sólo vemos el valor de los números facturados, de los que manejamos. Unas facturaciones enormes nos parecen reflejo de importancia y de ganar mucho dinero, y unas facturaciones modestas nos dan la sensación de lo contrario.

En mi primer trabajo en ventas en 2005 mis clientes facturaban poco. Un cliente medio podía hacer operaciones de 500 euros, y a lo mejor hacía 3 ó 4 al año. Obviamente tenía más de un centenar de clientes, aunque el valor de la cartera total podía no exceder los 200.000 euros anuales de facturación. Claro, los márgenes de beneficio de estas operaciones podían ser del 30 ó 40% (muchas veces no directos, sino por operaciones de “logística” que se hacían por detrás). Sin embargo mentalmente creabas una sensación, que era más o menos que un cliente que facturaba 2.000 euros al año era un cliente medio, un cliente que facturaba menos de eso era un cliente pequeño, y un cliente que facturaba, por ejemplo, 10.000 euros anuales te parecía un cliente grande e importante. Y esta forma de “compartimentar” es importante para quienes tenemos un trato directo con el cliente, porque los esfuerzos y dedicación con un cliente al que consideras “grande” siempre son mayores, por pura lógica empresarial y económica. Recuerdo ahora una operación de unos 20.000 euros que hice con un cliente que me supo incluso mal cuando vi que el beneficio que se obtuvo por detrás de la operación, por encima del 80% en una operación sencillísima de compra-venta. Al cliente lo llevé en volandas desde entonces, la verdad es que se lo merecía: Le había pegado un “cañazo” de miedo.*
Algunos años después, en 2009, entré en mi actual empresa. Recuerdo que en segundo o tercer día tramité mi primer contrato, que suponía para el cliente un coste de unos 25.000 euros anuales. Psicológicamente a mi me parecía un cliente grande, y me sorprendió que se me diese un cliente así siendo el nuevo que llevaba dos días. Yo tenía bastante experiencia en ventas de forma genérica pero no en mi actual sector, del que desconocía bastante el funcionamiento real del mercado y la vasta legislación.
Pero mis compañeros no le daban la menor importancia a este cliente, que me habían soltado casi para “romper mano”. ¿Por qué? Pues porque en mi actual empresa un cliente medio factura unos 100.000 euros anuales, y mi cuenta y la de mis compañeros está plagada de clientes que facturan 300.000 euros anuales. Un cliente de 25.000 euros anuales era un cliente pequeño, que tampoco tenía la menor importancia para la empresa o para la delegación. ¿Cómo puede ser esto? Es muy sencillo, es cuestión de márgenes comerciales. Mi actual sector es muy complicado con infinidad de operaciones económicas paralelas tanto financieras como reales, pero a priori el beneficio de este cliente podía ser un 1 ó 2% respecto a su facturación. En cierta manera, era equiparable a uno de la otra empresa que facturaba 10 veces menos.
Recuerdo todavía mis sensaciones al hacer aquel contrato. Tuve muchísimo cuidado con todos los detalles, comprobé todo tres veces, y no sólo por mi desconocimiento y falta de experiencia en el sector y en los términos del contrato, lo hice así porque me parecía que un cliente que gastaba ese dinero merecía una dedicación importante. Si supieseis como hago ahora los contratos de ese tamaño y el tiempo que dedico a esos clientes…. No me malinterpretéis, no es cuestión de minusvaloración del cliente ni nada parecido, simplemente es una cuestión de tiempo y de focalización de recursos en otros clientes más interesantes (y también, claro, de la experiencia adquirida que agiliza los trámites). De hecho siempre he tenido muy claro que cada uno paga en función de sus posibilidades y su tamaño, y aunque para mí una factura de 2.000 euros pueda ser poco para quien la paga es mucho dinero, y merece una atención exquisita, sincera y extremadamente profesional. Cosa distinta son las prioridades, el tiempo que estés dispuesto a gastar y hasta qué punto puedes aceptar ciertas negociaciones poco serias. A un cliente de 1 millón de euros puedo pasarle cosas por pragmatismo (y con un límite, porque exijo seriedad y sobretodo honestidad en las relaciones comerciales), pero un cliente de 20.000 euros no me puede venir con una exigencia inaceptable porque no se la pienso aceptar ni conceder.
Pero, en definitiva, muchas veces entre los compañeros hacemos comentarios sobre los clientes en base a nuestras referencias subjetivas. “¿Quién se cree que es este cliente, que gasta 30.000 euros al año y se cree que hay que echarle la alfombra?”; comentarios así son muy habituales en los cafés o en la oficina. Para el cliente 30.000 euros es mucho dinero, pero para nosotros no lo es y subjetivamente nos parece un caso de poca importancia.

¿Qué he querido contar con esto? Bien, a veces me imagino que en vez de ser trabajador de mi actual empresa soy consejero de una comunidad autónoma o ministro, con partidas presupuestarias de miles de millones de euros. Y si mi punto de vista, ahora, está condicionado por la cantidad de dinero que muevo, ¿cómo sería si fuese ministro?
Me imagino que para estos altos cargos políticos y para su subjetiva percepción una partida de dos millones de euros es calderilla. Una subvención de 100.000 euros es algo que no tiene la menor importancia y se puede dar o no dar sin perder el tiempo. Construir un puente, una rotonda, arreglar una calle (¿Qué son 4 millones de euros?), decidir una empresa concesionaria u otra por diferencias de 20.000 euros anuales debe resultar ridículo si te dejas deslumbrar por el tamaño de las cifras que manejas.
Pero igual que para mi cliente esos 20.000 euros es mucho dinero, para el ciudadano cualquiera de estas partidas debería ser mucho dinero también. Y para estos gestores, que no son uno ni dos sino que son miles repartidos por todas las administraciones públicas, debería ser mucho también.
En este contexto para que la gestión del dinero público sea correcta hacen falta dos cosas. Primero que el ciudadano, que es el que paga, tenga conciencia de que el dinero público que se gasta es en parte suyo y sea exigente y auditor con lo que se hace con él. Y por otro lado también es muy importante que el gestor del dinero público sea consciente de la realidad de las cifras, que no se deje deslumbrar por las mismas y que entienda que está trabajando con algo que es especialmente sensible, con un dinero que los ciudadanos no pagan voluntariamente sino que les es exigido como parte del contrato social, y que por lo tanto cada euro implica una responsabilidad con la sociedad en su conjunto.

Creo que es muy interesante analizar este tipo de sensaciones y percepciones, porque entendiendo la psicología humana se pueden entender muchas cosas sobre el funcionamiento de la sociedad y el estado.
Esta sensación de dinero infinito, que no es de nadie, de tener grandes cantidades disponibles ha llevado a mucho despilfarro administrativo y a la promoción de barbaridades por puro electoralismo que parecía que se pagaba con el dinero de nadie. Mirad como está mi comunidad valenciana, arruinada y teniendo que ser avalada por el estado para no entrar en quiebra. Todo esto producido por la megalomanía de nuestros políticos, el electoralismo pagado con dinero público, el despilfarro generalizado y la corrupción. Porque también la corrupción tiene un caldo de cultivo ideal en estas percepciones de que grandes cantidades de dinero “no es nada”. ¡Ah!, y también por una ciudadanía que ha permitido que se juegue con su dinero faltando a su responsabilidad auditora.
¿Cuál es la solución? Mucha ética, mucha responsabilidad y establecer los mecanismos necesarios de control y concienciación de los gestores públicos para que sean conscientes de que cada euro cuenta. Esa es la receta que me aplico en mi trabajo para no caer en el desprecio al cliente pequeño y para maximizar la eficiencia de mi trabajo, y por lo tanto también puedo y debo exigirla a nuestros gobernantes.


*Esta empresa, la del “cañazo”, me ofreció trabajo un par de meses después de la famosa operación (era un empresa farmacéutica, yo soy químico de formación). Cuando me ofrecieron que trabajase para ellos pensé en cuál sería su percepción si supiesen realmente que hubo detrás del telón de aquella operación (igual me hubiesen hecho director comercial). Rechacé el trabajo por varias razones, ante su decepción porque realmente querían contar conmigo. Un mes después contrataron un compañero mío de carrera, al que espero que le vaya muy bien.

lunes, 2 de enero de 2012

Los ajustes del gobierno: Realidades y apariencias


El ministro de economía, Luis de Guindos













El gobierno de Mariano Rajoy ha tardado un consejo de ministros en hacer lo que todos aquellos que no estaban cegados por la afinidad o anestesiados por la esperanza sabían, esto es, subir impuestos. De lo poco que dijo en campaña electoral, que se podía resumir en dos generalidades, la primera que no iba a subir impuestos y la segunda que no iba a recortar en servicios básicos como la educación y la sanidad, ya ha incumplido el 50% y se abren las apuestas para ver cuánto tardará en incumplir lo segundo, con una fecha destacada en la cabeza de todos: El mes de marzo (personalmente creo que no lo hará en marzo y que tardará más, pero ya veremos).
Realmente este gobierno no ha hecho nada que no haya hecho el anterior respecto a sus promesas. El gobierno Zapatero se dedicó a dar bandazos y a incumplir no sólo su programa sino sus propias convicciones y principios desde mayo de 2010. Este gobierno ya ha hecho exactamente lo mismo y las razones que podría esgrimir son las mismas, esto es, urgencias económicas, inevitabilidad, etc. Sin embargo creo que hay mucho que analizar de estas medidas y con el análisis intentaremos prever lo que nos espera.

Cuando llegó este gobierno, que para mí no es más que la otra cara de la moneda que el gobierno saliente, me propuse no ser agresivo en los análisis de sus decisiones y analizarlo exactamente con los mismos ojos que al gobierno anterior, y eso es lo que voy a hacer a continuación.
En mi opinión estas medidas tienen dos bloques claramente definidos. El primero es en el que se han centrado los medios de comunicación, es decir, todo lo que representa subidas de impuestos y recortes de gasto, concentrado fundamentalmente en la agresiva subida del IRPF (habría que inventar un término como IRrePeFazo o algo así), la subida de impuestos a las rentas del capital y quizá el IBI, pero donde incluiríamos también la eliminación de las ayudas al alquiler, la eliminación de los planes de pensiones privados de los funcionarios y la congelación de sus salarios y algún recorte más. Un segundo grupo de medidas lo enmarcaríamos en el grupo de la vivienda, con la recuperación de la deducción como medida clave.
Empiezo dando una opinión: Estoy parcialmente de acuerdo con todo lo que implica el primer bloque, es decir, con las subidas de impuestos y con ciertos recortes, y quiero remarcar el adverbio parcialmente porque tengo dos grandes discrepancias de fondo que explicaré después. Pero sí, en parte lo puedo entender y defender. ¿Por qué? Muy sencillo, porque se basa en repartir equitativamente los esfuerzos económicos para solventar la situación que tenemos, y el IRPF en principio por su progresividad parecería un buen instrumento para que todo el mundo contribuya contribuyendo más y en mayor porcentaje quienes más ganan. Con el aumento del IBI podríamos dar argumentos similares, pues se supone que la subida gravará a aquellas viviendas que superen los estándares medios y, además, cumpliría también uno de los principios que he expuesto muchas veces, este es, que en la época anterior hay quien se ha enriquecido gracias al endeudamiento generalizado de la sociedad y creo que deben ser a esas personas a quienes se les exija una contribución mayor para la salir de esta situación. Y, a pesar de la realidad del mercado de la vivienda, creo que quienes han adquirido ciertas viviendas en el pasado han visto multiplicado su valor patrimonial (fundamentalmente aquellos que compraron antes del euro).
Por favor, ponedle un gran “pero” al párrafo anterior, luego lo veremos.

Un pequeño inciso. Recordemos las subidas de impuesto del gobierno Zapatero y la “joya de la corona” de ellas, el aumento del IVA, y analicémosla y comparémosla con esta y veremos hasta qué punto el eje derecha-izquierda ha sido totalmente superado y destruido por la realidad.
En base a nuestros análisis preconcebidos diríamos que una subida de impuestos es algo propio de la izquierda mientras una bajada es algo propio de la derecha. Esto es un mito que no tiene mucho sentido como he explicado muchas veces, pero sí podríamos decir con menos margen de error que una subida de impuestos progresivos sería de izquierdas, mientras que una subida de impuestos porcentual igual para todo el mundo se centraría en una necesidad recaudatoria y no tendría por qué ser de derechas o izquierdas, aunque la elección de una subida de estos impuestos (como el IVA) sobre otros progresivos (como el IRPF) sí parecería propio de un gobierno de derechas.
Pues bien, resulta que la subida del IVA la ha llevado a cabo un gobierno nominalmente de izquierdas, mientras que la subida de un impuesto progresivo la ha hecho un gobierno nominalmente de derechas. ¿Tiene esto algún sentido? Sí, uno muy claro: El PP y el PSOE son esencialmente lo mismo, no tienen ideología realmente y sus decisiones políticas se basan en urgencias económicas y en reacciones a las imposiciones del exterior.
Me resulta muy gracioso ver como esta derecha nominal ha subido el tipo máximo del IRPF al 55%, cuando la subida del 43% al 45% que hizo el anterior gobierno fue tachada de demagógica, y el complemento de IRPF que quería aplicar el gobierno del tripartito en la generalitat catalana para llegar al 50% de tramo máximo en Cataluña fue tildado casi de “soviético”. ¿Si el 50% era soviético qué es el 55%? Pues es la confirmación de la infinita demagogia de los políticos de nuestro país.
Ah!, no he dicho nada sobre las subidas del impuestos a las rentas del capital. Aquí estoy absolutamente de acuerdo sin duda alguna, aunque sigo creyendo que se debe crear un tipo único para todas las rentas, del capital o del trabajo.

Vayamos ahora a los “peros”. Tengo dos discrepancias fundamentales con esta medida.
La primera es que, fuera del tramo máximo que sí que he pensado siempre que debería ser aumentado (aunque el 55% quizá parece excesivo), creo que no había casi margen para gravar más las rentas del trabajo. El gobierno ha dicho que el aumento es temporal y para dos años, pero si este aumento es el que mantiene el déficit a raya nos podemos encontrar fácilmente en la situación de no poder prescindir de él y entonces se convertiría en indefinido. Las rentas del trabajo están ya muy gravadas y creo que, junto con la cuota empresarial a la S.S, eran los impuestos que tenían menos margen de subida.
De hecho esta es una subida que afecta fundamentalmente a la clase media y medio-alta, a aquellos que cotizan sus rentas fundamentalmente del trabajo y también algo de rentas del capital. El problema no es que la clase media y medio-alta colabore con el bienestar del país, que debe hacerlo, el problema es que mientras estos segmentos son más gravados las clases más altas no lo son. ¿Por qué? Pues porque las rentas más altas computan normalmente sus beneficios como “sociedades”, y están sujetos al impuesto de sociedades, impuesto que si bien es el 30% nominal acaba realmente siendo mucho menos por la infinidad de deducciones que existen, y muchos acaban cotizando a menos del 20%.
Entonces, al final, resulta que cualquier asalariado que cobre más de 35.000 euros brutos anuales va a pagar más impuestos porcentualmente hablando que cualquier gran empresario que tribute como “sociedad”, y esto no puede ser. Y hablo de sociedades porque hablar de aquellos que llevan sus empresas a países con menores impuestos, su dinero a paraísos fiscales, etc. Está fuera del alcance de este reciente gobierno por ahora.
Lo primero que debía haber cortado este gobierno era la enorme cantidad de deducciones fiscales sobre el impuesto de sociedades. Ahí está la gran sangría de recursos públicos e independientemente de que este impuesto deba ser el 30%, el 25% o el 40%, sea lo que sea debe ser real y debe aplicarse íntegro excepto en casos justificadísimos y con impecable transparencia.
Nuestro sistema fiscal está absolutamente descompensado y hay que reformarlo íntegro. Parece no estar adaptado a la nueva realidad del país y además está sobrepasado por la realidad de la globalización. Los recursos deben ser adquiridos de una correcta aplicación del impuesto de sociedades, de una tributación progresiva y coherente de las rentas del capital (aquí sí que estoy bastante satisfecho, como primer paso, con lo que ha hecho el gobierno), con la aplicación de una tasa a las transacciones financieras de carácter supranacional y con una lucha sin cuartel contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales.
Ahí es donde se ve un gobierno competente, si encuentra fórmulas para hacer esto y tiene voluntad política para hacerlo. Sobrecargar rentas del trabajo, cotizaciones sociales o impuestos al consumo no es adecuado, es el camino fácil, es el que te concede un aumento de la recaudación instantáneo, pero no es el correcto. Sobrecargar de impuestos a quienes ya los están pagando cuando tienes altas tasas de fraude en otras parcelas es una injusticia y lo contrario de lo que debe hacer un estado que quiera establecer la justicia fiscal.

Esta es mi primera discrepancia, pero tengo otra muy importante. La segunda es la parte de este paquete de la que menos se ha hablado, esta es, de la recuperación de la deducción por vivienda habitual y del mantenimiento del IVA súper reducido para la vivienda nueva. Ya hablé del tema del IVA súper reducido en este artículo de hace unos meses y los motivos de mi rechazo valen también para la recuperación de la deducción por vivienda habitual.
Esta deducción fue uno de los pilares, aunque no el principal, sobre el que se edificó la burbuja inmobiliaria en España. Subvencionar la primera vivienda podría parecer una buena idea pero lo único que produjo es que, con más renta disponible para las personas, las viviendas subiesen todavía más y los constructores y promotores se enriqueciesen a costa de los recursos del estado. Su eliminación fue una medida acertada del gobierno anterior, y su recuperación un gran error que será, además, inútil.
Además, en un contexto de aumento de IRPF resulta que a quienes compren una primera vivienda les vamos a dar una desgravación. Es decir, la subida de IRPF de todos va a servir para pagarle las devoluciones a quienes compren vivienda. La idea es contradictoria en sí misma, sino fuese por la necesidad imperante que ve este gobierno para darle una salida a tanta vivienda vacía que hay en España.
Pero el problema es más grave aún. La vivienda en España es algo que está todavía absolutamente sobredimensionado. Sus precios son mucho más altos de lo que se puede permitir un país como el nuestro y su tendencia bajista es inevitable. Con una medida así lo único que se pretende es que se reactive el mercado de la vivienda y evitar su caída de precio, pero esto que podría parecer económicamente algo bueno no es más que volver a los errores del pasado, es “pan para hoy hambre para mañana”.
El crédito en España y en todo el mundo está muy limitado y muy posiblemente jamás estará como a los niveles precrisis. Hay una carencia de crédito general, y ese poco crédito es muy importante usarlo muy bien y que vaya a financiar fundamentalmente actividades que creen riqueza. Destinar el crédito a activos que van a bajar inevitablemente de precio es una locura que sólo ahondará en nuestro problema principal (que es el endeudamiento privado mucho más que el público), aunque es algo que depende del prestamista y el prestatario en una operación privada. Pero que el estado esté devolviendo impuestos y recursos que necesita (porque recordemos, tiene un déficit elevado) para potenciar que el crédito se invierta en activos que van a perder valor es un suicidio económico. Y que se esté subiendo los impuestos a los trabajadores para financiar esto es casi una canallada si no fuese porque el gobierno tiene un objetivo adicional en todo esto. Un estado o un sistema se puede endeudar para crear actividad económica, porque si la inversión es correcta el beneficio que se genera cubre en retornos el pago de la deuda sacaremos un saldo positivo de todo esto. Pero destinar recursos, del estado y del sistema financiero a algo que hoy vale 100 y que en pocos años valdrá 75 es absurdo, por mucho que se genere actividad económica temporal.
¿Si es tan evidente, porque lo hacen? Puede ser, en parte, por interpretaciones ideologizadas y descontextualizadas de la curva de Laffer (bajando impuestos reactivaremos la actividad económica y, con más actividad, recaudaremos más aunque cobremos porcentualmente menos), inaplicables a este caso, pero no creo que sea el motivo principal. Porque el motivo principal, muy bien lo habéis adivinado, es ayudar a los bancos a que se deshagan de su cartera inmobiliaria, que los lastra y que parecen al borde de no poder provisionar las pérdidas en su contabilidad (como muy bien me contó un amigo auditor de cuentas el otro día). La medida de reactivación del mercado inmobiliario está hecha a favor de los bancos, y creo que esto muestra que el gobierno va a acabar creando el famoso “banco malo” con el que no se han comprometido aunque parece que el ministro de economía está a favor.

Las medidas del gobierno creo que nos muestran que podemos esperar cualquier cosa en los próximos meses. Una subida del IVA en marzo me parece muy probable, y posiblemente una reducción de sueldo o de algún beneficio de los trabajadores públicos también. Hacer conceptualizaciones sobre qué puede hacer el PP en función de lo que dice o lo que supuestamente debería hacer un gobierno de derechas no tiene sentido, pues el PP, igual que el PSOE antes, ha demostrado que sólo hay dos parámetros que le vayan a preocupar: El déficit, y el saneamiento del sistema bancario.
La ministra de trabajo ha dicho que estas medidas han sido necesarias porque han recibido un país en la ruina económica y social. La ministra tiene razón, pero no debería olvidar que su partido, el PP, es tan responsable como el otro partido de turno de esta ruina económica y social, porque las medidas económicas (burbuja inmobiliaria, fiscalidad anticuada, bajadas de impuestos populistas) y políticas (despilfarro de las administraciones públicas, creación de infraestructuras con afán electoralista, gestión deficiente de la administración, corrupción, etc.) que nos han llevado aquí han sido íntegramente compartidas por todas las administraciones públicas de los últimos 20 años independientemente quién haya gobernado de estos dos partidos.

Ah!, se me olvidaba. Antes de que los españoles supiésemos nada de estas medidas el gobierno Alemán estaba absolutamente informado y dio su “visto bueno” a las mismas. Aún no hemos llegado al caso de Irlanda, donde la subida del IVA era conocida en el Bundestag tres semanas antes que en el parlamente Irlandés, pero tampoco estamos muy lejos (la mayoría de diputados y miembros importantes del PP no tendrían ni idea de lo que se cocía mientras los Alemanes estaban perfectamente enterados).
Tiempo al tiempo. Hace casi dos años que comenzó el camino de la servidumbre y de la sumisión ante la ortodoxia prusiana y estamos profundizando en él con el paso de los meses. No está tan lejos el día que conectemos en directo con Berlín para el mensaje de año nuevo.