La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 28 de febrero de 2012

Trabajo y movilidad geográfica















He oído hasta la saciedad que uno de los problemas de nuestro mercado laboral es la falta de movilidad geográfica de los trabajadores. ¿Es eso cierto? Bueno en parte sí, pero como nos pasa siempre en este país de tanto repetir las cosas nos las creemos sin analizarlas, sin dudar de la filosofía dominante y las extendemos hasta el extremo sin pensar en las consecuencias.
Hoy parece ser que una actitud adecuada de los trabajadores debería ser aceptar cualquier puesto de trabajo que les saliese sea donde sea, sin dudar lo más mínimo que eso es de vagos y maleantes. Coger la maleta e irte a la otra punta del país ante una oportunidad laboral si no tienes empleo, o ante cualquier mejora de condiciones si lo tienes, eso es lo propio de un buen trabajador y de un mercado laboral “moderno”…Tengamos cuidado con estas simplificaciones por favor.

Se me ha ocurrido hablar sobre esto porque una persona cercana a mí se quedó en paro hace poco más de un mes. Él es un ingeniero de menos de 30 años. Hace uno días hizo su primera entrevista de trabajo para una empresa de Sevilla. No estaba muy convencido de que le fuesen a seleccionar, incluso no se le veía nada ilusionado con la posibilidad de ir a Sevilla pero finalmente la empresa le seleccionó. Empieza el 1 de Marzo.
Mi amigo ha tenido mucha suerte. En una especialidad como la suya (Ingeniero de caminos) el trabajo escasea y de hecho la mayoría de sus compañeros de promoción están en paro. En la mentalidad de estos profesionales está la idea de que sólo van a encontrar oportunidades laborales en el extranjero ante el parón absoluto de la obra pública y las grandes construcciones en España. Quizá por eso aceptó esta oportunidad, porque ante la perspectiva de abandonar España irse a Sevilla no estaba tan mal.
Cuando le salió la oportunidad pensé que, quizá, esta oportunidad le llegaba demasiado pronto. Con un escaso mes de paro puedes tener la tentación de esperar a que salga algo más próximo o algo mejor (el trabajo tampoco es ninguna maravilla, es un consulting que le paga el salario de convenio para ingenieros en despachos técnicos), mientras que si un trabajo así te sale con varios meses de paro y entrevistas fallidas lo coges con mucha más ilusión y ni te planteas no cogerlo. Yo no sé hasta qué punto dudó en aceptar este trabajo o no, según él no dudó pero me imagino que algo de duda le surgiría.

Pero bueno Pedro ¿cómo hablas de dudas? ¿Un joven en paro que encuentra trabajo? ¡Debe de irse a cualquier sitio sin dudar!” Esto es lo que estaréis pensando ¿verdad? Pero es que las cosas no son tan simples.
Mi amigo se compró un piso hace casi dos años en una ciudad de la provincia de Valencia, donde vive con su novia. Su novia trabaja en la misma empresa desde hace muchos años en esa misma ciudad. Aceptar este trabajo representa separarse de ella y dejar una casa de la que tiene que pagar hipoteca, es decir, tendrá que pagar el alquiler en Sevilla y media hipoteca de su casa en propiedad en otra provincia, además de paralizar los planes de futuro que puedan tener. Ellos no tienen hijos y sus familias viven también en esa ciudad.
Ella quizá podría pedir el traslado a Sevilla y, si sale una plaza en los próximos meses, le podría ser concedida, pero eso no sería inteligente. El trabajo de ella es estable y si se traslada tendría dificilísimo volver. A él no sabemos lo que le durará el trabajo con un contrato por obra y servicio en un consulting. Si ella se traslada se pueden encontrar en unos meses en Sevilla, él en paro y ella sin posibilidad de volver a su puesto anterior, teniendo que vivir allí y pagar otra hipoteca.
Ojo, yo le dije desde el primer día que tenía que aceptar el trabajo de Sevilla, que para cambiar de trabajo o dejárselo siempre está a tiempo (aunque perdería el derecho a paro), pero aún así comprendo que debería tener muchas dudas.

Os he dado el caso de una pareja joven que conozco pero quiero que ahora extendáis el caso a otra pareja más mayor y con hijos. Imaginad que uno de los miembros de la pareja trabaja y el otro no, ¿cómo se va a trasladar toda la familia? A no ser que sea por un trabajo excelente es imposible de plantear. O se traslada solo el miembro que ha encontrado el trabajo, separando la pareja, o lo rechaza.
Incluso aunque el trabajo del otro miembro de la pareja no sea muy bueno no debemos olvidar en qué país estamos. Estamos en España, 20% de paro, y en estas condiciones es muy complicado encontrar nuevos empleos más que nada porque no se generan. En países con desempleo bajo y en los que las condiciones económicas sí permiten una creación de empleo relativamente ágil sí es planteable que ciertas personas dejen un trabajo para acompañar a su cónyuge a una aventura laboral en otro lugar, pues se supone que tardarían poco en encontrar otro similar. Un dependiente de una tienda, un administrativo sin un puesto de responsabilidad o cualquier trabajo que no necesite un tiempo de maduración en el mismo son ejemplos de puestos que podrían ser de alta rotación y se podrían dejar y encontrar con facilidad. Pero, ¿en España? No, esto no es planteable en España, lo siento.
Y hay situaciones adicionales como la de los hijos. ¿Y si la familia ayuda a cuidar a los hijos cuando ambos cónyuges trabajan? Ante un traslado eso se pierde y puede ser muy necesario ante jornadas completas de trabajo. Empiezas a hablar de canguros y guarderías e, insisto, esto es España y los sueldos que se suelen ofrecer son bajos y más en este momento económico. A todo esto sumadle las indemnizaciones acumuladas por despido, que se pierden ante un cambio de trabajo, y los deficientes mecanismos del desempleo.

La movilidad geográfica no es tan fácil, lo siento. Sí lo es para gente joven, pero es que creo que pocos jóvenes dudan ya en salir a trabajar fuera de su provincia e incluso de su país. Pero en familias formadas es más difícil, y si tienen hijos y el otro cónyuge trabaja pues muchísimo más. Hoy hace falta dos sueldos medios (por lo menos uno medio y otro a tiempo parcial) para mantener una familia y esa realidad complica la movilidad.
El otro día decía un miembro de la CEOE que los españoles en paro debían aceptar cualquier puesto de trabajo aunque fuera en Laponia. Estaba hablando de las prestaciones de desempleo y ese es un tema ajeno al de esa entrada, pero me vale como conceptualización general de qué se le pide al trabajador español desde ciertos organismos o filosofías.
Se nos quiere meter en la cabeza, como parte de esta política del miedo en la que vivimos, que debemos de volver a tener prácticamente una mentalidad emigrante. Ir a donde haya trabajo, dejarlo todo ante un empleo, perder raíces y lazos familiares o de amistad si es necesario. Luego, claro, se habla de defender a la familia desde los posicionamientos más cínicos conocidos. La familia sirve como argumento cuando quieres proyectar tu particularísima moral sobre los demás o cuando interesa para justificar ciertas chapuzas económicas, pero cuando lo interesante es que la familia sea algo permeable y flexible entonces se puede defender cualquier cosa que la dañe con una sorprendente doble moral. Porque que los gays se casen hace daño a la familia, mandar a maridos a trabajar a la otra punta de España sin sus mujeres y su familia parece que no.
Las migraciones económicas dentro de un propio país han sido habituales siempre. Cataluña recibió muchísima emigración de Andalucía hace décadas, igual que Madrid o Valencia recibieron gentes de zonas más rurales y más atrasadas. Pero entonces ni teníamos la riqueza ni el desarrollo regional que tenemos ahora, ni trabajaban las mujeres generalmente. Son épocas incomparables, pero es que aunque fuesen comparables parece que hay gente a la que le parece bien que volvamos a finales de los 50 o principios de los 60.

Y cuidado, sí es cierto que hay cierta aversión en el Español a buscar trabajos en otras provincias (lo que dijo este señor de la CEOE de que la gente era reacia a trabajar dentro de su propia provincia es mentira, a no ser que se refiriese a esas personas a las que les pagan salarios miserables y tienen que ir a trabajar a un polígono industrial e ir en coche haciendo 200 km al día. Quizá lo que pretenden estos señores es que se trabaje perdiendo dinero). Pero eso es una cosa y otra es ir radicalmente hacia el otro extremo, hacia una movilidad absoluta que no es lógica, razonable ni se adapta a la realidad de nuestra economía.
¿Quieren aumentar la movilidad? Bien, yo también quiero. Pues que empiecen por cambiar cosas lógicas, como por ejemplo acercar nuestro sistema de indemnizaciones por despido al modelo austriaco y así evitar que se pierdan en el cambio de empresa, incentivando a la gente a arriesgarse más. Que intenten fomentar la movilidad geográfica en las grandes empresas mediante los mecanismos legales adecuados e incentiven al trabajador con deducciones en el pago de impuestos. Que reformen las prestaciones por desempleo pero no obligando a la gente a aceptar trabajos en Laponia, sino permitiendo que los periodos de cotización inconexos puedan unirse y permitiendo un cobro extraordinario de parte de las prestaciones pendientes por cambio de provincia o comunidad.
Esto son medidas lógicas y con estas se llegará hasta dónde puede llegar, que sería bastante no tengáis duda. Lo otro, el querer impulsar la movilidad laboral a base de palos y sin entender las circunstancias personales de cada uno, es intentar crear una clase trabajadora nómada al servicio de los intereses empresariales. Y eso no es impulsar una sociedad, es impulsar un mercado persa.
Ya lo avisó Jaques Attali en su “breve historia del futuro”, la clase trabajadora del futuro será una clase nómada y apátrida en busca de trabajo alrededor del mundo, dejando atrás tierras que acabarán degradadas y a merced de toda clase de desaprensivos. Cada vez que veo como evolucionan las cosas me doy cuenta que Attali tenía una visión muy certera de las fuerzas que dominan la economía global y cuál es su posible camino. Pobres de nosotros como siga acertando.


P.D: La reseña del libro de Attali, en este antiguo escrito.

viernes, 24 de febrero de 2012

La primavera valenciana













Me gusta más "primavera valenciana" que "primavera estudiantil" porque creo que representa mejor la esencia de los acontecimientos como explicaré a continuación, aunque tampoco me entusiasma esta adjetivación de todo con las mismas palabras. Cualquier movimiento de protesta importante o que aspire a serlo recibe inmediatamente el apelativo de “primavera” si el calendario lo permite. Hemos tenido primaveras árabes, primavera de Praga y ahora la tenemos valenciana en pleno Febrero. Aún así primavera valenciana suena muy bien, para que vamos a engañarnos.

¿Qué es la primavera valenciana? ¿Es un movimiento de protesta estudiantil, algo así como un mayo del 68 algo más terrenal? No, no lo es o por lo menos no lo es principalmente. Este movimiento del que aún no vemos el final empezó como una protesta estudiantil pero rápidamente ha evolucionado a una protesta global contra la política de nuestros gobiernos, central y sobre todo autonómico, gracias a un amplio sentimiento de hastío, engaño y frustración que tiene parte importante de la ciudadanía valenciana.
Creo que debemos explicar cronológicamente los acontecimientos. Como la mayoría sabréis los colegios de la comunidad valenciana no pueden pagar a sus proveedores porque el consell les adeuda la partida presupuestaria de los últimos meses de 2011 (partida que creo que pagaron la semana pasada). Esta realidad ha llevado a que los colegios dejasen de pagar a sus proveedores y tuviesen que priorizar pagos con el poco dinero que tenían. Algunos colegios se han encontrado que sólo podían pagar la luz eléctrica y, por lo tanto, impagaron las facturas de gas natural lo que les llevó a tener cortes de suministro de gas. Sin gas natural no hay calefacción y de ahí vienen esas famosas imágenes, un tanto preparadas pero que expresaban una situación real, de clases de colegios e institutos valencianos con alumnos cubiertos con mantas.
Uno de esos institutos ha sido el IES Luis Vives, quizá el más céntrico de Valencia. Desde hacía un mes todos los miércoles muchos alumnos hacían una sentada en la calzada en señal de protesta, sentada que duraba poco rato pero que provocaba cierto colapso de tráfico al hacerse en una calle tan céntrica. Sin embargo el miércoles 15 de Febrero fue diferente pues agentes de policía recibieron la orden de desalojar a los alumnos de la calzada en cuanto iniciasen la protesta, orden que dio el Jefe de policía de Valencia por orden a su vez de la delegada del gobierno.
Al desalojar a algún policía (o a la globalidad, porque cuando la policía actúa en bloque ciertas actitudes se contagian) se le debió ir la mano ante cualquier provocación, lo que provocó una situación en la que los alumnos tenían todas las de perder. El excesivo “celo” policial al desalojar a unos estudiantes de la calzada prendió la llama. La noticia se extendió y lo que era una protesta por los impagos a los colegios se convirtió en una protesta contra la actuación policial. Al día siguiente la protesta creció con estudiantes y personas ajenas al instituto y la policía, seguramente también indicada por sus mandos policiales y políticos, actuó contundentemente.
Y a partir de ahí ya sabéis lo que ha pasado. Cada día que pasó la indignación fue mayor, y la dureza policial en vez de aplacar la protesta la ha encendido más. Los responsables policiales hablaron de “enemigos”, en un claro desliz que muestra que realmente estaban intentando acabar con la protesta, no controlarla para evitar excesos. Padres, estudiantes universitarios y ciudadanos se sumaron a las protestas, mientras el PP usaba su libro de estilo para acusar de todo a la “extrema izquierda” e intentar despistar con sus típicas teorías conspiranoicas.
Después de varios días de decisiones estúpidas alguien con dos dedos de frente en el gobierno debió darse cuenta que estaban creando problemas en vez de aportando soluciones y se dio la orden de no intervenir en las protestas de forma violenta y de resistir todas las provocaciones que se pudiesen recibir. Las manifestaciones del martes y miércoles en Valencia tuvieron una mínima presencia policial y muy discreta en todo momento, en claro contraste con los días anteriores.

Cuando la delegada del gobierno dio orden de no permitir las protestas de unos estudiantes de instituto no lo hizo por ninguna veleidad policial, lo hizo porque políticamente había un objetivo muy concreto. Los recortes de las comunidades autónomas están enardeciendo a parte importante de la ciudadanía (funcionarios, alumnos y padres de colegios e institutos públicos y concertados, libreros, farmacéuticos, pequeños empresarios asfixiados por los impagos, etc.) y las políticas del gobierno central también (asalariados de empresa privada y sindicatos fundamentalmente). Ya existía, además, unos movimientos de indignados más o menos estructurados cuya base son jóvenes parados o precarizados y jubilados con pensiones paupérrimas. Todo esto es un cóctel peligrosísimo que a cada nueva medida se agita más. En pleno conflicto por una reforma laboral que perjudica a más de 12 millones de asalariados no se podía permitir un nuevo foco de protesta, con el riesgo certero de que toda protesta se puede unir a otra y crear una mucho mayor.
Estoy convencido que hay órdenes desde el gobierno de la nación para no mostrar tibieza ni dudas ante protestas que no sean escrupulosamente legales y que cumplan todos los requisitos administrativos. El gobierno no quiere que se le suban a las barbas pues prevé unos tiempos complicados con protestas generalizadas, protestas en las que de una u otra manera van a tener al PP en el punto de mira. Es lo que tiene haber ocupado casi todo el poder político del estado.
Pero esta estrategia era muy peligrosa y se ha demostrado a la primera ocasión. A la hora de tratar este tipo de conflictos es necesario tener mano izquierda y mucha inteligencia, porque cualquier exceso acaba generando situaciones como estas de Valencia. Si tu órden es “ser inflexibles” se te va a ir todo de las manos. La policía, y más cuando se siente en inmensa minoría ante una masa de personas, suele tener la mano muy larga y cualquier policía con las neuronas atrofiadas o con un gusto sádico por ejercer su autoridad puede crear una batalla campal si no se le limita estrictamente.

Oigo por ahí llamar a los policías “asesinos” y también he oido alguna opinión de gente más mayor que decía que esto no lo veía desde el franquismo. A mí no me gusta la satanización de un colectivo entero y creo que este tipo de comentarios son inapropiados y falsos, pero es que la policía y sus mandos a veces se los buscan.
Yo conozco un par de policías nacionales y los tengo en facebook, por lo tanto he visto sus comentarios durante estos días. Una observación que he compartido con alguna persona es que los policías defienden corporativamente a sus colegas ante cualquier situación por evidente que sea que no tienen razón. Los que he visto se empeñan en creer cualquier teoría que les exima de responsabilidad, bien sea tildando a los manifestantes de extremistas y violentos bien echándole la culpa al gobierno. No importa lo disparatado que sea un editorial de La Gaceta o como de evidente sea la manipulación de una foto, todo lo que defienda a la policía lo cuelgan en facebook.
Un amigo informático decía el otro día “Si mañana un informático loco mata a alguien con una Katana, ¿Debo pensar que tenía sus motivos y defenderle corporativamente?”, y me hizo mucha gracia porque es lo que están haciendo los policías que conozco y me temo que también los que no conozco. Y eso no es bueno, eso crea una sensación de persecución y de endogamia que impide reconocer los errores y exigirle al compañero que actúe con rectitud.
Sin querer echar las culpas a la policía creo que podemos tener un problema con la policía de este país. Los policías nacionales que conozco (rasos, no inspectores de policía) son personas sobre las que no depositaría responsabilidad alguna. No es que sean malas personas, pero tienen una carencia psicológica de seguridad que les hace necesitar un uniforme para sentirse “la autoridad”, con los peligros que supone esto para el ejercicio de la autoridad y sus posibles excesos. Son personas poco equilibradas, con una peligrosa tendencia a la radicalidad y a no razonar. Todos tienen un gusto morboso por las armas, la autoridad, “sentirse respetados”, etc.
Si esto es así (que lo es en los casos que conozco por lo que deduzco que será así en muchos casos, por supuesto en muchísimos otros no) es porque debe haber carencias en el método de selección de los policías y en las oposiciones que se convocan a tal fin. En tiempos de bonanza el perfil típico del nuevo policía era el tipo sin estudios, poco cultivado y con las características psicológicas que he comentado antes. Ahora imagino que habrá una mejor selección a causa de la crisis y de la saturación de candidatos. Se ha tratado el puesto de policía como si fuese un trabajo que pudiese hacer cualquiera, y no creo que lo pueda hacer cualquiera. Tener autoridad implica necesariamente una responsabilidad, no sobrepasarte con ella, ser capaz de ser inteligente en su ejercicio. Y creo que es un hecho que no todos ellos saben actuar de esta manera.
He escuchado a gente decir que si la policía recibía insultos y provocaciones de los manifestantes era normal que respondiese. No señor, eso no es así. Un policía antidisturbios debe ser frío, sé que es difícil pero debe serlo, no debe caer jamás en una provocación y responder por un insulto. No puede responder con las mismas armas que el ciudadano que tiene enfrente, porque su exceso genera algo mucho peor que el del manifestante. Deben saber gestionar la tensión con inteligencia y con la fuerza mínima. Y esto, desgraciadamente, no parece que haya sido así.

¿Cómo acabará la primavera valenciana? Si el gobierno es inteligente como parece que quería empezar a serlo, destituirá a la delegada del gobierno y al jefe de policía de Valencia. Con eso acabarán con las manifestaciones diarias si no tarda mucho en hacerlo, porque como tarde las cosas pueden no ser tan sencillas.
La primavera valenciana no es una reacción ante una agresión o un hecho concreto, eso sólo ha sido la gota que colmaba el vaso, lo que realmente ha sido es el catalizador de una reacción social nacida de un cúmulo de desagravios. Los funcionarios con sus sueldos reducidos, los trabajadores que ahora pueden despedir con 20 días, los universitarios y jóvenes que tienen taponado su acceso al mercado laboral y otros muchos colectivos se están uniendo en una protesta global contra una situación de ruina autonómica provocada por unos gestores irresponsables y contra un gobierno que está haciendo pagar la crisis a las capas bajas y medias de la población.
Mal hará el gobierno si se empeña en ver radicales y manos negras de partidos políticos de la oposición (los partidos pululan por donde pueden ganar votos pero eso no los hace promotores de nada). Nos hemos autoconvencido de que en España nunca pasa nada, que los jóvenes son “ninis” y los mayores cobardes, que si con 5 millones de parados no estamos en puro conflicto social no lo vamos a estar nunca, pero eso no es cierto. Este país está bastante más cerca del estallido social de lo que parece. Cada día que pasa a alguien se le acaba la prestación por desempleo, se le acaban los ahorros de los que iba tirando, se queda en paro (la reforma laboral ya está haciendo estragos); cada día la gente enfrenta una peor situación y el país no va a aguantar pasivamente hasta el infinito. Estamos ignorando todas las señales que vemos desde hace más de un año.
Si el gobierno se cierra en banda va a aumentar el conflicto y las movilizaciones contra él. Es de locos plantearse mantener a la delegada en su puesto. La derecha de este país es incompresiblemente pasional y “leal” a los suyos y cualquier cesión o acto de concordia lo ven como algo que pone en duda su autoridad. No estamos en los tiempos de “la calle es mia” y estos empecinados van a tener que entenderlo porque si no arruinarán este país socialmente además de hacerlo económicamente.

martes, 21 de febrero de 2012

Sindicatos, reformas y mentiras
















Este pasado domingo se han producido las primeras manifestaciones contra la reforma laboral. Habrá más seguro, de hecho tal y como están las cosas parece que vamos hacia un escenario de movilizaciones crecientes y no sólo ni fundamentalmente por parte de los sindicatos.
No estuve en las manifestaciones contra la reforma por razones personales aunque me hubiese gustado estar. No me entusiasma ir a movilizaciones convocadas por los sindicatos, pues me siento un tanto alejado de ellos. Para mí los sindicatos se creen que están en la época de los astilleros y de las minas y ya no estamos en esta realidad. Pero tampoco voy a lanzar diatribas antisindicales. Mirad, hay una cosa todavía peor que los sindicatos que tenemos actualmente, que es un mercado laboral sin sindicatos o con sindicatos insignificantes. Sería una escabechina.
En cualquier caso me gustaría comentar una serie de pensamientos a colación de todo esto.

He escuchado en alguna de estas tertulias estúpidas de la televisión (mirad como está el país que a uno de los charlatanes de una de ellas le han hecho ministro) que los sindicatos han perdido el apoyo popular porque son unas entidades que sólo defienden los intereses de sus afiliados y han olvidado los problemas de los jóvenes trabajadores precarios y los parados.
A mí me gustaría que los sindicatos tuviesen una visión de país, un proyecto que abarcase a toda la sociedad, que supiesen ver más allá de ciertos intereses de sus afiliados para avanzar hacia un sistema mejor. Sí, es verdad, me gustaría, pero eso es cosa de la política. No perdamos la perspectiva ¿Qué son los sindicatos? Son, básicamente, asociaciones de personas que se unen para defender sus intereses. Esa es su naturaleza y, por lo tanto, deben defender los derechos e intereses de sus afiliados. ¿Cómo se puede criticar, pues, que se muestren impermeables a ceder nada de las prerrogativas de algunos de sus componentes? Defienden sus intereses y los de sus afiliados, base de su formación y funcionamiento, no hay nada criticable desde el punto de vista de acción y de las lealtades que tienen. Otra cosa es que el contenido político de sus acciones sea más o menos inteligente.
Algunas veces he oído a compañeros de trabajo decir “los sindicatos no han hecho nunca nada por mí, pero eso los considero un fraude”, ya… ¿Pero tú estás afiliado a algún sindicato? Porque si no lo estás, ¿en base a qué quieres que te defiendan? Lo que no se puede pretender es que un sindicato sea una ONG que defienda a los desvalidos. Si quieres que un sindicato te defienda afíliate, pero lo que no se puede es estar en misa y replicando y teniendo las ventajas de ambas situaciones.
Es cierto que los trabajadores jóvenes, temporales y los técnicos no suelen estar afiliados. Esa es una carencia grande de los sindicatos que no han sabido adaptarse a los nuevos tiempos ni ofrecer cosas interesantes para estos colectivos. Los sindicatos abrieron la puerta a la contratación temporal y, luego, no han sabido adaptarse a ella. Pero sin obviar esta realidad tampoco se puede pretender que la defensa de tus intereses la haga alguien por pura caridad. Estos grupos de trabajadores tampoco han sabido organizarse convenientemente para defender sus intereses (excepto internamente en empresas grandes), no lo olvidemos.

Se dice que los sindicatos son instrumentos viejos, untados y domesticados por el poder político en base a subvenciones, con unos privilegios y poder insultante pues se les ha dado estatus de parte del sistema laboral y de negociación colectiva en España.
Esto es parcialmente verdad, pero para todos estos a quienes se les llena la boca hablando de los privilegios de los sindicatos no estaría de más recordar porqué esto es así. En España, cuando se produjo la legalización de los sindicatos en la transición, se quiso imitar el mismo sistema que en la RFA de después de la guerra. Aquí había miedo a que se reprodujese un anarco-sindicalismo como el que había antes de la guerra civil, con llamamientos continuos a la huelga revolucionaria y a los conflictos patrón-obrero. No era descabellado pues recordemos que en 1936 el sindicato más poderoso en España era la CNT. España era, además, un país con una fuerte impronta anárquica y anarquista y la reproducción de este sindicalismo combativo e insumiso podía poner en peligro la propia transición.
Por eso se quiso insertar al sindicalismo en el sistema. Con la moderada UGT y las responsables CC.OO se estableció un sistema donde estos sindicatos eran parte del sistema. Las subvenciones, las horas sindicales, la negociación colectiva, su “estatus” como sindicatos del régimen…Todo esto tenía una fundamentación y no era baladí.
Yo puedo entender a los que claman contra la domesticación de los sindicatos desde la izquierda, pero quienes lo hacen desde la derecha me parecen unos aprendices de brujo. ¿Qué quiere esta gente? ¿Potenciar a sindicatos como la CGT o la CNT? Sí, ya sé que actúan a favor de la “ola de los tiempos”, pero esta ola se acabará en cualquier momento y sus consecuencias serán precisamente esas, radicalización de las bases trabajadoras y conflictividad en aumento. Las personas más idiotas de este mundo son aquellas que no saben parar antes de que se les rompa el saco. Y me temo que el saco no está tan lejano a romperse. Esto no es China ni los españoles somos chinos, si acaso griegos.

Una de las intenciones del PP y de sus medios serviles es intentar crear una confrontación entre trabajadores en activo y parados. Según este argumentario casi goebbeliano los sindicatos, por la rigidez laboral que defienden, no permiten que los nuevos trabajadores entren en las empresas. Los sindicatos son como unas fuerzas conservadoras que defienden el trabajo de los padres e impiden que los hijos entren a trabajar.
Este argumento es lamentable. Intentar enfrentar a los grupos sociales más o menos definidos que hay en una sociedad ha sido siempre un comportamiento asqueroso y muchas veces usado para intentar implantar dictaduras o restricciones de derechos. En este caso está hecho para tapar las vergüenzas de un gobierno que actúa al servicio de la canciller alemana que a su vez es el altavoz, como dijo un catedrático de economía el otro día, de lo que manda el piso 80 de una torre de oficinas de lujo en Manhattan.
No, no son los trabajadores veteranos ni sus sindicatos los que impiden que los jóvenes tengan trabajo. La culpa de que los jóvenes y parados no tengan trabajo es de un sistema económico donde el capital cada vez vale más y el trabajo menos, es culpa de la explosión de una burbuja crediticia que han creado agentes económicos y casi todos los políticos con su deficiente legislación, es culpa de una clase empresarial que es incapaz de crear riqueza con los recursos humanos que tiene a su alcance, etc.
Decir que los sindicatos o los trabajadores en activo tienen la culpa del paro es una grosería indecente. Quieren que nos peleemos por las migajas que se caen de esa torre 80, que nos peleemos como fieras por los pocos recursos que le dejan al factor trabajo es indecente. Y que caigamos ahí como tontos habla muy mal de nosotros.

La primera prueba de fuerza de los sindicatos y la oposición ha sido exitosa. Ya veremos si esto les vale para poder extirpar de la ley esas dos o tres cosas que convierten una mala reforma en, directamente, un arma de destrucción de empleo y precarización de los asalariados.
¿Mi previsión? Pues la ministra del ramo querrá ceder y el ministro colaboracionista de economía no, y se impondrá el segundo sobre la primera. Rajoy será quién decidirá en este conflicto y hará lo que le manden desde Berlín, perdón desde la torre de Manhattan, perdón desde ese virus que lo ha infectado todo que se llama sistema financiero. Es lo que tiene no tener gobierno electo y depender de fuerzas que se escapan a nuestro control.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Las cuentas del rey





















Hace tiempo que quería escribir sobre esto pero al no ser un tema urgente lo he ido relegando. Quizá ahora mismo esté un poco fuera del primer plano informativo, pero un debate en la bitácora Liberalismo Democrático me ha hecho recordar que tenía este tema pendiente.

Como seguramente sabréis por una noticia de hace unas semanas por primera vez se ha publicado un resumen sobre el presupuesto destinado a la familia real y el destino del mismo. A grandes rasgos la información dice que a la casa real se destinan 8,5 millones de euros anuales que el rey maneja a su libre disposición. Con ese dinero el rey paga sueldos de personal, gastos corrientes y las asignaciones de los miembros de la familia real y la suya propia.
Según las cuentas el rey cobra unos 300.000 euros al año, el príncipe 150.000 y el resto de miembros de la familia real cobran en función de los actos a los que acuden o en base a la asignación que el rey decida darles por otras razones. Todos ellos pagan IRPF en función de sus ingresos.

Lo primero que te viene a la cabeza cuando ves estas cifras, si es que analizas un poco los números, es que nos están tomando por idiotas. Que la casa real gaste 4 millones de euros en salarios de la gente que trabaja en la casa del rey cuando estos son más de 500 es absolutamente inverosímil (el coste salarial los trabajadores sería, de media, 8.000 euros al año, menos del coste de un trabajador que cobra el salario mínimo, lo que sería ilegal). Después, los 3,3 millones que gasta en “gastos comunes”… ¿Con eso mantiene toda su casa y residencias? No es creíble. Y finalmente el sueldo del rey y de la familia real, aunque en principio no se tiene que dudar de que sea real, contrasta totalmente con las informaciones sobre la fortuna personal del rey que se dan en medios internacionales (nunca españoles porque aquí no se habla de esto).
Por eso al analizar las cuentas es importante ver, más que lo que dicen, lo que no dicen. Si rascamos un poco nos damos cuentas que, excepto el sueldo de unos cuantos trabajadores, la inmensa mayoría de esas 500 personas que trabajan para el rey tienen sus sueldos pagados por los distintos ministerios. Esta partida presupuestaria es, pues, para “gratificaciones extraordinarias” de los empleados del rey, algo que me parece muy bien ojo. Ojalá fuese una práctica más generalizada eso de primar a tus trabajadores.
Así pues los sueldos de los trabajadores de la casa real no se pagan con este presupuesto. Y si analizamos aquello de los “gastos comunes” nos damos cuenta que se trata de material de oficina, maquinaria, gastos de telefonía, etc. Porque lo que son los gastos de mantenimiento de las residencias reales, de los yates y de cualquier otro patrimonio que tenga el rey lo paga patrimonio nacional. ¿Cuánto cuesta mantener la residencia de Miravent? ¿Y la Zarzuela y el pabellón del príncipe? ¿Y los yates, la gasolina, el mantenimiento, etc.? No lo sabemos, y seguramente serán muchos millones de euros que no están contabilizados en ningún sitio.
Hay quien dice que los palacios, coches, yates, etc. No son realmente patrimonio del rey, son del estado. Esto es cierto sobre el papel pero es una trampa absoluta a nivel real. El rey dispone como quiere y cuando quiere de todo el patrimonio nacional que es “suyo”. Se podrá decir que si el rey dejase de ser rey ese patrimonio sería del estado pero ¿es que acaso sería distinto si el patrimonio fuese suyo? Si un rey deja de ser rey es porque, o se ha muerto (y la corona junto con su patrimonio pasa a su heredero), o ha abdicado (lo mismo, pasa a su heredero) o el régimen ha cambiado. Cuando un país pasa de Monarquía a república los ex reyes generalmente se exilian y sus propiedades son confiscadas por el estado. Aunque un rey no se exiliase (en un cambio pacífico y democrático en principio no tendría por qué hacerlo) tampoco sería razonable que se quedase residencias históricas que han sido del estado antes que suyas, por lo que al final acabarían en manos del estado en base a algún arreglo.
Objetivamente no hay diferencia alguna entre que el patrimonio sea de patrimonio nacional o del rey, pues mientras haya monarquía será suyo en cualquier caso y si deja de haber monarquía dejará de ser suyo también en cualquier caso. Como mucho se quedaría los yates, que patrimonio no querría para nada, en cualquiera de ambos casos.

La otra pata coja que desmonta este andamiaje es la fortuna personal del rey. La revista Forbes publicó hace unos años que el Rey de España tiene una fortuna personal de 1.790 millones de euros. Esta cifra ha sido calificada de “disparatada” por los políticos y portavoces oficiales de la casa real.
Bien, parece ser que la cifra más que incorrecta es inexacta, pues la revista comete “el error” de otorgar al rey en propiedad el valor de las residencias y bienes muebles e inmuebles que son gestionados por patrimonio nacional. Este “error” es un error según se mire, pues aunque no “tiene” esta fortuna personal y no puede gestionarla (no puede vender la Zarzuela porque le dé la gana, por ejemplo), sí que disfruta de ella como si fuese suya.
La revista Forbes valoró los “bienes familiares” en unos 1.150 millones de euros, pero también otorgó como “fortuna personal” (ajena al patrimonio nacional) unos 550 millones de euros. Claro, cobrando 300.000 euros al año (que netos son menos de 200.000) parece difícil llegar a esas cantidades ¿no creéis? ¿De dónde salen pues?
Parece que la herencia del Rey Alfonso XIII asciende a unos 100 millones de euros, repartidos además entre sus 4 herederos. Aun suponiendo que Juan Carlos se heredase él solo la mitad (que es mucho suponer), nos siguen colgando 500 millones de euros. Si suponemos que ha ahorrado los 200.000 euros netos íntegros durante los 35 años de reinado (que es razonable, porque no tiene gastos propios y todo se lo pagan organismos del estado), nos salen otros 7 millones de euros. ¿De dónde han salido los 490 millones que nos faltan?
La revista Forbes habla de un fondo organizado por los monárquicos españoles durante los años 40 para el restablecimiento de la monarquía. No sabemos de cuanto es este fondo así que esto entraría en el terreno de la especulación, pero no creo que sea muy osado adivinar que hay más. Es bien conocida la amistad del rey con todos los monarcas de los países árabes y muchos presidentes latinoamericanos, además de la amistad que le une a muchos empresarios españoles que le han hecho regalos valiosísimos. Se ha rumoreado, a veces, sobre hipotéticos “negocios” del rey con sus amigos árabes, negocios rentabilísimos, ¿serán ciertos? No lo sabemos, pero no parece nada descabellado que lo puedan ser porque de algún sitio tiene que salir esa fortuna.

La monarquía Española está muy lejos de la trasparencia por mucho que haya publicado el presupuesto anual del que dispone el rey. Lo que cuesta la monarquía española es muchísimo más, algo que se oculta bajo una sobreprotección absurda a la corona. ¿Tanto miedo tienen de que el país considere inaceptable el gasto? ¿Tienen miedo a que el país se convierta en republicano? De la monarquía británica se sabe hasta lo que se gastan en ginebra y no pasa nada, el país no quiere quemar Buckingham por eso. Aunque evidentemente España no es un país monárquico como puede serlo el Reino Unido, cuya realidad nacional está íntegramente vinculada a la monarquía.
Luego nos cuentan que nuestra monarquía es más barata que la mayoría de repúblicas. No te fastidia, si la gran mayoría de los gastos los cargas a los ministerios evidentemente que va a salir que es un chollo. No hay ninguna razón lógica por la que una monarquía pueda ser más barata que una república, tan sólo quizá la ausencia de elecciones en algunas repúblicas que eligen al jefe del estado por sufragio universal (aunque esto no es inherente a la república, puede no ser ese el mecanismo de elección y que lo haga el parlamento como en Italia). Así pues esta patraña no me la trago, lo siento.

Parece que el caso Urdangarín está rompiendo ese corsé de protección y autocensura que tenían los medios de comunicación respecto a la corona y la monarquía. Eso está bien y esperemos que se profundice en este camino y que los medios de comunicación dejen de proteger a la monarquía, al igual que deben hacer los políticos que adulan al rey como si fuese un mesías y siguen manteniendo leyes absurdas que lo protegen de no se sabe qué, como el castigo por injurias al rey.
Una monarquía constitucional puede ser un régimen político aceptable y mejor que muchas repúblicas, pero es imperioso que la monarquía y el monarca sean transparentes y se les cuente a los ciudadanos la verdad. El oscurantismo, la adulación y la censura, impuesta o voluntaria, no puede crear más que el caldo de cultivo propicio para la irresponsabilidad, los excesos y la corrupción.

sábado, 11 de febrero de 2012

Una peligrosa reforma laboral















Llevo un rato pensando qué adjetivo ponerle a la reforma laboral que ha decretado el gobierno. “Escandalosa” no me parecía adecuado, pues algunas cosas se preveían y tampoco quería empezar el texto con un adjetivo tan fuerte. También rechacé "grotesca" por la misma razón. “Oscura” fue el adjetivo de mi primer borrador, porque lo realmente importante de esta reforma son ciertos puntos que pueden resultar poco claros y que en cualquier caso están tapados por el contrato de 33 días, que parece el señuelo que nos han puesto delante de los ojos para que no nos fijemos en lo importante.
Pero no, finalmente decidí usar el adjetivo “peligrosa” que creo que es el más neutro y el que mejor expresa el potencial destructivo que tiene la norma recién aprobada.

Lo del contrato de 33 días de indemnización por año trabajado nos lo esperábamos y de esperado que era casi no ha producido indignación o rechazo. En un entorno de temporalidad absoluta en los nuevos contratos el cambio de indemnización en los contratos indefinidos de 45 días a 33 no importaba demasiado, pues a los trabajadores antiguos no les debería afectar y casi todos los nuevos tienen contratos temporales.
Sin embargo hemos tenido sorpresa. Los contratos vigentes en este momento, es decir los indefinidos con indemnización de 45 días por año trabajado, quedan automáticamente convertidos en contratos de 33 días desde el día de la reforma respetándose los días de indemnización adquiridos. No es retroactividad, pero casi. No es retroactividad porque no se han tocado los derechos adquiridos antes del 10 de Febrero, pero sí está cerca porque en el fondo representa el cambio unilateral de un contrato firmado en unas condiciones determinadas. Puede haber casos de personas que han priorizado un contrato indefinido en un trabajo respecto a otro temporal en otro trabajo valorando la cuantía de la indemnización (no creo que sea habitual pero podría ser) y ahora se encontrarán en que les han cambiado por decreto las condiciones sobre las que basaron la decisión.
Luego hablan de “seguridad jurídica” y se llenan la boca de decir que son los máximos adalides de la misma, pero cuando se trata de la seguridad jurídica de los contratos laborales se la pasan por donde estáis pensando.

Pero esto, por muy increíble que parezca y aunque haya afectado a más de una decena de millones de asalariados (a mi entre ellos) es lo menos importante de la reforma. No es que no sea importante o grave, es que lo demás se las trae. Porque la tácita retroactividad de la reforma no se centra en el caso comentado ni mucho menos, de hecho lo de los 33 días para todos puede quedar en agua de borrajas a tenor de las otras reformas que se han hecho.
Quizá lo más grave de la reforma es la “ampliación” de situaciones en las que la empresa se puede acoger al despido procedente por causas económicas, algo que comenzó a legislar el anterior gobierno y que este acaba de convertir en un buffet libre. De entre estas causas la más relevante, leída rápidamente y casi en voz baja por la ministra a ver si no nos enterábamos, es aquella que dice que una empresa con un descenso de ventas durante tres trimestres consecutivos podrá despedir de forma procedente a sus empleados. El despido procedente, recuerdo, implica una indemnización de 20 días por año trabajado frente los 45 que había hasta el día de hoy, menos de la mitad.
Ayer leí en algún sitio que la mayoría de las empresas españolas se podrían haber acogido a esa figura en el año 2011 al haber reducido ventas en 2010. Es lógico, en un entorno de crisis ¿no es normal que se reduzcan las ventas? Porque no se indica en qué porcentaje ni si este descenso pone en peligro a la empresa, habla de reducción de ventas.
Las empresas de forma normal sufren alzas y descensos en sus ventas, que nunca son homogéneas. Hay años mejores y peores, años en que haces un par de grandes operaciones y salen muy bien y otros en que pierdes un cliente importante y tu facturación baja, sin que eso ponga en riesgo la empresa ni condicione su estructura. Esta redacción abre la puerta para que las empresas puedan despedir de forma procedente aprovechando que han vendido menos que el año anterior, de lo que hay un 50% de posibilidad por pura estadística. Es un coladero inadmisible.

Pero hay más. Además de esto hay una parte que a la ministra se le “olvidó” comentar el viernes y de la que nos enteramos el sábado, que es la posibilidad de que las empresas rebajen los sueldos de sus trabajadores de forma unilateral y hasta los mínimos del convenio (que será el de empresa que es al que acaban de otorgar prioridad sobre los sectoriales) aduciendo bajo rendimiento o causas económicas, técnicas o lo que sea (vamos, cuando les de la gana). La redacción dice más o menos que se podrá hacer eso hasta con un 10% de la plantilla casi sin tener que dar explicaciones y cuando esta modificación aplique a más de ese 10% de la plantilla entonces sí que habrá que llegar a un acuerdo con los representantes de los trabajadores. El trabajador, al ver su sueldo rebajado, tendrá que elegir entre aceptarla o aceptar el despido procedente, o sea 20 días por año trabajado.
Resumiendo, la empresa podrá bajar el sueldo al 10% sus trabajadores sin dar explicaciones y si el trabajador no quiere aceptarlo le darán 20 días por año y a la calle. La realidad que puede abrir esto puede ser pavorosa. Las empresas podrán bajar el sueldo a los trabajadores de la plantilla que más cobren como método de ahorro de costes o bien de coacción para poderles despedir con 20 días. Parece una medida destinada a aquellos trabajadores más veteranos que cobran sueldos altos y que llevan tantos años en la empresa que es carísimo despedirlos. Así se les podrá despedir más barato o bien bajarles el sueldo, bajada de sueldo que luego podría convertir un posterior despido procedente en más barato todavía. Y no creo que haga falta recordar en qué situación queda un trabajador veterano que es despedido con 50 ó 55 años.

Y finalmente está el tema de los ERES. Hasta ahora para hacer un ERE te lo debía aprobar la autoridad laboral y generalmente se llegaba a un pacto con el comité de empresa que aumentaba las indemnizaciones teóricas de 20 días con el objetivo de evitar conflictos. Bien pues ahora ya no será así, ahora las reglas cambian absolutamente y se podrá hacer un ERE sin autorización acogiéndose a cualquiera de las causas teóricas que lo justifican. Y si los trabajadores consideran que no es adecuado, entonces tendrán que interponer denuncia y sólo un juez podrá parar el ERE o cambiar las condiciones.
No hay que ser zahorí para darse cuenta de adónde lleva esto. Primero se disparará y luego se preguntará, los trabajadores de empresas pequeñas y con pocos representantes aceptarán los ERES pasivamente, y en el resto de empresas los trabajadores se verán en la calle y luego entrarán en un proceso de litigios. Todo muy coherente con el proceso de desatascar la justicia como podéis observar.

Hay otra reforma que también quería comentar, que es aquello de que quienes cobren prestaciones por desempleo tendrán que hacer un trabajo social para la comunidad si se les exige. Esto es muy abstracto y habrá que ver como queda, pero suena mal.
Hace más de un año propuse en La suerte sonríe a los audaces una renta básica ciudadana que estuviese condicionada a hacer un trabajo social. La idea era que no se dejase a nadie sin recursos y, a la vez, evitar el fraude que se comete en subvenciones como la de los 400 euros.
Pero claro lo que yo propuse es una cosa que nada tiene que ver con la idea que tiene el gobierno. Para empezar hacer esto con trabajadores que están cobrando la prestación por desempleo contributiva parece un atropello. Los trabajadores y las empresas cotizan una parte del salario bruto a contingencias de desempleo así que este desempleo es un derecho adquirido en base a dinero aportado. Puede ser razonable buscar métodos para que la gente no se eternice voluntariamente en el desempleo, pero otra cosa muy distinta es hacer “pagar” al desempleado su prestación en forma de trabajo, pues ya la ha pagado antes en cotizaciones.
Esto, además, es absolutamente disparatado con 5 millones de desempleados. ¿Dónde metes 5 millones de desempleados? Me parece que es otra de las ocurrencias absurdas de este gobierno, que lleva ya una cantidad importante de disparates para llevar mes y medio. Como le den un poco de carrete al ministro Wert pueden acabar en el libro Guiness.

A grandes rasgos se podría decir que casi todas las medidas van encaminadas a establecer el despido de 20 días como práctica habitual. Excepto grandes empresas con buenísimos resultados y poderosos comités de empresa, el resto de empresas van a poder despedir de forma procedente con 20 días de indemnización de alguna u otra manera. De poco vale que el despido improcedente sea de 33 o de 45 días, porque si el decreto no se corrige casi todo el mundo va a ser despedido con 20 días.
Y, por supuesto, esto no le va a salir gratis a la economía. Más de 10 millones de asalariados tienen, hoy, un colchón de seguridad menor que el de ayer y se van a sentir menos seguros laboralmente hablando. Y si la gente se siente menos segura el primero que lo paga es el consumo, que va a caer de forma acusada en todo lo que no sea primera necesidad. La diferencia entre un que trabajador se sienta con un colchón de 20.000 euros detrás, que representa el coste de su despido improcedente de 45 días, o que se sienta con menos de 9.000 euros (mismo contrato pero con 20 días por año) es mucha. Puede ser la diferencia entre comprar un coche o no, la diferencia entre hacer un viaje o no, la diferencia entre que le concedan un préstamo o no. Y todo eso es lo que mueve la rueda de la economía.
Hoy he oído que el presidente de la confederación de autónomos estaba absolutamente de acuerdo con la reforma. Yo no sé muy bien quién se considera “autónomo” en esta asociación y quién está representado ahí, pero si un autónomo es lo que yo creo (una persona que tiene un comercio, un profesional que trabaja por cuenta propia, etc.) a este señor le falta un hervor. Cada negocio tiene su idiosincrasia y no niego que muchos autónomos puedan ser beneficiados por la reforma, pero la mayoría de autónomos dependen fundamentalmente del consumo interno y una reforma que va a ser indirectamente tan agresiva para el consumo puede llevar a la ruina a muchísimos autónomos, ¿Para qué quiere un autónomo una bonificación en la contratación de un trabajador si no tiene quién le compre sus productos? Nos encontramos ante una nueva muestra más de la incomprensión generalizada sobre las interacciones económicas que tienen las personas. La gente mira el corto plazo, mira el hecho en cuestión y no ve o no quiere ver las perversas consecuencias que tienen ciertas reformas. La economía en tiempos de crisis es como una manta, si tiras la manta hacia arriba te destapas los pies, y si te tapas los pies te descubres la cabeza. En un entorno depresivo como este hay que ser muy equilibrado con lo que se hace y entender que la manta no crece porque la estires, y analizar bien qué prioridad tienes. Y en España el principal indicador negativo que tenemos es el descenso brutal del consumo en los últimos años, reconocido además por el gobierno.
¿Por qué atacamos al consumo, pues? Porque no somos exportadores, se lo recuerdo al gobierno. Esta reforma creo que puede ser más perniciosa para el consumo que la subida del IVA al 20 o 21%, que según el gobierno no la van a hacer precisamente porque necesitamos impulsar el consumo (que no vayan a subir el IVA no se lo creen ni ellos). Por cierto que también dijo Rajoy en campaña que no iba a abaratar el despido, una más y en mes y medio.

Y de todos los problemas que tiene nuestro mercado laboral y nuestra economía, nada de nada. Esto de bajar las indemizaciones por despido ahondará aún más en uno de los problemas de nuestra economía, la escasa movilidad de los trabajadores. La gente querrá mantenerse en su puesto por el colchón de seguridad que tienen y no se atreverá a cambios de empresa. La única manera de arreglar esto era impulsar un tipo de modelo austriaco”, con una cuenta de indemnización por despido asociada al trabajador y no a la empresa. Pero para que esto sea funcional y adecuado sería necesario aumentar los impuestos a las empresas y quizá un poco también las cotizaciones al trabajador, y por supuesto ni las empresas ni el gobierno están por la labor. Las empresas quieren los beneficios del modelo austriaco pero no pagar sus costes, como niños pequeños.
El gobierno se defenderá en los próximos días argumentando que en el resto de países de Europa las indemizaciones por despido son bajas, como las aprobadas ahora o incluso menores. Lo que no dirá el gobierno es que en otros países eso está compensado con un estado del bienestar más poderoso, con prestaciones por desempleo más altas, con subvenciones mayores en el caso que alguien las necesite, con sueldos mayores cuando se trabaja; y por eso el sistema compensa. No hay mucha seguridad laboral pero sí mucha seguridad vital, sabes que no te vas a quedar sin recursos ni a tener necesidades. Se llama flexiseguridad y no tiene nada que ver con lo que ha hecho este gobierno, que si le pusiésemos un nombre podría llamarse flexiflexibilidad.
Esta reforma es una herramienta de destrucción de empleos y de descenso de los costes laborales en España. No me extraña que el gobierno dijese que se iba a destruir empleo durante este año, me pregunto si lo decían sabiendo lo que iban a legislar. Lo de los 6 millones de parados que anticipó el BBVA puede no ser ninguna exageración.

Hay veces que los gobiernos hacen reformas muy agresivas para luego negociarlas a la baja y así parecer moderados y dialogantes. Espero y deseo que esto no sea más que un contundente farol, y que cuando se sienten a negociar con sindicatos y otras fuerzas políticas esto de los tres trimestres reduciendo ventas, lo de la rebaja de sueldo unilateral al 10% de la plantilla y los ERES sin autorización se corrija.
Porque si no se corrige vamos a la huelga general de cabeza. Y lo peor no será la huelga general, la huelga general será el pistoletazo de salida para un incremento de la conflictividad social y el contagio del virus griego. ¿Qué estoy exagerando? Sí, si, al tiempo.

jueves, 9 de febrero de 2012

El peligro del "todos somos culpables"















Cada vez me mosquea más esta frase de que “todos somos culpables de la crisis”. Al principio me parecía que tenía un espíritu positivo de autocrítica por el que la sociedad entera debería mirarse al ombligo y analizar que hemos hecho mal, tanto individual como colectivamente. Me parecía que era el principio necesario para acabar con la costumbre de echar irracionalmente las culpas a otros y así poder entender el cuadro de la crisis en su globalidad.
Sin embargo la frase ha hecho furor entre quienes más tienen que callar y se ha convertido en la manera en que muchos omiten su especial responsabilidad. “No, la culpa es de todos”, “No, es que todos hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades”, frases como estas las dicen personas que se han lucrado especialmente en base a la locura pre-crisis o bien que han tomado decisiones catastróficas para la sociedad. Y en base a ellas, diluyen sus pecados en la generalidad e intentan proyectar sus culpas individuales sobre la colectividad.

He oído estas argumentaciones en algún constructor y algún banquero que en su boca suenan insultantes y son una clara búsqueda de la irresponsabilidad que desean tener por sus acciones durante la burbuja inmobiliaria. Sin embargo cuando exploté fue cuando escuché al president de la Generalitat valenciana, Alberto Fabra, decir “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Fabra lo decía para justificar el destructivo despilfarro en grandes eventos y monstruosidades arquitectónicas en el que incurrió la Generalitat valenciana durante los gobiernos de Camps y Zaplana y que ha acabado arruinando esta comunidad.
Al escuchar esto algunos diputados de la oposición le gritaron desde los escaños “nosotros no, nosotros no”, a lo que Fabra respondió, “¿Ven? Ya están negando la evidencia. Así no se pueden arreglar las cosas”. ..¿Pero como que negando la evidencia, tío caradura? O sea, arruinan la comunidad con aeropuertos sin aviones, grandes eventos ruinosos, despilfarrando en fastos populistas, pagando sobrecostes inaceptables por todo, etc. Y luego “la culpa es de todos” y no específicamente de ellos, porque parece ser que si ellos se gastaron lo que no tenían en tonterías fue porque fueron contagiados por el virus del “nuevo rico” que les contagió la ciudadanía.
La destrucción de una comunidad autónoma se compara, por ejemplo, con la decisión del ciudadano que con un sueldo escaso se comprometió con una hipoteca. En el fondo es lo mismo y como es lo mismo a ellos que nadie les diga nada, que no hicieron más que lo mismo que todo el mundo. La responsabilidad política y del gestor público queda así difuminada, y por lo tanto nadie les puede pedir cuentas. Es patético.

Pero no es sólo Fabra. El otro día Rajoy compareció en el congreso por primera vez desde la investidura (parece que le hayan operado a corazón abierto o algo así y no haya podido ir al congreso) y volvió a sacarse de la chistera la misma frase de una manera diferente: “Yo creo que la crisis también es de valores. No se puede ser demasiado ambicioso, ni vivir por encima de las posibilidades”.
Analicemos la frase de Rajoy. No es patética como la de Fabra, es decir no se está cubriendo ante su irresponsabilidad gubernativa, pero sí está afirmando que la culpa de la crisis está generalizada y es de todos, sin establecer niveles de responsabilidad. Su objetivo aquí es justificar los recortes y la política de austeridad en base a que el estado debe gastar lo que ingresa y nunca más. La frase en sí no es incorrecta, pero contextualizada donde está contextualizada es inconveniente que la diga un presidente del gobierno porque:

- Marca los límites de su política de forma muy clara y la convierte en una política reactiva con el objetivo único de cumplir con el déficit. Si bajan los ingresos recortará más o recaudará en base a las cuatro políticas de brocha gorda que maneja sin posibilidad de otra cosa. Y por lo tanto todo es recortable, sin límites ni líneas rojas. Esa es la idea que ha dejado caer.

- No establece niveles de responsabilidad y por lo tanto abdica en la responsabilidad de repartir convenientemente los costes de la crisis. Si la culpa es de todos, toda la sociedad tendrá que pagar de forma más o menos igualitaria independientemente de sus posibilidades y/o responsabilidades.

La responsabilidad es de todos. Bien, puedo aceptar más o menos el concepto general pero para hacerlo voy a ponerle un matiz Orweliano: “Todos son responsables, pero unos son más responsables que otros”, y aquí es donde radica el quid de la cuestión.
Las responsabilidades en la génesis de la crisis no se pueden otorgar a la sociedad como concepto abstracto. Hemos tenido algunos comportamientos como sociedad que han contribuido a esta situación, es verdad, y para simplificar el debate sí podríamos achacarlos a la sociedad o si queréis al tipo de sociedad en la que hemos vivido. Estos “vicios” comunes han sido la aceptación del sobreendeudamiento, el hambre de ladrillo y la frivolidad con la que hemos encarado ciertas decisiones económicas.
Pero eso es una porción del problema que no es la mayor ni la fundamental. Porque la gran responsabilidad, con mayúsculas, la ha tenido una pequeña élite de personas, financieros, políticos y banqueros en su mayoría, que fueron los que organizaron, permitieron, toleraron, legislaron irresponsablemente y se lucraron con toda esta situación de burbuja general en la que vivíamos.
Lo he dicho muchas veces. Entre un mileurista que ha pedido una hipoteca de 300.000 euros y un presidente del consejo de administración de un banco que ha permitido que se concedan decenas de miles de hipotecas en esas condiciones no se puede establecer equiparación alguna. El primero hizo mal, pero su error lo pagarán fundamentalmente él y su familia, sin embargo el banquero ha proyectado su error sobre la sociedad entera. Y además, era al banco a quien correspondía ser el factor limitante de estas locuras, debía ser el que actuase con responsabilidad económica y supiese poner límites (el banco y el legislador, ojo).
Esto hace que los niveles de responsabilidad no se puedan equiparar, y esta realidad convierte frases como las de Fabra o las de Rajoy en una especie de llamamiento al olvido y la extinción de responsabilidades morales.

Y no se trata de meter a banqueros o políticos en la cárcel. Si se encuentran instrumentos legales que se haga como han hecho en Islandia, pero lamentablemente en la inmensa mayoría de casos no los encontraremos. Estos señores han actuado conforme a una legalidad peligrosísima, irresponsable y probablemente inmoral pero legalidad al fin y al cabo, y eso eximirá a la mayoría de responsabilidades penales.
Pero queda la responsabilidad moral. La ex presidenta de la CAM, Dolores Amorós, se aprobó para ella una pensión vitalicia de casi 400.000 euros anuales como regalo por sus destructivos servicios. Lo que hizo fue legal, pues no hay ley que se lo prohibiese, pero es absolutamente inmoral. Es un aprovechamiento ilícito de su posición. Y eso no se puede olvidar, no podemos pasar página sobre lo que ha pasado, sobre quienes se han lucrado, sobre quienes han esquilmado el sistema, sobre quienes permitieron esto.
Tenemos un futuro que construir y se debe hacer mirando hacia delante. Pero de vez en cuando hay que girar la cabeza y ver lo que pasó. Y cuando se pidan esfuerzos generales para aguantar la crisis o para generar un sistema nuevo será legítimo y adecuado que a estas personas se les haga pagar parte importantísima de la reconstrucción de la economía. Sin recurrir a herramientas ni a leyes retroactivas, quienes se han lucrado exageradamente en el periodo anterior deben pagar proporcionalmente a lo que se enriquecieron y quienes han ocupado puestos de máxima responsabilidad en instituciones financieras y políticas no deben volver a ocuparlas.

martes, 7 de febrero de 2012

Atrapados en el tiempo













Seguro que casi todos habréis visto esa famosa película de Bill Murray llamada “Atrapado en el tiempo”, pero para quien no la haya visto la resumo. El argumento consiste básicamente en que el protagonista, Bill Murray, se despierta todos los días el mismo día, como si estuviese atrapado en un día determinado. Todos los días se despierta con la misma canción en la radio, y los acontecimiento son exactamente los mismos. El personaje pasa por distintos estados anímicos ante su situación, desde la depresión y el intento de suicidio (infructuoso, porque se volvía a despertar en la mañana de ese día), pasando por la desinhibición y el aprovechamiento de las circunstancias al saber que nada de lo que haga tendrá consecuencias, hasta el estado final en el que intenta ser una persona íntegra y hacer feliz a los demás durante ese día. Al final (si no la habéis visto saltad de párrafo) consigue pasar de día, como “premio” a su comportamiento perfecto y humano del último de los días que pasa en el famoso “día de la marmota” de Punxsutawney.

Será que el día de la marmota fue hace poco, pero al ver a Rubalcaba ganar el congreso del PSOE me he sentido en el día de marmota de la política española. Echas un vistazo a los primeras espadas de nuestra política, Rubalcaba y Rajoy, y te retrotraes de nuevo a mediados de los 90 con la eventualidad de que tenemos 15 años más. Y no es que estos señores sean estadistas precisamente y sus servicios a la patria sean imprescindibles es todo lo contrario, son imagen y parte de esa política económica de bajadas de impuestos, ladrillazos y despilfarros megalomaniacos que nos ha llevado al desastre actual.
Llevo años quejándome de lo que hacía el PP de intentar colarle al país a un candidato a presidente del gobierno que había perdido dos elecciones seguidas, unas heredando una mayoría absoluta y las segundas después de haberse quemado consintiendo un tipo de oposición de escasa seriedad. Pues nada, ¿te quejabas Pedro? Pues en el otro lado ponemos a quién ha sacado el peor resultado del PSOE desde la II república, que recuerdo que fue hace 80 años.
Los italianos se quejaban de que su país estaba gobernado por una gerontocracia de señores cercanos a los 70 años. Los nuestros son más jóvenes, pero huelen igual a viejo y a alcanfor. Son reciclados del pasado que vienen al presente y se proyectan al futuro vistiéndose de un nuevo que muestra su verdadera vacuidad, que ahora se llama versatilidad.
A tenor de alguna de sus medidas parece que Rajoy se cree que está en 1996 y que quiere arreglar este país con otra burbuja inmobiliaria. ¿Cómo querrá arreglarlo Rubalcaba? ¿Con la expo del 92? Porque total estamos promocionando Madrid 2020 como si fuese Barcelona 92, tenemos a Guindos como si fuese Rato, a Arias Cañete no le sacan del ministerio de agricultura ni los GEOS (de hecho creo que desde el 2004 estaba escondido en un armario del ministerio esperando a que llegasen los suyos y le pusiesen otra vez) y el único político de este país que tiene una mínima credibilidad sigue siendo Josep Borrell.

Cuando estos días me preguntaban sobre si prefería a Chacón o a Rubalcaba yo respondía con aquel chiste gráfico sobre unas elecciones americanas. En la viñeta aparece un hombre con una pistola que apunta a quemarropa a otro por la espalda y le pregunta “¿Nixon o Carter?”, a lo que el señor acosado y obligado a responder por las circunstancias responde “dispare”.
Pues sí, entre Rubalcaba o Chacón elijo que me disparen. El PSOE necesita un cambio profundísimo y eso descartaba al ex vicepresidente y candidato derrotado hace 3 meses pero, ¿qué cambio representaba Chacón? Sería un cambio de sexo, porque otra cosa…Chacón estuvo en la ejecutiva de Zapatero desde siempre, ha sido ministra y ha refrendado la política de éste desde todas sus responsabilidades hasta que interesadamente tocó desmarcarse. Mucho manifiesto pidiendo cambio y quién lo pedía era la menos indicada. Y ojo no tengo nada contra Chacón de hecho era de las mejores ministras del gobierno, pero no tenía ni carisma ni empuje ni capacidad de convencimiento ni absolutamente nada que adivinase que podía ser una buena líder.
Rubalcaba es mucho mejor político y parlamentario, pero si ese es el criterio ponemos de nuevo a Felipe González y le damos el puesto de forma vitalicia o post-mortem si hace falta y arreglado. Rubalcaba ha sido algo más “limpio” con la memoria de Zapatero y su desmarque ha sido más elegante, pero eso no quita para que nos encontremos con el máximo exponente de la continuación de Zapatero y González y de todas las políticas que se han demostrado erróneas y fatales.
Ha sido muy triste ver unas primarias del PSOE con solo dos candidatos. En las del año 2000 hubo cuatro, pero ahora parece que la dualidad lo ocupa todo en este país. PP o PSOE, Rubalcaba o Chacón, Madrid o Barça, el bueno y el malo. ¡Qué país!

Me comentan, aunque dudo de la fuente, que Rubalcaba quiere ser secretario general pero no candidato a la presidencia del gobierno y que eso se decidirá en unas primarias en las que él no se presentará. Me han apuntado el nombre de Eduardo Madina, que viendo lo que hay por ahí parece de lo más decente. Pero insisto, hasta que no lo vea no lo creeré.
Con Rubalcaba de candidato no hay más futuro que chupar oposición hasta que nuestro amigo Rajoy acabe igual o más desprestigiado que Zapatero. A este paso meter al candidato con calzador en la Moncloa se va a convertir en norma general de los partidos.
Francamente, el hacer un congreso ahora no tenía especial sentido desde un punto de vista histórico. Se necesitaba que candidatos ajenos al zapaterismo pudiesen sondear a sus compañeros, se necesitaba tiempo para que terceras opciones fructificasen, pero parece que el círculo de Zapatero adelantó los plazos para repartirse el pastel y para evitar que una renovación de verdad se los llevase por delante. Un partido no puede estar descabezado, eso es cierto, pero hay muchas más alternativas antes que jugar a una renovación de mentiras y quedar más en evidencia todavía.

El futuro del PSOE, si es que lo tiene, pasará por lo que se haga más allá de nuestras fronteras. Del socialismo francés y del alemán, probables vencedores de sus elecciones, tendrá que venir una nueva política que aleje Europa de la depresión merkeliana. Y sólo a rebufo de esa política los “socialistas” españoles se podrán regenerar y vender una política convincente con un cambio real detrás.
Porque la otra alternativa, es decir, que el SPD y el PS Francés acaben heredando el poder en sus países por merco turno político y una vez en él no cambien nada sustancial, llevará al PSOE a la ruina política además de a la ruina económica de toda la Europa periférica. Más le vale al PSOE no andarse con juegos ni artificios de cambios vacíos, porque a diferencia de lo que hace la mayoría de la derecha en este país el votante del PSOE no suele ser tan fiel e incondicional y se buscará la vida en las alternativas que da la izquierda parlamentaria o extraparlamentaria, dejando al PSOE en plena disolución.
Qué espabilen, pues.

jueves, 2 de febrero de 2012

Cuando te crees tu propia propaganda





















Me estoy equivocando bastante en algunos pronósticos últimamente y eso me preocupa. No creo estar equivocándome en lo fundamental pero sí estoy fallando en mi percepción de ciertas cuestiones secundarias.
He estado defendiendo en los últimos meses que el gobierno del PP no cambiaría nada sustancial de las leyes hechas por el gobierno socialista, ni siquiera aquellas relacionadas con nuevos derechos y libertades públicas. Pensé y dije que no iban a tocar nada del matrimonio homosexual, que tan sólo iban a maquillar la ley del aborto y que no entrarían en otros temas sobre los que hicieron oposición en los últimos años.
Una cosa es hacer oposición a todo y cara a un sector de la población un tanto digamos “casposo”, y otra muy distinta es ponerte a cambiar las leyes en base a las tonterías que has dicho antaño una vez llegas al gobierno.

En los últimos días el ministro de justicia, Alberto Ruíz Gallardón, ha comentado en varios foros que pensaba eliminar la posibilidad de que las menores abortasen sin consentimiento de sus padres. Este cambio, que será adecuado o no, realmente no cambiaba la ley en su parte fundamental, que es la ley de plazos. Hasta aquí era todo lógico, se hace un cambio pequeñito para no incumplir con el programa electoral y para parecer coherente con todo lo que has dicho pero no tocas lo esencial porque no tiene sentido.
Sin embargo el otro día en una entrevista en televisión el ministro dijo que pensaba cambiar la ley de plazos por una ley de supuestos como la de 1985. La ley de supuestos del 85, que permitía el aborto bajo los supuestos de violación, malformación del feto o riesgo para la madre, se convirtió tácitamente en una ley de plazos poco rigurosa al acogerse casi todo el mundo al “riesgo psicológico” para poder abortar. Esto de justificar problemas psicológicos si se tenía un hijo se convirtió en un trámite cínico e innecesario y no tenía sentido mantenerlo.
La ley de plazos de 2010 permitía el aborto libre hasta la semana 14, y a partir de ahí sólo se podría en supuestos muy concretos de riesgo vital. Que la semana límite sea la 12, la 14 o la 16 es discutible, pero lo que no parece discutible es que la ley de plazos es más clara, transparente y limpia que una de supuestos que estaba absolutamente desnaturalizada. Además, la ley de supuestos era menos restrictiva que la de plazos más allá de las 14 semanas.

Bueno pues ahora el PP quiere recuperar la ley de supuestos, que seguramente calcarán de la anterior, dejando de nuevo una ley absurda, que no se cumple y que no tiene diferencias sustanciales con la de plazos más allá de imponer en la legislación unos supuestos hipócritas. ¿Esto lo hacen para sentirse bien consigo mismos? Recordemos el profundísimo debate que se tiene en este país con el derecho de la madre a abortar vs el derecho a la vida, que técnicamente genera la misma situación y la misma realidad pero así perdemos el tiempo con debates moralistas y nos despistamos de otras cosas. Porque una cosa sería que el constitucional dijese que no se puede tener una ley de plazos que consagre el derecho al aborto, entonces sería razonable buscar fórmulas legales un tanto rebuscadas para legislar sobre el asunto y ahí sí podríamos entrar a hablar de esto, pero antes de que el constitucional diga nada ponerse a cambiar leyes sobre esencias morales que en realidad no cambian absolutamente nada parece un cachondeo.
¿Lo harán para contentar a sus bases ultra-católicas? ¿O es que son ellos los que quieren buscar el “perdón” de la iglesia o del altísimo en base a estas piruetas? Si es así, primero son unos cínicos y segundo están trasladando sus conflictos morales internos a la legalidad de forma contraria a lo que debería ser un estado aconfesional. La última opción que queda es que se hayan creído su propia propaganda y piensen que esto importa realmente o que están cambiando algo, lo cual sería gravísimo y demostraría que son bastante más incompetentes y/o peligrosos de lo que se suponía.

La otra ocurrencia de los últimos días es la del ministro de educación Sr.Wert, que tiene una cara muy conocida porque era contertulio habitual de estas tertulias que hacen antes de comer, estas en las que se hablan de cosas tan profundas con esos puntos de vista tan independientes y tan poco alineados con los partidos…Bueno, dejemos la ironía.
La cuestión es que el ministro Wert comunicó al congreso su plan para la reforma educativa (una más), y de entre las ideas que expresó, algunas razonables, otras absurdas y la mayoría puro artificio, salió su propuesta estrella: Eliminar la asignatura Educación para la ciudadanía y cambiarla por… ¡¡Educación cívica y constitucional!!
No, no es broma, esto parece que es como cambiar “lengua española” por “lenguaje y literatura española” o “gimnasia” por “educación física”, cambiar el nombre para pasar el rato y parecer que cambias algo cuando no cambias nada. No obstante parece que hay algo más.
Ese algo más es aquello del “adoctrinamiento” que se supone que impartía esa asignatura y que estos señores llevan años denunciando sin haberse leído siquiera la portada de ninguno de esos libros. “Adoctrinamiento” era, como imaginaréis, hablar de la normalidad de familias monoparentales u homosexuales, de educación sexual y esas cosas tan malvadas que sacaron Zapatero y sus ministros de alguna sesión de espiritismo satánico (perdonad la ironía, pero es que con estas críticas del tradicionalismo sectario no puedo).
El ministro Wert se refirió en su discurso a este posible “adoctrinamiento” y dijo que eliminaría esos contenidos conflictivos, dejando entender que el resto se mantendría. ¿Y entonces para qué le cambia el nombre y no se centra simplemente en extirpar algún contenido? Pura y simple propaganda dirigida al sector de la población que solo entiende de palabras huecas.
Me pregunto si los miembros del gobierno se creen realmente eso del “adoctrinamiento” o si es simplemente un servicio a los señores obispos para ganarse su confianza y un guiño al sector más casposo de la sociedad. Si es lo segundo es grave, porque le están dando a la iglesia un papel de influencia que ni puede ni debe tener, pero si es lo primero sería directamente escandaloso.

Dije el otro día en un blog conservador que ministros así iban a hacer buena a Bibiana Aido, o todavía peor, vamos a llegar a pensar que el nivel medio del ministro Español debe ser, por defecto, la tontuna.
Si es así, si es porque se han creído su propia propaganda, entonces nos podemos echar a temblar porque las tonterías que ha dicho el PP en la oposición son muchas y variadas. Si en cambio es puro marketing y reparto de prebendas a grupos y sectores afines, entonces todavía peor, es el gobierno al servicio de sus grupos afines y no del ciudadano.
Luego me decís que son muy crítico con el PP y con Rajoy y que nunca le he otorgado ninguna credibilidad. No se la otorgo, es verdad, pero por lo menos pensaba que el gobierno iba a ser más serio y no contralegislaría en base a las tonterías que llevan años diciendo y se concentraría en aplicar servilmente las recetas económicas que les dictan desde Alemania. Pues no, para una vez que les otorgo algo positivo me equivoco. Y luego queréis que les tenga confianza…