La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 28 de marzo de 2012

Reflexiones heterodoxas sobre la huelga













Hago un breve inciso en mis crónicas bonaerenses para hablar de la huelga general de mañana.
Vosotros sabéis que soy de izquierdas y que también que soy heterodoxo. Muchas veces hay hechos que se supone que un izquierdista debe apoyar sin alternativa posible so pena de que algún iluminado pretenda excomulgarle de la Fe verdadera. A mi, como sabéis, las dogmatizaciones me importan un bledo y por lo tanto digo lo que pienso y actúo en consecuencia aunque el 99% de los que se suponen que son mis “compañeros ideológicos” opinen que me estoy desviando del camino correcto.
Algo de esto va a ser aplicable a esta entrada de hoy, día antes de la huelga general que mañana hay convocada en España. Antes de nada voy a linkar aquí un escrito de septiembre de 2010 que hice también antes de la huelga general de entonces. El escrito se llamaba Camino del fracaso y me gustaría que lo leyeseis (o releyeseis) antes de seguir con la lectura de esta entrada, porque todo lo que dije entonces es plenamente aplicable hoy.

El argumento principal de aquel texto era que una huelga general no tiene sentido en la España de hoy y que hacerla no aporta nada positivo, es más, crea problemas futuros para los convocantes si ésta fracasa. Es un acto de protesta, como una manifestación, nada más porque no vale para nada más, pero con el agravante de que una manifestación suele ser fácilmente exitosa y una huelga general es casi imposible que lo sea.
Antaño las huelgas generales tenían sentido. En el 88 se consiguió parar el país y en las otras dos huelgas de principios de los 90 también se consiguió parar el país de forma relevante. Sin embargo a partir de ahí todo han sido fracasos parciales o victorias insuficientes si queréis ser más positivos. La huelga del 2002 contra el decretazo no fue ni comparable a las de los 90 por mucho que consiguiese cambiar algunas cosas de aquel decreto. La del 2010, la última, no consiguió nada y fue todavía menos seguida que aquella. Las 5 huelgas generales de la democracia han ido decreciendo en éxito e intensidad y conforme pasaban los años se podía comprobar que para un país era más difícil, y que te hiciesen caso por intentarlo también.

El por qué de esta aparente imposibilidad de parar un país está en la realidad laboral y socioeconómica de España. En 1988 había unos sindicatos muy poderosos, con un alto poder de movilización y una afiliación alta, en una economía que podía ser parada si se paraban las fábricas y los transportes gracias a su menor sofisticación. Pero la economía, el mercado laboral y la sociedad han cambiado mucho en 25 años.
Para empezar hay una diferencia clara entre la seguridad laboral de entonces respecto a la de ahora. Ya no es por esta reforma laboral simplemente, es fundamentalmente porque en 1988 casi no había trabajadores temporales en trabajos que no eran estacionales mientras hoy el contrato temporal o por obra y servicio es el contrato favorito en España. Un trabajador con un contrato así se arriesga a no ser renovado si ejerce su derecho a huelga y simplemente por eso la inmensa mayoría de los trabajadores temporales no van a hacer huelga.
Por otro lado también ha habido un fenómeno durante estos 25 años: La inmigración. De forma general los inmigrantes de primera generación se sienten agradecidos al país que los ha acogido y son temerosos ante las posibles consecuencias de hacer cosas como una huelga. Los inmigrantes, además, tienen porcentajes de afiliación menores que los nacionales y por tanto están más alejados de los sindicatos. El porcentaje de inmigrantes que hace huelga también es bajo.
Hablando de la afiliación nos aparece un tercer grupo, que es toda aquella masa trabajadora de técnicos y profesionales titulados. Además de que los jóvenes están en la situación de temporalidad comentada antes existe una baja afiliación de este tipo de profesionales a los sindicatos de clase ya que, desde el punto de vista de estos trabajadores de “cuello blanco”, eso de los sindicatos es cosa de trabajadores manuales. Esta es una visión extendida entre los profesionales aunque no sea real (los sindicatos tienen ramas para este tipo de trabajos y empresas) y como consecuencia de esto también hay una afiliación bajísima entre estos profesionales y el ascendente de los sindicatos sobre ellos es casi nulo.

Pero todavía hay mucho más. En nuestra economía hay cada vez más autónomos y, sobre todo, falsos autónomos (trabajadores que son obligados a convertirse en autónomos para trabajar para una empresa). Los autónomos no tienen cultura de la huelga y, aunque esta reforma les afecta también a causa de la contracción del consumo que va a provocar, sienten que no va con ellos.
A todo esto se junta otras dos cosas. La primera es que hay una ley de la economía que dice que en un ciclo económico con alto desempleo la gente que va a la huelga es menor. Es lógico, la gente teme perder algo tan preciado hoy en día como un puesto de trabajo. Y además este propio hecho del alto desempleo sirve a las empresas para coaccionar más eficazmente a sus trabajadores para que no hagan huelga, sobre todo si se da alguna de las circunstancias de temporalidad comentadas.
La segunda es algo más compleja pero fácilmente entendible. Mirad, en un contexto donde muchas empresas no trabajan al 100% minimizar el impacto económico de una huelga es muy fácil para una empresa. Hay actividades que trabajan en continuo, que venden todos los días y que no pueden parar sin sufrir consecuencias económicas pero hay otras muchas actividades que pueden reorganizar el trabajo para que se haga todo aunque no se trabaje el día de huelga. Una panadería, que tiene que vender pan a diario, o un medio de transporte van a sufrir los efectos de la huelga, pero un despacho de ingeniería que tiene que hacer un proyecto con una fecha límite o incluso una fábrica que no trabaje al 100% no la sufrirán. El despacho ya se encargará de que el proyecto esté a tiempo por los medios de coacción que sea y la empresa productiva ya reorganizará el trabajo para tener el pedido a tiempo. Para estas empresas, si no trabajan al 100%, la huelga es casi positiva porque se ahorran un día de sueldo de sus trabajadores y luego éstos van a hacer el mismo trabajo. Esto lo saben los trabajadores, que al final piensan que pierden ellos y no la empresa.

Podríamos seguir dando causas por las que una huelga no puede tener hoy el éxito de hace 30 o 40 años. Sí puede haber huelgas exitosas en ciertos sectores, pero no una huelga general. A lo máximo que se puede aspirar es a un éxito parcial que no llevará a nada.
Porque ahora vamos a ser claros. ¿Para qué se hace una huelga? Una huelga es un mecanismo de presión a un gobierno para que haga algo que los trabajadores desean o retiren alguna ley que los trabajadores consideran lesiva. El objetivo de la huelga es, por lo tanto, tangible y para eso se ejerce este mecanismo de presión. El objetivo de esta huelga es que se retire la reforma laboral o, por lo menos, se quiten ciertos artículos.
Pero para poder presionar a un gobierno primero debemos tener un gobierno. Y España, al menos en términos económicos, no tiene un gobierno ni un presidente, lo que tiene es un Virrey y una corte de ministros al servicio de las órdenes que vienen desde fuera.
Ya ha avisado De Guindos que la huelga no va a cambiar “ni una coma” de la reforma, algo que es cierto porque la reforma está ya validada, aprobada y entregada en bandeja de plata a la presidenta que realmente tenemos, que se llama Angela Merkel. El destino legal de nuestras relaciones laborales ya está decidido en Berlín y en Bruselas y por eso mismo presionar a un gobierno que no decide nada no tiene ningún sentido.

Mañana pasará lo que pasará. El gobierno dirá que no ha habido casi huelga y los sindicatos dirán que ha sido un éxito. Eso sí, las manifestaciones serán numerosas porque la realidad es que el país está muy mayoritariamente contra la reforma.
Mañana cada uno se creerá lo que se quiera creer. Eso suele ser así y ya no debe sorprendernos. Sin embargo lo que es seguro es que mañana no se parará el país, trabajará más gente de la que va a hacer huelga y el gobierno no va a rectificar un ápice la reforma.
Y si somos honestos pasado mañana deberemos replantearnos, de nuevo, lo que planteaba en 2010. La huelga no es un instrumento eficaz hoy y lo máximo que puede conseguir es dejar en evidencia el bajo nivel de apoyo que tienen los sindicatos. Y si queremos volver a tener herramientas para poder presionar a los poderes públicos y a los poderosos y hacerles cambiar sus leyes y reformas lo primero que debemos aceptar es que las que tenemos ya no nos valen.
Ayer me decía Nicolás del blog El viaje de Ulises que él estaba dispuesto a replantearse los mecanismos de protesta si alguien le proponía uno mejor, pero que por ahora la huelga es el que tiene y a ese recurrirá. Entiendo a Nicolás pero muchas veces en la historia hay que dejar morir lo viejo para que pueda nacer lo nuevo, y creo que ese es precisamente el momento en el que estamos.
Dejémonos de nostalgias y de costumbres, de herramientas que casi no funcionan y de querer hacer las cosas como siempre. Hay que ser inteligente, probar cosas nuevas, intentar ver qué mecanismos pueden ser eficaces para parar un país si eso es lo que se quiere. Me encantaría poder dar aquí las respuestas pero no las tengo, lo siento. Sé que esta huelga, a pesar de tener todo el fundamento del mundo es un error y no se debió convocar, pero no sé exactamente qué se debe hacer.
¿Ideas? Manifestaciones, acciones colectivas como consumidores, movimientos de indignados verdaderamente constantes y efectivos, creación de parcelas de economía relacional…Sí, esto es muy difícil ya lo sé, pero es lo único que se me ocurre que podemos hacer de forma efectiva. No estamos en un mundo nada fácil pero esto hay que asumirlo y ponerse a trabajar con esta mentalidad. Imaginación al poder señores porque si no se nos comen por los pies, y estar pegándole al cocodrilo con la pancarta de la huelga no nos vale ni para conseguir un segundo de vida más.

lunes, 26 de marzo de 2012

Crónicas Bonaerenses (II)

LA ECONOMÍA ARGENTINA
















Dicen que hay cuatro sistemas económicos en el mundo. Está la economía socialista, está la economía capitalista, está Japón y está Argentina”. Esta fue la frase que me dijo el decano de una de las universidades del campus de Puerto Madero mientras hablábamos de la esencia de Argentina y de los argentinos. La frase, que tenía un punto de cachondeo (los argentinos cuando hablan de lo desastroso de la economía de su país siempre lo hacen con ironía y con humor), también tenía parte de verdad.
No es que Argentina tenga un sistema económico especial, es que la propia idiosincrasia del argentino y las dinámicas propias de su economía ha creado un sistema que tiene particularidades. Es un sistema capitalista, como casi todos en el mundo, pero las reglas teóricas del capitalismo que se suelen incumplir en todas partes de tanto en tanto allí directamente no tienen aplicación práctica.

Para hablar de la economía argentina creo que es importante hacer un poco de historia, pero muy breve. Como dije en la entrada anterior Argentina pretendió ser un país agrícola exportador en el siglo XIX y lo consiguió. Sin embargo después de la crisis del 29 y durante la guerra mundial Argentina comenzó a industrializarse a marchas forzadas. Mucha gente se trasladó del campo a las nuevas industrias cercanas a las ciudades y se creó un nuevo proletariado que poco tenía que ver con el existente anteriormente, tanto cultural como políticamente. Este nuevo proletariado no estaba ideologizado en las teorías socialistas y anarquistas que sí tenían sus compañeros y, cuando llegó Perón, digamos que movilizó (o instrumentalizó) a este nuevo proletariado y lo convirtió al naciente peronismo. Así la CGT, sindicato muy mayoritario en Argentina, se alineaba con el Peronismo.
El Peronismo potenció la industrialización del país en base a pequeñas y medianas empresas, a la vez que hacía una política social potente. Eso creó una especie de bloque peronista que alineaba a medianos empresarios y trabajadores en una política desarrollista, generando una división social que no se correspondía exactamente a la dualidad obrero-patrón sino a otra diferente.
Este es uno de los misterios del Peronismo, ideología inclasificable dentro de los parámetros europeos, y por extensión a la actitud de la oposición radical que si bien sí puede tener un paralelismo con partidos que conocemos se ha basado más que nada en la reacción al peronismo. En cualquier caso después de la dictadura argentina todo esto perdió su naturaleza. El gobierno de la dictadura hizo un destrozo económico absoluto siguiendo las doctrinas de la escuela económica de Chicago (ya no es que fueran malas, que para mi lo son, es que las aplicaron horriblemente mal). Cuando regresó la democracia el presidente Radical Alfonsín aplicó una política liberal económica y el siguiente, el Peronista Menem, aplicó una más neoliberal aún. Parecía como si los partidos ya no fuesen diferentes o como si la dictadura hubiese dejado una herencia que impedía otra política económica.
¿Qué vino después? El desastre. El corralito, el fin de la convertibilidad, el “default”. La economía se hundió, el país se hundió, la gente perdió sus ahorros, la clase media emigró a Europa. Argentina volvía al año 0 en cierta manera.
Pero luego llegó Kirchner y cambió la política radicalmente. No conozco todos los detalles de su política pero básicamente se hizo lo contrario de lo que llevaba aconsejando el FMI desde hacía décadas. Se potenció la industria autóctona (al más puro estilo del peronismo tradicional), se limitaron las importaciones, se potenció la demanda interna. A todo esto ayudó la enorme devaluación del peso una vez acabó la convertibilidad. Argentina tiene hoy una economía dinámica con crecimientos económicos altos.
Más o menos esta es la historia.

Pero los libros los escriben personas y muchas personas escriben no lo que es, sino lo que les gustaría que fuese. Para comprobar esto hay que mirar la realidad.
¿Qué dice la realidad? ¿Qué se ve en Argentina? Bien, fuera de los contrastes comentados en la entrada anterior mi percepción fue que en Argentina se vivía con un nivel de vida bastante decente. Los restaurantes estaban llenos, la gente tiene teléfonos móviles de última generación. El parque móvil es relativamente viejo, pero tampoco escandalosamente viejo. La percepción del visitante es que se está en un país desarrollado, no muy rico pero sí desarrollado.
Hay algunas estampas de pobreza más allá de las villas. Por ejemplo en nuestro país se pueden ver indigentes, pero generalmente se tratan de personas solas y muchas de ellas tienen problemas psicológicos importantes y parecen preferir estar en la calle que en un albergue. En Argentina, en cambio, sí se ven familias enteras con hijos en la indigencia viviendo entre cartones y colchones. No es que se vean muchas, pero sí vi algunas durante mis 15 días allí.
También se ve mucha venta ambulante, tanto en la calle como en el transporte público. Hay mucha gente que sube a los trenes o autobuses a vender productos de todo tipo (un billete en un transporte público es muy barato al estar subsidiado, unos 20 céntimos, quizá por eso les compensa subir al tren o al autobús a vender). También he visto algunos limpiabotas, algo casi erradicado en España aunque por ejemplo sigue existiendo en Portugal.
Los autobuses, el metro y los cercanías están subsidiados y son muy baratos, sin embargo fueron privatizados hace muchos años y están en manos de empresas privadas que les hacen un mantenimiento mínimo. Muchos buses están tan viejos que casi no se ve a través de las ventanas. Los trenes de cercanías tienen los asientos carcomidos del uso. Además, y como es habitual en una mega ciudad de ese tamaño, el transporte público está masificado. Todos conocéis el accidente en uno de los trenes de la TBA de hace unas semanas. Después de haber estado allí estoy casi convencido de que ese accidente se debe al escaso mantenimiento, a lo viejo que son los trenes y a la cantidad de personas que se sientan en el suelo por falta de espacio.

Se puede entender gran parte de la realidad económica de Argentina en base al que parece su problema principal económico: la inflación. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner reconoce una inflación de un 10% aproximadamente, pero los estudios independientes dicen que la inflación se acerca al 25%. Evidentemente la gente cree los estudios independientes y no al gobierno.
Argentina es un país acostumbrado a la inflación. Excepto en la etapa de la paridad dólar-peso Argentina siempre ha tenido inflaciones elevadas y, a veces, hiperinflaciones. El decano que he comentado antes me dijo que durante su vida ha visto disminuir el valor del peso en siete ceros (el peso se convirtió en el Austral y después éste en el peso argentino). Esta realidad crea una dinámica especial. La gente no ahorra, pues no tiene especial sentido ahorrar con una moneda que tiene un 25% de inflación anual, y esto crea un movimiento de dinero que genera actividad económica. He dicho que la gente no ahorra pero para ser exactos tengo que decir que la gente no ahorra en pesos, sino en dólares o euros, que consiguen de las más diversas maneras. Los argentinos con mucho dinero tienen cuentas en dólares en el extranjero, los de poco dinero los tienen debajo del colchón.
Esta inflación hace que aquello de la “trampa del ahorro” que dijo Keynes no se pueda producir y agravar una recesión. El dinero se mueve, se invierte y eso es bueno. Pero una inflación de este nivel sostenida en el tiempo crea efectos muy negativos. Para empezar, y sin una red social potente que los ampare, un argentino que pasa una mala etapa en la vida no podrá vivir con sus ahorros de años anteriores, porque no los tendrá o porque se habrán devaluado. Además el hecho de tener que gastar o invertir lleva a que se gaste en cosas que igual no son razonables y un poco a lo loco. A mí me dio la sensación de que los argentinos no miraban el dinero ni cuanto costaban las cosas.

Tengo la percepción de que esta inflación sostenida en el tiempo está generando un ciclo inflacionista imparable. Los comerciantes y empresarios argentinos parecen haberse acostumbrado a trabajar con márgenes de beneficio altísimos, mucho más altos de los que en un país como el nuestro consideraríamos normales y esta dinámica crea más inflación todavía. ¿Por qué lo hacen? Tened en cuenta que ganar cantidades razonables de dinero y ahorrar no es una opción lógica, así que se quiere ganar mucho dinero en poco tiempo en una especie de cultura del micropelotazo permanente. De hecho es muy normal que te encuentres el mismo producto en distintas tiendas con diferencias de precio de hasta el 100% sin justificación alguna, tan sólo el margen de beneficio del comerciante. Algunas personas me han comentado que, al escasear algún producto, éste se multiplica de precio en las tiendas increíblemente, rápidamente y sin pudor ninguno.
Desde las diversas teorías económicas se intenta analizar las causas de la inflación argentina. Los liberales clásicos dicen que es una cuestión de masa monetaria, exclusivamente. Los neoliberales también hablan de la importancia de los aumentos salariales, que provocan inflación. En Argentina, país con unos sindicatos muy potentes, los incrementos salariales son importantes cada año (como la inflación o incluso algo más). ¿Es esa la causa de esta inflación desbocada? Yo creo que no, por lo menos no exclusivamente. No es la masa monetaria por sí sola, no es el aumento de los salarios con la inflación, no es la productividad y el crecimiento, hay algo interno en la economía argentina, este cortoplacismo económico, esta cultura de gasto, probablemente este doble mercado de gastar en pesos y ahorrar en dólares, etc. Todo esto influye en una dinámica de país, en una forma de hacer negocios, de gastar y de invertir que potencia la inflación.
Para que veáis esto del cortoplacismo os cuento una anécdota. En la facultad de ciencias económicas de la UCA quisieron hacer hace unos años un máster internacional sobre alguna materia novedosa. Se preguntaron a sí mismos, ¿qué sabemos hacer los argentinos económicamente? ¿Qué podemos aportar al mundo? Al final concluyeron que lo que realmente sabían hacer como argentinos es reinventarse económicamente, es decir, como armar un negocio rápidamente y que dure poco tiempo, para posteriormente cambiarlo radicalmente y dedicarse a otra cosa. Hicieron un máster oficial basándose en eso del que no recuerdo el nombre pero era algo así como negocios a corto plazo. Bien, me comentaban en la facultad, riéndose, que los alemanes que iban a hacer el máster se llevaban las manos a la cabeza y no entendían nada. “¿Dónde está la planificación? ¿Y los estudios de mercado?” decían. Para ellos era inconcebible gestionar la economía así.
Os tengo que reconocer que el máster ese me pareció una locura cuando me lo contaron pero reflexionando los días posteriores me di cuenta que debe ser interesantísimo. En un mundo tan cambiante, tan dinámico, ¿podría ser interesante tener ese tipo de habilidades? A mí esto me resulta la degeneración mayor de la economía capitalista, es una economía de casino, pero no puedo negar que me hubiese encantado hacer ese máster. Tendré que mirar si está on-line.

Si alguien me pregunta si me gusta la economía argentina le diré que no. Pero creo que hay una lección muy importante que sacar. Esta gente salió de la destrucción del sistema reindustrializándose, limitando importaciones, exportando y aumentando la demanda interna, exactamente lo contrario de lo que se dice que hay que hacer desde la ortodoxia.
Creo que es un buen ejemplo para ver que la ortodoxia no nos está haciendo más que daño. Quizá el sistema actual de Argentina tenga muchas lagunas, quizá tenga un componente de burbuja también (aunque hay muy pocos préstamos), quizá sea frágil, pero debemos ver de dónde partían. Es importante que entendamos que hay otra política económica que se puede hacer, que no tiene porque ser esta (cada país es un mundo), pero que existe. Ver la economía argentina y como el país se ha levantado me hace convencerme más aún de que debemos buscar nuestra propia heterodoxia adaptada a las condiciones de nuestro país.

jueves, 22 de marzo de 2012

Crónicas Bonaerenses (I)

















Después de estar 15 días en Argentina no había más remedio que hacer algún tipo de reseña sobre mi viaje en este blog. La situación en España y en Europa es complicada, se avecina una huelga general y la economía se deteriora progresivamente y quizá eso sería sobre lo que lógicamente debería escribir. Sin embargo creo que es mucho más enriquecedor hablar sobre mi estancia en Argentina y lo que he visto allí que hablar sobre la situación española de la que ya hay información sobrada.
Este no es un blog de turismo ni de experiencias personales propiamente. Es un blog de política, economía y sociedad y precisamente por eso no voy a hacer reseñas turísticas ni contar el viaje desde ese punto de vista. Lo que os voy a contar en esta entrada y en las próximas son cosas que creo que son interesantes desde las áreas que solemos tocar aquí. Habrá anécdotas personales y contaré partes de mi viaje como forma de darle coherencia al texto y contextualizar las ideas, no como un fin en sí mismo. Contar una historia personal para contar una realidad social, eso es lo que voy a intentar hacer.

Como ya comenté mi estancia en Argentina no ha respondido al viaje turístico típico. No he estado en la Patagonia, no he estado en Iguazú. Mi viaje ha sido urbano y escasamente he salido de Buenos Aires debido a que mi estancia allí era en calidad de acompañante de mi novia, que iba por razones de trabajo a una de las universidades argentinas. Esto me ha permitido realizar el tipo de viajes que realmente me gustan, estos en los que te “fundes” con la realidad del país, te insertas en ella, un viaje para hablar mucho con mucha gente, para conocer mucho en poco tiempo, para fijarte en los detalles en los que el turista normal no suele fijarse.
Mis opiniones sobre Argentina no van a ser objetivas ni siquiera bien estudiadas. Responden a sensaciones y están muy influidas por las personas con las que he hablado, aunque he intentado hablar con personas muy alejadas las unas de las otras. Hay muchas cosas que no entiendo ni logro ver qué hay realmente detrás de la apariencia, así que intentaré explicar todas las opciones que veo.
Una de las cosas que me ayudó mucho a entender la realidad argentina fue leer sobre su historia. El primer día me regalaron un libro de Félix Luna llamado Breve historia de Argentina, que abarcaba desde la llegada de los españoles hasta la caída de Perón. Ávido de saber más encontré en la biblioteca de la universidad católica de Buenos Aires otro libro de historia y economía argentina, muy técnico y orientado a la docencia pero interesante, que llegaba hasta 2003. El Kirchnerismo quedaba fuera del libro, pues. Estas lecturas me ayudaron mucho a entender en qué país me encontraba.

¿Qué es lo primero que sientes al llegar a Buenos Aires? Tu primera sensación es que estás en Europa. Las avenidas bonaerenses, a pesar de tener un tamaño “americano” (por lo grande), están claramente inspiradas en la arquitectura europea. Buenos Aires se parece mucho a Madrid, algo a Barcelona (sobre todo en los barrios “marítimos”), a Valencia, un poco a Paris, quizá algo a Roma. No te da la sensación de estar en Latinoamérica, sino en algún punto de Europa con ascendencia española, francesa y comportamientos italianos.
De hecho y según pude concluir de mis conversaciones con algunos argentinos, ese país está viviendo en una época de digamos mezcolanza cultural. Usando la misma palabra que me dijeron a mí, la europea argentina está sufriendo progresivamente un proceso de “latinoamericanización” de la mano de la globalización, la integración regional y, sobre todo, de la inmigración de los países latinoamericanos que parece que es numéricamente importante.
Me dio la sensación de que existían dos bloques en la sociedad argentina a este respecto. Una parte de la sociedad argentina parece querer conservar ese factor diferencial respecto a sus vecinos latinoamericanos, esa esencia europea. Durante todo el siglo XIX y parte del XX los políticos y gobernantes argentinos quisieron crear en argentina una especie de estados unidos en el sur de América. Querían crear algo parecido a los estados del sur de estados unidos y para ello potenciaron la inmigración europea con la intención de que se crease una base agraria, una población que cultivase sus parcelas de tierra en base a una cultura de esfuerzo, trabajo y ahorro. Pensaban que esa inmigración traería esas bases que contagiarían a la escasa población autóctona y soñaron con una inmigración de origen anglosajón o centroeuropeo. La realidad es que la inmigración fue básicamente italiana y española, aunque también llegaron judíos y grupos más pequeños de todos los países de Europa, lo que en el fondo cambiaba algo sus planes pero tampoco esencialmente. Realmente España e Italia eran países más agrarios y quizá era incluso mejor para un país que pretendía ser agrario. En definitiva, hay una parte de argentinos que se podría decir que quieren ser europeos en América, del mismo modo que los estadounidenses son anglosajones en América.
Sin embargo hay otro bloque que acepta de forma más o menos abierta su integración entre las naciones americanas. Quizá como manera de crear un poder regional, quizá por ciertas visiones de que América es una única nación (como decía Ernesto Guevara, “en el fondo somos una sola nación mestiza desde México hasta Argentina”), quizá entendiéndolo como algo inevitable en el mundo de la globalización. El gobierno Kirchner es partidario de esta visión, quizá más por la alianza con Brasil y por la creación de un bloque poderoso dentro del Mercosur que por cuestiones culturales.

Realmente no todo en Buenos Aires es europeo. Si ves algo claramente ajeno a lo europeo y más propio de los países menos desarrollados son esos contrastes entre partes ricas y pobres en una ciudad. En Buenos Aires hay barrios residenciales muy buenos y cercanos al lujo, como puerto madero (donde me alojaba), la recoleta o parte del barrio de Palermo, sin embargo en cono bonaerense es mucho más pobre. En cualquier ciudad del mundo hay barrios mejores y peores, ricos y de trabajadores, hay contrastes; pero estas diferencias son más acusadas cuanto más pobre es un país.
Quizá lo más impactante en Buenos Aires son las “villas miseria”, asentamientos de infraviviendas ilegales que abundan por el país y la propia capital. Normalmente están en los extrarradios de las ciudades pero hay una, la villa 31, que está cercana al centro de Buenos Aires (realmente está arrinconada entre una parte del rio y la estación de Retiro, pero esta estación es la estación central de trenes y autobuses y está muy cerca del microcentro de la capital). Cuando sales en tren de la estación de Retiro puedes ver a tu derecha la villa 31. La imagen es impactante, recuerda a las favelas de Brasil pero la orografía plana de Buenos Aires hace que tenga un aire distinto. En las villas miseria de amontonan personas en viviendas construidas con chapas o materiales de todo tipo, no hay asfalto ni organización urbana ni servicios básicos. La marginalidad, la inseguridad y la droga son habituales. La inmensa mayoría de los habitantes de las villas son inmigrantes ilegales, fundamentalmente paraguayos y bolivianos, y aunque las villas “de emergencia” (en su denominación oficial) datan de finales de los 50 su espectacular crecimiento se ha dado desde la crisis de 2001.
El problema de las villas tiene muy difícil solución. La dictadura las intentó erradicar e incluso “tapar” construyendo un muro para que los turistas no la viesen, pero no consiguieron casi nada. Para acabar con un problema así hacen falta ingentes recursos y un plan largoplacista, y el estado argentino no dispone de lo primero y parece difícil que se pueda hacer lo segundo cuando no hay una política de estado ni de consenso para eliminar este problema.
Voy a parar aquí este relato de lo que es o lo que parece Buenos Aires. En el próximo entraré más a fondo en cuestiones sobre la vida de los argentinos y su realidad económica.

viernes, 2 de marzo de 2012

Me voy de viaje a Argentina


Señores, no sé muy bien cuanto voy a poder escribir las próximas semanas. Mañana salgo de viaje a la Argentina y estaré allí durante dos semanas. Desconozco si habrá wifi disponible en el hotel en que me voy a alojar estas dos semanas (creo que en las habitaciones, extrañamente para un hotel de esa categoría, no hay wifi gratuito) ni el tiempo que voy a poder tener disponible para escribir alguna cosa que me parezca interesante, pero lo intentaré.
Me voy de viaje de ocio más o menos. Mi novia tiene que dar unas conferencias en la universidad de Buenos Aires así que ella tendrá que trabajar pero yo, fuera de mi esclavizadora Blackberry que tendré que consultar asiduamente, puedo considerar que estoy de vacaciones a no ser que tenga que hacer de consorte en ciertos actos universitarios.

Nunca he estado en Argentina y tengo ganas de vivir la realidad de ese país en primera persona. Llevo muchos años diciendo que nuestro país va camino de la argentinización, que es sinónimo de empobrecimiento y de precarización de la clase media.
Argentina era un país muy rico hace décadas. Durante los años anteriores a la segunda guerra mundial era considerado el cuarto o quinto país más rico del mundo y los emigrantes europeos, cuando decidían donde emigrar, dudaban entre Argentina y los EE.UU, decisión que tomaban probablemente en función de sus orígenes culturales. Mientras los europeos del norte de Europa emigraban a los EE.UU los del sur, generalmente italianos y españoles, lo hacían a Argentina.
Sin embargo Argentina sufrió un proceso constante de empobrecimiento desde hace tres o cuatro décadas. Las razones son varias y tampoco sabría explicarlas bien pero el estar lejos de los centros de poder e influencia del mundo en ese momento (La alianza atlántica y el bloque soviético), el militarismo de origen hispano que dio origen a varias dictaduras, la corrupción y, más tardíamente, las medidas “neoliberales” impulsadas por el FMI, la hiperinflación, la posterior solución de la dolarización que acabó siendo peor que el problema principal…Todo esto llevó al país al colapso del 2001 y a prácticamente reiniciarse como país.
¿Cómo se llegó a todo esto? ¿Por qué? Me gustaría poder averiguar estas respuestas y espero que los argentinos me las sepan dar. También estoy interesado en la política de la señora Kirchner que a lo lejos parece una mezcla entre el chavismo y la moderación de los progresistas tipo Lula, mezcla de amenazas y pragmatismo, de populismo y moderación, en definitiva peronismo en estado puro, o quizá no. Y quizá no deberíamos hablar de peronismo como un todo sino de Kirchnerismo, pues el peronismo ha quedado dividido en varias tendencias, como lo ha hecho el radicalismo y como todo en la política Argentina.

¿Qué tiene que ver esto con España? Todo. Argentina acabó en el corralito gracias a una moneda que era demasiado fuerte para la realidad productiva del país, lo que dañó muchísimo a su industria. Argentina sufrió una oleada de privatizaciones en la época Menem, privatizaciones de escasa transparencia y eficiencia que han acabado con desgracias como las que vimos el otro día. Durante muchos años el país siguió a pie juntillas las políticas que le ordenaban desde fuera, desde el FMI, con catastróficas consecuencias. Después del corralito la clase media que quiso evitar la precarización y pudo hacerlo emigró a Europa o a los EE.UU. En Argentina la brecha entre ricos y pobres se llegó a ampliar como nunca en su historia.
Si todo esto no os suena a España es que no estáis viendo lo que realmente hay detrás de las portadas de los periódicos. España está sufriendo lo mismo, el aprisionamiento que le provoca el tener una moneda fuerte y fuera de su control, la precarización de la clase media, la cada vez más exigua dispersión de renta y la servil aceptación de las recetas económicas que nos imponen desde fuera.
¿Y la solución Argentina nos vale? Recordemos: Suspensión de pagos, fin de la dolarización (para nosotros supondría salir del euro) y vuelta a cierto nacionalismo económico. Argentina hoy es un país que crece al 8,5% anual y su tasa de paro no llega al 7%, la tercera parte que España. Pero no pensemos que es la panacea. Argentina está creciendo ahora después de una durísima recesión y de prácticamente el hundimiento del país. Cuando has tocado suelo ya solo puedes ir hacia arriba. Además, hay otra cifra macroeconómica que es muy problemática que es una inflación oficial de alrededor del 10% pero que análisis independientes dicen que realmente es alrededor del doble. Además, el poder adquisitivo de los salarios argentinos es muy precario.
¿Y pasará en España lo mismo que en Argentina respecto a los partidos políticos? ¿Se dividirán en tendencias? Cuando hay unas elecciones presidencialistas creo que es más fácil que esto suceda pero no es descartable que pase en España de manera algo distinta. Como la situación de España siga recrudeciéndose es posible que nos veamos abocados a un gobierno de concentración, que sería el fin del bipartidismo tal y como lo conocemos.

Todo esto son preguntas más que respuestas. ¿Cambiaré mi opinión sobre todo esto una vez esté en Argentina? No lo sé pero me gustaría venir con mucha más información sobre lo que allí pasó y lo que está pasando y poder afinar mis puntos de vista, muy poco concretos todavía.
Espero que el brillo del moderno Puerto Madero, barrio bonaerense donde voy a alojarme, no me haga llevarme una impresión excesivamente positiva de un país que tiene problemas. No quiero hacer ese tipo de turismo de europeo acomodado que sólo va a ver lo bonito. No es que me quiera meter en una villa miseria, pero tampoco hacer vida de la jet-set bonaerense.
Volveré a España el 19 de Marzo si es que no estamos en pleno motín generalizado en esa fecha. Muchos jóvenes profesionales están encontrando trabajo en países emergentes, generalmente de manos de empresas multinacionales. Yo no tengo ninguna intención de dejar mi país, con el que siento un compromiso de intentar cambiar las cosas y evitar ese colapso al que parece que quieren destinarnos la señora Merkel, los poderes internacionales y nuestros políticos serviles. Pero en fin, nunca digas nunca como se suele decir. Ahora tengo trabajo, estabilidad y una situación casi envidiable pero, ¿qué deparará el futuro?

Si puedo escribir algo estos días lo haré, aunque sea breve. Si alguien quiere ponerse en contacto conmigo urgentemente ya sabéis: lasuertesonriealosaudaces@hotmail.com

Un abrazo a todos.