La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 30 de abril de 2012

Un exterminador más papista que el Papa
















Estoy empezando a pensar que estamos gobernados por un idiota, o mejor dicho por un atajo de idiotas incapaces no ya de proponer algo razonable para que nuestro país salga de la crisis, sino de entender las consecuencias de lo que están haciendo. Por si fuera poco su absoluta incomprensión sobre lo que legislan se proyecta en un entusiasmo público hacia sus propias medidas, que se convierte en un sadismo incomprensible desde el punto de vista del receptor de las mismas. A estas alturas ya me cuesta distinguir si son tontos o es que se hacen los tontos para ocultar las fechorías de están haciendo.

Ahora que parece que va a ganar Hollande en Francia los distintos gobernantes y virreyes de Europa empiezan a preparar sus nuevas posiciones. El propio Mario Monti, el virrey italiano que Angela Merkel colocó de primer ministro para quitarse de en medio al mafioso insolente, ya ha dicho que lo que hace falta en Europa es crecimiento y que, si Alemania no está por la labor, deberían estudiarse consensos entre Italia, Francia y España para dar un impulso a estas políticas desde la UE. En Francia, en plena campaña electoral, el futuro presidente de la república parece que va a apostar por una nueva política para impulsar el crecimiento económico desde el estado, e incluso países colaboracionistas de Alemania como Holanda están teniendo problemas para aprobar los recortes impuestos. Hasta la propia Merkel, después de decir que no pensaba cambiar ni una coma de sus políticas por mucha rebelión que hubiese, ya ha suavizado el lenguaje para evitar problemas futuros.
Sin embargo el Virrey Monti no se percató de que su colega el Virrey de la vecina España, don Mariano Rajoy, es el más servil de los presidentes europeos. Mientras todo el mundo está clamando a favor de las políticas de crecimiento a nuestro querido presidente, que recordemos gobierna un país depresivo que es precisamente el que más necesita de crecimiento, no se le ocurre otra cosa que declarar que la política de austeridad “no es cosa de Angela Merkel, sino de un acuerdo de todos los países de Europa”. Además de mentiroso (porque el acuerdo, que existe, fue aprobado ante la rigidez y coacción de Alemania), parece que no se está enterando de lo que se está moviendo delante de sus narices.
Hace un par de meses, en su primera reunión europea, parecía que Mariano Rajoy iba a ir a plantar cara a la señora Merkel. Se vendió a bombo y platillo que iba a plantarse ante un objetivo de déficit imposible de cumplir. La verdad es que entonces, al leer esa noticia, me esperancé y pensé que posiblemente no estábamos ante un mal gobernante como pensaba. Pero no, en mi breve esperanza me equivocaba, porque como también se ha demostrado aquello no fue más que una bravuconada absurda, y cuando llegó a Bruselas le sentaron en un rincón y le leyeron la cartilla. Al final creo que sacó un par de décimas que le dieron a modo de limosna, par de décimas que me temo que cambió por esta sumisión patética y absoluta a los dictados alemanes en la que ahora vivimos.
Las escasas fuerzas y voluntad que tenían las gastaron estúpidamente en aquella ocasión. Ahora, que es cuando debería estudiarse un acercamiento entre Francia (si es que gana Hollande), Italia y España, acercamiento que llevo defendiendo desde hace dos años como único método de acabar con la preponderancia alemana, pues ahora resulta que somos más papistas que el Papa y más Merkelianos que la propia Merkel, y somos los mayores defensores de las políticas suicidas que nos están llevando a la ruina. Que somos gilipollas perdidos vaya, o malvados en su defecto, o ambas.
Y luego me decís que exagero cuando los llamo traidores y colaboracionistas.

Voy a hablar de alguna cosa más. En este país se ha establecido últimamente una perversa costumbre, que es destruir el país a golpe de decreto todos los viernes. No hay un puñetero viernes en que podamos estar tranquilos, pues o nos suben los impuestos, o nos recortan prestaciones, o legislan algún disparate o todo a la vez.
Este último viernes nos hemos enterado que van a subir el IVA (cosa que era absolutamente evidente desde hace tiempo y como ya dije hace meses) y, en la comunidad valenciana, van a privatizar la gestión de toda la sanidad pública.
Lo de la privatización de la gestión sanitaria es un nuevo fraude de nuestros políticos valencianos en base a aquel mito absurdo de que la gestión privada es siempre mejor y más eficiente que la pública. Porque si algo ha demostrado el Consell los últimos años es que saben privatizar y concesionar como nadie dejando todo en manos de los más chorizos que aparecen por la concesión. Ni la Argentina de Menem privatizaba peor.
Además esto es una nueva chapuza. Se privatiza la gestión pero no al personal, que sigue siendo funcionariado del Consell. Es un barullo de competencias que, si consigue ahorro, será en base a empeorar la atención sanitaria a los ciudadanos, única manera objetiva para conseguir ahorros por esta vía. En base a un mito se reparte negocio entre los grupos sanitarios amigos del Consell, que además exigirán cobrar altos precios por el servicio porque hay que compensar el riesgo de trabajar ante una administración morosa y arruinada. Al final nos podemos encontrar con la sorpresa de que la privatización acabe costando más dinero que dejar las cosas como estaban, posibilidad nada descartable viendo el atajo de parásitos que ha ideado el sistema.
No quiero hablar mucho de esto porque quiero hacer una entrada exclusiva sobre este asunto.

En este punto creo que podemos hacer un ejercicio de ciencia ficción. Si cada viernes se legisla una nueva destrucción del estado del bienestar, que además a corto plazo no hace otra cosa que contraer la actividad económica, ¿Cómo estaremos en un año? Porque un año tiene 52 semanas, 52 viernes en los que el presidente del gobierno ya ha dicho que seguirá haciendo reformas.
En un año ¿les habrán bajado las pensiones a los pensionistas? ¿Habrán bajado de nuevo los sueldos a los funcionarios? ¿Tendremos peajes en la mayoría de autovías? ¿Tendremos copago en las visitas a urgencias, al médico de cabecera y a los especialistas? ¿Cuántos servicios habrán extirpado de la cartera de la sanidad pública? ¿Bajarán el salario mínimo? ¿Habrá todavía becas para la educación no obligatoria que no sea universitaria?
Me sobran semanas, porque como ninguna de las continuas reformas calmen a los mercados tendremos más y más y más y así hasta que no quede nada por reformar. Porque este gobierno no tiene límite, ni líneas rojas, ni proyecto ni absolutamente nada de lo que se le debe exigir a un gobierno. Y esto es así porque esto no es un gobierno, no lo olvidemos, es un virreinato colaboracionista.

Como no llegue Monsieur Hollande a salvarnos de nuestra propia autodestrucción me temo que, como dije hace unos días, vamos camino a ser primero otra Portugal y después otra Grecia.
De un gobierno exterminador que sirve el sufrimiento de su pueblo como trofeo para la canciller no se puede esperar nada más. De un gobierno cuya única política es obedecer a un país extranjero no se puede esperar nada más. Yo no sé que espera la gente de este país para despertar y ver estamos ante lo mismo que vivimos desde Mayo de 2010 sólo que más rápido y más agresivo. Yo no sé que necesita la gente para asumir que esta política nos lleva a la ruina. Es que ellos mismos han aceptado ya que nos lleva a la ruina y que no reduciremos la tasa de paro en 4 años ¿cómo se puede seguir creyendo que esto es culpa “del gobierno anterior” si han aceptado que son absolutamente incapaces de revertir la situación en 4 años?
Decía un amigo en Facebook, al comentar la noticia de que Rajoy había dicho que iba a hacer reformas todos los viernes: “igual no te quedan tantos viernes como tu crees”. Mi tendencia natural es pensar que ojalá tenga razón pero ¿cuál es la alternativa? ¿Rubalcaba? ¿Un gobierno de concentración? Apaga y vámonos.

jueves, 26 de abril de 2012

Las cosas del Rey y la república "blanca"












Decía el otro día que nos encontrábamos ante una monarquía autodestructiva. En pocos años y tras sucesivos escándalos (unos reales y otros exagerados por la prensa rosa) la percepción de los españoles sobre la monarquía y más concretamente sobre la figura del rey ha cambiado mucho, y a peor para la corona.
Algunos partidos de tradición republicana han salido en los últimos días a pedir la abdicación del rey y la convocatoria de un referéndum. Independientemente de si el rey tiene motivos para abdicar o no, salir a favor de la corriente a pedir un referéndum es algo que solo hace daño al propio republicanismo. Que IU (o ERC) quieran capitalizar el rechazo creciente a la monarquía y a la figura del rey es normal, eso es bueno para ellos pero es malo para el futuro de una tercera república para España, pues en vez de ayudar a la propagación del sentimiento republicano lo limita y lo convierte en una idea relacionada necesariamente con ciertos posicionamientos políticos, y eso ahuyenta a muchas personas.

Mi percepción particular es que la mayoría de personas menores de 35 ó 40 años no son monárquicas. Para ellos (nosotros realmente) la monarquía es una institución incomprensible, anacrónica e inútil, que en vista de las circunstancias no da más que problemas. Adicionalmente y ante el desprestigio generalizado de la política y la extensión de la corrupción, hay una sensación un poco vaga pero presente de que la monarquía es la involuntaria piedra de soporte de este bipartidismo caduco y nocivo que ha permitido la degeneración política de nuestro país.
Quizá en esta gente hay un poco de recelo a declararse directamente “republicano”. En este país parece que si eres republicano debes ser de izquierdas y defender ciertas visiones histórico-políticas. Yo sí conozco gente joven derechista o centrista que dice ser republicana, pero ciertamente hay un poco de recelo en usar adjetivos o defender ideas que el imaginario colectivo ha situado en una parte del espectro político. Por esta razón insisto en que lo que hace IU es negativo.
Los mayores de esa edad sí suelen considerarse monárquicos o “juancarlistas”. Esto del “juancarlismo” ha sido una exitosísima campaña de marketing creada con el objetivo de consolidar la monarquía en un país que no era sentimentalmente monárquico. La creación de la figura del rey defensor de la democracia o el rey garante de la democracia es algo que está marcado a sangre y fuego en el imaginario colectivo de varias generaciones de este país. El hecho de que el rey entregase sus amplios poderes heredados (que realmente no eran tan reales como se hace creer) al “pueblo español”, su actitud de defensor de la democracia el 23-F o esa teoría absurda de que este país necesita una monarquía para garantizar la estabilidad de la democracia son las líneas generales de este juancarlismo o monarquismo popular de nuevo cuño. Porque monarquismo “tradicional” en este país no hay, fuera de los fans de la prensa del corazón y de una jet-set teñida de cierto snobismo degenerado.

Yo creo que hay que empezar a dejar claro qué es lo que se está defendiendo cuando se dice que se quiere una nueva república. Lo lógico es que se quiera una república como método de modernización de nuestro sistema político, como mecanismo para generar una mayor representatividad y “pureza” democrática y, en estas circunstancias, como manera de quitarnos de encima a una casa real problemática y oscurantista. Esta sería una argumentación aceptada por la mayoría de la juventud y por gran parte de la población, en cantidad creciente. Pero para esto hay que tener claro que los símbolos (bandera e himno) no son importantes y no deben entrar en este debate, y que esta república no estaría condicionada a ningún cambio político que no sea de una mayor democracia representativa.
Pero hay otro tipo de republicanismo, que es este republicanismo que convierte la república en una especie de envoltorio de una política determinada, claramente de izquierdas. La república no sería equiparable a la francesa, la alemana o la estadounidense, sino que llevaría implícita una forma de estado determinada, una política determinada, una simbología determinada y una herencia histórico-política. Esta república sería la institucionalización de una política X.
Hay, pues, dos tipos de republicanismo, uno “blanco” y otro “rojo” (por ponerles adjetivos). A veces pienso que en una sociedad como la nuestra, acostumbrada a pensar en dualidades, debería hacerse claramente esta diferenciación para saber de lo que se está hablando. En términos generales no hay que ser zahorí para entender que este republicanismo “rojo” hace daño y es contraproducente para el republicanismo “blanco”.
Otra cosa es que haya quien considere que el cambio cosmético de una monarquía constitucional por una república constitucional no vale la pena si está vacío de contenido político. Me parece una opción respetable pero me parece que es crear un debate artificial, porque si quieres relacionar la república con una política determinada acabas convirtiendo a la monarquía en la garante de otra política determinada, y hacer eso es precisamente hacerle el juego al marketing que los protectores de la monarquía han vendido durante décadas.

No hay razón objetiva por la que en una monarquía constitucional no se pueda hacer lo mismo que en una república a nivel político. Yo creo que hay mucha gente que desea que se decrete una política social y de izquierdas constitucionalmente, igual que mucha otra gente querría que se garantizase constitucionalmente ciertos valores conservadores para mantenerlos fijos sin posibilidad de cambio. Y esto no pueden ser, no es más que el atajo político para aquellos que no se sienten capaces de convencer y luego mantener este convencimiento entre la población. La política es un trabajo de todos los días, una función de convencimiento permanente hacia tus votantes. No se trata de ganar, aplicar tu política e irte a dormir teniéndolo todo hecho, la política se debe ganar todos los días.
Por lo tanto debemos aprender a mantener el estado y la constitución por un lado y la política por otro. Otra cosa es que la opinión pública considere establecidos ciertos principios de forma muy mayoritaria y no dependiente de coyunturas, entonces quizá si es razonable garantizar algo constitucionalmente para impedir que unos políticos mentirosos lleguen al poder con promesas falsas y reformen cosas ampliamente defendidas y ganadas. Pero por lo demás las constituciones y las posibilidades políticas de un estado deben ser amplias y deben poder ser válidas para gobiernos de distintos signos políticos.
Si aceptamos este principio nos daremos cuenta que es ese republicanismo “blanco” el que debemos defender, lo siento pero es así. Quien no se sienta con fuerzas para defender ese republicanismo un tanto vacío de contenido político que se declare accidentalista y se dedique a lo que desea realmente, que es hacer política. Porque, insisto, esa política se puede hacer también dentro de la monarquía constitucional.

Realmente sí hay algún contenido político que podemos incluir dentro de la idea de república. Antes he comentado la percepción de que la monarquía es el punto de apoyo a un sistema político cada vez más sucio y grosero. España, como país, necesita una regeneración democrática profundísima que debe recuperar las verdaderas esencias de la función política, la exigencia de honradez al frente de las instituciones, el compromiso real de los partidos contra la corrupción, y acabar con esta partitocracia que invade nuestra política.
¿Por qué sí se puede relacionar la república con estas idea? Porque la monarquía parece haber entrado en el mismo proceso de degeneración institucional que los partidos y el resto de instituciones. Hasta la corrupción ha entrado en la familia real, implicando al yerno del Rey y parece que incluso podría tener derivaciones en la infanta y en el propio monarca. Además, la monarquía se nos antoja una institución cada vez más oscurantista y somos conscientes, si es que nos preocupamos en buscar la información, de que su coste, gasto, amistades, etc. No está nada claro y nadie pone remedio para que esto se aclare de una vez.
Y sin tener pretensión de ser moralista al final nos encontramos con una institución que basa su razón de ser en su irreprochabilidad pero que realmente tiene una larga lista de “reproches” impropios de una institución modelo. Que haya divorcios es normal en una familia corriente, que haya imputados es menos normal pero puede pasar, que el cabeza de familia tenga amantes también entra dentro de la cotidianeidad (aunque no que haya tenido tantas y sea tan evidente la que tiene ahora), al igual que la representación de un matrimonio que solo lo es en las apariencias. Esto, aunque usual en una familia corriente, es impropio de una institución que además de la jefatura del estado representa a la “monarquía católica” y una herencia de ciertas tradiciones. Si a la monarquía le quitamos todo lo que es inherente a su propia naturaleza, ¿qué le queda? Queda una ocupación poco justificable de una institución del estado porque sí. Y francamente un país no tiene que aguantar algo porque sí.

Todas estas ideas de regeneración creo que cuentan o deberían contar con el apoyo mayoritario de la población española. Fuera de quienes vivan de este estado de las cosas no veo razón justificable para situarse en contra de una regeneración democrática que interesa a todos.
Nuestro “republicanismo blanco” debería defender esta vía. Esta es la vía que hará que nuestro pueblo prefiera la república a la monarquía en muy pocos años. Contamos con la inestimable ayuda autodestructiva de los Borbones no lo olvidéis. El tiempo, el cambio generacional y la dilución de las absurdas teorías que nos dicen que nuestro país no tendría una democracia estable sin la monarquía cuando todos los países de nuestro entorno tienen democracias republicanas (¿nadie se da cuenta que este argumento es un insulto a los propios ciudadanos a quienes se les está llamado salvajes o incapaces?) acabarán llevando al país hacia el republicanismo sin duda alguna.
Las ganas de algunos de avanzar los tiempos o de capitalizar el malestar social para sus filas no aporta nada positivo a una carrera que es de fondo. No perdamos que esto, a pesar de su simbolismo, es un debate absolutamente secundario. Lo importante es la crisis económica, evitar la destrucción de nuestro estado social a golpe de teorías germanófilas y crear un país más sólido, más igualitario y con mejor calidad de vida.

lunes, 23 de abril de 2012

Lecciones que vienen de Francia













Las elecciones presidenciales en Francia dejan un panorama muy interesante que conviene analizar. La victoria de Hollande sobre Sarkozy ha sido muy corta y podría parecer que es casi irrelevante ante la potencia de otros candidatos. Punto y medio es lo que ha separado a ambos contendientes, y eso comparado con el casi 40% que han sacado los tres perseguidores inmediatos de los dos favoritos es algo casi irrelevante.
La aritmética electoral nos indica que la decisión de quién será el próximo presidente de la república francesa pasa por Le Pen, Melènchon y Bayrou, y por cómo éstos indiquen el voto a sus bases. Esta es la teoría, la suma fácil, pero me parece que las elecciones en Francia y la propia naturaleza de este resultado son bastante más complicadas de lo que parece.
Sin tener un excesivo conocimiento sobre Francia voy a intentar desgranar la complejidad del resultado.

Lo primero que hay que destacar es que Sarkozy no ha quedado primero en la primera vuelta, algo que no tiene precedentes en la V república Francesa. Por el sistema político francés o quizá por su idiosincrasia es muy difícil que un presidente en activo que se presenta a la reelección sea derrotado, y es aún más difícil no quedar primero en la primera vuelta. Francia tiene un sistema semi-presidencialista donde parece que con una buena política de propaganda el presidente puede capitalizar los éxitos del país o de la política y, en cambio, puede minimizar los fracasos. Este hecho está provocado por esa especie de soberanía compartida que tiene el presidente de la república junto al gobierno, excepto en un par de terrenos que le son exclusivos.
Sin embargo en esta ocasión uno de los ámbitos exclusivos de la presidencia, que es la política exterior, ha sido la que ha provocado un amplio descontento en Francia. Si Sarkozy va a pasar a la historia por algo va a ser por haber puesto su país a los pies de Alemania, política y económicamente. Los alemanes no controlaban Francia de esta manera desde que Hitler se paseaba por las inmediaciones de la torre Eiffel en el París ocupado.
Francia es un país muy orgulloso de su “grandeur”, chovinista e incapaz de aceptar su propia decadencia. Para los franceses esa sumisión ante Alemania ha sido una puñalada al orgullo patriótico que le ha infringido el propio presidente de la república. Sarkozy, en vez de un estadista o un líder, parecía ser un político de un pequeño país que quería situarse al lado del líder europeo para figurar y parecer que está con los fuertes. Y eso Francia no se lo perdona.
Por eso creo que la derrota de Sarkozy está provocada por un descontento enorme contra su persona y que, en segunda vuelta, este podría ser más evidente aún.

Los analistas políticos, que normalmente no analizan nada sino que aplican teorías universales en cosas que no son universales, dirán que la victoria de Sarkozy en segunda vuelta pasa por movilizar todo el voto del frente nacional y sacar la mayoría de los votos que hay ido al centrista Bayrou. La teoría está bien, el problema es que para captar votos a derecha y a izquierda Sarkozy debería hacer unas piruetas increíbles que nadie aceptaría. La democracia en Francia aún no está tan degenerada como en España y Sarkozy no puede decir una cosa y la contraria al mismo tiempo y pretender que le voten. Si coquetea con el Frente nacional perderá los votos de Bayrou, que irán a Hollande, y si lo hace al revés el votante del FN se abstendrá y Sarkozy no llegará a los apoyos necesarios.
Hollande lo tiene más fácil en este sentido. Tiene los votos de Melènchon y el de los ecologistas casi asegurados, algo que le garantiza un 40% en segunda vuelta. Puede lanzarse a por los votos de Bayrou o bien esperar a que Sarkozy se desplome solo en medio de sus propias contradicciones. Puede que la suma de la izquierda no de mayoría y la de la derecha sea mayor pero es un error hacer las sumas de esta manera.
La verdad es que los votantes del Frente nacional no van a votar Sarkozy masivamente. Lo hicieron en 2007 y se sienten traicionados. Desde lejos puede parecer que la extrema-derecha votará siempre antes a la derecha que a la izquierda pero esto no es así por dos razones. Primero porque el Frente Nacional tiene vocación de ser el primer partido de la derecha. Para las elecciones legislativas que se convocan para el mes siguiente de las presidenciales sería muy interesante un batacazo de Sarkozy y una crisis importante en la UMP. En este sentido Le Pen podría hacer un discurso sobre que Hollande y Sarkozy son lo mismo y que ellos se sitúan enfrente a los dos, fomentando una abstención beligerante contra Sarkozy.
La segunda razón es más política. El frente nacional tiene una parte muy importante de votantes que están expresando un voto anti-sistema y absolutamente contrario a lo que la globalización ha traído. Objetivamente este voto es totalmente contrario a lo que Sarkozy representa. Puede que Sarkozy vaya de antiinmigracionista y comisario de policía por la vida pero la realidad demuestra que eso no tiene nada real detrás más allá de la propaganda. Hollande por lo menos quiere controlar las “finanzas” y parece más proclive a ser el contrapeso de Merkel, algo que los votantes del FN también desean. Aunque el votante ideologizado del FN nunca vote a la izquierda la mayoría de votantes del FN ya no son gente ideologizada y muchos votarán a Hollande.

Si hay un vencedor en estas elecciones es sin duda alguna Marine Le Pen y el Frente Nacional. Con un discurso más moderno que el de su padre y concentrando su mensaje en aquello que podía ser más aceptado por la mayoría de franceses, Le Pen ha conseguido el apoyo máximo histórico para el Frente Nacional. Parecía que se disputaba esta tercera posición con el frente de izquierdas de Melènchon, pero le ha superado ampliamente. En cierta manera ambos frentes son un voto de protesta y contrario a la política que se ha llevado en los últimos 20 ó 30 años. Entonces, ¿Por qué ha sacado más votos el Frente Nacional que el de Izquierdas?
Para los franceses el Frente Nacional ha resultado más creíble que el de izquierdas y la razón es sencilla de intuir. El frente de izquierdas es enemigo absoluto del neoliberalismo y del eje Merkel-Sarkozy. Quiere garantizar la política social, subir el salario mínimo, quitarle poder a los “mercados”, pero el problema es que el mecanismo para ello es un tanto ambiguo. Melènchon no es enemigo del euro, ni de la inmigración, ni de la UE, y todo el discurso de cambio radical en base a una transformación de todo sin romper muchas de las instituciones y cosas que están establecidas debe haber sonado un tanto utópico.
Sin embargo el Frente Nacional ha resultado mucho más creíble en este sentido. El FN es el enemigo de la globalización neoliberal implementada durante las últimas décadas y se muestra enemigo de todo lo que ésta ha traído de forma integral. No quieren someterse a la dictadura de los mercados, pero tampoco quieren el euro, ni la inmigración y quieren volver al proteccionismo. El paquete de vuelta al pasado es coherente todo él y le da al ciudadano una referencia que ya ha existido. “Volvamos a los 70” podría decir Le Pen, y así crea un horizonte identificable por los electores. También es cierto que esto bastante más fácil que crear algo nuevo.
Los franceses parecen hartos de lo que les ha traído la globalización. Quieren una economía más social, más “hecha para el hombre” como dice la propia Marine Le Pen. Pero claro, la gente ve su realidad. Sí, Melènchon habla de política social y de humanismo pero, ¿Cómo se compatibiliza eso con un mercado laboral abierto y desregulado que usa a los inmigrantes para tirar los sueldos a la baja? ¿Cómo es eso posible cuando las importaciones Chinas están destruyendo el tejido industrial europeo? Para el ciudadano ha sido más creíble una vuelta a los principios de mercado laboral cerrado, proteccionismo y nacionalismo económico que le devuelvan a una economía social que las teorías más abstractas de Melènchon.

Las lecciones que podemos extraer de Francia son las mismas que podemos ver en otras partes de Europa, como en Grecia. El crecimiento de los partidos ajenos al “stablishment” es imparable y, aunque todavía son inferiores al bloque tradicional, como la crisis persista llegará un momento en que les superarán. Si no acaban gobernando pronto estos partidos es porque ideológicamente se encuentran en trincheras diferentes y no parece posible un acuerdo.
Pero hay que sacar lecciones de esto. La gente está harta, la gente quiere protección social, no quiere una economía que les considere una pieza de un engranaje de un sistema económico en decadencia. La sumisión a las teorías de la austeridad, la sacralización de la “competitividad”, un mercado de trabajo salvaje, una vida depresiva que parece que condena a las nuevas generaciones a vivir peor que las anteriores, no se quiere eso. Alguien debería asumir parte importante de estas reivindicaciones dentro de una política sensata y alejada de extremismos escondidos como los que tiene la señora Le Pen.

Mi percepción es que ganará Hollande. Es una percepción, porque la distribución del voto puede producir cualquier cosa, pero creo que es la opción más factible por todo lo que he comentado.
Europa necesita salir de esta política suicida en que nos ha metido la canciller Merkel y, para liderar ese cambio, es absolutamente necesaria Francia. Hollande debería plantarse ante las pretensiones alemanas e impulsar una reforma del BCE, una política de unificación fiscal que elimine los objetivos de déficit y un cambio en la política económica de la unión (Tasa Tobin, política de importaciones, etc.)
Eso es lo que debería hacer, pero francamente tengo dudas de si será capaz. No veo a Hollande capaz de plantar cara a la canciller ni convicciones para hacerlo, y como vire excesivamente hacia Bayrou todavía menos. En cualquier caso necesitamos creer en él, porque la opción que queda ya sabemos cuál es y cómo nos condena a la precarización más absoluta como nación.

jueves, 19 de abril de 2012

¿Puede España acabar como Grecia?

















Empiezo a escuchar a personas ajenas a mis pensamientos políticos decir cosas similares a las que llevo defendiendo desde hace meses o incluso años. El otro día comentaba una compañera de trabajo que los españoles no éramos realmente conscientes de la espiral destructiva en la que habíamos entrado como país. Ella se refería a la economía y a los recortes, pero también a la clase política, al increíble proceso de autodestrucción de la monarquía y a otros temas de este estilo.
Una vez aceptamos que estamos en un remolino descendente que se nos ha ido de las manos lo siguiente que cabe preguntarse es hasta dónde podemos llegar, y francamente pensar eso asusta. Creo que como mecanismo defensivo no queremos pensar en eso, no somos conscientes del recorrido que tiene todo lo que estamos aceptando y preferimos pensar que llegará un momento en que el país repuntará mágicamente sin más sacrificios. Pero no, eso no pasará, las cosas no pasan porque sí y cuando sigues un camino suicida es muy probable que acabes muerto. Puedes tener suerte pero no es serio confiar en la suerte.
Personalmente veo que estamos siguiendo exactamente el mismo camino que emprendió Grecia dos o tres años antes que nosotros. Podemos (y querremos) pensar que nuestra situación nada tiene que ver con la de Grecia, que no tenemos ese déficit, que nuestra economía es algo más competitiva. Bien, todo eso es cierto pero ¿realmente nos libra eso de llegar a una situación parecida? Hablando claro, ¿podríamos acabar como Grecia en un par de años?

Podríamos listar aquí las diferencias entre España y Grecia y sacaríamos decenas de páginas. Es cierto que Grecia llevaba mintiendo muchísimo tiempo sobre sus cifras macroeconómicas, es cierto que tiene una deuda monstruosa y son ciertas muchas cosas, pero la catástrofe griega no ha sucedido solo ni principalmente por estos hechos, ha venido marcada fundamentalmente por cómo se ha obligado al país a “arreglar” estos excesos y problemas, que no es lo mismo.
Grecia ha vivido endeudándose de forma masiva en tiempo de bonanza, algo que es claramente insostenible. Eso se tenía que pagar pero hay muchas combinaciones para pagar eso: Se puede pagar en más o menos tiempo, afectando a más o menos personas, a unas realidades económicas o a otras. Esto no son detalles, esto es el nudo central de una política económica, esto es lo que define a un país.
Una economía no es fuerte, sólida y moderna y un país no es avanzado sólo por tener crecimiento económico y generar riqueza. El factor clave es cómo es ese crecimiento económico y cómo afecta al país y se reparte esa riqueza. Un país puede crecer mucho durante muchos años pero si ese crecimiento acaba en manos de cuatro señores o se despilfarra en tonterías en cuanto lleguen los problemas (y los ciclos económicos son consustanciales a la propia economía) el país se hundirá irremisiblemente. Como ciclo neto ese país, creciendo más que sufriendo recesión o estancamientos, sufrirá un continuo empobrecimiento y una degeneración de la calidad de vida. Por la misma razón también puede pasar lo contrario. Con crecimientos muy austeros en momentos de bonanza y estancamiento en momentos de crisis un país puede prosperar.

Grecia, en una situación objetivamente complicada, tenía muchas opciones. La primera era amputadora pero era la que iba a dar de alta rápidamente al paciente: La salida del euro seguida de una devaluación y una declaración de quiebra. Sobre el valor del dinero Griego caería el paso de la crisis perdiendo los ahorradores parte de su dinero, pero eso hubiese llevado a subir la competitividad de país y a revalorizar el factor trabajo. El país tendría cerrado a partir de ese momento el grifo del crédito internacional pero ¿es que acaso lo tienen abierto ahora?
Sin llegar a ser tan drásticos se podría haber llegado a otras soluciones: Con un impago total o parcial de la deuda se podría haber concentrado los ajustes en campos que no afectasen a la demanda interna ni al empleo, o que le afectasen lo menos posible. Con una financiación o ayuda del BCE u otros países europeos se podría haber creado planes económicos encarados a aumentar la productividad y a diversificar la economía griega.
Pero ¿qué pasó? Se impuso la ortodoxia prusiana y la moralidad protestante y castigadora de Merkel, que consideró que cualquier ayuda no era más que validar a los pecadores manirrotos. Se quiso arreglar un país con una deuda monstruosa en base a una austeridad extrema, poniendo en primer término a los proveedores y a los prestamistas para que cobrasen sus deudas, y dejando al ciudadano griego como mero peón económico al que poder quitar recursos y subir impuestos.
Pretender reducir déficit en recesión es hacer la cuadratura del círculo. Es imposible, y si momentáneamente fuese posible sería el preludio de un desastre aún mayor. Pero esto no importaba a la señora Merkel porque era lo “justo”, lo “moral” y lo “ortodoxo”. Ante el evidente fracaso los griegos con dinero han sacado el dinero de Grecia y otros griegos ante la avalancha de impuestos se han pasado voluntariamente a la economía sumergida. El paro crece, la deuda crece, el PIB baja, y esto descuadra el plan económico por lo que cada vez hay que estrangular más a la sociedad que a su vez potencia más estas actitudes evasoras. El bipartidismo se destruye, los extremismos suben y….Ya sabéis cual es el final ¿verdad? Grecia acabará fuera del euro, en quiebra y probablemente gobernada por la extrema derecha o la extrema izquierda. Odiarán a Alemania por generaciones pero la gloriosa canciller no moverá un músculo de su germánica cara. Ella pensará que ha hecho lo correcto infringiéndoles el castigo adecuado a su delincuencia. Y los griegos habrán destruido una generación de prosperidad por no haber tomado una solución radical a tiempo.

Gracias a la política de esta señora lo de Grecia se ha extendido por todo el sur del continente. Irlanda, Portugal, Italia, España…Y no penséis que esto acaba aquí porque por este camino Bélgica y Francia no tardarán en acompañarnos. De hecho cuando oigo a Sarkozy decir que si Hollande llega a la presidencia Francia acabará como España, tengo la sensación de que lo único que está haciendo es creándose un papel mesiánico sabiendo que va a perder las elecciones y que Francia va a seguir a los países del sur. Situación que, si la historia es justa, se reconocerá que fue culpa fundamental del propio Sarkozy por arrodillarse miserablemente ante la política de Alemania en vez de liderar una alternativa seria al suicidio colectivo en el que estamos inmersos.
España no está en la situación de Grecia. Su deuda es menor, su diversificación económica es mayor, su riqueza también es mayor. Pero España tiene problemas específicos: Tiene una tasa de paro estructural mayor que en el resto de Europa, tiene un problema de endeudamiento privado terrible y necesita potenciar nuevos sectores económicos para superar su dependencia de la construcción. Ni estábamos en una situación tan extrema como Grecia ni teníamos tantas urgencias para reducir el déficit y por lo tanto si queríamos llegar a medio plazo a una situación de estabilidad macroeconómica lo prioritario era combatir el paro, digerir deuda y fomentar la inversión productiva.
Esa era la política que necesitábamos. Sin política monetaria (secuestrada por Alemania) era más difícil de hacer pero aún se podría haber trabajado en este sentido. Pero no, se nos impuso la misma política que al resto de países y que en Grecia se ha mostrado catastrófica. Se nos exigía un número, un porcentaje de déficit que no podíamos superar y para ello no había líneas rojas. Adicionalmente nos “recomendaban” una serie de políticas que la inteligencia alemana consideraba ideales y que iban en camino de la precarización de las clases medias y la destrucción de servicios y prestaciones públicas.
Y desde Mayo de 2010, momento de implantación de esa política, hasta hoy lo que hemos vivido es exactamente el mismo proceso que ha vivido Grecia con una virulencia algo menor. Cada ajuste ha contraído más el país, por cada recorte ha caído más el PIB, cada nueva medida ha contraído el consumo y la demanda interna y ha potenciado el pesimismo económico, y como consecuencia de todo esto hemos entrado en el mismo ciclo de autodestrucción que Grecia: Cada ajuste contrae la economía y se ingresa menos, por lo que los números no salen, y al no salir volvemos a hacer un nuevo recorte que contraerá más aún la economía, por lo que los números no saldrán igualmente, y así iremos completando ciclos hasta que lo hayamos destruido todo.

Adicionalmente a todo esto está el tema político. Nuestro país lleva dos años intervenido de facto y bajo petición voluntaria pero el caso es que nos están ordenando lo que tenemos que hacer. Realmente la diferencia entre los gobiernos nominales que hemos tenido ha sido mínima, unos han subido la edad de jubilación y otros los impuestos, unos suben el IVA y otros aprueban la aplicación universal del despido procedente, unos recortaron el sueldo de los funcionarios y otros implantan el copago farmacéutico. La diferencia es escasa, aunque antes por lo menos parecía que el gobierno se sentía mal por hacer lo que estaba haciendo. Ahora se jactan de lo valientes que son al aplicar estas medidas (que ironía, los cobardes serviles a países extranjeros creyéndose valientes) e incluso amenazan con que nos quedemos quietecitos no vaya a ser peor. Si hace 6 meses nos dice alguien que se podía empeorar al gobierno anterior le hubiésemos puesto una camisa de fuerza y metido en una sala con paredes acolchadas.
Pero ya no es eso, es la sensación generalizada de desesperanza. Parecemos como este chiste sobre dos pesimistas que le dice uno al otro, “¿y si nos quitan lo “bailao”?” Da la sensación de que no hay límites, no hay nada sobre lo que estar seguros que no se va a tocar, parece que nos pueden despellejar vivos con tal de ofrendarle glorias a la señora Merkel. Antes, por lo menos, había quién pensaba que era el inútil presidente anterior el que lo hacía tan mal que era un estorbo para la recuperación económica, tal y como se vendía también desde el PP. En solo 5 meses todo aquello se ha convertido en un fraude evidente para todo el mundo excepto algún estúpido integral.
Para colmo hemos asistido a la mayor violación conocida de un programa electoral por parte de unos gobernantes. Todo lo que se prometía que jamás se iba a hacer se ha hecho con una frialdad desconcertante. A veces parece que estemos viendo un capítulo de los Simpsons o de American Dad por lo extremo y esperpéntico de la situación. De hecho si viviésemos en un país donde la gente votase a un programa electoral o supiese realmente lo que está votando y por qué lo está votando probablemente nos encontraríamos ante el mayor porcentaje de desaprobación de un gobierno de la historia de una democracia occidental. Que esto no pase demuestra hasta qué punto nuestra democracia está vacía, por fuera (porque nos la han quitado) y por dentro (porque la hemos convertido en un patético reality show entre todos). Vivimos en un país con unos políticos y unas instituciones totalmente desprestigiadas.

Algunas personas defendían y aún defienden que en España no podía pasar lo de Grecia porque estamos ante una ciudadanía pasiva y sumisa, prácticamente domesticada y vaciada de la ferocidad del español de antaño. Lo siento, me temo que esto no es así.
Si este país no está en motín permanente como en Grecia se debe a factores muy concretos. Aquí podemos hablar de la economía sumergida y de otros aspectos pero lo que realmente ha impedido el estallido social en este país es algo que el profesor Fernández Steinko ha llamado el “comunismo familiar”. En España la familia constituye un colchón de protección muy sólido frente a las adversidades. Esta generación perdida de jóvenes está aguantando pasivamente gracias a que pueden vivir en casa de sus padres hasta una edad indefinida. El paro arrecia a los jóvenes menores de 26 ó 27 años de una manera brutal, pero también a jóvenes de más de 30 o 35 años que por suerte tienen el apoyo familiar. Lo mismo pasa por el otro lado del espectro generacional, muchos abuelos viven con sus hijos porque sus miserables pensiones no les llegan o incluso al revés, muchos hijos de mediana edad están viviendo con sus padres ancianos gracias a que con el pequeño piso pagado, la pensión de los padres y cualquier ingreso del hijo se pueden arreglar.
Esto, y no otra cosa, es lo que nos libra de estar amotinados permanentemente. Pero esta realidad tiene un límite. Las prestaciones por desempleo o los subsidios se acaban, las nuevas pensiones son más bajas que las antiguas, cada vez hay menos empleo y el que hay está peor pagado. Y, en definitiva, esta situación no se puede soportar indefinidamente. La gente lo acepta como una situación puntual, para pasar la “mala racha”, pero no se puede pretender que el país se acostumbre a vivir tres generaciones en una misma casa como si fuesen familias de campesinos del siglo XIX.
Y aunque la opinión pública minimice su importancia ya ha habido un par de chispas que no han llegado a prender pero que son la antesala de otra que sí podría prender. El movimiento 15-M, la primavera valenciana y movimientos así han sido síntomas de un malestar creciente, de unas personas que no aceptan esta situación, que no aceptan ser peones cuyas vidas no valen nada para la señora Merkel y los poderes financieros que imponen sus normas a los países. Movimientos así serán los que tomen la calle por delante de los sindicatos tradicionales, es más, no es nada improbable una fusión entre ambos movimientos como está pasando en Grecia.

¿Podemos llegar a estas como Grecia? No es que podemos, es que llevamos todo el camino. O la economía internacional se relanza mágicamente (o por alguna razón determinada), o los gobiernos de Francia y Alemania cambian y los nuevos gobernantes cambian radicalmente esta política, o nos espera un futuro muy negro.
Y siento ser como el pesimista del chiste, pero es que ya nos están quitando hasta lo “bailao”. Y viendo como están las cosas a lo mejor a Don Mariano no le queda otra que sacar el As que tiene bajo la manga, ¿subir el IVA? No, declararle la guerra a Argentina e invadir las Malvinas. Total, no sería la primera crisis que se arregla con una guerra.

martes, 17 de abril de 2012

Repsol, patrioterismo e idiotas














Qué sensación tan desagradable me produce todo lo asociado a la nacionalización del 51% de YPF por parte del estado Argentino. Si los debates políticos son difíciles de por sí debido a la partidización de todo, un debate como este todavía se convierte en mucho más complicado debido a la aparición de componentes muy nocivos para el debate público, a saber: patrioterismo, populismo, etc.
Que todo el mundo tenga claro dónde estoy para no confundir a nadie: Soy Español, soy partidario de que los estados controlen sus recursos naturales, no milito en absoluto en teorías maniqueas de “empresarios = malos” y, en mi viaje a Argentina, he recibido una impresión relativamente favorable de la política de los Kirchner que creo que levantaron el país de una situación muy difícil. Con estos mimbres y con estos principios creo que me toca poner un poco de coherencia entre tanta basura mediática.

La prensa española casi en su totalidad ha saltado indignada ante la nacionalización de YPF. En estos asuntos latinoamericanos el diario EL PAÍS se sitúa en posiciones conservadoras y siempre opuestas a los gobiernos izquierdistas en América Latina con alguna gloriosa excepción. El por qué EL PAÍS hace esto no es difícil de entender: Forma parte de un grupo mediático con muchos intereses en Latinoamérica y que allí defiende posiciones más conservadoras. La opinión, pues, se convierte en un arma de defensa del grupo empresarial.
La posición de la prensa española es la satanización de las nacionalizaciones de empresas extranjeras casi sin excepción y, siguiendo la política del gobierno español, tratar la nacionalización como un ataque a España.
En cambio en la prensa Argentina, y mucha de ella es anti gobierno, la nacionalización se aprueba y se respeta y se repiten las mismas palabras que usa el gobierno argentino: Soberanía, independencia, interés para la economía nacional, etc.
Y si leemos los comentarios de los diarios on line ya es la bomba. Argentinos deseando la pobreza a los “imperialistas” españoles, españoles amenazando a los argentinos con que van a caer en la miseria más absoluta “donde merecen estar”. Improperios, insultos, acusaciones de expolio, recuerdos de Chávez…
Como si estuviésemos en guerra vaya.

¿Es legítimo nacionalizar una empresa? Sí, por supuesto que es legítimo si la causa es legítima. Una nacionalización puede responder a razones de interés general o bien ser una arbitrariedad, dependerá de las circunstancias y de qué estemos hablando, y la conveniencia de la nacionalización se tendrá que analizar teniendo en cuenta también las consecuencias que puede traer la misma.
¿Es razonable en este caso? Pues eso es lo que nos tenemos que preguntar antes de salir con la bandera a la calle como payasos, a este lado del atlántico y al otro. Razones se han esgrimido a favor y en contra, a favor se defiende que Repsol no estaba invirtiendo casi nada y que estaba en pleno proceso de desinversión dejando el abastecimiento energético del país en una situación muy complicada. Se habla también de que Argentina es el único país del subcontinente que no controla sus recursos naturales y que las privatizaciones de la época Menem fueron un fraude. En contra se suele usar el argumento de la necesidad de seguridad jurídica, se habla de los tratados de respeto mutuo a las inversiones y se dice que lo que está haciendo la señora de Kirchner no es más que populismo para ocultar un problema económico en ciernes.
Todos los argumentos tienen parte de razón y el problema aquí es que no conocemos realmente las interioridades de la situación y justamente los que menos las conocen son los que más hablan y gritan. Es cierto que un país debe ser propietario de sus recursos (hasta el Chile de Pinochet mantuvo las minas de cobre estatales), es cierto que esa es una aspiración legítima pero, ¿de verdad que no había espacio para el acuerdo? Con los días se sabrá si realmente esta situación se ha producido porque Repsol se cerró en banda a la negociación y no había otra salida o porque la presidenta argentina tenía clara la nacionalización desde hace meses y sólo estaba buscando el momento de desgaste adecuado y alguna excusa para intervenir YPF. Ambas situaciones son posibles porque son conocidas tanto la voracidad de las multinacionales extranjeras que se dedican a estos sectores como la incontenible tendencia al populismo de la señora Kirchner, imbuida de un misticismo peronista que la convierte casi en la reencarnación de Evita.

Las privatizaciones de la época Menem, “impulsadas” por los EEUU y por los organismos internacionales, fueron un gran fraude para Argentina. Todas sus empresas de privatizaron a precios muy ventajosos para los compradores y con poca transparencia. Eso llevó junto con otras situaciones a que la economía argentina colapsase en 2001, y por eso recuperar no sé si la titularidad de YPF pero por lo menos la titularidad de los recursos naturales del país y la posibilidad de imponer condiciones a los extractores era necesario en mi opinión.
Ahora, que nadie se piense que la señora Kirchner es la salvadora ni la recuperadora de los recursos naturales argentinos porque si YPF no estaba invirtiendo lo suficiente fue con la connivencia de su gobierno. En 2008 el Sr.Eskenazi, un “amigo” de los gobiernos Kirchner, entró en el accionariado de YPF comprándole un paquete de acciones a Repsol. Esto respondía a las ganas de los gobiernos argentinos de “argentinizar” la compañía.
Pero esta compra no era “limpia”. Este señor, en una operación que era un puro pelotazo, pidió prestado el dinero a inversores internacionales para hacer la inversión. Para poder devolverlo puso una condición a Repsol, que fue que a partir de ese momento el 90% del beneficio de YPF se repartiese en dividendos, lo que dejaba el margen para la posible reinversión un escuálido 10%. Lo normal en una compañía de estas características es reinvertir más de la mitad del beneficio. En ese momento no es que al gobierno argentino le parecía estupenda la operación, es que la validó en el consejo de administración de YPF y no la vetó (podía haberlo hecho).
¿Cómo se queja ahora la señora Kirchner de que no hay inversión? La queja sería legítima y lógica si no fuese porque ella y su marido validaron la operación que generó esta situación. Y se puede rectificar ojo, pero aparecer como una libertadora en televisión por nacionalizar algo debido a unas causas de las que has sido responsable principal es, cuanto menos, kafkiano.

Este, en cualquier caso, es un problema de los argentinos que deberán analizar las contradicciones de la señora Kirchner y gestionar bien la nueva empresa nacionalizada. Pero nosotros, como españoles, tenemos otro problema, que es la actitud de nuestro gobierno que casi le declara la guerra a Argentina por nacionalizar Repsol en un claro despropósito mediático.
El gobierno dice que “atacar los intereses de las empresas españolas es atacar a España”…¿¿Cómo?? ¿Pero cómo se atreven a ser tan demagogos y a defender este tipo de capitalismo de amigos de una manera tan transparente y ante el micrófono? Lo primero que habría que poner en duda es eso de que Repsol “es una compañía española”.
Repsol es una compañía española por historia y porque tiene su sede central en España, nada más. Hoy es una multinacional que opera en muchos países, muchos de ellos paraísos fiscales recordémoslo. Su accionariado no es siquiera español en su mayoría, es extranjero. Por eso dudo que se pueda decir tan alegremente que es una compañía española y, en cualquier caso, lo que por supuesto no es razonable es que el gobierno de España salga en su defensa como si se atacasen los intereses del estado.
¿Le interesa al gobierno español que Repsol no sea nacionalizada? Sí, y le interesa por tres razones: Porque el descenso de beneficios de la compañía reduciría la recaudación tributaria del estado, porque hay mucho inversor español (pequeño y grande) en el accionariado de Repsol y, fundamentalmente, por los efectos negativos que puede tener esto para los puestos de trabajo de Repsol en España. Estos son los intereses que tiene España y su gobierno en evitar la nacionalización pero nada más. Si hay alguno más ya serán cosas de los oscuros intereses del PP y el PSOE en la compañía, de los que no tengo noticia pero viendo las reacciones me los estoy imaginando.
Por lo tanto el gobierno español puede y quizá debe defender con tacto los intereses de Repsol en Argentina, pero entendiendo siempre que lo tiene que hacer con mesura y sin sobreactuar. Salir a las ruedas de prensa a amenazar a un país amigo porque nacionalice a una compañía privada con sede social en España es un despropósito y es lo mismo que hace la señora Kirchner: Populismo. Populismo y desviación de la atención mientras nos recortan hasta el oxígeno que respiramos.

Y lo peor de todo es la imagen de cobardía que trasmitimos. Sí, sí, he dicho bien, cobardía.
La nacionalización de Repsol nos puede costar, como nación, unas cuantas decenas de millones de euros al año y algunos centenares de puestos de trabajo. Este daño es relativo y tiene la importancia que tiene, y en función de esa importancia debe estar la respuesta. Sin embargo somos tan “valientes” que sale todo nuestro gobierno en trompa a amenazar a la débil Argentina por los daños causados y advirtiéndoles de las enormes consecuencias que van a tener que soportar.
¡Qué diferencia con la actitud que tenemos ante otro país que nos está haciendo infinitamente más daño! La actitud de Argentina nos quitará unas decenas de millones de euros y unos centenares de puestos de trabajo, pero las exigencias de nuestra “amiga” Alemania nos están costando decenas de miles de millones de euros de inversión pública y de intereses, y está destruyendo cientos de miles de puestos de trabajo anualmente.
¿Y qué hacemos? ¿Salimos a las ruedas de prensa a gritar como energúmenos y a simular que le declaramos la guerra a Alemania? No, nos dedicamos a arrodillarnos ante la excelentísima canciller, a callar como esclavos y a recibir órdenes poniendo nuestra mejor sonrisa.
No hay nada más patético que aquellos que se arrodillan ante los fuertes y apalean a los débiles. Nuestro gobierno ha demostrado ser de esos en una clara expresión de sus complejos más ridículos y patéticos, de nuestros complejos más ridículos y patéticos. Como español estoy indignado y avergonzado.

Cuanto más leo escritos sobre la noticia más ridículo me parece todo. Salir a desfilar detrás de la banderita porque sí es propio de borregos, lo siento. Se lleva haciendo siglos para tapar corrupción, hambrunas, problemas, y hoy se hace para que allá se olviden de que el modelo de crecimiento de la Argentina está en entredicho y aquí nos olvidemos de que nos están quitando hasta la camisa.
Conmigo que no cuenten para validar tonterías y menos para justificar nuestra cobardía, lo siento.

viernes, 13 de abril de 2012

Me estoy asustando















Me estoy empezando a asustar de mi mismo. No sé si he perdido el sentido de las cosas, si estoy cayendo en lo mismo que cayeron generaciones anteriores a la nuestra, si voy a repetir los errores del pasado.
Digo todo esto por una especie de brevísima relación amor-odio que he establecido con la señora Marine Le Pen, hija del ex colaboracionista Jean Marie Le Pen y candidata a la presidencia de la república francesa por el frente nacional, que es un partido de extrema derecha a priori.

Toda la historia empezó en un ascensor que tenía la típica pantalla anti miedo (nunca he entendido por qué se llama así). En la pantalla aparecían titulares de las noticias del día y uno de ellos fue una frase de la señora Le Pen que rezaba más o menos “España es una víctima del euro”.
Este comentario de Marine Le Pen venía a colación de la polémica que creó el perrito faldero de la Merkel diciendo que si ganaban los socialistas en Francia este país acabaría como España. Hollande, por supuesto, defendió a sus compañeros españoles y atacó a Sarkozy y en medio de todo esto apareció la señora Le Pen con esa declaración.
Todas las aseveraciones son simplificaciones y tienen parte de verdad y parte de mentira implícita a su propia brevedad, y como todas estas aseveraciones la de Marine Le Pen es una simplificación, pero tengo que decir que estoy bastante de acuerdo con la frase. Sí ha habido despilfarro, sobreendeudamiento, mala regulación, pero también es cierto que el euro ha hecho daño a la competitividad y las exportaciones de países como el nuestro y, en momento de crisis, nos ha impedido hacer una política monetaria acorde con nuestras necesidades.

Bueno, coincidir con la señora Le Pen en alguna cosa no era tan malo, al final es un síntoma de pensamiento independiente y algo positivo para no ponerse en posiciones maniqueas de ser anti algo. Los antis no son buenos, te llevan a opinar en función de lo que opina otro y eso nubla el juicio y te convierte en una persona reactiva. No pasaba nada.
Pero al coincidir en este punto me picó la curiosidad y comencé a leer cosas sobre la señora Le Pen y la campaña electoral que está haciendo, sobre sus propuestas y mítines. ¿Y qué me encontré? Propuestas e ideas como estas:

- Nacionalizar temporalmente la banca para garantizar los ahorros de los franceses.

- Renegociar los tratados internacionales para recuperar la soberanía nacional.

- Expresó solidaridad con el pueblo Griego y lo que está sufriendo con las imposiciones de la UE.

- Se situó contra el euro por ser una moneda demasiado fuerte que lastraba la competitividad (“Si se trata de vivir como chinos, podemos seguir en esta espiral, si aceptamos volver a la Edad Media hay que seguir estas políticas. Pero si queremos mejorar, que nuestros hijos vivan mejor que nosotros, hay que salir del euro”).

- Implantar un proteccionismo “razonable”.

- Revalorizar las pensiones y salarios más bajos.

- Favorecer el pequeño comercio frente a la gran distribución.

- Prohibición de símbolos religiosos ostentosos.

Además de todo esto también había otras cosas “típicas” de los partidos de extrema derecha, como recuperar la pena de muerte, priorización absoluta de los franceses para puestos de trabajo o ayudas sociales, etc.
Por supuesto este segundo bloque típico de la extrema derecha me parece algo rechazable, pero muchas de las propuestas que he listado (no todas, algunas tienen tufillo de populismo) me parecen razonables y estoy de acuerdo con ellas… ¿Qué me pasa? ¿Cómo puedo estar de acuerdo en parte de lo que dice la extrema derecha?

Si os pasa como a mí y estás de acuerdo con muchas de estas cosas seguramente estaréis pensando en auto flagelaros hasta que todas estas coincidencias desaparezcan…Pero no, no va a hacer falta. De hecho hay que decir que muchas de estas medidas se parecen a las que propone el Frente de Izquierdas de Jean-Luc Melènchon. ¿Es que los extremos se tocan, acaso? Mmm, no, tampoco es eso.
La cuestión es más “de época”. Estamos ante un modelo económico fracasado, un modelo basado en el endeudamiento y la confianza mesiánica en el libre mercado, la competencia y la globalización. Todo eso ha sido generado y defendido por los partidos que hoy dominan nuestras escenas políticas, los ex conservadores y los ex socialdemócratas. Estos partidos siguen comprometidos, más o menos, con soluciones y gestiones que no supongan una ruptura del modelo generado.
Sin embargo el resto de partidos ajenos a este pensamiento se sitúan ante planteamientos más o menos rupturistas pero indudablemente proclives a cambios profundos que los partidos tradicionales ni se plantean. Y es en ese contexto donde parece que todos los partidos situados en los albores del sistema plantean cosas similares, igual que los partidos de gobierno son ahora todos iguales.
Cosas como volver a cierto proteccionismo para que la competencia con países como China no nos desindustrialice completamente, poner en duda en euro o su funcionamiento o defender a los ciudadanos y empresas de los poderes financieros deberían ser cosas obvias asumidas por todos. Sin embargo los partidos del “stablishment” se mantienen anclados a un mundo decadente y por eso estas cosas, aún novedosas para nuestros oídos, nos parecen coincidencias increíbles para ideologías opuestas.

Ahí está el origen de las coincidencias creo yo. Por eso no me asusta estar de acuerdo con Marine Le Pen en algunas cosas, lo razonable es razonable independientemente de quien venga.
La otra alternativa es que esté entrando en el camino que siguió Mussolini entre el final de la década de los 10 y el principio de la de los 20 del siglo pasado que le llevó del socialismo a crear el fascismo. Obviamente no creo que sea eso pero no faltará quien me diga que eso es lo que me debe estar pasando….No, lo siento, ni estamos en los años 20 ni simplificaciones tan absurdas aciertan jamás.
Y tampoco olvidemos que esto son propuestas políticas hechas para captar votos. Luego el Frente nacional podría ser terrorífico en el poder, pero eso sería parte de cierto “programa oculto”. Lo que ahora dicen es la música bonita, lo que suena bien, lo que atrae a la gente. Relacionar lo que quiere un partido con lo que dice en campaña es cada vez más difícil, sobre todo después del récord del Sr. Rajoy en España, que ha hecho trizas todo el programa electoral y los 7 años de oposición en sólo cuatro meses.

miércoles, 11 de abril de 2012

Eurovegas















Da la sensación de que nuestro país está hundiéndose a un ritmo vertiginoso. Hace unos meses considerábamos escandaloso que el parlamento Alemán supiese las medidas que se iban a tomar en Irlanda antes que tuviese conocimiento el propio parlamento de ese país, situación que se producía después del rescate financiero. Ahora en España pasa algo parecido, pues nos enteramos de las medidas que va a tomar nuestro gobierno por la prensa alemana aunque por boca de nuestro flamante ministro de economía, el ex Lehman Brothers Luís de Guindos.
Y eso que no estamos rescatados, aunque sí estamos totalmente intervenidos. Ya no es que nos enteramos por la prensa alemana de las cosas, es que nos mandan “asesores” del partido de la canciller Merkel a “informarse” sobre lo que estamos haciendo. Hasta hace nada, de hecho, la propia idea de que nos marcasen el paso desde Alemania y Bruselas nos daba escalofríos y el ex presidente del gobierno se empeñaba en negar la evidencia. Ahora somos más finos, ahora se niega la evidencia pero a la vez nuestro presidente dice que hay que hacer lo que está haciendo porque si no seremos intervenidos, que es la evidencia primera de que ya estamos intervenidos. ¿Cuál es la diferencia entre hacer lo que nos mandan para no ser intervenidos y hacer lo que nos mandan porque estamos intervenidos? Ninguna. Y esto se suelta sin rubor alguno, convirtiendo el desastre en virtud y en arma política para no ser cuestionado. La supervivencia de la especie.

Y en medio de este desastre, de esta cuadratura del círculo imposible, de intentar arreglar la economía estrangulando al país, tenemos un “proyectito” del que se ha hablado bastante en la prensa pero a mi juicio no lo suficiente, pues representa algo central: El modelo de país que queremos.
Todos sabréis lo que es Eurovegas pero lo resumo en unas líneas. Hay un magnate norteamericano dedicado al negocio del juego en Las Vegas que pretende construir en España una especie de Las Vegas para Europa. Quiere construir una mini ciudad llena de casinos, hoteles y otras zonas lúdicas que, según el magnate, crearía en 10 años unos 250.000 empleos entre directos e indirectos.
Pero claro para ser bendecidos con semejante suerte debemos ser buenos con él y “probussiness”, que es el termino anglosajón que se emplea para los gobiernos buenos que se bajan los pantalones ante los inversores internacionales. Este señor, para instalar su ciudad-casino en España, quiere que le cambiemos la ley a su medida y se le concedan, entre otras cosas, estas que voy a listar:

- Cambiar el estatuto de los trabajadores para que no le apliquen los “rígidos” convenios colectivos.

- Modificar la ley de extranjería para poder traer trabajadores extranjeros con menos burocracia.

- Dos años de exención de impuestos y de cuotas empresariales a la Seguridad Social.

- Que le cedan todo el suelo público que necesita, aún si hay que expropiar a gente.

- Que no se aplique la ley antitabaco en sus instalaciones.

- Que se permita la entrada a menores y ludópatas a sus casinos.

Y no nos pide que cambiemos al Rey por Ronald McDonalds porque no se le ha ocurrido…

Como ya intuiréis por mi tono no soy nada amigo de este proyecto y de proyectos así, por varias razones.
Primeramente porque todo esto suena a un gran fraude. Eso de los 250.000 empleos no se lo cree nadie, pues es una cifra que multiplica por 10 los empleos máximos que la pseudo-ciudad crearía de llevarse a cabo y llegar a estar en pleno funcionamiento. A mí, que soy valenciano, todo esto me recuerda mucho a lo de la fórmula 1 y demás locuras que, bajo la vaga promesa de que generaría actividad económica y empleo asociado, han acabado por arruinar nuestra comunidad sin otra contraprestación que un campo abonado para los chanchullos y la corrupción. La tasa de paro de la comunidad valenciana supera un par de puntos a la media de España, el PIB está decreciendo más que en otras comunidades, nuestras administraciones están en bancarrota…Todo se demostró un enorme engaña-tontos para captar votos y comprar voluntades con humo.
Pero el problema no es solo ni principalmente ese. Aunque fuese real lo que dice el magnate (que no lo es) un país no puede ponerse de rodillas y venderse a los inversores violando su propia realidad jurídica y legal para un caso en concreto. Porque no se habla de ciertas ventajas y facilidades que se suelen conceder a los grandes grupos para que instalen negocios en España (como las factorías de coches por ejemplo), se trata de un cambio de la legislación laboral, fiscal e incluso sanitaria para agasajar a un señor. Lo que se pretende es simple y sencillamente inaceptable, y pretender que se cambien las leyes de un país para que se instale un negocio por grande que sea demuestra que este señor tiene un concepto tercermundista de nuestro país. ¿Se imagina alguien a Francia o a los EE.UU cambiando su legislación por algo así? Eso lo hacen las repúblicas bananeras no los países serios.
España tiene unas leyes y una legislación, que será conveniente o inconveniente pero que se reformará en función de análisis completos y bajo los procedimientos y dinámicas propias de una democracia. Que un señor pretenda que se cambie una legislación a su medida como si esto fuese una islita de Oceanía es inaceptable, pero que nuestros propios gobernantes le estén agasajando y manteniendo el equívoco es directamente indignante e insultante. ¿Qué imagen está dando Aguirre de nuestro país? ¿Y Artur Mas? La imagen que están dando es de país desesperado que hace lo que sea para buscar inversores y empleo, de país sin rumbo, de país incapaz de hacer nada más que mendigar inversiones por desagradables que sean. Es un espectáculo propio de Bienvenido Mr. Marshall.

Y además de todo esto hay otro análisis más estructural. España es un país cuyo modelo económico se ha hundido y ahora le toca buscar un nuevo modelo en dos ejes: Fomentar lo que realmente se nos da bien y crear nuevas áreas económicas de alto valor añadido que diversifiquen nuestra economía.
¿Tiene el turismo un papel en todo esto? Por supuesto. Mirad una de las cosas de las que me doy cuenta cuando viajo por el mundo es que la calidad de nuestros hoteles y nuestra hostelería en general está muy por encima de la de otros países. Cualquier casa rural española perdida de la mano de dios en otro país tendría categoría de hotel de tres o cuatro estrellas. Tenemos unos hoteles y unas infraestructuras excelentes que si tienen parangón en el mundo lo tendrán en muy pocos casos.
Pero tenemos un problema: No nos lo acabamos de creer. Tenemos unas excelentes capacidades pero tenemos más miedo de perder lo que tenemos que de ganar algo nuevo. Desgraciadamente nuestro turismo está orientado al bajo coste, al “guiri” inglés o alemán que viene aquí a beber barato y a pasar las vacaciones a un precio económico. Como eso es lo que tenemos nos da miedo subir los impuestos sobre el alcohol o aplicar tasas hoteleras. “¡No vendrán los turistas si les cobramos 1 euro más la noche!” dicen. Pues no, con un euro más la noche o tres o cinco euros más los hoteles españoles seguirán teniendo una calidad/precio excelente en comparación con la mayoría de países. Con la Cerveza a 3 euros en vez de a 2 pasaría lo mismo.
España debería orientarse a un turismo no digo de lujo, pero sí algo mejor. ¿Tan rentable nos sale el Guiri que se pasa todo el puto día borracho y luego destroza las calles y mobiliario urbano de la cogorza que lleva? Saldría muy rentable en los 60 o los 70, pero creo que hace tiempo que deberíamos haber enfocado mejor esto.
En fin dejo aquí mis reflexiones sobre este asunto, potenciadas después de mis últimos viajes a Inglaterra y Argentina.

Lo que estaba diciendo, el turismo tiene un papel muy importante que cumplir en la economía de nuestro país pero no cualquier tipo de turismo ni cualquier cosa. Este turismo de juego y casino lleva asociados otros tipos de “turismo”: turismo sexual (prostitución vamos), drogas, posiblemente blanqueo de dinero, etc.
¿Eso es lo que queremos para nuestro país? Yo no lo quiero, lo siento. Me niego a convertirme en el Bangkok de Europa, en la Cuba de Europa. Por cierto ya que sale Cuba, cuando Fidel Castro derrocó a Batista lo hizo en parte porque Cuba se había convertido en el prostíbulo de los EE.UU. En ese momento la revolución cubana aún no era comunista. Luego se hizo comunista, décadas después cayó la URSS y, al comenzar el periodo especial, Cuba comenzó de nuevo a ser otro prostíbulo, esta vez de los europeos, cayendo en lo mismo que la revolución había desterrado. Ironías de la historia, símbolo de hasta qué punto ciertas convicciones lo son por conveniencia.
Nuestro país necesita industrias, necesita empresas tecnológicas, necesita buscar nuevos caminos para su industria turística y agroalimentaria. Necesitamos sacar provecho a los millones de técnicos y titulados que tenemos para generar actividades rentables, necesitamos internacionalizar nuestras empresas de obra civil y energías renovables, cosas que sabemos hacer, manteniendo la sede en España. Todo eso podemos y debemos hacerlo, debemos tener un camino para intentar salir de esta.
Pero no así, no vendiéndonos a lo que sea, a quien sea, como pedigüeños por la peor actividad que podemos tener.

Ah! Por cierto, el estado de Nevada, donde está Las Vegas, tiene una tasa de paro superior a la media estadounidense, tiene mayor tasa de pobreza, de delincuencia, etc. Como veis las maravillas que trae Las Vegas no son tan excelentes como nos venden. E, insisto, a mí me sigue recordando a la Fórmula 1 y a la copa América de vela que queréis que os diga.

miércoles, 4 de abril de 2012

Los 100 días de Rajoy














Esta pasada semana se cumplieron los 100 primeros días de gobierno del PP y de Mariano Rajoy, fecha redonda que se ha establecido como periodo de gracia para no criticar en exceso a un nuevo gobierno. Esta cifra y esta actitud no es más que otra de las múltiples chorradas que se han establecido en la política de los países. En 100 días de puede destruir un país y, bajo ese concepto, parece que se debería dejar a un nuevo gobierno destruirlo en aras de este tipo de cortesía política. Por otro lado 100 días pueden ser absolutamente insuficientes para poder juzgar a un gobierno y menos para poder ver la conveniencia de ciertas políticas. Lo de los 100 días no es más que algo sin sentido, aunque en nuestro caso en particular creo que no estamos en ninguna de ambas situaciones extremas comentadas.

Juzgar la política de nuestro gobierno se me antoja difícil, más que juzgar la política juzgar las responsabilidades de nuestros políticos respecto a la política que aplican, pues como todos sabemos nuestro país vive sometido a los dictados de Alemania y su canciller, directamente o vía Bruselas. Vivimos en un tipo de semi-soberanía (y estoy siendo generoso) y de “Pax Merkeliana” mediante la cual mantenemos una democracia aparente y formal vaciada de forma obscena por los “consejos”, los “compromisos” y la ortodoxia de imposible incumplimiento.
Como leí el otro día Mariano Rajoy no es un presidente o un primer ministro, en el fondo es un monarca sin poder, es Mariano I de España y V servidor de Alemania (los 4 servidores anteriores son los primeros ministros de Grecia, Irlanda, Portugal e Italia). Mariano no es un gobernante, Mariano es un virrey elegido democráticamente pero un virrey al fin y al cabo, de estos que esperan a que les traigan el pergamino con los deseos de su graciosa majestad para convertirlos en ley.
Por eso objetivamente no hemos cambiado de gobierno y nuestro gobierno no lleva 3 meses, lleva mínimamente unos dos años bajo dos presidencias diferentes. En este contexto me es muy difícil valorar la diferencia entre lo que ha hecho este presidente y lo que hubiese hecho el anterior (Zapatero o Rubalcaba), pues no tenemos dos realidades alternativas que poder comparar. Si me preguntan responderé que estoy convencido que más del 90% de las políticas aplicadas por este gobierno las hubiese aplicado un gobierno alternativo del PSOE. ¿Cuáles no? Francamente no sabría responder. Me imagino que la reforma laboral hubiese sido algo menos agresiva (pero agresiva no obstante) y que no se hubiese recuperado la deducción por vivienda.

Pero voy a intentar hacer el ejercicio de juicio. ¿Qué podríamos decir que define estos 100 días de gobierno Rajoy? Yo lo resumiría con una palabra: La mentira.
La mentira, o el engaño si lo preferís, es el concepto clave que define lo que ha hecho este gobierno y este presidente durante los primeros 100 días de gobierno. No creo que haya en la historia de la política un gobierno que haya actuado de forma tan contraria a lo que había prometido en tan poco tiempo como lo ha hecho éste. En 100 días todas las promesas y palabras de Rajoy han saltado por los aires, en 100 días todo ha quedado en evidencia. Supongo que los votantes del PP racionales que no sean hooligans se sentirán engañados. Los votantes del PSOE de 2008 también se sintieron engañados por Zapatero, pero se sintieron engañados en 2010 dos años después de las elecciones, no a la semana como este caso. Supongo que a quien votase a Rajoy en base a lo que decía y prometía se le habrá quedado la cara de tonto en todas y cada una de las decisiones que se han tomado.
Podríamos decir que ha habido cuatro grandes mentiras. La primera era muy burda, era aquella que hacía creer que los problemas de España eran causa de la desconfianza que provocaba el gobierno de Zapatero. Con un gobierno serio, recto y con ideas claras en cuestión de semanas todo comenzaría a encauzarse: La prima de riesgo bajaría, Bruselas (Berlín) nos daría la confianza, los agazapados empresarios comenzarían a crear empleo a sabiendas de la seriedad del nuevo gobierno…Bien, las previsiones del gobierno una vez ha llegado al poder es un aumento del paro de 600.000 personas en 2012 (que me temo será mayor), una presión de Bruselas y Berlín creciente, una prima de riesgo que sólo baja por cuestiones ajenas a nuestras fronteras y una recesión a la vista.
Aquello de la “confianza” era una absoluta patraña y ellos lo sabían, por mucho que ahora se escuden detrás de las más estrambóticas excusas. Que si el déficit que les han dejado era mayor (cosa que sabían perfectamente porque gobernaban la inmensa mayoría de las comunidades), que si es Europa quien nos lo impone (¿qué al gobierno anterior no?), etc. Y lo jodido del caso es que hay gente que se cree las excusas en vez de ir al centro de la cuestión y aceptar que les estuvieron engañando en la precampaña y campaña electoral.

La segunda gran mentira de Rajoy fue que no iba a subir los impuestos. No hacía falta ser Zahorí para darse cuenta que esto era absolutamente imposible y que no se podía ni soñar en cumplir los objetivos de déficit sin subirlos. La primera medida del gobierno fue la subida del IRPF a niveles suecos, algo que además se supone radicalmente contrario a la política económica de la derecha. Grandes masas de profesionales asalariados con muy buen nivel salarial que votaban al PP básicamente para que les rebajase los impuestos se han sentido profundamente engañados. Esta medida, que hubiese sido tildada de soviética por el PP si la hubiese hecho otro gobierno, se tomó a las pocas horas de asumir el gobierno.
Han subido otros impuestos como el IBI, el impuesto sobre las rentas del capital y el tabaco la semana pasada, todas ellas (excepto quizá la tercera) contrarias a la propia esencia de un gobierno de derecha económica y que ha enfadado a sus propias bases. El único misterio ha sido por qué no han subido el IVA. Yo estaba seguro que se iba a subir en Abril pero me temo que las elecciones andaluzas y asturianas han condicionado la medida en parte, y por otro lado creo que también se están guardando esta baza como “hueso” que lanzarle a Merkel cuando se cabree porque no cumplimos con las cifras que nos pide.
El IVA acabará subiendo, pero gracias a su flexibilidad se puede subir trimestralmente, no como el IRPF que era lógico que se cambiase a principios de año. Bien en julio bien en octubre el IVA de España subirá entre 2 y 3 puntos a menos que encontremos alguna mina de oro en algún sitio.
De hecho la semana antes de la presentación de los presupuestos se especulaba con la posibilidad de que el IVA reducido desapareciese para ciertos productos, avanzada por el ministro Montoro a los empresarios. ¿Por qué no se hizo? Es difícil de saber. Francamente parece que este gobierno actúa a impulsos (las famosas “ocurrencias” que criticaban al gobierno anterior), como unos malos estudiantes que tienen que presentar un trabajo en una fecha límite y el día anterior aún no saben ni como hacerlo. Al final parece que escriben cuatro cosas sobre la marcha para cuadrar los números y las presentan, pudiendo haber presentado las contrarias de haber tenido que presentarlas otro día diferente. La otra posibilidad es que las órdenes sean claras y concisas y lleguen justo el día antes de tener que hacer las reformas, por lo que los ministros, que serían absolutamente desconocedores de lo que se cuece y decide, se dedicarían a hablar y avanzar cosas sin tener ni reverenda idea de lo que están diciendo. Ambas posibilidades son igualmente terribles.

La tercera gran mentira es la política antiterrorista. El PP ha estado en estos últimos 8 años defendiendo una política de intransigencia y no negociación con el terrorismo que era contraria a todo lo que se había hecho en España desde la transición. Esta postura en la oposición se lo puso muy difícil al anterior gobierno que parecía debilitado y desautorizado, con las consecuencias evidentes de que los terroristas se aprovechaban de eso al creer que estaban ante un gobierno débil que estaba siendo atacado desde el lado de sus propios aliados.
Esta política loca y destructiva llegó a impregnar a los votantes potenciales del PP y a algunos que no lo son pues, ciertamente, es muy primaria y toca mucho el corazón y el orgullo del ciudadano español. Pero una vez llegas al gobierno los populismos y disparates que dices en la oposición son inasumibles.
De eso de no negociar jamás, de la derrota policial hasta que no quede ni una mosca y demás bravuconadas hemos pasado a la política lógica en un gobierno, es decir, si se puede actuar desde el gobierno para acabar con esto cuanto antes mejor, y si se hace sin pasar ninguna línea roja pues se hace. Desde el trato a Amaiur (que han pasado de querer meterlos en la cárcel a todos a pedirles que colaboren con el fin de ETA) hasta la aceptación de que se puede hacer política penitenciaria y de gestos para facilitar la disolución definitiva de ETA, todo ha cambiado.
Y esto, evidentemente, no les podía salir gratis. Los más radicales dentro de las filas del PP, espoleados por las diatribas patrioteras de antaño, no pueden comprender como ahora se está haciendo casi lo mismo que el gobierno Zapatero (y eso que no sabemos lo que se está cociendo por detrás). El PP y Rajoy les han engañado durante muchos años defendiendo una postura que no se podía mantener en el gobierno.

La cuarta gran mentira es que no abarataría el despido. La actual reforma laboral va a generalizar los despidos con 20 días por año trabajado, menos de la mitad que teníamos antes, e incluso en el mejor de los casos estaríamos en 33 días.
Este punto realmente no es muy rechazado por el electorado tradicional del PP, al que se le supone (si es que sabe lo que vota y por qué lo vota) que le debería parecer bien estas medidas de teórica “flexibilización” del mercado laboral. Pero claro no todos los votantes del PP son su electorado tradicional sino que hay muchos que son electorado puntual y que les han votado simplemente “para que lo hagan mejor que los otros”. Es esa gente la que más engañada se habrá sentido por esta cuarta mentira.

Las cuatro grandes mentiras, creo que ese es el resumen de todos esto. Sin embargo no quiero dar una visión tan poco equilibrada de lo que ha hecho este gobierno. De las cosas que ha hecho hay algunas (bastantes para ser el PP) con las que estoy de acuerdo.
La subida de los impuestos al capital, el aumento del IBI y en cierta manera el del IRPF (aunque excesivo) me parecen buenas medidas. La nueva ley de transparencia, que tendremos que ver como se desarrolla y si acaba valiendo para algo, también suena bien. De las últimas medidas estoy de acuerdo con la subida de los impuestos al tabaco, el recorte del gasto militar y, sobre todo, los cambios legislativos para que la recaudación real del impuesto de sociedades se acerque al porcentaje oficial eliminando desgravaciones y ciertos usos comunes (algo que llevo mucho tiempo pidiendo).
Fijaos, es que realmente estoy de acuerdo con muchas cosas, pero el problema es que este gobierno ha tocado tantas cosas que al final el balance es negativo. Porque a todo esto le oponemos la reforma laboral horrible que nos sudamericaniza como país, la recuperación de la deducción por vivienda, las idioteces constantes del ministro Wert, la contra legislación absurda de Gallardón con el aborto, el peligro constante de un gobierno que puede recortar en todo y no tiene línea roja alguna. Todo lo bueno, que existe y está ahí, queda oculto bajo un par de decisiones terribles y la sensación de que estamos ante un gobierno esclavo del exterior que no tiene limitación alguna y sobre el que no podemos hacer previsiones porque no parece tener ni línea política coherente.

Las consecuencias de los primeros 100 días de Rajoy han sido muchas: Una huelga general, que aunque errónea y de un éxito mediocre sí ha ido acompañada por exitosas manifestaciones y refleja una sensación de gran malestar con la reforma laboral; y, sobre todo, las derrotas electorales de Andalucía y Asturias.
Las dos primeras elecciones que ha tenido el PP a 100 días de alcanzar el gobierno han sido dos fracasos (fracasos al no alcanzar los objetivos esperados), fracasos que se han dado en un momento en que el PSOE sigue hundido en su suelo más absoluto que se le conocía.
Es decir, el PP ha comenzado por primera vez desde que yo recuerde a perder votos a favor de la abstención. Lo que ha pasado en Asturias y sobre todo Andalucía es que los votantes del PP se han comenzado a abstener cabreados por todas estas mentiras que he comentado en el texto. Muchos se han sentido engañados y se han quedado en casa antes de ir a votar en estas autonomías. Y ojo porque llevamos 100 días y este potencial abstencionista va a ir aumentando con los meses.
Y yo, por el futuro de España, me alegro. Me alegro de que por primera vez el votante del PP comience a ser tan escrupuloso y exigente como el de la izquierda y se atreva a quedarse en casa y no tragar con los engaños y traiciones constantes. Ahora lo que nos falta es tener quien absorba a estos votantes descontentos porque a la vista está que los dos partidos que están destinados a esto, IU e UPyD, no lo están consiguiendo de forma mayoritaria, sobre todo el segundo.

El futuro no es nada esperanzador. Seguimos con un gobierno servil y con unas medidas que ya se han demostrado inútiles en países como Grecia o, si nos vamos atrás en el tiempo, en países de Latinoamérica en los 80 y 90.
Al final mi única esperanza a corto plazo es que se reorganicen las fuerzas en Europa y que se forme un bloque que plante cara a la ortodoxia prusiana de Angela Merkel. Me temo que dependemos mucho de que Sarkozy pierda las elecciones en Francia y Hollande demuestre no ser un cobarde si llega a ser presidente.
Y a medio plazo necesitamos construir nuevos espacios políticos y nuevas ideas económicas para nuestro país, que acaben con este bipartidismo y con esta política económica impuesta. En eso estoy desde hace dos años en este blog y en esto seguiré, porque creo que es el único camino que vale la pena.

lunes, 2 de abril de 2012

Crónicas Bonaerenses (III)




















Más allá de la realidad económica de la Argentina he podido observar en ese país muchas peculiaridades propias del país y de sus gentes.
Si me preguntasen por mi sensación sobre los problemas de Argentina y me dijesen que indique los tres que me parecen más importantes seguramente diría estos: La inflación, las villas miseria (ejemplo claro de los contrastes económicos) y la inseguridad. Sobre las villas y la inflación ya he hablado en las entradas anteriores.

¿Hay mucha inseguridad en Argentina? Es difícil responder a esta pregunta. Personalmente no la detecté, es decir, a mi no me paso nada ni vi a nadie a quien le hubiesen robado en medio de la calle. Sin embargo sí que podía percibir que los argentinos conocían o percibían inseguridad, algo que se ve en cosas tan simples como la forma en que cogen los bolsos las mujeres (bien agarrados para que no les den un tirón), la ausencia general de joyas o maletines muy llamativos entre los viandantes o simplemente por los consejos que te daban los argentinos de no llevar nada que te “doliese perder”.
Ciertamente me moví casi siempre de día y por la noche frecuentaba los barrios colindantes del hotel, Puerto Madero y San Telmo. Una cosa que llamaba la atención de noche era la gente que rebuscaba en la basura. Eso en España también se da, sin embargo en nuestras ciudades casi siempre hay contenedores y la persona que rebusca entre la basura abre las bolsas dentro del propio contenedor. Allí en muchas partes no había contenedores y la gente dejaba las bolsas de basura en la calle o en contenedores muy precarios, y al rebuscar estas personas en la basura rompían las bolsas y lo dejaban todo desastrado dando una sensación visual muy fea.
Además de lo que se veía por la calle otro buen termómetro para identificar la inseguridad era ver las noticias en televisión o leer prensa. Casi todos los días que estuve allí hubo algún crimen por arma de fuego, generalmente en atracos o tiroteos con la policía. La sensación viendo las noticias era de inseguridad, pero esas cifras en un cono urbano de 15 millones de personas quizá no son tan dramáticas.
Respecto a la TV me resultó muy curioso el distinto tratamiento de este tipo de noticias en los distintos medios. El canal 5, el canal público, pasaba por encima de estas noticias sin darles excesivo tiempo pero el resto de televisiones, que intuí que eran fuertemente anti gobierno Kirchner, se recreaban en cada asesinato y entrevistaban a familia, vecinos, amigos y simples viandantes que habían visto a la víctima alguna vez. Me dio la sensación de que se potenciaba este tipo de noticias tanto por cierta cultura de periodismo dramático como por mostrar un país en mal estado, que por supuesto era debido a la política del gobierno.
Los argentinos en general, no todos, consideran a su país inseguro. Según me dijeron a pesar de la recuperación económica de la última década la delincuencia no había bajado, sino que se había estabilizado o incluso subido. No sé explicar la razón de esto pero debe haber razones de idiosincrasia y mala dispersión de renta. Mi conclusión es que la inseguridad en la Argentina era por supuesto mayor que en Europa pero que no llegaba a los niveles de países como México, Venezuela, Colombia u otros países de la zona.

Otra cosa que me llamó mucho la atención de Argentina es la cultura de protesta que existe en ese país. En Argentina los sindicatos, o mejor dicho el sindicato CGT, es enormemente poderoso. La fuerza sindical y su actividad son mayores que en los países europeos. Eso lleva a que los sindicatos sean agentes muy importantes a los que tener en cuenta para la gobernación del país y haya que negociar muchas cosas con ellos.
Todos los años hay “paritarias”, que son reuniones patronal-sindicatos con la intermediación del gobierno para negociar sectorialmente los aumentos salariales. Es algo parecido al tema de los convenios colectivos pero donde el arbitraje del gobierno era más intenso y muy volcado en la mejora de las condiciones salariales. Generalmente el gobierno Kirchner ha sido muy pro-sindicatos pero parece que en la última época está moderando los aumentos salariales (seguramente para intentar moderar la inflación) y eso está creando que la CGT se aleje progresivamente del gobierno.
Este poder sindical parece que es el origen de esa poderosa cultura de protesta. Ya no es que los sindicatos del ramo X salgan a la calle a manifestarse por alguna reivindicación, es que lo hace cualquier grupo mínimamente organizado. Por ejemplo, uno de los días que estuve allí un grupo de personas de la villa 31, sobre todo mujeres, cortaron el tráfico en la estación de retiro exigiendo que se mande un autobús escolar a la villa para recoger a los niños y llevarlos al colegio (la educación, al igual que la sanidad, es gratuita en Argentina). También vi un corte similar en protesta por la inseguridad en una pedanía de Buenos Aires.
Esto de cortar el tráfico en una avenida es muy habitual. El último viernes que estuve las tres principales autovías de entrada a la ciudad estuvieron cortadas un tiempo por tres protestas, una de camioneros, otra de maestros y otra del estilo de la comentada anteriormente. Cuando pasa esto la policía no actúa desalojando sino que dialoga con los manifestantes y estos siempre exigen que vaya “el interventor”, que es algún tipo de agente del gobierno, para negociar con ellos. El agente del gobierno acaba yendo, les promete que dialogarán y entonces se levanta el corte. Este es un procedimiento que vi varias veces y me pareció muy curioso, sobre todo después de ver como en Valencia se desalojaba a porrazos a 50 chavales que cortaron 10 minutos un trozo de una calle céntrica.

A pesar de toda la protesta que hay no me pareció que los argentinos entendiesen de política especialmente. Mi sensación antes del viaje era que, quizá por su buen dominio dialéctico, los ciudadanos argentinos entendían bastante de la política de su país y de política en general, algo así como los franceses. Pero no, con la mayoría con los que intenté tener una conversación sobre temas políticos me pareció que utilizaban argumentos muy poco elaborados y muy maniqueos. Los pro gobierno y los anti gobierno usan argumentos que parecen muy manoseados por los medios afines a cualquiera de los grupos. De economía parecían entender también bastante poco aunque ahí me parecía más normal porque entender la economía argentina me parece casi un imposible. Y si ya sé, seguramente la gran mayoría de españoles tampoco entendemos un carajo de política ni economía, y así nos va. En eso, desgraciadamente, nos parecemos bastante.
Quizá una de las cosas que más llamaron la atención a nivel político es el populismo. En todos los días de mi viaje no hubo uno solo en que no se hablase de las Malvinas. Sí, hacía 30 años de la guerra de las Malvinas pero el uso populista del asunto era más que evidente. Para un europeo también es muy llamativo el fuerte presidencialismo y la presencia constante de la presidenta Cristina Fernández en los medios de comunicación sin que sus opositores lo hiciesen prácticamente (excepto la gente de Macri, por ser quienes gobernaban la capital federal). Supongo que es algo parecido a lo que pasa en todas las repúblicas presidencialistas, pero para los que estamos acostumbrados a la política parlamentaria nos resulta chocante.

Finalmente me gustaría acabar con estas entradas respondiendo a una pregunta que, ante la crisis española y europea, se hará mucha gente, ¿vale la pena irse a trabajar a Argentina?
La respuesta dependerá de muchos factores personales y laborales, pero muchos aspectos me pareció que sí podía valer la pena vivir un tiempo en Argentina. No sé exactamente qué tipo de profesionales hacen falta en Argentina (me pareció que para arquitectos podía ser interesante), pero si se tiene una formación y una experiencias en algún sector demandado y en España se está sin empleo no es una mala opción. Claro, ir allí a vivir un tiempo e intentar ahorrar como hacen algunos de nuestros compatriotas que salen al extranjero puede resultar imposible si te pagan en pesos aunque quizá siendo extranjero te pagarían en dólares.
Eso sí, si se va a Buenos Aires recomendaría vivir en barrios como Recoleta, Belgrano, Palermo o algún otro barrio residencial, por temas de seguridad y confort. Y bueno, ahora debería decir que se cogiese experiencia en Argentina para volver a España después y poder encontrar un buen trabajo aquí pero por lo que vi muchos de los españoles que van allí se quedan a vivir. Argentina puede ser muy atractiva, sobre todo si se tiene un estilo de vida y unas aspiraciones a una vida menos rígida y más “libre” de ciertas ataduras autoimpuestas, una vida más orientada a vivir al día. ¿Eres de ese tipo de personas? ¿Estás desempleado y no ves futuro a medio plazo aquí? En ese caso te animo a que abras tu mente a esa posibilidad, nunca se sabe donde puedes encontrar tu sitio en esta vida.