La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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domingo, 30 de diciembre de 2012

Recopilación de escritos e ideas del 2012















Se ha cumplido un año natural que coincide con el primer año de Mariano Rajoy al frente del gobierno de España, provincia del sur de Alemania. Este año ha sido un absoluto desastre de nivel bastante superior al de los anteriores años de la crisis, dónde por lo menos el país iba trampeando como podía a la crisis. La política Rajoy-Merkel ha sido absolutamente destructiva para el país pero también es cierto que en el quinto año de crisis los dramas personales que se iniciaron en 2008 ó 2009 han llegado a un punto insostenible, con suicidios, pobreza y desesperanza generalizada. Hay gente que ha acabado la prestación de desempleo y los ahorros y se ha visto en la pobreza, gente que ha sido desahuciada por procedimientos comenzados hace años y se ha visto en la calle. La situación es muy grave y el estallido social está mucho más cerca de lo que creemos.
Me gustaría hacer un repaso a las entradas más importantes de este año y a las ideas que hemos ido extrayendo de las mismas. Creo que será un buen ejercicio de posicionamiento ideológico y un buen resumen de la naturaleza de la bitácora para quien no la conozca o sea lector desde hace poco tiempo. A la vez me colgaré alguna que otra medalla por mis ejercicios de futurismo político que han resultado bastante certeros.

Comencé el año con esta entrada que analizaba las medidas que aprobó el nuevo gobierno en el último consejo del año 2011. No fui muy crítico en general, aunque quise señalar lo rápido que el gobierno había incumplido su promesa de no subir impuestos. Eso sí, marqué una gran discrepancia en la recuperación de la deducción por compra de vivienda habitual, algo que no tenía sentido hacer como se demostró en 6 meses.
En otra entrada de enero hice la pregunta de si “el gobierno de Mariano Rajoy subiría el IVA” y respondí a la misma con un rotundo sí. Es más, dije que sería al 21% aunque me adelanté a la medida unos meses.
A colación de todo esto y de tanto cambio fiscal hice una serie de tres entradas llamada “necesitamos una reforma fiscal en profundidad” dónde expresé cuales era mi visión de lo que necesitaba el país: Bajar el IRPF y las cotizaciones a la S.S de las empresas, subir el impuesto de sociedades y la cotización social a los trabajadores, crear un cuarto tramo de IVA para el”lujo” y la implantación de una tasa a las transacciones financieras, además de combatir fuertemente el fraude fiscal.

En febrero nos encontramos con "una peligrosa reforma laboral" del gobierno. Esta reforma abarató fuertemente el despido en lo que fue otro clamoroso incumplimiento de las promesas del gobierno y como ya dije en esta entrada la reforma estaba claramente fabricada para facilitar el despido de los trabajadores más caros para las empresas y crear un descenso del coste de los salarios en España, una de las exigencias alemanas.
La reforma laboral provocaría una huelga general, que el gobierno esperaba y asumía sin el mayor problema. En mis “reflexiones heterodoxas sobre la huelga” ya dije que la huelga general (que no parcial) era un mecanismo obsoleto que debía cambiarse por otros más modernos y que atacasen los intereses que realmente nos esclavizan, idea que retomé después de la segunda huelga general de este año, la de noviembre, en esta entrada.

En Mayo pregunté “¿Es legítimo el gobierno de Mariano Rajoy?” y respondí que, a pesar de la violación permanente de sus promesas y programa electoral lo era, porque seguí contando con el apoyo mayoritario entre sus votantes del 20-N. Ésa fue la condición que sostenía su legitimidad según defendí y, cuando las encuestas comenzaron a dar la vuelta y vimos como casi 1/3 de los votantes del PP del 20-N se habían desmarcado del gobierno, entonces cambié mi percepción y pasé a defender que el gobierno Rajoy es ilegítimo y debe ser forzado a dimitir y a convocar elecciones.
El mes siguiente llegó el rescate bancario (provocado por el decreto De Guindos) y comenzó la ceremonia del eufemismo y el ridículo por parte del gobierno, que no quería llamar rescate a lo que era un rescate. Lo dije claro en el título de mi entrada de entonces, “Hemos sido rescatados y seguimos intervenidos” porque la intervención del país se dio, como mínimo, en Mayo de 2010.
El rescate bancario trajo sus consecuencias, y en julio el gobierno aprobó la subida del IVA que avancé en enero, eliminó la extra de navidad a los funcionarios, quitó la deducción por vivienda que había reinstaurado 7 meses antes, entre otras medidas. Lo titulé “Mayo de 2010 versión 2.0, empeorada y ampliada” por su asombrosa similitud a las medidas de Zapatero entonces y porque representaba un grado más de nuestra satelización y pérdida de soberanía nacional.

El verano fue una buena época para la reflexión más calmada. A finales de julio, y después de explicar como funcionaba la “burbuja alemana” que existe en ese país, hice una serie de tres entradas sobre “Cómo salir de esta situación” que parece un pozo sin fondo que sólo acabará en la destrucción generalizada de nuestra sociedad. Hablé de una primera opción que sería salir del euro, una segunda sería ir a una federación europea real con corresponsabilidad económica y fiscal y un banco central que estabilice la economía, y una tercera que sería una verdadera revolución política que nos llevaría a impagar la deuda pública y parte de la bancaria y crear desde ahí un sistema económico basado en la economía real que debería amordazar a la economía financiera.
Seguidamente pregunté si “era el gobierno de Mariano Rajoy responsable del hundimiento de España” y concluí que parcialmente lo era, basándome en los 10 principales errores del gobierno hasta la fecha (que hoy serían más). También hice reflexiones más genéricas, como mi convicción de que habíamos llegado al “fin de los mecanismos tradicionales de lucha” y que necesitábamos nuevas vías de lucha como el boicot económico y la rebelión social focalizada. Estas ideas fueron ampliadas con hechos concretos en la entrada de septiembre titulada “El 25-S y la rebelión Portuguesa”.

A la vuelta del verano comenté mi percepción sobre lo que “había provocado la subida del IVA”, que fue una subida de precios mayor que el propio incremento en muchos productos y servicios en base a un redondeo que se parecía al del cambio de la peseta al euro.
En Octubre quise plantear una pregunta que poca gente se estaba atreviendo a plantear: “¿Se está convirtiendo España en una dictadura? Después de un análisis cuidadoso llegué a la conclusión de que España estaba transitando por un camino que llevaba a una dictadura de formas democráticas pero que, en definitiva, sería una “dictablanda” sin soberanía popular y con dosis crecientes de represión política e ideológica.
Este otoño nos ha traído, entre otras cosas, la constatación de que en España la gente se estaba suicidando por causas económicas, fundamentalmente por los desahucios ante el impago de hipotecas. Analicé el caso en “desahucios y ley hipotecaria” y propuse una moratoria automática de todos los desahucios hasta que se cambiase la ley hipotecaria en España para ir a una situación de mayor equilibrio entre prestamistas e hipotecados.

El último incumplimiento del gobierno Rajoy fue la revalorización de las pensiones. En “¿Revalorizará el gobierno las pensiones?” intenté prever qué iba a pasar. Comenté que la base electoral del PP es actualmente los jubilados y que por esa razón no se atreverían a congelar totalmente las pensiones, aunque tampoco creía que las fuesen a revalorizar con el IPC porque no podían hacerlo para no disparar el déficit. Deduje que tirarían por el camino de en medio revalorizando las pensiones pero no hasta el IPC y acerté en mi previsión.
Finalmente en diciembre desarrollé mi idea de “Por qué la izquierda no debe apoyar el independentismo” en Europa en ningún caso, algo que venía a colación del absurdo camino que ha iniciado el nacionalismo catalán pero que es aplicable a cualquier caso que se circunscriba a las mismas variables.


Este es el resumen del año 2012, el año más terrible de la crisis que nos atenaza y quizá el peor en España desde el final de la posguerra. El 2013 no pinta mejor, de hecho pinta aún peor.
Voy a volver a dar dos previsiones para este año que ya he comentado varias veces en el último año. En 2013 posiblemente llegará una explosión social de mayor o menor intensidad pero que dejará claro que la sociedad no va a aguantar pasivamente esta situación. También preveo que este gobierno no va a aguantar mucho más y que, en cuanto se pida el rescate y llegue alguna de las exigencias, el gobierno caerá (que no el presidente). Creo que no es descartable que en España haya un gobierno de concentración entre el PP y el PSOE al estilo del que hubo en Grecia ya que otras opciones (una entrada de CiU y PNV en el gobierno Rajoy) que serían posibles en circunstancias más normales hoy parecen difíciles.
Y hay un hecho fundamental este próximo año: Las elecciones alemanas de otoño de 2013. Es absolutamente crucial que el gobierno liberal-conservador alemán no repita mandato y a ser posible que haya un cambio radical de gobierno en Alemania. Las últimas encuestas no me hacen ser muy optimista (Merkel, que parecía derrotada de antemano hace un año, está recuperando al electorado) pero tengo la sensación de que la situación económica alemana se va a deteriorar mucho en los próximos meses y esto puede dar oportunidades a la izquierda.
Ojala los alemanes no caigan en un nacionalismo germanocéntrico que les lleve a arropar a su canciller. Si la naturaleza del nuevo gobierno alemán es la misma que el saliente me temo que no va a haber una solución razonable para Europa, y si esto sucede tendremos que plantarnos en frente de Alemania con toda la contundencia posible y buscando aliados dónde sea necesario. El austericidio merkeliano destruirá Europa con nosotros dentro y esto es algo que no podemos permitir.
Deseo ardientemente no estar escribiendo el año que viene en este mismo resumen que España debe salir de la UE y del euro mañana mismo para huir de esa política destructora de naciones enteras.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Nuevos movimientos para crear la "tercera izquierda"











Hace ya años que reclamo la necesidad de un tercer espacio político en la izquierda española, un espacio que debería ocupar el terreno intermedio entre el PSOE e IU cada día más amplio por la derechización del PSOE en el gobierno y las dificultades de IU para convertirse en el partido unitario de izquierdas que debería ser.
Este tercer espacio ya existe en muchos otros países de diferentes formas. En Alemania coexisten en la izquierda el SPD, La Izquierda y Los Verdes, siendo los Verdes en este caso una tercera izquierda bastante “centrista” pues ocupa un terreno socialdemócrata o socialiberal. En Portugal tenemos en la izquierda al Partido Socialista, al Partido Comunista y a un tercer partido, el Bloco de Esquerdas, partido bastante más izquierdista que los verdes alemanes. En Grecia pasa algo similar a Portugal con el partido Syriza, partido alejado el leninista partido comunista griego y que está llamado a gobernar en un breve plazo de tiempo. Si miramos a Italia podemos ver al partido Italia de los Valores, partido liderado por el exjuez Di Pietro con un discurso basado en la lucha sin cuartel contra la corrupción berlusconiana. Incluso no hace falta irse fuera de España, en la Comunidad Valenciana tenemos a la Coalició Compromís que ha venido a ocupar el espacio intermedio entre el PSPV y Esquerra Unida.
La generación de esta tercera izquierda es un proceso natural, si me permitís el predeterminismo algo casi histórico, producto del hundimiento de la socialdemocracia y la difícil adaptación de muchos marxistas a las dinámicas propias de nuestra era. Es algo que llegará, lo que pasa es que no es algo todavía homogéneo en todos los países y cada uno crea esta tercera izquierda en base a su realidad político-social. Con qué contenidos ideológicos se creará este espacio en España es algo que todavía no sabemos, pero que se creará parece casi seguro.

En mi opinión hace año y medio o dos años ya hubo un movimiento destinado a la creación de este tercer espacio en España, con la intención de crear un partido de características eco-socialistas a nivel nacional.
La pieza central de este movimiento era el partido EQUO, fundado por la unión de multitud de grupúsculos verdes y eco-socialistas bajo la dirección del ex líder de Greenpeace en España Juan López de Uralde. EQUO no pretendía ser sólo un partido “verde” sino que su intención era ser eco-socialista y por eso mucha gente proveniente de IU como Inés Sabanés se unió al proyecto.
Yo creo que la idea era básicamente esta: EQUO pretendía, en las elecciones del 20-N, sacar dos o tres diputados de forma independiente (dos por Madrid, Uralde y Sabanés, y quizá algún otro en otra provincia grande que no fuese ni Barcelona ni Valencia) y después se suponía que los diputados de ICV, que iban como coaligados de IU en Cataluña pero que se supone que son una coalición eco-socialista, se unirían a los de EQUO y, también, a los que Compromís sacase en la Comunidad Valenciana, pues esta coalición también era coaligada de EQUO (dos de los tres partidos que forman Compromís son también fundadores de EQUO). Con esto se podía crear un grupo verde de unos 7 diputados en el congreso.
Si esta idea salía bien, entonces el siguiente paso era que la nueva formación de Gaspar Llamazares, Izquierda Abierta, también pasase a formar parte de este grupo eco-socialista, quizá pasándose el propio Llamazares a este grupo junto con algún otro diputado de IU. Pero nada de esto salió bien. EQUO estuvo a punto de sacar un diputado en Madrid pero no sacó ninguno y, por lo tanto, ICV siguió de coaligada de IU y el diputado de Compromís Joan Baldoví se quedó en el grupo mixto.
¿Por qué no funcionó? Supongo que por varias cosas (el sistema electoral, el adelanto de las elecciones, etc.) pero si puedo resaltar una creo que el perfil que le dio Uralde a EQUO fue muy “verde” pero no muy “eco-socialista”. Uralde se maneja muy bien en los debates sobre la defensa del medio ambiente pero le cuesta enlazar esto con un proyecto social y económico eco-socialista. El eco-socialismo se basa en una economía no lesiva con el medio ambiente y los recursos como método para crear un escenario socio-económico de crecimiento sostenible y equitativo. Yo creo que sobraron mensajes medioambientalistas y faltaron ideas claras sobre las renovables como método de independencia energética y pilar anticíclico de la economía, sobre el crecimiento sostenible como vacuna contra la especulación y el crecimiento económico burbujista, etc.
En cualquier caso esto no funcionó y el tercer espacio de la izquierda se quedó vacante a nivel nacional.

Pero pasadas elecciones generales y con un hundimiento del PSOE no suficientemente compensado con el crecimiento de IU, el debate sobre la tercera izquierda volvió a surgir a pesar del fracaso de EQUO.
Existen muchos proyectos en este sentido, proyectos que por la realidad mediática sólo pueden conocerse por las redes sociales. Uno de estos proyectos es Construyendo la Izquierda, que nombro aquí porque es el que mejor conozco, pero también hay otros inteconectados con éste o no, y de ámbito local, o regional o incluso nacional.
Pero todos estos proyectos se encuentran con el mismo problema: La soledad de la red, la imposibilidad de llegar al amplio público y la indiferencia (si no hostilidad) de todos los medios de comunicación de masas. Los proyectos se encuentran aislados y encerrados en las miles de personas que los conocen, sin proyección electoral alguna.
Tal y como funciona nuestro sistema democrático creo que la única manera de poder salir de la cueva informativa es hacerlo de la mano de personajes política y mediáticamente relevantes. Si EQUO estuvo a punto de sacar un diputado fue en parte por el tirón mediático de Inés Sabanés, política muy conocida en Madrid. Si Rosa Díez (por poner otro ejemplo en un ámbito algo distinto) pudo hacer crecer a UPyD fue por su presencia política, tanto de ella como de otras personas que la acompañaban como Fernando Savater, que le permitió sacar un diputado y de ahí empezar a plantear el crecimiento.
Fijaos, de hecho, cual es el único proyecto alternativo a los principales partido de la izquierda que es conocido: El frente cívico de Julio Anguita. La gente no sabrá cómo se llama el frente cívico pero sí conoce “el proyecto de Anguita”. Su figura política es la que da luz al proyecto, y si el frente cívico fuese un partido político el propio hecho de que lo liderase Anguita llevaría a este frente a sacar varios diputados, sólo por la estela del líder.
Creo que los movimientos que pretenden construir la tercera izquierda se están dando cuenta de esto. O nos apoyamos en figuras políticas o sociales relevantes, o bien nos debemos apoyar en políticos que salgan de los proyectos actuales para crear uno nuevo. Esto parece fundamental.

¿Por qué hablo de todo esto? Bien, hace ya bastante tiempo dije que el ex juez Baltasar Garzón, una vez parecía que su carrera judicial iba a acabar por un camino u otro, debería seguir el mismo camino que el juez Di Pietro en Italia y fundar un movimiento político izquierdista en España. Garzón es un personaje que levante pasiones en España, a favor y en contra. Hay gente que le odia (de forma fanática y provocada por todos aquellos que han sido investigados por el juez) pero también hay gente que le adora y le considera la única persona íntegra que hay en el escenario político español. No sé si Garzón sería un buen candidato a presidir un partido que pretendiese ganar las elecciones pero estoy absolutamente convencido que lo es para crear un nuevo partido y movilizar a amplios sectores sociales ahora dormidos.
Hace un par de semanas el periodista Jordi Évole hizo un “Salvados” especial entrevistando al juez Garzón. Me extrañó la naturaleza del programa, porque Évole no suele convertir su programa en una entrevista a un solo personaje, y me pregunté cual sería la razón por la que había ideado ese programa y por qué en ese momento. Garzón es un personaje interesantísimo que duda cabe pero pensé que iba más allá de lo normal, intuyendo una gran afinidad entre el periodista y el exjuez.
La pregunta con la que Évole acabó la entrevista fue si tenía pensado entrar en política para cambiar todo aquello de lo que se estaba quejando. La respuesta de Garzón fue algo así como “no lo descarto” y Évole quiso dejar eso como mensaje final de su programa.

Unos días después el diputado por Asturias Gaspar Llamazares presentó un libro que no recuerdo como se llama. En ese acto en Madrid estuvo acompañado precisamente por Baltasar Garzón, quien por cierto parece que ha escrito el prólogo del libro. En el acto se le volvió a preguntar a Garzón por sus posibles intereses en la política y dijo “hoy estoy con Gaspar y a lo mejor mañana estamos juntos”, dejando claro que no descarta entrar en política y dejando claro dónde lo haría: En la izquierda abierta de Llamazares o en algún proyecto político similar.
Yo, que no creo en las casualidades, creo que aquí hay bastante más que la simple coincidencia. Creo que Garzón se está planteando muy seriamente entrar en política pero parece como si lo estuviese dosificando o estuviese lanzando globos sonda para ver qué reacciones provoca. Garzón se está situando en un terreno de síntesis de las izquierdas no radicales pero sí bien definidas, en ese terreno de esa tercera izquierda que otros y yo venimos reclamando hace mucho tiempo.
¿Qué es lo que falta? Claramente que Izquierda Abierta se separe de IU y forme un proyecto independiente sola o en una agrupación de fuerzas con otros partidos y movimientos. Y en ese contexto sí sería fácil para Garzón dar el paso a la política y presentarse de número dos de Llamazares, o quien sabe si directamente de número uno.

Espero que todo esto se esté analizando claramente por parte de todas las personas que están interesadas en la creación de esta tercera izquierda. Tenemos proyectos en Internet, tenemos a EQUO, a Compromís, a Izquierda Abierta, a Baltasar Garzón, tenemos a amplios sectores del PSOE descontentos con sus dirigentes, tenemos una sociedad deseosa de que le planteen alternativas. ¿Tan difícil sería coordinar todos esto? ¿Tan difícil es dejar los egos atrás? ¿Tan difícil es concentrarse en un programa de consenso con una decena de actuaciones relevantes e importantes y dejar apartado lo demás?
Yo creo que no. Creo que hay una demanda social clara para que esta tercera izquierda se creé y yo soy de los que creo que las demandas sociales tarde o temprano acaban encontrando su cauce, de una manera u otra. Esta tercera izquierda acabará generándose y sería interesante que no tardase demasiado, porque a este paso el Sr.Rajoy no nos va a dejar más que ruinas y sobre ellas no habría un cauce político-democrático posible, tan sólo el cauce de la rebelión social y la revolución política de imprevisibles consecuencias.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Por qué la izquierda no debe apoyar el independentismo
















El otro día me preguntaba Enrique del blog La promesa de los lagos de Pokara, a raíz de una conversación sobre el independentismo, por qué me parecía bien trabajar políticamente en un marco español pero no quería aceptar trabajar en un marco nacional más pequeño (catalán, vasco, etc.) y por qué negaba la posibilidad independentista.
Yo tiendo a creer que ciertos debates están superados, pero me sorprendo con que vuelven y vuelven y parece que no van a acabar de volver nunca. Con esta crisis y con el hundimiento de las opciones tradicionales, y ante la ausencia de una alternativa novedosa clara, se vuelven a recuperar las peores esencias de nuestro pasado. Crecen los apoyos a los partidos de extrema derecha identitaria, a los populismos izquierdistas y derechistas, y también al nacionalismo como combinación de los dos conceptos anteriores.
Adicionalmente en España tenemos una particularísima situación que proviene de la guerra civil donde todo aquello que se opone a la España nacional-católica unitaria franquista ha tendido a aliarse en coaliciones y mezclas de ideas un poco raras, comprensibles cuando se trataba de luchar contra un enemigo poderoso pero incomprensibles cuando tenemos la dictadura a casi 40 años de distancia.
Estas realidades han devuelto el debate sobre la independencia de ciertos territorios al primer plano, debate lamentable a mi juicio por las razones que expondré a continuación.

¿Por qué niego yo que la izquierda deba apoyar o simpatizar con el independentismo? Por dos razones fundamentales.
La primera es que todas estas cosas “nacionales” no son más que rémoras que dividen y que desvían la atención de los principios claros que debería tener la acción de la izquierda. Una delimitación geográfica y política, una nación, es una conceptualización que intrínsecamente no es ni de derechas ni de izquierdas, y por lo tanto es algo ajeno al debate político de valores. Estar luchando por la construcción de una nueva nación sólo es razonable si esta construcción tiene efectos que estén acordes con nuestros valores y principios políticos, como por ejemplo si se tratase de oponerse a un estado dictatorial o tiránico, o si esta construcción fuese el camino para mejorar la vida de amplios sectores sociales aplastados por una realidad nacional determinada.
En el resto de los casos (como son los casos que nos encontramos en Europa) estar luchando por una construcción nacional no es más que sentimentalismo, que puede ser respetable pero que en cualquier caso es una pérdida de tiempo que nos desvía de lo principal. Además, cuando se lucha tanto por una construcción nacional como por unas ideas políticas, estos dos ejes llevan continuamente a conflictos que van a exigir situarse entre la defensa de los planteamientos político-sociales y la defensa de los planteamientos nacionales, en muchas ocasiones contradictorios. ¿Apoyo a otros independentistas que son de derechas? ¿O apoyo a unionistas de izquierdas? Y lo siento para quien no quiera escuchar esto pero la gran mayoría de las veces los nacionalistas-independentistas de izquierdas prefieren apoyar el independentismo de derechas que a otros partidos de izquierdas. Y así, las ideas de cambio social quedan relegadas indefinidamente y nunca se llevan a cabo.
Mezclar sentimentalismo, “estatalización” de las realidades culturales y política es siempre un cóctel explosivo, que en el mejor de los casos lleva a contradicciones que ralentizan y evitan los cambios sociales propuestos, y en el peor lleva directamente a la traición de los ideales que sostienen estos cambios.

Pero hay una segunda razón que todavía es mucho más poderosa, si cabe, que la primera.
Creo que todo el mundo ya debería ser consciente en qué momento histórico vivimos, pero lo voy a recordar porque parece que no acaba de estar muy claro. Hoy en día vivimos en una creciente dictadura financiera patrocinada y dirigida por los mercados internacionales, extendida por todos los países que tienen gobiernos conservadores o ex socialdemócratas (que son todos los de occidente y casi todos los del resto del mundo). Esta dictadura no se está implantando sola, se está implantando porque los políticos que gobiernan los países de la tierra han realizado políticas en los últimos 20 o 30 años que han ido otorgando más poder a los mercados y grandes multinacionales en detrimento de los estados.
En Europa y desde que la crisis comenzó (y quizá antes) hay un país que representa el brazo político de los intereses financieros internaciones, y este país es Alemania con el gobierno de la señora Merkel al frente. Alemania, con sus políticas de control de la inflación por encima de todo, de “independencia” del banco central, de rechazo a la financiarización de la deuda, de austeridad y reducción del estado del bienestar, de reducción de los costes laborales, etc. Está beneficiando los intereses de estos mercados financieros, que son los dueños de los países gracias a que son indispensables para la financiación de la deuda pública, y de los grandes grupos económicos, que han conseguido a su disposición países con mano de obra barata y con empresas y servicios públicos a punto de privatizar.
Esta política, que acabará extendiéndose por toda Europa, hoy está siendo claramente aplicada en el sur de Europa en países como Grecia, Portugal, España, Irlanda, Italia y Chipre, y en breve comenzará (si no ha comenzado ya) a extenderse por los países del centro como Francia, Bélgica, etc. Para finalmente llegar a Alemania y a los países satélites (Austria, Holanda). Lamentablemente la mayoría de nuestros vecinos del norte no se dan cuenta de esto.

Bien, esta es la situación, y ahora en base a esto vamos a analizar las cosas. Imaginemos que una región de un país de Europa se independiza, vamos a poner como ejemplo la región de Padania en Italia (uso ésta para no usar Cataluña o el País Vasco), región que ocupa la zona norte de Italia.
Bien, ¿qué creéis que pasaría si Padania se independizase y crease un nuevo estado? Imaginemos un proceso ejemplar, con una magnífica voluntad de todas las partes que realizasen este complicadísimo ejercicio, imaginemos que se hace sin perjudicar a nadie, imaginemos que todos los países de la UE aceptan esto, imaginemos que se reconoce internacionalmente, etc. Todo esto no sería así pero imaginemos una situación edulcorada como esta.
Pues lo primero que haría la Padania independiente sería intentar patéticamente ganarse las simpatías de las naciones poderosas y presentarse ante la comunidad internacional como un país “serio”. Por su situación de país europeo lo primero que buscaría sería el favor y el reconocimiento de Alemania, pues entendería que es el mejor aliado para garantizar su viabilidad y reconocimiento. La nueva república sería la primera de la fila para realizar todas y cada una de las políticas consideradas adecuadas por Alemania, sería el alumno aventajado de la señora Merkel y el ministro Schäuble.
Un estado pequeño y débil (débil porque es nuevo, y esto siempre hace débil a nivel internacional) sería incapaz de resistirse a las indicaciones de los grandes países. En política económica sería un esclavo de Alemania, en política internacional un seguidor fiel de EE.UU. y entusiasta miembro de la OTAN. Esta es la puñetera realidad por mucho que algunos hagan cábalas absurdas sobre independizar nuevos estados “socialistas”.
Hay que recordar también que cualquiera de las naciones nuevas nacería con una deuda pública altísima, pues la deuda del país originario sería convenientemente dividida. Hay quien compara la posible creación de nuevos estados en Europa con los nuevos estados que nacieron tras la caída del muro de Berlín pero esto es una barbaridad. Los países comunistas no tenían casi deuda pública y los nuevos estados nacieron sin ella. Hoy día los nuevos estados nacerían con mucha deuda pública y por lo tanto serían prisioneros de los mercados internacionales, lo que ahondaría en su debilidad y en su sometimiento al austericidio germánico. Si se quiere reconocimiento internacional se deberá tragar con todo, porque si alguien pensase en no pagar o no reconocer la deuda sería automáticamente no reconocido por las grandes potencias y marginado de la escena internacional.

Que nadie se equivoque. Hoy los estados-nación están enormemente debilitados, la soberanía nacional como concepto está en proceso de extinción, pero si hoy hay algo que se opone a la dictadura del mercado eso es precisamente los estados-nación. Son las tradiciones sociales y el orgullo de naciones antiguas que siempre han sido independientes las únicas que pueden plantar cara parcialmente a los poderes financieros del mundo y a las exigencias alemanas. Es gracias a estados como Francia, Italia o España y a sus resistencias a aceptar la destrucción de su soberanía por lo que no estamos ya como la Latinoamérica de los 90, con toda su estructura social destruida y con países totalmente dualizados entre pocos ricos y muchos pobres.
Con una España dividida en 4 ó 5 estados, con una Francia parcelada en distintas repúblicas, con una Italia partida entre norte, centro y sur; tendríamos una Europa dominada por una gran Alemania llena de satélites y de republiquitas pelotas deseosas de estar al lado del imperio. Sería algo parecido a lo que deseaban los nacionalistas alemanes de principios del siglo XX, una gran Alemania rodeada de estados débiles y colaboracionistas, que se haría realidad de una manera distinta y basada en un imperialismo económico pero que al final degeneraría en relaciones de dependencia diplomática y política.

Seamos claros, esto es una cuestión de soberanía popular. Somos ciudadanos y queremos decidir, no que decidan por nosotros. Nuestro problema hoy es, precisamente, que nuestra soberanía está siendo anulada por la dictadura de los mercados. Nuestro voto no vale para nada porque los partidos que llegan a gobernar son tributarios de los poderes financieros, y la evidencia de eso es que los programas que votamos luego no se cumplen o directamente se violan sin la menor vergüenza.
Hay quienes desde comunidades españolas dicen “es que España no nos deja decidir”. De verdad, hay que ser necio ¿cómo que decidir? Para su información, señor, usted no decide nada, y la cuestión aquí es que cuando su comunidad o país se independice decidirá todavía menos. Decidirá el hedge fund de turno, la señora Merkel y su ministro de finanzas, y los cuatro grandes empresarios que queden en el nuevo país convertidos en mesías por su patriotismo. Pero el ciudadano no decidirá un carajo, todavía menos que ahora porque sólo decidirá para elegir a un gobierno irrelevante de un país irrelevante y débil.
En este contexto un estado pequeño es todavía mucha peor opción que uno grande, pues en este mundo la soberanía desaparece por centrifugación. Si bien a la hora de construir construcciones políticas mayores debemos ser absolutamente cuidadosos de la naturaleza de esta construcción y asegurarnos que no perdemos soberanía por hacerlo, cuando se habla de crear nuevos estados la situación es absolutamente clara. Construir un estado más pequeño en el mundo de la globalización es un error mayúsculo si lo que se quiere es una política social o un estado igualitario. Esto no es el siglo XIX.

Cuidado, esto no es una oda al estado-nación. El estado-nación es una construcción que se está quedando obsoleta. Debemos buscar mecanismos alternativos al mismo para poder garantizar la redistribución y la cohesión social y buscar las estructuras adecuadas para que las políticas monetarias y económicas tengan funcionalidad y puedan ser aplicadas con independencia.
Pero destruir hoy en día un estado-nación democrático para construir otro más pequeño, débil e irrespetado es una locura absoluta que sólo puede beneficiar a las élites políticas y económicas. Que la izquierda política apoye eso es un disparate que va contra los principios que se dicen defender. Quien lo haga, o es un aprendiz de brujo que no sabe lo que hace, o bien es el caballo de Troya infiltrado en la izquierda para no dejarla actuar.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Historia de la política valenciana: Regionalismo y nacionalismo (IV)


LA TERCERA VÍA Y CONCLUSIONES PARA EL FUTURO















Este último escrito de la serie me gustaría proyectarlo hacia el futuro y hacia las lecciones que creo que debemos sacar de nuestro pasado más reciente, pero antes quiero repasar algunos datos y hechos de nuestra política más actual.

Después de la aprobación del estatuto de autonomía fue el PSPV-PSOE quien gobernó la Generalitat Valenciana durante las tres primeras legislaturas de la misma, hasta el año 1995. Lo mismo pasó en el ayuntamiento de Valencia, dónde también gobernó tres primeras legislaturas pero de 1979 a 1991. En este tiempo se normalizó la enseñanza del valenciano, se creó el entramado de la administración autonómica y se desarrollaron proyectos de modernización y desarrollo de la Comunidad Valenciana paralelamente a como se hizo en las España de los 80 gracias a la inversión en infraestructuras y los fondos europeos. Hay quien dice que los valencianos nunca han valorado suficientemente lo que se hizo aquellos años, quizá porque fue el PP quien capitalizó lo que se había proyectado al estar gobernando cuando todas estas actuaciones se inauguraron.
En 1991 Rita Barberá es proclamada alcaldesa de Valencia a pesar de que el PSPV-PSOE había sacado más votos. Eso sucedió por el pacto entre el PP y Unión Valenciana, el partido blavero que habían fundado los conservadores que salieron de Esquerra Nacionalista Valenciana y que lideró durante muchos años Vicente González Lizondo, que fue nombrado teniente de alcalde del ayuntamiento de Valencia.
El blaverismo prácticamente se llegó a confundir con el Lizondismo. Lizondo era un regionalista conservador con una visión absolutamente endogámica sobre Valencia. Su discurso se basaba básicamente en el ensalzamiento de las características y glorias valencianas, en decir que éramos “la millor terreta del món” y la defensa, cuando estaba de diputado en el congreso, de los “intereses valencianos”. Su política se parecía un poco a la de CiU en ese aspecto, pero sin embargo era mucho más “cutre” y destilaba cierto cazurrismo casi provocado y llevado con orgullo.
Siempre que pudo apoyó al PP, su aliado natural pues consideraba a la izquierda como “catalanista”, y gracias a sus votos tanto Rita Barberá como Zaplana fueron elegidos alcaldesa y president de la Generalitat respectivamente.

Pero apoyar al PP fue el principio del fin de Unión Valenciana. Si Lizondo hubiese sacado en 1991 más votos que Rita Barberá en las municipales (y estuvo cerca) posiblemente la suerte de UV hubiese cambiado pues Lizondo hubiese sido alcalde de Valencia y podría haber creado un partido importante.
Sin embargo pasó exactamente lo contrario. El PP valenciano vio en el blaverismo y en el lizondismo la manera perfecta de ganar la mayoría social para mantenerse en el poder. El PP llegó a la misma conclusión que había llegado Emilio Attard y la UCD en su momento, pero al PP sí le salió bien a diferencia de lo que le pasó a UCD.
Desde 1995 el PP comenzó a copiar el discurso populista, grandilocuente y chovinista que había caracterizado a UV. Adicionalmente se apoyó en las entidades donde el blaverismo más había penetrado, como las fallas y los clubs de fútbol, con una Rita Barberá que sabía hacer perfectamente el papel de alcaldesa popular y “valencianota”. Sin llegar a los excesos de UV, el PP se apoderó del discurso anticatalanista y agitó los peligros imaginarios que el blaverismo había utilizado.
Para 1999, y después de la expulsión del partido y muerte de Vicente González Lizondo que dejó huérfana a Unión Valenciana de su gran líder, el PP ya había absorbido parte sustancial del voto de UV y la dejó sin representación parlamentaria. El PPCV pasaría a ser el partido nacional conservador y, además, un partido regionalista lizondista, llevando a Unión Valenciana a la práctica desaparición entrada la década del 2000, con porcentajes de votos inferiores a los partidos pro-cánnabis o similares.

El apogeo de este lizondismo pepero se produjo con la llegada a la Generalitat de Francisco Camps. A diferencia de Zapalana (que era de Cartagena) Camps sí sabía hablar valenciano y supo interpretar en su máxima expresión este nuevo lizondismo pepero.
Pero luego pasó lo que pasó. Después de arrasar durante varias elecciones basándose en el anticatalanismo, el regionalismo cutre, los grandes eventos, la manipulación de la televisión pública, la instrumentalización de las asociaciones cívicas y festeras a beneficio propio, los pelotazos urbanísticos y el victimismo generalizado ante los gobiernos de Madrid; toda esta realidad ilusoria se ha ido desvaneciendo en los últimos años.
La dominación tan absoluta de las instituciones fue, probablemente, el caldo de cultivo perfecto para la corrupción generalizada que ha llegado a cotas absolutamente insoportables para una democracia occidental. Junto a la corrupción hemos vivido el hundimiento de la política de grandes eventos, que se ha comprobado ruinosa para la comunidad, y además quedó patente como las distintas administraciones del PPCV habían arruinado la comunidad para mantener el escenario ficticio de grandeza megalomaniaca.
En el momento actual el PPCV es un partido hundido, insignificante en su formación a nivel nacional, con un president que está quitando de las responsabilidades públicas a todos los responsables de la etapa anterior porque parece que no hay ni uno que no esté metido en chanchullos y corruptelas varias. El PPCV ha perdido la credibilidad y el liderazgo que una vez tuvo, y todo el imperio ficticio que había creado se ha hundido irremediablemente con él. Es un cadáver político camino del purgatorio, o quizá del infierno.

En cuanto al nacionalismo de estirpe fusteriana éste sufrió durante el final del siglo XX más incluso que el regionalismo blavero. En 1982 se fundó Unitat del Poble Valencià entre distintas personalidades y partidos, de izquierdas o no, que provenían del nacionalismo fusterianista. Su porcentaje de voto siempre estuvo por debajo del 5% (barrera electoral para entrar en el parlamento valenciano) y tan sólo llegó a conseguir dos representantes en unas elecciones en las que concurrió con Esquerra Unida. UPV acabó rompiéndose en dos a mediados de los 90 entre su sector más nacionalista y su sector más izquierdista.
Sin embargo este nacionalismo de origen fusteriano, esquilmado y dividido, se refundó para crear un nuevo partido, el Bloc Nacionalista Valencià, que fue creado entre 1999 y el 2000. La creación del Bloc no fue una nueva marca o coalición sino que supuso un cambio importante dentro del nacionalismo fusteriano. El Bloc se adscribe a lo que se ha dado por llamar “tercera vía” del nacionalismo valenciano, que en definitiva sería una especie de posición intermedia entre el fusterianismo y el blaverismo. Intermedia no quiere decir equidistante, cuidado.
La tercera vía rechaza el concepto “països catalans” a nivel político y circunscribe su ámbito de actuación y sus objetivos al País Valenciano, sin veleidades unificadoras. Adicionalmente es mucho más pragmático respecto a los símbolos y posiciones que marcaron la batalla de valencia, pues si bien es obviamente defensor de la unidad de la lengua no hace especial bandera de esto, y por la misma razón acepta todos los símbolos históricos del nacionalismo valenciano, no sólo la cuatribarrada preautonómica.
Este posicionamiento no le sirvió al Bloc para sacer buenos resultados electorales, pues siempre que se presentó solo o en coalición con partidos residuales no llegó al 5% de los votos. Por eso, y sobre todo tras la elección como secretario general del Bloc de Enric Morera, el Bloc comenzó una política de alianzas que le permitiese pasar de ese 5%, primero con Esquerra Unida (coalición que acabó como el rosario de la aurora) y finalmente con Iniciativa del Poble Valencià y Els Verds, con quienes ahora mismo forman la Coalición Compromís.
Realmente en la Coalición Compromís el nacionalismo del Bloc está bastante diluido en lo que es una política izquierdista. De la mano de los principales activos de Compromís (Mónica Oltra y Joan Ribó, ambos de Inicitaiva del Poble Valencià) la popularidad de la formación está creciendo y su sesgo izquierdista marcándose cada vez más. Es evidente que esto no le debe gustar a muchos nacionalistas del Bloc pero el éxito de las fórmulas acalla las críticas y por ahora el valencianismo político y el izquierdismo se han combinado hábilmente sin excederse en ninguna de las dos direcciones.

Uno de los hechos más trascendentes para el nacionalismo y el regionalismo valenciano fue la creación en 1998 de la academia valenciana de la lengua (AVL), órgano normalizador de la lengua valenciana que estaba destinado a acabar con la batalla lingüística sobre el valenciano.
La AVL se basó desde su fundación en las normas de Castellón, por lo tanto ha reconocido siempre indirectamente la unidad de la lengua. Fue por eso por lo que el regionalismo blavero no aprobó en Les Corts la creación de la AVL y siempre ha tachado este órgano de “catalanista” y producto de una cesión del PP nacional a CiU en el pacto de Reus.
En algunos de sus acuerdos la AVL ha declarado que la lengua valenciana pertenece al mismo sistema lingüístico que el catalán y que, si bien la denominación más adecuada y además oficial para la lengua en la comunidad valenciana es la de valenciano, esto no significa ningún afán rupturista.
La verdad es que la creación de la AVL fue una puñalada para Unión Valenciana y el blaverismo en general, pues después de que el PP se apropiase de su discurso en el momento de la verdad hizo lo que lógicamente se debía hacer, es decir, normativizar la lengua en base a lo filológicamente aceptable y con el acuerdo de toda la izquierda valenciana. La creación de la AVL, más la fagotización política del blaverismo por parte del PP, fue lo que acabó con este movimiento.

No obstante el nacionalismo de origen blavero también ha comenzado a resurgir de sus cenizas aunque de forma muy discreta. De forma parecida a lo que pasó con el Bloc los restos del blaverismo opuestos a apoyar al PP y con un pensamiento más pragmático fundaron a finales de la década pasada el partido “Units per Valencia”.
Units per Valencia también se ha ido aproximando a lo que sería la tercera vía del valencianismo aunque proveniente del blaverismo en vez del fusterianismo. El partido se declara nacionalista y centrista y trata de enlazar con el nacionalismo anterior a la guerra civil. Defensores de un nacionalismo “integrador” (esto quiere decir intentando dejar atrás las polémicas de la batalla de Valencia) obvia la cuestión lingüística y de hecho usa un valenciano normativizado aunque con tendencia a usar las variantes valencianas aceptadas en lugar de las generales.
Los resultados de Units per Valencia no dejan de ser residuales (unos pocos miles de votos) pero es lo único que queda de este blaverismo que no ha sido fagocitado por el PP.


Enlazando con lo que dije al principio de la serie estamos asistiendo a los últimos estertores del imperio del PP en la Comunidad Valenciana, lo que cerrará una etapa de nuestra historia bastante negra. En estos años el PP ha hundido la economía y la dignidad de la tierra valenciana, nos ha dejado un país peor y una situación dificilísima para el futuro. Pero también es cierto que ahora mismo las tensiones provenientes de la batalla de valencia prácticamente han desaparecido y que tanto el blaverismo paleto como el fusterianismo político han desaparecido de la escena política, y eso es algo positivo para nuestro futuro.
El futuro de la Comunidad Valencia será probablemente un gobierno tripartito de izquierdas o por lo menos alguna coalición de izquierdas. Para que el PPCV pudiese seguir gobernando necesitaría el apoyo de UPyD, que previsiblemente va a aparecer con fuerza en el panorama político valenciano, algo que hoy por hoy no considero probable. Los partidos políticos huyen de los cadáveres para no contagiarse, y el PPCV es hoy un cadáver político.
Con lo rápido que van los acontecimientos no sabemos que puede pasar para cuando llegue un nuevo gobierno a la Comunidad, y de hecho tampoco sabemos cuándo habrán elecciones autonómicas. Teóricamente serían en la primavera de 2015 pero resulta difícil creer que el PPCV pueda aguantar hasta ese momento con su proceso de desgaste. La oposición tampoco está apretando con el adelanto electoral porque creo que está esperando a que la disolución del PPCV sea aún más profunda e irreversible, pero cuando lo sea creo que entrarán en tromba a pedir elecciones. En todo caso tengo la sensación de que el nuevo gobierno será el encargado de gestionar, desde la Comunidad Valenciana, las negociaciones o el proceso de un cambio de modelo territorial en España.

El estado de las autonomías está desprestigiado y en entredicho. Más allá de las tensiones nacionalistas en Cataluña y el País Vasco también hay un fuerte sentimiento recentralizador en parte de la población que ha asumido ese discurso de que las administraciones autonómicas son fuentes de despilfarro masivo, discurso bastante tosco y grosero pero que está calando a la vista de la situación.
El PSOE se supone que va a apostar en poco tiempo por un estado federal. IU ya apuesta por un estado federal hace tiempo y UPyD también quiere un federalismo coordinado al estilo alemán (aunque no sé si sus simpatizantes saben esto). De los partidos nacionales tan sólo el PP se opone al federalismo, aunque bien es cierto que partidos como CiU o PNV también se opondrían a cualquier federalismo que los igualase a los demás.
En este contexto los debates sobre el futuro del sistema territorial español comenzarán en cuanto caiga el PP del poder. Hacer una recentralización es algo impensable (aunque quizá sí volver a centralizar ciertas competencias) así que probablemente el país irá a una evolución federal. Pero como he dicho otras veces hay que tener claro que esto del federalismo no significa nada de por si, los federalismos son muy distintos entre ellos y por eso tendremos que ver qué tipo de federalismo queremos, por un lado, y qué grado de asimetría se va a aceptar en el mismo por otro.
En este punto la propuesta de la Coalició Compromís sobre un concierto económico para la Comunidad cobrará fuerza. Tengo que reconocer que no me gusta nada como está planteado esto por parte de Compromís, al más puro estilo de Artur Mas hasta hace 3 ó 4 meses. Sé que es muy electoralista, sé que la propuesta de un concierto para Valencia va a atraer mucho voto a Compromís, pero si la coalición que se está caracterizando por sus propuestas de nueva izquierda alternativa cae ahí será una gran decepción.
Sería más inteligente que Compromís pidiese una hacienda autonómica propia y enlazase esto con la reforma del estado. Crear un sistema de haciendas autonómicas como existe en Alemania no es nada inasumible y bien podría ser la siguiente evolución de nuestro sistema autonómico. Se puede defender desde puntos de vista izquierditas y derechistas y mantiene el potencial de atracción de voto para la coalición sin mezclarse en cosas ajenas a la tradición política de la izquierda como son los conciertos económicos.

Por ahora el nacionalismo valenciano “puro” no creo que resurja en Valencia. Compromís es una coalición de sesgo más izquierdista que nacionalista y supongo que permanecerá así mientras Els Verds e IdPV se mantengan ahí. Ojo, que desde Compromís se puede defender la lengua y la cultura valenciana y más cotas de autogobierno, pero creo que la evolución de Compromís tiende más a buscar alianzas cara a una coalición nacional de izquierdas que a centrarse en Valencia solamente.
Con el otro nacionalismo, el que está en Units per Valencia, tengo curiosidad por saber lo que pasará con él. Creo que crecerá bastante próximamente con los votos que huyan del PP pero la barrera del 5% es muy alta para ellos. Si Compromís fracasase podríamos especular con una posible unión de los varios nacionalismos existentes en una tercera vía estricta pero eso no parece el futuro inmediato. Lo dejo ahí como posibilidad para el futuro a medio plazo.

Finalmente me gustaría acabar la serie con una frase de Vicente Blasco Ibáñez sobre nosotros, los valencianos, que siempre me ha gustado y que creo que define muy bien el carácter valenciano tradicional, por lo menos antes de que el imperio pepero valenciano extendiese la incultura y el chovinismo. Ante el cambio que se avecina dejo la frase para que recordemos siempre quienes somos y de dónde venimos:

El valenciano que en su frugal ambición no teme por el arroz del porvenir, dedica todas sus iniciativas y entusiasmos a la cosa pública y a la admiración artística. Un pueblo en el que los mas son propietarios de algo y que no siente, como otros, la servidumbre de la dependencia económica, forzosamente ha de ser lo que siempre ha sido Valencia: una democracia, pero con tal espíritu igualitario, que no permite privilegios; y si ensalza a alguien es con apasionamiento tan vehemente y tornadizo, que el agraciado llega a no distinguir las caricias de las bofetadas. Subir dentro de él es fácil: lo difícil es sostenerse.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Historia de la política valenciana: Regionalismo y nacionalismo (III)


EL FUSTERIANISMO Y LA BATALLA DE VALENCIA


Senyera preautonómica valenciana



Senyera valenciana pactada en el Estatut de Benicàssim



























Joan Fuster i Ortells es otra de las personalidades centrales de la historia del nacionalismo valenciano. Nacido en Sueca, era hijo de un antiguo carlista (atención a la similitud con Francesc Macià). Licenciado en derecho durante la posguerra ejerció de abogado en su pueblo natal, Sueca, durante muchos años aunque su vocación era la escritura. Colaboró asiduamente en prensa y publicó varios libros de poemas y de ensayo durante la década de los 50.
Pero la gran obra de Joan Fuster, que fue expresión de su pensamiento político, fue el libro de ensayo Nosaltres els valencians, publicado en 1962 por supuesto en castellano.

En Nosaltres els Valencians Fuster expone su particular visión del País Valenciano y de la idiosincrasia valenciana. La principal novedad del pensamiento fusteriano respecto al nacionalismo preexistente era que, para Fuster, el País Valenciano no era más que otro territorio de habla catalana que formaba parte de una nación mayor: Los países Catalanes.
La especificidad valenciana no existía realmente para Fuster, pues el País Valenciano no era más que una subdivisión de la gran comunidad catalana. Todo el nacionalismo o regionalismo anterior era “sucursalista” y miope, pues no supo ver (o no quiso) que el futuro del país era la inclusión en una comunidad mayor junto a Cataluña y Baleares y la independencia de España.
Además, Fuster consideraba que la Valencia aragonesa (las comarcas interiores que fueron originalmente pobladas por aragoneses y donde se habla castellano) es una especie de lastre irrelevante para la realidad valenciana y que no supone ninguna idiosincrasia específica a tener en cuenta, por lo que debía ser ignorado e incluido en los Países Catalanes igualmente.
El pensamiento fusteriano es ciertamente pesimista y siempre me ha parecido que padece un fuerte sentimiento de inferioridad respecto a Cataluña. Fuster se lamentaba de la escasa conciencia nacional que existe entre los valencianos (nacional desde su visión pancatalanista) y se deduce que le hubiese gustado un desarrollo del nacionalismo parecido al de Cataluña. Según su visión la debilidad del desarrollo nacionalista supone una anomalía provocada por la escasa industrialización, esa realidad mixta de haber tenido pobladores catalanes y aragoneses creando diferentes comunidades lingüísticas y por algunas circunstancias históricas concretas. Lo “normal” para él era que en Valencia hubiese tenido un nacionalismo como el catalán.

El pensamiento de Fuster se hizo popular rápidamente por toda la oposición democrática al franquismo creando lo que se llamó “nou valencianisme”. El Partit socialista del País Valencià (hoy integrado en el PSOE) y la Unió democràtica del País Valencià (cuyos miembros acabaron unos en UCD y otros en el Partit Nacionalista del País Valencià), los partidos principales de la oposición antifranquista valenciana junto con el PCE, bebieron de este nou valencianisme de Fuster.
Cuidado, que bebieran no quiere decir que aceptasen todas las ideas de Fuster ni este pancatalanismo tan transparente. Realmente estos partidos, si bien querían estrechar lazos con Cataluña y las Baleares, no proponían unos Países Catalanes y mucho menos la independencia, pero si aceptaban un cierto nacionalismo con fronteras valencianas y una idea abstracta de una idiosincrasia valenciana con una fuerte relación con las comunidades de habla catalana.
Hay que entender la realidad de la época. Durante el franquismo cualquiera que fuese antifranquista parecía aliado de otros antifranquistas. Hasta la ETA y otros grupos terroristas antifranquistas fueron “aceptados” y comprendidos por la oposición democrática porque parecía que luchaban contra la dictadura. Es por ese sentimiento por lo que cualquier idea novedosa que se opusiese al centralismo uniformizador franquista era aceptada como válida, creándose extrañas mezclas entre ideologías presumiblemente opuestas que duran hasta nuestros días.
Estos partidos obviamente también aceptaban la unidad de la lengua pero eso no lo estoy remarcando porque hasta este momento histórico nadie había puesto en duda la unidad de la lengua, pues lo máximo a lo que se había llegado era a proponer una normalización diferente a la basada en el diccionario Fabra y asumida por las normas de Castellón.

Sin embargo el fusterianismo también creó un fuerte antagonista a sus ideas, al que se dio por llamar un tanto despectivamente “blaverismo”. El blaverismo nace como reacción absoluta a las ideas de Fuster y se basa en el fuerte anticatalanismo preexistente. Si los fusterianos decían tener una realidad común con Cataluña y Baleares los blaveros lo negaban, si los fusterianos usaban la denominación País Valenciano los blaveros buscaron otra (que fue Reino de Valencia), llegando incluso al extremo de poner en duda algo que nadie había puesto en duda hasta ese momento: La unidad de la lengua.
Quizá el primer blaverismo político explícito tuvo como principal exponente a Miguel Ramón Izquierdo, último alcalde franquista de Valencia (1973-1979), un regionalista sentimental que probablemente vio en este movimiento anticatalanista la forma de reciclarse para la nueva democracia y que después de varios avatares que le salieron mal (creó un partido blavero de izquierdas sin querer) acabó fundando Unió Valenciana en 1982.
El blaverismo se presentaba como una respuesta espontánea hacia un pancatalanismo que según ellos quería invadir la región valenciana. Muchas veces he pensado hasta qué punto la relativa popularidad del blaverismo durante finales de los 70 y los 80 se debe a la semilla anticatalanista que plantó el blasquismo. El blasquismo fue popular y mayoritario en la misma área geográfica donde el blaverismo tuvo más apoyo y aunque ambos movimientos son muy diferentes comparten ese anticatalanismo de base.

Aunque la Unió democràtica del País Valencià era un partido de centro-derecha realmente no tuvo nunca apoyo popular y por lo tanto las tesis fusterianistas fueron aceptadas generalmente por la izquierda. Eso llevó a que la derecha abrazase ese anticatalanismo visceral blavero y lo instrumentalizase para sus intereses, sobre todo después de las elecciones de 1977 cuando se vio que la mayoría de la población valenciana había votado a la izquierda.
Es ahí dónde empieza lo que se llamó “la batalla de Valencia”. La derecha política, en ese momento nucleada mayoritariamente en torno a UCD, creyó que usando esos sentimientos primarios anticatalanistas conseguirían arrebatar la supremacía política a la izquierda. El estratega de esta maniobra fue Emilio Attard, líder del conservadurismo valenciano y de la UCD valenciana de la época, que instrumentalizó el blaverismo anticatalanista de Ramón Izquierdo y asumió sus conceptualizaciones indentitarias para beneficio propio, provocando incluso la marginación de algunos de sus aliados dentro de UCD que defendían una visión más cercana a las tesis fusterianas.
Más allá del debate entre el catalanismo y el anticatalanismo social la batalla de valencia tuvo un componente simbólico muy importante. La izquierda, vencedora y mayoritaria en la assemblea de parlamentaris del País Valencià (y posteriormente en el Consell preautonómic del País Valencià) estableció como bandera del País Valenciano la senyera aragonesa (la cuatribarrada) con el escudo de la generalitat en el centro mientras que quería en el nuevo estatuto se dejara claro que el valenciano era un dialecto del idioma catalán. La derecha blavera, en cambio, rechazaba el término Pais Valenciano y reclamaba que la nueva autonomía se llamase Reino de Valencia, negaba que el valenciano fuese un dialecto del catalán (decían que era una lengua independiente) y apostaban por que la bandera de la ciudad de Valencia, la senyera coronada, fuese la bandera también del nuevo Reino de Valencia.
La batalla de valencia y la cuestión simbólica generó una duradera secuela en la Comunidad Valenciana que dura hasta nuestros días.

Estas posiciones enfrentadas estuvieron a punto de converger y de hecho convergieron en un consenso típico de la época de la transición. La izquierda del PSOE y el PCE y la derecha de UCD llegaron a un acuerdo en el Consell del País Valencià para presentar un proyecto de autonomía conjunto. Este proyecto se llamó el estatuto de Benicàssim y en él se valido una vía intermedia entre las reivindicaciones de ambos grupos.
El territorio se llamaría finalmente País Valencià, como defendía la izquierda, la bandera no sería la cuatribarrada aragonesa ni la senyera coronada sino que sería una cuatribarrada con franja azul en el asta dónde se incluiría el escudo de la generalitat (una solución intermedia), y finalmente el estatuto de autonomía hablaría de la lengua valenciana sin hacer referencias a su unidad con el catalán, como prefería la derecha.
Pero al presentarse este estatuto de consenso en Madrid para su aprobación por el congreso de los diputados éste fue cambiado. En una maniobra entre Fernando Abril Martorell, número dos de la UCD nacional, y Alfonso Guerra, número dos del PSOE nacional, se pactaron varias enmiendas básicas para el texto. Además de evitar que el País Valenciano fuese otra nacionalidad histórica hubo otras enmiendas que introdujeron la senyera coronada como bandera de la comunidad y cambiaron el nombre de la misma por Comunidad Valenciana, nomenclatura que nadie había pedido ni nadie reclamaba.
Que en el congreso de los diputados se presenten enmiendas a un estatuto para ajustarlo a la constitución es algo normal, pero que se presenten enmiendas para cambiar una cuestión simbólica pactada por los representantes regionales es algo incomprensible. Esto representó una puñalada trapera de los partidos nacionales a lo decidido por sus federaciones valencianas y fue el final de todo un movimiento autóctono en pro de una autonomía de raíces históricas. A partir de ahí, la Comunidad Valenciana quedaría un tanto desnaturalizada en medio del estado de las autonomías.

Debido a todas estas circunstancias el nacionalismo “catalanista” ha quedado en el imaginario colectivo valenciano como algo izquierdista, mientras el blaverismo ha quedado como una ideología conservadora. Parece como si las afecciones identitarias estuviesen relacionadas con la ideología pero esto es objetivamente una falacia.
Joan Fuster, a pesar de ser considerado un intelectual progresista con metodología historicista marxista, no me parece que sea especialmente izquierdista y realmente creo que tiene muchos tics conservadores. Él de hecho se definía como un “liberal adicto al manifiesto comunista” y así jugaba a todas las barajas. Pero como fue la izquierda quien mayoritariamente le siguió su pensamiento nacional quedó marcado como izquierdista por asociación.
El blaverismo también quedó marcado como derechista por el uso que hicieron Attard y UCD de él. Pero cuando Ramón Izquierdo quiso crear el primer blaverismo lo hizo como un movimiento heterogéneo a través del partido Unión Regional Valenciana, partido que se llenó de izquierdistas y prueba de ello es que en el primer congreso del partido se impuso la línea progresista, el partido se refundó como Esquerra nacionalista Valenciana y los dirigentes principales del partido salieron del mismo y fundaron Unión Valenciana.
Ya he dejado caer antes por qué creo que pasó esto. El blaverismo sedujo a la población anticatalanista sentimental, anticatalanismo que era probablemente un reflejo del republicanismo blasquista durante tantos años potente en Valencia. Ese anticatalanismo era sentimentalmente izquierdista o centro-izquierdista y por eso a Ramón Izquierdo se le fue su partido de las manos.
Sin embargo Esquerra nacionalista Valenciana (como se llamó la refundación de la Unión Regional Valenciana) fue siempre un partido marginal y, en cambio, cuando Unión Valenciana fue creada si que obtuvo durante muchos años un apoyo electoral decente. En el imaginario colectivo valenciano ya estaba marcado, pues, que el blaverismo era consevador.

Con los símbolos y las denominaciones se ha producido la misma tergiversación. El término País Valenciano, presente en la mayoría de organizaciones políticas y sindicales provenientes de esa época, ha quedado en el imaginario colectivo como una denominación “catalanista”. No lo es en absoluto, es más, es una denominación histórica con mucha más tradición que esta extraña de Comunidad Valenciana y de hecho estuvo previsto que fuese la denominación de la comunidad.
Con la bandera cuatribarrada del Consell perautonómic pasa lo mismo. La mayoría de gente la tildaría de “catalanista” cuando fue pseudo-oficial durante mucho tiempo y realmente no es más que el estandarte de los reyes de Aragón, que los catalanes han usado como bandera pero también los aragoneses. Su uso hubiese tenido muchas ventajas sobre la bandera coronada actual, la primera de todas no haber extendido la bandera de una ciudad sobre una región entera con las consecuentes situaciones de desapego y de la sensación que se tiene en gran parte del territorio (sobre todo en Alicante y Castellón) de que esa bandera oficial realmente no les representa.

A partir de 1983 la autonomía valenciana quedó establecida y se comenzó a desarrollar una política propia con implantación del valenciano en la educación. Los deseos autonomistas por fin se habían hecho realidad aunque llegaran por la puerta de atrás y en medio de grandes conflictos. Sin embargo quedó la sensación de que se había conseguido una autonomía de segunda.

Finalizará....

lunes, 10 de diciembre de 2012

Historia de la política valenciana: Regionalismo y nacionalismo (II)


EL BLASQUISMO Y EL AUTONOMISMO REPUBLICANO












Con la caída de la dictadura de Primo de Rivera y la proclamación de la segunda república se produjo el momento histórico propicio para una fuerza política que había ocupado la centralidad política en afecciones (aunque no en representación debido al sistema caciquil de la restauración) en Valencia: El republicanismo blasquista.

Vicente Blasco Ibáñez ha sido uno de los novelistas más importantes de la historia valenciana, además de periodista y político. Además de un republicano convencido (fue diputado por la Unión Republicana durante la restauración) era un regionalista sentimental, algo que se puede ver en sus novelas ambientadas generalmente en la huerta valenciana y en el mediterráneo.
Blasco Ibáñez era hijo del republicanismo de su tierra (Valencia había sido un importante centro republicano en las décadas finales del siglo XIX) pero se puso al frente del mismo dándole su particular visión. Blasco abandonó en 1908 la Unión Republicana para crear un partido propio, el Partido de Unión Republicana Autonomista (PURA). Este partido tenía una ideología basada en un fuerte anti monarquismo, un fuerte anticlericalismo y unas propuestas moderadas de mejora social (extensión de la educación gratuita, mejoras laborales, etc.) sin llegar en ningún caso a las propuestas socialistas.
En ciertos aspectos el blasquismo era como el primer Lerrouxismo que triunfó en Barcelona, pues tenía un discurso lleno de demagogia anticlerical y antimonárquica e iba dirigido hacia las clases populares. La diferencia era que Lerroux fue un aprovechado político y Blasco un hombre honesto con sus ideales, aunque ambos movimientos sufrirían un final asombrosamente similar al juntar sus destinos durante la segunda república.
El blasquismo era un republicanismo regionalista pero no era un movimiento nacionalista, de hecho era fuertemente antinacionalista. Cuando Blasco Ibáñez recibió la orden de construir una especie de Solidaritat Catalana en Valencia se negó rotundamente porque no quería mezclarse con el nacionalismo catalán, y de hecho ese fue el catalizador para que crease su propio partido político. Esto es relativamente lógico porque debemos entender que la base del republicanismo blasquista es jacobina y, aunque fuese autonomista, una cosa es el federalismo y otra muy diferente es el nacionalismo.

Blasco Ibáñez murió en 1928 en su exilio en Francia. A su muerte fue su hijo Sigfrido Blasco quien pasó a ser el líder del PURA y del republicanismo blasquista. Sin embargo Sigfrido hará lo mismo que hizo Lerroux al inicio de la segunda república, esto es escorarse cada vez más a la derecha, lo que provocará el fin del movimiento.
Al proclamarse la segunda república el PURA, junto a otros partidos como la derecha regional valenciana, intentó hacer un proyecto de estatuto de autonomía para la “región valenciana”. Este intento no pudo fructificar porque realmente la única que estaba interesada en la autonomía era la provincia de Valencia, siendo el proyecto ignorado en un primer momento por los municipios de las provincias de Alicante y Castellón.
A pesar de que el PURA quería la autonomía tampoco era esta su mayor prioridad. El PURA estaba claramente implantado en la provincia de Valencia pero no tenía fuerza en las otras dos provincias valencianas. Para ellos esto de la “región valenciana” no tenía por qué ser lo mismo que el antiguo reino de Valencia ni abarcar el mismo territorio, pues ellos identificaban la región básicamente con la zona donde se cultivaba la naranja, que creían tenía unas características socio-económicas particulares. Ni la historia ni la lengua eran trascendentes para ellos a la hora de crear una autonomía.
En las discusiones que tuvo el PURA sobre la autonomía con la derecha valenciana (escenificadas en la prensa de la época) se ve que el PURA no tenía un proyecto claro de autonomía. A ellos les daba igual una autonomía sólo con la provincia de Valencia, con las tres provincias o en una macro comunidad que incluyese Teruel, Murcia y Albacete. El Cap i Casal (como se llama a la ciudad de Valencia) debía ser el centro de la región, lo que incluyese daba un poco igual.
La derecha valenciana sí tenía un proyecto de autonomía mucho más estructurado, con una autonomía para las tres provincias y una normalización del valenciano. El blasquismo, aunque aceptaba la cooficialidad del valenciano y el castellano, realmente consideraba a la lengua valenciana como algo folclórico, poco culto y no tenían ningún interés en que se enseñase o normalizase. Parecían aceptar de buen grado el proceso de diglosia imperante en la sociedad valenciana.

En 1932 finalmente se normaliza la lengua valenciana con las normas de Castellón. Durante los años anteriores se había demandado que se normalizara la lengua valenciana porque nadie sabía muy bien cómo escribirla. Al no tener referentes muchos autores se estaban basando en el diccionario de Pompeu Fabra que había normalizado la lengua en Cataluña.
Les normes de Castelló se basaban en el diccionario Fabra pero adaptándolas a la idiosincrasia valenciana. Se firmaron con el consenso de varias instituciones culturales valencianas, entre ellas Lo Rat Penat. De hecho y contrariamente de lo que pueda parecer los más críticos con estas normas fueron los autores que ya estaban usando las normas del diccionario Fabra para el desarrollo escrito del valenciano, pues consideraban que las normas de Castellón creaban una normalización adicional que no tenía sentido y que era divisiva.
Las normas de Castellón han sido la base de toda la normalización posterior de la lengua valenciana, tanto de la Llei d’us i ensenyament de los 80 como de la Academia valenciana de la llengua creada a finales de los 90.

El PURA estuvo coaligado en un primer momento con todos los republicanos en la Alianza Republicana pero posteriormente pasó a ser oposición del gobierno republicano-socialista de Azaña. En 1933, aliado con el partido republicano radical de Lerroux, apoyó al gobierno radical y, en 1934, también aceptó la entrada de la CEDA en el gobierno.
Esto fue un trauma para el PURA como también lo fue para el partido radical. Una cosa era situarse como partido centrista, republicano y demócrata, y otra muy distinta era apoyar a la CEDA que si bien tenía personajes demócratas en sus filas (como Luís Lucía o Gimenez-Fernández) también incluía a la derecha antirrepublicana y autoritaria.
Si al partido radical se le escindió la nueva Unión Republicana de Martínez Barrio al PURA le salió también una escisión llamada Esquerra Valenciana, liderada por el líder municipal del PURA de Valencia capital Vicente Marco Miranda. Esquerra Valenciana nació como consecuencia de la derechización del PURA y de la “traición” de ésta a los ideales republicanos.
Esquerra Valenciana sí fue un partido mucho más “autonomista” que el PURA y apostó decididamente por un estatuto de autonomía para las tres provincias, a las que llamarían indistintamente “región valenciana” o “país valenciano”. Durante toda la época de la segunda república de hecho se suele alternar el nombre de región valenciana con el de país valenciano, si bien el de “país” mostraba una apuesta clara por una autonomía para las tres provincias y la de “región” daba a entender una realidad territorial más abstracta, que seguro que incluiría la provincia de Valencia pero no dejaba claro a cuantas más.

El blasquismo original, pues, quedaría disgregado en dos partidos, el PURA y Esquerra Valenciana. A la caída del gobierno radical-cedista y ante el estado de disolución del PURA (que a parte de la escisión había perdido militantes a favor de la Unión republicana e Izquierda republicana), Sigfrido Blasco situará lo que queda del PURA alejado políticamente de la CEDA y el radicalismo y cercano al republicanismo conservador pero demócrata de Alcalá Zamora, creando una candidatura independiente. Fracasó como fracasó el proyecto de Alcalá Zamora y lo que quedaba del PURA y Sigfrido Blasco pasaron a la insignificancia política. Al inicio de la Guerra Civil Sigfrido Blasco se exilió con ayuda de la CNT y de esos anarquistas que habían respetado al blasquismo en la época anterior a la república.
Esquerra Valencia se quedó, pues, como referente en el terreno republicano del autonomismo valenciano. En 1936 se fusionó con Esquerra republicana del País Valencià, partido con implantación en la provincia de Castellón, teniendo así una mayor implantación territorial por todo el País Valenciano y demostrando que el concepto blasquista de una región basada en el Cap i Casal había cambiado por un criterio de País Valenciano de tres provincias como entidad política.

Esquerra valenciana fue un partido que se inspiró bastante en Esquerra republicana de Cataluña e incluso el diputado en el congreso de EV, Marco Miranda, se integró en el grupo parlamentario de ERC en el congreso de los diputados. ¿Cómo es posible eso? ¿Cómo un diputado proveniente del antinacionalista blasquismo prefirió integrarse en ERC antes que en los grupos nacionales de Izquierda Republicana o Unión republicana?
La respuesta es que la ERC que conocemos ahora tiene poco que ver con la ERC de la segunda república. ERC estaba formada por dos partidos, Estat Català, que sí era independentista, y el Partit Republicà Català, que era autonomista. En un primer momento fue Francesc Macià, que era del Estat català, quien ocupó la presidencia de ERC pero tras su muerte la ocupó Companys, que era del Partit Republicà Català.
Durante toda la II república ERC actuó como un partido federalista pero no claramente nacionalista (quizá un poco cantonalista). Las dos veces que políticos de ERC proclamaron la “república catalana” siempre lo hicieron dentro de una república “ibérica” o española, nunca como una independencia plena. A la muerte de Macià los políticos que pasaron a dominar el partido no eran nacionalistas (Macià si lo era) y ERC se comportó casi siempre como una representación en Cataluña de lo que eran las ideas republicanas de izquierda en el resto de España. De hecho el Estat Català se separó de ERC en 1936, por decisión de su líder el fascista Josep Dencàs. Si nos fijamos al inicio de la transición incluso Tarradellas (que venía de aquella época) nunca tuvo veleidades independentistas.
Así pues, y sobre todo una vez el Estat Català se había separado de ERC y era Companys y la gente del Partit Republicà Català quienes dominaban ERC, era absolutamente lógico que la gente de Esquerra Valenciana se sintiese cómoda con ERC. Ambos grupos compartían autonomismo/federalismo, izquierdismo y republicanismo.

Durante la guerra civil la defensa de la república ocupó el papel central de la política. Aún así se redactaron tres anteproyectos de autonomía para el País Valenciano, uno de la CNT, otro de Esquerra Valenciana y otro de grupos republicanos. Ninguno de ellos llegó a ningún sitio, por lo complicado de la situación.
Viendo los acontecimientos creo que si la segunda república hubiese durado un poco más (antes de empezar la guerra civil) el País Valenciano hubiese tenido un estatuto de autonomía. El problema derecha-izquierda realmente no era importante, más importante era el problema del poco interés de las provincias por llevarlo a cabo (sobre todo Alicante). Pero de haber seguido España en paz posiblemente se hubiese podido plebiscitar un estatuto de autonomía en 1937 o 1938.
Al final de la guerra el regionalismo y el nacionalismo valenciano desaparecieron. Incluso gentes de derechas como Miquel Adlert y Xavier Casp fueron expulsados de Lo Rat Penat por “separatistas”, quedando la asociación cultural en manos de gente afín al régimen franquista (Lo Rat Penat había sido cerrada durante la guerra por “contrarrevolucionaria”). Esto será muy relevante para el posterior devenir de la histórica asociación.

El regionalismo y el nacionalismo quedarían virtualmente desaparecidos durante dos décadas hasta que, casi entrando en el tardofranquismo, apareció Joan Fuster y publicó el famoso “nosaltres els valencians”. Con él y a partir de sus ideas será cuando se entre en el mayor cisma de la política valenciana.

Continuará....

viernes, 7 de diciembre de 2012

Historia de la política Valenciana: Regionalismo y nacionalismo (I)

















Estoy convencido que la Comunidad Valenciana está a las puertas de un cambio histórico que se iniciará con la derrota del PPCV en las próximas elecciones autonómicas. Un cambio histórico a nivel político y social que acabará con esta época de grandes eventos, de fomento de la ignorancia y la incultura popular, y de victimismo político que ha generado una enorme herida sobre nuestra tierra que tardará en sanar.
El hundimiento del imperio pepero viene impuesto no sólo por la desafección mayoritaria que hoy tiene nuestra población respecto al Consell y el PPCV sino también por la progresiva desaparición de algunas de las “trampas mentales” que han mantenido la política de esta comunidad autosecuestrada por maleantes políticos. Una de estas trampas es el victimismo político que ya hemos comentado, pero hay otra que es esta dicotomía absurda entre el “catalanismo” y el “blaverismo” que ha condicionado los debates políticos y que ha generado multitud de fantasías y de falsedades sobre nuestra historia y nuestra cultura.
Creo que es el momento de hacer un repaso de nuestra historia política con perspectiva y llegar a un mínimo análisis común sobre los hechos del último siglo y medio. Si lo conseguimos podremos erradicar las mentiras interesadas y los presupuestos absurdos para avanzar hacia un futuro que vertebre esta comunidad acabando de una vez con nuestra presente realidad de enemigos patrios y valencianidad auténtica.

¿En qué momento nació el regionalismo/nacionalismo valenciano? Es difícil de decir. Después de los decretos de Nueva Planta que unifican casi totalmente la España borbónica la especificidad valenciana a nivel legal y jurídico desaparece. La historiografía nacionalista dice que la nueva planta impuso también la castellanización de la población pero realmente la castellanización de la población venía de antes, fundamentalmente porque los soberanos y la corte estaban en Madrid y ahí residía el poder desde principios del siglo XVI, lo que llevo a una progresiva castellanización de la clase más alta.
No obstante la realidad del antiguo reino de valencia era una realidad “feudal”, una realidad de monarquía autoritaria de la edad moderna pero no una realidad nacional. El sentimiento de ser un “pueblo” es algo mucho más reciente, producto de las revoluciones liberales que crearon las “naciones” y que se extendió por Europa a mediados del siglo XIX. En el caso de Valencia la lengua propia fue la base para identificarse como un “pueblo” con unas características específicas dentro de la nación española.
El resurgimiento de la lengua valenciana como valor cultural y diferencial se produjo durante la Renaixença valenciana, en el segundo tercio del siglo XIX. La lengua valenciana siempre fue de uso popular lo que pasa es que las clases urbanas y dominantes vivían en un permanente proceso de diglosia por el que reservaban el valenciano para las cuestiones familiares y usaban el castellano en el ámbito público, eso si no estaban directamente castellanizados. El valenciano era considerado como una lengua inculta, del populacho, una lengua tendente a la desaparición desplazada por el castellano, lengua literaria, administrativa y extendida por un vasto imperio.
Pero a partir de 1830 una serie de universitarios y gentes de las letras comenzaron a escribir sobre todo poesía en la lengua del pueblo, además de otras expresiones culturales en valenciano en prensa, panfletos, etc. Ahí comenzó la Renaixença valenciana. Ah, en un primer momento se referían al valenciano como llengua llemosina, no como valenciano.

Todo esto de la llengua llemosina ha creado bastante confusión interesada, pues hay quienes han querido usarlo para justificar no sé qué teorías lingüísticas. El lemosín es un dialecto del occitano que ya prácticamente no habla nadie, sin embargo aquí se usó durante muchos años para nombrar a la lengua que se hablaba en Cataluña o en Valencia.
La cuestión es que el occitano y el catalán son lenguas vecinas, muy próximas dialectalmente, y que posiblemente durante mucho tiempo fueron una. Cataluña sobrevivió a la invasión musulmana gracias a la ayuda de los francos y durante mucho tiempo los condados catalanes fueron una especie de “protectorado”. En toda la Europa del sur se hablaba diferentes variedades del latín que se convirtieron en lenguas por la evolución del mismo y es bastante probable que lo que se hablase en los nacientes condados catalanes fuese básicamente lo mismo que en el sur de Francia con el que hacía frontera. La posterior evolución y las influencias diversas a las que estaban sometidos los territorios separó ambas lenguas, de la misma manera que el portugués y el gallego fueron una lengua única y hoy se considera que son dos lenguas diferentes, sin embargo aún hoy podemos observar como el occitano y el catalán se parecen bastante.
Cuando los renaixentistes quisieron usar la lengua del pueblo no tenían muy claro cómo llamarla. En textos antiguos se podía ver como a la lengua en que estaban escritos (catalán medieval) se le llamaba indistintamente lengua valenciana, lengua romance, lengua lemosina, etc. Así que muy probablemente usaron la que más les gustó y la que hacía referencia a los orígenes más antiguos de la misma (les debió parecer muy “vintage” hacerlo así).

La Renaixença se fue consolidando con los años y en ella aparecieron dos personajes fundamentales, Teodoro Llorente y Constantí Llombart. Teodoro Llorente era el fundador del diario Las Provincias que todavía es de los más importantes en Valencia a pesar de la pésima calidad editorial de la que hace gala. Llombart era un escritor de ideología política republicana que fue muy amigo de Blasco Ibáñez.
Estas dos personalidades fundaron Lo Rat Penat, una asociación cultural cuya misión era la extensión y defensa de la lengua valenciana. Sin embargo Llorente y Llombart representaban vías diferentes en el mundo de la renaixença. Teodoro Llorente veía la recuperación de la lengua como algo meramente cultural, sin implicaciones políticas, mientras Constantí Llombart sí quería llevar la renaixença al terreno político y crear una conciencia “nacional” en base a la recuperación cultural del valenciano.
Independientemente de las discrepancias de si convertir el movimiento en político o no había algo en común entre Llorente y Llombart. Ambos, y con ellos todos sus seguidores, no dudaron nunca de que el la lengua valenciana era la misma que la catalana y la balear. Progresistas y conservadores podrían tener visiones diferentes de cómo enfocar el valencianismo cultural, pero no había discrepancia sobre que su “lemosín” era el mismo que el catalán y el balear con las obvias diferencias de haber seguido evoluciones diferentes.

Años después de la fundación de Lo Rat Penat el propio Constantí Llombart lideró una escisión para fundar L’Oronella y así intentar cumplir su objetivo de crear una asociación política valencianista. Fracasó en el intento, pero dejó una semilla para futuros intentos.
Ya muerto Constantí Llombart, en 1904 Lo Rat Penat sufrió otra escisión llamada Valencia Nova. Valencia Nova quería en parte lo mismo que Constantí Llombart, es decir, convertir al valencianismo en una empresa política, sin embargo tenía una ideología más conservadora que la del republicano Llombart.
En 1908 Valencia Nova cambió su nombre por Centre regionalista Valencià, dejando clara su vocación netamente política. Este partido, primer intento de partido regionalista en Valencia, era muy parecido a la Lliga Regionalista catalana y de hecho representaban prácticamente los mismos intereses y proyecto: Autonomía, normalización de la lengua y una política más bien conservadora (aunque quizá la Lliga catalana era algo más conservadora que el CRV). También existió otro grupo, escindido de la propia Valencia Nova, que se llamó Joventut Valencianista, con un perfil algo más radical.
Unos años después se fundó la Unió Valenciana regional por parte de miembros de Joventut Valencianista (que ya no debían ser tan jóvenes). Este partido realizó la “declaración valencianista” de 1918 donde se pedía un Estat Valencià dentro de una España federal y una cooficialidad del valenciano y el castellano.

Si se observan todos estos movimientos y partidos se puede ver como el primer valencianismo político era eminentemente conservador. Al estilo de lo que pasaba en Cataluña (con la Lliga regionalista) el regionalismo/nacionalismo era algo conservador y de derechas. La izquierda en Valencia era republicana, normalmente blasquista pero en cualquier caso republicana y no nacionalista, y también en muchos sectores sociales era socialista o anarquista, grupos que ante su internacionalismo proletario pensaban que todo esto del nacionalismo valenciano no representaba más que una pelea estúpida entre burgueses.
Después de este periodo llegará la dictadura de Primo de Rivera que lo abortará todo por el momento. Cuando la dictadura cayó la política española se reactivó con un furor desconocido y por lo tanto la política valenciana también. Aparecerán nuevos actores políticos que cambiarán radicalmente la política valenciana y las expectativas sobre una posible autonomía con un actor central: El republicanismo blasquista.

Continuará...