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martes, 22 de enero de 2013

El fin del sistema político de la transición

















Los últimos acontecimientos del caso Bárcenas y las revelaciones del mismo al diario EL MUNDO como método de chantaje al gobierno son los últimos capítulos del escándalo constante en el que se ha convertido la política de este país.
El otro día decía el gran José Carlos Díez en su blog de Cinco días que las depresiones económicas se convierten en crisis políticas. Yo no sé si este es exactamente el orden de las cosas o si bien la crisis política se ha superpuesto a la económica haciendo que la indignación por la primera aumente, pero en cualquier caso es evidente que estamos en una crisis política de primera magnitud.

No es que el extesorero del PP tenga una cuenta en Suiza con 22 millones de euros, no es que haya repartido de forma continuada sobres con dinero negro para “complementar” el sueldo de muchos de los principales dirigentes del PP, esto es sólo una pequeñísima parte de los escándalos políticos. La corrupción continuada y permanente del PP en la Comunidad Valenciana, la corrupción en Baleares, el caso de los ERE’s en Andalucía, los casos de corrupción en el entorno de CiU y del expresident Pujol…Podríamos seguir seguramente páginas y páginas relatando los casos de corrupción que afectan o han afectado a nuestros principales partidos políticos en la época más reciente y os aseguro que no conoceríamos la mayoría.
Pero no es sólo eso, no es sólo la clase política la que está manchada. La propia familia real, en figura del yerno del Rey, está inserta en un caso de corrupción del que nos estamos enterando de muchas cosas gracias al chantaje del socio de Urdangarín. La que malévolamente se ha dado por llamar la “amiga íntima del Rey”, que no es otra cosa que su amante, es la última personalidad que ha salido a la palestra y todo el país está esperando a que el famoso socio saque a relucir a la infanta y quien sabe si incluso indirectamente al Rey.
Además de la monarquía tenemos a otra de las importantes organizaciones del país, la CEOE, cuyo anterior presidente está implicado en un caso de corrupción y estafa gravísimo. Díaz Ferrán, que en nombre de los empresarios se dedicó durante años a dar lecciones de cómo salir de la crisis a costa del bienestar de los asalariados, estaba paralelamente tejiendo una red delictiva para salvar su patrimonio de su irresponsabilidad empresarial, a costa por supuesto de sus proveedores y trabajadores.
Para acabar este rápido repaso tenemos hasta al poder judicial en entredicho, con el expresidentes del CGPJ Carlos Dívar que tuvo que dimitir por irse de farra a hoteles de 5 estrellas a cuenta del contribuyente. Viendo todo lo demás lo que hizo Dívar parece hasta inocente.

El ciudadano español, ante toda esta catarata de escándalos continuos, está comenzando a desarrollar una desafección ante el sistema en particular y la clase política en general que no se recuerda. El otro día leía un discurso del general Primo de Rivera que decía que había ocupado el poder para combatir “a los profesionales de la política”. La época de la restauración fue una época corrupta con partidos políticos que no representaban a nadie y que parasitaban el poder en un ejercicio de parasitismo de estado institucionalizado y turnista. Cuando Primo de Rivera dio el golpe de estado a la población le pareció bien porque estaba harta de un simulacro de democracia falso y corrupto.
Cuando miro a esa etapa de la historia no dejo de sorprenderme con la enorme similitud que tiene esa época con la actual. Dos partidos que se turnan en el poder, corrupción constante, una democracia falsa (entonces por el caciquismo, hoy por nuestro sometimiento a la política alemana). No hay un estado de violencia y conflictividad como había entonces, eso es cierto, pero la relativa paz social que vive España es ficticia y estamos en una especie de stand-by a la espera de que un catalizador aún desconocido le de a la protesta tintes helénicos.
Pero la desafección política hacia los grandes partidos es muy parecida. Hay un discurso que empieza a extenderse por la población, sobre todo por aquellas personas sin conceptos ni conocimientos políticos demasiado profundos, que dice básicamente que “la culpa de todo es de los políticos”. Es un discurso facilón, que no entra en ideologizaciones, que ignora la realidad económica de nuestro mundo y la realidad internacional pero que es enormemente atractivo e intuitivo para una ciudadanía que ha visto como la riqueza y el bienestar parecen haberse evaporado. A mi me preocupa mucho este discurso, fortalecido consciente o inconscientemente por partidos como UPyD, porque es un discurso que puede llevar a cualquier punto y a cualquier solución y amenaza con dejar problemas sistémicos de carácter económico intactos, pero tenemos que reconocer que hay una parte de verdad en él.
Hay unas élites extractivas que son políticas pero también empresariales, de empresas que viven al amparo de los partidos políticos, de políticos que actúan mirando en su futuro en una de estas empresas, de toda una maraña que confunde lo público, lo privado y lo personal y que se sitúa en una esfera inalcanzable para el ciudadano medio y que, en vez de estar perjudicada por la crisis, es beneficiaria de la misma. Esto el ciudadano lo percibe intuitivamente, quizá sin entender claramente como funciona el sistema pero lo percibe, y eso conduce a una desafección quizá sin retorno y por ahora pasiva, pero que podría ser potencialmente activa.

Los grandes partidos políticos del sistema son parte integrante de este régimen de corrupción generalizada e institucionalizada. El PP y el PSOE son coparticipes de esta situación asfixiante, y no sólo ellos también lo son partidos como CiU y quizá el PNV. Por acción o por omisión (y casi siempre por acción) este sistema bipartidista imperfecto que salió de la transición ha degenerado hasta el punto de convertirse en una partitocracia corrupta y extractiva.
Hace tiempo que creo que hay que buscar vida y aire fresco fuera del dúo PP-PSOE. Mi sensibilidad personal me lleva a intentar buscar una “tercera izquierda” inexistente hoy que se sitúe, políticamente, entre el PSOE e IU. Una especie de Syriza a la española, una Italia de los Valores, unos Verdes, algo que actualmente no existe y que esté claramente por una política de reforma profunda pero alejada de leninismos absurdos. Este espacio está presente en la sociedad aunque no tiene una referente claro, pero como dijo el líder de Syriza Alexis Tsripras hay un espacio enorme que ha dejado la socialdemocracia al traicionarse a si misma y ese espacio va a ser ocupado por partidos de una nueva izquierda en más o menos tiempo dependiendo el país.
Sin embargo miro a Grecia, miro su situación de hundimiento y veo cómo Syriza no pudo alcanzar el poder. Lo alcanzará pronto a este paso pero ¿qué va a heredar? ¿La ruina? Gestionar la ruina es un desastre, es una putada. No podemos llegar ahí, no podemos desear llegar ahí. Hay personas, generalmente desde puntos de vista marxistas-revolucionarios que creen en eso del “cuanto peor, mejor” y que aceptan que se necesita un desastre para poder llegar a implantar la alternativa. Pero yo no puedo aceptar eso, yo no puedo condenar a millones de compatriotas a la miseria por años y años en pro de una visión mística y legendaria de un cambio revolucionario que redimirá a la humanidad.
No, necesitamos soluciones ya, tenemos mucha prisa pues estamos en un país con 6 millones de parados, con millones de familias viviendo 3 generaciones bajo un mismo techo porque no pueden vivir de otra manera. La ciudadanía se ha convertido toda ella en morosa por responsabilidad civil subsidiaria, y trabaja (si puede) para ingresar dinero en los bancos y pagar impuestos para refinanciar las deudas muchas veces ilegítimas. Yo no concibo la política de esperar a que vengan a nuestro redil ante la desesperación, me parece una traición al pueblo. Necesitamos actuar ya, con toda la prisa posible dentro de la calma que requiere una buena política.

Por todo esto me planteo que ciertamente debemos trabajar para crear este tercer espacio de la izquierda, pero creo que no es lo único que hay que hacer. Este país, este régimen político nacido de la transición está agonizante, está pidiendo tierra y si no acaba de morir es porque lo nuevo no acaba de aparecer. Hay momentos en la historia en que los regímenes se acaban. En 1930 se sabía que el sistema monárquico de la restauración estaba finiquitado, en 1975 se sabía que el régimen franquista estaba acabado.
En ambos momentos históricos hubo grandes pactos. La República se fraguó en el pacto de San Sebastián donde políticos republicanos de derecha, centro e izquierda y los socialistas se pusieron de acuerdo para traer la República y la democracia a España. También en 1976 se creó la coordinadora democrática entre todos los grupos de la oposición antifranquista, desde democratacristianos a comunistas. En todos estos pactos se entendió que el sistema precedente estaba acabado y se actuó con altura de miras.
Me consta que en el momento actual no sólo la izquierda está en franca oposición a la situación. Desde segmentos liberales se echa pestes del gobierno y de la degeneración de la política en España, y como ejemplos dejo este escrito y este. Mucha gente, votante del PP tradicional que también lo votó también el pasado 20-N, siente hoy vergüenza de haber votado al PP, se sienten engañados y frustrados. No es muy distinto al sentimiento de millones de ex votantes socialistas cuando ven a Rubalcaba al frente del PSOE después de la etapa Zapatero.
Hay un clamor popular que considera que el sistema bipartidista que nos ha regido está viciado y debe ser finiquitado. Ojo, yo no voy a caer en las teorías convenencieras que dicen que la transición fue en fraude, que en España no ha habido nunca democracia y que esto no es más que la continuación del franquismo. No, la transición fue un cambio necesario en España y sin sacralizaciones absurdas supuso un gran avance histórico. No es cuestión de echar por tierra 40 años, simplemente es que el sistema ha degenerado y ha sido barrido por la historia y por lo tanto hay que cambiarlo.
La última encuesta de Metroscopia para El PAÍS daba al PP menos de un 30% de los votos y un 23% para el PSOE. He consultado una posible distribución de escaños y según los resultados el único gobierno con una mayoría parlamentaria sólida que me saldría sería una gran coalición PP-PSOE, y eso el primer año de legislatura. Si esta tendencia persiste es muy posible que vayamos, como única solución, a una gran coalición de partidos mayoritarios como ha pasado en Grecia. Sería la escena final de un sistema de partidos moribundo.
Ante esta realidad ya están hablando los grandes partidos que, con el pretexto de ahorrar, habría que disminuir el número de diputados por circunscripción. Parece sencillamente una excusa para perpetuarse en el poder y minimizar la fuerza de los partidos que vienen detrás. De hacerse estaríamos ante la confirmación definitiva de que en este país no hay derecha “moderada” e izquierda “posible”, sino que todo se ha dejado atrás para la defensa de un statu quo que favorezca los intereses de los partidos dominantes.

Ante esta situación creo que hay algo que se debe crear paralelamente a todos estos desarrollos de partidos y alternativas que hemos comentado. No quiero andarme por las ramas así que voy a ser claro: Este país necesita un Frente de salvación nacional.
Un Frente de salvación nacional sería una coalición con unos objetivos claros de regeneración absoluta de nuestro sistema político. Hay que acabar con la corrupción de forma radical, hay que hacer que los culpables de todo este desastre paguen por sus fechorías, hay que recuperar la democracia con un sistema político y electoral que arranque el poder de las cúpulas de los partidos del régimen para devolvérsela a los ciudadanos. Probablemente hay que reformar la constitución y las leyes para que esto sea posible, pero creo que es urgente y fundamental hacerlo. Estos gobernantes y este sistema de corrupción generalizada deben ser erradicados.
¿Quiénes estarían en este frente de salvación nacional? Pues todos los que estén de acuerdo con esto. Mi idea es un frente cívico-político, es decir, no sólo de partidos sino también de personalidades relevantes y ciudadanos comprometidos con la regeneración. Obviamente ni este PP corrupto y traidor ni el PSOE de Rubalcaba ni la enloquecida y caciquil CiU estarían en él. Fuera de ahí cualquiera puede estar, incluso gentes o corrientes de estos partidos hartos de esta situación.
Por supuesto este Frente de salvación nacional tendría una política de mínimos a nivel económico, que se basaría básicamente en no permitir el holocausto económico que está arrasando a las clases medias y populares de este país y en una defensa de las verdaderas empresas productivas e innovadoras frente a las empresas que viven del oligopolio y el favor público.

Creo que la situación es la suficientemente grave como para que empecemos seriamente a pensar en ello. Yo llevo dialogando mucho tiempo con gentes de derechas y liberales y tengo que decir que estoy bastante más cerca de los más sensatos de ellos que de muchos de los que se suponen que están en mi territorio. Los años me han enseñado que los acuerdos entre diferentes son posibles y la realidad actual nos dice que esto es mucho mejor que mantener lo que tenemos ahora.
Y luego, con un sistema más limpio y regenerado, ya podremos entrar a defender nuestros tradicionales objetivos de libertad e igualdad para todos, de un sistema con gran dispersión de renta y una red social que proteja al que lo necesite. Pero quizá, para llegar a poder pelear por eso, necesitamos unas condiciones que actualmente no tenemos y que nunca podremos conseguir a no ser que empecemos a tejer redes con personas de ideas diferentes pero con las que coincidamos en la mayor parte de lo fundamental.

3 comentarios:

  1. Vaya, no recordaba ese artículo mío pero gracias por la cita y creo que hay que tener ese objetivo que comentas muy claro.

    Creo que hay algo que facilita mucho las cosas ahora, si te fijas. Debido a las comunicaciones, se nota una creciente "uniformidad" de opinión entre los jóvenes occidentales por lo menos, de que los sistemas han caducados. Aquí mismo en EEUU, los jóvenes están cada vez forjando opiniones por el estílo. Ya no cuela como antes el "sueño americano" porque cada vez es más difícil acceder a él o como dije hace tiempo sobre Obama, el sueño americano es un sueño de verdad porque hay que estar dormido para créerselo. A mí me llaman "cínico" para mi edad pero no, no lo soy - soy conocedor de los tiempos que corren y muy idealista a la vez que realista.

    Creo que el problema fundamental de la Derecha es ese nuevo sectarismo cainita que nunca se había visto antes, Pedro. Mira aquí en USA, donde hay gente mucho más "cañera" que en España, la situación realmente es patética en ese sentido. Se ha llegado al extremo de que si por ejemplo, elogias el Obamacare ya eres "pro-demócrata". En no pocas ocasiones se han referido a mí como "republicano rockefeller" (simplemente porque yo no veo a una persona como tú como mi "enemigo"). La semana que viene viajo a la ciudad donde Jefferson controlaba todo, en el sur y ya varios allí me conocen. Me han dicho cosas como "aquí no queremos hamiltonianos de Nueva Inglaterra" o lincolnianos. Esto es patético porque sabes bien que hace 10 años o más yo era muy amigo del sur y los sureños aquí pero ahora está todo muy radicalizado. Así pues, creo que primero hace falta eliminar el radicalismo nocivo en nuestros círculos para luego, como bien dices, preocuparnos por lo importante. Yo llevo 5 años haciéndolo y estoy consiguiendo cierto éxito marginal - creo que tu igual, si bien es cierto que no estoy tan seguro si te gustaría salir a la luz pública y liderar algo.

    Saludos

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  2. Como bien se dice, hay que huir del radicalismo. Y precisamente tengo una pregunta con respecto a ello. ¿Cómo construimos una nueva izquierda capaz de llegar al centro sin renunciar a los principios básicos de la izquierda o de lo que se quiere conseguir ahora? Se habla de montar una coalición como Syriza, no es una mala opción en el sentido de montar un frente capaz de enfrentarse al neoliberalismo. Pero algunos, si bien tenemos simpatía y cercanía por algunas ideas de izquierda sobre todo referidas a la justicia social y a la igualdad en derechos y oportunidades, tememos que se vaya hacía un radicalismo en esa nueva izquierda, un radicalismo de retórica anticapitalista, de resabios decimonónicos y en definitiva, destinado únicamente a algunos grupos. ¿Qué ha de llevar la nueva izquierda que permita que tenga una amplia mayoría social capaz de llevar a cabo un nuevo rumbo?
    Yo opino que es difícil, aunque no imposible. Quizás sería más factible la remodelación de izquierda y de derecha formando una serie de corrientes que aunque distintas puedan llegar a ciertos puntos en común. Es lo que pasó en la posguerra con los socialdemócratas, los liberales progresistas y los democristianos. Tenían sus diferencias, pero también sus puntos en común. Pero vamos no sé que opináis al respecto porque también es cierto que siempre hay cierta nostalgia al pasado pero estos tiempos requieren sus propias soluciones.

    Un saludo.

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  3. Hola Roberto,

    Durante el último año he estado comentando medidas fiscales, económicas y políticas que creo que debían ser la base de esta nueva izquierda que comento. Sería largo de explicar ahora, pero creo que algo urgente es poner líneas rojas ahora mismo sobre qué no se puede tocar ni recortar. Hay que poner el suelo que parece que no tenemos, hay que mandar un mensaje claro a la sociedad de que hay cosas con las que no podemos transigir.
    También creo que deberiamos comenzar a aplicar económicamente ideas de la nueva "economía del bien común", sobre todo en la contratación pública y en la generación de excenciones fiscales para las distintas empresas. Tengo un texto escrito sobre esto que colgaré en breve.

    De todos modos esta entrada iba más allá, estaba concentrada en la necesidad de regeneración democrática absoluta que tiene este país y que es un terreno en el que coincidiremos con mucha gente de la derecha. Por eso he propuesto un frente de salvación nacional con un programa mínimo que debería ser aplicado, para disolverse la coalición posteriormente.
    Tengo que hacer un pequeño listado sobre las bases de esa coalición y qué debería desarrollar. Sí te diría que habría que dar soluciones a dos problemas lacerantes: Los despidos y los desahucios, a los que habría que meter mano eliminando parte de las últimas reformas laborales en el primer caso y cambiando radicalmente la ley en el segundo.

    Yo no soy nada partidario de teorías antiguas. Esta época tiene unos problemas específicos y con unas teorías específicas se tendrán que resolver. Yo huyo de leninismos y anti-capitalismos absurdos. Si se quiere poner un anti que se usea anti-neoliberalismo o anti-capitalismo financiero. Incluso los liberales sociales o clásicos estarán de acuerdo con nosotros. No se debe entrar a nacionalizar medios de producción ni nada por el estilo, el productor y el emprendedor es nuestro aliado, quien no lo es es el que parasita nuestro cuerpo social y el que no genera bienestar social sino bienestar particular.

    Saludos,

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