La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







lunes, 7 de enero de 2013

Estadísticas económicas: Cómo el gobierno nos engaña

















Asisto entre indignado y asustado a como el ministro Montoro habla de recuperación económica y en el empleo por los datos de paro registrado de diciembre, que reflejan un descenso de unos 60.000 demandantes de empleo (que no desempleados, ojo). Cuando veo a estos chapuceros hacer este tipo de comentarios no puedo entenderlo. ¿No se da cuenta el ministro de que ese optimismo no resiste 10 segundos de análisis? ¿No se da cuenta que las mismas cifras de la S.S nos indican que realmente se han destruido 25.000 puestos de trabajo en diciembre? Al ministro le da igual, es una especie de “calumnia que algo queda” convertido en un “vende humo que algo queda”.

Intuyo que todo esto no es más que una estrategia política que se podría llamar la “estrategia Matrix”. Todas estas estadísticas son muy densas y obviamente no se pueden explicar en una noticia de un minuto o en un corte de voz de 10 segundos. Por lo tanto la cuestión es dar la cifra que pueda sostener la creación de una realidad alternativa donde las cosas pasan como al gobierno le gustaría que pasen, no como son realmente. Si el paro registrado baja porque hay emigración, porque la gente está desesperanzada y no renueva el desempleo al no tener prestación o por cualquier cambio estadístico todo eso se oculta bajo la cifra, objetivamente cierta, de que el desempleo registrado en las oficinas de empleo ha bajado. “Hay un cambio de tendencia” será el mensaje. Se puede rebatir en un minuto sí, pero el 50% de la población y posiblemente el 80% de sus votantes convencidos no tienen ese minuto para pensar por falta de tiempo, de ganas o de capacidad.
Este ejemplo del desempleo es el más importante, porque es la mayor preocupación del país, pero vale para todo. Por ejemplo, en el mundo de Matrix creado por el PP la reforma laboral tiene que ser positiva para el empleo. Es absolutamente obvio que la reforma laboral está aumentando el paro y sobre todo reduciendo los costes laborales, pero siempre podremos sacar algún dato descontextualizado del tipo “número de ERE’s” o “nuevo contrato de emprendedores” o “porcentaje de contratos del tipo x” que haga al ministro de turno mostrar las bondades de la reforma. 9 de cada 10 datos dirán que la reforma ha sido un desastre pero el buen señor sacará sólo el que le interese. Y claro, ¿cómo le rebates al ministro? ¿En un artículo de prensa? La mayoría de la población no lee la prensa ¿En una intervención en el congreso? Por favor, no te sacarán más de 10 segundos en TV. El mensaje, el engaño sostenido en un número real pero descontextualizado, ya está enviado y entre los que son adictos al partido, los que desean que las buenas noticias sean verdad y los que se creen siempre lo que dice la TV (algo que me parece que aumenta con la edad, algún día lo comentaré), al final tienes un gran público objetivo que se creerá las mentiras por lo menos hasta que la terrible realidad no le ataque fuertemente.

Más allá del uso propagandístico de las cifras hay otra realidad que es la que verdaderamente sostiene el engaño estadístico, que es la naturaleza de las propias estadísticas. Las estadísticas y cómo estas se crean no son verdades absolutas, son mecanismos matemáticos que intentan ser lo más fieles posibles a la realidad. Nunca lo son, pero por lo menos hay que intentar que lo sean. El problema viene cuando los mecanismos estadísticos para generar un dato macroeconómico están viciados de antemano y están fabricados ad hoc para que la cifra conseguida sea del interés del gobierno. Esto es lo que pasa normalmente con estas cifras.
En España, por ejemplo, tenemos dos formas de medir el desempleo, el paro registrado (es decir, la gente que está como demandante de empleo en los servicios públicos de empleo) y la encuesta de población activa (EPA). La EPA siempre nos ofrece una cifra de parados mucho mayor que el paro registrado y en círculos profesionales se considera que la EPA muestra mejor el desempleo del país que el paro registrado, además de que la EPA si se hace conforme a unas metodologías internacionales. El paro registrado no es muy riguroso porque depende de la voluntad del parado de registrarse como tal y también de las “chapuzas estadísticas” que hacen los gobiernos para que no salga muy alto. La EPA, en cambio, muestra mejor todas las realidades porque es una encuesta con una metodología bastante seria aunque también está sometida a la sinceridad de las respuestas de los encuestados, que en muchas ocasiones podrían no decir la verdad.
La gente se suele inscribir en los servicios públicos de empleo porque es requisito necesario para cobrar las prestaciones o ayudas por desempleo y también por costumbre. Lo que pasa es que conforme pasan los años hay mucha gente que deja de apuntarse en el desempleo. Los jóvenes que acaban los estudios a veces ni tan siquiera se inscriben, pues consideran que su búsqueda de empleo a través de internet es mucho más eficaz que la que pueda hacer los servicios públicos. Muchos parados de larga duración sin ayudas ni derecho a ellas (por ejemplo, señoras tradicionalmente amas de casa que se apuntan porque querrían tener un empleo pero que sus maridos trabajan) llega un momento que dejan de hacer las renovaciones al perder la esperanza de que les encuentren uno. También hay bastante “descontrol” con los emigrantes españoles, que podían estar apuntados o no, y con muchos de los inmigrantes que retornan a sus países, y posiblemente también con la gente que se cambia de CC.AA. para buscar empleo (que puede falsificar mucho las estadísticas de paro autonómicas).
Todas estas realidades creo que están produciendo que el paro registrado sea cada vez más diferente del real. Por supuesto que quien recibe prestaciones, ayudas o cursos está inscrito, pero intuyo que cada vez más la gente deja de hacerlo o de renovar su demanda de empleo. Y esto lo vamos a ver en los próximos tiempos (si no lo estamos viendo ya) con discrepancias cada vez mayores entre la EPA y el paro registrado. De hecho llegará un momento en que el paro registrado comenzará a bajar cuando objetivamente no se creen puestos de trabajo o incluso se destruyan. Si el mercado de trabajo se congela y no hay ni contrataciones ni despidos, el paro registrado bajará mucho. Si es más dinámico aunque no haya creación de empleo neto (pero sí se destruya y se cree empleo a partes iguales) las cifras del paro registrado bajarán menos o se estabilizarán.
Con esta realidad la estrategia del gobierno está clara. Cada mes que baje el paro registrado sacarán pecho, hablarán de sus reformas y de los famosos brotes verdes. Cuando salga la EPA, en cambio, se esconderán 3 o 4 días bajo las mesas de sus despachos esperando a ver si Artur Mas dice alguna idiotez para así envolverse en la bandera española. Si llega la gran discrepancia entre datos registrados y de la EPA que preveo, también es muy posible que comiencen a decir que la gente miente en las encuestas y que esos parados realmente no tienen voluntad de buscar empleo y no lo hacen activamente, pues en caso contrario estarían registrados. También es muy posible que comiencen a cambiar requisitos para que la gente aparezca como parada o bien desincentivar de alguna manera que la gente se registre (como por ejemplo despedir a los trabajadores de los servicios de empleo como ya están haciendo).

Otra de las grandes mentiras de nuestras estadísticas económicas, quizá la mayor, es la inflación o el IPC. Se supone que el IPC representa el porcentaje medio ponderado de cómo han subido los precios en España. Para su cálculo el instituto nacional de estadística hace unos estudios de cómo han subido los precios mensual y anualmente y, con esos datos, se saca una media ponderada.
Quiero hacer un inciso sobre la inflación que hay que entender. Política y económicamente (dentro de la ortodoxia económica imperante) lo que interesa es que haya una inflación suave, quizá entre el 2 y el 4%. Una inflación alta es un problema económico, porque reduce el poder adquisitivo de los salarios, pensiones y ayudas durante el año y eso hace que se exijan subidas de salarios igual o superiores al IPC, que se tengan que subir las pensiones o los salarios indexados al IPC, etc. Es un problema también a nivel de “estabilidad”, porque la inflación suele provocar más inflación al aumentar el circulante de dinero (la gente gasta más porque el dinero pierde el valor y prefiere cambiarlo por bienes o servicios). Es un ciclo que se alimenta a sí mismo.
Pero por otro lado una inflación negativa (que bajen los precios, deflación) es todavía peor porque “congela” la economía. Nadie va a gastar dinero en algo que está bajando de valor, nadie va a invertir en algo que se deprecia, y por lo tanto esto hunde el consumo y la inversión. La estanflación (estancamiento + inflación) es la pesadilla de todos los economistas y gobiernos.
Claro, ¿en qué consiste esto? Pues en tener inflaciones entre el 2 y el 4%. ¿Y cómo se hace? Pues creando una herramienta estadística que tienda a esas cifras. Y para hacer esto hay una trampa muy fácil: Ajustar las cargas estadísticas de los productos según convenga.

Os pongo ejemplos. Fijaos, ¿Cuál fue la inflación cuando se cambió la moneda y en cuestión de meses todo parecía costar muchísimo más? El 4%… ¿recordáis cual era la inflación en la época del boom inmobiliario, cuando la vivienda subía entre un 20 y un 25% anual? Pues entre el 3 y el 4%. Estos datos son absurdos pero el segundo, por ejemplo, está explicado por el hecho de que la carga estadística de la vivienda en el cálculo del IPC es del 12%. ¿Cuánto gasta una familia media en vivienda? Pues hay gente que gasta el 60% de sus ingresos y otros que no gastan nada pero podríamos decir que la media podría ser sobre un 30% de los ingresos de la unidad familiar, o incluso más.
Mientras la subida de los precios de la vivienda ahogaba e hipotecaba a las familias de forma monstruosa, para el cálculo del IPC este 25% de incremento anual se dividía casi por 10 (realmente por más, por la congelación del recibo de la luz de esos años legislada para contener la inflación). Esto es una trampa estadística que permitió que en plena burbuja inmobiliaria pareciese que el coste de la vida no subía mucho y que ahora, cuando los precios de la vivienda están bajando un 7-8% anual, esto tampoco lleve la inflación a términos negativos. De hecho esta baja carga estadística de algo tan central y oscilante lleva a moderar la subida o bajada de precios. Una simple comparación: la carga estadística de “hoteles, cafés y restaurantes” es el 11,5%, casi como la vivienda… ¿Cuánto gastas tú en vivienda, amigo lector? ¿Y en hoteles y restaurantes?
Este es el ejemplo más claro y que más salta a la vista, pero un estudio pormenorizado nos daría multitud de casos. Sabemos también que la elevada carga estadística de “vestido y calzado”, casi un 9%, sirve para que en enero (cuando todo sube) las rebajas hagan de contrapeso y así no suba mucho el IPC. Otro caso muy transparente fue el de los combustibles el mes de noviembre pasado, que con oscuros tejemanejes entre las petroleras y el ministerio de industria se redujo el coste de los carburantes varios céntimos hasta el día que se tomaban los datos, el 19 de noviembre, volviendo a dispararse los precios desde el día 20 cuando ya no contaban para la inflación del mes.
En otros países (como en Argentina) hay estudios independientes sobre la inflación que contradicen a los del gobierno (allí, por ejemplo, las discrepancias están entre el 10% oficial y el 25% de algunos estudios independientes). ¿Por qué no hay en España? ¿Por qué las universidades u organizaciones de consumidores no los hacen? Creo que como la cifra es baja no percibimos el problema, pero el problema es gravísimo pues desde que se implantó el euro el coste de la vida objetivamente casi se ha duplicado, y en el mismo tiempo la inflación acumulada habrá sido sobre el 40%.
¿Qué quiere decir eso? Pues que trabajadores y pensionistas hemos perdido fácilmente una cuarta parte de nuestro poder adquisitivo en esta década. Y esto es terrible, no sólo el hecho de que lo hayamos perdido sino que lo hemos perdido en medio de aplausos e indiferencia, encantados porque nos subían el IPC del 4% en el salario cuando la vida subía un 8% y no lo sabíamos. El proceso de precarización de los salarios que afecta a los trabajadores y a la clase media se apoya en las trampas estadísticas que se inspiran en la visión única de la ortodoxia financiera. Ahora congelan los sueldos, bajan los sueldos, pero claro es que la inflación es sólo un 2 ó un 3%...Y así, poco a poco, suavemente y con vaselina, vamos a una precarización absoluta del factor trabajo.

Si tuviese el conocimiento suficiente y me extendiese este tema podría dar para una tesis doctoral, pero valgan estos dos ejemplos de cómo se manipulan las estadísticas tanto en su génesis como en su comunicación social para que entendamos que no hay que creerse jamás un dato de la boca de un político o un agente económico con grandes intereses sin analizar el estudio que lo genera.
Estos engaños que antes eran simple maquillaje político y ocultación de la realidad, ahora se pueden convertir en la piedra angular de la manipulación de una sociedad al borde de la rebelión. Nos van a intentar colar cifras increíbles de mejora económica para que nos mantengamos mansos y sumisos, cifras que serán contradictorias con las terribles realidades que nos esperan.
La prima ha bajado, el paro ha bajado, exportamos más…” Bonitas palabras de un ministro trajeado en televisión mientras, si miramos por la ventana, veremos gente rebuscando en los contenedores de basura. El futuro Orweliano ya ha llegado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada