La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 15 de enero de 2013

Mi relación con los himnos
















Ahora mismo estoy en Montornés del Segarra (provincia de Lleida) disfrutando de unos días de vacaciones en una preciosa casa rural. Hace un frío que pela, pero entre copas de vino de la comarca y baños en el jacuzzi se está estupendamente. Otro día contaré algunas cosas sobre la “Cataluña profunda” y mis estudios aquí, que han fortalecido mi visión de lo absurdo del independentismo catalán en particular.

Bien, el domingo estuve en la ciudad de Xàtiva (Valencia) viendo la presentación de una falla. A mí no me gustan las fallas de Valencia como he dicho muchas veces, más que las fallas todo lo que llevan asociado (bloqueo absoluto de la ciudad en días laborables, destrucción del mobiliario urbano por vandalismo, accidentes con la pirotecnia, borrachos por doquier, etc.) y que no debería ser consustancial a las fallas pero que sucede sencillamente porque al ayuntamiento y a las autoridades no les da la reverenda gana organizar la fiesta de forma razonable y sin tener que declarar el estado de sitio en la ciudad. En Xàtiva, en cambio, las fallas no son prioritarias y se organizan de una manera mucho más civilizada para el ciudadano.
Los actos falleros siempre se acaban con el himno de la exposición o himno de Valencia, vamos el que ahora es himno oficial de la Comunidad Valenciana. Al sonar el himno todo el mundo se pone en pie, como se suele hacer con los himnos nacionales en muchas otras situaciones y latitudes. Hay veces que directamente el speaker pide que la gente se ponga en pie porque va a sonar el himno, por si hay algún despistado que no se entera del protocolo.
Cuando sonó el himno de Valencia a final del acto casi todo el mundo se levantó, pero yo no. Mi novia me cogía de la mano y me tiraba hacia arriba para que me levantase (“estás en primera fila” me decía) pero preferí quedarme sentado. A la salida me sermoneó: “Van a pensar que eres “catalanista” y que por eso no te has levantado”. “Me da igual lo que piensen” le respondí.
Sí, es cierto, con toda la polémica con los himnos y las banderas que hemos tenido en esta tierra en las últimas décadas y con este “valencianismo” de falla y paella convenientemente fabricado por los gobiernos del PP que han intentado crear enemigos y anti-valencianos por doquier, es muy posible que quien me estuviese viendo sentado y no conociese mis pensamientos políticos pensase que soy un catalanista fusteriano o algo parecido, pero nada más lejos de la realidad.

¿Por qué no me levanté? Tengo que reconocer que mi relación con los himnos es dual y ambivalente. Me encantan los himnos, conozco la mayoría de himnos de Europa y de los países importantes, conozco la historia de muchos de ellos e incluso se cantar trozos de algunos en idiomas que no conozco. Me fascina la solemnidad musical de la mayoría de ellos, me gusta intentar “ver” la idiosincrasia del país a través de su himno (algo que normalmente no se ve). Me gustan más los himnos europeos (más melódicos y clásicos) que los americanos (más militares). En definitiva, desde el punto de vista del conocimiento es un campo que me encanta.
Pero por otro lado desprecio el nacionalismo intrínseco en los himnos nacionales y, sobre todo, el uso que se les da a los mismos. Las banderas (otro campo que me apasiona por las mismas razones que los himnos) y los himnos tienen un uso protocolario y simbólico, pero también pueden tener un uso de movilización ciudadana a favor de ideas abstractas convertidas en vehículos de intereses obscenos de una clase dominante. He ahí dónde el himno y la bandera se convierten en herramientas de un nacionalismo con el que choco violentamente.
Cuando un himno suena y la gente se pone en pie es algo que, a pesar de ser protocolario, me resulta obsceno. Levantarse ante el himno me parece como darle un carácter “sagrado”, como si las personas allí presentes fuesen meros soldados, como si su voluntad individual estuviese sometida a la representación abstracta de la nación en forma de música. El himno se sitúa por encima de las personas, las obliga a un comportamiento determinado so pena de ser “anti-nacionales”. El himno no es una pieza, no es una canción interpretada por alguien a quien hay que reconocer el mérito y respetar su trabajo, el himno es un instrumento de movilización y sometimiento social.
El ciudadano obligado a cuadrarse ante una música grabada ¿qué demonios es eso? Hay cierto tufillo de militarización de la sociedad, de reconocimiento de la “nación” y de sus símbolos como algo sagrado que está por encima de la voluntad de las personas que habitan esa nación. No es una nación compuesta por ciudadanos libres que dan a la nación la orientación que ellos crean conveniente, es la nación y sus características la que somete la voluntad del ciudadano, en estos aspectos sujeto secundario. Es puro nacionalismo, es una directa representación de nacionalismo.

Por pensamientos como estos, que quizá he expresado algo torpemente, no me gusta ni levantarme cuando suena un himno ni ver un auditorio completamente en pie, y mucho menos que el speaker te “obligue” a levantarte. Cuidado, eso no quiere decir que no me acabe levantando por otras consideraciones. Por ejemplo si estuviese ante un himno extranjero me levantaría, porque ese himno no tiene nada que ver conmigo, no es un nacionalismo que me “someta” y, por lo tanto, priorizaría hacer lo protocolario para que nadie lo interprete como una falta de respeto. Pero cuando un himno es “mio”, es de mi nación o de mi país, yo soy tan valenciano o español como es cualquiera de los asistentes y haré lo que me parezca más conveniente en cada momento, y que nadie se atreva a decirme lo contrario porque no me voy a callar.
Para que veáis que mi planteamiento es coherente fijaos, yo siempre he sido uno de los grandes defensores de que el himno español no tenga letra. A mí no me gusta mucho la marcha real, por consideraciones musicales y también históricas, pero si valoro mucho que no tenga letra. Hay a quien le gusta ver, en los partidos de fútbol o en olimpiadas, como los deportistas de otros países cantan el himno o incluso se ponen la mano en el corazón. Para mí eso es ridículo, cantar un himno y ponerse la mano en el corazón me resulta algo fanático y poco civilizado, aún cuando mayoritariamente quienes lo hacen lo hacen por pura imitación y porque es lo que toca. Y llorar ya es el colmo. Oye, que puedes llorar si simboliza algo (has ganado la medalla de oro, eres la fallera mayor y simboliza el fin de la fiesta), pero llorar así porque sí con un himno que has oído mil veces es algo del todo ridículo.
A mí me encanta cuando nuestra selección escucha el himno con seriedad, pero con normalidad. Creo que damos una imagen civilizada al mundo, esa es mi opinión. Hace unos años había algunos iluminados que decían que la selección española de fútbol no ganaba nada porque los futbolistas no “sentían” el país, que con un himno sin letra jamás se iban a motivar, etc. Me alegro que ahora que somos una selección nacional “de leyenda” todas esas tonterías se hayan ido a la basura. Y con más catalanes que nunca, quiero recordar por si a alguien se le olvida.

Y repito, que nadie dude de mi valencianidad o de mi españolidad. Pero la valencianidad no es una bandera o un himno aleatoriamente elegidos, la valencianidad es otra cosa. Es esa conexión especial que sientes con tu tierra, esa sensación al ver los campos de naranjos en el avión a punto de aterrizar y decir “ya estoy en casa”; la valencianidad está en nuestras lenguas, en nuestras costumbres, en la admiración a nuestros grandes: En las obras de Joanot Martorell y de Blasco Ibáñez, en las películas de Berlanga, en las pinturas de Benlliure y de Sorolla; la valencianidad es el chiste que cuentas en Madrid y no comprenden, la palabra que dices en Barcelona y no consiguen descifrar, en ir a Argentina y ver que allí existe la falla valenciana con costumbres que mantienen desde hace generaciones.
Y la españolidad es lo mismo, ni banderas ni himnos ni reyes ni homenajes a la virgen del Pilar. Nuestras lenguas, nuestra aportación a la cultura universal, nuestra forma de ser y de comportarnos, la música de Tárrega y de Albéniz, un Picasso o un Dalí, un vino de Rioja o un gazpacho en verano, una sanidad pública envidiable y universalmente reconocida, unos profesionales reconocidos en el mundo entero por su creatividad.
Las banderas y los himnos están para representar todo eso, y como tal los entiendo. Lo demás es patrioterismo barato con ínfulas de control social y sencillamente por el respeto que le tengo a lo que he listado en los párrafos anteriores yo no puedo considerar normales actitudes que ocultan la verdadera naturaleza de una nación: La que crean sus ciudadanos a lo largo de las generaciones.

2 comentarios:

  1. La verdad es que me ha sorprendido un poco esta entrada - no te hacía yo de "himnos", la verdad. Aunque, también dudo que te gusten los himnos cristianos-bíblicos.

    ¿Sanidad pública envidiable? Creo que ya no...

    También me ha parecido un tema interesante lo que dices de la tierra, porque es algo que he visto que se da de forma mucho más acusada entre los países "latinos" - y con "latinos" voy a incluir a Grecia y Latinoamérica. Aquí en EEUU no hay tanto apego a la tierra en concreto. La gente siente identificación o afinidad con el país en tanto que dependa eso de si están a gusto con donde viven o si llevan aquí varias generaciones. Aquí en NY, sin embargo, la gente parece tener más orgullo de su origen étnico o racial que por la tierra esta. Es muy habitual que te digan "soy irlandés" o "soy italiano" (aunque no tengan ni idea de esos países) pero se usa mucho ese tipo de frase como para decirte que son de tal o cual origen.

    Yo por ejemplo soy bastante "anglo" en eso - nunca me he sentido especialmente apegado a una tierra en concreto (porque no elegimos el sitio donde nacer) pero sí me pasa lo que dices si visito algún pueblo o ciudad de mis ancestros - ahí ya me siento más "conectado".

    En general a mí tampoco me gustan los himnos nacionales con letra aunque sí me gusta mucho la letra del himno de USA. ¿Sabes por qué? Porque es un poema dedicado a la Guerra contra Inglaterra de 1812 y me gusta ese enfoque que simboliza mucho para los valores que defiendo: una idea "protestante" de la República de los EEUU. Tanto simbolizo eso que sin entrar en lo ridículo, muchísima gente aquí me comenta que parezco un tipo de una época pasada, de una América que ya apenas existe, que soy muy "waspy" en todos los sentidos menos el color del pelo, pues no soy rubio como el típico "wasp". Pero, volviendo al tema, yo tampoco le doy "carácter sagrado" (y tampoco esa era la intención aquí cuando el poeta Francis Scott Key escribió la letra - no fue hasta los años 30 ¡¡del siglo XX!! que se convierte en el "himno nacional" (antes USA no tenía himno "nacional", como buen país protestante).

    Sin embargo, si yo tuviera que elegir mi favorito "himno" en inglés, sería este himno que servía como la canción "de facto" nacional de USA hasta el siglo XX y es una letra muy puritana, pro-peregrino.

    Saludos

    http://en.wikipedia.org/wiki/My_Country,_%27Tis_of_Thee

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  2. Hola Alfredo,

    Pues sí, es una curiosidad "intelectual" si quieres, al igual que me gusta mucho la heráldica. Para mí el himno más bonito que hay, para tu desagrado, es la marsellesa. También me gustan mucho los himnos de Rumanía, Camboya, Japón y Alemania (el de la RDA también).

    Y lo de la sanidad pública envidiable...Bueno, era así hace un par de años y por eso lo he dicho. Es lamentable que vayamos a destrozar una de las pocas cosas "públicas" y estructurales buenas que tenemos.

    Saludos,

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