La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







martes, 19 de febrero de 2013

¿Debe abdicar el rey Juan Carlos I?

















Este año se cumplirán 38 años de reinado de Juan Carlos I de España si es que llega al 22 de noviembre siendo jefe del estado. El rey, de 75 años, está probablemente en la situación más delicada de su reinado y su posición es la más inestable que se le conoce por lo menos desde los primeros meses de su reinado, cuando le apodaban “el breve”.
Me gustaría hacer un análisis serio sobre el futuro del rey y la conveniencia de su dimisión, y para eso lo primero que debo tener claro es que tengo que dejar de lado mis propias preferencias. Yo soy republicano y, por lo tanto, me gustaría que España fuese una república. Eso me podría llevar a analizar como convenientes o adecuadas aquellas actitudes que facilitasen la futura implantación de una república, pero eso sería falsear el debate y hacer trampas en el análisis. Para analizar la conveniencia de la abdicación debo dejar de lado mis preferencias personales y enfocar las cosas desde el interés institucional de España e incluso de la propia monarquía. Intentaré hacerlo.

Juan Carlos I pasará a la historia como una personalidad positiva para nuestra historia. Tiene dos logros fundamentales en su haber, el primero es haber cedido sus poderes teóricamente absolutos para facilitar la implantación de una democracia representativa, y el segundo es haber parado el golpe de estado del 23 de febrero del 81 por no estar de acuerdo con romper la normalidad constitucional (por mucho que parece que podría haber facilitado el golpe de forma involuntaria con alguna actitud previa poco neutral).
Esos son sus logros básicamente, pues el resto de cosas que se le achacan (el ser el mejor embajador posible y haber conseguido negocios para España que nadie más podría haber conseguido, el haber suavizado ciertas tendencias inconvenientes de los presidentes del gobierno, etc.) no me parecen más que pura propaganda y no hay pruebas sólidas que lo sostengan.
A partir de esos dos momentos claves, el último hace 32 años, el rey se ha dedicado a ejercer de monarca constitucional aparentemente sin excederse nunca en su papel. No se le conocen actitudes de boicoteo a políticas o leyes de los poderes del estado ni parece que haya conspirado nunca contra partidos o personalidades. Fuera de lo que parece que es una riqueza injustificada no hay, pues, nada que se le pueda recriminar contundentemente, por lo menos hasta hace unos años.

Sin embargo los escándalos han comenzado a aparecer en el seno de la monarquía. Algunos son propios de la prensa del corazón, como por ejemplo su relación amorosa con la princesa alemana Corinna, algo que está muy bien para programas de cotilleo pero que en principio debería ser irrelevante para el buen ejercicio de la jefatura del estado. El problema de la amante del rey lo tiene él y su mujer la reina, y si acaso sus hijos. Institucionalmente no significa nada.
El problema aparece cuando esta relación privada comienza a afectar a la función pública. La cacería de elefantes de hace unos meses en Botswana donde el rey se rompió la cadera, viaje de placer deportivo- amoroso con la princesa Corinna, nos situó al jefe del estado en la otra punta del mundo mientras parece que nadie del gobierno (por lo menos las principales personalidades) sabía dónde se encontraba, algo que parece inaceptable. Hay que darse cuenta que hemos sabido de este viaje porque el rey se rompió la cadera y que de no habérsela roto no nos hubiésemos enterado de nada. La pregunta que cabe hacerse aquí es ¿Cuántas veces lo ha hecho en el pasado? ¿Cuántas veces ha estado el jefe del estado perdido por el mundo sin conocimiento del gobierno?
A partir de ese día se ha comenzado a normalizar a nivel de medios de comunicación el nombre de la princesa Corinna, llamada con un punto de cachondeo “amiga íntima” del rey o, en situaciones más asépticas, “amiga” del rey. Ha sido la primera vez que se ha hablado con normalidad de una amante del rey, pues se conoce que ha tenido varias en el pasado (yo he oído hablar de Bárbara Rey y Paloma San Basilio, aunque hay más leyendas urbanas por ahí) de las que nunca se ha hablado en medios de comunicación. Todo concordante con el proceso de eliminación de la auto-censura que siempre han aplicado los medios de comunicación a todo lo que afecta al rey y que en los últimos tiempos se ha comenzado a corregir.

Pero el problema principal del rey y de la casa real ha sido las actividades presuntamente delictivas de su yerno el Duque de Palma Iñaki Urdangarín. Que un miembro directo de la casa real (cuya mujer cobra por actos de la casa real y tiene un pseudo-trabajo enchufada por ser hija del rey) sea el cabeza de una trama de corrupción para vaciar las arcas de las administraciones públicas a cambio de trabajos y gestiones que no valían nada es algo francamente escandaloso.
Lo peor de todo es que parece que la infanta Cristina también está implicada. El fiscal está haciendo malabarismos para no imputarla, cuando probablemente a cualquier otra mujer de un corrupto en su situación (pues es socia de la empresa vehículo de los cobros improcedentes) se la habría imputado hace mucho tiempo. Como pasa siempre la defensa querrá hacer creer que no sabía nada, que su marido ganaba centenares de miles de euros anuales y que ella ni preguntaba, pero eso no es creíble. Quizá no era conocedora de hasta qué punto la fundación que compartía con su marido y Diego Torres no hacía absolutamente nada útil, pero que era consciente que se les contrataba por ser parte de la familia real es evidente que lo sabía.
Además, las últimas revelaciones de Diego Torres hacen suponer que el rey también colaboraba directa o indirectamente con la promoción de la fundación de su hija y yerno. Que colaborase en la promoción no implica que supiese que su yerno hacía cosas ilegales, pero sí que estuvo usando sus contactos para ayudar a su familia en lo que él consideraba una actividad legal o lícita. Aún así, usar su influencia como jefe del estado es un acto de dudosa elegancia y poca ética. ¿Lo habrá hecho más veces en otros ámbitos? Sospecho que es probable.

Todos estos asuntos se unen con el hecho de que el rey está con problemas de movilidad a causa de sus operaciones. Hace unos días se anunció que tenía que someterse a una operación por una hernia discal, algo que no es grave de por sí pero que unido a sus constantes operaciones de cadera le puede dejar impedido. En el discurso de Nochebuena a alguien se le ocurrió que se apoyase en la mesa en lugar de hacer el discurso sentado como era habitual. La sensación fue probablemente la contraria de la que pretendían haciendo eso, porque el rey parecía un monigote pegado a la mesa, parecía que no podía ni moverse.
Hace meses que la inmensa mayoría de los actos del rey los está haciendo el príncipe Felipe a causa de los problemas de salud y movilidad de su padre. Dicen que para eso está la figura del príncipe de Asturias, pero la figura del príncipe de Asturias está para hacer esas cosas de forma puntual, no continua.
El rey de España hoy es un jefe del estado moderno. No es un rey del siglo XVIII que moría en palacio ni un señor feudal encerrado en un castillo. Es un jefe del estado que tiene que viajar, recibir embajadores, hacer audiencias, etc. El jefe del estado tiene que trabajar y para hacer ese trabajo tiene que estar en condiciones para hacerlo.
¿Tiene sentido que un hombre con problemas de salud y parcialmente impedido ejerza ese cargo? La reina Beatriz de Holanda decidió hace unos días abdicar con 75 años. La mujer debió pensar que a partir de esa edad le iba a pesar el cargo y que lo razonable es que lo hiciese alguien más joven. Hasta el Papa ha decidido renunciar por “motivos de salud” según él, aunque en este caso se sospecha que puede haber algo más.
Desde una perspectiva de estado moderno no tiene sentido que una persona que una salud renqueante ejerza un cargo que, aunque simbólico, es importante para el estado. En el siglo XIX los reyes podían morir en la cama después de largas enfermedades, en un estado del siglo XXI esto no puede ser así.

Tradicionalmente se ha dicho que los españoles no son monárquicos sino juancarlistas. Las encuestas que preguntaban por la forma de estado deseada tradicionalmente daban unos resultados bastante constantes. La gente que prefería una monarquía estaba sobre el 60%, un 15% quería una república y al resto les importaba poco la forma de estado, digamos que eran accidentalistas.
En diciembre de 2011 (la última encuesta hecha sobre esta cuestión) una encuesta de una empresa muy seria concluyó que menos del 50% de españoles quería una monarquía y los que preferían una república habían subido al 37%. El cambio es espectacular y probablemente en este año la tendencia republicana se habrá ampliado, pues en este año se ha producido la famosa cacería de elefantes, la normalización de la princesa Corinna como “amiga íntima” del rey y nuevas revelaciones en el caso Urdangarín que implican a la familia real y su entorno.
Viendo que los menores de 35 años prefieren mayoritariamente una república y que el apoyo a la monarquía se concentra entre los mayores de 55 años no creo que sea osado decir que en muy poco tiempo tendremos un país con una voluntad republicana. ¿Es culpa del rey Juan Carlos? No solamente. Hay que tener en cuenta que España no es un país sentimentalmente monárquico y que el apoyo a la monarquía no era monarquismo propiamente sino juancarlismo. Pero por eso mismo en cuanto la imagen del rey se ha degradado el país ha comenzado a caminar hacia el republicanismo.

¿Cuál es pues mi conclusión? Aunque sólo fuese por los problemas de movilidad y de salud que presenta, creo que el rey debe abdicar. Si, además, estamos viendo como los escándalos están afectando a la familia real y como el rey está perdiendo el apoyo popular, creo que las razones son todavía más poderosas.
Un nuevo rey y una nueva familia real (los príncipes y sus dos hijas) limpiarían esta imagen de corrupción y nepotismo que la población asocia, hoy, a la familia real y la monarquía. Juan Carlos I ha dejado de ser un activo para la monarquía y el país y se ha convertido en un lastre. España necesita un jefe de estado joven que de un lavado de cara a este país inundado por la corrupción y que simbolice que hemos entrado en una nueva era.
Yo creo que el futuro de España será inevitablemente republicano, quizá lo tengo tan claro porque es lo que quiero que pase pero también creo objetivamente que el país será claramente republicano en pocos años. Pero lo puede ser en 5 años o en 50. Y por lo tanto, si se quiere contener la desafección hacia el jefe del estado y la forma de estado, creo que es fundamental un lavado de cara que solo puede venir de la mano de una sucesión al trono.

6 comentarios:

  1. Salvo por esos 2 momentos puntuales el reinado de Juan Carlos I se ha caracterizado por el silencio. No toma una posición clara sobre nada...Y ese es parte de su éxito. Eso es precisamente lo que me molesta, que no toma una posición fuerte sobre nada. Juan Carlos "El silencioso".

    Su hijo va por el mismo camino salvo que nos sorprenda cuando le toque.

    ResponderEliminar
  2. Si yo fuera Felipe, hace tiempo que habría metido a mi padre en un asilo y enviado a mis hermanas a Sudamérica.

    ResponderEliminar
  3. Me ha parecido un poco ambigua tu idea de una posible republica, dices que el futuro sea claramente republicano en pocos años pero pueden ser 5 o 50. O 300 segun se vea.A mi modo de ver 50 no es poco. Para un paleontologo 1000 años tambien es muy poco tiempo.
    Yo pienso mas bien que el reinado de Felipe sera integro si no ocurre nada y nos asegurara la monarquia otras tantas decadas. En el siglo XXI que la jefatura de estado sea monarquia o republica es algo casi anecdotico, lo realmente importante es que, tanto rey como presidente de republica, asuman unas funciones que garanticen el desarollo de un pais moderno.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ramón,

      A ver, lo que quería decir es que el país, una vez Juan Carlos I ha dejado de tener la buena valoración que siempre ha tenido, camina inexorablemente hacia sentimientos republicanos. España no es un país monárquico, no es el Reino Unido por ejemplo, y los españoles no sienten que la monarquía forme parte inherente de la personalidad española. Por eso una vez que el juancarlismo acabe (si no ha acabado ya), el país se hará prorrepublicano. No es nada raro lo que estoy diciendo. Si fuésemos a construir un país ahora a nadie se le ocurriría hacer una monarquía, sería absurdo. Por eso los sentimientos monárquicos se pueden mantener dónde hay tradición, pero parece ilógico que crezcan una vez dejan de existir socialmente.

      Ahora, ese proceso puede tardar un año o muchos años, ser de una intensidad suave (se prefiere una república pero tampoco importa especialmente) o intensa (que losn ciudadanos exijan acabar con la monarquía).
      ¿De qué depende eso? Pues de las acciones de la jefatura del estado y la casa real. Ahora mismo hay un estado de ánimo contra el rey actual y su permanencia asociada a los escándalos que tiene a su alrededor sólo hará que el republicanismo crezca.
      Con un cambio de rey digamos que la corona dejaría los escándalos de lado y podría respirar más tranquilamente. Eso no quiere decir que Felipe VI vaya a tener el apoyo que tuvo su padre, nunca lo tendrá. Pero contendría la hemorragia monárquica por un tiempo. ¿Cuánto? Imposible de saber. Yo creo que la supervivencia de la monarquía por largo tiempo depende más de que el republicanismo de la sociedad sea suave (que consideren la forma de estado algo secundario) que de que vuelva a haber un 60% de monárquicos, algo que seguramente nunca volverá a haber.

      Saludos,

      Eliminar
  4. Pide al Rey que abdique en el pueblo español http://www.change.org/es/peticiones/pide-a-don-juan-carlos-i-que-abdique-en-el-pueblo-espa%C3%B1ol

    ResponderEliminar
  5. <<<<<<totalmente de acuerdo.Este rey debe abdicar aunque no sea más que para no ser recordado como Juan Carlos I el Cojo,yo no soy republicano,pero tampoco Juan Carlista,en realidad todos los politicos y todas las instituciones me parecen malos,son opresores por naturaleza y en los tiempos que corren una democracia informática seria lo más justo.Se pueden hacer leyes mediante la voluntad de la gente expresada cob teléfonos moviles simplemente, por ponrt un ejemplo sencillo y facil de entender.

    ResponderEliminar