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lunes, 29 de abril de 2013

¿Quieren los españoles una nueva generación de políticos?














Me topé el otro día con una noticia en el diario EL PAÍS que decía que las jóvenes promesas de los partidos políticos están mejor valorados que sus líderes. Esto, dicho así, parece absolutamente lógico pues los líderes actuales de los partidos políticos están totalmente desprestigiados y hasta una berenjena tendría mejor valoración que ellos.
En cualquier caso quise consultar la encuesta inicial de metroscopia para ver si la conclusión del artículo, que básicamente era que hay una nueva generación de políticos que la ciudadanía desea, era realmente así.

Para empezar tengo que decir que el conocimiento de las “nuevas promesas” es bastante bajo. Tan sólo Patxi López y Antonio Basagoiti eran conocidos por más de la mitad de los entrevistados, pero estos dos candidatos de jóvenes promesas no tienen nada (es como poner aquí a Chacón o a Leire Pajín), así que realmente son dos gazapos metidos en el estudio, seguramente por edad.
Del resto de candidatos el más conocido era el diputado de IU Alberto Garzón (35%) seguido por el líder de Ciutadans Albert Rivera (34%) y por el posible futuro candidato a la presidencia del gobierno por el PSOE Eduardo Madina (32%). Me ha extrañado muchísimo el alto conocimiento que tiene Alberto Garzón teniendo en cuenta que es diputado de IU y que las informaciones sobre este grupo son prácticamente residuales. No sé si algunos han podido confundir a Alberto Garzón con Baltasar Garzón y equivocados han dicho que lo conocían…
Me ha extrañado también el bajo conocimiento que hay sobre Eduardo Madina, más cuando ha sido noticia las últimas semanas. El conocimiento sobre Albert Rivera me ha parecido, en cambio, muy alto, aunque creo que se debe deber a sus continuas intervenciones en medios de comunicación conservadores.
Me ha extrañado también, por lo bajo, el escaso conocimiento que tiene la sociedad sobre Beatriz Talegón (15%) cuando ha sido noticia también hace poco, aunque entiendo que es comprensible. Y me ha dado bastante pena ver a mi estimado Juantxo Uralde con sólo un 10% de conocimiento público, síntoma de lo difícil que es hacer política desde la nada en España.

Esto es el conocimiento que tenían los entrevistados sobre los candidatos, pero después a quienes los conocían se les hacía una segunda pregunta que era si creían que podían contribuir a regenerar la vida política española. Tengamos en cuenta que para esta segunda pregunta ya sólo se toma en cuenta la opinión del ciudadano que conoce al candidato, así que nos encontramos ante un ciudadano informado, bien o mal pero informado.
Bien, pues en este punto quien más “” conseguía era Eduardo Madina (43%), prácticamente empatado con Beatriz Talegón (42%) y no muy lejos de Alberto Garzón (39%), Albert Rivera (38%) e incluso Juan López de Uralde (35%). Insisto, es porcentaje de votos sobre quienes previamente les conocían, por lo que el 35% de Uralde, por ejemplo, socialmente es bajo al conocerle sólo el 10% de los entrevistados.
La noticia destacaba fundamentalmente a Madina al ser este el más valorado positivamente por quienes le conocían, pero técnicamente está empatado con Alberto Garzón al ser éste más conocido. Las posiciones destacadas de Talegón y Uralde son importantes por el grado de aceptación de quienes los conocen pero creo que hoy por hoy no tienen proyección social al ser candidatos muy desconocidos.

Así pues, ¿realmente el país quiere a estos políticos jóvenes en primera línea? Los cuatro líderes de los cuatro principales partidos tienen grados de “regeneracionismo” muy bajos, entre el 25% de Rosa Díez y el 10% de Rubalcaba, aunque son mucho más conocidos que los políticos jóvenes. En cualquier caso creo que los resultados de los primeras espadas están viciados por forofismo y fanatización. Por ejemplo, si a un adicto al PP le preguntas si Rajoy puede regenerar la vida política española te dirá que sí, al igual que te dirá sí si le preguntas si va a sacarnos de la crisis, a convertirnos en primera potencia mundial o si cree que es el político que la tiene más grande. El “” no es más que parte del forofismo, de la adicción política, al igual que hace ese 10% de adictos a Rubalcaba que creen que ese señor puede regenerar algo cuando lleva toda la reverenda vida (aunque notemos lo crítico que es el votante del PSOE con su líder. Incluso valoran como más regeneracionista a Cayo Lara e igual a Rosa Díez).
Con los políticos jóvenes es diferente. Podría existir la tentación de decir “” porque es de tu partido pero la gente tiende a ser más sincera y objetiva cuando el candidato es alguien secundario, y todos los políticos de la lista de jóvenes promesas son secundarios.
Me gustaría saber qué pasará cuando a Madina, a Talegón, a Garzón o a Uralde se les conozca más. ¿Qué pensarán los viejecitos que votan al PP? ¿Pensarán que Garzón es un rojo peligroso, Uralde un ecologista verbenero y Talegón una hippie perroflauta? Creo que nunca lo sabremos porque creo que nunca los llegarán a conocer bien, y si llegan a conocerlos lo harán simplemente por una imagen estereotipada de los mismos.

Personalmente creo que Madina es un bluff. No le conozco ningún pensamiento original, ninguna idea novedosa, ningún posicionamiento valiente. Hoy por hoy tiendo a pensar que su principal valor es que es joven, que no está muy manchado (y digo “muy” porque fue diputado la pasada legislatura y votó todas las reformas austericidas de Zapatero) y que ha sido víctima del terrorismo, lo que siempre da un plus cara a los electores.
Talegón me parece, también, otro bluff. Estuvo muy bien la crítica a los hoteles de 5 estrellas donde se reunía la internacional socialista, pero eso era más una acción efectista que una crítica seria. La crítica a aquellos señores debería haber sido el por qué han llevado a millones de trabajadores a la pobreza aceptando las políticas de la derecha, y no la crítica facilona al hotel. No obstante y con toda la distancia creo que ha entendido que estamos en un tiempo político donde el socialismo necesita un cambio radical, y eso es positivo. Le sigo los pasos para ver hacia dónde va.
Alberto Garzón es más de mi agrado. Es un economista crítico, que bebe de las teorías marxistas, post-keynesianas e incluso de las tradicionales keynesianas para desmontar este pensamiento único económico que nos domina. El problema es que tampoco le veo proponer cosas demasiados novedosas en la teoría o en la práctica y creo que eso es algo a exigir a un joven de 28 años que viene del 15-M. Veo demasiado marxismo “heterodoxo” que le gusta decir a él y pocas conexiones con teorías modernas como la economía del bien común. Me gustaría verle discrepar más veces con su partido, que tan ofuscado parece a veces con cosas de otros tiempos. Opino, también, que tiene un punto de autosuficiencia que quizá les sea desagradable a algunas personas, aunque me parece un defecto perfectamente corregible.
Juantxo Uralde también es alguien de mi agrado porque me parece una persona absolutamente honesta. Ha sido activista toda la vida y esto es algo muy elogiable y conveniente en este mundo político de pelotas y trepas. Mi crítica fundamental a él es que se concentra casi exclusivamente en temas medioambientales y creo que eso hoy es algo secundario para la población. Debería entrar mucho más en economía y en asuntos de cohesión social, marcando ese mensaje prioritariamente y desde ahí hacer políticas verdes (algo absolutamente compatible).

En definitiva ¿realmente quiere la población políticos jóvenes liderando los partidos? Pues yo creo que sí, y no por esta encuesta sino porque es lo que percibo en la calle. Pero me temo que la gente quiere políticos nuevos porque está cansada y decepcionada con los antiguos y no tanto por un sentido de regeneración tan bien definido.
Descartados los políticos actuales cabe hacerse una pregunta ¿preferiría la ciudadanía a un Madina o a un Garzón? ¿O preferiría a un Aznar o un Felipe González? Cuidado con esta pregunta porque creo que es relevante. Esta es una encuesta que hay que hacer para ver qué hay detrás de este estado generalizado de frustración.
Porque no sería tan extraño que la gente se refugiase en el pasado político, en tiempos mejores donde había empleo, crecimiento y sobre todo esperanza por un futuro mejor. ¿Cómo recibiría la gente la posibilidad de la vuelta de uno de esos ex presidentes? ¿Está nuestro pueblo vacunado contra ese discurso facilón de “conmigo se creaba empleo” o “conmigo el país progresaba"? Esto no es baladí porque, recordemos, estos políticos han sido quienes han provocado esta crisis con las políticas de las últimas dos décadas, y si nuestro pueblo está dispuesto a otorgarles la confianza de nuevo es que no estamos entendiendo de qué va esto.
La preferencia de la ciudadanía entre los políticos jóvenes o los viejos líderes sería la que nos diría claramente si estamos por la regeneración y hemos entendido la naturaleza de nuestros problemas, o bien si este cabreo social no está adecuadamente orientado y no es más que rebeldía sin fondo ni idea detrás.

Yo sí creo que el país quiere regeneración y gente joven, creo que esto no es Italia con un presidente de la república de casi 90 años que debería estar coleccionando sellos en vez de estar representando al país, pero eso es lo que quiero creer así que eso puede influir en mi percepción.
No obstante tengo la sensación de que en Europa se van a extender en breve los gobiernos de concentración y que es algo que cuando llegue a los países centrales se va a querer imponer en todas partes. No quiero pensar que el último estertor de este régimen político sea un gobierno de concentración PP-PSOE presidido por Felipe González o por Aznar y que, además, lo recibamos entre aplausos.
Regeneración es regeneración, regeneración es mandar a sus casas a quienes han hecho la política de las últimas décadas. Tengamos claro esto y no nos dejemos liar con artificios de distintos tipos que seguro que nos van a poner delante para que la vieja casta política se mantenga en sus posiciones. Confío en que eso es lo que quieren nuestros ciudadanos pero cuidado con la falsa nostalgia, arma poderosa donde las haya.

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