La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







jueves, 25 de abril de 2013

Revolución democrática vs movimientos autoritarios


















Me pregunta mucha gente por qué defiendo a Beppe Grillo (igual que me preguntaban hace dos años por qué defendía el 15-M) aún cuando su movimiento político tiene graves carencias políticas y está impregnado de populismo. Para empezar tengo que decir que yo no soy un fan del movimiento 5 estrellas ni creo que vaya a traer la redención de la humanidad como parece que algunos creen que pienso. Mi defensa se basa fundamentalmente en el rechazo a todos aquellos discursos que califican a este movimiento prefascista o antipolítico, discursos que normalmente se hacen desde posicionamientos políticos interesados y manipuladores.
Esa es una de las razones, pero hay otra más importante que se basa en un cuadro macropolítico que creo que es conveniente explicar y eso es lo que quiero hacer en esta entrada.

Esta crisis que nos asola no es una crisis puntual, es una crisis estructural y sistémica. El modelo de crecimiento económico basado en el endeudamiento y el capitalismo financiero llegó al colapso en 2008 y dejó un pufo que pesa como una losa sobre nuestras economías. Los grandes poderes financieros y los gobiernos de la mayoría del mundo están intentando solucionar esta crisis cargando la factura del endeudamiento a las clases populares y a los estados, lo que está provocando un empobrecimiento de esas mismas clases populares mientras las riquezas de las élites son defendidas e incluso ampliadas, llevándonos a una concentración de riqueza en pocas manos cada vez mayor.
En este contexto los estados democráticos no han sabido en casi ningún sitio desmarcarse de este esquema general. Gobiernos conservadores y social-demócratas por igual han aceptado este esquema y se han dedicado a sobrecargar de impuestos a las clases medias y populares a la vez que destruían los servicios públicos de los que las mismas eran usuarias, provocando la situación de concentración de renta comentada. Daba igual votar a la “izquierda” o a la “derecha” del sistema, las políticas económicas eran las recomendadas por el FMI y, en Europa, por una comisión europea al servicio de los intereses alemanes fundamentalmente.
El ciudadano, por tanto, se ha ido convirtiendo en desafecto al sistema. Los partidos de los regímenes democráticos no están dando soluciones, de hecho difícilmente se pueden percibir las diferencias entre ellos en asuntos económicos. Se presenta esta política de austeridad, impuestos y recortes como inevitable, como única política “seria”, entrando la sociedad entera en un abatimiento generalizado al percibir que esta política vendida como inevitable no lleva más que a la tercermundialización de nuestros países.

Lo interesante de la actual situación es que los ciudadanos han percibido que este “fraude”, que esta política de imposiciones exteriores y de inevitabilidad no es producto de la democracia sino que es precisamente producto de la ausencia de ella, de la ausencia de una democracia “real”. El problema, según la percepción general, no es que la democracia no valga para nada sino es que la democracia no es efectiva, que está secuestrada y que hay que recuperarla.
El movimiento 15-M se basó en eso. El parlamento y los partidos políticos ya no eran la expresión de la voluntad popular sino macro-estructuras al servicio de unos intereses económicos privados que eran contrarios a los intereses de la mayoría. La democracia estaba degenerada, vacía, secuestrada por poderes económicos internacionales y por servilismos políticos hacia gobiernos extranjeros, y por eso de facto estaba inhabilitada. No había democracia “real” detrás de la formal, todo se había convertido en una compleja estructura destinada al mantenimiento del statu quo imperante amordazando la verdadera voluntad popular.
El movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo se parece bastante al 15-M y defiende unos planteamientos parecidos a estos. Ellos piensan que Italia está secuestrada por una clase política que ha situado al país bajo la bota de Alemania y de los poderes financieros internacionales. Los partidos italianos, dicen, son esencialmente iguales cuando llegan al poder, ignoran los designios de la ciudadanía y no son más que estructuras parasitarias del sistema. La confirmación de esta teoría y seguramente lo que le ha dado la fuerza al M5E fue la llegada del gobierno de Monti, un primer ministro técnico impuesto por Alemania y que contó con la aprobación en el parlamento de los partidos tradicionales, que le sostuvieron y apoyaron en sus continuos recortes y reformas que nadie había votado.

Esta situación, es decir, la interpretación de la crisis actual como una carencia de democracia es algo altamente novedoso. En otras épocas de la historia al suceder grandes crisis y procesos de empobrecimiento social como el actual la ciudadanía se ha rebelado contra el sistema imperante en todos sus aspectos.
Los revolucionarios soviéticos, por ejemplo, consideraban que la democracia burguesa era un engaño y que realmente sólo beneficiaba a las élites. Las libertades democráticas no eran más que una ilusión a la que el proletariado y el campesinado no podía acceder, pues estaba sometido de facto a la servidumbre económica. Ahí está la frase que le dijo Lenin al socialista español Fernando de los Rios “Libertad, ¿para qué?”, frase que escandalizó al español pero que representaba un pensamiento muy típico entre los revolucionarios rusos. ¿Para qué quiero libertad si no puedo ni comer? Decían. Ellos no valoraban las libertades democráticas porque no las podían haber ejercido nunca. Eran como un espejismo, una ilusión irreal que no les aplicaba directamente.
Con el auge de los fascismos pasó algo parecido. Ante la crisis de los años 30 parte de la población identificó al conjunto de democracia liberal y capitalismo económico como responsable de la crisis y por lo tanto pensaron que el sistema entero debía ser destruido. Un capitalismo dominado por “judíos” usureros y una democracia que era ineficiente y que no sabía parar el desorden público, según su punto de vista, fue sustituido por un estado totalitario con un liderazgo personal y con una economía de características nacionales y corporativas que debía servir al pueblo de mejor manera que el capitalismo tradicional.
Podríamos ir incluso más allá y situarnos en la revolución francesa, donde los revolucionarios no pidieron más concesiones o privilegios dentro del sistema del antiguo régimen sino que decidieron derrocarlo completamente. El absolutismo real, los privilegios de la nobleza y el clero y el resto de bases del antiguo régimen fueron eliminadas completamente en un proceso de mayor o menor intensidad según el momento, pero de total transformación en cualquier caso.

Lo normal en la historia es, pues, la revolución absoluta que acaba con un régimen o un sistema decadente y acabado. Y por eso mismo creo que no somos conscientes de la enorme suerte que tenemos en la época actual con el tipo de movimientos de cambio que existen actualmente.
Hay una ley de la historia que dice que el sistema social salido de una revolución es, en un primer momento, peor que el inmediatamente anterior. Esto sucede por la sencilla razón de que la revolución acaba con todo lo malo pero también con cosas buenas y más o menos razonables del sistema anterior. Cuando la triunfante revolución intenta edificar su nueva sociedad tarda bastante en hacer funcionar sus proyectos y pasan unos años donde ni lo nuevo funciona ni lo bueno que tenía el sistema anterior existe. Luego la revolución se asienta y logra crear un sistema mejor que el que ha derrocado pero los primeros años son muy complicados siempre. Es por esto por lo que digo siempre que la revolución, aunque a veces necesaria, es la última opción que tenemos.
Bien, pues en la época actual no se pretende hacer una revolución que acabe absolutamente con el sistema existente. Los ciudadanos no reniegan de la democracia, al contrario, valoran profundamente la democracia y los valores del liberalismo político. Por eso la revolución planteada no es para destruir un sistema sino para darle un contenido real a lo que ahora mismo es solo formalismo vacío. Se pide una democracia real, que el pueblo vuelva a tener la palabra, que la sociedad pueda decidir sobre el sistema político o económico, que la democracia también se convierta en una democracia económica donde el crecimiento económico y la riqueza beneficie a toda la sociedad de forma relativamente igualitaria.

En esta revolución democrática se están pidiendo muchas cosas: Representación ciudadana directa más allá de los partidos, democracia directa mediante referéndums, asamblearismo, democracia on-line, democratismo, presupuestos participativos, control democrático sobre la economía, etc. ¿Es todo maravilloso y de color de rosa? De ninguna manera, por supuesto hay peligros. Puede pasar que el democratismo lleve a la tiranía del 51% sobre el 49%, puede ser que el asamblearismo acabe proponiendo tonterías y cosas inaplicables, puede ser que la democracia on-line acabe degenerando o siendo manipulada. Los peligros existen y están ahí pero ¿qué cambio político no tiene peligro?
Defender la revolución democrática no quiere decir estar de acuerdo con el 100% de sus planteamientos. Yo creo que hay cosas que hay que pulir, hay que evitar que los derechos de las minorías y las libertades personales se vean coartadas por un exceso de democratismo, hay que darle un cauce verdaderamente funcional a todas estar reivindicaciones. Posiblemente esta democracia directa y popular tenga que ser compensada con una democracia representativa tradicional, a modo de dos contrapoderes que se limiten el uno al otro para evitar tanto la degradación política como el exceso de democratismo popular.
Pero insisto, es un camino que vale la pena. Los peligros existen, los riesgos también, pero tenemos que ir por este camino. Hay experiencias internacionales que ya existen que se pueden importar (las experiencias plebisticiarias y de democracia directa de países como Suiza y EE.UU, las primarias directas de países como EEUU o Francia, etc.) y hay muchas más cosas que habrá que crear de forma original para darle al pueblo la voz y el poder que reclama.

Y esto vale la pena por otra razón fundamental. Si nos dedicamos a tratar a todos estos movimientos “populistas” y defensores de la democracia participativa de perroflautas, locos, hippies trasnochados, proto-fascistas, etc. Y nos negamos a entrar por ese camino por los peligros asociados, entonces vamos a crear un monstruo mucho mayor.
Porque hoy la gente quiere una revolución democrática que priorice la voluntad democrática y ciudadana sobre los designios de los poderes políticos y económicos extranjeros, pero si este camino se cierra ¿pensáis que la gente va a asumir este estado de las cosas pasivamente? ¿Se va a conformar con esperar a que el sistema genere la solución al problema que él mismo ha provocado?
Si a la gente se le impide la revolución democrática buscará otras opciones que la liberen de esta opresión y de este austericidio. Y os aseguro que la siguiente opción en el camino no va a ser tan “simpática” como el Sr. Grillo o los chavales del 15-M. Si esta opción no funciona, entonces la población comenzará a buscar salvadores y caerá en las redes de populistas de verdad que usan el odio y la focalización transparente del enemigo como discurso político.
Las posturas anti-democráticas, los nacionalismos raciales y económicos, el anti-liberalismo populista, el caudillismo revolucionario…Todas esas opciones se abrirían ante nuestros ojos como alternativas desesperadas al empobrecimiento y satelización de nuestros países. Y cuidado porque no son predicciones probabilísticas, ya hay partidos así. ¿Qué pensáis que es la Aurora Dorada en Grecia? Es sencillamente esto. Es la opción desesperada de personas que tienen que creer en un camino para tener esperanzas, que apoyan a un movimiento porque les da dos platos de comida al día y les presta ayuda a cambio de que asuman su discurso de que la culpa de la pobreza de Grecia la tienen los inmigrantes, la democracia y la globalización.
Eso sí es populismo de verdad, eso sí que es un peligro para la democracia y las libertades públicas. E igual que estos hay otros partidos identitarios en Europa, e igual que estos podrían nacer movimientos de izquierdas basados en el hechizo de un caudillo popular que defienda que es la democracia burguesa la responsable de todos nuestros males.

Yo no soy un fan del Movimiento 5 Estrellas ni pienso que de las acampadas de la puerta del sol va a salir una revolución libertadora. Pero creo que estos movimientos reclaman cosas esencialmente justas, que tienen razón en una parte importante de lo que dicen y que en definitiva lo que están proponiendo son cosas bastante sensatas para lo que podrían estar reivindicando.
Sus reivindicaciones merecen ser contempladas y apoyadas en lo razonable, que es bastante. Yo tengo otra “cultura política”, tengo otras ideas y otras formas de hacer política y seguramente en un momento determinado apoyaré otros caminos más conformes a mi pensamientos si es que los hay. Pero no voy a caer nunca en la satanización de movimientos con diagnósticos certeros y reivindicaciones justas, y menos cuando lo que nos están poniendo delante es una revolución ciudadana y pacífica sin los excesos del pasado.

2 comentarios:

  1. Hace unas semanas me leí dos libros casi del tirón y editados recientemente. Uno es TODO LO QUE ERA SÓLIDO del escritor Antonio Muñoz Molina y el otro ESPAÑA, DESTINO TERCER MUNDO de Ramón Muñoz Moya, periodista. Ya los títulos son lo bastante elocuentes para saber de qué van. Entresaco algunas citas de PRÓLOGO del segundo:

    "Aplicarse en el optimismo antropológico basado en la idea de que la historia siempre avanza y evaluar la actual catástrofe financiera y económica como si fuera una crisis cíclica más. Los hechos y el agravamiento de la situación están demostrando ambas falacias.

    La clase media está en peligro de extinción y se extinguirá como se extinguó los dinosaurios en la Tierra. (...) España está en el centro de esa vorágine de depresión económica sin salida que amenaza con destruir todos los lazos sociales que dan estabilidad a una nación y el futuro de varias generaciones.

    Los mercenarios del optimismo, como yo les llamo porque trabajan a sueldo de los que verdaderamente mandan y han arruinado el país, les han estado contando, y aún hoy lo siguen haciendo con total impunidad, que de ésta también saldremos. Y claro que vamos a salir, pero empobrecidos hasta unos niveles que no se recuerdan desde los años cincuenta, con varias generaciones perdidas, trabajo escaso y mal pagado, y unos jubilados que van a ver esfumarse sus cotizaciones y sólo podrán aspirar a pensiones mínimas de caridad.

    Pese a los mensajes tranquilizadores de los políticos y los medios de comunicación cómplicesm, España está ya inmersa en un retroceso de sus condiciones de bienestar, a los índices de los años cuarenta o cincuenta. El país se está en un empobrecimiento general, con ricos y pobres, sin nada entre medias, como modelo social, y el populismo y la corrupción como sistema político.

    La argentinización de España es hoy una realidad. Los jóvenes preparados tienen como única salida la emigración; el resto, es carne de cañón de las villas-miseria que se están levantando a las afueras de nuestras ciudades. Los trabajadores van camino de convertirse en lumpen, sin conciencia de clase, con salarios de supervivencia, predestinados a jubilaciones con pensiones asistenciales. Que nadie se llame a engaño, el futuro de España se parecerá más a Argentina o México que a Alemania o los países nórdicos.

    El último capítulo de este libro se titula NADIE NOS SACARÁ DE ÉSTA (Pero ojalá me equivoque), en la que trata las diferentes soluciones o recetan que presentan ciertas alternativas políticas o expertos economistas: “los oficialistas, partidarios de un ajuste duro y el recorte a cualquier precio; los keynesianos, a favor del gasto y mayormente público, para despertar la economía; y los utópicos, que confían en la buena fe de la ciudadanía frente a los malignos mercados y los siniestros indivíduos que nos gobiernan.”

    El autor no se encomienda a ninguna de las partes y se mantiene incrédulo porque, “paradójicamente, todas ellas en algún momento se confían a la Divina Providencia”.

    ResponderEliminar
  2. El movimento 15M es nombrado como “una anécdota de color” con que se rellena los telediarios y que “ilustra muy bien esta batalla perdida: no habrá revolución. Por mucho que estética y emocionalmente nos impresione ver una marea de manos blancas como las que agitaban en las plazas estos chicos y chicas del 15M, esa forma de oponerse al sistema es como intentar rendir un rinoceronte buscándole las cosquilles en el sobaco. No se hicieron las revoluciones con palmas al aire ni ni con consignas ilusorias, sino con adoquines y sangre. Ninguna revolución triunfó a base de lemas y buenas intenciones.”

    (…) Queridos amigos del 15M, los niños galeses no salieron de las minas en el siglo XIX porque los potentados sintieran lástima de sus caritas tiznadas y de los lamentos de sus progenitores. Hubo huelgas, queda de propiedades, cargas policiales y sangre. Y lo mismo sucedió con la abolición de la esclavitud y con cada uno de los derechos laborales conquistados en el siglo pasado. Uno por uno. A fuerza de disfrutar de esos derechos en el mundo occidental, nos hemos creido que eran gratis, que estaban incluidos en el contrato. Bastaba con nacer y ya los tenías garantizados. Por eso, ni siquiera nos hemos planteado cómo defenderlos si se ponían en peligro.”

    (...) Los ciudadanos siguen movilizándose más por los triunfos de la selección española o la victoria en la Champion de su equipo que en defensa de sus salarios, pensiones y servicios sociales…

    ResponderEliminar