La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 20 de mayo de 2013

Dos años después del 15-M















Acabo de volver a leer el manifiesto a favor de las movilizaciones del 15-M que escribí hace ya dos años para la comunidad SeR. Leía con cierta pena mi esperanza de entonces y cómo pensaba que el 15-M supondría un punto de inflexión en la realidad social de nuestro país, y a pesar de que decía que no sabíamos qué evolución tendría el movimiento sí estaba convencido de que nada volvería ser igual en España.
No era el único que pensaba así ciertamente. He escuchado a gente mayor decir que el 15-M era lo mejor que le había pasado a España desde la transición y recuerdo a muchas otras personas que pensaban que del 15-M saldría una revolución al estilo de las revoluciones árabes o quizá de la islandesa.

Dos años después, ¿podemos decir que el 15-M fue un fracaso? Francamente no lo sé. Si lo que pensamos es que el 15-M debía haber iniciado una revolución política entonces no nos cabe más que decir que ha fracasado. Acampados en plaza, con una exquisitez extrema y un control absoluto para que nadie hiciese “política de partidos” ni nada violento, se perdieron en las innumerables votaciones y asambleas que organizaban para decidir cualquier cosa. Más que una revolución pacífica aquello parecía un experimento sociológico para ver las ventajas y desventajas de la democracia directa. Con la tendencia absoluta al reality show que hay en la televisión moderna no sé cómo a nadie se le ha ocurrido poner un set de cámaras en un campamento de indignados y hacer un programa con eso.
La causa de este “fracaso” estuvo fundamentalmente en la falta de un proyecto claro. Ahí había gente de todo tipo, indignados todos sí, pero con divergencias extremas en los pasos a seguir una vez la plaza estaba ocupada por las tiendas de campaña. El ideario del movimiento estaba más o menos claro, era la rebelión contra una estafa social que llevaba a la juventud y a la sociedad en general a precarización y al empobrecimiento. El trabajo para todos, la seguridad del mismo, el estado social, la posibilidad de tener una vida digna según la percepción tradicional…Todo eso había sido arrebatado de las manos de una juventud para la que parecía haber vuelto la época de la emigración. El gran acierto del movimiento fue ver que esa realidad, que quizá aún no afectaba duramente a otros segmentos de edad, iba a extenderse por todas las generaciones sin excepción.
La palabra “indignado” lució entonces con todas sus contradicciones. Lo que se rechazaba estaba claro, lo que se quería más o menos también en sus mínimos aceptables, pero el camino para llegar ahí estaba desierto. No había hoja de ruta ni manual para conseguir lo demandado, y cada vez que alguien intentaba moverse las heterogéneas asambleas y la escrupulosidad apolítica acababan paralizándolo todo.

Creo que el 15-M demostró también hasta qué punto vivíamos (y quizá aún vivimos) en una sociedad influenciada por lo políticamente correcto y por la autocensura y el miedo a las críticas. El reconocimiento mediático del 15-M fue enorme, de hecho fue la noticia de inicio de cualquier noticiero durante muchos días e incluso semanas. Las simpatías de la población y de los medios ante un movimiento “apolítico” fue casi total, fuera de cuatro casposos rellenamesas atrincherados en los últimos canales de la TDT. El gobierno no se atrevía a criticarlo (y Rubalcaba fue muy inteligente en la gestión del orden público), la oposición conservadora tampoco porque pensaba que le beneficiaba y los partidos pequeños lo ensalzaban. Había una unanimidad en el halago que finalmente se demostró dañina.
Ante esta situación el movimiento creyó que debían mantenerse en lo que estaban haciendo porque cualquier movimiento en falso podría representar perder el apoyo de una parte de la población. En vez de aprovechar la enorme simpatía creada para avanzar hacia acciones más contundentes y útiles, el movimiento se petrificó en el discurso y en la pacífica reclamación buenrrollista. Y se petrificó también porque continuamente les llegaban interesados mensajes emitidos por políticos y medios de comunicación en que se les decía que si hacían tal o cual cosa se demostraría que eran “cachorros del PSOE” o “cachorros del PP” o “cachorros de IU” o “violentos” o “antisistema” o “vagos” o cualquier otra cosa.
Al final, en vez de ser un movimiento reivindicativo y casi revolucionario se convirtieron en la mujer del César. Había que ser honrados pero sobretodo parecerlo, y en este contexto había que predicar con una vida pulcra y de neutralidad absoluta. No podían apoyar a ningún partido ni ninguna propuesta de ningún partido, no podían intentar mezclarse con la democracia representativa porque si no les iban a caer ataques por todos lados, no podían hacer nada que sonase mínimamente violento ni que molestase a la vida del ciudadano, no podían hacer más cosas que fuesen contra el orden público, no podían parecer vagos que estaban ahí porque no buscaban trabajo, no podían…nada. Cada una de las potenciales decisiones, que debían ser tomadas en asamblea, creaba problemas para la positiva imagen del movimiento y por lo tanto no se tomó ninguna. Cada una de las personas que alzaba la voz en las asambleas estaba influenciada por estos mismos discursos que les exigían esa neutralidad y pulcritud, y el movimiento murió entre discusiones infinitas y ganas de ser simpático.
Las revoluciones nunca son apoyadas unánimemente. Se dice que Gandhi hizo la revolución perfecta, sin violencia y en base a la razón y la convicción pero eso no fue así. Gandhi, como todos los revolucionarios, fue criminalizado por las autoridades contra las que luchaba y por parte de sus paisanos y no tuvo en su lucha ni mucho menos la simpatía generalizada que hoy parece que tuvo. No hay un solo revolucionario a quien el poder no haya calificado de violento, terrorista, malvado y agitador, y no lo va a haber. Quien quiera contar con la simpatía del 100% de la población en una lucha de cambio radical puede olvidarse de eso porque lucha contra un poder establecido que se va a defender con uñas y dientes para mantener sus prerrogativas y parte de esa defensa va a ser la criminalización del adversario.

A pesar de este “fracaso” del movimiento en sus objetivos tampoco podemos olvidarnos de sus éxitos, que lo hubo. El movimiento de indignados se ha extendido por todo el mundo, desde Israel hasta EE.UU, aunque con menos incidencia mediática que aquí. La juventud de todo el mundo tomó por algún tiempo la referencia del 15-M como mecanismo para protestar ante el mismo proceso de degeneración de las expectativas vitales que tenemos aquí.
Pero quizá lo más exitoso han sido los “hijos” del 15-M. Digo “hijos” pero realmente no son hijos, son plataformas y movimientos paralelos al 15-M que se vieron posteriormente beneficiados por esa semilla de indignación que el 15-M y sus movimientos hermanos habían plantado. Puede ser que el movimiento fracasase, pero también es verdad que han dejado un vacío y una sensación de cambio necesario o de revolución aplazada, y ese vacío lo han ocupado otros grupos.
En España el caso más exitoso puede ser la Plataforma de afectados por la hipoteca, que ha conseguido parar centenares de desahucios y generar un estado de ánimo en la ciudadanía sobre la necesidad de cambiar las leyes hipotecarias. La PAH no ha cometido el mismo error que el 15-M, es decir, sí se ha atrevido a hacer más cosas y a desafiar al orden público con los escraches. El gobierno, por supuesto, los ha criminalizado, pero ellos no se han dejado amedrentar. Bien dirigidos por Ada Colau y otras personalidades menos conocidas han sabido que de nada vale la unanimidad en el aplauso si al final no consigues nada tangible y están priorizando los objetivos sobe las simpatías populares. El gobierno los está comparando con Nazis y con la ETA pero las simpatías sociales de la plataforma no se están viendo excesivamente afectadas.
Otro grupo que creo que tiene bastante que ver con el espíritu del 15-M es el Movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo. Grillo ha dicho muchas veces que ellos parten del mismo punto que el 15-M pero que han sabido avanzar más y entrar en el camino de la democracia representativa. Están tocando el terreno del poder y por eso las críticas son cada vez mayores, pero un histriónico como Grillo no se va a amedrentar por eso (de hecho este tipo de personalidades disfrutan siendo el centro de atención, así que las criticas de sus adversarios son contraproducentes). El M5E ha tenido un gran éxito en Italia y parece que va a intentar aplicar los principios de democracia directa en la política italiana. Ya veremos cómo les sale.

Personalmente tengo la sensación de que el país no estaba aún maduro para un 15-M verdaderamente revolucionario. En ese momento ya llevábamos tres años de crisis y hacía uno de aquel famoso Mayo de 2010 donde nos dimos cuenta que nuestro país ya no era soberano sino un protectorado alemán.
Al ver a la izquierda del sistema (PSOE) hacer la misma política de la derecha sin solución mucha gente entendió que el país estaba condenado de seguir con este sistema y esta realidad política. Pero eso, que lo vieron (vimos) una avanzadilla de gente informada y perspicaz, no era todavía la sensación mayoritaria de la población en aquel momento. Había mucha gente entonces que cándidamente pensaba que un gobierno del PP mejoraría las cosas o que la responsabilidad de la crisis era realmente de Zapatero.
Dos años después estamos con casi millón y medio más de parados, con un estado del bienestar más fracturado y parcialmente rescatados por la UE después de la ayuda bancaria. El PP gobierna casi todas las CC.AA desde hace dos años y el gobierno central desde hace año y medio, y la realidad económica del país lejos de mejorar está sustancialmente peor. Los casos de corrupción se multiplican a ritmo vertiginoso y ya alcanzan a todos los partidos y regiones con especial incidencia del partido del gobierno, que hemos descubierto inserto en corrupción y prácticas ilegales durante las últimas dos décadas.
¿Cómo hubiese recibido el país un movimiento como el 15-M ahora mismo? Tengo la sensación de que las cosas hubiesen sido sustancialmente diferentes. Para empezar el actual gobierno lo hubiese criminalizado, pues por alguna incomprensible razón estos gobernantes no cuentan con la maquiavélica inteligencia de Rubalcaba. Además, creo que el país no está ahora mismo para gaitas buenrrollistas y quiere “guerra”, así que un movimiento de este tipo no se hubiese acabado en acampadas y reivindicaciones y hubiese evolucionado hacia una desobediencia civil mucho más activa, quizá con acciones parecidas a las de la PAH pero más generales.

La historia es muy difícil de valorar cuando estás inserto en ella. Depende lo que suceda y quienes sean los vencedores éstos escribirán la historia atendiendo a sus intereses, mientras que los derrotados escribirán una contra-historia quizá con ciertas dosis de irreal épica.
Hoy por hoy no podemos saber cómo tratará la historia a las reivindicaciones del 15-M ¿serán algo puntual, un folclorismo de la historia? ¿Serán consideradas como el primer aviso, el primer episodio de una lucha social por regenerar las secuestradas democracias de principio del siglo XXI y que luego resultó exitosa? ¿O contarán que fue el fracaso de las reivindicaciones pacíficas y basadas en la palabra y que demostraron que el cambio sólo podía venir por una revolución violenta? Francamente no lo sé, pero no sabéis cuanto deseo que sea la segunda, fundamentalmente para que así no sea la primera y tampoco tengamos que llegar a la tercera.

1 comentario:

  1. Hola Pedro -- Muy interesante este tema - me gustaría contestarte en un artículo, como suelo hacer siempre que quiero darte una respuesta más detallada de lo que permiten los hilos.

    A ver si esta semana o la próxima expongo mi particular visión para compararla con tu sentir.

    Saludos

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