La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 22 de mayo de 2013

La envidia como sentimiento movilizador del voto derechista
















Hoy quiero hablar de la envidia y cómo afecta ésta a los comportamientos políticos de las personas. Tradicionalmente siempre se ha defendido, desde posiciones derechistas, que la envidia era algo propio de “rojos” e izquierdistas que ansiaban tener lo que los burgueses habían conseguido.
Todos hemos oído frases como “los rojos son unos envidiosos que quieren quedarse con lo de los demás” o parecidas, típicas de cierto argumentario conservador un tanto casposo y grotesco pero que muchas veces se usa como reacción primaria a argumentos redistributivos. A pesar de lo evidentemente discutible de estas apreciaciones sí podríamos decir que el imaginario colectivo asumió que la envidia, de tener filiación política (que no la tiene), sería probablemente izquierdista.
Pero quiero rebatir este punto con una afirmación radicalmente contraria: Hoy en día, la envidia es un sentimiento primario que ayuda a las políticas derechistas y que colabora con la destrucción de los estados sociales y del bienestar.

Los que “intelectualizamos” la política tendemos a pensar que los sentimientos no influyen o no deberían influir en la política, pero nos equivocamos. El sentimentalismo es algo que está cada vez más presente en la política, quizá por contagio de la política estadounidense donde es central en las campañas electorales.
Tanto los sentimientos más complejos (optimismo, esperanza, etc) como los más primarios (envidia, rabia, egoísmo) están absolutamente presentes en los comportamientos electorales de las personas. Los partidos “de masas”, tanto de derechas como de izquierdas, han usado este sentimentalismo como mecanismo simple de captación de votos. No hay más que ver ejemplos recientes como la esperanza ante un cambio (Rajoy) o el optimismo (Zapatero) para ver que eso es así.
Apelar a sentimientos positivos o un tanto complejos está asumido en la política de masas sin embargo sentimientos más primarios y/o negativos (rabia, avaricia, envidia) también se usan de forma un tanto oculta. De forma disimulada se espolea la rabia de la población contra un rival político, se aprovecha la avaricia de la gente para “comprar” su voto o se usa la envidia para enfrentar a unos ciudadanos contra otros. De este último sentimiento quiero hablar.

He comentado que de forma tradicional la envidia se ha asociado con la izquierda ¿eso tiene algún sentido? Ideológicamente yo creo que no, pues las justificaciones de las políticas de igualdad y redistributivas están bien fundamentadas teóricamente y no necesitan de ese sentimiento para nada. Ahora, sí es posible que sentimientos como la envidia hayan llevado a muchas personas a lo largo de los años a votar a la izquierda (igual que otros sentimientos, como el egoísmo o la avaricia, han podido llevar a comportamientos electorales diferentes).
Cuando los líderes obreros de hace décadas hacían diatribas contra los burgueses y lo que acaparaban mientras los obreros vivían en condiciones pésimas hablaban de justicia, pero quizá se aprovechaban también del sentimiento primario de la envidia. El burgués o el señorito tenían una casa enorme, caballos, vehículos a motor y un tren de vida envidiable, y esto lo veían los obreros que trabajaban para él. El sentimiento de injusticia y la envidia se podían entremezclar apoyando así posturas políticas que fuesen contra esa realidad.
Pero ¿eso es aplicable al mundo actual? No, yo creo que no lo es, y no lo es porque las relaciones de propiedad y trabajo han cambiado mucho. Si existen todavía las típicas empresas con un dueño claro que vive ostentando su fortuna mientras sus trabajadores lo ven diariamente pero en la mayoría de empresas y trabajos este esquema no se cumple gracias a la enorme variedad de tipos de empresa y situaciones económicas.
Hoy en día hay empresas grandes dirigidas por ejecutivos y gestores, que si bien sí tienen sueldos mucho mayores a los trabajadores no son los dueños de la empresa. En otras grandes empresas los dueños y propietarios no tienen trato alguno con los trabajadores y no son más que señores que entran a la sede central de la empresa en un coche de cristales ahumados. En empresas más pequeñas sí se da ese contacto directo, pero hay mucha empresa pequeña en que el dueño ya no es el burgués de antaño sino un señor con dificultades para que su empresa sobreviva en el entorno global. También tenemos la administración pública, donde no hay “burgueses” dirigiendo a los trabajadores, y también podríamos hablar de las subcontratas (los trabajadores pueden no saber ni para quien están trabajando) o de otras muchas situaciones.
Lo que quiero decir con esto es que el esquema tradicional del obrero y el patrón conviviendo en el mismo ámbito (aunque por supuesto no mezclados) y sintiendo la presencia el uno del otro ya no existe de la misma manera.

En el mundo actual podemos asistir a un pulverizado de situaciones pero, sin embargo, tenemos un contacto real inexistente con algunas de ellas. Las grandes fortunas del país y los grandes empresarios son personajes que vemos por televisión pero no en vivo y la mayoría de grandes fortunas nos son desconocidas. Nuestro entorno se compone de vecinos, amigos, compañeros de trabajo y, si trabajamos en una empresa pequeña, nuestros jefes pequeños empresarios.
Este entorno representa un continuo entre la clase media (o media-alta en el mejor de los casos) y la clase baja, con las clases medias de toda naturaleza en medio. Este entorno son realmente “los nuestros”, ese 90% de la población que mejor o peor situados están en una situación subalterna respecto a los verdaderos poderes económicos de nuestro tiempo. Los “grandes burgueses” de nuestro tiempo están en otro escenario.
Quizá debido al gran pulverizado de situaciones económicas o quizá por el exceso de información sobre la vida de los demás tendemos a compararnos con la gente de nuestro entorno, como si no formásemos parte del mismo grupo social. Hace un siglo todos los trabajadores, mejor o peor pagados, sentían formar parte de una misma clase social. Hoy en día eso no pasa, el trabajador privado no siente ese tipo de camaradería con el funcionario, el funcionario siente que no es igual que el autónomo, el autónomo se ve diferente al pequeño empresario y el pequeño empresario trabajador cree que no tiene nada que ver con la señora viuda que vive de las rentas de sus propiedades inmobiliarias.
No sé hasta qué punto nos han inculcado esto pero es la realidad social actual. La gente en vez de sentir que forman parte de un grupo social siente que forma parte de diferentes “realidades sociales” y, por tanto, los vínculos de unión se minimizan y las envidias aparecen. Unos envidian la seguridad laboral de otros, los otros el sueldo de unos terceros y los terceros el prestigio social de los primeros.

Todo esto lleva a la derechización de la sociedad y, de forma más concreta, a la destrucción del estado del bienestar y a la validación de las políticas de recortes y precarización de los demás.
Cuando en 2010 el gobierno Zapatero bajó el sueldo a los funcionarios una gran parte de los asalariados del sector privado pensó “que se jodan, que tienen trabajo seguro y cobran demasiado”. La envidia al funcionario que tenía la plaza segura y que prejuiciosamente se decía que casi no trabajaba llevó a que se validase lo que era, objetivamente, un recorte social por el que se sustraía renta a la clase asalariada para dársela a las clases altas (en este caso para pagarle la deuda a los bancos alemanes). Si tuviésemos un concepto “de clase” o “de pueblo” cualquier persona perteneciente a las clases medias y populares se tendría que haber opuesto a esto intuitivamente, pero la cuestión es que no lo tenemos y por eso se validó, porque nos vemos como extraños.
Lo mismo pasa con las ayudas sociales, por ejemplo. Cuando hay alguien con una renta determinada que cobra ayudas sociales el segmento económico inmediatamente superior (que ya no tiene esas ayudas sociales por renta) tiende a pensar que esto es injusto y que esa clase se “aprovecha” de los impuestos que él paga. Existe un tipo de envidia de arriba a abajo, porque el de abajo cobra algo “sin hacer nada” y el de arriba siente que él no.
Este caso es interesante ¿por qué no piensa este señor de clase media que él paga muchos impuestos comparativamente con quien cotiza mediante el IS? ¿Por qué vuelve su envidia contra el del segmento inferior? Muy sencillo, por puro contacto. El que cotiza mediante IS normalmente es alguien desconocido, y si es conocido pasa desapercibido. Sin embargo el que recibe una ayuda social es conocido, su ayuda es pública y compartes con él la barra del bar y el colegio de los niños. Nuestra miopía nos hace concentrarnos en nuestro entorno y volcar las envidias ahí.
Si existiese un esquema socio-político claro, una distribución social de clases teórica como existía hace 50 o 100 años o unas ideas políticas populares que describiesen el esquema económico de la sociedad claramente, esto seguramente no pasaría. La envidia al prójimo sería soterrada bajo la sensación de pertenecer a un colectivo con intereses sociales parecidos. Pero hoy no existe nada de eso, quizá por el triunfo del postmodernismo, quizá porque los partidos “de masas” han usado eso de “gobernar para todos” generando una sensación de sociedad sin clases falsa o quizá por una realidad económica amplia y complicada que no nos permite hacer esquemas sencillos. O quizá por todas esas cosas juntas.

Los destructores del estado del bienestar están aprovechando hábilmente estos sentimientos de envidia. Se espolea a unos segmentos sociales y laborales contra otros, se intenta hacer ver que ciertos grupos sociales tienen privilegios inaceptables comparativamente con otros y se fomenta una competitividad entre personas que realmente no compiten entre sí.
Uno a uno se van destruyendo los pequeños privilegios de unos grupos respecto a otros. Los sueldos decentes de los trabajadores públicos se bajan ante el aplauso general, la seguridad laboral de los trabajadores privados se elimina ante los sentimientos de venganza de los funcionarios y la aceptación entusiasta de los autónomos. Las pensiones se bajan ante la aceptación de los trabajadores y la gente suele aceptar quitar las ayudas a otros siempre que piensen que ellos no van a tener que recurrir a ellas nunca.
Este es un juego que destruye a todos los implicados, pero los implicados no se dan cuenta hasta que no les toca a ellos. Las envidias producidas por una excesiva competitividad social y por una concepción del “triunfo” que consiste en estar por encima de los demás dominan la lógica de la situación y superan a la comprensión del cuadro completo de transmisión de rentas de abajo a arriba que finalmente perjudica a las propias clases bajas y medias.

Los sentimiento no deben ser el centro de la política y no deben ser usados para el ejercicio de la misma. Son las ideas las que deben ser base de la política. Sin embargo los sentimientos están ahí, influyen notablemente en nuestras percepciones políticas y probablemente influyen más cuanto menos conocimiento político tiene la persona. Obviar su existencia no es adecuado y una apelación secundaria a los mismos, siempre que sean positivos, no me parece mal.
Pero hoy en día los sentimientos más básicos son utilizados para dominar a las masas y orientarlas a la validación de una política determinada. Concretamente la envidia está siendo usada como parte de la destrucción del estado del bienestar y de este proceso de destrucción de las clases medias y populares, y creo que esto es algo que debemos tener claro para intentar combatirlo adecuadamente.

6 comentarios:

  1. Hola, Pedro:

    Un interesantísimo tema, cómo no. Yo creo que es contraproducente e irresponsable decir que la igualdad tiene algo que ver con la envidia porque lo cierto es que no podemos hablar por todas las almas de los hombres que dicen defender la igualdad. Dudo mucho que todos se levanten por la mañana y piensen "joder, qué rabia me da que mi vecino tenga un Jaguar. Ahora voy a ser socialista para joderle".

    Pero mira, yo sí también defiendo la igualdad, hasta cierto punto: Hace un tiempo escribí esto:


    "En un sistema de igualdad democrática, los ciudadanos se abstienen de juzgar a los demás de forma arbitraria sobre “cómo” los demás usan sus oportunidades o si fueron capaces de ejercer la “responsabilidad individual”. No hace falta juzgar así, porque un liberal no condiciona el disfrute de los derechos existentes sobre si los ejerces responsablemente o no. La excepción a esto sería obviamente la conducta criminal."

    El deber básico de los ciudadanos, actuando a través del Estado, no es hacer que todo el mundo sea feliz individualmente sino asegurar que todo el mundo tenga acceso a las condiciones para que sean libres en igualdad.

    La distribución de características naturales viene de Dios y no podemos hacer nada al respecto. Pero sí podemos hacer algo sobre cómo la gente funciona en consecuencia de sus características. La gente no puede convertir esas características como ser feo, no ser inteligente, o tener alguna minusvalía como pretexto para excluírles del funcionamiento general de la sociedad civil.

    En cuanto a tu argumento central en la entrada, comparto bastante lo que dices, aunque por otros motivos. Me llama la atención de sobremanera como la gente es tan destructiva. Porque, si le hablas a esa misma gente que aplaude los bajones de sueldos a funcionarios, serían muchos de los primeros que te dirían que quieren subir el salario mínimo y tener servicios públicos de calidad. Son muy contradictorios y es un vicio que siempre noto.

    Saludos

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  2. Hola Alfredo,

    Mientras escríbía el texto temí que el mensaje que quería dar fuese malinterpretado, pero me alegra ver que por lo menos tú me has entendido perfectamente. Esperaba que alguien me dijese "¿Está afirmando usted que la envidia es una actitud de derechas?" o algo así, afirmación que no he hecho. La envidia, como la rabia o el egoísmo no son de derechas o de izquierdas, son sentimientos primarios y pueden ser usados por las corrientes políticas para atraer adeptos mediante la manipulación de los mismos.
    Eso es exactamente lo que he defendido, que hoy quienes quieren acabar con el estado social y las ayudas públicas y militan en ese "neoliberalismo" aquí al servicio de Berlín y en otras latitudes de otra naturaleza, están aprovechándose de esos sentimientos primarios porque han visto que con la manipulación de los bajos instintos pueden "colar" unas ideas que objetivamente perjudican al grupo social del que quieren buscar la adhesión.

    No pretendía hablar de la envidia como sentimiento genérico, ni de la igualdad de manera absoluta, pero tu comentario me ha traido una imagen a la cabeza de la película "enemigo a las puertas". La película está ambientada en la batalla de Stalingrado y los protagonistas son dos soldados soviéticos (chico y chica) y un comisario político del ejército rojo.
    El asunto es que la chica le gusta a los dos, el comisario y el soldado, pero es el soldado quien consigue estar con ella. En una borrachera del comisario político este comienza a divagar sobre la falsedad de la igualdad absoluta que ellos, los comunistas, estaban buscando. Decía que a pesar de intentar igualar a todo el mundo siempre habrán cosas que nos hacían desiguales, como por ejemplo poder conseguir el amor de la mujer que quieres, o la belleza o cosas así.

    Yo creo que esto es importante porque la cuestión aquí no es buscar la igualdad absoluta, que no existe, sino cierto igualitarismo económico parcial y, sobre todo, justicia y ética en la distribución de la riqueza.
    Estar haciendo sangre porque otro tenga un Mercedes y tú no me parece una actitud chusquera, ha tenido más suerte y ya está. La preguna es ¿es esta "suerte", este hecho concreto de injusta distribución de los recursos, el que provoca injusticia por escasez en la otra parte? Creo que esa es la pregunta conveniente y debe ser hecha basándonos en un esquema general y no individualizando las cosas.
    El problema no es, pues, que tu vecino gane el doble que tú, el problema es que las diferencias salariales entre un ejecutivo y un trabajador sean de 1 a 100 de forma general en las organizaciones empresariales.
    Es muy importante apuntar bien el tiro para no caer en personalismos estúpidos ni en conceptualizaciones miopes de la realidad.

    Saludos,

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  3. Pedro:

    "Mientras escríbía el texto temí que el mensaje que quería dar fuese malinterpretado, pero me alegra ver que por lo menos tú me has entendido perfectamente."

    En los tiempos que corren falta muchas veces la capacidad de "entender al otro" cuando te está hablando debido al sesgo ideológico, que no lógico, que impregna muchas cosas.

    "La envidia, como la rabia o el egoísmo no son de derechas o de izquierdas, son sentimientos primarios y pueden ser usados por las corrientes políticas para atraer adeptos mediante la manipulación de los mismos."

    Completamente de acuerdo.

    "Yo creo que esto es importante porque la cuestión aquí no es buscar la igualdad absoluta, que no existe, sino cierto igualitarismo económico parcial y, sobre todo, justicia y ética en la distribución de la riqueza."

    Bueno, este es un postulado con el que ningún capitalista clásico ha tenido problema alguno. Otra cosa es el fenómeno de los nuevos "revienta ondas" que han surgido en los últimos 20 años diciendo barbaridades en el nombre de "ser de derechas". A esos gritones, en EEUU le llaman "shock jocks" (expertos del shock) y calculan todo lo que dicen para provocar espanto o "shock" en los oyentes - un ejemplo es lo de la "libertad" para traficar con órganos o legalizar todas las drogas.

    "La preguna es ¿es esta "suerte", este hecho concreto de injusta distribución de los recursos, el que provoca injusticia por escasez en la otra parte? Creo que esa es la pregunta conveniente y debe ser hecha basándonos en un esquema general y no individualizando las cosas."

    Interesante esto que comentas. Hace tiempo hicieron un estudio en EEUU afirmando que los "hispanos" en general son más proclives a ver el éxito de otros como producto de la suerte y no tanto del esfuerzo individual. Esto es un matiz importante, porque efectivamente no por "trabajar más y mejor" necesariamente tienes "más" recursos o riquezas.

    También ha surgido otro fenómeno en los últimos años e incluso lo noto muchísimo entre españoles. La de criminalizar todas las ayudas sociales públicas. En no pocas ocasiones, he oído o leído frases como "joder tio, "¿no te da verguenza estar cobrando el "housing benefit" en Londres?", intentando hacer sentir mal a los españoles que han ido a Londres y han pedido esas ayudas (disponibles a todos, no solo británicos). No me gusta esa actitud, a pesar de que abogo por reformar todo ese tipo de ayudas.


    Saludos

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  4. Alfredo,

    El Reino Unido no es una academia de inglés. Hay gente q se viene para acá sin intención de trabajar y para los que el "housing benefit" no es más q un suplemento del dinero de papi y mami.

    Y no es cuestión de criminalizar, pero uno debería sentir vergüenza de recibir ayudas para manternerse a sí mismo (y a su familia). Lo que no quita q, evidentemente, si de verdad las necesita, las solicite.

    Aunque si no recuerdo mal, a pesar del ruido q hizo el UKIP (y la inquietud que este ruido genera en el Partido Conservador), a finales del año pasado el Gobierno saco una estadística en la que se demostraba que en realidad se dan pocos casos de abuso de esas ayudas.

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  5. Francisco:

    "El Reino Unido no es una academia de inglés."

    No entiendo esto...

    "Hay gente q se viene para acá sin intención de trabajar y para los que el "housing benefit" no es más q un suplemento del dinero de papi y mami."

    Que haya gente con estas intenciones, negativas, no significa que el programa en sí sea malo. A mí me gusta la libertad de armas, pero también es cierto que hay gente que se aprovecha de esa libertad para entrar a colegios y masacrar a inocentes. Si eso ocurre, se debe castigar duramente a los responsables, no el programa o la libertad.

    "Y no es cuestión de criminalizar, pero uno debería sentir vergüenza de recibir ayudas para manternerse a sí mismo (y a su familia)."

    ¿? ¿Y por qué uno debe sentir vergüenza por usar un programa legal que lo permite? Nunca diré que todo lo legal es moral, pero no veo la vergüenza en esto, salvo que estén mintiendo en las solicitudes o robando. En tal caso, le corresponde al gobierno británico poner orden.

    "Aunque si no recuerdo mal, a pesar del ruido q hizo el UKIP (y la inquietud que este ruido genera en el Partido Conservador), a finales del año pasado el Gobierno saco una estadística en la que se demostraba que en realidad se dan pocos casos de abuso de esas ayudas."

    No me extraña eso que comenta, porque sino sería un chollo y demasiado "bueno" para ser realidad. Aquí en NY a veces se dan casos también de gente abusando las ayudas, pero son detenidos rápidamente, enjuiciados y castigados severamente, al estílo americano.

    E insisto, el problema no son las "ayudas" - el problema es que con el pretexto de "ayudar a la clase media", más del 37% de la población en EEUU (y creo que es casi la misma cifra en UK) recibe algún tipo de asistencia pública, como el "Medicare" aquí. Ese es el verdadero problema demográfico y abusado, no que un muerto de hambre reciba un cheque de x cantidad a la semana para pagar parte del alquiler o la calefacción.

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  6. Alfredo,

    Significa que hay mucha gente que no tiene nada mejor que hacer en España y se viene al Reino Unido a "aprender inglés", sin intención real de trabajar, y utilizan las ayudas (tmb está el Jobseeker's Allowance) para mantenerse aqui.

    Pues yo creo que cualquier persona decente, aquí y en la China, lo que quiere es trabajar y mantenerse por si misma, y no se siente cómodo recibiendo ayudas del Estado.

    Estoy de acuerdo en lo de que existe un gran sesgo en beneficio a la clase media. Se prometen muchas medidas para las clases más humildes que en realidad solo benefician a las clases medias.

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