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lunes, 13 de mayo de 2013

¿Subir impuestos es de izquierdas?


















Hace unos días leí un escrito del ex ministro de industria Miguel Sebastián que decía que el peor error de Rajoy había sido subir el IRPF y que Rubalcaba no había sido listo en el debate sobre el estado de la nación al no remarcar más este hecho. Sebastián, además, incidió mucho de forma abstracta en aquella idea que Zapatero dijo hace muchos años de que “bajar impuestos es de izquierdas”.
Unos días después el mismo Miguel Sebastián estuvo en el programa de La Sexta Al Rojo Vivo donde insistió en aquella idea matizándola esta vez con un “puede” ser de izquierdas. Ante la estupefacción de algunos presentes justificó su posición en documentos históricos del ideario socialista del siglo XIX donde se hablaba de eliminar “todos los impuestos que injustamente paga la clase obrera”.

Recuerdo como aquel “bajar impuestos es de izquierdas” ya causó mucha polémica cuando fue dicho, a mediados de la década pasada. Los ortodoxos de izquierda lo consideraron algo herético y muy del gusto de ese social-liberalismo inaugurado por Tony Blair. Cuando la crisis llegó muchos le restregaron por la cara a Zapatero aquella frase y justificaron los males económicos en políticas económicas presuntamente derechistas como pudo ser aquella.
Pero ¿tenía razón Zapatero (y por extensión Sebastián)? ¿Realmente bajar impuestos es de izquierdas? ¿O es de derechas y subirlos es de izquierdas? ¿O dependerá del tipo de impuestos que subas o bajes? Me gustaría que razonásemos sobre este tema porque me parece que hay mucho discurso maniqueo alrededor de los impuestos que debemos de erradicar.

Para empezar nos debemos hacer una pregunta ¿Qué objetivos tienen los impuestos? El objetivo fundamental de los impuestos es poder pagar los gastos y necesidades colectivas que gestionan las administraciones públicas. Los impuestos siempre han existido, antaño se cargaban sobre las clases no privilegiadas y servían para mantener la monarquía, su estructura clasista y su ejército fundamentalmente. Las guerras eran la principal causa de aumento de la presión impositiva y era el campesinado, los trabajadores urbanos y la incipiente burguesía quienes pagaban íntegramente estos impuestos.
Pero con las revoluciones liberales y democráticas los impuestos se comenzaron a cobrar a todo el mundo y, adicionalmente, se comenzaron a usar para muchas más cosas: Infraestructuras, obra pública, programas sociales y, más recientemente cuando se desarrollaron los estados del bienestar, para pagar sanidad, educación, pensiones, subsidios de desempleo y otras muchas políticas públicas.
El estado del bienestar y el aumento de la presión impositiva que se vivió después de la II guerra mundial de forma generalizada no es un capricho sino que tiene un objetivo muy específico. Los impuestos y el estado del bienestar (pagado por esa recaudación) tienen una función eminentemente redistributiva. Gracias al estado del bienestar y a los servicios públicos muchos ciudadanos que no podrían acceder a esas prestaciones por sí mismos pueden hacerlo pagando, para ello, una cantidad baja de impuestos.
La proporcionalidad y, sobre todo, la progresividad del sistema impositivo busca ese objetivo. Quien tiene mucho pagará bastantes impuestos y en cambio recibirá comparativamente poco del estado del bienestar. Quien tiene poco pagará pocos impuestos y recibirá de ese estado del bienestar más de lo que contribuye a él. Se establece, pues, una redistribución de renta entre los que más tienen y los que menos a favor de los segundos, con un objetivo igualitario.

Esta progresividad no es un capricho del legislador ni una usurpación inaceptable como algunos interesados pretenden vendernos ahora. En su momento se entendió que la distribución de la renta de forma primaria (es decir, los beneficios económicos que se consiguen a través del capital y el trabajo) estaba injustamente distribuida. Una empresa cuando tiene beneficios (que es el objetivo natural de la empresa en el sistema capitalista) está generando unas plusvalías. La empresa está compuesta por dueños, directivos y trabajadores y los beneficios se consiguen gracias al trabajo colectivo de todos, sin embargo luego los trabajadores se llevan una parte probablemente más pequeña de lo que justamente les correspondería, y los dueños una parte mayor de su aportación a la empresa colectiva.
Aún teniendo en cuenta el concepto de riesgo empresarial y entendiendo que este debe ser compensado económicamente con una parte de los beneficios, la distribución de renta sigue siendo injusta. Por eso los políticos moderados, progresistas e izquierdistas vieron en el sistema del estado del bienestar un vehículo redistributivo para paliar esta injusta distribución primaria de los beneficios producidos.
Ojo, este es un esquema general que se daba en aquellos momentos de forma generalizada. Sé que es difícil valorar qué distribución de renta es justa pero lo que es evidente es que en un momento donde los trabajadores vivían hacinados y los patronos con todos los lujos, cuando todos obtenían su renta de la misma fábrica o explotación, esa distribución era absolutamente injusta e indefendible éticamente. También sé que hay empresarios que se arruinan tomado riesgos y un montón de excepciones a este esquema general, pero eso se debe a multitud de factores adicionales que ya hemos comentado y lo que no debemos perder de vista es que el esquema general del capitalismo es el que comento aquí.

Es conveniente entender la naturaleza de los impuestos para poder hacernos la pregunta inicial. ¿Es de izquierdas subir impuestos? Teniendo en cuenta que el objetivo fundamental de la política social e impositiva es redistribuir la renta no nos cabe más que responder que depende. Depende del impuesto y de su objetivo la subida será de izquierdas o al revés.
Técnicamente tenemos tres tipos de impuestos: Tenemos las tasas (que pagaría cada ciudadano en la misma proporción), los impuestos “planos” (es decir, que tienen el mismo porcentaje para todo el mundo pero que provocan contribuciones diferentes dependiendo la persona) y los impuestos progresivos (que aplican porcentajes diferentes en función de la renta, siendo mayores para quienes más renta tienen). Una tasa municipal que pagasen todos los vecinos de un pueblo y que tuviese la misma cantidad para todos sería el típico ejemplo de una tasa. Un ejemplo de impuesto plano sería el IVA “normal” (del 21%), que todo el mundo lo paga en la misma proporción pero que, sin embargo, genera más recaudación de quienes más consumen por lo que algunos ciudadanos pagan mucho más IVA que otros. Y finalmente un impuesto progresivo sería el IRPF, que tiene porcentajes ascendentes según aumenta la renta. Los impuestos regresivos (que pague menos porcentaje quien más tenga) oficialmente no existen aunque hay ciertas realidades fiscales que llevan a una regresividad de facto en el sistema impositivo.
Bajo este esquema podríamos decir que una tasa es un impuesto que va contra la distribución de renta, pues si todos pagan el mismo importe no se redistribuye renta. Por tanto bajar una tasa sí sería una política de izquierdas a nivel redistributivo (siempre que el objetivo de la misma acompañe) o, en el peor de los casos, "neutra".
¿Y un impuesto plano? Pues en este caso no está tan claro. Podríamos pensar que un impuesto plano, al no ser progresivo, sería un impuesto cuya bajada es propia de una política de derechas. Pero esto no sería así si hablásemos de un impuesto plano que gravase solo a cierto tipo de productos que solo comprase la “clase baja”. ¿Sería de izquierdas bajar el IVA super-reducido? Yo creo que sí, porque favorecería a la gente más humilde. ¿Y su hablásemos de un IVA sobre el lujo? Pues entonces el criterio sería diferente, en ese caso la bajada sí podría corresponderse con una política derechista, porque va contra la redistribución. Hay que tener en cuenta que estos impuestos sobre el consumo se pueden “progresivizar” usando distintos tipos para distintos productos y de ahí mi propuesta de "progresivizarlo" aún más añadiendo un cuarto tipo de IVA para el lujo. Además de “progresivizarse” pueden también afectar sectorialmente a unos grupos u otros, bien porque tengan propiedades, actividades económicas o lo que sea.
Y finalmente ¿es de izquierdas bajar un impuesto progresivo? Pues bajarlo “todo” no, sería más bien una política de derechas al estar bajando un impuesto que redistribuye, pero el propio hecho de ser progresivo te da multitud de posibilidades. Se puede bajar el IRPF máximo o bien se puede dejar como está y bajar los tramos mínimos, y estos movimientos serían absolutamente distintos en su naturaleza. Yo creo que hay que bajar los tramos mínimos del IRPF pero eso no quiere decir que tenga la misma opinión de los máximos. Bajar o subir un impuesto progresivo, sin especificar exactamente qué tramos vas a bajar o subir, no implica nada de por sí.

Así pues me gustaría eliminar estas falsas igualdades de que subir de impuestos es de izquierdas y bajarlos es de derechas, y por la misma razón igual de falsa es la frase de Zapatero de que bajar impuestos es de izquierdas. Bajar impuestos puede ser de izquierdas o de derechas, depende del impuesto, de su naturaleza y de a quién aplique.
Insisto muchas veces en este punto pero creo que es importante: Hay que erradicar la dicotomía de nuestras mentes y analizar cada uno de los casos y de las situaciones. Lo importante es la igualdad y, en un mundo en que cada vez se concentra más la renta entre los poderosos, que los impuestos sean redistributivos. Si las realidades impositivas acaban atentando contra la redistribución o incluso siendo regresivas entonces esos impuestos no nos valen y no tienen sentido mantenerlos.

4 comentarios:

  1. Pedro, por lo que deduzco de muchos de tus escritos cuando tocas el tema de la igualdad, noto que tu principal interés es más bien la igualdad económica y no tanto la social: sexual, racial, etc. ¿Me equivoco?

    En cuanto a lo de subir impuestos, tengo un vídeo que sé que te va a gustar bastante (aunque no comparto una cosa que dice: dice que Thatcher era "socialista". Pero, en lo demás, como tu entiendes el inglés te dejo el vídeo. Habla sobre las cantidades de veces que Thatcher subió los impuestos y lo compara con el supuesto "socialismo" de Obama. Demoledor para los libertarian que adulan a Thatcher sin saber realmente lo que significa el thatcherismo. Tu entrada me hizo recordar ese aspecto, porque efectivamente subir impuestos no es "ser de derechas" o de izquierdas. Se suben cuando no queda otro remedio, normalmente.

    https://www.youtube.com/watch?v=hCTbq7jUsaU

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  2. Alfredo,

    Mi principal interés es la igualdad económica porque es la que creo que está en cuestión. Para mi la libertad "de costumbres" o la "sexual" u otras son cosas ganadas por la opinión pública y conseguidas, y si aún no lo están me parece que no es muy difícil.
    Pero en cambio la igualdad económica es algo que veo en recesión. Cada vez hay menor igualdad social y por eso creo que hay que hacer especial hincapié.

    Respecto a los impuestos. La cuestión es la que expreso en el texto, subir impuestos para conseguir más igualdad es de izquierdas, subirlos para otras cosas (como por ejemplo subir el presupuesto militar) no lo es.
    No creo que Thatcher fuese de "izquierdas" por subir los impuestos, puesto que la igualdad social disminuyó. Hay mucha gente que confunde subir impuestos per se (que sería estatalismo) con socialismo, pero esta es una igualdad falsa de la que hemos hablado muchas veces.

    Saludos,

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  3. Sin ánimo de menospreciar los problemas que genera la desigualdad económica, esto que dices se da mucho también en Nueva York, la desigualdad, pero nunca ha sido una ciudad a la vez tan próspera como ahora. Es normal que como hay tanta riqueza sin paralelos, también notes más la desigualdad. Cuando algo es excelente, lo que le rodea suele destacar por su mediocridad (no digo que los pobres sean mediocres , que nadie se confunda, sino hablo de la percepción que tenemos) ante tantos problemas económicas.

    Estoy de acuerdo con lo demás que dices.



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  4. Aún así, Alfredo, grandes desigualdades siguen significando una mala distribución de la productividad de las empresas y eso no es aceptable si lo que buscas es, políticamente, extender los beneficios de la productividad a todos.
    Ahora, luego están los conceptos de pobreza relativa y esos serán los que marcarán la urgencia en el cambio de este estado de las cosas. Si no hay pobreza, aunque haya desigualdad, los cambios se pueden hacer más paulatinamente. Si la hay, entonces hay que ser más radical.

    Saludos,

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