La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







domingo, 2 de junio de 2013

No, lo siento, no son de clase media














Hace ya varios años, en uno de mis primeros artículos en La suerte sonríe a los audaces, hablé sobre el concepto de “clase media” criticando el hecho de que todo el mundo se auto incluyese en esa clase sin serlo. Era 2009 y ser clase media era una aspiración sostenida en el autoengaño de un falso sentimiento de prosperidad. Cualquiera que tuviera un trabajo y una hipoteca se consideraba clase media de forma grosera y absurda, lo que reflejaba hasta qué punto estábamos narcotizados por una sociedad que nos convertía, así, en seres felices y parte del sistema que se había generado en interés de otros.
En ese momento la crisis había llegado de lleno pero sus síntomas tardarían en cristalizar. Se destruía trabajo de forma terrible pero la gente aún tenía su cobertura de desempleo y la esperanza de encontrar otro trabajo en breve. Las empresas estaban cerrando pero la gente consideraba que era parte del ciclo económico y que nos recuperaríamos. De hecho no estábamos tan lejos de la famosa “desaceleración” de Zapatero. Creo que sólo unos pocos intuíamos que esa crisis iba a ser profundísima y destructiva para nuestro modo de vida.

Han pasado 4 años desde aquel momento y las cosas han cambiado mucho. La gente ha comenzado a agruparse en movimientos y plataformas sociales para luchar contra esta estafa, el bipartidismo poco a poco se hunde irremediablemente, la ciudadanía se prepara para un largo invierno económico y para una explosión social que no tardará mucho. Sin embargo hay una cosa que no ha cambiado nada y es la autodenominación de las personas como clase media.
Leía el otro día una noticia sobre Cáritas y sobre la cantidad de gente a la que atendieron el año pasado. Los responsables de Cáritas decían que atendían porcentualmente a muchos menos inmigrantes que años anteriores ya que éstos estaban comenzando a retornar a sus países. La mayoría de los atendidos ya eran españoles y, de entre ellos, la mayoría eran “de clase media”.
Esta declaración no era una confusión del entrevistado. Continuamente estamos oyendo hablar de las “familias de clase media” que son desahuciadas, de las familias “de clase media” con todos sus miembros en paro y otras muchas desgracias relacionadas con la crisis que les están sucediendo a las personas “de clase media”.
Las clases sociales parece que se han congelado, se han paralizado en 2007 y parece que lo que es un sistema dinámico para la gente es algo estático. Ser de clase media en vez de ser una clase social condicionada a las circunstancias del país y de la economía parece ser un título nobiliario, como el de aquellos hidalgos que no tenían ni para comer pero que arrastraban con orgullo su origen nobiliario.

Cuando se dice que alguien es de clase media realmente lo que se está diciendo es que esa persona o su familia se consideraban de clase media en el año 2007, ya que posiblemente ni siquiera eran realmente de clase media en aquel momento y todo era una figuración subjetiva promocionada por el sistema.
Porque lo siento mucho, pero una persona que está en la cola de Cáritas no es clase media por mucho que se empeñe. Una persona que no tiene para pagar su hipoteca “normal” de su primera vivienda no es clase media y una familia que está pasando penurias económicas, pobreza energética, nutrición deficitaria o cualquiera de los problemas que esta crisis nos ha traído no es de clase media. Una clase media empobrecida no es una clase media, es una clase empobrecida, provenga de donde provenga.
Creo que va siendo hora que acabemos con los viejos tópicos y el viejo lenguaje de la burbuja. La gente que está en paro y necesita trabajar para vivir no es clase media, tener una hipoteca y un piso en propiedad no te hace clase media y ser autónomo o tener un comercio particular tampoco te hace clase media. Estas personas son trabajadores, son de clase baja o popular o como se le quiera llamar, y creo que es conveniente que todos entendamos donde estamos.

Aunque algunos iluminados hayan dicho que las clases sociales ya no existen eso es absurdo. Las clases sociales siempre han existido, lo que no quiere decir que las clases sociales actuales sean las mismas que las clases sociales de hace un siglo.
La división entre burgueses y proletarios ya no existe y la dualidad empresario vs trabajador que era típica hasta hace unas décadas tampoco. Pero hoy tenemos nuevas clases sociales creadas bajo la agrupación de un pulverizado de situaciones económicas y sociales equivalentes a efectos prácticos a las clases de otras épocas. Los parados, los trabajadores mileuristas, precarizados e infravalorados, los autónomos que tienen sus negocios como mecanismo de autoempleo, los pequeños empresarios endeudados al borde de la supervivencia empresarial, los jubilados con pensiones escasas y, en definitiva, cualquiera que dependa de su trabajo y sienta el aliento de la inseguridad vital en su nuca, pertenecen a una clase social agrupada única, llamadla como queráis.
Y luego hay otra clase social, la de los empresarios con sus bienes bien protegidos detrás de sociedades anónimas o limitadas, la de los ejecutivos que se reparten suculentos dividendos y que están protegidos por contratos blindados, la de los especuladores bursátiles, la de aquellos que están insertos en el mecanismo de las “puertas giratorias” entra la política y la gran empresa, la de los que tienen cuentas en Suiza y, en resumen, la de todos aquellos que están en posiciones privilegiadas, que tienen un gran capital y una incertidumbre nula respecto a que van a poder conservar su estatus social en el futuro. Esto es la “clase alta”, clase alta que siempre ha existido aunque no siempre compuesta por los mismos actores.

¿Y no hay clase media? Sí claro, hay clase media, TODAVÍA hay clase media mejor dicho. Hay mucha gente que está en medio de estas situaciones: Trabajadores con buenos salarios, autónomos que ganan bastante dinero, empresarios pequeños y medianos que han conseguido tener empresas rentables y acumular un pequeño capital, etc. Esta verdadera clase media existe, pero ha sido empequeñecida en los últimos años por la crisis y por la acumulación de capital de la clase alta. Digamos que estas clases medias están siendo precarizadas y empujadas hacia la clase inferior.
Los pequeños empresarios no pueden competir con las empresas de los países de bajo coste, los trabajadores de salarios privilegiados están siendo despedidos o viendo recortados sus sueldos y los autónomos están siendo empobrecidos progresivamente por la falta de demanda interna. Adicionalmente, los impuestos a estas clases están subiendo y están cargando sobre sus hombros la carga fiscal que debería cargar la clase alta en un sistema de impuestos progresivos, pero que no carga gracias a la evasión fiscal y a las infinitas figuras fiscales creadas ex profeso para que estas clases altas paguen pocos impuestos.
Y por esto es tan importante que esta menguante clase media entienda que sus intereses y el mantenimiento de su desahogada posición están absolutamente enfrentados a los intereses de las clases altas y, por tanto, unida a los intereses de las clases populares. El austericidio, el sobrendeudamiento cargado sobre los hombros de los contribuyentes, la evasión fiscal, las facilidades y prebendas a las grandes empresas y la precarización de las clases populares son lo que está llevando a la destrucción de la clase media.
El sistema neoliberal está intentando enfrentar a las clases populares y a las clases medias en base a equívocos sobre quién vive de quién. Esta es una estratagema peligrosísima para la clase media y ésta tiene que entenderlo, tiene que entender que su interés es que el funcionario tenga un buen sueldo y el jubilado una buena pensión y no que se baje el salario mínimo o las cotizaciones sociales. Esto último le interesa al señor Rosell y a sus aliados del IBEX-35 y si lo consiguen aplastarán a la clase media.
Y cuidado, el entendimiento tiene que ser mutuo. Las clases más bajas deben entender que la clase media es un aliado imprescindible para poder cambiar las cosas a medio plazo.

En las últimas décadas la “lucha de clases” había sido desactivada en los países occidentales por la relativa distribución de la renta, pero el neoliberalismo se ha empeñado en dar la razón a Marx y la ha reactivado con sus políticas de acaparamiento de recursos y renta.
Y hoy unas nuevas clases sociales están en un escenario de intereses confrontados y en proceso de reagrupación de intereses. Y más vale que cada uno de nosotros haga un proceso de introspección para ver dónde está y qué le interesa. Si crees que eres clase media piénsatelo dos veces porque seguramente no lo eres, y si realmente lo eres espero que sepas elegir bien tu camino, porque como esto no cambie dentro de muy poco vas a dejar de serlo.

1 comentario:

  1. Nunca me consideré clase media. Clase trabajadora, como outsider, ya que el mayor tiempo que he estado en una misma empresa ha sido tres años.Como los trabajos que he tenidos siempre han sido precarios y temporales, entre un trabajo y otro he pasado a veces malas rachas. Pero siempre encontrabas algo, mejor o peor, pero te permitían salir adelante. Ahora no. Todo es disntinto. No sólo por las escasas ofertas que hay debido a la gran recesión sin fín, sino porque las medidas que está aprobando el gobierno no hacen más que perjudicar a los parados de más de 40-50 años, cerrándonos todas las puertas y sin tener la mínima posibilidad de salir adelante. El tiempo corre en mi contra: las ayudas se acaban y los ahorros también, y el empleo no llega.

    Intentemos imaginarnos qué puede pasar cuando los millones de parados y sus familias se queden definitivamente sin ahorros, sin la ayuda de sus padres ancianos o abuelos, o sin la mísera aportación social que aún reciben del Estado. ¿Qué ocurrirá cuando esos millones que están en paro se harten de esperar por un trabajo que nunca llega, o por “algo” que les guíe hacia el futuro? ¿Qué ocurrirá con la salud de los españoles que no tengan para comer y terminen la privatización de la sanidad y no tenga dinero para pagarla, o ni siquiera fuerza para ir al médico? Entonces se mascará la catástrofe. Entonces la tragedia griega será una realidad. No hay que mirar al país helénico, en el nuestro está ocurriendo ya.

    En los últimos tres años ha habido un gran aumento de deshauciados, parados y pobres. Antes, personas como las de la foto existían, se podían ver por los barrios bajos en los extrarradios de las ciudades, o mendigando por las calles céntricas. Pero la mayoría era una minoría discriminada, expresidiarios o vagamundos que habian tenido una gran contrarierad o un golpe de fatalidad y mala suerte en la vida y no se habían recuperado. Cada vez más son gente de clase media, preparada y con estudios. Ni siquiera con teniendo un empleo es ya una garantía de estar a salvo, ya que éstos escasean y los que hay son precarios y mal pagados.

    Para quienes sigue su vida normal le cuesta más abordar el mapa completo de la realidad, ni perciben la hoguera en toda su claridad, porque siguen desayunando a la misma hora y siguen haciendo planes para el fin de semana. El buen rollito, la alegría y el optimismo se acaban en cuando la mierda que está sufriendo mucha gente le llega a uno: como yo no era no me importó, pero que casualidad que cuando sí eres, de repente el mundo se acaba y se caen las gafitas de ver el mundo de color de rosa.

    En ell 2009 negaba la crisis como la negó Zapatero. ¿Crisis, que crisis? ¿Dónde está la crisis? Yo no veo ningún signo, ninguna señal, decía. Trabajaba en un hotel de 4 estrellas, con bastante faena y estresado, la gente comprando el las tiendas, los bares rebosados y muchos restaurantes había que reservar mesa para poder comer. En la cena de empresa de la navidad de ese año, uno de mis jefes me dijo que esperara, que diera tiempo al tiempo, tiempo de que los parados no encontraran trabajo y se les acabaran la ayuda.

    Hoy soy uno de esos parados de larga duración- en dos años sólo he podido conseguir dos contratos temporales, uno de 10 días y otro de dos meses- y las ayudas y ahorros se están acabando, sin posiblilidades nis perspectivas de encontrar trabajo a mis 51 años. El hotel donde trabajé hicieron un despido colectivo y ahora está con la mitad de la plantilla, al igual que han hecho otros muchos, otros han cerrado. Los negocios de hostelería que se mantienen a duras penas por la caida del consumo y las ventas no contratan y la plantilla que tienen tienen que trabajar más horas, por menos dinero y haciendo la labor de dos empleados.

    Así que yo ya estoy en la antesala y veo cada vez más delgada línea lo que me separa de un lado al otro de la valla.

    ResponderEliminar