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lunes, 29 de julio de 2013

El caso Bárcenas explicado como una situación win-win














Antiguamente la corrupción política era simple. Los gobernantes manejaban dinero y de vez en cuando metían la mano en la caja y se llevaban una parte ínfima (o no) para sus usos personales. La corrupción era sencilla, intuitiva, y se correspondía a un robo tradicional y directo. La sociedad lo entendía bien.
Sin embargo la corrupción moderna es mucho más complicada. Meter la mano en el dinero público y llevárselo a casa es de mindundis y de imbéciles, y además es fácil que te pillen. Por eso ahora se procede a la imitación de estructuras mafiosas donde se crea una red de intereses entre muchos actores en la que no se dejan pruebas (excepto algún idiota que firma recibís) y se crean los suficientes intereses comunes para que nadie delate a los demás. Estas estructuras corruptas son infinitamente más eficientes porque, aunque te pillen, las pruebas casi nunca son lo suficientemente claras y con ante un sistema judicial tan garantista como el nuestro las probabilidades de ser absueltos son casi totales.
Adicionalmente hay otro factor que es muy interesante para los corruptos que son personalidades públicas. Las redes de corrupción modernas son tan amplias y tienen tantas conexiones que el ciudadano medio no suele entenderlas bien, y gracias a eso se puede vender el mensaje de que todo es mentira, de que no hay pruebas y de que es una persecución con relativo éxito. Esta corrupción no sólo vale para no ir a la cárcel, también vale para que tu imagen pública quede relativamente a salvo ante los fieles.

El caso Bárcenas es un caso de este tipo. La red es relativamente compleja, tiene multitud de conexiones, hay intercambios tácitos de favores que no tienen una causalidad directa y claramente identificable y no hay una documentación absolutamente definitoria que permita, a la justicia, enchironar a los integrantes de la misma.
He leído por ahí explicaciones simples del caso Bárcenas que están muy bien para entenderlo pero que, quizá, son tan simples que no se llega a entender bien las relaciones que hay entre todos los actores. Así que voy a intentar hacer una explicación también bastante intuitiva pero algo menos simple del caso basándome en un concepto empresarial y de negocios, el ganar-ganar o como se dice normalmente el win-win.
Una situación o negocio win-win es aquel en la que las dos partes negociadoras ganan. En la teoría de las estrategias comerciales siempre se dice que hay que buscar situaciones win-win entre cliente y proveedor, el problema es que esta realidad, tan anglosajona, en España no suele tener ascendente. Los españoles solemos ser desconfiados y avariciosos en los negocios y en la mentalidad de negocios tradicional española no se concibe el win-win. En nuestra mentalidad si el otro gana algo es porque tú has ganado menos de lo que podías ganar, así que realmente has perdido. Aquí se conciben los negocios como el aplastamiento y sumisión del otro a todas y cada una de tus exigencias y este es uno de nuestros problemas fundamentales. La economía española se convierte en una selva de salvajes cortoplacistas que por tanto acaban en las actividades que son consustanciales a esta forma de actuar: Las burbujistas.

¿Por qué digo que en el caso Bárcenas hay un win-win? Veamos. En esta red de corrupción hay, básicamente, tres actores: Los donantes, el PP como partido y los dirigentes del PP como personas individuales.
En esencia el caso Bárcenas es un caso de financiación ilegal por el que el partido gana dinero para las campañas electorales, la publicidad y, en definitiva, para maximizar las posibilidades de que sus cargos públicos accedan a cargos de la administración. El PP es el partido que más publicidad tiene y que más actos convoca y, sin embargo tiene la cuota de afiliación más baja (la mayoría de afiliados ni siquiera paga) y no parece que eso sea razonable.
Los cargos públicos ganaban con la financiación ilegal del partido porque maximizaba sus posibilidades de salir elegidos pero, también, ganaban porque parte de esa financiación ilegal iba a parar a sobresueldos para los altos cargos del partido y, posiblemente, a otros gastos menos llamativos y que no se conocerán. Los sobresueldos en negro no son algo tan raro en España, es más, me atrevería a decir que hace 20 años podía ser algo relativamente normal (y todavía hoy son habituales, aunque ya no los llamaría “normales”). Estos señores del PP no estaban dispuestos a perder dinero por estar en política y los sobresueldos en negro les permitía hacerlo sin violar ninguna ley de incompatibilidades. Total, muchos de ellos estarían manejando dinero negro en sus empresas o actividades ¿qué tenía de distinto?
Parte de la sobreactuación y la rabia que sienten el PP cuando se habla de este caso es porque consideran injusto y cínico que por unos sobresueldos en negro relativamente modestos en relación con el dinero que manejan se les haya puesto en centro de la diana. Para ellos el dinero negro es algo normal y, aunque no pueden decirlo, consideran que lo que han hecho durante dos décadas no era nada tan grave. Estos señores no entienden la necesaria honradez pública ni son capaces de aceptar las responsabilidades extraordinarias del servidor público.

Pero no es por los sobresueldos por lo que este caso es gravísimo. La tercera pata de todo esto son los donantes, empresas que se saltan la ley en dos puntos (tanto en la cantidad máxima que se puede donar como en la prohibición de donar a partidos políticos cuando eres beneficiario de contratos públicos) para financiar al PP. ¿Por qué lo hacen? Pues obviamente lo hacen para recibir contraprestaciones a cambio.
El ciudadano común tiene la tentación de intentar relacionar una donación con un caso concreto. Quiere encontrar una concesión pública al mes siguiente de una supuesta donación, y a ser posible a un precio elevadísimo y con algunos requisitos en el pliego de la concesión hechos ad hoc para esa empresa. Pero buscar esto, que se puede hacer e incluso es posible que algún caso se encuentre, no suele llevar a ningún sitio porque estas tramas de corrupción mafiosas no funcionan así.
Cuando un donante entrega dinero no espera un retorno inmediato y concreto, eso sería soborno y les podrían pillar fácilmente. Los donantes entregan el dinero ilegal de forma “voluntaria” sin esperar contraprestación inmediata a cambio, sino que lo hacen para estar bien vistos. No hay un intercambio tácito de servicios sino que se pretende, simplemente, ser considerada como “empresa amiga”. En un futuro cercano alguien considerará especialmente bien una oferta de esta compañía, o alguien de esta compañía podrá llamar a la sede del PP y hablar con un cargo público, o le recibirán en el ayuntamiento, consejería o ministerio. Eso es lo que se busca.
Si por ejemplo Villar-Mir dona medio millón de euros en 2004 a lo mejor recibe sus frutos en 2008 en forma de concesión o de rescate de autopistas en condiciones beneficiosas. Si Mercadona dona dinero al PP durante años posiblemente los miembros de ese partido se cuidarán, a la hora de legislar, de no hacer nada que perjudique a esa empresa, y en el caso que se proyecte algo nocivo para la empresa siempre podrá Juan Roig reunirse con el ministro o con el presidente para “presionarle” y que cambie ciertos puntos de la ley que le perjudican.
¿Cómo se demuestra esto? ¿Se puede relacionar la donación con los “favores”? Pues es casi imposible. La relación causa-efecto es difusa y muy difícil de demostrar con 100% de seguridad. Hay donaciones de empresas y después hay legislaciones en favor de esas empresas pero ¿son directas? ¿Son causales? Incluso se podría dudar de si son realmente “favores” porque siempre habrá una justificación para haber actuado de esa manera. La causalidad, por tanto, queda como algo intuitivo pero es muy complicada de demostrar en forma de “verdad judicial”.

Esta red de financiación ilegal, favores políticos y sobresueldos está hecha precisamente para que no haya grandes consecuencias judiciales en el caso que, como ha pasado, algo fallase (en este caso que a un tesorero le pillen con un injustificado aumento de patrimonio en países extranjeros). Es posible que se pueda demostrar la financiación ilegal y las faltas económicas de quienes recibieron sobresueldos pero poco más se podrá demostrar. Los verdaderos delitos y los más graves, que son el cohecho y la prevaricación, mediante los cuales se ha cometido un perjuicio a las arcas públicas españolas de una cantidad inimaginable de millones de euros, posiblemente nunca llegarán a ser castigados por claros que estén para la opinión pública y para los propios jueces aunque no puedan condenarlos por falta de pruebas contundentes.
Y por esto digo que estamos ante una operación win-win, o mejor dicho win-win-win porque hay tres partes. Los políticos consiguen cargos públicos y sobresueldos, el partido una financiación ilegal extra para su funcionamiento y los donantes consiguen favores en concesiones, leyes, etc. Todas las partes consiguen beneficios, todas las partes se consideran medianamente cubiertas ante los delitos más graves que consideran indemostrables. Nadie iba a delatar a los demás, porque es precisamente esta nebulosa de favores inconexos la que protege a todos los miembros de la red.
Claro, el problema viene cuando el “bien” con el que estas personas negocian no es suyo, sino que es nuestro. Porque las concesiones públicas se hacen con nuestro dinero y las leyes se hacen con nuestra delegación de poderes. Es nuestro dinero y nuestra voluntad con la que se ha traficado para que se organice una red que se lucra a tres bandas (o a cuatro si incluimos a Bárcenas).

Quiero recordar que llevamos con este tema más de cinco años y si se ha llegado a algún sitio es porque a Bárcenas se le han encontrado decenas de millones de euros en Suiza. Si esto no hubiese pasado, es decir, si un Bárcenas todopoderoso no se hubiese sentido con la capacidad de sacar dinero de la trama para su propio uso (suponiendo que él ha “robado” parte del dinero negro de la financiación del PP) o si no se hubiesen encontrado esas cuentas injustificadas en Suiza (en el caso que las cuentas, gestionadas aparentemente por Bárcenas, realmente contengan dinero de mucha más gente), el caso estaría atascado en un juzgado con un juez que, bien lo hubiese sobreseído, bien hubiese intentado pasarse de la raya para conseguir más pruebas (como Garzón).
¿Qué quiero decir con esto? Mirad, yo no soy jurista ni un experto en leyes, pero creo que no me equivoco si digo que las leyes de este país no están preparadas para luchar de forma efectiva contra las tramas de corrupción con un componente político. Bien sea por el excesivo garantismo de nuestras leyes bien sea por la ausencia de leyes hechas ex profeso para combatir la corrupción político-empresarial, la cuestión es que nos faltan mecanismos para combatir este virus que asola nuestro país.
En una situación como la actual, donde la corrupción es un cáncer que asola nuestro sistema político y que está destruyendo la viabilidad de la democracia misma, hay que ser contundentes y valientes. Hay que comenzar a plantearse una reforma radical de los controles públicos para evitar la corrupción, por un lado, y de las leyes que tenemos para perseguir esta corrupción por el otro. Esta es, posiblemente, la principal reforma que hay que hacer en esta “regeneración democrática” de la que todos hablamos pero que nadie sabe a ciencia cierta cómo hacer.

Esta semana comparecerá Rajoy en el congreso y ya nos imaginamos lo que va a pasar. A no ser que Bárcenas o Pedro J. saquen otra bomba el guión está claro. Rajoy intentará hablar sólo de las cifras del paro, que no son buenas pero lo parecen, y nada de Bárcenas. La oposición intentará hablar de Bárcenas y el presidente les responderá que son unos interesados a los que no les interesan los problemas de los españoles y que él habla de los problemas del paro y los otros de elecciones.
Desde el minuto uno después de la comparecencia los políticos del PP y sus periodistas abducidos o a sueldo repetirán incesantemente la negativa de la oposición a hablar del paro y la vileza de la misma por tan causa. Y así, con otra goebeliana estrategia del PP, nos iremos de vacaciones y nos olvidaremos, por un tiempo, de la enorme podredumbre que emana de las más altas estructuras de este país, llámese gobierno, partidos, casa real o empresas del IBEX 35.
Y la pasividad española hará que nada relevante pase en septiembre, y esperaremos pasivos la nueva ola de destrucción “made in Germany” que nuestro querido gobierno nos preparará para fin de año….Ciudadanos, hay que salir de aquí, hay que salir de este círculo porque nos estamos muriendo, o mejor, nos están matando. No sé si hace falta una revolución, una rebelión, desórdenes públicos, candidaturas políticas de unidad, escraches continuos o a Gordillo presidiendo una cabalgata, pero algo debemos hacer porque se nos están llevando la vida con su podredumbre, su miseria y su desvergüenza.

4 comentarios:

  1. Como bien intuyes, el problema no es de leyes, sino estructural. La corrupción es parte del sistema, no dejará de haber corrupción hasta que cambie el sistema.

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  2. Buena reflexión. En realidad, como siempre. Me ha venido a la mente el viejo mantra de "A pagar, siempre, pocarropa". En fin, que sigo creyendo que sólo un uso intensivo y abusivo de la guillotina puede sacarnos de este atolladero. Cuando estéis dispuestos, avisadme, que voy el primero.

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  3. Estupendo post. Pero yo lo de garantista lo matizaría más. ¿Garantista para quién? ¿para aquella señora que se encontró una tarjeta y compró pañales y alimentos? o ¿Para Jaume Matas, que se ha "forrado" a costa de todos los españoles?. El matiz es importante.
    Un cordial saludo.

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    1. Exacto Adan, esa puntualización es importante. Me refería a garantista para los grandes delitos económicos, no para las cuestiones menores y para la gente sin posibilidad de grandes abogados y grandes recursos.

      Saludos,

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