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viernes, 19 de julio de 2013

La barbacoa destituyente y el peligro de las manifestaciones inútiles












El pasado jueves estuve en la Barbacoa destituyente de Valencia, que para quien no lo sepa es el nombre que se le dio a las manifestaciones que se convocaron enfrente de las sedes del PP de toda España mientras se hacía una parrillada con chorizos de forma simbólica.
La Barbacoa destituyente se convocó por las redes sociales dos o tres días antes de las concentraciones y tuvo bastante poco éxito. En la concentración de Valencia no habría mucho más de 300 personas y parece que incluso en Madrid no pasaron de las 1.000. Estas cifras son, en todo caso, absolutamente decepcionantes. El caso y la situación del país es lo suficientemente grave como para que las concentraciones hubiesen sido enormes y multitudinarias y no simbólicas como fueron.

El otro día me comentaba un amigo que el ritmo de la movilización social había bajado mucho en 2013. Durante todo el año pasado hubo manifestaciones y protestas casi a diario y todos los fines de semana teníamos alguna manifestación convocada por el 15-M, los sindicatos, las asociaciones profesionales, los movimientos sociales o cualquier otra entidad. Las manifestaciones tenían una asistencia decente aunque quizá no enorme.
Sin embargo en 2013, excepto por un par de reivindicaciones concretas, todo está muy parado. Es como si la gente se hubiese cansado de ir a manifestaciones que al final no valen para nada. Se ha consumido la energía de la gente en movilizaciones diversas, desestructuradas y con escasa repercusión.
Creo que cunde el desánimo. La gente se pregunta ¿para qué otra manifestación? El gobierno obvia la calle y la ningunea, haya mil personas o cien mil. El gobierno ni se inmuta a no ser que la manifestación o el acto no lo controlen, es decir, se convierta en algo impredecible. Pero una manifestación en la que los manifestantes se pasean y gritan y que se acaba a las pocas horas de su inicio no les supone problema alguno.
Adicionalmente la represión del gobierno está consiguiendo sus frutos. Cada vez hay más cargas policiales en las manifestaciones, se identifica a la gente y a algunos se les multa en las concentraciones “ilegales”. Los agentes graban con cámaras de video a los manifestantes como método más de coacción que otra cosa. Y ante este panorama mucha gente se asusta y no va a manifestaciones más simbólicas que útiles.

Estamos ante un país muy mayoritariamente indignado, que rechaza al gobierno y lo quiere dimitido pero que, en cambio, no se moviliza y menos de forma organizada y conjunta. Creo que debemos plantearnos por qué está pasando esto.
Cuando se convocan manifestaciones inútiles acabas haciendo un flaco favor a la causa que quieres defender. Los más idiotas de entre los dirigentes del PP pudieron pensar el jueves que, ante la escasa asistencia a las barbacoas de chorizos, los ciudadanos realmente no están mayoritariamente a favor de la dimisión de Rajoy. Eso no es así y los ciudadanos sí quieren la dimisión de Rajoy lo que pasa es que debemos ir un paso más allá ¿están dispuestos a movilizarse para eso? Pues ahora podría parecer que no.
Las manifestaciones son golpes de fuerza y de legitimidad cuando triunfan pero también suponen oxígeno para tus adversarios cuando fracasan. Convocar una manifestación que no va a tener éxito es un error porque se consigue precisamente lo contrario a lo que pretendías y acabas dando la sensación de que no hay un ambiente de protesta real.
Además hay un fenómeno que hay que evitar. En todas las ciudades hay “profesionales” de las manifestaciones, es decir, gente que se apunta a todas las manifestaciones casi sin discriminación. Normalmente esta gente suele ser la más radical, algo que se observa en sus lemas, pancartas o banderas y también en su estética.
Cuando una manifestación tiene poca asistencia a quienes se ve es, precisamente, a esta gente. Y esta gente debe de estar, pero no es suficiente. Si una manifestación quiere ser representativa de la población debe contener una buena representación de la sociedad: Deben ir jóvenes y jubilados, chicos “alternativos” y señoras cincuentonas, intelectuales y amas de casa; y es importante que haya una buena representación social porque si no se empieza a decir que son “los cuatro de siempre” o “perroflautas” o estas cosas, eso se ve en las imágenes de los medios de comunicación y provoca que disminuya aún más la futura asistencia a las mismas, ya que la gente más moderada piensa que ese no es su sitio.

Hace tiempo que pongo en duda la utilidad de las manifestaciones y las huelgas como métodos para cambiar las cosas. Creo que ya no tienen la utilidad de antaño y que ahora solo se consiguen resultados con acciones novedosas, impredecibles y que siembren la sensación de descontrol.
Pero hay veces que las movilizaciones sí pueden servir o haya que hacerlas por alguna razón. Y creo que este es uno de esos momentos. Este país está siendo acusado por toda la prensa internacional de “pasivo”, de tener una sociedad civil sin fuerza alguna, de país corrupto. No podemos permitir esta imagen porque esto tiene consecuencias terribles para nosotros, nuestra imagen y nuestro futuro.
¿Recordáis lo que se decía de Grecia en 2008 o 2009? En ese momento se hablaba de los engaños del gobierno griego en las cuentas públicas, del despilfarro y la corrupción en Grecia. La sociedad europea aceptó de primeras que los griegos eran manirrotos y corruptos y por lo tanto se asumió como normal la imposición de la austeridad a ultranza. Para machacar a alguien sin límite lo mejor es extender el criterio de que se merecen ser machacados.
España es considerado hoy, gracias a su presidente y a sus políticos, un país de corruptos. Y gracias a eso no tardará la prensa alemana en decir que a España no se le puede permitir ninguna desviación económica de los objetivos económicos, que hay que aplicar más recortes y más “reformas”, y se justificarán en nuestra corrupción endógena y en nuestra inmoralidad pública. Los españoles volvemos a no saber gobernarnos a nosotros mismos, y eso lo puede justificar todo.
E insisto, esto no podemos permitirlo. Hay que hacer todo lo que se pueda en todos los ámbitos (mociones de censura, manifestaciones, movilizaciones, etc) porque nos estamos jugando mucho, mucho más de lo que creemos.

Si Rajoy no es obligado a dimitir el país y la sociedad civil tendrá que hacer algo. Pero lo que se tendrá que hacer es una convocatoria unitaria entre partidos, sindicatos y movimientos sociales para exigir claramente algo muy sencillo: La dimisión del presidente del gobierno y eventualmente la convocatoria de elecciones generales para que el pueblo elija.
Supongo que alguien se planteará esto a la vuelta del verano así que espero que lo hagan bien. Menos mini manifestaciones maximalistas y más planteamientos incluyentes, explicando bien el por qué de las movilizaciones y qué nos estamos jugando.

3 comentarios:

  1. Lo dije en su momento y lo repito ahora: se ha machacado a la gente a movilizaciones absurdas que, como era de esperar, no sólo no han tenido el resultado esperado sino que incluso han incidido en contra de lo que se pretendía al convocarlas. La gente se ha cansado de hacer el canelo. Hay quien le da un alto valor a ver mucha gente desfilando tras la pancarta, pero objetivamente eso es una puta mierda: que si hay que quejarse, que si hay que manifestarse, que si hay que... ¡Una mierda! Miren ustedes, las cosas claras, o me sacan ustedes las guillotinas y empiezan a cortar cabezas, sin miramiento ni piedad alguna, o conmigo no cuenten. Y cuando lean "conmigo" lean también "con todos". Es lo que hay.

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  2. Yo creo que a todo lo dicho se debería unir el problema de la radicalización, aparente, de las protestas. No hay un punto de unión entre los convocantes y la inmensa masa social. Así,es difícil hacer algo masivo porque la gente lo ve como acciones de perroflautas que no se sabe si piden la caída del régimen, de la democracia, la república o qué.

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  3. Las manifestqaciones deberíamos hacerlas delante de las sedes de nuestras organizaciones para pedir unidad en torno a UNA candidatura constituyente en las próximas elecciones. Sin eso y con los votos de PP PSOE CIU y otros en contra no va a cambiar nada substancial.
    El momento es crítico, ya están a punto de entrar en las pensiones, después de haber arrasado la educación y la sanidad.
    A qué esperamos?

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