La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/







lunes, 23 de septiembre de 2013

Cataluña y el nudo gordiano














Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos. Desde luego, no creo en la frontera política

Federico García Lorca


Me gustó mucho esta frase de García Lorca que leí en el aeropuerto de Madrid justo antes de embarcar hacia New York porque expresa perfectamente como me siento yo en estas cuestiones nacionales. Y por eso quiero usarla para iniciar un nuevo escrito sobre Cataluña, otro más, en el que probablemente repetiré muchas cosas que ya he dicho y contaré pocas cosas nuevas. Lo sé, pero quiero enfocar este escrito desde otro punto de vista, entre humano y técnico, marcando mucho la diferencia de ambas situaciones y sus implicaciones.

Hace unos días una exitosa cadena humana recorrió Cataluña de norte a sur. Desconozco las cifras, pero por lo que he visto y en un sencillo cálculo eran por lo menos medio millón. Los asistentes dicen millón y medio, y los ridículos medios de la derecha trescientos mil. Bien, ni será millón y medio ni trescientos mil, pongamos la media por decir algo, la verdad es que tampoco es lo importante.
Sé que este acto se llevaba preparando muchísimas semanas por parte de los independentistas catalanes y en los resultados se ha visto. La movilización fue alta, festiva y pacífica. Nada que objetar al acto, a la organización y al resultado. Tengo amigos independentistas y estaban entusiasmados. Creían realmente estar haciendo algo histórico, que eso era el inicio de algo que lleva sin duda alguna a la independencia.
Pero ha pasado una semana y las cosas, objetivamente, están exactamente igual. Nada ha cambiado, ni la carta de Rajoy a Mas tiene nada nuevo, ni la respuesta del gobierno catalán ha mejorado la situación ni las declaraciones de los políticos de la comisión europea respecto a que la Cataluña independiente saldría de la UE son nuevas. Y es lógico que no haya pasado nada porque es extremadamente complicado que pueda pasar algo.

La verdad es que la posición del gobierno Rajoy en este asunto, a nivel político, es bastante cómoda. No está haciendo nada pero es que difícilmente puede hacer algo. Un referéndum en Cataluña no cabe en la constitución y para hacerlo habría que reformarla, y esta reforma no llegaría a tiempo para 2014 en ningún caso (en caso de que quisiese hacerla, que no quiere), por lo que no se puede conceder a Mas lo que desea. Un referéndum consultivo no necesitaría de reforma de la constitución pero entonces hablaríamos de un referéndum que no valdría para nada y por tanto sus resultados serían poco relevantes. Incluso es posible que le cayese alguna denuncia por prevaricación si hiciese un referéndum consultivo, algo en lo que se podría escudar para no hacerlo.
El gobierno se dedica a no hacer nada y, una cosa que está haciendo bien, a no caldear los ánimos. Los ánimos ya los caldean los medios de comunicación de la derecha, tomados interesadamente como opinión oficial “de España” por parte de los independentistas catalanes por mucho que no sea más que la opinión de unos chiflados. Cuando hay gente que quiere conflicto entonces el conflicto se encuentra donde sea, así que aunque el gobierno no haga nada los ánimos no se dejan reposar.
El gobierno y el PP parece que tienen una idea, tácticamente lógica, de que el problema catalán es irresoluble y que hay que “sobrellevarlo”. Como la ley está de su lado y todos los organismos internacionales se van a poner de lado del estado español en caso de conflicto, su objetivo es dejar que el soberanismo se rompa en 2014 si ERC pide acciones unilaterales y CiU no se atreve (ellos suponen que no se atreverá).
Que la clase empresarial catalana, cuyos intereses son capitales en CiU, aceptase aventuras que la pueden dejar fuera de la UE o en una independencia conflictiva para sus negocios es algo prácticamente imposible. Así pues están dejando pasar el tiempo, para desesperación de CiU y alegría de ERC, sabiendo que la ruptura llegará.

Esta estrategia, que parece que es bastante probable que pueda tener éxito, obvia algo que creo que es fundamental: El futuro de la sociedad catalana. Si el objetivo es evitar la independencia la estrategia es impecable, pero si es intentar salir de esta situación de parálisis, odios y permanente desafección creo que no sirve, y si se quiere evitar una posible polarización de la sociedad catalana del futuro tampoco.
Creo que estamos siendo demasiado pasivos porque estamos observando que este independentismo es algo pacífico y que no está habiendo problemas de convivencia evidentes en Cataluña. Y esto es un error porque cuando la frustración llegue creo que la situación va a degradar bastante. A los catalanes independentistas se les está vendiendo una independencia mesiánica que está a la vuelta de la esquina, conseguida mediante una hoja de ruta inverosímil. Cuando pase 2014 y no se haya avanzado ni un milímetro, cuando algunos empiecen a decir que esto hay que encararlo de otra forma y que igual hay que renunciar temporalmente a esa independencia que parecía cercana, entonces las cosas no serán tan sencillas. En un escenario económicamente depresivo habrá tentaciones de buscar traidores, enemigos de la patria, etc.
Los españoles no somos violentos y tampoco los catalanes por extensión. Pero en nacionalismo es una religión política peligrosa y nunca se sabe que puede salir de ahí, de los dos nacionalismos enfrentados que tenemos en este caso. Las altas expectativas generan altas decepciones y en un entorno maniqueo y arbitrario como el que crea todo nacionalismo las cosas pueden ir muy mal. Y eso por no hablar de odios que se pueden solidificar en el tiempo entre vecinos y amigos.

Aquí hay dos posiciones de fuerza en las que nadie está dispuesto a ceder. El gobierno español sabe que las leyes le asisten y que no tiene por qué hacer nada. Si quieren algo que pidan una reforma de la constitución, dicen, con impecable legalidad. Por otro lado el independentismo piensa que la fuerza popular que está ganando la causa independentista llevará a la inevitabilidad de la independencia. La independencia no va a llegar, pero por el otro camino tampoco tendremos una solución adecuada, dejaríamos una peligrosa herida abierta.
La tentación tradicional del progresismo y gran parte de la izquierda española ha sido siempre hacer concesiones al nacionalismo catalán para acabar con la “desafección”, pero es que esto no se debe hacer. Cuando el planteamiento mínimo es que una parte de España tiene derecho a la secesión unilateral entonces no se puede hacer nada, porque abrir este melón sublevaría al resto de territorios y ciudadanos a los que estarías diciendo que tienen menos derechos que otros, algo inaceptable en un marco democrático como el nuestro. Hay una cosa que no debemos olvidar ni asumir del discurso independentista: El gobierno español no es “España”, es el gestor de un país que está compuesto de ciudadanos que viven en distintos territorios. Aquí no hay dos entidades diferenciadas, Cataluña y España, esto es maniqueísmo nacionalista.
No, no debe haber “consulta” ni referéndum de ninguna clase a no ser que mediase una radicalísima reforma constitucional que cambiase absolutamente la concepción de España que tenemos. Y hay una cosa que los ciudadanos de España y los gobiernos no van a asumir, que es que Cataluña es una entidad independiente de España y que éstas pueden tener un tratamiento de colonia y metrópoli, de estados asociados o similar . Eso es una barbaridad histórica, jurídica y lógica y por varias generaciones esto no sería aceptado por nuestros ciudadanos. Y no es sólo eso, es que desde el punto de vista de la izquierda política esto no se puede asumir.

¿Cuál es la solución? ¿Cómo se desata este nudo gordiano? Pues lamento decir que la solución no es fácil, ni rápida ni total. Si alguien piensa que hay alguna solución intermedia que pueda hacer desaparecer al independentismo se equivoca. El independentismo nacionalista no va a aceptar nunca un solo milímetro menos de su objetivo y, si lo hace, será por un rato para desdecirse un tiempo después. Este problema no va acabar así que, en cierta manera, el sobrellevarlo será la única opción, la cuestión es la cantidad de independentismo que habrá que sobrellevar.
Para empezar lo que hay que hacer es crear un nuevo proyecto político que pueda contraponerse con el exultante independentismo. Este proyecto tiene que pasar por una reformulación de la estructura del estado que corrija lo que no funciona y prometa un horizonte de mejor gestión. Esta reforma no tiene que estar orientada para Cataluña sino para el conjunto de España, aunque lo que pasa en Cataluña debe ser por supuesto tenido en cuenta.
Yo creo que casi todo el mundo que no está dominado por el maniqueísmo nacionalista entiende que sólo hay un punto que puede aflojar este nudo gordiano: Una reforma de la estructura fiscal de España. Mas pedía un concierto económico parecido al vasco hasta hace año y medio, algo que no se le podía conceder porque era claramente fomentar la desigualdad, pero ¿y si todas las comunidades tienen un concierto? O mejor dicho, unas haciendas autonómicas que recauden la mayoría de impuestos y que, luego, liquiden con el estado central. Esa solución es igualitaria y puede valer.
Como izquierdistas debemos tener un punto claro en la creación de nuestra propuesta: Hay que garantizar la redistribución de la riqueza y la igualdad. Que se recauden impuestos no quiere decir que no deban redistribuir, un sistema de haciendas autonómicas podría ser mucho más redistributivo, si se quiere, que el actual. Entonces nuestra propuesta debe ser esa: Haciendas autonómicas e igualdad en un estado federal con competencias definidas.
Y esta propuesta debe dejar clara una cosa: Cataluña es España, es tan España como Murcia o Cantabria. Esto es importantísimo tenerlo claro porque si no se entra en un terreno que no controlamos y donde nos pondrán todas las trampas que quieran. Pero ser España debe entenderse no como un castigo sino como algo positivo, igualitario, remarcando las ventajas de estar en un estado grande, aunque no se esté debatiendo la permanencia o la escisión. Ah! Y ser España no tiene por qué decir ser la “nación” española. ¿Y si evitamos hablar de nación en la constitución? España es un estado. Que cada uno ponga su nación donde le salga de las narices, sin implicaciones jurídicas.

Me diréis que esto es algo que no aceptarían los partidos soberanistas y es verdad. Pero los partidos soberanistas son irrelevantes para nosotros, lo que importa son los catalanes y la cuestión es hacer un proyecto que pueda ser atractivo para todos y que abra nuevas perspectivas.
Hay que ganar a la opinión pública y lo demás vendrá solo. Para cumplir este proyecto hay que reformar la constitución o hacer una nueva y está muy bien que se planteé esto claramente para fijar las reglas del juego. Debemos ser conscientes del camino y de que hay que esperar a tener mayoría.
Y en el momento de crear mayorías entonces ya se pactará con los nacionalistas si se puede. Mirad, el otro día se criticó mucho a Rosa Díez porque dijo en una entrevista que con los nacionalistas se puede pactar muchas cosas. Unos la tacharon de cínica y otros de no ser dura, pero realmente nadie entendió lo que dijo. La idea es que nosotros (ellos en este caso) son no nacionalistas (o antinacionalistas) e ideológicamente hay cosas que no se pueden asumir, pero eso es una cosa y otra es no pactar en lo que se esté de acuerdo ni ceder en lo que no sea innegociable. Y esa es la situación que se daría, habría que sumar a los nacionalistas y se tendría que intentar pactar.
Los nacionalistas no aceptarán la simetría ni la redistribución, pero eso no nos puede pillar de sorpresa. Ya se verá hasta qué punto se puede aceptar asimetría y algunos límites a la redistribución, si eso nos lleva a un pacto global que interese a todos se podrán hacer concesiones. La política no es un arte de máximos.

Y si no se puede pactar pues no se pacta, no pasa nada. No es condición sine qua non, se pactará en unas condiciones y en otras será mejor no hacerlo. Puede parecer contradictorio lo que digo pero creo que hay que entender que los partidos políticos nacionalistas entran a veces en unas dinámicas que no se pueden aceptar, como por ejemplo lo que ha pasado en los últimos años.
El gobierno Zapatero aceptó una reforma del estatut para intentar calmar esa famosa desafección. Sin embargo, ya incluso antes de cualquier recorte del estatut original, CiU decía que este era un estatuto para “dos o tres años” y que luego habría que avanzar más. Oiga ¿Cómo que dos o tres años? Para eso no se hace nada. Luego, cuando llegaron los recortes del mismo por parte del congreso y del TC, el estatut quedó modificado pero fue mantenido en su mayoría. En vez de buscar alguna fórmula jurídica para que el TC pasara lo anulado del estatuto prefirieron desentenderse de él.
Con el pacto fiscal de Artur Mas pasó igual. Quería un pacto fiscal y, cuando no lo consigue, entonces pasa a querer un estado propio. Claro, esto es un puñetero cachondeo y como interlocutor te debes quedar de piedra ¿Pero usted qué quiere realmente? En una negociación empresarial te levantabas de la mesa y jamás se vuelve a trabajar con esa gente. En política no se puede hacer eso, claro. ¡Ojo! No estoy diciendo que la actitud de los partidos nacionales fuese exquisita, en absoluto, cometieron errores y muchos, pero estoy remarcando esto “vicios” porque estoy hablando como “fuerza española” y preveo ciertas tendencias con las que no se puede compadrear.

Espero que el texto no haya sido muy denso, pero quería explicar muchas cosas. La situación no es fácil y la solución es de medio plazo. Los problemas en Cataluña no se van a solucionar mágicamente y es muy probable que las cosas empeoren socialmente allí, por lo que hay que estar preparados. También creo que es importante que empecemos a aceptar que la única solución parcial va a pasar por una hacienda autonómica.
Y para ello no hay que ceder ideológicamente en nada. No podemos asumir el lenguaje del nacionalismo ni sus conceptualizaciones, porque son radicalmente contrarias a las nuestras. Y creo honestamente que debemos cambiar las dinámicas de exigencia nacionalista-cesión parcial que han dirigido la política española. Hay que tomar la iniciativa y hacer un proyecto para todos, hay que proponer cosas nuevas y salir del inmovilismo. Que los cambios lleven nuestro sello y no sólo nuestra firma. Hemos de tomar la iniciativa de forma original, creíble y no reactiva.

3 comentarios:

  1. Que hartazgo, que pesadez...otra vez los juegos de patriotas con su sobreabundancia de banderitas, sus patrias, sus himnos, su ortodoxia patriotera que sirvan de cortina de humo para tapar la gravedad de lo que está pasado, del hundimiento, la regresión y la involución a donde nos están llevando.

    Hay que tener muy poca vergüenza y muy poca decencia para estar enfrascados en temas de banderitas de uno y otro color; de exclusiones y odios nacionalistas, tanto españolistas como catalanistas...cuando sus líderes (Rajoy y Más)se entrevistan y negocian en secreto (finales de Agosto), que cuando el 2015 el PP pierda la mayoría absoluta, CIU irá al rescate: el poder es el poder y la pela es la pela. (Hay precedentes)

    Y mientras tanto los tóntos útiles discutiendo de naciones, territorios, banderas e historia. Imbéciles patrioteros agitando banderitas de uno y otro color.

    Y a un internacionalista como yo, cuya patria es el mundo; que paso de banderas y patrias como de la mierda; que desde que nací lo que sufro es el puto nacionalismo español, sin ser nacionalista catalán, votaría sin dudarlo un segundo por la independencia.

    ResponderEliminar
  2. Estoy completamente de acuerdo con el fragmento en que dices: "Lo que importa son los catalanes." Por eso me gustaría escuchar qué quieren decir y no me atreviría a intentar convencerles de que hay una solución, pero que "no es fácil, ni rápida, ni total".
    Alucino ante los sarpullidos que provoca la democracia en algunos.
    Un salut,

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola,

      ¿A quién le provoca sarpullidos la democracia? ¿A mi? Creo que te equivocas.

      Esto ya lo he defendido un montón de veces pero lo voy a repetir una vez más. Que Cataluña sea una nación y no sea España (con Cataluña dentro) una nación es una arbitrariedad y es puro nacionalismo, es crear naciones donde te da la reverenda gana y eso no se puede permitir en la política de un estado.
      Dejar que los ciudadanos de Cataluña decidan si quieren independizarse o no equivaldría a que cualquier territorio con voluntad de hacerlo debería poder hacer lo mismo.Y no hablo sólo de CC.AA hablo de cualquier territorio por pequeño que sea, porque entraríamos en la arbitrariedad total y lo único que importaría es la voluntad del grupo. Eso es, directamente, federalismo desde abajo, que teóricamente está muy bien pero estructuralmente es un disparate, y abriría una caja de Pandora de imprevisible consecuencias que se llevaría por delante cualquiera de los valores que la izquierda defiende. Porque ese independentismo a la carta llevaría a que las zonas ricas se segregasen de las pobres, destruyendo cualquier viso de redistribución de renta y riqueza.

      Creo que se entiende perfectamente el argumento, otra cosa es que a algunos les importe un carajo la igualdad de renta y la distribución de la riqueza, y crean en naciones arbitrarias como entidades con derechos. Y me parece coherente que algunos lo hagan, pero esos son nacionalistas y son derechistas, y yo tengo que combatirlo porque soy izquierdista y anacionalista y eso representa la antítesis a mis ideas.

      Salut,

      Eliminar