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jueves, 31 de octubre de 2013

El post-posmodernismo

















Ya está Pedro inventándose palabras” estarán pensando algunos. Pues sí, ya estoy inventándome palabras y además bien feas, pero es que hay veces que la realidad nos atropella y necesitamos crear nuevas palabras para definir las nuevas realidades. Esto del post-posmodernismo es sólo un borrador de nombre porque evidentemente cuando esto se defina se llamará de otra forma, pero por ahora nos vale.
¿Qué es esto del post-posmodernismo y por qué quiero hablar de él? Es una idea que llevo introduciendo eventualmente desde hace meses y que creo que tenemos que empezar a asumir para avanzarnos al cambio de parámetros culturales que se avecina. Este post-posmodernismo será lo que venga después del posmodernismo en el que hemos vivido en los últimos 30 años y que, aquí está mi tesis, está comenzando a declinar.

Quizá lo primero es definir qué es el posmodernismo. Como indica la propia palabra es lo que vino después del modernismo o la modernidad y que se basó básicamente en la negación de los determinismos y principios de la misma. La modernidad trajo consigo las ideas románticas, idealización del progreso como catalizador del cambio social, las ideologías como vehículo para ganar ese progreso, el concepto de colectividad como sujeto social, etc. El siglo XIX es claramente el siglo de la modernidad, aunque esto se extendió hasta el tercer cuarto del siglo XX.
Pero desde finales de los 70 y, con más fuerza, desde los 80 y la caída del bloque soviético, en nuestro mundo se impuso el posmodernismo como patrón cultural. El posmodernismo cambia el concepto previo de “sociedad” por un concepto mucho más individualista, duda del concepto de “progreso”, se concentra sólo en lo inmediato y en lo personal y hace morir las ideologías. El posmodernismo no cree en verdades absolutas, cree que todo es relativo y lleva eso a un extremo de descreimiento absoluto. Se deja de ser idealista, se deja de creer que el mundo puede cambiar y mejorar y se adopta una posición pasiva ante la cosa pública y ante la injusticia social.
El posmodernismo también nos ha hecho materialistas y consumistas. Sólo importa el ahora y la gratificación inmediata, sólo nos importa la apariencia. Hemos sustituido los grandes valores por una carrera consumista en búsqueda de una felicidad otorgada por el mercado y los productos que podemos comprar en él. Vivimos en una sociedad de masas individualistas, de hacer lo mismo que la masa pero creyéndose ajeno a las preocupaciones y problemas de la misma, una sociedad que duda de todo pero cree a pie juntillas lo que le cuentan los medios de comunicación o le transmiten los nuevos valores de mercado contemporáneos.
La globalización, el individualismo, la muerte de las ideologías, el relativismo; todo eso es posmodernismo. Ojo, no es algo intrínsecamente malo, también tiene cosas positivas. El posmodernismo evita el fanatismo ideológico o religioso gracias a su duda metódica ante todos los valores del pasado. También ha permitido luchas parciales como las de igualdad de género o las medioambientalistas (a costa de otras más generales). No todo es malo, pero yo creo que globalmente ha sido negativo y lo ha sido porque ha permitido la extensión de este imperio neoliberal que hoy nos asfixia.

Sin embargo las cosas han comenzado a cambiar. Esta crisis nos ha hecho ver que los principios en los que edificamos el posmodernismo son bastante más frágiles de lo que pensábamos. El mercado y la globalización se ha demostrado como un arma que es capaz de destruir la prosperidad de países enteros, hemos visto como esa prosperidad que creíamos permanente no era más que una ilusión creada para interés de unos pocos. Ante los problemas no hemos sabido sacar soluciones ni alternativas gracias a que, basándonos en la cultura posmoderna, hemos destruido todas las que venían del pasado y nos hemos negado a crear nuevas.
El otro día el escritor Arturo Pérez Reverte en una entrevista en el programa Salvados hizo la siguiente reflexión sobre la crisis: “La parte positiva de todo esto es que si la crisis dura suficiente para ser agónica saldrá un hombre nuevo, pero hará falta una generación nueva, con niños educados de otra forma, en la austeridad…Y este hombre nuevo será mejor, sin duda, porque tendrá la certeza de que el desastre está ahí y habrá recordado que el mundo es un lugar peligroso”.
La frase me pareció genial, es más, me hizo recordar cosas que he visto. La frase me retrotrajo a la Argentina que conocí a principios de 2012, o mejor que la Argentina a los argentinos que conocí. Viniendo de la Europa consumista y pesimista ante el futuro allí pude ver a un tipo de hombre que no temía al porvenir. Asumía la incertidumbre como parte de la vida y pensaba eso porque había vivido el desastre en sus propias carnes. Estas personas sabían que la prosperidad podía venirse debajo de la noche a la mañana y que el mundo de la economía está plagado de mentiras. Y gracias a eso habían desarrollado un espíritu nuevo, unos valores más centrados en lo humano y menos en lo material, eran personas que disfrutaban más de la vida que nosotros y que habían desarrollado unos mecanismos y unas redes sociales estables que eran la mejor defensa antes los vaivenes de la economía de su país.
Esa Argentina me recordó a ciertos valores sociales que recuerdo ese mundo menos materialista y consumista que veía cuando era niño, en la España de los 80. Esa época en la que obsesión por las cosas materiales y por el estatus social era menor, donde la gente aún mantenía ciertos valores éticos que estaban por encima de lo material, donde los niños eran felices con menos y los adultos también. Era un poco el pasado, los orígenes que recuerdo, pero también era el futuro, era el futuro de España que se ponía delante de mis ojos como una visión futurista.

¿El post-posmodernismo será igual que el modernismo previo? No, en absoluto, será distinto. Compartirá con aquél algunas cosas, porque la negación de lo que antes negó algo lleva de nuevo en cierta manera a los orígenes, pero se estructurará de una manera totalmente distinta. No sabemos cómo será porque realmente todavía no estamos ahí y lo estamos creando a cada momento que pasa, pero me gustaría dar algunas pinceladas sobre cuales son mis percepciones.
Yo creo que una de las bases va a ser la negación de la necesidad de tener cosas materiales para ser feliz. Ya comenzamos a ver una generación de jóvenes que no tiene esperanzas de tener un futuro como el de sus padres, que asumen que tendrán menos y que no podrán acceder a muchas de las cosas que hasta ahora se tenían como objetivos vitales. Ni una casa ni un buen coche nuevo están dentro de sus posibilidades, ni unas capacidades de gran consumo tampoco. Y estos chicos están comenzando a organizar su ocio y su vida de otra manera, volviendo a priorizar los lazos humanos con sus amigos y aprendiendo a gastar poco o nada.
Otra de las cosas que preveo en el futuro va a ser un progresivo “alejamiento” del mercado, es decir, una búsqueda de áreas donde el mercado no entre y donde se puedan establecer alternativas. Ya hay muchas iniciativas basadas en compartir o en generar tus propios recursos. Podríamos hablar de los huertos urbanos o de la búsqueda de cualquier área para cultivar tus propios alimentos, algo que está creciendo tanto como alternativa de “ocio” como forma de generar tus propios recursos. También hay otras cosas que se están comenzando a fabricar en casa, como puede ser la cerveza o algunas bebidas alcohólicas.
Las iniciativas para compartir también están creciendo. Hay muchas páginas web para compartir coche para ir al trabajo o hacer viajes, por ejemplo. Hay gente que cocina para muchos y se intercambia los tupper de comida con otras personas como método de ahorro de tiempo y dinero. También están creciendo las tiendas de objetos de segunda mano y las empresas y páginas web que promocionan el trueque de productos y servicios.
Y todo esto se hace por necesidad, pero una vez se empiece a hacer se va a descubrir que es mejor en muchos aspectos. Cultivar tus propios alimentos y regalar parte a amigos y familiares es un buen mecanismo para fortalecer vínculos humanos y sociales, compartir coche puede ser una buena manera de conocer gente. En nuestro desplazamiento desde lo material hacia lo humano estamos comenzando a ver lo que nos aporta este tipo de iniciativas. Incluso hacer cerveza en un barril en tu casa sirve como excusa para invitar a amigos y vecinos a probar el invento.

Nos falta ver cómo evolucionaremos respecto a la política y la organización de fuerzas y principios políticos. Ahora mismo vemos dos caminos que están desarrollándose paralelamente. Uno representa la vuelta al pasado y a la seguridad de antaño, con la llegada de unas fuerzas “reaccionarias” que poco tienen que ver unas con las otras pero que comparten su tendencia al populismo y a la simplificación de las problemáticas actuales. En este punto podríamos incluir el Frente Nacional en Francia (vuelta a la seguridad del estado y focalización del enemigo en lo que viene de fuera: Euro, UE e inmigrantes), el Tea Party en EEUU (vuelta a un pasado independiente, localista y ultraconservador y focalización del enemigo en el estado) o el independentismo en España (vuelta a la “tribu”, populismo economicista y focalización del enemigo en un estado “que nos roba”). En Latinoamérica, en cambio, este populismo es más de izquierdas y enlaza con las ideologías socialistas/comunistas/peronistas anteriores.
El otro camino es un camino más “novedoso” o experimental, con movimientos ciudadanos que quieren practicar la democracia dejando de lado a los partidos, con iniciativas políticas o sociales que enfrentan a los problemas actuales, como la economía del bien común o todos aquellos sistemas de ayuda social que se están generando donde no llegan los debilitados estados del bienestar. Un discurso regeneracionista y de democracia directa, de cambio, todavía débil y no lo suficientemente estructurado pero que va creciendo y reinventándose sobre la marcha en función de sus errores y aciertos.
Está por ver si una de estas dos vías prevalecerá o, si bien, conectarán de alguna manera y se desarrollará algún tipo de síntesis. Yo creo que esta segunda vía es plenamente coherente con el cambio de paradigma cultural que comentaba unos párrafos más arriba así que me parece difícil que pueda desaparecer sin más. Es posible, también, que nos encontremos ante dos boques de fuerzas que estén destinadas a chocar en un momento futuro.

Esta es la visión que tengo de lo que viene en el futuro. Los paradigmas culturales están cambiando, esta crisis que todavía va a ser larga y nos va a dejar un mundo más difícil que el precedente nos va a cambiar como personas y estos cambios van a afectar a la sociedad y a la política de forma inevitable.

Y cuando los historiadores del futuro escriban llamarán a este nuevo paradigma cultural de otra manera, en función de sus características o de la definición que más éxito tenga. Yo lo llamaré por ahora post-posmodernismo pues no sé cómo va a ser, sin embargo hay una cosa que sí sé: Estamos todos ahora creando este post-posmodernismo, con nuestros actos, nuestros análisis, nuestras apuestas políticas, con estas necesidades que se convierten en una fuerza de cambio. Esto del “fin de la historia” ya se ha acabado. Seguimos.

11 comentarios:

  1. ¡Me encanta! Estoy totalmente de acuerdo que es la línea histórica que va a seguir, independientemente del palabro. :-)

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  2. La bola de cristal la tengo hace tiempo estropeada y no me ve el futuro, así que ignoro lo que nos depara. Mi impresión personal es que sea como fuere el nuevo paradigma no supondrá una solución de continuidad, aunque en mi opinión es absolutamente necesaria. El capitalismo no puede ser la culminación de la "evolución" - permitidme el concepto - de los sistemas económicos creados por la humanidad, ha de haber uno nuevo, diferente - a mí no me da la neurona para aventurarlo -, que abrirá una nueva fase histórica. No sé si viviré para verlo, pero espero que seamos capaces de aprender de nuestros errores.

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  3. Tu artículo me ha hecho recordar la teoría generacional de Strauss-Howe, no sé si la conocerás:
    http://en.wikipedia.org/wiki/Strauss%E2%80%93Howe_generational_theory
    Es una teoría bastante discutible en muchos de sus aspectos, sí. Pero me parece interesante, y en parte comparto, su visión cíclica de la historia en cuestiones de ordenamiento social. Sostiene básicamente que tras un periódo de orden social conservador o centrado en los valores colectivos (1945-1975 en Europa, por ejemplo), llega un período de disgregación social más o menos alargado en el tiempo (quizás el último de estos periódos sea lo que hemos conocido como post-modernismo, con el máximo auge de las ideas liberales tanto en lo económico como en cuestiones socioculturales), que finalmente culmina en una grave crisis social y económica (desde el crack del 29 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, o los años de crisis que atravesamos ahora), y tras lo cual se logra un nuevo ordenamiento social consistente.
    ¿Cuál será ese nuevo tipo de sociedad más cohesionada y centrada en lo colectivo? Ahí es donde considero que se encuentra la respuesta a la cuestión del post-postmodernismo que tú y otros muchos plantean. E imagino que con todo esto se puede relacionar el auge en toda europa de movimientos nacionalistas o neosocialistas, en detrimento de los partidos centristas que han hegemonizado la vida política de las naciones europeas durante las últimas décadas.
    Por supuesto, ni el fascismo ni el socialismo real volverán como tales. El primero solo tiene relevancia en su forma clásica en Grecia y tal vez en algunas zonas de la europa del este, y al otro lado del charco ya vemos a los socialistas del siglo XXI venezolanos, con su eterna transición a un socialismo que ni llega ni probablemente llegue jamás. Es más, hace no mucho escuché al ex asesor chavista español Juan Carlos Monedero comentando que durante el chavismo había aumentado la participación privada en el PIB, curioso socialismo....
    Por mi parte, y esto por supuesto es solo mi opinión, espero y deseo que ese nuevo orden post-postmoderno, y post-crisis, venga acompañado de una ruptura con la globalización tal y como ahora se entiende. No me opongo al comercio internacional, incluso con países como China u otras naciones por el estilo que no destacan especialmente por su rigor a la hora de defender el medio ambiente o los derechos laborales, pero siempre que no suponga un peligro para los intereses de nuestro sistema productivo.
    Y por supuesto, la era de las deslocalizaciones, la migraciones masivas de trabajadores o la facilidad de los capitales para mudar de una nación a otra ha de acabar. El estado no puede asegurar como corresponde que las grandes empresas sean medioambiental y socialmente responsables, si estas pueden irse a otro país con menos impuestos y leyes menos rígidas, confiando alegremente en que sus productos seguirán siendo consumidos en el país del que se largaron dejando a toda la plantilla en el paro. Y del mismo modo, es difícil lograr que la clase obrera mejore sus estándares de vida si los empresarios pueden disponer de un mercado mundial de trabajadores dispuestos a trabajar por una miseria a costa del currito español.
    Ha de romperse con la globalización tal y como ahora se entiende si queremos asegurar el estado del bienestar, los derechos laborales y, en definitiva, una sociedad más segura y cohesionada que a la que nos empuja el ultraliberalismo mundialista post-moderno.
    En fin, creo que ya me he extendido demasiado. Enhorabuena por el artículo y perdona si me he ido un poco del tema.
    Saludos.

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    1. Hola Anónimo,

      No conocía la teoría de Strauss-Howe, la acabo de descubrir ahora. Veo que parece bastante una teoría de "ciclos" de acción-reacción concentrada en el aspecto de la individualidad y la colectividad.
      Personalmente, y sin entrar en estudios históricos que puedan o no negarla, me resulta lógica. El equilibro individuo-sociedad es siempre complicado y es normal que se tienda a que uno de los dos se imponga al otro. Al pasar esto, vemos los problemas de la minimización de la individualidad y la "sociedad" y la generación siguiente intenta cambiarlo.
      Lo que me parece más interesante de esta teoría es que está suponiendo que el momento de "crisis" llega precisamente cuando el individualismo se hace fuerte en detrimento de la sociedad y no al revés...

      Tu comentario me ha parecido enormemente interesante. No sé si llevas tiempo leyendo este blog pero si es así sabrás que comparto casi palabra por palabra todo lo que has dicho.

      Saludos,

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    2. La verdad es que llevo un tiempo leyendo este blog, así que, efectivamente, sabía que probablemente coincidirías parcialmente conmigo en la cuestión de la globalización y su influencia negativa sobre el estado de bienestar, porque hace poco leí aquí un artículo con una muy interesante reflexión al respecto.

      Sobre ese asunto encontré hace poco una interesante pero breve entrevista a Jorge Vestrynge, quien publicó hace pocos años un libro titulado "Proteccionismo y economías de gran espacio" (aún no lo he leído, pero promete ser interesante). Coloco aquí el enlace a la entrevista por si pudiera interesar.
      http://www.rebelion.org/noticia.php?id=169626

      Saludos.

      José Antonio O.

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  4. Hace tiempo que he querido tratar este tema contigo y con otros, pero me alegro que inicies el punto de partida. Muchos se van a sorprender con lo que diré a continuación: En parte, lamento la muerte (aunque no es algo demasiado asentado aún) del postmodernismo.

    El término "postpostmodernismo" se lleva usando desde hace un tiempo en EEUU, entre los académicos.

    La época actual me resulta simplemente una pausa, una calma inquietante antes de una tormenta en formación. Y, a la vez, es una época caracterizada por su ansiedad, por nuestra ansiedad, más bien. Nuestra generación tiene demasiadas inquietudes e incluso sueños que sospecha no son realizables.

    Esperamos "algo", pero no sabemos qué. El espíritu postmoderno era más bien crítico, experimental y el de ahora es tentativo.

    ¿Qué nos depara el futuro? ¿Más fascismo? ¿Más totalitarismo? ¿Populismo? ¿Nacionalismo? Tú tocas todos esos temas en tu entrada. Todos son posibles.

    No sé qué es mejor, lamentar esta muerte en la tumba del postmodernismo o celebrar nuestro ingreso en la cueva oscura que se avecina.

    Soy protestante y en parte el postmodernismo era el tataranieto lógico y directo del protestantismo.

    Muchos viven vidas que llamaría yo de miseria tolerable o tolerada, más bien, por ellos.

    Te hago una pregunta también, para provocarte:

    ¿No es cierto entonces que la muerte del postmodernismo es un poderoso motivo para eliminar las subvenciones a las artes? El futuro no se podrá crear a través de la financiación pública, así que el dinero invertido en expresiones culturales que están quedando obsoletas...

    Yo todavía no estoy preparado para afirmar que el postmodernismo haya muerto, pero lo que sí echaré de menos del mismo, encima de otras consideraciones, es aquella frase famosa que tanto caracterizó a los 80: "No existe la sociedad, solo hay individuos y familias", Margaret Thatcher, 1987. Y es que, los protestantes liberales llevamos la iconoclasia en nuestro ADN mental y político.

    Saludos

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    1. Hola Alfredo,

      ¿Por qué dices que hay que eliminar las subvenciones a las artes por acabarse el posmodernismo? En teoría el posmodernismo es individualista y anticolectivo y por tanto sería lógico que las subvenciones públicas se minimizasen bajo esa cultura (que es lo que ha pasado).
      Pero como no sabemos como será el post-posmodernismo no sabemos en qué eje nos moveremos ¿volveremos a algo más colectivo? Pues si es así y el estado tiene todavía poder e influencia, entonces debería ser lo contrario,es decir, la política de subvención pública se podría fortalecer.
      Pero si, en cambio, este post-modernismo sale del "mercado" como yo he pronosticado y sus colectivos son más grupales, vecinales o locales, y el estado no recupera la fuerza anterior, entonces sí que es posible que este modelo de subvención de las artes esté efectivamente en crisis.
      No obstante, aún siendo así, al venir un mundo menos materialista probablemente las artes vuelvan a tener un papel más parecido al que tuvo tradicionalmente y no tanto como "artes de consumo rápido" que es posiblemente lo que tenemos ahora.

      En fin, es complicado, si no me siento capaz de prever qué va a pasar a nivel social y político imagínate a nivel artístico. Lo que es evidente es que las cosas van a cambiar y la adaptación va a ser general.

      Saludos,

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  5. No he dicho que "haya" que eliminarlas...solo te lo preguntaba a raiz precisamente del postmodernismo, porque al menos el postmodernismo reconocia el mérito que toda obra podia tener. Y, como hablabas con cierto positivismo de la muerte del postmodernismo, pues...esto podria ser una consecuencia, porque el postmodernismo si creia al menos en el estado...y no sabemos qué podria ocurrir ahora.

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    1. Ah, vale, es que creo que tu lo estás enfocando como algo artístico (posmodernismo en el arte). Yo lo estaba enfocando exclusivamente en el terreno político y social pero sin implicación artistica.
      Claro, cuando me has preguntado por el posmodernismo y el estado yo lo he enfocado desde el punto de vista político y he divagado sobre la función del estado. Pero veo que ibas más por el terreno artístico, por ese concepto de "todo es arte" que existe en la época posmodernista ¿verdad?

      En fin, no sé decirte, creo que entramos ya más en debates artísticos que yo no domino. Personalmente el "arte moderno" no me suele gustar, con algunas excepciones. Me refiero fundamentalmente a los campos de la pintura y la escultura. Valoro más la pintura o la escultura anterior a la II guerra mundial. En el MOMA en NY me gustó mucho la planta del arte de principios del XX (cubismo, impresionismo, surrealismo) pero el resto, más moderno, en fin digamos que no me interesó mucho.

      Saludos,

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  6. Al igual que tú, no domino much el tema artístico (aunque sí puedo llevar una conversación bastante intensa sobre el tema) pero, a mí tampoco es que me "guste" el arte moderno, a nivel estético, pero sí cre que ha sido muy útil para el comercio capitalista...ya me entiendes.

    Sí, iba más bien extendiéndolo en este tema a eso de "todo es arte", etc.

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  7. Encaja con mi idea de transición, el fin de los nacionalismos y de las xenofobias, en Europa, coincidirá con el fin del miedo de la una mayoría de los ciudadanos, a través de una salida a la crisis populista de valores democráticos, que acompaña a la crisis económica.

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