La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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lunes, 7 de octubre de 2013

Hegemonía cultural y estrategia equivocada














Después de la encuesta de Metroscopia del mes de octubre para EL PAÍS, en la que el PP parece recuperar tres o cuatro puntos porcentuales de voto respecto al mes anterior, ha surgido de nuevo una ola de pesimismo entre todos los que son opuestos a las acciones y políticas de ese partido. Escuchando hablar por la calle o simplemente leyendo los comentarios de los periódicos digitales o el propio twitter, puedes observar comentarios del tipo “van a ganar las elecciones otra vez”, “la gente es imbécil”, “este país no tiene remedio”, etc.
Estas reacciones pasionales son muy españolas y creo que expresan bien una realidad poco edificante. El otro día comenté que es entendible que los votantes rezagados del PP quieran creerse sus patrañas, pero que reaccionar así demostraba que los opuestos al PP acababan creyéndose también esas patrañas. Aceptar eso de que “si la economía vuelve a crecer ganarán las elecciones” es precisamente ser víctima de esa propaganda, porque entonces se asume lo que ellos quieren que se asuma, que el crecimiento o las cifras macro económicas son lo único importante y que lo demás no importa. Mucho cuidado en caer en las garras propagandísticas del adversario, no vaya a ser que también pertenezcamos a ese grupo de tontos sobre el que despotricamos.

Técnicamente la encuesta de Metroscopia de octubre da los mismos resultados que la de julio, así que no hay nada tan raro. Metroscopia cambió hace unos meses su estimación de participación de poco más del 50% a más del 60%. Esos más de diez puntos de diferencia hicieron que el PP, que sacaba porcentajes de voto inferiores al 25% con baja participación, automáticamente subiese al 35% sin cambiar nada. Esto no es más que efecto de la cocina de la encuesta que supone, por suponer algo, que casi todos los potenciales abstencionistas a la hora de votar votarían al PP (y alguno al PSOE). Esto, más que una verdad estadística, es una apuesta política con base técnica.
¿Cambió algo de septiembre a octubre? Sí. Lo de Bárcenas se ha diluido un poco (de tanto machaque mediático parece que la gente ya pasa) y, sobre todo, el gobierno volvió de vacaciones con una nueva estrategia propagandística basada en el broteverdismo zapateril, es decir, en los mensajes tipo: “Hemos tocado fondo”, “hemos comenzado la recuperación”, etc.
El votante potencial del PP quiere escuchar buenas noticias y recibe esta propaganda como una autojustificación a su voto y a su tendencia ideológica. Si realmente ha comenzado la recuperación, se dicen, es posible que el año y medio que hemos pasado y todo lo hecho haya valido la pena. Encerrados en sus propios buenos deseos, se acepta la comparación con 1996 y se vuelve a creer en el PP como partido serio que arregla la economía. Todo esto es muy lógico y muy normal psicológicamente, tan solo tiene el pequeño problema que está sostenido sobre una nube y sobre la más pura irrealidad. Y por eso es un arma de doble filo. Al gobierno socialista se le acabó la credibilidad cuando los brotes verdes se marchitaron y, en principio, nada indica que aquí no pueda pasar lo mismo. Personalmente creo que el gobierno está siendo muy patoso y está cometiendo el mismo error que Salgado y Zapatero.

Pero lo que más me interesa del caso es lo que subyace de fondo en la propaganda del PP y lo que los ciudadanos han asumido como verdad absoluta. Desde el poder se está vendiendo que la recuperación económica es el único objetivo real y posible, y se comunica abstractamente que esa recuperación es la línea roja real entre el fracaso del gobierno o su éxito. Hay momentos en que parece que ni siquiera el paro importa, pues lo único importante es el crecimiento económico, los objetivos de déficit y el cambio de tendencia en la generación de desempleo. El discurso llega a puntos tan surrealistas que parece como si el hecho de que el paro se estabilice en torno al 26-27% sea para montar una juerga.
Parte de los ciudadanos asumen que sus propias desgracias personales no importan. Tener a tus hijos en paro, que te hayan bajado el sueldo, que te vayan a congelar la pensión por los siglos de los siglos, que se pague más por los medicamentos o que los derechos laborales estén en vías de extinción parece que no importa o que es un peaje a pagar para conseguir el “crecimiento económico” y “la recuperación”. A veces parece como si de la más extrema individualidad postmodernista hubiésemos pasado a una especie de totalitarismo social donde una cifra en dólares o euros justifica los esfuerzos y desgracias de toda la nación.
Al final no importa que haya individualismo extremo desactivador de protestas sociales o colectivismo pseudo-totalitario justificador de objetivos nacionales arbitrariamente seleccionados, todo se mezcla interesadamente en función de una variable básica: El interés del poder, extendido propagandísticamente como interés de la nación.

Hace ya casi un siglo el filósofo y político marxista Antonio Gramsci habló de la “hegemonía cultural”. La hegemonía cultural era, para Gramsci, esa cultura hegemónica que las clases dominantes han impuesto a la sociedad para defender así sus propios intereses. Los puntos de vista sociales y políticos y las creencias sociales generales son aquellas que interesan a las clases dominantes para mantener su status y situación. Las “clases subordinadas” han sido educadas en esos valores como mecanismo de pervivencia del actual estado de las cosas.
Gramsci hablaba de la hegemonía cultural para explicar y combatir esa fantasía marxista que decía que el capitalismo estaba condenado a desaparecer a manos de una revolución política proletaria. Para los marxistas tradicionales los proletarios, al ser más, acabarían apoyando la revolución porque era lo que objetivamente les convenía, pero Gramsci opuso la hegemonía cultural a esa idea explicando como el proletariado estaba educado en unos valores y concepciones que eran los que le interesaban a la burguesía y que, en base a esas concepciones, asumían el estado burgués y sus intereses como algo “propio” o incluso útil para ellos.
Gramsci hablaba de ideas como “la nación”, o “el crecimiento económico” o la inevitabilidad de ciertas realidades (que hubiese burgueses y proletarios, el sistema capitalista) como parte de esa hegemonía cultural de la burguesía. Esas ideas eran las que había que combatir en primer término antes de cualquier cambio revolucionario.

Yo creo que hay muchas cosas del marxismo que están obsoletas pero las ideas gramscianas de “hegemonía cultural” son plenamente vigentes hoy aunque en una forma ligeramente distinta. Esta idea que he expresado del crecimiento económico por encima de todo es un claro ejemplo de hegemonía cultural y de cómo quienes tienen el poder y dominan el sistema imponen sus ideas. A la gente se le vende que el crecimiento económico beneficia a todos y que es un objetivo “común” de la sociedad, y esto se asume de forma generalizada incluso en contra de los propios intereses. De hecho, en busca de ese crecimiento se justifica cosas como bajar los salarios o las pensiones pero, de forma a veces inverosímil, mucha gente asume este sacrificio por algo abstracto y que no tiene por qué beneficiarles.
Otro ejemplo claro de hegemonía cultural es eso de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Este concepto, creado para extender las responsabilidades de una minoría de dirigentes económicos y políticos sobre toda la sociedad, ha sido benévolamente aceptada por los ciudadanos que han incluso interiorizado que el querer tener una casa o un coche en propiedad era pecado de avaricia. Quien había concedido un millón de créditos riesgosos quedaba así a la misma altura que aquel pobre señor que se compró un piso con un salario mileurista, pareciendo que ambos tenían una responsabilidad de igual grado. Es más, a veces no contentos con esta dispersión equitativa de responsabilidades había quien estrangulaba el argumento diciendo que los señores que hicieron quebrar el sistema financiero no eran responsables de nada porque habían actuado bajo la lógica del sistema capitalista (ganar más y más y más) mientras que los endeudados ciudadanos sí lo eran por consumo irresponsable.
La hegemonía cultural está presente en todos los ámbitos y de forma mucho más sutil. En España, por ejemplo, usamos las cifras de paro como estadística importantísima y casi sagrada. Si ahora mismo todos los trabajadores convirtiesen sus puestos de trabajo a jornada completa en puestos a media jornada, cediendo esa otra media jornada a parados, no sólo es que acabaríamos con el paro en un instante sino que tendríamos que traer a millones de inmigrantes para trabajar. Tendríamos un paro del 0% pero ¿iría el país mejor? Pues no, iría peor, porque entonces casi todos los trabajos estarían por debajo de los ingresos mínimos necesarios y se extendería la pobreza de forma generalizada. ¿Con un 0% de paro iríamos peor? Por supuesto, pero seguro que habría quienes saldrían a brindar delante de las masas por haber acabado con el paro. Esta sacralización de las cifras del paro es hegemonía cultural también.

Nuestro sistema político en España también está sostenido por la hegemonía cultural, en este caso política. El bipartidismo PP-PSOE es “bueno”, “inevitable” y conveniente. Estos partidos y estos bipartidismos con dos partidos que se tocan por el centro se han sacralizado y se han vendido como garantía de estabilidad ante el riesgo de una alternativa radical, populista y destructora.
A los españoles se nos ha enseñado a ser del PP o del PSOE (en algunas comunidades también a ser nacionalistas o no nacionalistas), la hegemonía cultural política nos ha querido insertar en el sistema para convertirlo, así, en inmutable. “El voto útil”, “la casa común” de la izquierda o la derecha, etc. No son más que mecanismos para mantenernos dentro de un redil controlado que beneficia a las élites políticas salidas de la transición. La dualidad aceptable y controlable es parte de la hegemonía cultural de esta época.
Teniendo marcado a sangre y fuego ser del PP o ser del PSOE, ¿tan extraño resulta que la gente quiera votar al PP? La hegemonía cultural económica y la política juegan en la misma dirección y lleva al fortalecimiento del statu quo y la tradición electoral. Si el sistema de partidos español se desmorona es porque ha quedado más que demostrado que el sistema está obsoleto, sus partidos caducados y que necesitamos algo nuevo. Pero, en contra de eso, hay una poderosa fuerza conservadora que lleva a la sociedad a no cambiar, a creerse los mensajes repetidísimos e inverosímiles, a buscar la comodidad en la que hemos sido educados. Es la hegemonía cultural.

Al final tengo la sensación de que nos estamos equivocando en casi todo. Si todavía tenemos una sociedad que aprovecha la mínima ocasión para volver a votar a los de siempre es que tenemos un problema. Si la sociedad sigue asumiendo que lo importante es el crecimiento económico, el déficit público o el parámetro que interese al gobierno de turno o al sistema es que vamos mal. Si la sociedad sigue creyendo que no hay alternativa, que lo único que se puede hacer es atraer a los inversores y beneficiar a las empresas, montar casinos y saraos como política de bienestar, etc. Es que no hemos avanzado casi nada en los últimos 5 años.
Hablamos de frentes de izquierda, de frentes anti-troika o de ideas parecidas pero ¿tenemos objetivamente la base social para que eso vaya a algún sitio? Aquí parece que la cuestión sea sumar partiditos y siglas y que la gente, al verlo, se sumará entusiasmada, pero se equivocan. Esto es parte de ese positivismo marxista infantil con sus teorías de “predeterminación” de la revolución, es un grandísimo error que parece mentira que se esté cometiendo.
Lo primero y lo fundamental es, usando la terminología de la película Matrix, “liberar mentes”. Hay que acabar con esta hegemonía cultural e intentar proponer una nueva, distinta y alternativa. Hay que denunciar y desenmascarar cada una de las mentiras que nos cuentan y paralelamente estructurar bien una alternativa económico-política, ambas cosas se deben hacer a la vez y se debe ser especialmente insistente en este punto. De nada valen mil manifestaciones y huelgas defensivas si no hay un proyecto alternativo al que acogernos.
Pero los primeros que hemos asumido la hegemonía cultural, sin quererlo, hemos sido nosotros. Los líderes de la “izquierda alternativa” se empeñan en usar el lenguaje y los métodos tradicionales que marca el sistema para hacerse aceptables a los ojos de la mayoría, ojos que miran a través de esa hegemonía. Es el camino fácil y corto pero es el equivocado porque creo que es incompatible con el otro. A veces creo que confundimos rupturismo con dogmatismo alternativo cayendo en el segundo sin militar realmente en el primero.

Yo propongo comenzar de nuevo, por frustrante que parezca. Volvamos al principio, al desarrollo teórico, a poner en duda y a rechazar esta hegemonía cultural en todo aquello que no nos parezca bien. Creo que no debemos entrar en los terrenos de debate que nos marcan, que son tramposos y están fabricados con la predeterminación de lo que solo tiene una solución. Salgamos de los debates de falsa dualidad, es decir, no perdamos el tiempo en querer posicionarnos en todo e ir siempre a lo “menos malo”. La mayoría de veces es mejor mostrar la trampa del debate y cómo, dentro del sistema y de las opciones que se nos dan, no hay solución.
Y para ganar la hegemonía cultural es bastante importante no sectarizarse. Vuelvo al otro día y a lo que dije de las nuevas clases sociales que surgen de esta crisis. Cualquier sector en precarización es aliado potencial de nuestro proyecto y mal haremos en separarnos de ellos por clichés antiguos. Hay que ser inclusivos. Tengamos claro contra lo que luchamos (el imperio neoliberal) y los aliados aparecerán fácilmente delante de nuestros ojos. Otra cosa es que sepamos atraerlos y sepamos ver bien qué es lo accesorio y qué es lo fundamental para poder llegar a acuerdos y sumas positivas.

¡Ah! Hay veces que la gente más activista critica a los bloggers que nos dedicamos a escribir pero que, a la hora de la verdad, no nos movilizamos como deberíamos. Bien, pues creo que con este escrito se puede rebatir esta crítica. Luchar contra la hegemonía cultural es un paso primero y necesario para cualquier cambio profundo. Gramsci también decía que aunque todos los hombres eran potencialmente intelectuales no todos actuaban como intelectuales en una sociedad. Creo que escribir en un blog hoy día puede ser actuar como intelectual aunque también puede ser lo contrario, es decir, repetir propaganda acríticamente. Dependerá del contenido.

Si este blog vale para que 200 o 300 personas sean capaces de cuestionar las patrañas que diariamente nos cuenta el poder político y económico yo me doy por satisfecho.

6 comentarios:

  1. Has escrito una entrada muy analítica y me parece interesante el hecho de que, nada más termiinar mi entrada hoy, he entrado aqui y me encuentro con justamente algo que justamente está criticando duramente la línea monetarista o "hegemónica" como decis vosotros, que mantengo. Ha venido bien verla porque yo nunca he negado que existan hegemonías.

    Sin entrar en el tema económico (porque sencillamente NO podemos estar de acuerdo en eso y seríia perder el tiempo en debates inútiles), sí comparto gran parte de lo que dices de la sociedad española, aunque lo he visto manifestarse en otras formas que me chocan igual que a ti.


    En España se nota un miedo muy terrible a la hora de desarrollar criterios políticos o mejr dicho, análisiis independientes. Parece que la mayoríia española es alérgica a cualquier cosa que se salga de los esquemas prefabricados. No es que aqui en EEUU todo el mundo sea un analítico o erudito, no, no, pero la gente suele ver "interesante" si tienes criterios al margen de lo precocinado. Es notable ver como en España la gente repite mucho más las frases hchas que aquí. El ejemplo lo pones tu y es el mas notable ahora: "hemos estado viviendo por encima de nuestras posibiidades". Se ve un pueblo muy conformista.

    En EEUU pasa algo parecido pero distinto a la vez: la actitud es más bien que hay una mayoria que acepta el "sistema" y vosotros en la izquierda, contra eso, no podéis hacer nada. Por eso gran parte de tu entrada realmente se reduce a un gemido. Analítico, sí, pero gemido de desesperación que ninguno de vuestros "movimientos" ha prendido una mecha de estallido social contra el "malvado sistema" capitalista.

    Ya lo dice el antiguo refrán: "Es mejor suplicar para que te perdonen antes que pedir permiso".

    Desde una óptica capitalista, te diré además que la industria del entrenimiento, tal y como debatimos el otro día, canaliza esa furia y relaja a las personas. Todo lo que antiguamente era tiiempo dedicado a la "cultura" o pensamiento ahora está copado por el entretenimiento inmediato y gratificante.

    A eso le tienes que añadir el hecho de que la gente está muy cansada y apenas tiene tiempo para "ellas mismas" como para encima ponerse a manifestar. Lo que olvidais muchos en la izquierda es que un pobre, sobre todo en un pais tan absolutamente orgulloso como es España (los españoles tienen fama en la angloesfera de ser MUY orgullosos en sentido negativo) "Spanish Pride" lo llaman...y además un país anárquico, porque los españoles jamás se han organizado bien ni tienen carácter para eso...pues entenderás por qué la gente no protesta mucho.

    Un currito cualquiera en España prefiere además seguir como está antes de percibir que se está manifestando con "muertos de hambre", que siempre son otros, no él o incluso, menos si en esas manifestaciones hay inmigrantes, etc. ¿A cuántos españoles tu les oyes decir que son pobres, incluso ahora con la crisis? El 99,9999% te dirá que "soy clase media".

    El paíis es inmaduro, por otra parte. No tiene una tradición democrática sólida, no hay concepto del deber cívico como en EEUU o Reino Unido. Mira que EEUU es un pueblo "dormido" en muchas cosas, pero jamás se toleraría aqui el nivel politico de España, con su falta de transparencia, falta de respeto a todos, etc.

    Mientras que un americano medio te dirá "hay que cambiar eso" o "voy a hacer lo que pueda para responsabilizar a los corruptos", el español medio te dirá "es lo que hay". Ese fatalismo semita es letal para el movimiento que tú quieres construir. Estás en el país equivocado, Pedro.

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  2. Por último, esto: "Cualquier sector en precarización es aliado potencial de nuestro proyecto y mal haremos en separarnos de ellos por clichés antiguos. Hay que ser inclusivos."

    ¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso no sabes lo mal que acaba siempre el fusionismo? Eso es precisamente lo que pretendia Losantos en la Derecha. El maldito fusionismo que detesto. No Pedro , NO: una cosa es colaborar puntualmente, otra es el fusionismo y la asamblea permanente que solo provoca disidencia constante. A mi me gustan los movimientos sólidos y unitarios dentro de la diversidad en oposición. No hablo de tener diferencias de opiniones, pero no deben ser graves diferencias.

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  3. Alfredo,

    Gran parte de lo que dices es muy interesante y comparto casi todo tu análisis sobre al sociedad española. Realmente he dividido la hegmonía en dos, una "económica" (en la que no has entrado porque sería repetir debates) y una política a nivel español, que es la que has tratado y en la que no tenemos puntos de vista muy diferentes.

    "En España se nota un miedo muy terrible a la hora de desarrollar criterios políticos o mejr dicho, análisiis independientes"

    Eso es cierto pero es que nos han educado así. Quizá en EEUU, al ser los partidos más "mixtos" y tener gente que opina cosas diferentes sobre ciertos temas, la gente siente más libertad para discrepar sin que eso la aleje del "grupo". En España los bloques son monolíticos.

    "Por eso gran parte de tu entrada realmente se reduce a un gemido. Analítico, sí, pero gemido de desesperación que ninguno de vuestros "movimientos" ha prendido una mecha de estallido social"

    Mi análisis no es muy diferente al que hizo Gramsci hace 100 años, y lo he querido hacer aquí porque creo que hay enseñanzas que olvidamos. La "revolución" no va a estallar porque sea justa o conveniente, la revolución tiene toda esa hegemonía cultural como losa que la limita e impide. Creo que se olvida esto y se cae en la frustración al ver que las cosas no pasan como lógicamente creemos que deberían pasar.
    Pero mi entrada no es pesimista, al contrario, analiza el por qué y pide que se tenga esto en cuenta antes de tener objetivos irrealizables y buscar caminos que no llevan a ningún sitio.

    "la industria del entrenimiento, tal y como debatimos el otro día, canaliza esa furia y relaja a las personas"

    Sí, es cierto, pero no podemos caer en absolutismos porque entretenimientos ha habido siempre y los sistemas han ido cambiando. La cuestión, más que el entretenimiento existente en sí, es la incentivación a dedicarte a eso en vez de a las tareas de índole intelectual.

    "la gente está muy cansada y apenas tiene tiempo para "ellas mismas" como para encima ponerse a manifestar"

    Ya bueno, pero más cansada estaba hace 100 años. Tampoco parece que eso sea una excusa.

    "Un currito cualquiera en España prefiere además seguir como está antes de percibir que se está manifestando con "muertos de hambre"

    Claro, es que eso también es hegemonía cultural. El capitalismo degrada al fracasado y lleva a la necesidad social de triunfo y de destacarte de los demás.
    De todas formas cuidado, eso está empezando a cambiar en España poco a poco...

    "Ese fatalismo semita es letal para el movimiento que tú quieres construir. Estás en el país equivocado, Pedro"

    Yo vivo en el país que vivo, no puedo hacer nada y no puedo desertar porque no me guste. Me estás recordando un texto de Azaña sobre esto mismo...

    "¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso no sabes lo mal que acaba siempre el fusionismo?"

    Igual no me he explicado bien. No quiero hacer un "pastel", de hecho he negado que ese sea el camino en mi crítica a la suma de partiditos. Digo que hay que hacer un análisis integral de la situación y que hay multitud de subclases precarizadas que son aliadas potenciales de una nueva cosmovisión y un nuevo proyecto, y que no hay que tener prejuicios a la hora de acercarse a ellos y convencerlos.
    Eso no es hacer un fusionismo incoherente. El proyecto debe de ser coherente en lo fundamental pero debe ser "cómodo" en lo accesorio. Esto es necesario porque para cambiar la hegemonía hacen falta ingentes apoyos y fuerzas y con posturas muy concretas eso va a ser casi imposible de conseguir.
    Es un ejercicio de equilibrio y de suma sin desnaturalización que es difícil pero que hay que hacer.

    Saludos,

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  4. "Eso es cierto pero es que nos han educado así. Quizá en EEUU, al ser los partidos más "mixtos" y tener gente que opina cosas diferentes sobre ciertos temas, la gente siente más libertad para discrepar sin que eso la aleje del "grupo". En España los bloques son monolíticos."

    Completamente de acuerdo. Ya has visto por ejemplo al propio Lhota, Republicano, criticar duramente al P.Republicano Federal y no pasa nada. Aqui no hay disciplina de partido en absoluto.

    "Sí, es cierto, pero no podemos caer en absolutismos porque entretenimientos ha habido siempre y los sistemas han ido cambiando. La cuestión, más que el entretenimiento existente en sí, es la incentivación a dedicarte a eso en vez de a las tareas de índole intelectual."

    Yo no creo que todo el mundo pueda o debe ser intelectual. De hecho, creo que el entrenimiento es muy necesario para la mayoria, siempre que ese entretenimiento sea canalizable hacia vias no revolucionarias. Esta batalla ya la hemos ganado los capitalistas.

    "Ya bueno, pero más cansada estaba hace 100 años. Tampoco parece que eso sea una excusa."

    Pero hace 100 años no tenian tele, ni radio, ni todas las comodidades que hoy tienen para "relajarse" de su "estrés".

    "Claro, es que eso también es hegemonía cultural. El capitalismo degrada al fracasado y lleva a la necesidad social de triunfo y de destacarte de los demás."

    Bueno, yo no iria al extremo de decir que "degrada" a nadie pero entiendo lo que quieres decir. Muy interesante lo que comentas de "destacarte" de los demás. Ha llegado a unos extremos tales, por ejemplo, que los ultimos estudios sociológicos mencionan que hoy en dia, muy al contrario de antes, la mayoria se hace un tatuaje "para distinguirse" de los demas. Los estudiosos lo han visto como otra señal mas del capitalismo imperante que hace que gente normalmente "trabajadora" quiera distinguirse de alguna manera y la unica via que tienen son ese tipo de accesorios corporales. "El culto al cuerpo" actual es otro ejemplo de ello.
    Volviendo a lo que dices, ¿tu crees que seria "mejor" si no existiera ese aspecto de querer diferenciarse de los demás?

    "Yo vivo en el país que vivo, no puedo hacer nada y no puedo desertar porque no me guste. Me estás recordando un texto de Azaña sobre esto mismo..."

    No te pido desertar, señor. Simplemente debes ser consecuente del pais y creo que en el fondo lo eres. Por cierto, ¿crees que en Catalunya existe el mismo nivel de conformismo y de "es lo que hay" que en Castilla y otras provincias mas "hispanas?" Yo creo que existe una diferencia. Quizá la via para ambos, porque buscamos un pais mas "analitico" y menos fiestero (yo por otros movitos ajenos a los tuyos) será en los distintos movimientos independentistas...

    "Eso no es hacer un fusionismo incoherente. El proyecto debe de ser coherente en lo fundamental pero debe ser "cómodo" en lo accesorio."

    Entendido entonces.

    Saludos

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    1. Alfredo,

      "Yo no creo que todo el mundo pueda o debe ser intelectual"

      Ya que hablamos de Gramsci él mismo decía que todo el mundo es potencialmente intelectural pero que en la sociedad no todos pueden ser intelectuales y que se establecen roles.

      "Pero hace 100 años no tenian tele, ni radio, ni todas las comodidades que hoy tienen para "relajarse" de su "estrés"

      Pero tenían circo romano (hace 2.000 años), fiestas del pueblo, religión, etc. No es la cantidad actual de comodidades, pero hay que ver que esa gente tenía menos tiempo libre que los trabajadores de los últimos 60 años y, por tanto, menos tiempo para el ocio.
      No critico tu idea de que la sobresaturación como método de desincentivación del pensamiento intelectual o de la acción política es útil para el capitalismo, pero sí creo que sobreestimas la diferencia de la época actual con las anteriores.

      "Volviendo a lo que dices, ¿tu crees que seria "mejor" si no existiera ese aspecto de querer diferenciarse de los demás?"

      Mmm, es una pregunta compleja. Las personas necesitamos nuestra individualidad y ser distintos a los demás, pues es lo que nos hace humanos. Debemos intentar destacar en las facetas en las que podamos o tener nuestras inquietudes y pensamientos y gustos propios. Creo que esto es una diferenciación positiva.

      Pero luego está la diferenciación, digamos, "capitalista" o "consumista", que es aquello de querer tener más que el de al lado, de buscar obsesivamente mayor status social, de destacar por un coche, un traje de 3.000 euros o una casa que los demás envidien.
      Esto último me parece una degeneración de las personas y una trampa para mantener a la gente ocupada con idioteces y buscando un dorado que es falso y que no da la felicidad.

      Luego también el consumismo tiene otra faceta más colectiva, que es la necesidad de formar parte de un grupo. La gente también se hace tatuajes, escucha música o se compra ropa para ser parte del grupo. Es algo tribal, necesidad de protegerte en un grupo pero a la vez diferenciarte de los demás.

      "Quizá la via para ambos, porque buscamos un pais mas "analitico" y menos fiestero (yo por otros movitos ajenos a los tuyos) será en los distintos movimientos independentistas.."

      Los movimientos independentistas provienen del nacionalismo, del tribalismo, del interés fiscal, del populismo y de la conceptualización de una nación como fin en si mismo y por encima de los ciudadanos. Del nacionalismo no va a salir nunca nada bueno.
      ¿Conformismo? No hay nada más conformista que dejarte seducir por las facilonas conceptualizaciones del nacionalismo. "Espanya ens roba", "Tenim dret a decidir", "Els espanyols ens odien"...Si de aquí puede salir algo bueno y analítico, que baje dios y lo vea...

      Saludos,

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  5. "No critico tu idea de que la sobresaturación como método de desincentivación del pensamiento intelectual o de la acción política es útil para el capitalismo, pero sí creo que sobreestimas la diferencia de la época actual con las anteriores."

    Bueno es que hay además otro componente que olvidais: la gente no está tan pobre como para estar "desesperadas". La demagogia ya no funciona tanto ni los movimientos de masa capaz de ilusionar a nadie.

    "Esto último me parece una degeneración de las personas y una trampa para mantener a la gente ocupada con idioteces y buscando un dorado que es falso y que no da la felicidad."

    Ah, entiendo lo que pretendes. Creo que los españoles, por lo menos actualmente, son muy dados a buscar "El Dorado" y además es un país bastante clasista, como bien sabes.


    "Los movimientos independentistas provienen del nacionalismo, del tribalismo, del interés fiscal, del populismo y de la conceptualización de una nación como fin en si mismo y por encima de los ciudadanos. Del nacionalismo no va a salir nunca nada bueno."

    No me has entendido bien o no transmití lo que quería. Yo no tengo en mente los nacionalismos, sino la cultura de cada sitio independentista en España. Siendo más sincero: creo que en muchas cosas la cultura imperante en España es muy negativa para lo analítico. Por eso te preguntaba si crees que, nacionalismos aparte, notas más capacidad analítica en según qué sitios de la peninsula. Yo por lo menos sí lo noto.
    ¿Conformismo? No hay nada más conformista que dejarte seducir por las facilonas conceptualizaciones del nacionalismo. "Espanya ens roba", "Tenim dret a decidir", "Els espanyols ens odien"...Si de aquí puede salir algo bueno y analítico, que baje dios y lo vea...

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