La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Dos años después del 20-N
















Hace justo dos años el PP ganó las elecciones por una gran diferencia con el segundo partido más votado, el PSOE, al que le sacó 16 puntos. A pesar de no haber llegado a la mayoría absoluta en votos (consiguió algo menos del 45% de los votos) la victoria fue incontestable y el sistema electoral le proveyó de una cómoda mayoría absoluta en el congreso de los diputados.

Esa gran victoria del PP no fue producto de un gran entusiasmo ciudadano por el partido o por su candidato a presidente del gobierno sino que vino impuesta por la caída en desgracia del PSOE debido a sus políticas y a la traición a sus principios básicos en Mayo de 2010. Esa victoria del PP la he llamado muchas veces la victoria del “último recurso”, queriendo decir que los españoles votaron al PP porque era la última alternativa que les quedaba dentro de los usos y costumbres del sistema para intentar solventar la situación. Si el PSOE fallaba estaba el PP y al revés, así había funcionado el sistema desde 1982.
En las semanas previas a las elecciones muchos avisamos que el programa del PP era una falacia y una fantasía. Sus promesas de no subir impuestos, no abaratar el despido y no tocar la sanidad y la educación eran falsas, y pronosticamos como harían en el gobierno todo lo contrario a lo que habían dicho en la oposición y en la campaña electoral, y no sólo en política económica sino también en terrenos como la política antiterrorista o la política de regulaciones legales (matrimonio homosexual, etc).
El país no hizo caso a lo que muchos advertíamos y era normal, por lo comentado en el párrafo anterior. El gobierno del PP era una etapa necesaria que teníamos que pasar como la estaban pasando otros países vecinos. Estaba en la naturaleza del sistema y en la realidad social impuesta por el mismo.

Pero desde muy pronto se comenzó a ver que todo lo que decíamos sobre la intrínseca falsedad de sus promesas era totalmente cierto. El primer consejo de ministros ya implantó una agresiva subida de impuestos en el IRPF y las rentas del capital, situándonos en tipos impositivos propios de las socialdemocracias más avanzadas y que en otra época habrían sido calificados de “soviéticos” por los mismos que en ese momento los aprobaban (aunque en la URSS no hubiese casi impuestos).  Se excusaron en la “herencia recibida”, algo inverosímil e increíble para nadie medianamente informado pero que aún así han seguido repitiendo hasta la extenuación.
El segundo grave incumplimiento de su programa electoral llegó en Marzo, tres meses después de tomar posesión, cuando una agresiva reforma laboral no sólo abarató el despido nominalmente sino que creó innumerables mecanismos para provocar una importante bajada de sueldos en España. El objetivo de la “devaluación interna” fue lo que marcó la reforma, patéticamente vendida como método de creación de empleo cuando no era más que un método de precarización masiva. La reforma provocó la primera huelga general contra el gobierno del PP.
En sólo tres meses el gobierno se había situado prácticamente en las antípodas de sus promesas y de su programa electoral. En ese momento ya muchos comenzaron a hablar de la ilegitimidad de un gobierno que realizaba desde el primer momento una política opuesta a la prometida. ¿Se podía aceptar eso en una democracia? En un primer momento opiné que sí, justificándolo en el apoyo que todavía mantenía el gobierno, pero conforme los incumplimientos crecieron y el PP perdió apoyo popular fui virando mi opinión a la que sostengo actualmente, que es que este gobierno es ilegítimo.

Pero el 2012 todavía sería peor. En primavera el decreto De Guindos sobre la banca provocó un efecto inesperado sobre el sistema bancario: La quiebra técnica de Bankia. La necesidad de provisiones del decreto llevó a que Bankia no pudiese mantener la ficción de sus cuentas y tuvo que acudir al estado para un rescate. El estado, sin dinero y asustado por las consecuencias de sus propias decisiones, miró a Europa en busca de una solución que no implicase una pérdida total de soberanía como en los casos griego y portugués.
Debido al tamaño de España se creó un tipo de rescate adhoc que se dio por llamar “rescate bancario” para que no pareciese lo mismo que el de otros países. Técnicamente no era lo mismo, pero realmente sus similitudes eran muchas. El estado español, a través del FROB, era quien recibía el dinero y quien debía devolverlo, y luego el FROB lo repartiría entre las entidades bancarias. El rescate llevaba implícitas condiciones a cumplir tanto para el sector bancario como para el propio estado garante, que se reflejaron en la subida del IVA de julio y en otros recortes adicionales.
Con la obscenidad propia que este gobierno ha demostrado se negó reiteradamente que este tipo de rescate particular fuese un rescate ni que tuviese condiciones, a pesar de subir impuestos tres semanas después. A través de una legión de periodistas increíblemente serviles se intentó crear una realidad paralela en la que nada estaba pasando, usando el antiguo método de repetir las mentiras hasta que pareciesen verdad. La complejidad de los asuntos económicos ha llevado a que esta estrategia haya tenido algo de éxito.

Durante unos meses pareció que un segundo rescate a España, este específicamente destinado a pagar la refinanciación de la deuda pública, era inevitable. Pero al gobierno le salvó el BCE que, preocupado por la insostebilidad de la situación en España y en Italia, cambió radicalmente su política y se puso a actuar para bajar las primas de riesgo. Draghi con su “whatever it takes”, la barra libre del BCE y la compra de deuda fueron suficientes para contener a los especuladores y llevar a la deuda pública de los países del sur de Europa, poco a poco, a niveles asumibles y no peligrosos para el corto plazo.
Lo cachondo del asunto es que el gobierno, salvado por el BCE, ha intentado hacer creer a la población que la prima ha bajado por sus políticas económicas, algo que es absolutamente falso y que se puede comprobar simplemente mirando la tendencia de las primas italiana, griega y portuguesa en el mismo periodo y comprobar que todas han ido a la baja de la misma manera. Aquí podemos ver la persistencia en la misma política de propaganda: Legión de caraduras serviles y repetición hasta la saciedad de las mismas barbaridades.

Paralelamente a este proceso de destrucción económica el gobierno ha intentando implantar una política de orden público destinada a amedrentar a la población. La cantidad de manifestaciones en 2012 fue colosal y, además, se unieron con acciones mucho más heterodoxas como escraches, bloqueos al congreso de los diputados y acciones puntuales como el asalto a unos supermercados por parte de Sánchez Gordillo.
En cada una de estas ocasiones los dispositivos policiales fueron desproporcionados, la acción de la política incomprensiblemente violenta y la dialéctica del gobierno se aproximó al matonismo hablando sin ton ni son de cambiar todas las leyes que permitían cualquiera de los actos que no les gustaban. Todavía siguen en ello, queriendo cambiar las leyes de orden público para multar y detener a cualquiera que se salga de la fila, y cambiar la ley de huelga con objetivos parecidos.

Afortunadamente para el gobierno la comisión europea redujo las exigencias de déficit para España, lo que permitió reducir los recortes y el daño a la economía. La terrible destrucción económica y social de 2012 se ha reducido este 2013 gracias a este relajamiento de objetivos y también al de la prima de riesgo. Por eso este año los recortes no han tenido que ser tan agresivos y el PIB está poco a poco conteniendo su caída.
Quizá esta relajación ha permitido al gobierno no tomar una medida absolutamente radical sobre las pensiones. El PP sabe de sobra que se sostiene electoralmente gracias a los votos de los jubilados, que son su activo electoral fundamental, y precisamente por eso han tocado a todos los grupos sociales (funcionarios, estudiantes, trabajadores por cuenta ajena) antes que a los jubilados. Sin embargo Bruselas pedía una reforma de las pensiones.
Gracias al tiempo que la comisión y el BCE han dado a España el gobierno ha podido bajar las pensiones “a futuro”, gracias a la no revalorización aprobada, y no de forma nominal. El PP ha calculado que con una buena propaganda y dejando que sea la inflación quien recorte las pensiones y no un tijeretazo gubernamental conseguirá mantener el voto de los jubilados. A tenor de las encuestas parece que está siendo así.

Pero aunque el 2013 se haya relajado económicamente para el PP no ha sido así en el terreno político y judicial. A principios de 2013 los principales periódicos del país, EL PAÍS y EL MUNDO, destaparon una trama de corrupción, sobre sueldos y contrataciones presumiblemente fraudulentas en la que ha estado inmerso el PP desde principios de los 90.
La torpeza del PP para enfrentar este caso de corrupción ha sido enorme. Seguramente conscientes de que lo descubierto era gordísimo y destructivo para el partido, intentaron negarlo todo con la “mala suerte” que cada vez que negaban algo aparecía un documento nuevo que dejaba en evidencia las mentiras del PP. Cospedal, González Pons, Floriano y otros dirigentes se han ido turnando para intentar desmentir las acusaciones y utilizar la típica defensa de los corruptos, que es hacerse los perseguidos y las víctimas.
El PP confía en que todo lo demostrable esté prescrito y que, por tanto, puedan salir ante la opinión pública con otra de las típicas tretas de los corruptos cuando se les sobresee un caso, que es decir que el juez les ha declarado inocentes. Pero después de tantas metidas de pata, tantas mentiras descubiertas y tantísimos indicios contundentes no hay casi nadie que no esté partidistamente fanalizado que crea que no hay gravísimas responsabilidades políticas en toda esta trama que, excepto alguna cosa, parece ser toda como la cuenta Bárcenas.
El caso Bárcenas ha llevado a que los tres principales partidos de la oposición, el PSOE, IU y UPyD, hayan pedido la dimisión del presidente del gobierno. Rajoy, escondido, ha hecho oídos sordos. Veremos qué pasa porque como salga alguna otra cosa contundente el presidente del gobierno posiblemente será obligado a dimitir.

Si miramos las encuestas podemos observar cómo el PP ha tenido en estos dos años tres momentos en que su capital electoral ha caído. Después de la reforma laboral y de los primeros incumplimientos el PP perdió unos 5 puntos en estimación de voto. Después del rescate bancario y la subida del IVA perdió otros 5 puntos. Y después de los acontecimientos del caso Bárcenas perdió otros 5 puntos más.
Hoy por hoy da la sensación de que el PP caería unos 15 puntos en su estimación de voto, más de la tercera parte de sus votos de 2011. Y esto es una suposición conservadora porque desgraciadamente la situación demoscópica es totalmente nueva y nadie sabe muy bien cómo gestionar la elevadísima negativa de los electores a decir a quien van a votar y la ocultación de su voto pasado. Quienes quieren creer que el PP al final conseguirá mantener su voto cifran la caída en 10 puntos, quienes quieren creer la expresión directa de voto en la toma de datos pueden colocar la caída en más de 20. Hay “cocinas” de encuestas que dan la victoria al PSOE y otras que le sitúan 8 puntos por detrás del PP.
De todas formas da la sensación de que el PP va cayendo en caídas bruscas relacionadas con sus flagrantes incumplimientos o sus casos de corrupción. Nadie sabe a ciencia cierta si con otros recortes brutales o con otras revelaciones de corrupción el PP caería 5 puntos más o si por el contrario estamos ya en un suelo relativamente sólido del 28-30% de los votos.
Todo esto no depende solo del PP, por supuesto, sino también de la competencia del resto de partidos y de otras situaciones. Conforme cojan fuerza UPyD o Movimiento ciudadano perderá fuerza el PP, incluso es posible que una plataforma como el Partido X pudiese atraer a los votantes más jóvenes. Quizá con una prensa más plural y abierta el PP habría caído más aún.

Ahora mismo, dos años después de su victoria electoral, el país está sustancialmente peor que a finales de 2011, en parte por la política del PP en parte por la natural profundización de la crisis conforme pasan los años. Hay más pobreza, más paro, sueldos más bajos, menos prestaciones públicas, una política mucho más degradada, una realidad de país más débil internacionalmente, problemas territoriales, etc.
Pero el PP sigue en su estrategia publicitaria y sigue fabricando realidades paralelas. Ahora se repite hasta la saciedad eso de que “lo peor ha pasado” y de que “ya vemos la luz al final del túnel”.  Solbes también dijo que lo peor había pasado a mediados de 2009 (y acertó por un año, pero luego se vio que no era así), también lo dijo Salgado después y también dijeron De Guindos y Montoro en 2012 que en 2013 saldríamos de la crisis. Luego fue 2014 y ahora es 2015, y así es la quinta o sexta vez que los dos últimos gobiernos nos dicen eso de “hoy no, MAÑANA” que dice el humorista José Mota.
Lo increíble del asunto es que mucha gente (aunque no la mayoría) se lo cree, quizá porque quiere creérselo. Mucha gente quiere creer que esta vez sí, que esta vez comenzaremos a crecer a finales de 2014 y que se comenzará a crear empleo. Lo dicen mil veces al día en la TV, tendrá que ser verdad esta vez… Nuestra memoria es tan corta y nuestras esperanzas tan fuertes…

Uno de los grandes peligros de esta estrategia publicitaria está en que la realidad macroeconómica y la realidad del país se conviertan en dos mundos aparte. No sabemos qué pasará con la prima y con el déficit, pero mientras desde Europa la controle es esperable que nos encontremos en una situación macroeconómica estable. Y en una situación estable pasarán posiblemente estas cosas: Bajará el paro, el PIB se pondrá en positivo, aumentarán las exportaciones y la balanza de pagos mejorará.
Pero esto tendrá una explicación propagandística, el “hemos salido de la crisis”, y otra real. Y la real es que el paro bajará por emigración de la población activa y por reparto del trabajo (se despedirán 10 personas con jornadas a 40 horas y se contratarán 15 personas con jornada a 20 horas) y por bajadas salariales, el crecimiento del PIB será tan bajo que provocará que la población siga empobreciéndose y las exportaciones mejorarán ante el empobrecimiento masivo de la población.
Temo una dualización absoluta entre el país “oficial” y el país “real”, al igual que pasa en las dictaduras y en los regímenes autoritarios. Una parte de la población absorta por la propaganda o asumiendo su leve empobrecimiento (o mantenimiento) en medio de fantasías propagandísticas y otra parte numéricamente mayor que se empobrece, se hunde y que se enfadará cuando vea que sus desgracias han dejado de estar en los medios de comunicación y el gobierno ignora la realidad para creerse su realidad virtual. Porque cuando el gobierno asume el problema pero te ignora te cabreas, pero cuando niega que esté pasando lo que está pasando entonces del cabreo se pasa a la desesperación y al convencimiento de que sólo la violencia soluciona las cosas.

Me temo que el futuro no trae nada bueno. La negación y la propaganda como método de cerrar una crisis es el peor de los escenarios posibles y la prueba fehaciente de que no se tienen alternativas ni solución alguna. Porque la alternativa que nos ofrece el PP es esta, son sueldos de miseria, trabajos de media jornada, estado del bienestar recortado, población emigrante, en definitiva, un país empobrecido, dual, con unas clases medias extintas, un precariado generalizado y unos pocos ricos, eso sí, muy visibles en la lista de millonarios de Forbes.

Y lo peor, lo peor de todo, es que sólo llevan dos años, lo peor de todo es que sólo llevamos tres años y medio desde Mayo de 2010 y que posiblemente no nos quedan sólo dos años. Porque en dos años no creo que hayamos cambiado todo lo que tenemos que cambiar, políticamente y en el campo de los valores sociales, para plantear una efectiva alternativa a esta realidad.
Mientras tanto lose seguiremos teniendo aquí, empobreciéndonos cada vez más mientras nos cuentan que ya está casi que casi salimos de la crisis. Y quien niegue que hoy 20 de Noviembre de 2013 estamos peor que hace dos años me temo que no entiende en qué país vive ni se entera de nada de lo que está pasando.

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