La nueva marca de La suerte sonríe a los audaces

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martes, 12 de noviembre de 2013

La sociedad Low Cost















Desde que se conoció el concurso de acreedores de Fagor he estado intentando investigar el por qué de la caída de una de las joyas del cooperativismo español.  El catedrático de economía Santiago Niño Becerra ha asegurado que esa empresa estaba muy bien gestionada y yo, en principio, no voy a dudar de eso. Si la gestión no era mala (aunque algo mal se habrá hecho) los problemas habrá que buscarlos en otras partes.
Después de leer mucho me quedé con dos ideas: La primera es que el proceso de internacionalización de la compañía (se compraron plantas en el extranjero para fabricar más y más barato) la endeudó demasiado y ante un mercado en crisis no pudieron pagar esas deudas. La segunda es que no supieron competir con el mercado del electrodomésticos de low cost, el único que esta sobreviviendo más o menos bien a la crisis.
Este segundo punto me servirá para introducir el concepto de “sociedad low cost”.

Como hemos hablado muchas veces estamos insertos dentro del proceso histórico del capitalismo financiero y de la globalización. Desde hace muchos años el capital internacional se mueve con pocas limitaciones y los mercados están básicamente abiertos para los productos fabricados en cualquier parte del mundo, salvo excepciones “políticas”.
En este contexto hemos visto como las empresas se han deslocalizado buscando los países con las mejores condiciones de fabricación. Esto de “mejores condiciones de fabricación” es muy amplio, pues éstas pueden estar en los países con mano de obra más barata, menores impuestos y leyes más laxas, algo que podríamos catalogar como competencia “en negativo”, o también podría estar en aquellos con mejores infraestructuras o con un capital humano más formado y tecnificado, que podríamos llamar competencia “en positivo”.
La cuestión es que este proceso deslocalizador ha ido de países desarrollados a países en vías de desarrollo, por lo que la competencia “en positivo” no se está dando prácticamente. La inmensa mayoría de empresas están emigrando en busca de condiciones de fabricación baratas, yendo a países con mano de obra baratísima, pocos impuestos, leyes laborales y medioambientales casi inexistentes, etc. En definitiva, las empresas han ido a buscar lugares donde las leyes y el mercado estén a su servicio, donde poder imponer sus condiciones de forma radical.

Estas deslocalizaciones han llevado, efectivamente, a que se fabrique más barato. Los productos fabricados, por tanto, han podido ser más baratos en el mercado y aún así se han ampliado los márgenes de beneficio de esas empresas. La idea era fabricar en los países en vías en desarrollo para vender posteriormente a los países desarrollados, cuyas poblaciones tenían un poder adquisitivo relativamente alto. A medio plazo se pretendía vender también a las nacientes clases medias de los países BRIC.
Pero este modelo ha tenido un efecto perverso. Como las empresas fabricantes han desaparecido de occidente los ciudadanos de estos países han perdido sus empleos industriales. Algunos de ellos se han recolocado en otros sectores, fundamentalmente en el sector servicios, donde generalmente se cobra menos. Otros directamente no han podido recolocarse, prejubilándose o acabando desempleados. En cualquiera de los casos estos trabajadores perdieron poder adquisitivo y, por tanto, capacidad de compra.
En todo occidente los trabajadores fueron precarizados por este motivo y el poder de compra de las sociedades ha ido disminuyendo. En un principio esto se sustituyó por endeudamiento y por la ilusión de unas burbujas de carácter financiero (que crearon trabajo asociado de cierta calidad), pero con el tiempo estas burbujas acabaron explotando y las sociedades occidentales se han enfrentado a la realidad: Salarios más bajos que antes y desempleo estructural.
Las crecientes clases medias de los BRIC tampoco han podido sustituir realmente esta pérdida de poder adquisitivo en occidente. El modelo BRIC necesita de una clase media pequeña, porque en caso contrario esta clase media pedirá aumentos salariales y entonces la ventaja competitiva de los BRIC, que son sus bajos salarios, desaparecería y los países sufrirían la misma deslocalización de la que fueron beneficiados en el pasado. En los BRIC jamás se va a crear una clase media porcentualmente importante como hubo en la Europa socialdemócrata.

El mundo en general avanza hacia un modelo BRIC: Unos pocos ricos insultantemente ricos, unas porcentualmente pequeñas clases medias y una gran masa de trabajadores pobres pero que no pasen necesidades. En occidente en concreto estamos destruyendo las clases medias para crear clases pobres, lo que se ha llamado el precariado. Y este precariado es muy parecido a los trabajadores de los BRIC’s y va a converger con ellos en una única clase social internacional.
Este precariado es, pues, el mayor mercado mundial en número de consumidores. Pero tiene un problema: Escasamente puede consumir, porque lo básico absorbe la inmensa mayoría de sus ingresos. El precariado se puede permitir un consumo puntual o de cosas baratas, pero no un consumo masivo y de cosas de calidad. Es, pues, una gran masa de consumidores con poca capacidad de consumo y que sólo pueden acceder a productos baratos.
Y, en este contexto, es donde los productos low cost han triunfado. Para poder generar productos de consumo masivo estos deben ser necesariamente productos baratos, fabricados en el exterior y en condiciones laborales y legales miserables. Y este low cost abarca todo, desde electrodomésticos hasta ropa pasando por muebles y por productos de alimentación y coches. Todo tiene una posibilidad low cost, hecho con materiales baratos de poca calidad y con bajos costes de producción.
Casi todo se fabrica fuera con la excepción parcial de los productos de alimentación, que siguen generándose y manufacturándose la mayoría en los países consumidores por tres razones: Porque muchos son perecederos, porque a veces los pedidos son de poco volumen y el servicio local es competitivo, y porque los gustos gastronómicos son muy distintos de país a país y difíciles de cambiar. Aún así hay muchos casos de cadenas de comida rápida y de productos hortofrutícolas que han sustituido a los cultivados en la zona tradicionalmente.

Pensemos en España, por ejemplo ¿Cuáles son los dos hombres más ricos del país? Amancio Ortega, dueño de Inditex, y Juan Roig, dueño de Mercadona. El primero es el dueño de una cadena de low cost de ropa (Zara) que fabrica en Asia, y el segundo es el dueño de una cadena de supermercados low cost. Tanto Zara como Mercadona han crecido en tiempos de crisis precisamente porque ofrecen productos baratos, y han absorbido el consumo de esa clase media precarizada que quizá antes compraba en otros sitios.
Pero ya no es sólo España. Hasta hace nada la marca más conocida de los países escandinavos era la tecnológica finlandesa Nokia, empresa de alta tecnología. Después de su ocaso la más conocida es la sueca Ikea, fabricante de muebles baratos. Ikea, por cierto, es con toda seguridad el principal vendedor de muebles en España. Y vamos más allá ¿Cuál ha sido el coche más vendido en España este 2013 un par de meses? El Dacia Sandero, de la marca low cost de Renault, fabricada en Rumanía.
El low cost ha ocupado definitivamente el mercado Español: Mercadona, Ikea, Dacia, Zara, Mc Donalds, LG,  todos a 100 chinos, etc, etc, etc.

No creo que haga falta decir los problemas asociados que trae la producción y el consumo del low cost. El más evidente es la extensión a todo el planeta de las condiciones salariales miserables que existen en los países donde se fabrican estos productos. Para poder competir con esos países los trabajadores se ven obligados a bajar sus sueldos y empeorar sus condiciones laborales ante la amenaza de deslocalización de las empresas. Esto lleva inexorablemente a que la riqueza producida quede cada vez más en manos del capital y cada vez menos en manos del trabajo, con el agravante de que este “capital” es el gran capital, porque el pequeño no se puede deslocalizar y muere al no poder competir, lo que lleva a la clase industrial pequeño-propietaria a engordar las filas del precariado.
Pero hay muchos más. La calidad de los productos evidentemente no es la misma. Los productos se estropean rápidamente, ya sea por obsolescencia programada o simplemente porque están hechos con materias de baja calidad que no aguantan mucho, lo que lleva a una fabricación continua. Esta falta de calidad puede ser relativamente inocua en unos casos pero más peligrosa en otros, como por ejemplo en los productos alimentarios. Para abaratar costes las materias primas son peores y, además, se suele abusar de los azúcares, la lactosa (como conservante) y colorantes y conservantes varios. Los productos de alimentación manufacturados a veces son un mejunje de muchísimas cosas, con la dificultad que esto tiene para los alérgicos e intolerantes a muchos alimentos.
La cultura low cost nos hace entrar en el remolino del consumo masivo, de la hiperproducción, del daño al medio ambiente, de la emigración y de la precarización generalizada.

Habrá quien niegue este esto y crea que esto no es para tanto, pues al final los productos se adaptarán al poder adquisitivo de la población y la gente cobrará menos pero las cosas valdrán menos, por lo que el poder de compra permanecerá inalterado. Y quizá también pensarán que, una vez el low cost haya ocupado todo este gran mercado los mecanismos de la competencia seguirán funcionando y de entre las empresas low cost habrá algunas que innovarán y ofrecerán más calidad sin subir los precios.
Este planteamiento creo que es un error. Esta sociedad low cost es producto de unas dinámicas económicas e históricas determinadas, es producto de la globalización y la captación de rentas por parte del capital. Esta sociedad es el producto de una sociedad empobrecida, de una riqueza acaparada por el capital internacional y de un trabajo precarizado. No se podrá volver a la situación anterior porque la relación de riqueza entre el trabajo y el capital se habrá desplazado radicalmente a favor del capital, y esto sólo será permanente ante la devaluación del factor trabajo y de una pobreza relativa bastante extendida.
No es pues tanto cuestión de empobrecimiento material sino como de sumisión y servilismo. La desaparición de la clase media lleva a una sociedad servil, la desaparición de la seguridad del estado socialdemócrata lleva a una dependencia económica por el trabajo que ofrece el capital internacional y la inversión. No es que no podamos tener un coche o una lavadora, tendremos una mierda de coche y una mierda de lavadora pero lo peor es que estaremos siempre dependientes de una mierda de trabajo para poder comprar otros cuando se nos estropeen los que tenemos a los pocos años.

Lo difícil de este caso es que no se le puede decir a la gente que no compre low cost. La gente lo compra (yo mismo lo hago en ocasiones) sencillamente porque es lo que puede comprar y porque es lo que considera que puede gastar en un mundo tan inseguro como el actual. El low cost es un producto de esta época y de las circunstancias que ésta ha generado, es producto de un ciclo de bajada de salarios y fabricación de bajo coste que se retroalimenta a sí mismo sin que se haya llegado aún al límite.
¿Cuál será el límite? Algunos dicen que será el fin de algún recurso, gracias a la voracidad de recursos de este productivismo sin fin. Yo creo, en cambio, que esto es un ciclo socialmente depredador y que más pronto que tarde llegará un momento en que las poblaciones no podrán soportarlo y el proceso no dará más de sí, destruyéndose las reglas del comercio internacional vigentes hasta ese momento.

Y no podrán soportarlo porque además de la sociedad low cost hay otro concepto que me parece que está relacionado, que es el “el fin del trabajo”. Este concepto llevará a las sociedades low cost a grados de desempleo masivos que no podrán aguantar, pero esto lo desarrollaré en otro escrito.

3 comentarios:

  1. Has escrito una entrada interesante de un tema muy agudo y actual, Pedro.

    Creo que el "low cost" puede ser bueno, dependiendo de qué. Tú te centras en el empleo "low cost" (sin duda, muy malo) y tiendas como el Mercadona o ZARA. Pero hay otras cosas "low cost" que son tremendamente positivas. Por ejemplo, yo no uso WINDOWS. Uso LINUX, que es "low cost". Solo uso Windows en mi trabajo, porque no queda otro remedio pero incluso en la oficina me instalaron el linux y uso un ordenador de los 80 en muchas ocasiones cuando no tengo mucha prisa.

    El e-mail también es "low cost", o sea, GRATIS mejor dicho, gracias a google y gmail. Antes se tenia que pagar para tener correo electrónico. SKYPE tambien está comiéndose el mercado de las telefónicas.

    En EEUU, el rey de los "low cost" es la cadena Wal Mart - tienen condiciones laborales miserables, como sabrás, pero eso no quita que la gente siga yendo.

    También creo que la inmigración ha dañado mucho el antiguo sentido de "unión" laboral que sentian los trabajadores. Como te comenté el otro dia, aún existen sectores en EEUU fuertemente sindicalizados que no dejan entrar a un inmigrante ni de broma en esos sectores: electricistas, telefonía, mecánicos, fontaneros, principalmente.

    Creo que recordarás como hace décadas, en los 70 y 80, habia muy poca inmigración y si un inmigrante llegaba a entrar a ciertos sectores, cualquier intento de este para postrarse a cambio de un sueldo mas bajo se reprimía rápidamente por la unión de otros trabajadores.

    Eso ya se ha perdido casi por completo, pues al internacionalizarse la fuerza laboral, se pierde el sentido de solidaridad que solo se puede dar cuando la gente es parecida culturalmente entre sí.

    Vivimos en economias y sociedades repletas de diletantes. Basta con una sonrisita, y buena apariencia para vender un producto "low cost" y no tan "low cost". Se ha perdido mucho el sentido de profesión y ahora casi todo se reduce a "empleo", sin mas - a utilidad barata. "Este tipo es inteligente, pero caro. Este otro tipo es tonto de cojones pero sonrie mas y me sale mucho mas barato. Lo que me interesa es vender lo mas posible, lo antes posible, sea como sea". Esa es la filosofia actual en los mercados.

    Como habrás visto, lo "low cost" ha avanzado incluso mas en EEUU porque aqui todo es mas rápido y es el epicentro de la globalización (que además la dirige EEUU). No te puedes imaginar lo cambiado que he visto esto desde hace una década. Cambios muy sustanciales y no solo tecnológicos. Hablo de cambios de mentalidad, gente, caras, hábitos de consumo.

    "Y no podrán soportarlo porque además de la sociedad low cost hay otro concepto que me parece que está relacionado, que es el “el fin del trabajo”. Este concepto llevará a las sociedades low cost a grados de desempleo masivos que no podrán aguantar, pero esto lo desarrollaré en otro escrito."

    Absolutamente de acuerdo con esto. Lo voy notando cada vez mas - menos disponibilidad para trabajar, pero también menos oferta que merezca la pena para la persona. Entre elegir eso y "vivir" sin trabajar con resultados muy parecidos, cada vez iremos mas por ese camino (además porque a mi juicio nuestra generación se interesa menos por cosas puramente materiales). Ya no está de moda ser la "material girl" de Madonna.

    Saludos

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  2. Hola Alfredo,

    Creo que los ejemplos de "low cost" que has sacado no es realmente Low Cost, o no lo es en el sentido que quería explicar yo. Me explico.
    Linux, por ejemplo, es un software libre que no está sometido a licencias. No es "low cost", realmente es un software que se opone a que Microsoft domine el mercado e imponga sus reglas. Yo lo veo más como ese especie de "anarquismo" imperante en la red a favor de la libertad de información y de cultura.

    Luego has hablado de Skype y de otros programas pero eso más que un low cost es una especie de competencia a los mecanismos de comunicación tradicionales. Skype hace competencia a las telefónicas pero no es una telefónica, es una aplicación de internet, una herramienta nueva, diferente.

    De todas formas sí tienes razón en que el low cost no es siempre malo y has puesto un caso muy bueno, el de las telefónicas. Pero yo creo que este caso es distinto porque se mueve en otro eje, el eje del oligopolio vs la pequeña empresa.
    Mira, yo en telefonía móvil estoy con Pepephone. Pepephone es una low cost de hecho, una operadora virtual,pero yo no estoy con Pepephone porque sea Low Cost, estoy porque me parece más ética y más honesta que las demás. Pepephone no tiene permanencia, te aplica siempre la tarifa que quieras y cuando llamas a atención al cliente llamas a Palma de Mallorca, no a Perú. Entonces, para mi, no es una low cost, es una empresa con unos principios diferentes que se amoldan más a mi forma de pensar. De hecho fíjate que hacen lo contrario de las low cost con su personal, es decir lo mantienen en España.
    Para mi este low cost que he criticado implica necesariamente conseguir bajar los costes bajando salarios, yendo a sitios donde las leyes sean más laxas y los regímenes fiscales menos gravosos, etc. Ese es el Low Cost que critico, no las empresas que den un precio bajo por otras razones.

    Ahora mismo estoy escribiendo el escrito sobre el "fin del trabajo" que creo que va a ser muy interesante. Me está siendo complejo incluso de escribir, porque hay tantas cosas que decir...Pero voy a ver si encuentro una buena síntesis entre las deslocalizaciones y el low cost con la tecnificación de los procesos productivos y la reducción del empleo industrial, y cómo el sector servicios ya no va a absorber ese trabajo como lo hacía antes.
    Al final tengo la sensación de que estamos encontrando un buen terreno sobre el que pensar y discutir, porque todo lo que has hablado tu de la deuda en EEUU o lo que hemos comentado del post-posmodernismo y estas ideas que estoy desarrollando en estos escritos, creo que todo forma parte de algo global, de un análisis de época que creo que hasta hace muy poco no hemos querido hacer.
    Hemos intentado durante años analizar el mundo con los manuales que estaban preescritos y las cosas no nos han cuadrado, y por eso es tan importante fijarnos en la realidad de nuestros países para conseguir entender realmente qué está pasando. Vivimos en una época sin luz y sin guía y creo que es culpa de que no lo estamos haciendo bien, no estamos entendiendo el mundo que nos rodea.
    A ver si conseguimos entender por lo menos una pequeña parte de él.

    Saludos,

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  3. Muy interesante lo de Pepephone. Ya me gustaría a mí tener atención al cliente "nacional" en España y no peruano.

    Con respecto a todo lo último que comentas, (algo que comparto), creo que no se ha querido hacer porque sempre ha existido cierto "miedo" a desprenderse de ideas "familiares" o que nos resultan "cómodas".

    Yo he llegado a decir, al respecto, algo que provocó pavor hace años pero igual muy pocos lo entienden y tú sí vas a entenderlo: "Creo que habremos hecho nuestra labor como pensadores cuando de aquí salgan más ateos que cristianos".

    Saludos

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